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jueves, 14 de marzo de 2019

Libro cuarto

LIBRO
CUARTO DE LA HISTORIA DEL REY DON IAYME DE ARAGÓN, PRIMERO DE ESTE
NOMBRE, LLAMADO EL CONQUISTADOR.

Capítulo primero. Como el
Rey fue declarado sucesor en las tierras de Ahones, y que don
Fernando se alzó con Bolea, y de las ciudades que le siguieron.


Con la desastrada muerte de don Pedro Ahones quedó casi
postrada del todo la desvergonzada liga y engañosa machina que fue
contra el Rey por sus más propincuos deudos y allegados fabricada.
La cual puesto que el Conde don Sancho la puso primero en campo: y
después la encaró Ahones para que fuese certera, don Fernando fue
el atrevido que osó dispararla (
desparalla).
Mas aunque fue mayor la estampida que el golpe, y más presto tentada
la paciencia Real que vencido su valor, y magnanimidad, no por eso
dejó de haber para los tres, por el atrevimiento, su merecido
castigo y debida pena. Pues ni el Conde don Sancho osó más parecer
ante el Rey en Corte: ni Ahones se escapó de venir a morir en las
manos del Rey: ni en fin don Fernando (que sin duda fuera más
castigado que todos, si el parentesco Real no le librara) pudo pasar
más de la vida quieta, sino con sobresalto y mengua. Pues ni se le
permitió jamás dejar el hábito, ni la dignidad que tenía para
pasar a otra mayor, ni por sus pretensiones del Rey no haber ninguna
otra recompensa. Puesto que por la benignidad del Rey, ni fue echado
de su consejo real, ni jamás privado de su conversación y secretos:
prefiriendo siempre la persona y autoridad de él a la de todos: no
embargante, que por lo que agora y a delante veremos, siempre le fue
don Fernando por su innata inquietud e insolencia, una perpetua
ocasión y ejercicio de magnanimidad y paciencia. Muerto pues Ahones,
y llevado por el mismo Rey a sepultar a Daroca, como no quedase
legítimo heredero de él, declaró el consejo real que en todos sus
señoríos y tierras sucedía el Rey, y que a esta causa fuese luego
a tomar posesión de Bolea villa principal y vecina a Huesca, la
cual por ella sucesión ab intestato le pervenía, y que se hiciese
luego prestar los homenajes, antes que la mujer de Ahones, o el
Obispo de Zaragoza don Sancho hermano del muerto, se alzasen con ella
y le pusiesen gente de guarnición para defenderla: y que podía ser
lo mismo de los dos Reynos de Sobrarbe y Ribagorza: por haberlos
tenido Ahones mucho tiempo en rehenes, por una gran suma de dinero,
que había prestado al Rey don Pedro para la jornada de Vbeda: y
también por el derecho de ciertas caballerías de honor, que por
servicio se le debían. Conformaron todos en que luego fuese el Rey a
tomar posesión de ellos. Al cual pareció lo mesmo, y que sería muy
gran descuido suyo, perder estos reynos, haciendo merced a otri
dellos, antes de tener los demás estados suyos pacíficos:
mayormente por encerrarse en ellos muchas villas y lugares con cuya
confianza Ahones había tomado alas y orgullo para
rebelársele.
Por esto determinó de no más enajenarlos por empeños, ni otras
necesidades sino que volviesen a
encorporarse
en el patrimonio Real para siempre. Señaladamente, por haber visto
en las cortes que tuvo poco antes en estos Reynos, la mucha calidad e
importancia de ellos. Con este fin junto alguna gente de a caballo de
poco número: porque a la verdad pensaba que Bolea se le entregaría,
sin resistencia alguna. Y así fue para ella, enviando delante
algunos caballeros para que tentasen los ánimos de los de Bolea, y
se asegurasen de la entrada. Pero le sucedió (sucediole) muy al
contrario de lo que pensaba. Porque don Fernando que nunca reposaba,
sabida la muerte de Ahones, luego sospechó lo que el Rey haría, y
con gran número de gente y copia de vituallas, se metió en la
villa, confiado de que apoderado de esta, y no hallándose otro
legítimo heredero de Ahones, no solo se haría señor de todas sus
villas y lugares con los dos Reynos arriba dichos, pero aun los haría
rebelar contra el Rey, y esto con el favor del mismo Obispo de
Zaragoza, que podía mucho, y deseaba en gran manera vengar la muerte
de Ahones su hermano. También por lo mucho que confiaba en el poder
de los Moncadas, y de otros señores y barones de Aragón y Cataluña
a quien el Rey había ofendido, y él con muchas dádivas y otros
medios obligado a que le siguiesen. Pudo tanto con esto, que no solo
a los de Bolea, pero aun a la gente de los dos reynos pervirtió de
manera, que se ofrecieron a servirle y seguirle contra cualquiera.
Como el Rey llegase a Bolea, y la hallase muy puesta en defensa, y a
la devoción de don Fernando que estaba dentro, determinó pasar
adelante, y apoderarse de los principales lugares y fuerzas de los
dos reynos, con fin de romperla contra don Fernando. Sabido esto por
don Fernando, de muy amargo y sentido por la muerte de Ahones, y
mucho más por temerse, de que siendo él igual y mayor en la culpa,
no fuese lo mismo de él: propuso de hacer rostro al Rey con abierta
guerra: tanto que osó decir en público, no pararía un punto hasta
que lo hubiese echado del Reyno. Lo cual pensaba él acabar
fácilmente, por tener en poco al Rey así por su poca edad y
experiencia, como por los muchos y muy principales amigos, que en la
gobernación pasada él había granjeado, y sabía que no le habían
de faltar. Por donde le fue muy fácil traer apliego la común
rebelión de los de Zaragoza, con los demás pueblos grandes del
reyno, excepto Calatayud (como dice la historia del Rey) y otros
también escriben de Albarracín y Teruel que fueron fieles. mas no
se contentó con lo de Aragón don Fernando, que tambien escribió al
Vizconde don Guillé de Moncada en Cataluña, que de la guerra pasada
quedaba muy escocido contra el Rey: para que con la más gente que
pudiese viniese luego, y no perdiese tan buena ocasión para vengarse
de lo pasado. De suerte que el Vizconde solicitado del intrínseco
odio y temor que al Rey tenía, no dejó de intentar cuanto contra su
real persona se le ofrecía, en que podelle ofender.




Capítulo II. De la
venida del Vizconde de Cardona en favor del Rey, y de los extremos
que hacía el Obispo de Zaragoza por vengar la muerte de Ahones, y de
la matanza que don Blasco hizo en los zaragozanos.

Sabido por
el Rey lo que pasaba, y que don Fernando se ponía muy de veras
contra él en esta guerra, dejó la del monte, y descendió con su
ejercito que ya iba creciendo a lo llano a la villa de Almudévar, de
donde pasó a Pertusa en el territorio de Huesca. En esta sazón el
Vizconde don
Ramón Folch de Cardona sabida la necesidad y
trabajo en que el Rey estaba, y la junta de gente que el Vizconde de
Bearne con los suyos hacían, para ir a favorecer a don Fernando
contra el Rey, junto con don Guillen Ramón de Cardona su hermano,
una muy escogida banda de hasta 60 hombres de armas. Y partido para
Aragón llegó primero que todos los demás socorros que vinieron, a
los contornos de Zaragoza, donde halló al Rey, al cual se ofreció
con todo su poder y gente para servirle hasta morir en su defensa.
Esta venida del Vizconde con tan principal socorro fue tenida en
mucho por el Rey, así por ser tan a tiempo, como porque con su
autoridad y ejemplo el Vizconde movió a muchos en Cataluña para
seguir y favorecer la parcialidad Real: lo mandó (mandolo) alojar
con toda su gente muy principalmente: y pues se halló con tan buen
cuerpo de guarda, mandó a don Blasco de Alagón, y a don Artal de
Luna fuesen con una compañía de infantería, y una banda de
caballos a hacer guarda en la villa de Alagón contra los
Zaragozanos, que por no haberlos seguido juraron de saquearla:
quedándose con el Rey don Atho de Foces, don Rodrigo Lizana, don
Ladrón, y el Vizconde con su gente. A vueltas de todo esto, el
Obispo de Zaragoza había juntado gran número de soldados de los que
habían quedado de Ahones su hermano, y estaba tan puesto en la
venganza de su muerte, que sin acordarse de su dignidad Pontifical,
ni del respeto que a su Rey debía, demás del escándalo y mal
ejemplo que de si daba, salió a puesta de Sol de Zaragoza
con su
ejército, y marchando toda la noche llegó a la villa de Alcubierre,
la cual por no haber querido poco antes, siendo requerida, juntarse
con los de Zaragoza contra el Rey, la dio a saco: y por ser en tiempo
santo de la cuaresma, para quitar de escrúpulo a sus soldados, decía
voz en grito y con furiosa ira, que era tan santa y justa la
guerra que contra el Rey hacía como contra Turcos, y por tanto
absolvía, armado como estaba, a todos de la culpa y escrúpulo, que
por el saco hecho tenían, y por mucho más que hiciesen. Demás que
no solo afirmaba con pertinacia, que gente que se empleaba contra el
tirano por la salud y libertad de la Repub. podía sin escrúpulo
comer carne en los días prohibidos, pero aun prometía la celestial
gloria a cuantos en esta guerra le seguían. También por otra parte
los Zaragozanos por dar alguna muestra y señal de su mala liga y
rebelión contra el Rey salieron segunda vez para el Castellar, que
está cerca de Alagón, río en medio; el cual pasaron en barcos, y
puestos en celada, enviaron alguna gente delante, porque fuesen
vistos de los de Alagón, a efecto de que, saliendo sobre ellos, se
retirarían con buen orden, hasta traerlos a dar en la celada. Como
don Blasco y don Artal los vieron, sospechando lo que podía ser, se
detuvieron aquella tarde, y los Zaragozanos viendo que no salían a
ellos, se retiraron a la otra parte del río, por estar más
seguros. Dejando pues don Blasco alguna gente de guarda en la villa
salió a media noche con toda la caballería, y pasaron a Ebro con
poco estruendo en los mismos barcos, y al romper del alba, dieron
sobre los Zaragozanos, que los hallaron durmiendo, sin centinelas, y
bien descuidados: y de tal manera los persiguieron que entre muertos
y presos fueron trescientos, huyendo los demás. Esta victoria fue
para el Rey y los de su parcialidad muy alegre, porque se creyó que
todas las aldeas como miembros, entendiendo que la cabeza era
vencida, perderían el orgullo, y se rendirían más presto. Luego
vino el Rey a verse con los vencedores, para hacerles por ello las
gracias, y tratar sobre lo que harían.





Capítulo
III. De los aparatos de guerra que el Rey hacía, para el saco de
Ponciano, y cerco que puso sobre la villa de las Cellas, y como
fue presa.

En este medio que el Rey se detuvo en Pertusa,
distrito de Huesca, mandó armar diversos trabucos e instrumentos de
guerra, y asentarlos sobre los carros para llevarlos de una parte a
otra (aunque con grande dificultad, por ser la tierra fragosa) por lo
mucho que se había de valer de ellos en tan larga y porfiada guerra,
como se le aparejaba. A la cual se preparaba con tanto ánimo, que
como a uso de Vizcaínos, a más tormenta más vela, así cuanto más
crecían los enemigos y rebeldes, tanto más ensanchaba su pecho, y
se disponía a resistirles. Volviendo pues de Alagón para Pertusa, y
llevando consigo al Vizconde con los suyos y la demás gente de
guarda, de paso dieron asalto a la villa de Ponciano, que estaba por
don Fernando: la cual fue luego entrada y saqueada. De allí pasó a
la villa de las Cellas junto a Pertusa, y puso cerco sobre ella, y
aunque estaban la villa y fortaleza muy bastecidas de gente y
municiones, al tercero día que plantaron las máquinas y trabucos
hacia las partes más flacas del muro, y comenzaron a batirlas, el
Alcayde de la fortaleza vino a concierto con el Rey, que si dentro de
ocho días no le venía socorro, le entregaría la fortaleza con la
villa. Aceptó el rey el concierto, y un día antes que se cumpliese
el plazo, dejando allí su ejército, pasó con poca gente a Pertusa,
para dar prisa a juntar los Pertusanos con la Infantería de
Barbastro, y Beruegal que había mandado venir, para que el siguiente
día se hallasen todos en la presa de las Cellas.
En este mismo
punto que el Rey estaba rezando en la iglesia de Pertusa, vieron de
lejos venir hacia la villa al galope dos caballeros armados en blanco
por el camino de Zaragoza, y eran Peregrin
Atrogillo,
y su hermano don Gil. Llegados al Rey le avisaron como don Fernando y
don Pedro Cornel, con ejército formado de la gente de que Zaragoza y
Huesca, venía a más andar en ayuda de las Cellas, y no quedaban
lejos. Como esto entendió el Rey, luego se puso en orden, y se
partió con solos cuatro de a caballo para las Cellas. Mandando a los
Pertusanos con los de Barbastro y Beruegal le siguiesen. Llegado a
los alojamientos do habían quedado el Vizconde y don Guillen su
hermano, con don Rodrigo Lizana, que con todo el ejército no pasaban
de ochocientos hombres de armas, y mil y seiscientos Infantes,
determinó esperar con estos a don Fernando: ni temió los grandes
escuadrones de las ciudades, con ser cuatro tantos más que los
suyos, por más
empauesados
que viniesen, como se decía. Había entonces en el Consejo del Rey
un don Pedro Pomar, hombre anciano, y muy experimentado en cosas de
paz y guerra, el cual considerando el mucho poder del ejército de
don Fernando, que en número y bien armado excedía de mucho al del
Rey, según los caballeros que
truxeron
la nueua
lo
afirmaban
, y que la persona Real
estaba en muy grande y manifiesto peligro, le pareció (pareciole)
exhortar al Rey, mas le rogó que con gran presteza se subiese en un
monte alto, que estaba junto a la villa, adonde con la aspereza del
lugar defendiese su persona, hasta que llegase el socorro de los
pueblos que aguardaba. Al cual respondió el Rey animosa y
varonilmente, diciendo. Sabed don Pedro que yo soy el verdadero y
legítimo Rey de Aragón, y que tengo muy justo y legítimo Señorío
y mando sobre aquellos, que siendo mis verdaderos súbditos y
vasallos toman injustamente las armas contra mí, como esclavos que
se amotinan contra su señor. Por tanto confiando en la suprema
justicia de Dios, y que tengo ante su divina Majestad más
justificada mi causa que ellos, no dudo que con su divino favor podré
con los pocos que tengo, resistir y vencer el grande ejército de los
rebeldes y fementidos que viene contra mí, y así mi determinación
es hoy en este día, o tomar por fuerza de armas la villa, o morir
ante los muros de ella. Por eso vuestro consejo de fiel y prudente
amigo guardadlo (
guardaldo)
para otro tiempo, que aprovechará con más honra que agora. Como
acabó de decir esto, comenzó más animoso que nunca a instruir y
poner en orden los escuadrones, con tanta diligencia y valor, como si
ya estuvieran presentes, y le presentaran la batalla los enemigos:
los cuales, como ni pareciesen, ni llegasen, y el plazo fuese
cumplido, la villa con sus fortaleza se le entregó libremente, y fue
librada de saco.





Capítulo IIII
(IV). Como vino el Arzobispo de Tarragona a concertar al Rey con don
Fernando, y no pudo: y como los de Huesca con astucia hicieron venir
al Rey, y del gran trabajo en que se vio con ellos.

Tomada la
villa de las Cellas, y bien fortificada su fortaleza de gente y
municiones, el Rey se volvió a Pertusa, adonde poco antes era
llegado don Aspargo Arzobispo de Tarragona, hombre muy pío y sabio,
y (como dijimos) pariente del Rey muy cercano: el cual entendidas las
diferencias del Rey y don Fernando, de las cuales cada día se
seguían tan grandes novedades, daños, y divisiones de pueblos en
los dos Reynos: tanto, que ya en Cataluña se iba perdiendo autoridad
y obediencia del Rey, y cada uno vivía como quería, puso todas sus
fuerzas en apaciguar, y concordar tío con sobrino, por divertirlos
de tan escandalosa guerra como se hacían el uno al otro. Mas como el
odio estuviese en ellos tan encarnizado, por estar don Fernando tan
persuadido que había de reynar, cuanto el Rey determinado de no
perder un punto de su derecho, y posesión del Reyno, dexolos: y sin
acabar cosa alguna se volvió a Tarragona, a encomendarlo todo a
nuestro señor, y rogarle por
el estado de la paz. En este medio
los de Huesca que vieron perdidas las Cellas, comenzaron a apartarse
del bando de don Fernando, y a descubrirse entre ellos la parcialidad
del Rey, aunque más flaca que la de don Fernando: pero muchos
deseaban pasarse a ella, sino que con mañas prevalecía siempre la
contraria, porque don Fernando, en aquel poco tiempo que estuvo
recogido en el monasterio, o Abadía de Montaragon, junto a Huesca,
teniendo ojo a lo por venir, tenía corrompidos y atraídos a si los
de la ciudad con presentes, dádivas, y muy largas promesas. De
manera que en los ayuntamientos venciendo la parte mayor (como suele
ser) a la mejor, la de don Fernando prevalecía, y no se hacía más
de lo que él quería, por donde los desta parcialidad en nombre de
toda la ciudad, comenzaron con grande astucia a inventar contra el
Rey cosas nuevas. Porque entrando en consejo trataron engañosamente
con Martín Perexolo juez de la ciudad por el Rey puesto, y con los
de la parcialidad Real, que hiciesen saber al Rey como los de Huesca
le eran muy verdaderos súbditos y fieles vasallos, y deseaban mucho
viniese a verlos y tratarlos, que lo recibirían con grandísima
honra y aplauso del pueblo, y sin réplica harían por él cuanto
les mandase. Como el Rey entendió esto de los de Huesca, y tuviese
el ánimo fácil y sencillo para echar siempre las cosas a la mejor
parte, sin tener ninguna sospecha dellos, dejó el ejército
encomendado al Vizconde y acompañado de muy pocos, por no dar que
temer al pueblo, se partió para Huesca. Llegado a vista de ella le
salieron a recibir veynte ciudadanos de los más principales a la
ermita de las Salas: y como le recibieron con mucha honra y fiesta:
así también el Rey recogió a todos ellos con grande benignidad y
alegre rostro, y porque conociesen por cuan fieles súbditos los
tenía y los amaba, les habló con palabras muy amigables, y de tanta
llaneza como si fuera compañero entre ellos, y trayendo cabe si a
don Rodrigo Lizana, don Blasco Maza, Assalid Gudal, y Pelegrin Bolas,
principales caballeros de su consejo, entró en la ciudad. Por aquel
día el pueblo le recibió con tantos juegos y regocijo, que pareció
dar de si muy grandes indicios de fidelidad: pero en anochecer
tocaron al arma, y se vinieron a poner a las puertas de palacio, cien
hombres armados como en centinela, guardando y rondando por de fuera
el palacio toda la noche. Entendió el Rey lo que pasaba, y
considerando el grande peligro en que estaba, en siendo de día
disimuladamente, y con gran serenidad de rostro envió a llamar los
más principales de la ciudad, y mandó convocasen todo el consejo
allí en palacio, adonde dentro del patio, que era grande, concurrió
toda la ciudad y pueblo, y el Rey puesto a caballo, señalando
silencio, les habló desta manera.





Capítulo V.
Del razonamiento que el Rey hizo a los de Huesca, y como acometieron
de prendelle.

Hombres buenos de Huesca, no creo que ninguno de
vosotros ignora ser yo vuestro verdadero y legítimo Rey, y que poseo
y soy señor vuestro, y de vuestras haciendas por derecho de sucesión
y herencia. Porque xiiij. generaciones han pasado hasta hoy, que yo y
nuestros antepasados por recta linea poseemos el Reyno de Aragón.
Por lo cual, con la continuación de tan larga prescripción, se ha
seguido tan estrecha hermandad de nuestro señorío con vuestra fiel
obediencia y servicio, que ya como natural, y que tiene su asiento y
rayz en los ánimos, ha de ser preferida a cualquier obligación de
parentesco y sangre: porque esta se puede deshacer con el tiempo; y
la otra es tan indisoluble, que antes suele con el mismo tiempo
acrecentarse más. Por esta causa he siempre deseado, que de la
afición y amor que os tengo, naciese la pacificación vuestra, para
mayor honra y utilidad del pueblo, y para mejor ampliaros los fueros
que nuestros antepasados os concedieron: si con la inviolable fé, y
obediencia que siempre habéis tenido con ellos, correspondiese ahora
conmigo vuestra fidelidad y servicio. Por donde ya que con tantos
y tan manifiestos indicios y señales de alegría y contentamiento
habéis solemnizado (solenizado) y festejado la entrada de vuestro
Rey, no debíais (deuiades) agora de nuevo deslustrarla con tanto
estruendo de armas, y aparatos de guerra: porque no
diérades
ocasión alguna para desconfiar de vuestra fidelidad. Mayormente que
yo no he venido sin ser llamado, antes he sido para ello muy rogado
de vosotros, y que de muy confiado de vuestra debida fé y prometida
obediencia, he dejado el ejército, y entrado en esta ciudad, no
cierto para destruirla, sino para más ennoblecerla, y magnificarla.
Como llegó el Rey a este punto, levantose tal murmuración del
pueblo contra los que regían, que no pudo pasar más adelante su
plática. Sino que haciendo señal de silencio, se adelantó uno de
los principales del regimiento antes que los del consejo
respondiesen, y dijo, que los de Huesca siempre habían tenido y
tenían por muy cierto, que su real ánimo era propicio y favorable
para ellos, y que de allí adelante lo ternia mucho más: pues para
más manifestar la buena voluntad que les tenía, les había hablado
con palabras de mucho amor, y con tanta mansedumbre: y así por esto
el pueblo tendría (ternia) su consejo, y harían en todo lo que el
mandaba. Con esto se recogieron los principales del, quedándose el
Rey a caballo en el patio, y se encerraron en las casas del Abad de
Montearagón, adonde sin tener más respeto a la persona del Rey,
tuvieron entre si diversas y largas pláticas con la contradicción
de algunos que defendían la parte del Rey, interviniendo
(entreuiniendo) en ellas muchas voces y porfías: aunque siempre
prevalecía como está dicho, la parcialidad de don Fernando, demás
que por alterar al pueblo, no faltaron algunos malsines, que
sembraron rumores, afirmando muy de veras que el Vizconde de Cardona,
después de haber bien reforzado el ejército Real, venía so color
de librar al Rey a saquear a Huesca. Por donde comenzándose a
alborotar la gente popular, los congregados se salieron a fuera para
tocar al arma. Pero el Rey les aseguró, y mandó se estuviesen
quedos, y volviesen a su consejo, porque estando él presente no se
desmandaría el ejército.
Quietáronse
algo, aunque siempre quedaron los ánimos alterados, y muy puestos en
poner las manos en el Rey, de muy accionados a don Fernando, y
sobornados por él: pero cuanto más miraban su Real persona tanto
más les faltaba el ánimo y fuerzas para hacerlo, y con ello
dilataron el consejo para otro día, diciendo, que por entonces no
había lugar para responder al Rey, y así se despidieron todos,
quedando encargados cada uno, de lo que había de hacer.





Capítulo VI.
Del astucia
que usó el Rey para burlar a los de Huesca, y como se salió libre
con toda su gente de ella.

Sabiendo el Rey por algunos de su
parcialidad lo que había pasado en consejo, y del secreto orden que
cada uno traía de lo que había de hacer, todo por orden de don
Fernando, que siempre llevaba sus malas intenciones adelante,
apeose del caballo, y subiose a su aposento con la gente de guarda,
que ya le había acudido alguna: repartiéndola, parte por las
puertas grandes, parte por la sala y antecámara. Estaban con el Rey
los mismos don Rodrigo de Lizana, Gudal, y Rabaça, hombre de gran
juicio, y (como dice la historia) muy entendido en negocios. Llegaron
en aquella sazón don Bernardo Guillen tío del Rey, y don Ramó de
Mópeller pariente del mismo, y Lope Ximenez de Luesia. Los
cuales poco a poco con razonable copia de gente de a caballo bien
armados se habían entrado en la ciudad, sin que nadie se los
estorbase. Sobresto nació nueva revolución en el pueblo, y se
sintió gran estruendo de armas, ya con manifiesta determinación de
prender al Rey. Porque a la hora atravesaron muchas cadenas por las
calles y pusieron de ciertos a ciertos lugares cuerpo de guarda,
porque no pudiese escapar hombre de a caballo, cerrando con mucha
presteza las puertas de la ciudad. Como entendió esto el Rey usó
con ellos de astucia y ardid admirable. Mandó luego aparejar un
convite opulentísimo, y a gran prisa buscar todo género de
servicios por la ciudad, enviando algunos de ella por las aldeas a
traer terneras y volatería, y convidar los principales del pueblo,
para que se descuidasen y perdiesen la sospecha que tenían de su
ida: lo que el pueblo aceptó de muy buena gana. En este medio echose
el Rey encima una cota de malla, y subiendo en su caballo, y con él
don Rodrigo y don Blasco y tres otros, se salieron por la puerta
falsa de Palacio, y por ciertas calles secretas descendieron a la
puerta Isuela por donde van a Bolea. Mas hallándola cerrada, y sin
gente de guarda, forzaron a los que tenían las llaves a que la
abriesen. La cual abierta, parose el Rey en medio de ella hasta que
llegase toda su gente de a caballo que ya venía con diligencia y
salidos a fuera al punto de medio día, con el fervor del Sol, y a
vista de todo el pueblo, hicieron su camino. hasta que encontraron
con el Vizconde que ya venía con el resto del ejército, y
juntos como paseando se fueron a Pertusa.





Capítulo
VII. Del sentimiento que el Rey hizo por la muerte del Papa Honorio,
y como concertó las diferencias de don Fernando con don Nuño
Sánchez, y del Vizconde de Cardona con el de Bearne.


Estando
el Rey en Pertusa le llegó nueva de Roma de la muerte del sumo
Pontífice Honorio iij. la cual sintió el Rey en extremo. Porque
este Pontífice tuvo siempre por muy proprias sus cosas cuando niño,
y las de la Reyna María su madre, como en el libro 2 se ha dicho. Y
si no fuera por la ocupación y embarazos de la guerra, y falta de
aparatos, le hubiera hecho las obsequias con aquella suntuosidad y
pompa que se debía. Escribió luego al sucesor que fue Gregorio ix.
dándole el para bien del Pontificado. Encomendándole a si y a sus
cosas, y prometiendo en su nombre y de sus Reynos toda obediencia y
servicio a su santidad, y a la santa sede Apostólica. Allí también

supo el Rey de algunos que acudieron de Huesca, la secreta
conjuración que había en ella para prender su persona, por
inducción (inductió) de don Fernando, el cual si acudiera luego, o
hiciera alguna muestra dello, sin duda que se desacataran, y pusieran
en ejecución lo que pensaban. Por donde no acudiendo, quedó su
parcialidad tan afrentada y corrida, que si el Rey entonces quisiera
perseguir a don Fernando todos le siguieran, pero
túvole
el Rey siempre tanto respeto que jamás pudo acabar consigo de
hacerle guerra de propósito, esperando su conversión y
reconocimiento, y que se apartaría del mal uso que tenía de darle
tantas veces con la mocedad en rostro. Puesto que así las malas
palabras, como las peores obras de don Fernando, el buen Rey las
disimulaba, y como hemos dicho, las tomaba como por ejercicio de su
paciencia y magnanimidad: y pudo tanto con estas dos virtudes, que
con ellas no solo confundía a sus enemigos y malévolos, pero
asimismo domaba, templando el ardor de su mocedad, y dando siempre
lugar a que la razón se enseñorease en él, y fuese suave su
reynar. Porque aunque toda la vida se le pasó en guerra, su fin fue
siempre la paz y concordia, y no había cosa en que de mejor gana se
emplease, que en averiguar diferencias, y atajar distensiones entre
los suyos: pues sin quererse acordar de las ofensas de don Fernando,
ofreciéndose ciertas diferencias bien reñidas entre él y don Nuño,
que era persona tal, que si el Rey le hiciera espaldas, sacara a don
Fernando del mundo, no solo no lo hizo, pero mostró querer hacer la
parte de don Fernando, procurando de atraer a don Nuño a la
concordia con un tan formado enemigo de los dos. También tomó a su
cargo de concertar otras semejantes y mayores diferencias y bandos
antiguos entre los Vizcondes de Cardona y el de Bearne. Las cuales
eran de tanto peso, que habían puesto a toda Cataluña en dos
parcialidades, con grande quiebra de la autoridad y jurisdicción
Real. Mas por mandato del Rey, así el de Bearne, como don Guillen
Ramón su hermano, y todos los de su bando, con haber recibido
grandes daños y menoscabos de hacienda en estas distensiones
(dissensiones) fueron contentos de hacer por manos del Rey treguas
por diez años con el Vizconde de Cardona, para que con tan larga
quietud la paz se confirmase entre ellos. Con tal que el de Cardona
diese cinco castillos, con otros tantos hijos de principales en
rehenes, con condición que dentro de cinco años no rompiendo la
paz, pudiese librar cada año un castillo, con uno de los rehenes,
pero si durante aquel tiempo rompía la tregua, o se cometiese algo
de parte del Vizconde contra el de Bearne, los castillos del de
Cardona con las rehenes fuesen perdidos. Y que de los daños por
ambas partes recibidos no se hablase, porque eran iguales, con otras
muchas condiciones que seria superfluo aquí ponerlas. Sino que en
conclusión, anularon, y tuvieron por revocados cualesquier derechos,
pactos, condiciones y promesas, que con cualesquier personas para
esta guerra se hubiesen firmado. Exceptuando solamente los derechos
Reales: y que de nuevo por ambas partes se diese la obediencia y
prestase homenaje al Rey.




Capítulo VIII. De
la unión y conciertos que entre si firmaron las ciudades de Jaca,
Huesca y Zaragoza.

Apaciguadas las arriba dichas diferencias
entre los Vizcondes y los demás, en los dos reynos, de las cuales
pudo mucho valerse don Fernando para perturbar el gobierno del reyno:
mas como ya
le faltasen las amistades, comenzó de allí adelante
a venir muy albaxo su parcialidad, y prevalecer la real. En tanto que
convencido él mismo, no menos de la paciencia del Rey, que de su
propria conciencia, vino a decir que quería públicamente dar la
obediencia al Rey para ejemplo de todos. Puesto que en este mismo
tiempo los de Zaragoza con los de Jaca y Huesca, que seguían la
parcialidad de don Fernando, por sus procuradores y largos poderes,
se juntaron en Iaca, que es una ciudad fuerte de las más
cercanas y fronteras a la Guiayna, en medio de los montes Pyrineos,
aunque en lugar llano fundada: donde hicieron una confederación y
alianza entre si, dándose la fé unos a otros: y entre otras cosas
prometieron, que en ningún tiempo se faltarían los unos a los
otros, y que por el común y particular bien de cada una, se valdrían
contra cualesquier personas de cualquier estado, orden y condición
que fuesen, que por cualquier vía tentasen de perturbar sus repub.
Desta conjuración, o unión se halla que fue la cabeza, e inventora
Zaragoza. Las causas que para hacerla tuvieron, se decía era
primeramente por la división de los Reynos, y el estar puestos
tanto tiempo había en parcialidades: y por atajar los atrevidos
acometimientos de la una parcialidad contra la otra, perturbando el
orden y mando de la justicia, y abusando de la honestidad y religión.
El Rey que oyó se hacían estos ayuntamientos sin su autoridad y
licencia en tiempos tan turbados, túvolos por sospechosos: creyendo
que se hacían, no tanto por algún buen fin, y beneficio público de
las ciudades, cuanto por alguna secreta ponzoña que de nuevo habría
sembrado don Fernando y los suyos. Y que ni fue por defenderse de los
daños que las parcialidades se hacían unas a otras, sino para que
con este color estuviesen siempre en armas para ofender más presto
que para defenderse de otros.





Capítulo IX. Como
don Fernando y el Vizconde de Bearne determinaron entregarse a la
voluntad del Rey, y le enviaron sus embajadores sobre ello.

Cuanto
más iba don Fernando pensando en su comenzado propósito y ánimo de
quererse reconciliar con el Rey, tanto más hallaba le convenía
ponerlo luego en efecto, antes que acabase de incurrir en mayor
ira y desgracia suya. Puesto que las ciudades no dejaban secretamente
de solicitarle, por haberse puesto por él tan adelante en su
empresa, que casi le forzaban a proseguirla. Pero a la postre como se
viese ya cargar de años, y se hallase muy cansado de haber andado
tanto tiempo por el camino de la ambición y nunca llegar al fin
pretendido: considerando entre si, que habiéndole Dios hecho tan
aventajado en calidad, saber, y amigos, la fortuna siempre le
deshacía sus cosas: y por el contrario las del Rey contra toda
fortuna ser tan favorecidas: conoció que obraba Dios en estas, y que
por no incurrir en la ira de Dios era menester renunciar a las suyas
proprias y mal intencionadas obras, y entregarse del todo a la
obediencia y voluntad del Rey. Y así determinó de comunicar esto
con sus amigos, señaladamente con el Vizconde de Bearne, don
Guillén de Moncada, y don Pedro Cornel los principales de su
parcialidad y bando, que también estaban muy en desgracia del Rey
(no hallándose allí don Guillen Ramón hermano del Vizconde que
por cierta ocasión era vuelto a Cataluña) a los cuales de muy
quebrantados de tantos y tan continuos trabajos de la guerra, sin
hacer ningún efecto bueno en ella, fácilmente persuadió lo mucho
que convenía tratar de esta común reconciliación de todos. Y así
para mejor determinarse sobre ello, se fueron juntos a Huesca.
Adonde concluido su propósito, envió don Fernando sus
embajadores al Rey que estaba en Pertusa, haciéndole saber como él
y el Vizconde con todos los principales de su parcialidad se habían
juntado en Huesca, y por gracia de nuestro señor habían determinado
de ponerse muy de veras en sus reales manos, a toda su voluntad y
albedrío, con verdadero arrepentimiento de las ofensas y desacatos
que le habían hecho, para pedirle humildemente perdón de todo. Y
así suplicaban les diese licencia para ir a verse con él fuera de
Pertusa, que la tenían por sospechosa, y la junta fuese con muy
pocos de a caballo que llevarían consigo, con que no fuesen más los
que su real persona trajese, y que habida licencia partirían
luego. Propuesta y oída por el Rey la embajada, luego los del
consejo y principales caballeros que con él estaban, se levantaron
todos mostrando muy grande alegria, y dando voces de placer por
tan felice nueva: entendiendo que de la reconciliación de don
Fernando con el Rey se seguía toda la pacificación y quietud
deseada para los reynos, y se acabada la guerra con el mayor
honor y triunfo del Rey que desear se podía. Habido pues consejo
sobre la embajada, se dio por respuesta a los embaxadores, que se les
permitía a don Fernando, y al Vizconde y los demás, venir a esta
junta a verse con el Rey en el monte de Alcalatén junto a Pertusa,
con solos siete de a caballo, y que los aseguraba, debajo su Real fé
y palabra, que no saldría con más de otros tantos dentro de tercero
día.





Capítulo X.
Como don Fernando y el de Bearne, y otros se entregaron al Rey y les
perdonó, y se siguió de esto la general paz para todos los Reynos.


Expedidos los embajadores y vueltos a don Fernando, como
entendió de ellos la benignidad con que el Rey los
haura
recebido, y oydo su embajada, de más del regocijo y alegría que
toda la Corte sentía, en tratarse de concordia, sintiola don
Fernando mucho mayor, y el Vizconde con él, y luego se pusieron en
camino. Mas no tardó el Rey de acudir al puesto, acompañado del
Vizconde Folch de Cardona y su hermano don Guillé, don Atho de
Foces, don Rodrigo Lizana, don Ladrón, de quien afirma el Rey ser de
muy buen linaje, Assalid Gudal y Pelegrin Bolas, con otro que no se
nombra. Vinieron con don Fernando y el Vizconde don Guillé de
Moncada, don Pedro Cornel, Fernán Pérez de Pina, y otros en ygual
número con los que el Rey traía. Y llegados al monte que tenía en
lo alto su llanura, don Fernando con muy grande acatamiento y
humildad, los ojos en tierra, juntamente con los demás se postró
ante el Rey, el cual los recibió humanísimamente, abrazando a cada
uno, y no sin lágrimas de todos. Y porque tomasen ánimo y
hablasen libremente, les puso en pláticas de placer y regocijo, y
respondieron con las mismas. Puesto que don Fernando, como a quien
más tocaba hablar por todos, endreçaua toda la conversación a que
su Real benignidad tuviese por bien de perdonar a él, y a sus
compañeros, los atrevimientos y desacatos pasados cometidos contra
su Real persona, y admitirles en todo su amor y gracia, como antes.

Pues se le debía como a tío, y deudo tan conjunto como a
Eclesiástico, y que estaba con toda humildad rendido a sus pies,
para que hiciese de él lo que fuese servido. Lo mismo rogó por el
Vizconde que estaba en la misma forma humillados, pidiéndole perdón
y la mano como vasallo suyo, de quien con todo su poder y estado se
podía valer y servir como de un esclavo. A esto añadió el
Vizconde, usando de la misma sumisión y acatamiento, como no
ignoraba su Alteza cuan estrecho deudo tenían los suyos con los
Condes de Barcelona que fueron los fundadores de aquel Principado. Y
que por esto se le debían a él mayores mercedes, y había de ser
restituido en mayor amor y gracia para con su real benignidad. Porque
siendo su estado aventajado a todos los demás,
por el Vizcondado
de Bearne, que era el más principal de toda la Gascuña, podía
mejor y con mayor poder que todos servirle. Demás que cuanto había
hecho antes, no había sido con ánimo de ofender, sino solo por
defenderse de su real ira con que tanto le había perseguido: pero
que si sus cosas se habían echado a mala parte, y a otro fin de lo
que se hicieron, de nuevo pedía (pidia) perdón para si, y a los
suyos: prometiendo que en ningún tiempo, por más ocasiones que se
le diesen, movería guerra contra la corona real, antes se preciaría
tanto de servirle, que merecería muy de veras su perpetua gracia
y alabanza. Como pidiesen y protestasen lo mismo los demás con
palabras humildes haciendo muestras de quererse postrar y besar los
pies al Rey, él los levantó y se enterneció con ellos, y dijo que
habido consejo respondería. Luego de común parecer los del Rey, se
dio por respuesta tres cosas. La primera, que don Fernando, y el
Vizconde de Bearne, con todos los de su parcialidad fuesen admitidos
a perdón, y restituidos en la gracia del Rey.
La segunda, que
las diferencias y pretensiones de ambas partes, por ser negocios
gravísimos, y que consistían en materia de justicia, se remitiesen
a la determinación de los jueces que se nombrarían para ello. La
postrera, cerca de las novedades de las ciudades por haberse de nuevo
conjurado, y hecho unión por si, quedase a solo arbitrio del Rey
declarar sobre ellas. Determinados estos capítulos y notificados a
las partes, y por todos aceptados, don Fernando y el Vizconde con los
demás de su parte besaron con grande afición y humildad al Rey las
manos, el cual con mucho regocijo, de uno en uno los abrazó a todos,
y se entraron en Pertusa, donde el Rey los mandó
aposentar y
regalar esplendidísimamente, con ygual contentamiento y placer de
ambas partes. Pues como luego se divulgase por todo el Reyno la
alegre y tan deseada nueva de esta concordia, los Prelados mandaron
hacer por todas las yglesias de sus distritos grandes procesiones de
gracias, con muchos sacrificios a nuestro señor, por tan felice
pacificación y concordia: los pueblos las celebraron con muchas
fiestas, danzas, y regocijos en señal de universal contentamiento de
todos. Porque aunque las diferencias que de la guerra quedaban
por averiguar entre los pueblos, eran grandes, y los daños de ambas
partes infinitos, y muy difícil la recompensa dellos, el deseo de la
paz, y vivir con tranquilidad cada uno en su casa era tanto, que vino
a ser fácil y suave, lo que antes parecía muy áspero, e imposible.





Capítulo XI.
De las capitulaciones que se hicieron para asentar las demandas que
por ambas partes había, para reparo de los daños por la guerra
causados.

Para que la deseada paz y concordia viniese a
debido efecto, fue necesario capitular primero sobre el asiento que
se había de dar en el reparo de tantos daños, y pérdidas que por
las guerras se habían padecido. Para esto se nombraron jueces
supremos el Arzobispo de Tarragona, el Obispo de Lerida, y el
comendador Monpensier vicario del Maestre del Temple en los reynos de
España. A estos se remitió el examen y declaración de todas sus
diferencias y pretensiones. Y prestado el juramento por ambas partes,
prometieron de estar al parecer y determinación dellos.
Lo más
principal y más difícil de todo era la enmienda y recompensa de los
daños que el Rey había recibido de la primera conjuración de don
Fernando y del Obispo hermano de Ahones, y hecha en su nombre de
Sancha Pérez viuda, y también de don Pedro Cornel, Pedro Iordan, y
G. Atorella. Los cuales daños demandaba el Fisco Real, y se habían
de rehacer: también la
fe
promesas y pactos de los de la parcialidad de don Fernando, que a fin
de llevar adelante la conjuración se firmaron con juramento, se
habían de anular, y deshacer del todo. A lo cual oponía el Obispo,
aunque absente, debían primero restituirle las villas y castillos
que el Rey, muerto Ahones, le había tomado por fuerza de armas, con
una gran suma de dinero prestado, por el cual le habían dado en
rehenes ciertas villas y castillos, sin los que tenía en los reynos
de Sobrarbe y Ribagorza. Finalmente oídas de parte del Obispo, y del
Fisco real sus demandas, Los jueces juzgaron, cuanto a lo primero,
Que don Fernando y los demás de su bando entregasen al Rey todos los
instrumentos de la conjuración, así de los caballeros, como de las
ciudades, como de otras cualesquier personas, en cualquier tiempo
hechos. Que don Fernando y los demás conjurados de nuevo diesen la
fé y obediencia al Rey. Que el Rey no teniendo otro más conjunto
pariente que a don Fernando, le diese para su ayuda de costa en honor
xxx. caballerías, o la renta de ellas, en cada un año, durante su
vida. Que assi mesmo le perdonase muy de corazón, y le absolviese de
cualquier crimen lese magestatis, y de toda otra culpa en que por la
conjuración hubiese incurrido, y le diese su fé y palabra que para
en lo
por venir
podía seguramente, sin ningún recelo entregarse a su mero imperio y
voluntad. Lo mismo se hizo con don Sancho el Obispo, aunque absente,
que había de ser restituido en la gracia del Rey: y también por
haber hecho todo lo que hizo: por el gran dolor que de la muerte de
su hermano tuvo, fuese libre y absuelto de toda culpa, teniendo de
allí a delante al Obispo, y a la sancta cathedral yglesia de
Zaragoza por muy encomendados. Que los castillos y lugares que Ahones
viviendo poseía por mano del Rey, fuesen restituidos al patrimonio
real: mas los que poseía por derecho de sucesión y herencia,
viniesen al Obispo su hermano, a quien también se pagase cualquier
suma de dinero que a Ahones el Rey debiese. De la misma gracia y
clemencia usó el Rey con Cornel, Atorella y Iordán, y con los demás
que siguieron la parcialidad de don Fernando. Demás desto fueron
libres de cárceles y cadenas todos cuantos presos hubo (vuo) por
ambas partes, y también los castillos y villas que se hallaron
usurpadas, se restituyeron a sus propios señores: excepto el
castillo y villa de las Cellas, que por haberlos tomado el Rey por
guerra, quedaban incorporadas en la corona real. Finalmente
declararon que se habían de conceder treguas y salvo conduto por
tiempo de onze años a todos los que serían acusados de comuneros,
para que dentro de aquel término pudiesen alcanzar perdón del Rey.
El cual no dejó entre estas cosas de acordarse de algunos
principales que en el más trabajoso y peligroso tiempo de su vida,
fidelísimamente le siguieron, y en sus tan grandes necesidades le
valieron con sus personas, vidas y haciendas, hallándose siempre a
su lado. Porque a cada uno de estos hizo mercedes, y dio más
caballerías de honor. Señaladamente a don Artal de Luna, a quien
dio perpetua la gobernación de la ciudad de Borja: y a don Garces
Aguilar comendador de la orden de Calatrava en Aragón, la encomienda
mayor de la villa de Alcañiz, y a don Pérez Aguilar la señoría de
la villa de Rhoda ribera de Xalon. A los cuales no solo estas
mercedes, pero muchas caballerías que tenían dudosas se las
confirmó, y dio de nuevo. Es bien de creer que a todos los demás
que le siguieron y sirvieron, aunque no están en su historia
nombrados, hizo el Rey grandes mercedes.








Capítulo
XII. Como sabiendo las tres ciudades que el Rey se había reservado
el concierto con ellas, le enviaron embajadas para entregársele, y
de las condiciones con que fueron perdonados.

Como
los ciudadanos de Zaragoza, Huesca y Iaca, que poco antes como
dijimos, con falso nombre de defensa, tácitamente se eximían, y
alzaban con la jurisdicción Real, entendieron que habiendo el
Rey concertado y restituido en su gracia a don Fernando, y perdonado
a todos los de su parcialidad, y a las demás villas y lugares que le
siguieron, y que a solas ellas excluía del perdón general, y se
quedaban afuera: hicieron otra junta en Iaca: y luego determinaron
hacer embajada al Rey, por certificarse de su deliberación y ánimo
para con ellas. Para esto Zaragoza envió sus cinco jurados, o
regidores, Huesca y Iaca los principales de cada pueblo, con
bastantísimos poderes para tratar de cualesquier partidos y
conciertos, a fin de alcanzar universal perdón para todos. Llegados
pues los embajadores a Pertusa, y entendido que el ánimo del Rey
estaba muy
desabridos
contra las ciudades: que lo colligieron, viendo la poca cuenta y
fiesta que la villa hizo en su entrada, y porque los de palacio, a
cuyo favor y medio venían remetidos, les dijeron que el Rey no les
oiría de buena gana, se fueron para los Prelados Iuezes, a los
cuales mostraron los poderes que traían, que no contenían otro en
suma, que pedir paz y perdón, y que solo fuesen restituidos en la
gracia y merced del Rey, se obligarían a cumplir en su nombre y
de las ciudades, todos y cualesquier decretos y mandamientos, que por
ellos fuesen determinados. Hecha relación de todo esto, y satisfecho
el Rey mandó sentenciar a los jueces. Lo primero que ante todas
cosas las ciudades anulasen y deshiciesen todos y cualesquier pactos,
condiciones, promesas y juramentos de conjuración, por cualesquier
personas y ciudadanos hechos contra la autoridad, jurisdicción, y
persona Real, tácita, o expresamente. Lo segundo que por cada
una de ellas se diese al Rey de nuevo la pública fé y obediencia
con pleito y homenaje. Lo tercero, que todas las injurias,
menoscabos, y daños que hubiesen padecido y recibido del ejército
del Rey, fuesen absolutamente remetidos y olvidados. Lo último
que todos los que fueron presos por haber seguido la parcialidad del
Rey y sus bienes robados, fuesen libres de ellas y que del común, y
propios de sus ciudades les fuesen restituidas todas sus haciendas.
Oídos por los embajadores los decretos publicados por los jueces, y
hallándose con suficientes poderes para venir bien en ellos: demás
de lo que de palabra habían entendido de las ciudades, que solo
alcanzasen perdón del Rey, los condenasen en cuanto quisiesen, los
aceptaron y ratificaron sin excepción alguna. Con esto mandó el Rey
se librasen de las cárceles todos los presos de las ciudades, y se
entregasen a los embajadores. Los cuales con mucha alegría y
hazimiento de gracias besaron las manos al Rey, y fueron admitidos
con sus principales al general perdón, y se volvieron muy contentos
y pagados de la magnanimidad y benignidad del Rey. De lo cual, las
ciudades quedaron muy satisfechas, y fuera de todo recelo, y de allí
adelante le sirvieron y guardaron toda fidelidad.





Capítulo
XIII. Como Avrembiax hija del Conde de Urgel pidió al Rey le mandase
restituir el condado, y de las condiciones con que el Rey se ofreció
de conquistarlo.

Acabados de firmar por el Rey los capítulos
de la paz y perdón general, y de nuevo confirmados todos los fueros,
privilegios y libertades por los Reyes sus antecesores a las villas y
ciudades del reyno concedidas, pacificada la tierra, se partió para
Lerida. Con fin de dar una vista por Cataluña, y con su presencia
reducir los ánimos de algunos señores, y Barones, y aun de los
pueblos que por ocasión de la guerra y parcialidad del Vizconde de
Bearne, estaban muy estragados y enajenados de su amor y respeto. A
donde (para que el fin de una guerra y trabajos fuese principio de
otra) había
llegado Aurembiax hija de Armengol vltimo Conde de
Urgel, a la cual, como dijimos en el libro precedente, el Rey había
mandado reservar su derecho para pedir el condado a don Guerao
Vizconde de Cabrera, que se lo había tomado por fuerza de armas:
pues con esta condición había el Rey permitido al Vizconde poco
antes que retuviese el Condado. Esta petición como fuese justa, y
tocase a la persona Real hacerla buena y cumplirla, por haberlo así
prometido, respondió a Aurembiax que tomaría la empresa por
propria, y con las condiciones que fue entre ellos concertado antes,
la llevaría a debido efecto: si primero ella como a legítima
heredera que era del condado,
renunciase todo el derecho y acción
que contra la ciudad de Lérida podía pretender, por cualquier
derecho y acción que a ella tuviese por los Condes sus antepasados.
Lo segundo que después de hecho el concierto reconociese haber
recebido el condado de mano del Rey por derecho de feudo. Lo tercero
que ella y sus sucesores en el condado, en tiempo de paz, y guerra,
fuesen obligados de recoger al Rey, y a sus sucesores, en las nueve
villas y fortalezas que son Agramonte, Linerola, Menargues, Balaguer,
Albesa, Pons, Vliana, Calasanz y Monmagastre. Obligándose también
el Rey de hacer restituir a la Condesa las villas y castillos que le
había usurpado Pontio Cabrera, hijo de don Guerao. Finalmente
concedió todo lo sobredicho la Condesa, y dio de nuevo por especial
promesa al Rey, que no se casaría sino con quien él le mandase.
Concluidos estos conciertos, el Rey
pmetio
y juró sobre su corona real en presencia de los suyos, y de los que
acompañaban a la Condesa, que no dejaría de emplear todo su poder y
fuerzas hasta poner a la Condesa en pacífica posesión de todo el
Condado.





Capítulo XIV. Como
fue mandado citar el Conde Guerao, y no compareciendo personalmente,
el Rey conquistó muchos pueblos del Condado.


Hecho y
jurado el concierto con la Condesa, mandó el Rey juntar los dos
consejos de paz y de guerra en los cuales se halló presidente don
Berenguer Eril Obispo de Lérida, y se determinó por ellos que don
Guerao Cabrera fuese llamado a juicio, y que dentro cierto término
pareciese ante el
Rey, para que oída la petición de la condesa
respondiese a ella. Pero ni don Guerao, ni Pontio su hijo, aunque
fueron dos veces citados, comparecieron: solo don Guillen hermano del
Vizconde de Cardona se presentó ante el Rey en nombre de don Guerao,
diciendo, que el Vizconde de Cabrera y Conde de Urgel, por ningún
derecho era obligado a comparecer en juicio, porque con justo título

por tiempo de xx. años y más, poseía pacíficamente aquel
estado. Como se opusiese contra esto Guillén Zasala el más famoso
letrado de su tiempo, alegando leyes en favor de los derechos de la
condesa, y propusiese que el Rey forzase a don Guerao restituyese
todas las villas y lugares que le había usurpado, dicen que don
Guillén no respondió otra cosa, sino que el Conde de Cabrera no
había de perder punto de su justicia por la infinidad de leyes
alegadas por Zasala, señalando que
este pleyto no se había de
averiguar ante juez letrado, sino armado: porque era de aquellos que
consisten en la punta de la lanza. Y así con esto se despidió don
Guillen. Cuyas palabras entendió el Rey muy bien, y vista la dureza
y obstinación de don Guerao, y que no con palabras sino con armas se
había de ablandar, escribió a los de Tamarit de Litera villa
principal, que otros dicen de Santisteuá, y es de gente belicosa,
cercana a Lerida, mandado a los oficiales Reales, que con la más

gente que pudiesen, viniesen, trayéndose provisión para tres
días, a la villa de Albesa del Condado de Urgel. También escribió
a don Guillen de Moncada hermano del Vizconde de Bearne, y a don

Guillen Ceruera barones principales de Cataluña, rogándoles que
con toda la gente que pudiesen, suya y de sus amigos, acudiesen a
favorecerle en esta guerra: la cual había determinado hacer en
persona, confiado de su socorro. Partió luego de Lérida con tan
pocos para comenzarla, que trayendo consigo a don Pedro Cornel, que
llevaba la auanguardia, apenas le siguieron xiij. de a caballo. Llegó
a Albesa, a donde aunque no asomaba la gente de Tamarit, hallando
allí a Beltrá Calasans con lxx. soldados bien armados determinó
cerrar con los de Albesa, y espantarlos con su presencia, la cual no
era menos horrible para muchos, que amable para todos. Comenzando
pues a batir la tierra, que era medianamente grande y cercada, los
del pueblo, puesto que pudieran
defenderse de harto mayor
ejército, vista la persona del Rey, se atajaron de arte que el día
siguiente, apenas descubrieron la gente de Tamarit, cuando entregaron
la villa con el Castillo al Rey: confiando de su palabra que serían
libres del saco. De allí pasó el campo a Menargues pueblo
poco
menor que Albesa, el cual luego voluntariamente se le entregó. Allí
llegaron las compañías que se mandaron hacer en Aragón y Cataluña
de ccc. caballos, y mil infantes. Con estos, pareciendo ser bastante
ejército, determinó el Rey conquistar lo que quedaba del condado. Y
así pasó a Linerola, la cual el Conde Guerao había fortalecido, y
estaba harto en defensa. Pero como el Rey sobreviniese de improviso,
y no quisiese ella darse a ningún partido, fue animosamente
combatida por el ejército, y tomada por fuerza: juntamente con los
principales del pueblo, que se habían retirado a una torre muy alta,
y por eso fueron tomados a partido, pero la villa no pudo escapar de
ser saqueada. Adonde se detuvo el Rey tres días para hacer muestra
de la gente que tenía, y dar el orden que se había de tener para
pasar adelante.







Capítulo XV.
Como el Rey fue a poner cerco sobre la ciudad de Balaguer, cuyo
asiento se describe, y de lo que pasó en su combate.

Tomada
Linerola pasó el Rey con su ejército a delante a poner cerco sobre
la ciudad de Balaguer, por donde pasa el río Segre, y es la segunda
cabeza del Condado. En la cual hacía cuenta don Guerao esperar todo
el peso de la guerra: para esto la había mucho fortificado y
abastecido de munición y gente de guerra. Llegado el Rey a vista de
la ciudad, pasado el río, asentó su real sobre un montecillo que
llaman Almatan, que está cauallero a la ciudad, y se descubría de
él la mayor parte de ella con las casas y edificios de manera que no
era posible defenderse de las máquinas y trabucos que en el campo se
armarían. Al mismo tiempo llegaron las compañías de a pie y de a
caballo que el Vizconde de Bearne y don Guillen Cervera habían hecho
por mandato del Rey, y venía por Coronel de ellas don Ramó de
Moncada hermano del Vizconde. Con estos creció el ejército hasta en
número de cccc. cauallos y dos mil infantes, y porque la ciudad
estaba muy fortificada, y no se le podía dar el asalto sin abrir
primero el camino con las máquinas y trabucos, pareció al Rey
plantar dos de ellos en la parte del monte, donde mejor pudiesen
encararlos a las casas, pues se tiraban con ellos noche y día tantas
y tan gruesas piedras, que no escapaba casa, ni
edificio que no
fuese quebrantado dellas, y la gente muy atemorizada. Diose la guarda
de los trabucos y máquinas a don Ramón con tres otros caballeros
principales con poca gente, por no estar muy apartadas del cuerpo del
Real. Como supo esto don Guillen de Cardona que favorecía a
don
Guerao, y como dijimos, compareció por él ante el Rey, y era
gobernador de la ciudad, salió de ella por una puerta pequeña del
muro, al amanecer, con xxv de acaballo, y cc. infantes. Los de
a
caballo que iban con las lanzas enristradas dieron en las guardas y
mataron y atropellaron la mayor parte de ellos: los de a pie fueron
con
achas
encendidas para las máquinas. Pues como el capitán Pomar uno de los
principales de la guarda descubriese esta gente, y viese que de los
de
a pie unos iban hacia las máquinas, otros a las tiendas del
campo a poner fuego en ambas partes, dejó a don Ramón muy en orden
junto a las máquinas, y saltó de presto a despertar al Rey. Mas don
Guillen enderezando su caballería contra don Ramón le acometió con
tanta ferocidad, que pensando ya llevarlo de vencida, le dijo que se
rindiese: pero don Ramón se defendió, y le entretuvo hasta que
llegó el Rey con la caballería. El cual dejando parte de ella en
ayuda de don Ramón, se fue con los demás para las máquinas, que le
daban más cuidado, pues para las tiendas quedaba el cuerpo del
ejército que las defendería. Adonde trabada la escaramuza con los
de a pie los venció: de manera que las tiendas y máquinas en un
punto fueron libres del incendio, y a don Guillen le fue forzado
con
harta pérdida de su gente retirarse a la ciudad.





Capítulo XVI. Como
los de Balaguer visto el gran daño y tala que mandó el Rey hacer en
sus huertas y arrabales se dieron a partido, y se libraron del
saco.

Aguardó el Rey dos días sin batir de nuevo, por ver lo
que la ciudad haría. Y como no daban ningún sentimiento de si,
viendo su pertinacia, y lo poco que les movía el grandísimo daño
que las máquinas y trabucos hacían en las casas noche y día:
asimismo, la pérdida que su gobernador
don Guillen había
hecho: demás del poco, o ningún socorro que esperaban de otra
parte, determinó de arruinarles sus lindas y bien entretejidas
huertas, con los arrabales,y talar todos sus campos a vista de ellos.
Esto sintieron tanto los ciudadanos, que luego se indignaron
gravísimamente contra el Conde Guerao, y de allí comenzaron a
tratar entre si, que sería bueno entregarle a la Condesa Aurembiax,
su natural y verdadera señora, la cual en aquella sazón había
llegado al campo del Rey. Con este acuerdo, secretamente le enviaron
sus embajadores para tratar de darse a partido. En este medio como
alguno ciudadanos de los que estaban repartidos por la muralla
hablasen con alguna gente del Rey que andaba alrededor, descubiertos
por los soldados del Conde Guerao que guardaban el alcázar y
fortaleza, les tiraron muchas saetas, e hirieron a los del muro,
porque hablaban con los enemigos. Con esta segunda ocasión se
conmovieron tanto los de la ciudad, que ya no secretamente sino al
descubierto se rebelaron contra el Conde, y con nueva embajada
ofrecieron al Rey y a la Condesa darles la ciudad con la fortaleza.
Entendido esto por el Conde, escribió al Rey estaba
muy pronto
para entregarle la fortaleza, con condición que se encomendase por
los dos a
Ramón Berenguer Ager, para que la tuviese guardada
hasta tanto que se averiguase a quien tocaba el derecho del condado.
A esto dijo el Rey que le placía lo que pedía el Conde, y como en
el entretanto los de la ciudad le solicitasen, se entregase de ella
dijo a los del Conde que ternia su consejo sobre su demanda, y con
esto, iba dilatando la respuesta. Mas el Conde, o que disimuladamente
hiciese estos tiros, como que no sabía nada de lo que los ciudadanos

trataban con el Rey y Condesa: o como si hubiera aceptado lo que
el Rey mandaba, se salió
secretamente solo de la ciudad, llevando
un gavilán en la mano, y envió un criado llamado Berenguer
Finestrat a buscar a Ramón Ager, para que fuese a guardar la
fortaleza por el concierto hecho. Pero mientras le buscaban, sin
hallarle, los ciudadanos alzaron el estandarte del Rey en la
fortaleza a vista de todos, echando con todo rigor la gente de guarda
que el Conde había puesto en ella. Como vio esto Finestrat, y
entendió lo que había pasado entre el Conde y el Rey para mejor

burlar al Conde, apartose de allí confuso y burlado: y lo mismo
aconsejó a Ramón Berenguer Ager, que ignorando lo que pasaba, venía
ya para entrar en la fortaleza.






Capítulo XVII. Como don Guerao fue echado de
todo el condado de Urgel, y Aurembiax puesta en posesión del, y como
casó con don Pedro de Portugal primo del Rey.


Tomada la
ciudad de Balaguer, don Guerao y su gente se pasaron a Monmagastre, y
a la hora la Condesa por mano del Rey fue puesta en posesión, y
jurada por señora en Balaguer, mudando los oficiales, y dando nuevo
regimiento a la tierra. De allí se fue el Rey con el ejército, y
también la Condesa a Agramunt villa principal del condado, a donde
don Guillen de Cardona había puesto para defenderla. Asentose el
ejército en la subida de un monte llamado Almenara, a vista del
pueblo, lugar más alto y bien acomodado para combatir la villa.
Visto esto por don Guillen la noche antes que diesen el asalto, se
salió con los suyos secretamente del pueblo, el cual luego
essotrodia se dio con la fortaleza a la Condesa. Lo mismo
determinaron hacer los de la villa de Pons, porque llegó de secreto
un embajador al ejército diciendo que luego en viniendo el Rey se le
darían. Pero él no quiso venir a esto, por haber entendido que la
villa estaba por el Vizconde Folch de Cardona, al cual no había
según costumbre, desafiado antes que comenzase contra él guerra.
Por donde quedándose en Agramunt, envió allá a la Condesa y a don
Ramón de Moncada, con todo el resto del ejército, quedándose con
solos xv. caballeros. Como el ejército se allegó a Pons, sin que el
Rey pareciese en él, indignados de esto los del pueblo, por el
menosprecio que en esto mostraba hacer de ellos, salieron de
improviso a dar sobre el ejército: pero fueron del también
recibidos, que trabando la escaramuza quedaron del todo vencidos,y
puestos en huida hacia la villa, se recogieron en ella con muy grande
pérdida suya. Como la Condesa les enviase a decir que aun eran a
tiempo de darse muy a su salvo, que les haría toda merced,
respondieron con la misma obstinación, que a ninguno sino a la misma
persona del Rey se rendirían. Sabido esto por el Rey, luego partió
para ellos, y en llegando le entregaron la villa con la fortaleza, la
cual el Vizconde de Cardona había dejado bien proveída de gente y
munición. Acceptola el Rey salvando al Vizconde sus derechos, si
algunos tenía a la villa. Para esto de parte del Rey y de la Condesa
se dio toda seguridad, y al pueblo se le tuvo tal respeto, que no
dejaron entrar en él al ejército, ni se le hizo ningún ultraje.
Tomado Pons,
Vilana
con las demás villas y lugares de la montaña de Segre arriba,
libremente y sin condición alguna se entregaron al Rey y a la
Condesa. De manera que con el favor y amparo del Rey, la condesa
cobró todo el condado de Urgel y fue puesta en pacífica posesión
de él. Hecho esto casó el Rey a la condesa con don Pedro de
Portugal su primo hermano, hijo del Rey de Portugal, que por aquellos
días era venido desterrado del Reyno a pasar su destierro en la
Corte del Rey, y se hicieron las bodas con muy grandes fiestas y
regocijos. Finalmente don Guerao viéndose echado a punta de lanza de
todo el Condado, hallándose cargado de años y cansado de tantos
reveses de fortuna, entró en la orden de los caballeros Templarios,
dejando a su hijo Poncio el Vizcondado de Cabrera. El cual después
de muerta la Condesa Aurembiax sin hijos, renovando la antigua
pretensión de su padre, tentó de volver a entrar en el condado.
Pero no le sucedió bien la empresa, como adelante diremos. Acabada
esta guerra, y apaciguados todos los alborotos, y distensiones de los
dos Reynos, deshecho el ejército, el Rey se fue para Tarragona, a
donde por orden del cielo, se le abrió una grande puerta para salir
fuera de sus reynos, y entrar a hacer muy señaladas empresas en
tierras de infieles.

Fin del libro quarto.





sábado, 2 de octubre de 2021

NOTAS. Obras rimadas de Ramon Lull. + RECTIFICACIONES

NOTAS.



(1)
Lo
conqueriment de Maylorcha.

Es la conquista de Mallorca por las
armas de Don Jaime el Conquistador, entre los hechos de aquellos
belicosos siglos, el que quizás más se presta a las bellas
descripciones y elevados rasgos de la epopeya. Expedición marítima
al par que militar, abunda en sucesos e incidentes tan variados y
poéticos, en aventuras tan interesantes y caballerescas, que hasta
al referirlos sencillamente los antiguos cronistas, trazaron sin
quererlo más bien un poema que una crónica, tanto les brindaban los
hechos mismos a los adornos de la oratoria, a la brillantez y viveza
en el estilo, y a los bellos matices de la poesía. Aún el mismo rey
Don Jaime, cuya vida constituye una serie de triunfos y conquistas,
recordó siempre la de Mallorca con singular predilección y
complacencia, porque con ella iban también los bellos recuerdos del
ardor de su juventud. No es extraño pues que la imaginación
ardiente de Lulio, excitada por el amor a su patria, se elevase en
alas del entusiasmo al oír contar a su padre, que tomó parte en
aquella grande y caballeresca empresa, las proezas de los
conquistadores, y que fundado en la tradición y en las relaciones de
los mismos testigos oculares, trazase el bello poema que sólo
poseemos en fragmento, si es que no bebiese en el contexto de la
crónica del mismo rey Don Jaime, que atribuyéndose a la pluma del
gran conquistador, quizás llegaría a manos de Lulio, tratando como
trataba tan de cerca a la familia real aragonesa.
¡Lástima
grande es empero no poder leer en bellos versos más que una pequeña
parte del conjunto de todos los hechos heroicos que tanto nos halaga
en las sencillas descripciones de la crónica del mismo monarca, en
las de Marsilio, Desclot y cuantos se ocuparon de esta gloriosa
conquista!
(Desclot : de Es Clot, d‘es Clot)

(2)
Que
mays feu tant en Pelós.
Bajo el adjetivo Pelós, que equivale al
adjetivo castellano Velloso (peludo), quiso designar
seguramente el autor al célebre conde de Barcelona llamado Wifredo el Velloso. Fue hijo y sucesor en el condado de Wifredo I, quien
había perdido sus estados, muriendo a manos de Salomón conde de
Cerdeña, (
Cerdaña, Cerdanya, Ceritania) que le asesinó alevosamente para usurpárselos. Como
Wifredo II (el Velloso) era menor de edad cuando le fue restituido el
condado por Carlos el Calvo, tuvo por regente a
Balduido, primer
conde de Flandes y yerno de aquel monarca. Contaba 22 años cuando
para vengar la muerte de su padre, la dio a Salomón de Cerdeña. En
873 se halló en las guerras de Francia (
los condes de Barcelona
eran vasallos del rey de Francia
) contra los Normandos, donde fue
gravemente herido, lo que le valió, según afirman varios autores,
adquirir el blasón de las cuatro barras encarnadas en campo de oro
(
leyenda desmentida por otros autores), que fueron después el
distintivo de la
casa aragonesa, con motivo del casamiento del
conde D. Ramón Berenguer IV con D.a Petronila,
heredera de aquel reino
. Así que Wifredo II tuvo (874) el mando
soberano de su condado, sin necesidad de regente
(
¿quién era el soberano? El rey de Francia), se dedicó
exclusivamente a limpiarlo de moros, sosteniendo con ellos reñidas y
sangrientas guerras, hasta ahuyentarlos enteramente de sus
estados.
Fue
príncipe (el principal de los condes, como Ramón
Berenguer IV, princeps
) al par que valiente y guerrero, muy
piadoso, pues en 888 (880 según wikitrolas) fundó el monasterio de Ripoll, según lo
asegura el P. Villanueva, en el que hizo vestir el hábito a su hijo
mayor Rodulfo, que fue su abad, y después de Urgel. Tuvo otros
hijos: Wifredo III, que le sucedió: Suñer, conde de Urgel; y Miron, (Mirón, Mir) que también fue conde de Barcelona. Murió Wifredo II en el año 906
o 912
según otros autores y fue sepultado en el monasterio de
Ripoll.

Carlos II de Francia, Frankfurt, el calvo, emperador, francos

Este rey, Carlos II el calvorotas, me recuerda mucho a Freddie Mercury. Farrokh Bulsara. Y personalmente, a mi amigo desde la infancia José Francisco Tejedor Pons, "Pepet", chimo por Beceite y polaco por Valderrobres, y especialmente a su padre, José Luis Tejedor, hijo de Santiago y Pura, Purita, "purito", de mi pueblo, Beceite, Beseit.  

Freddie Mercury, Farrokh Bulsara, Carlos II, el calvo, rey de Francia

Freddie Mercury, Farrokh Bulsara, Carlos II, el calvo, rey de Francia, purito, José Luis Tejedor, Beceite, Beseit



(3)


Sa maravela bassent,
Ignoramos la
equivalencia castellana de la palabra bassent; y no
comprendemos lo que con ella quiso significar el autor, si es que no
sea error del copista. (Quizás plasent, plassent mal escrito; o
del verbo ver, veser, vesent, veent
) Por lo demás, el
calificativo de maravilla que da Lulio a la isla, prueba que en
aquellos tiempos no era Mallorca menos admirada y codiciada que en el
día, en que tantos y tan ilustres viajeros han ensalzado sus
bellezas naturales. Véase sino la hermosa descripción de la Balear
mayor que el cronista Marsilio pone en boca de Pedro Martell, quien
cuenta con entusiasmo al rey Don Jaime la hermosura del país que le
induce a conquistar; y ella en verdad dice tanto como pueden decir
los modernos viajes que de Mallorca han escrito elegantes plumas e
inteligentes artistas. Dice el pasaje de la crónica a que nos
referimos:
“Mes la major yla es aquela que Malorcha es apeylada,
com es major en quantitat e major en senyoria; la qual la divina
saviea de las pregontats de las ayguas feu levar per só que de totas
ses parts fós als navegants en refugi e defeniment; e de aquen los
homens d‘ aquela art aquela apeylan cap de Creus, com d‘ aquela a
cascunas parts navegar pus cuvinentment es vist; e aquels qui tornan
de lunyadanas parts, trencats d‘ aytals trabays, banyats de plujas,
turmentats de tempestats d‘ aer, consumats d‘ estiu e de calor, e
‘ls trobats de poca jornada, a aquela sian sadolats e recreats, e
de grat venen per só que en lurs trabays sian consolats. E provehí
lo sobirá maestre de tots de pòrts en aquela en tutela e defensio
dels perilants o navegants; de part oriental lo pòrt d‘ Alcudia,
de part occidental lo pòrt de la Palomera e de Andraig, e de part d‘
aquiló lo pòrt de Soyler, o de part austral lo pòrt de Manachor e
de Porto-Colom e de Porto-Petro. E de totas parts ha molts pòrts
pochs, los quals los mariners apeylan esparagols, a salvar los lenys
menors. E aquesta yla es revironada de montanyas molt altas d‘
aquela part que es opposada a Cathalunya, en tan neix son altas, que
a aquels qui naufragan son en mòrt e als navegants en horror. Mes de
part austral que es opposada a Affrica no ha montanyas axí altas,
jatsia só que de rochas sia tota plena, e son aquelas montanyas
pedregosas, no cuvinents a neguna semen, sechas, nuas, sens fruyt,
sens utilitat, si donques no son dadas als habitadors a garda e
defensio.”
“E com aquela yla haja moltas parts, ha XVI parts;
las tres en montanyas e en lo peu de las montanyas lo qual apeylan
Rayguer, en las quals ha pobles e vilas delectables; aquí ha
oliveras fructuosas, aquí ha abundancia de vinyas e abundancia de
diversas fruytas, vergers molt agradables, fonts de cascuna part
corrents; e lá on hom se pensa que montanyas molt altas s‘ ajusten
e que no sia sino soledad degastable, aquí se amagan vals molt
delitables, de arbres fructuosas, bé assegudas e plenas d‘ ayguas
de fonts, en tot delit e puritat d‘ aer donadas. Las altres XIII
parts son pobladas, las quals son planas e son luny de montanyas, e
son molt bonas per blats, molt han de forment e d‘ ordí (ordi),
quays han fretura de fruytas, oliveras no han, nodrexen pocas vinyas,
son ricas d' oveyas e d' altres bestiars; de pous beuen e moltas
vegadas de ayguas reebudas en cisternas e en en fossas en
temps de plujas, per só que dretament sian semblants a las parts d'
Urgel en moltas de cosas.”



"Mes
la ciutat es asseguda e sitiada prop la mar, havent planea de costa
sí de XII milas, de val ample e pregon revironada, garnida e defesa
de espessa de torres e de mur, de bel antemural coronada, no sabent
barri, com tots los reeb dins sí ab tres portals ab portas de ferre,
edificada e feta de casteyl molt beyl dins sí prop de la mar e en
pla, enriquehida de lonquea, de beylea de carrers e de dreta
agradable, de amplaria de plassas plahent, de font per mitj corrent
delitable, de beylea d‘ orts axí dins com deforas acompanyada; ha
mirador molt beyl de mar, lo qual s' esten XV milas, de duas bocas o
caps grans de rochas es termenada, e es luny boca o cap de boca o cap
quays per XX milas. Aquests dos caps contre si posats en fas de la
ciutat, fan gran cala abundant e plena de pexos, e a naus e a tots
altres vaxells navegants molt profitosa, com per tot morden las
ánchoras: e encare tot lo temps de primavera e de estiu tots los
lenys e naus se ferman e stan devant la ciutat a una mila; mes el
temps de autumne acostant, se recuylen al pòrt, lo qual es luny de
la ciutat duas milas e mitja, lo qual ha nom Portopí, quays pòrt de
pí, com aquí havia un molt beyl pí dont lo pòrt hach e pres nom.
E ha aquesta ciutat defora tres casteyls molt fòrts asseguts e
sitiats en molt altas montanyas; lo un contra la part de Cathalunya
lo qual es dit e nomenat de Polensa, l' altre contre la part de
Affrica lo qual es apeylat de Santueri, altre dintre terra qui no es
pòt combatre lo qual es apeylat Alaró.
L' aer hi es molt
temprat, com d‘ ivern apenas o quays nuyl temps no gita neu; e si
algunas vegadas s' esdevé, las gents ho han per joch: glas nuyl
temps quays hi appar; e en temps de estiu de tercia e d' aquí avant
del vent embat apeylat es temprada."




(4)



D'
Abú-Soleyman vessada







En
las cronologías de los emires o gobernadores mahometanos bajo el
imperio de los califas, figura al tratarse del reino de las islas
Baleares, el nombre de
Abu-Rabi-Suleyman, que en el año de la
égira 508, fue sucesor de Mubash-sher
(Nasiru-d-Daulah)
que fue al parecer el último de aquellos gobernadores.
Quizás
aluda Lulio a este personaje en el verso que comentamos.




(5)



De
n' Horace e B. De Bon







Sin
duda se refiere Lulio en este pasaje a Bertrán de Born vizconde de
Hautefort y castellano del castillo (catalán,
castlà, châtelain
) de Perigord que encerraba unos 1000 hombres
de guarnición. Fue uno de los trovadores más célebres de su
tiempo. Pudiendo por su posición (posision) elevada tomar
parte activa en los negocios políticos de la época, se entretenía
en suscitar discordias entre los reyes de Francia y de Inglaterra, a
quienes tildaba de cobardes cuando se mantenían en paz,
tributándoles los mayores elogios cuando empuñaban las armas.
Declaróse enemigo de Ricardo corazón de león, y partidario de
Enrique II su hermano, a quienes designaba con los nombres de

(Oc) y No. Vencióle Ricardo y llegó a hacerle su prisionero
y a posesionarse de su castillo de Hautefort; pero obrando aquel
monarca, que aspiró también al renombre de trovador provenzal,
con clemencia y generosidad con el poeta vencido, le perdonó la vida
y le restituyó sus bienes. Aunque fue Bertrán, como todos los
trovadores de su época, cantor de los amores y de la hermosura, se
distinguió más especialmente por sus poesías heroicas o guerreras.
He aquí una de sus más notables producciones:








‘m play lo douz temps de pascor



Que
fay fuelhas e flors venir



E
play mí quant aug la baudor



Dels
auzels que fan retentir



Lo
chan per lo boscatge;



E
play me quant vey sus el pratz



Tendas
e pavallos fermatz;



E
play m' en mon coratge,



Quant
vey per campanhas rengatz



Cavalliers
ab cavals armatz.




E
play mí quant li corredor



Fan
las gens e 'ls avers fugir;



E
play me quant vey aprop lor



Gran
ren d' armatz ensems brugir;



Et
ay gran alegratge,



Quant
vey fortz castelhs assetjatz,



E
murs fondre e derrocatz,



E
vey l' ost pel ribatge



Qu‘
es tot entorn claus de fossatz



Ab
lissas de fortz pals serratz.







Atressi
m' play de bon senhor



Quant
es primiers a l' envazir



Ab
caval armat, ses temor;



C‘
aissi fay los sieus enardir



Ab
valen vassallatge;



E
quant él es el camp intratz,



Quascus
deu esser assermatz,



E
segr' el d' agradatge,



Quar
nulhs hom non es ren prezatz



Trò
qu' a manhs còlps pres e donatz.







Lansas
e brans, elms de color,



Escutz
trancar e desguarnir



Veyrem
a l' intrar de l' estor,



E
manhs vassalhs ensems ferir,



Don
anaran a ratge



Cavalhs
dels mòrtz e dels nafratz;



E
ja pus l' estorn er mesclatz,



Negus
hom d' aut paratge



Non
pens mas d' asclar caps e bratz,



Que
mays val mòrtz que vius sobratz.







Be
us dic que tan no m' a sabor



Manjars
ni beure ni dormir,



Cum
a quant aug cridar: A lor! (Com)



D'
ambas las partz; e aug aguir



Cavals
voitz per l' ombratge



E
aug cridar; Aidatz! aidatz!



E
vey cazer per los fossatz



Paucs
e grans per l' erbatge,



E
vey los mòrtz que pels costatz



An
los tronsons outre passatz.







Baros,
metetz en gatge



Castels
e vilas e ciutatz,



Enans
q' usquecs no us guerreiatz.



Papiol,
d' agradatge



Ad
Oc e No t' en vay viatz,



Dic
li que tròp están en patz.











Traducción.
- Mucho me place la dulce estación de la primavera que hace brotar
las hojas y las flores; me place oír el gorjeo de los pájaros
cuando hacen resonar su canto por el bosque. Agrádame ver colocados
a lo largo de las praderas tiendas y pabellones; y me deleita ver
alineados en campaña caballeros armados cabalgando en sendos
caballos.







Me
place ver los exploradores cuando ahuyentan las gentes y los rebaños,
y ver como en pos de ellos los hombres de armas se mueven con grande
estrépito. Experimento mucha alegría cuando veo sitiar fuertes
castillos, cuando se hunden los descuajados muros y la hueste cerca
el recinto defendido por hondos fosos y cerrado por empalizadas
guarnecidas con fuertes postes.




Gozo
cuando veo al buen señor que se lanza el primero al combate con
caballo armado, sin conocer el miedo, infundiendo con su ejemplo y su
brío valor a sus vasallos. Y cuando entra en el campo, todos deben
reunirse en torno suyo y seguirle con voluntad decidida, porque de
ningún hombre se hace aprecio si no ha dado y recibido muchos y
buenos mandobles.




Veremos
las lanzas y las espadas romper y desguarnecer los yelmos y los
escudos, desde luego de entrar en batalla, y herirse mutuamente los
combatientes. Entonces veremos correr al acaso los caballos de los
muertos y de los heridos, y cuando confundidos todos, en lo más
recio de la pelea, no habrá hombre de alta prez que tenga otro
pensamiento que el de cortar cabezas y brazos, pues vale más morir
que vivir vencido.




Os
lo aseguro: no me es tan grato el comer, beber y dormir, como oír
exclamar por ambas partes: ¡A ellos! y escuchar el relincho de los
caballos desmontados que corren por la selva, y el grito de ¡Socorro,
socorro! mientras caen señores y vasallos por los fosos sobre la
yerba, y se ven los muertos atravesados sus flancos por las astillas
de las lanzas.







Barones,
empeñad castillos, villas y ciudades antes de que otro alguno os
haga la guerra.



Y
tú, Papiol, corre pronto a ver a
y No
y diles que hace ya demasiado tiempo que están en paz.







(6)







Els
fayts eu xantats sovens.







Quizás
haya en este verso equivocación del copista. Parece que se diera a
la frase mejor sentido gramatical, sustituyendo el xantats participio
pasado de xantar, con el xantant gerundio del mismo verbo.




(7)
Ab
sos barons, donçeyls e lurs prelats.



Para
dar una idea de los barones principales que tomaron parte en la
conquista de Mallorca insertamos los siguientes párrafos que con el
mismo objeto trascribe el conocido historiador D. José María
Quadrado
en uno de sus apéndices a la parte de las crónicas de
Marsilio y Desclot referente a la expresada conquista, que publicó
en el año 1850.



"Era
D. Nuño Sánchez de real estirpe nieto del conde Ramon Berenguer que
casó con la heredera de Aragón, y primo del padre de nuestro
monarca. Su padre D. Sancho hijo tercero del conde de Barcelona
heredó el condado de Cerdaña en sustitución de su hermano Pedro, y
obtuvo en feudo el de Rosellón de su hermano mayor Alfonso II, a
quien lo había legado el conde Gerardo a falta de sucesión; de
suerte que su cuna y poderío le permitieron casi nivelarse con el
trono. De su esposa Sancha hija del conde
D. Nuño de Lara hubo a
D. Nuño, que tomó el nombre de su abuelo materno y que combatió al
lado de su padre en las Navas de Tolosa donde fue armado caballero.

Su tardanza en acudir al socorro de Pedro II, o la impaciencia de
este en no aguardarle, contribuyó al infeliz éxito de la batalla de
Muret donde feneció el rey de Aragón; pero unido con los Moncadas y
otros nobles, hostilizó a las tropas de Monfort, obligándole por
fin a devolverles el hijo del difunto soberano a quien el vencedor
retenía cautivo en su poder. Ignórase hasta qué punto secundó D.
Nuño las ambiciosas miras de su padre, que aspiraba no sólo a la
tutela del niño Jaime, sino a usurparle la corona; sólo es notorio
que tuvo sobrada parte en las turbulencias de aquella agitada
minoría. Disgustado con Guillermo de Moncada su íntimo amigo hasta
entonces, a causa de un azor que este le negó, llegaron ambos a
estrepitoso rompimiento; y aunque el rey en Monzón se declaró
abiertamente a favor de D. Nuño, y sostuvo una larga y terrible
guerra contra Moncada para vengar los agravios de su pariente,
mostrósele este tan ingrato que se entendió con su competidor para
apoderarse del joven soberano en Alagón y retenerle como prisionero
dentro de Zaragoza, gobernando ambos en su nombre y repartiendo los
feudos a su capricho. Hacia este tiempo por muerte de D. Sancho
heredó D. Nuño los condados de Cerdaña y Rosellón con el señorío
de Vallespir y Conflent, y dejando en paz la monarquía auxilió al
rey de Francia Luis VIII en su guerra contra los albigenses, de quien
recibió en recompensa algunas tierras. La expedición a Mallorca
formó el período más brillante de la vida de D. Nuño, mostrándose
tan intrépido en los combates como espléndido y bienhechor en la
multitud de fundaciones que dejó en el suelo reconquistado. Después
de contribuir a la toma de Iviza y de asistir con el rey al sitio de
Valencia, falleció sin hijos en 1241, y fueron agregados a la corona
sus vastos dominios y las propiedades que le cupieron en Mallorca e
Iviza. En 1215 casó con Petronila hija del conde de Cominges, pero
habiéndosela arrebatado el conde de Monfort para casarla con su
hijo, D. Nuño en vez de pedirle cuenta de su inaudito agravio
contrajo segundas nupcias con Teresa López. La especie de que murió
canónigo de Elna no aparece bien probada, a menos que esta dignidad
eclesiástica no anduviera aneja a sus títulos seglares, de lo que
se hallan hartos ejemplos en la edad media."



"De
nobilísima familia enlazada desde muy antiguo con la condal de
Barcelona descendía Guillermo de Moncada vizconde de Bearne. A
mediados del siglo XI un Raimundo de Moncada concurrió a la
formación de los Usages de Cataluña (o son los usatges de
Barcelona?
) por Ramón Berenguer el viejo; otro Guillén Ramón,
con el sobrenombre o empleo de Dápifer (Dapifer)
vinculado en su estirpe, acompañó al conde de Barcelona y a los
pisanos en su gloriosa expedición a Mallorca; y Guillén Ramón se
llamaba también el senescal de Cataluña, que caído en
desgracia de su príncipe y refugiado a la corte de Aragón, agenció
el dichoso enlace de Ramón Berenguer con Petronila. Su hijo heredó
el nombre, el título y la influencia, y apenas hay hecho ilustre o
acto solemne en la última mitad del siglo XII a que no se le
encuentre asociado; mancha empero su memoria la sacrílega muerte que
dio en 1194 al arzobispo de Tarragona D. Berenguer de Vilademuls, sin
que se sepan las causas ni las consecuencias del delito.”



"La
semejanza de nombres y la multitud de ramas en que se dividió la
familia de Moncada, no permiten deslindar los hechos que a cada
individuo pertenecen, ni averiguar su recíproco parentesco, ni
asegurarse siquiera de la identidad o diversidad de las personas:
sábese únicamente que el más ilustre y poderoso de todos, que regó
con su sangre nuestra isla, fue hijo de un Guillén Ramón y de
Guillerma de Castelveyl.
Guillermo de Moncada no empieza a
figurar sino en el reinado de Jaime I cuya coronación y libertad
promovió eficazmente; pero desvanecido con el poder y opulencia que
le añadió su casamiento con Garsendis heredera del vizcondado de
Bearne e irritado contra el conde de Rosellón, desechó la mediación
del monarca e invadió a sangre y fuego los estados de su enemigo.
Mientras que todo lo arrollaba y se abría paso hasta Perpiñan,
derrotando a sus habitantes y prendiendo al jefe de ellos Gisperto de
Barberá, sus propias fortalezas en número de 130 cayeron en poder
del joven rey que penetró en sus dominios con poderosa hueste; y el
orgulloso barón hubo de acudir a su defensa, encerrándose con sus
numerosos amigos y deudos en el inexpugnable castillo de Moncada. Al
cabo de tres meses de sitio se vio precisado Jaime I a levantarlo por
no contar bastante con la fidelidad de los demás nobles; Moncada se
reconcilio con D. Nuño para oprimir de común acuerdo al soberano, y
en vez de temer el castigo, le arrancó la indemnización de los
daños que le había causado en la pasada guerra. No tardó el
inquieto vizconde en confederarse de nuevo con el infante D. Fernando
en contra de
D. Nuño y de los Folch de Cardona rivales eternos
de los de Moncada, sublevando las ciudades aragonesas y exponiendo a
duros trances el poder real; pero al fin buscó avenencia, y en una
entrevista que tuvieron con el rey él y sus compañeros no lejos de
Pertusa, reconoció humildemente su error y juró para lo sucesivo
inviolable fidelidad. Trocado desde entonces en firme apoyo del trono
que antes había conmovido, confióle el rey la empresa de poner a
doña Aurembiax en posesión del condado de Urgel que injustamente
ocupaba Gerardo de Cabrera; y en breve la llevó a cabo con su
acostumbrado esfuerzo. Tan generoso en ofrecer como pronto en
cumplir, sincero en la reconciliación, velando por su rey con
paternal cariño, ardiente en su fé, tierno en su piedad, víctima
de su brioso valor mal secundado, Guillermo de Moncada aparece en la
poética expedición de Mallorca como el héroe más interesante
después de Jaime I.
La infelicidad y revueltas de los tiempos
explican bastante su pasado proceder, y su sangre mezclada con las
lágrimas de su rey le absuelve y purifica. Dejó de tierna edad por
sucesor de sus estados a su hijo Gastón, cuya primogénita Constanza
casó en 1260 con el primogénito del rey D. Jaime, el malogrado
infante D. Alfonso, fallecido entre los festejos de la boda.”



"Raimundo
de Moncada, compañero de Guillermo en la campaña de Urgel y en el
glorioso fin que les aguardaba sobre las playas de Mallorca, era sin
duda su pariente muy cercano; pero ni en las crónicas ni en los
documentos aparece indicio alguno que confirme la opinión vulgar de
que ambos eran hermanos, concebida sin más fundamento que el de su
común familia y recíproco afecto. Zurita, sí, nombra repetidas
veces a Raimundo como hermano de Guillén Ramon senescal de Cataluña
casado con Constanza hija natural de Pedro II, del cual no consta que
viniese a Mallorca, aunque a veces por la semejanza del nombre se le
confunde con los otros dos. Hijo de Guillén Ramón fue Pedro de
Moncada que heredó la senescalía de Cataluña, y de Raimundo lo fue
Guillermo que obtuvo en Mallorca los heredamientos que al difunto
magnate correspondían; acompañó este al monarca en sus campañas
por el interior de la isla, y luego en las de Valencia, y se le dio
en 1255 el señorío de la villa de Fraga, trasmitiéndolo a su hijo
llamado Raimundo como el abuelo. En el libro del repartimiento figura
otro Berenguer de Moncada a quien concedió el rey algunas
propiedades.”



A
pesar de ser el conde de Ampurias uno de los príncipes
iguales un tiempo en soberanía, ya que no en poder, a los
condes de Barcelona, con quienes a menudo combatieron sus
antecesores, en esta expedición le vemos eclipsado por su pariente
el vizconde de Bearne, cediéndole en todo el primer puesto. Hugo
descendía por línea recta de una serie de condes, que llevaron
todos el mismo nombre alternando con el de Ponce Hugo, y que
siguieron después de él durante algunas generaciones; su parentesco
con los Moncadas debió de ser estrecho según su adhesión a aquella
familia, en la cual refundía su causa y su persona. Es probable que
fuera este el conde que asistió al glorioso combate de las Navas; de
todas maneras le honra mucho el no hallarle ni una vez mentado en las
turbulentas ligas y reyertas de los barones que afligieron la menor
edad de Jaime I. Carbonell alaba al conde Hugo de muy noble caballero
y de haber regido con gran prudencia su condado: su esposa llamábase
María. Al tratarse de la conquista de Mallorca distinguióse sobre
todos por su caballeresco ardor en secundar la empresa, como luego
por su sombría perseverancia en el sitio de la ciudad: no esperaba
hallar tan pronto en ella su sepulcro sorprendido por la peste en
brazos de la victoria.
El necrologio de la catedral de Gerona, de
la cual era canónigo como conde de Ampurias, pode su fallecimiento a
23 de febrero de 1230.”



"Guillermo
de Clarmunt, Ramon Alamany y Gerardo de Cervellón, todos eran
retoños del árbol nobilísimo de Moncada, planetas que giraban en
torno del nuevo vizconde de Bearne e iluminados con el reflejo de su
esplendor. Sus abuelos se hallan mencionados al principio de los
usages de Cataluña entre los barones que formaban la corte
de Ramon Berenguer el viejo
; pero aunque fueran señores con casa
y estados propios, en cualesquiera bandos y empresas siguieron la voz
y la suerte de Guillermo de Moncada. Los nombres de Clarmunt y
Alamany van siempre unidos como por un lazo indisoluble; sobrino del
segundo era Gerardo de Cervellón hijo de Guillermo hermano de
Alamany cuyo verdadero apellido debió ser asimismo Cervellón. La
peste arrebató a los tres, apenas cumplido su juramento de vengar la
muerte de los Moncadas con la toma de la ciudad."



"Por
deudo o por amistad hallábase también unido a los anteriores el
opulento Bernardo de Santa Eugenia, tanto que se encerró con el
vizconde de Bearne en el castillo de Moncada para defenderlo contra
el soberano. Era señor de Torrella de Muntgrí, de donde algunos le
atribuyen el apellido de Torrella y le suponen arbitrariamente
hermano de Raimundo primer obispo de Mallorca. Después de la partida
del rey quedó por gobernador de la isla durante algún tiempo; y en
1235 junto con su hermano Ponce Guillén y con Guillermo de Muntgrí
sacrista de Gerona solicitó del rey facultad para conquistar a
Iviza. Poseía este barón una galera que junto con otra de Pedro
Martel, de quien se habla al principio del texto, fue tomada a sueldo
por el rey estando sobre Burriana para la expedición de Valencia.”
- QUADRADO, Apéndice 1.° a las crónicas de Marsilio y Desclot.



Y
por último en la escritura de concordia que se celebró entre el rey
Don Jaime y los magnates sobre la expedición a la isla de Mallorca y
en otros documentos, se continúan, entre los que quedan ya
enumerados, los nombres de Raimundo Berenguer de Ager, Hugo Desfar,
Assalito de Gudal, Hugo de Mataplana, Ferrer de San Martí, Gilaberto
de Croyles (Cruyles, Cruilles), Galcerán de Pinos
(Pinós) y otros muchos de elevada alcurnia, además del
templario Fr. Bernardo de Champans comendador de Miravete que
llevando la voz de su orden ofreció ayudar en la empresa con treinta
caballeros.



En
cuanto a los prelados que secundaron al rey Don Jaime en la
expedición, aparecen en primer término Spárrago de Barca arzobispo
de Tarragona y Berenguer de Palou obispo de Barcelona. Aquel era
primo del rey Don Jaime, como afirma el cronista Marsilio; en 1212
era ya obispo de Pamplona y en 1215 fue electo arzobispo de
Tarragona. Contribuyó a la restitución que hizo Simón de Monfort
del niño Jaime (después el Conquistador) y teniéndole en sus
brazos lo presentó en las Cortes de Lérida. Tomó gran parte en las
deliberaciones sobre la conquista de Mallorca y contribuyó en favor
de la empresa, según el cronista Desclot, en mil marcos de plata,
gran cantidad de trigo, cien caballeros y mil peones pagados por él,
con el correspondiente armamento. Murió en 3 de marzo de 1233.



El
obispo de Barcelona fue el prelado que más se distinguió por sus
hechos en la conquista que nos ocupa. Habiendo sido antes canónigo
de la catedral de Barcelona, era ya pastor de aquella diócesis en el
año 1212 en que prestó obediencia al arzobispo de Tarragona. Fue
prelado ilustre en paz y guerra y, según expresión del P.
Villanueva, así manejó la espada como el báculo, siendo su
pontificado el más distinguido de aquella iglesia. Acompañó al rey
D. Pedro II en la célebre expedición de Ubeda en 1212
(Úbeda, Navas de Tolosa), donde el rey le dio en premio de
sus servicios la propiedad Solario: en 1214 fundó el monasterio de
Junqueras (religiosas Benedictinas), y en 1219 el de Dominicos que
hizo venir desde Bolonia. Celebró varios sínodos e hizo muchas
constituciones, prestó servicios de gran importancia en la conquista
de Mallorca, contribuyendo en favor de la empresa con cien caballos
armados, y con mil peones mantenidos todos a sus expensas. Asistió
también a la conquista de Valencia, y fue después arzobispo de
Tarragona, elección que no aprobó el Papa por lo necesaria que era
su presencia en Barcelona. Murió en 1.° de setiembre de 1241.



Otro
de los prelados que asistieron también a la gloriosa expedición fue
Guillermo Cabanellas, obispo de Gerona. Era ya canónigo de aquella
iglesia en 1214, y siendo arcediano de la Selva fue elegido obispo
por el año 1227 y prometió contribuir, como contribuyó en favor de
la empresa, con treinta caballeros y trescientos peones mantenidos a
sus expensas. Murió en 24 de noviembre de 1245.



Asistió
así mismo a la conquista el abad de San Felio de Guixols,
llamado Bernardo, que fue el primero a quien el rey presentó en 1232
para la silla episcopal de Mallorca, cuya elección recayó por el
año 1235 en el pavorde de Tarragona Ferrario de San Martí, y
después en 1239 en D. Raimundo de Torrella por no haber tenido
resultado las dos primeras presentaciones. Contribuyó en favor de la
empresa con cuatro caballeros y una galera armada. Murió en 1253.



Y
por último asistieron igualmente a la expedición Guillermo de
Montgrí sacrista de Gerona que contribuyó con diez caballeros y
muchos infantes, y que después de haber hecho renuncia del
arzobispado de Tarragona y fundado la cartuja de San Pol de Maresmes,
murió en 1273: Bernardo de Villagrama arcediano de Barcelona que
ofreció diez caballeros y doscientos peones: sacrista de la misma
catedral Pedro Centelles que contribuyó con quince caballeros: y el
paborde de Saxona, el de Tarragona y el sacrista de Urgel que
también contribuyeron con caballeros y peones en favor de la
conquista.











(8)



E
cant fó exit lo stòl de mil galeas







Componíase
la armada según Marsilio y los otros cronistas incluso el mismo rey
Don Jaime de 155 buques grandes, además de las barcas de menor
porte, esto es; 25 naves mayores, 18 taridas, 12 galeras y 100
embarcaciones grandes llamadas trabuces y galeotas.







(9)







Cell
qui los cèls té e ‘l trò sens maleas,



Lança
en lo mon e en nostras ribeas



D'
ayre e de fòch e de maleas muytas.







Todas
las crónicas que se ocupan de la conquista de Mallorca hablan
detenidamente de la gran tempestad que sufrió la flota de Don Jaime
durante la travesía: la de Marsilio se expresa en estos términos,
al hacer mención de este suceso:



"Entre
hora de nona e vespres cresqué lo vent, e fòrt horriblement la mar
se inflá: muntan las ondas e complexen bé la tersa part de
la galea, e la mar prova e assatja los ventres dels novels peregrins
e encara dels antichs mariners; tots los peus los vecillan e ‘ls
caps han torbats............



"Dels
fets no remembrables de la tempestat passada, feta la mar suau, e
navegants ab vent cuvinent envés Pollensa, apparech una nuu fòrt
espaventable de part d' aguiló del vent de la Prohensa, la qual nuu
enfosquehí de molt desplaer las caras dels mariners. Mes un mariner,
en la sua art savi e discret e bé sabent e apareylat, per nom
Berenguer Guayrán, que era cómit e regidor d' aquela galea, alla
veu dix: "Nom plau aquela nuu que a nos se mostra de part del
vent aguiló de la Prohensa: estats apareylats, estats tots, e
acostense alcuns a las cordas qui son fermadas a la popa, e altres
vajan a la proha, e 'ls altres sian de prop las cordas costeras,
persó que si mester es pus tòst sia baxada la vela.” E donques la
galea per totas cosas, en quant aquela art pòt garnir e apareylar,
fó ordonada, soptosament vench vent fòrt, derrocá e gitá la vela
a dors, e present peril de mòrt menassá. Veus donava en trò al cèl
en Berenguer, sovent repetent: baxa la vela, baxa la vela, la qual
cosa per gracia de Deu fó feta: mes los lenys e las naus e las
galeas, per só com mes eran estadas soptadas, hagueren major afany a
baxar las velas, e grans crits e veus confusas cridavan la present
angustia e trabayl. La mar se inflá massa a la contrarietat dels
vents, e la galea del rey e tots los lenys eran sens velas, e
sofferian gran feriment de las
onas
, e los timons no usavan de lur offici; rodavan los
lenys en gir, e indicis o presumpcions de mòrt significavan. Havia
gran tristor en las galeas e caylament; jahian homens de subinas e
cap cubert, de lur vida d' aquí avant poch confiants. Leva' s lo
rey, e aquestas cosas temé molt fòrt per sí e per los seus.” -
MARSILIO, lib. II, cap. XVI y XVII.







(10)



...
com Nabuch e Faruensa;







El
nombre de Faruensa, unido al del personaje bíblico Nabucodonosor,
nos hace estar en la persuasión (persuacion) de que el poeta
ha querido aludir a Faraon rey de Egipto, cuyo nombre alteró en su
terminación por licencia poética obligado por la rima.







(11)



.....
sens que no spectetz nuyll.







Así
la crónica Real, como la de Marsilio, insertan la oración que
dirigió el rey Don Jaime al cielo al ver combatida la flota por la
tempestad. He aquí como transcribe la citada plegaria la primera de
las mencionadas crónicas:



"Senyor
Deus, bé conexem quens has feyt rey de la terra, e dels bens que
nostre pare tenia per la tua gracia: e hach no comença gran feyt, ne
perills trò aquesta saho, e jatsia que la ajuda vostra hajam sentida
del nostre naximent en trò ara, e hajats nos honrrat dels
nostres homens mals qui ab nos volien contrastar: ara Senyor e
Creador meu, ajudats me si a vos vé de plaer en aquest tan gran
perill, que tan bon feyt com yo he començat nol puixca
perdre car nol perdria yo tant solament, ans lo perdrets
majorment vos: car yo vaig en aquest viatge per exalçar la fe
que vos nos havets donada, e per baixar e destruyr aquells qui no
creuen en vos. E dons, ver Deus e poderos, vos me podets guardar d'
aquest perill, e fer servir la mia volentat, que he per servir a vos.
E deu vos membrar de nos que hanch nula re nous clamam merce que no
le troba sens vos, e aquells majorment quius han en còr de servir, e
traen mal per vos, e yo só d' aquells.
E, Senyor,
membreus de tanta gent qui vá en mí per servirvos. E vos, mare de
Deus, qui sou pònt e pas dels pecadors, prech vos per las set
alegries, e per les set dolors que hagues del fill de Deus
queus membre de mí en pregar a vostre fill que ell me storça d‘
esta pena, e d' aquest perill en que yo son, e aquells qui van
ab mí.” -
CRÓNICA DEL REY DON JAIME, cap. LV.







(12)







.
a Deus qui d' Aragó
Ubert tenia de los cèls la quarrera.







Las
crónicas omiten los hechos continuados en esta estancia. Nada hablan
de la alegría que tuvo el rey después de calmada la tempestad que
puso en tan grave peligro a la flota; alegría que manifestó a todos
los suyos enarbolando en su nave la enseña de
Jesu-Cristo, y a
la que contestaron todas las naves izando en sus mástiles el pendón
aragonés
, que tanta gloria obtuvo en la conquista que el
numeroso ejército de Jaime I había emprendido.







(13)



Dix
en Bonet, que guia la gran nau,







La
crónica real y la de Marsilio designan al entendido marino que tan
ventajosamente figura en la conquista, con el nombre y apellido de
Nicolás Bouet, y no Bonet como le han llamado algunos y le
llama el poema que nos ocupa. Quizás la costumbre de leer Bonet en
algunos historiadores hizo equivocar al Sr. Bover la u con la n
al copiar el poema, puesto que en la copia que nos ha facilitado se
lee Bonet. Según el citado cronista Marsilio, parece montaba este
experimentado marino la nave que servía de guía a toda la flota y
en la cual iba D. Guillén de Moncada.



Ans
que donassen las velas (dice el cronista citado) ordoná lo rey de
lur orde e volch que anás primera la nau den Nicholau Bouet
en la qual era en G. De Monchada, e que portás lanterna encesa persó
que guiás totas las altres seguents; mes que la nau den Carrós anás
derrera havent lanterna per semblant manera, e tot l' aparalament de
las naus en lo mitj, e las galeas a cascun costat e defora, persó
que si galeas alcunas de enemichs de qualque part s‘ acostassen pus
tost trobassen contrast." - CRÓNICA DE MARSILIO, parte 2.a,
cap. XV.







"Enans
que moguessem l' estòl ordenam en qual manera iria. E primerament
que la nau den Nicolau Bouet en que anava en G. de Muncada,
que guiás e que portás un faro de llanterna: e la den Carrós que
tingués la reguarda, e que llevás altre faro de llanterna: e las
galeas que anassen entorn del stòl, e que si nenguna galea vingués
al stòl que s‘ encontrás ab las nostres galeas.” - CRÓNICA
REAL, 2.a parte, cap. LIV.







(14)



En
Nono víu, que vers de eyl venia,







Véase
sobre D. Nuño Sanz lo que va trascrito en la nota número 7. Por lo
demás el encuentro de la galera del rey con la de D. Nuño durante
la travesía, y las palabras que este dirige a D. Jaime en estas
circunstancias, están omitidos así en la crónica real como en la
de Marsilio y la de Desclot.







(15)



Donchs
de Maylorcha lo menaret vessaba.







No
es fácil determinar el lugar donde se elevaría el minarete que veía
D. Nuño sobre las montañas de la isla, cuya vista le alegrara en
términos de inducirle a proponer se hiciese oración a la Virgen
Santísima en acción de gracias. Las crónicas citadas dicen que
serenado el mar y vencida la tormenta, apareció la isla a la vista
de las naves y se divisaron distintamente la Palomera, Sóller y
Almalutx. Quizás pertenecía a alguna de estas poblaciones el
minarete que alcanzaba D. Nuño desde su nave.







(16)



Lavors
lo rey e l' avesque......







Refiérese
probablemente el autor al obispo de Barcelona D. Berenguer de Palou,
que era el que comúnmente llevaba la voz entre los prelados en los
asuntos arduos de la expedición, y el que de ellos arengaba e
infundía aliento al ejército cristiano.
Véase lo que va
trascrito sobre este personaje en la nota número 7.















(17)



......
e l' abat,







Quizás
se alude en este pasaje al abad de San Felio de Guixols. Véase
la misma nota número 7 en la parte que se refiere a este prelado.







(18)



Lavors
l' avesque ab veu pus tremolosa



Dix
d' Ave maris a la dona est xant;







Las
crónicas mencionadas sólo hablan de la plegaria del rey Don Jaime
después de la tempestad sufrida, pero no de la oración que a la
Reina de los cielos dirigió todo el ejército cristiano en medio de
las ondas del mar, entonando el poético himno de
Ave maris
stella
, y la letanía de la Virgen; pasaje lleno de la fé y
fervorosa piedad de aquellos tiempos, oración la más propia en boca
de marineros y soldados que acababan de correr el peligro de ser
sepultados por aquel piélago del cual es rutilante estrella
la madre del Salvador por cuya enseña iban a combatir y a hacer si
era necesario el sacrificio de su vida.







(19)



Consira
en Jacq cant fer huy se poria:



Dix
a l' avesque, e dix a lo Guastó:







Alúdese
aquí probablemente a D. Gastón de Moncada, vizconde de Bearne, hijo
de D. Guillermo de Moncada, muerto en la encarnizada batalla de "la
Porrassa" y de la vizcondesa doña Garsendis. El Sr. Quadrado al
ver firmados como testigos del primer privilegio concedido por Don
Jaime I a los pobladores de Mallorca, a los jóvenes conde de
Ampurias y vizconde de Bearne, se expresa en estos términos:



"Seis
días antes (de la fecha del privilegio) había fallecido el valiente
conde de Ampurias, a cuya muerte asistió su hijo y sucesor Ponce
Hugo, ya sea que le hubiese acompañado en la expedición, ya se le
hubiese reunido después de tomada la ciudad. Lo mismo debe pensarse
del joven Gastón, vizconde de Bearne que acudió en persona a
recoger la pingüe porción que su padre le había adquirido con sus
servicios y con su propia sangre."



El
pasaje que comentamos en un poema que á mas de su valor
literario no puede negársele el histórico por ser escrito poco
después de la conquista, prueba que no sólo asistió D. Gastón de
Bearne a la gloriosa expedición, sino que merecía en alto grado la
predilección del rey.







(20)



Pendrer
no 's pòt lòch nient per aquesta



Meytat
de l' yla pus brossa e enquesta;

La parte de la isla a que se
refiere el experimentado marino Nicolás Bouet, es efectivamente
peñascosa y escarpada en su costa, y era difícil en ella el
desembarco del ejército; por lo demás las crónicas difieren algún
tanto del poema en el suceso a que la estancia se refiere, pues en
los primeros no se menta en tal ocasión a Bouet, sino a otro
inteligente marino llamado Berenguer Guayrán, ni se atribuye la
variación del propósito de ir a desembarcar por la parte de
Pollensa a las condiciones poco adecuadas para ello de aquella costa,
sino a la contrariedad del viento que reinaba. He aquí como da
cuenta Marsilio de las circunstancias que precedieron a la llegada de
la flota a la Palomera:



"Aquestas
cosas ditas, vench en pensa del rey per los nobles e per los mariners
deliberat conseyl de applegar e anar envés Pollensa, e cridá: -
"¿Ha aqui alcun entre vosaltres qui sia estat a Malorques
e sapia la yla?" - E respòs en Berenguer Guayrán demunt dit:

- "Jo, senyor, son estat aquí." - E el rey dix: - "¿Ha
hi pòrts ne quins ves la ciutat de la part de Cathalunya?" - E
dix: - "Ha hi un puig qui ret yla luny de la ciutat per quatre
leguas e per mar XXX milas, lo qual es apeylat la Dragonera, e
ha pou d' aygua de la qual los meus mariners ne portaren una vegada a
la mia nau; e aquel puig a la terra ret pòrt major, e al mitj de la
mar ha un puig poch qui ret pòrt luny de la terra un jet de balesta,
lo qual es apeylat Pantaleu.” - E el rey alegrat dix: - "¿Qué
demanam ne perqué som torbats per Pollensa la qual no podem haver ab
aquest vent? Nos anam a pòrt ont ha aygua, e ont porán recrear los
cavals a mal grat de sarrahins, e al qual pòrt tot nostre navili
sens difficultat porá anar, e d' aquen porem elegir part la qual a
nos sia vista pus cuvinent a intrar a la terra." - El rey maná
donar la vela, durant e guiant lo vent de aguiló a la Prohensa, e
acostá 's a una galera companyona que manás a las naus donar las
velas e seguir la galea del rey qui volia applegar al pòrt de la
Palomera. E donaren tots las velas, e la primera feria VI, só es lo
primer divenres de setembre vench lo rey a la Palomera, e per tot lo
dissapte tots los altres foren venguts. Beneyta sia la gloria del
nostre Senyor del seu lòch, com ab aquel vent no podian applegar ne
acostar a Pollensa de la qual era estat determenat, e podian venir a
la Palomera; e en tan gran peril no s‘ ha seguit dan a negú; e só
que era vijarés que 's fahés en dampnatje de la host e en
alongament, fó fet en gran prosperitat e ajuda." - CRÓNICA DE
MARSILIO, 2.a parte, cap. XVII.







(21)



De
los barons ab seny lo stòl viraba,



E
vench lo rey en vers la Palomera.







Está
situado el lugar de la Palomera en la costa de Andraitx,
frente a la isla Dragonera. Parece existía antiguamente en él
una población con el mismo nombre, de la cual era señor en tiempo
de los árabes Alí mayordomo del jeque o walí de Mallorca. Sin
embargo ella se había arruinado o decaído mucho a últimos del
siglo XIII, puesto que vemos que el rey Don Jaime II de Mallorca
mandó se edificase en el mismo sitio una población de treinta casas
cercada de muralla, mediante letra real dada en Perpiñan a 10 de las
kalendas de abril de 1303.







(22)



E
vench n' Alí del rey en la galea,



Alúdese
aquí a Alí de la Palomera, a quien se refiere la nota anterior.







(23)



Ma
mayre ho dix, ma mayre ho ha trobat." -







He
aquí como cuenta el poético episodio que comentamos el cronista
Desclot, que es el que más detalles nos da sobre el particular:



"Diu
lo conte, que quant lo navili fó ajustat a la Palomera, e lo rey fó
exit en la ylla de Pantaleu ab molts de richs barons e d' altres
gents per deportar o per sejornar, persó car la mar
los havia traballats, assó fó un dicmenja maytí, qu‘ els
sarrahins de la terra se foren ajustats devant la ylla de Pantaleu,
trò a XV milia sarrahins a cavall e a peu ab llurs armas. Del quals
sarrahins sen partí un e gitá 's en mar, e nadá, e vench a la ylla
hon lo rey d' Aragó era, e quant fó exit de la mar vench devant lo
rey e agenollá ‘s a ell e saluda ‘l en son latí. El rey
feu li donar vestiduras, e puis demaná ‘l del feyt de la terra e
del rey sarrahí. E el sarrahí dix li: - "Senyor, sapias per
cert que aquesta terra es tua e a ton manament, que ma mare prega que
jo vingués a tú e que t‘ ho digués; que ella es molt savia
fembra, e ha conegut en la sua art de astrenomia que aquesta
terra deus tú conquerir." E dix lo rey: - “¿Cóm has tu
nom?" - "Senyor, dix lo sarrahí, Alí m' apella hom; son
majordom del rey de Mallorcas.) - "Diguesme ¿lo
rey hon es ne que fá?" - "Senyor, dix lo sarrahí, lo rey
es en la ciutat, e ha ajustat per scrit, que jo ‘ls he tots
comptats XLII milia homens armats, del quals ni ha V milia a cavall,
e los altres son bons servents e molt valents e ardits, e cuydan te
vedar que no prenas terra en negun lòch de Mallorcas; perque ferás
bé si 'l cuytas de pendra terra al pus tòst que puxas abans que
ells sian exits de la ciutat." - "Amich, dix lo rey, bé
sias tú vengut; sapias que jo 't feré gran bé a tú e a ta mare e
a tos fills en tal manera que t‘ en tendrás per pagat." -
BERNARDO DESCLOT, XXVII.







(24)



E
‘nsemps volgren anar a lo perils



En
Nono Sanç e 'n R. De Monchada.







La
crónica real trascribe el hecho de esta manera:



"Quant
vench lo dissapte enviam per nostres nobles, ço es per don Nuno, e
per lo compte d' Ampuries, e per en G. De Muncada e per los altres
qui eran en la hòst: e haguem dels còmits de les naus de aquells
qui eran de major autoritat. E fó consell aytal, que enviassem don
Nuno en una galea qui era sua, e en Ramon de Muncada en la galea de
Tortosa: e que anassen riba mar, com qui vá contra Mallorques. E
allí hon élls stimarien que fós bò al stòl arribar, que allí
arribassen.” - CRÓNICA DEL REY DON JAIME, 1.a parte, cap. LVII.







(25)



En
Nono dix: - "Senyor, no tembretz nient!



Dessá
ví lóch hon l' exir fora fayt." -







"E
anants (D. Nuño Sanz y D. Ramon de Moncada) en axí aquel dissapte
tornaren el vespre e digueren: - "Nos havem trobat lòch de
costa la mar lo qual ha nom Sancta Ponsa, e es lòch a nostre vijarés
cuvinent a anar o a applegar; e aqui de costa ha un puig poch, en lo
qual si havia D. homens dels nostres, nul temps no pendrian lo Iòch
ans seria venguda tota la host.” - E plach a tots só que es dit
per los demunt dits, e elegiren lo lòch ab consentiment; mes volgren
el dicmenje reposar en aquel mont retent yla, só es lo Pantaleu.”
- CRÓNICA DE MARSILIO, 2.a parte, cap. XVIII.







(26)



..
e ‘n Ponç …....







Alúdese
aquí a Hugo Ponce conde de Ampurias. Véase sobre este magnate lo
que va trascrito en la nota número 7.







(27)



..e
'n Cerveyló







Refiérese
Lulio a D. Gerardo de Cervellón (Cervelló). Véase lo que
sobre este caudillo va continuado en la nota número 7.







(28)



Et
en Guilem de tot son còr hi fó;







D.
Guillén de Moncada vizconde de Bearne. Véase la misma nota número
7.




(29)
E
lo Ramon son frare.....



D.
Ramon de Moncada. Véase la expresada nota número 7. El poema
confirma la opinión de varios historiadores y la tradición
constante de que D. Guillén y D. Ramón de Moncada, a quienes cupo
igual suerte en la reñida batalla de la Porrasa, eran hermanos,
en contra del sentir que manifiesta el Sr. Quadrado en sus párrafos
insertos en la citada nota número 7.







(30)



..
e lo Guastó,







D.
Gastón (Gaston) de Moncada vizconde de Bearne. Véase la nota
número 19.









(31)



E
a negun la vida fon lexada.







La
crónica real da cuenta de esta primera refriega en los términos que
siguen:



"E
vench en R. De Muncada e dix quels smaria, e anasen sols, e dix: -
"No vaja alcú ab mí." - E quant fó prop d' élls demaná
los nostres, e quant élls foren venguts, éll dix:
- "Firam
en élls, qui no son re.” - E el primer qui hanc los aná a ferir
fó éll: e quant foren tant prop los christians dels moros com
serien quatre hastes de llança de llonch giraren los moros las
testes e fugiren, e élls pensaven de donar en élls, e moriren dels
sarrahins mes de M. D. si que ningú no volia retenir a presó, e
tornarensen quant aço agren fet al ribatge de la mar." -
CRÓNICA DEL REY DON JAIME, 1.a parte, cap. LVIII.







(32)



Dels
maures buckrs la sanch veser volem." -







Está
bellísima estrofa está llena de energía y ardor guerrero. Ella
supera a todo cuanto han dicho los cronistas al hacerse cargo del
descontento que manifestó el joven y belicoso monarca por no haberse
podido encontrar en la primera refriega habida en la isla entre
cristianos y sarracenos. Para que pueda hacerse comparación véase
como Marsilio el más elocuente de los cronistas de la expedición,
da cuenta de las palabras del rey:



"E
exí lo rey de la mar e atrobá lo seu cavayl de totas cosas
apareylat, e los cavalers de Aragó qui de una tarida del rey eran
exits; e atrobat so que s‘ era fet, hach goig lo rey de la
victoria, mes sabé li greu e hach dolor com tant s' era trigat, e
girant se als cavalers de Aragó dix: - "Mal sia a nos! la
primera victoria es feta en Malorcha e la primera bataya, e ‘ls
nostres han hauda victoria, e nos no hi som estats. ¿Serán vuy las
nostres mans sens sanch? ¿Ha hi neguns cavalers entre vosaltres qui
'ns vuylan seguir?" - CRÓNICA DE MARSILIO, 2.a parte, cap. XIX.







(33)



Vaéren
tuyt li maur sus en la serra.



Los
cronistas hacen también mención expresa del suceso a que se refiere
este pasaje del poeta. Dice la crónica real:



"E
aquells qui foren apparellats anaren ab nos e fom trò a XXV. E
ixquem trotant e darlot contra alli hon era stada la batalla: e veem
sus en una serra de CCC trò a quatrecents peons de sarrahins, e
entant élls veeren nos e devallaren de aquella serra en que eran, e
volien pujar en una altre serra que hi havia. E dix un cavaller d'
aquels d' Abe (o Ahe) qui son naturals de Taust: - "Senyor,
si ‘ls volets attenyer cuytemnos.” - E nos cuytamnos, e al venir
que nos faem matam trò a V. E entant anaven hi e venien los nostres
e mataven e derrocaven dels moros alli hon los trobaven." -
CRÓNICA DEL REY DON JAIME, 1.a parte, cap. LVIII.



"E
axí (dice Marsilio) anaven el rey e alcuns pochs a major pas, e
fórenne mòrts V (sarracenos); e els altres qui venian apres lo rey
e qui havian los cavayls febles per la mar, espahatjavan dels
sarrahins aytants com ne podian atrobar.”
- CRÓNICA DE
MARSILIO, 2.a parte, cap. XIX.







(34)



E
un cavayler, de mòrt lo colpejava.







La
misma crónica real cuenta también detalladamente el episodio a que
se refiere la estancia del poema:



"E
nos (dice) ab tres cavallers qui anaven ab nos trobam nos ab un
cavaller a peu, e tench son scut abraçat e sa llança en la má, e
la spasa cinta, e son elm çaragoçá en son cap e son perpunt
vestit: e dixem li qu' es rendés, e éll girás a nos ab la llança
dreta, e hanch nons volch parlar; e nos dixem: - "Barons, los
cavalls valen molt en esta terra, e cascú non ha sino hú, e val mes
un cavall que vint sarrahins: e yo mostrar los he a matar, e metam
nos tòts en torn d' éll, e quant a la hú adreçara la llança, l'
altre vinga e firel per les spalles e derrocar l‘ em en terra, e
axí no porá fer mal a algú.” - E tantost nos apparellam nos aço
fer, è vench don P. Lobera e lexá ‘s correr al sarrahí, e el
sarrahí que 'l veu venir dreçali la llança, e donali tal còlp per
los pits del cavall que bé li mes mija braça, e éll donali dels
pits del cavall, e derrocá ‘l: e éll volch se llevar, e mes mà a
la spasa, e entant nos fom sobre éll, e hanch nos volch retre trò
que morí; e com li deyem, rentte, éll deya: "le mulex",
que vol dir no senyor: e morirenni d' altres bé trò a LXXX, e
tornam nos a la host." - CRÓNICA DEL REY DON JAIME, 1.a parte,
cap. LVIII.











(35)



A
Mem-Ladró ab els maures combatre,







En
las crónicas vemos figurar a un noble aragonés llamado D. Ladron,
(Ladrón) que según el Sr. Quadrado fue hijo de D. Pedro
Ladrón oriundo de Navarra, y persona de nobilísimo linaje que
acompañó fielmente al rey en todo tiempo. En la estancia XXXVIII
vemos figurar otra vez a D. Ladrón, quien al descubrir desde su nave
la hueste del jeque de Mallorca que se acampaba en los cerros de
Portopí, envió mensajeros al rey Don Jaime que pusiesen el hecho en
su noticia, lo cual está acorde con lo que cuentan los cronistas.
Sin embargo no sabemos cómo conciliar esto con lo manifestado en la
estrofa que comentamos, pues al parecer D. Ladrón no había
desembarcado aún cuando ocurrían los hechos a que se refiere el
pasaje que nos ocupa.







(36)



Dix
an en Nono: - "Féu aguayt en la serra



Ab
n‘ Alagó......







Alúdese
en este pasaje a Gil de Alagón, noble del ejército de Don Jaime, a
quien nombran las crónicas.







(37)



...e
n' Arnau Finisterra,







Personaje
desconocido, cuyo nombre no vemos figurar en ninguno de los cronistas
de la expedición.







(38)



A
mal baró cant vos l' ordonaretz



Maleficar,
e bon donçeyl no irá.”







La
redacción de este pasaje nos parece algo confusa. Sentimos no poder
consultar el códice original para ver si nos era dado esclarecer
algo su sentido. En la traducción hemos procurado adivinar lo que el
autor quiso decir al insolentarse contra el rey el indócil y desleal
soldado.



(39)



E
lo rey dix: - "Anatz, pelós, anatz!" -







Sobre
este interesante episodio pada dicen los cronistas. Gil de Alagón
aparece en la crónica real y en la de Marsilio, por primera vez,
durante el sitio de la capital, haciendo causa común con los
sarracenos, apóstata de su fé, y sustituido su noble apellido con
el de Mahomet, para negociar una capitulación no muy digna ni
admisible para los cristianos; y después reaparece, conquistada ya
la capital, como partícipe muy favorecido del botín que recogieron
los conquistadores, lo que induce a creer que había vuelto a su
religión y a la gracia de su soberano. He aquí los pasajes de la
crónica de Marsilio que se refieren a este soldado aventurero:



"Apres
alcun espay en P. Corneyl qui era estat en lo conseyl dir al rey:-
"Senyor, en Gil
d‘ Alagó, qui fó crestia e cavaler e are
es sarrahí e renegat de la fe e ha nom Mahomet, ha trameses a mí ja
dos missatjes que volia ab mí parlar; donchs si vos me 'ns dats
licencia parlaré ab eyl com per aventura vol me dir e revelar alcuna
cosa profitosa."
- El rey consentí li, e ana hi, e l'
endemá com fos vengut dix al rey que anassen defora deportant
cavalcant, com eyl volia parlar ab eyl e dix li: - "Aquestas son
las paraulas den Gil d' Alagó: jo tractaré ab lo rey de Malorques e
ab los veyls de la ciutat e de la terra, que donarán al rey d' Aragó
e pagarán totas las despesas las quals eyl e 'ls nobles seus han
fetas en aquest fet, e que sals e segurs s‘ en vajan; e asso
fermarian en tal manera que tots ne porian esser bé pagats." -
A las quals paraulas lo rey en continent ple de felonía respòs:- "O
en P. Corneyl, de vos nos maraveylam fòrt com aytal pati
pacientament havets ohit d' aquel renegat o de tot altre; com nos
prometem a Deu per la fe la qual nos ha donada e en la qual vivem e
‘ns esperam salvar, que si hom nos donava tan d‘ argent com poria
caber del lóch de las tendas entro a las montanyas, nos no rehebriam
ni pendriam alcuna covinensa o pati quant que quant sia plasent a
nos, si aquesta vegada no prenem la ciutat e ‘l regne; ans vos deym
una cosa, que nuyl temps en Cathalunya no tornarem, si donchs per
mitj de la ciutat no fem passatje. E ades de present vos manam sots
pena de la nostra gracia e amor, que d' aquí avant no ‘ns digats
aytals cosas que a nos no plahen.”- CRÓNICA DE MARSILIO, 2.a
parte, cap. XXVIII.



"E
axí presa la ciutat e de tot en tot despuyada, dixeren los prelats e
nobles que las personas e las cosas a pública venda fossen posadas e
mesas; la qual cosa no plach al rey, ans dix: "Aquesta pública
venda molts temps requerrá, mes partescam las cosas o robas, e puys
anem contra els sarrahins qui en las montanyas s‘ amagan e pahor
los ha esvahits, e ab menor dificultat ne serán trets.” - E
dixeren los dits prelats e nobles:
- "¿E en qual manera las
cosas se partirian?" - Respòs lo rey: - "Per sòrts; e si
ades partim los sarrahins e las robas, las gents ne serán pagadas, e
el temps será de VIII dias, e encontinent irem contra els sarrahins
de fora, e obtendrem e estojarem la moneda per galeas. E aquest
conseyl es solament sá; ¿e en qual manera las gents esperarán tant
espaciosa e longa venda de las cosas?" - Mes en Nuno e en Bernat
de Sancta Eugenia e 'l bisbe de Barchelona e el Sagrista
volian aytal esposició de las cosas persó que enganassen los
altres, car en eran pus aguts e pus enginyoses. E el rey dix: - "Assó
no es venda, mes decepció o engan; e temem que 'ls sarrahins de fora
no s' enfortescan entretant, e que aquesta triga no sia dampnosa.”
- E aquels contrastant lassá 's lo rey de la sua importunitat, e fó
feta la esposició de las cosas de la Dominica primera de caresma
entro a Pascha. E els cavalers e homens de poble creyan haver part de
las cosas axí dadas a vendre, e compravan ne aytant com los era
vijarés que ‘n deguessen aconseguir per lur part, e feta la venda
no volian pagar las cosas ja compradas. E ajustarense los cavalers ab
lo poble, e torbadament anavan per la ciutat dients: - "Mal es
fet assó, mal es fet." - E soptosament levá 's entre eyls una
veu: - "Robem la casa den Gil d' Alagó.” -
E anaren hi e
axí ho feren. E com lo rey corrent fos vengut, e ja haguessen de tot
la casa despuyada, dix los: - "¿Quius ha dada licencia de
devastar la casa de negun noble nos assí presents, no fet a nos
alcun clam?" - E cridant dixeren: - "Nos devem haver part
en totas les cosas presas axí com los altres e no ho havem, ans
morim de fam e volem tornar en nostra terra, e per assó las gents
han fet so que han fet.” - E el rey dix los:
- "Cové vos
penedir e castigar d‘ aquestas cosas e abstenir de tot en tot d‘
aytals cosas, sino convendria nos de vos fer justicia, e hauriam
desplaher de vostre greuje, e convendria vos dolre de la pena.” -
CRÓNICA DE MARSILIO, 2.a parte, cap. XXXV.



Los
dos pasajes que de la crónica de Marsilio van trascritos motivaron
la siguiente nota del Sr. Quadrado:



"He
aquí uno de los más misteriosos personajes de esta épica historia.
¿Qué aventuras habían traído a la isla sarracena como cautivo o
como refugiado a un noble de la esclarecida estirpe de Alagón? ¿Qué
peligros, qué venganzas, qué crímenes o pasiones le precipitaron
en vergonzosa apostasía, hollando su fé de cristiano y sus blasones
de caballero? Sus tratos con Pedro Cornel indican que no había
olvidado del todo los recuerdos de su cuna y las amistades primeras;
pero lo mezquino e inadmisible de las condiciones por él ofrecidas,
a las cuales dio el rey tan digna y enérgica respuesta, muestran
hasta qué punto había identificado su causa con la de su nueva ley
y de su nueva patria. Después de tomada la ciudad reaparece para
colmo de extrañeza Gil de Alagón, reconciliado sin duda con el rey
y con la iglesia, como uno de los barones más favorecidos en la
distribución del botín; puesto que su casa fue saqueada ante todas
por el pueblo y los caballeros quejosos de la desigualdad del reparto
e indignados tal vez de que se prodigaran a un renegado semejantes
recompensas."



Creemos
que el pasaje que comentamos aclara bastante el misterio en que
aparecía envuelto el nombre del caballero Gil de Alagón, cuya
deslealtad promovió el enojo de su rey, al ver que acudía a la
reprobada idea de faltar a sus juramentos como caballero y hasta a su
fé como cristiano.

(40)



E
vos perdut ¿ e qui viurá de nos?







Marsilio
habla de este poético suceso en estos términos, dignos de la
epopeya:
"Lo sòl era pòst; el rey tornava a sas tendas,
tement que no hagués offeses o agraujats sos nobles en tan perilosa
cavalcada e quays del tornament del vespre, e esperava fortment esser
repres. E exiren a eyl a peu en G. e en R. De Monchada ab alcuns
cavalers, e el rey vehent aquels devaylá e volch sen intrar a peu;
mes com eyl hagués esguardat, en G. De fit en fit guardá lo rey, e
fentament e lenta ris se, lo qual riure agradá molt al rey dient
entre sí: - "No ‘ns dirá paraulas aspres en G. que ris s‘
ha.” - Mes no ho poch sofferir en Ramon de Monchada, e ab cara
feylona dix: - "Senyor, qué havets fet? qué havets fet? Nos
salvats per Deu e scapats en los perils de la mar e aportats assí
salvament e segura a la terra la qual desitjats, are volets auciure
vos matex e nos?
¿No sabets que 'l vostre peril no es de una
persona sola, mes de tota la host? ¿E quin ardiment es aquex, no
digne de neguna lahor, no companyó de nenguna prohea ab seny, que
vos a tan gran judici o peril de certa sciencia vos metets? En poch
vuy no sots perdut, e si tant negre dia los nostres lums hagués
escurehits, ¿qual apres vos haguera volgut viure? qual volgra tornar
als seus lòchs? en quant fora estat divulgat per infamis lo conseyl
de vostres nobles! Cóm suspitosa guarda! E cert milor fora als
morients que aquels qui de la yla ne portarian novas a nostres
amichs: e certes aquest tant gran negoci per algun altre príncep no
s' acabaría, com mes aportaria temor que amor." - CRÓNICA DE
MARSILIO, 2.a parte, cap. XX.



"E
en Ramon de Muncada dix nos: - "Qué havets feyt? volets ociure
nos e vos, que si per nostra mala ventura vos perderets e sots anat
arresch de perdre la hòst, e tot l' als seria perdut e aquest tan
bon feyt nos fará puys per nul hom del mon.” - CRÓNICA DEL REY
DON JAIME, 1.a parte, cap. LVIII.



Estos
pasajes, enteramente conformes con lo que expresa la estancia que
comentamos, motivan estas oportunas reflexiones del Sr. Quadrado:



"Un
rey mozo casi avergonzado de su victoria y espiando con inquietud las
miradas de sus nobles temeroso de ser reprendido, unos campeones que
se creen en el caso de reprimir su temerario valor y en cuyos severos
cargos traspira un celo tan paternal a par de tan sumisa abnegación,
son caracteres de belleza inimitable; y la impaciencia de Raimundo y
la indulgente benignidad de Guillermo acaban de realzar el cuadro con
su contraste."







(41)



Pus
no ho façatz, en rey, pus no ho façatz!" -

Las quals
cosas totas ohidas (continúa Marsilio), lo rey no respòs res, mes
en G. pacificant lo rey e en partida punyent dix: - "O Ramon, lo
rey ha feta gran folia; mes una cosa nos conforta, com vuy havem
provat com havem senyor valent en armas, lo qual planyent com en la
primera bataya no es estat, per sí e tot sol ha bataya procurada,
jatsia que sia en peril de sí e dels seus. No 's sia fet d' aqui
avant, senyor rey, no sia fet, com en vostra vida es la nostra, e en
la vostra mòrt es la nostra. Ne a vos no cal axí cuytar las cosas
que fer se deuen, mes ab fermetat pus madurament fer; com pus que en
la yla sots, rey sots de Malorcha; e si per ordinació de Deu no per
defaliment de vostre conseyl si esdevenia vos morir, la vostra fama
no hauria dampnatge de la mòrt, com tot lo mon vos apeylaria lo
melor hom d' aquest mon e 'us planyeria.” - E si constrenyement
dels nervis vos tenia en el lit e a las armas vos fehen no poderós,
encare aquesta terra assí es vostra sols que vos viscats." -
CRÓNICA DE MARSILIO, 2.a parte, Cap. XX.







(42)



Dementre'
l xech ab tota l' hòst ixia







Reina
mucha confusión acerca del nombre del que era jeque o walí de
Mallorca en la época de la conquista. El rey Don Jaime en su
crónica, y tras él otros historiadores, le llaman Retabohihe;
Marsilio le apellida Abobehie, corrupción quizás de
Abu-Yabie (Yahie), y los cronistas árabes dicen gobernaba la isla en
aquella sazón Said ben Alhakem Aben Otman el Koraischi de Tabira de
Algarbe. Sea como fuere pertenecía a la dinastía de los Almohades
que en 1208 habían destronado en Mallorca a la de los Almorávides.







(43)



En
sus de Portupi s' apareylá.







"E
las nostras naus (dice la crónica real) ab bé CCC cavallers que
havia dedins, e els cavalls aytambe al cap de la borrasca, veeren la
host del rey de Mallorques al vespre que fó exida en la serra del
pòrt de Portupí. E D. Ladró un rich hom d' Aragó qui era ab nos,
hach acòrd ab los cavallers qui eran en la nau, qu' ens enviassen un
missatje en una barca per mar, qu‘ ens feyen saber que ‘l rey de
Mallorques ab sa hòst era en la serra de Portupí, e tendas que hi
havian parades, e que estiguessen apercebuts. E aquest missatje vench
a nos a mija nuyt, que era nuyt del dimecres que devia esser aevant.

E nos tantost enviam ho a dir an G. De Muncada, e a D. Nuno, e
als richs homens de la hòst: e ab tot aço nons llevarem trò en l'
alba. E quant vench en l' alba llavám nos tots e oym nostra missa en
la tenda nostra." - CRÓNICA DEL REY DON JAIME, 1.a parte, cap.
LVIII.




(44)



N
‘ haurá lo cèl lo qui de vos morrá." -







Aunque
en el fondo esté conforme la arenga del obispo de Barcelona a la que
trascriben los cronistas, creemos que por su concisión y energía
supera la del poema a la que aquellos ponen en boca del venerable y
valiente prelado. He aquí la que inserta la crónica real:



-
"Barons, no es hora are de llònch sermó a fer car la materia
no ‘ns ho dona, que aquest feyt en que el rey nostre senyor es, e
nosaltres, es obra de Deus, que no es pas nostra: e devets fer aquest
compte, que aquells qui en aquest feyt pendran mòrt, que la pendran
per nostre Senyor, e que haurán paradis, hon haurán gloria durable
tots temps: e aquells qui viurán haurán honor, e preu en lur vida,
e bona fí a la mòrt. E barons, conortats vos per Deus, car lo rey
nostre senyor, e pos e vosaltres volem destruir aquells qui reneguen
la fé e el nom de Jesu-Christ. E tot hom se deu pensar, e pòt, que
Deus e la sua mare nos partrá huy de nos, ans nos dará victoria,
perque devets haver bon còr que tot ho vencerem: car la batalla deu
ser huy, e conortats vos que ab senyor bò e natural anám:
e
Deus qui es sobre éll, e sobre nos ajudar nos ha." - CRÓNICA
DEL REY DON JAIME, parte 1.a, cap. LVIII.







(45)



Et
en Guilem e 'n Ramon de Monchada



Ixen
denant abduy ab li templer;







El
poeta omite aquí algunos episodios muy notables al par que poéticos
que no descuidaron los cronistas. Tales son el acto de recibir D.
Guillén de Moncada la sagrada comunión antes de marchar al combate;
la singularísima devoción con que recibió el cuerpo de Jesucristo
y las lágrimas de piadosa ternura que derramó durante este solemne
acto, presentimiento quizás de su próximo y desgraciado fin; las
palabras que dirigió a D. Nuño, y la delicada generosidad de ambos
caudillos en cederse recíprocamente los honores de dirigir la
vanguardia, y otras circunstancias dignas de mentarse. Por lo demás
el poema está acorde con las crónicas en cuanto a que
D.
Guillén y D. Ramón de Moncada guiaron la vanguardia unidos con los
templarios, a los cuales se agregó el conde de Ampurias.







(46)



E
ab gran brugit faé de son poder.







Es
sensible que el poeta no se extendiese como era regular en la
descripción de la batalla que se empeñó en los campos de la
Porrasa y en la cual arrollaron los cristianos al enemigo,
obligándole a encerrarse en los muros de la capital, suceso que se
prestaba grandemente a los rasgos elevados y animadas pinturas de la
epopeya. Los cronistas en este particular se muestran menos parcos,
siendo sobradamente interesantes los capítulos que a este objeto
dedicaron y a los cuales remitimos el lector.







(47)



Al
sarrahí noent, le deventera



Ben
guerretjá lá sús per son Salvayre;
Véanse en los citados
cronistas las vivas e interesantes descripciones de la batalla de la

"Porrassa".







(48)



E
lá ‘n Guilem fení la lur quarrera,







El
cronista Desclot da cuenta en estos términos de la muerte de D.
Guillén de Moncada:



"Ab
tant los crestians punyren ves los sarrahins e anaren ferir en élls,
si que 'ls esvahiren e passaren oltra, mes tant era la gran
pressa dels sarrahins que no sen pogueren tornar al puig a ‘n G. De
Muncada. Els sarrahins muntaren al puig, e ‘n Guillem de Muncada
qui 'ls veu venir volch los scapar, persó car no era que ab un
cavaller e no poch devallar a cavall, que la muntanya era arrocada, e
torná atras perque volch pendre altre carrera; mes los sarrahins lo
soptaren tant fòrt de totas parts que nos poch defendre, e pres un
còlp per la cama tal que 'l peu li cahech en terra; e puys
occiurenli lo cavall, e cahech de tot en terra, e aquí morí. Lo
cavaller qui ab éll era, mentre los cavallers se combatian ab en G.
De Muncada, defensá 's al mils que posch e puys com viu que son
senyor fó mòrt scapá als sarrahins malament nafrat en lo cap e en
la cara, e torná sen ves los crestians." - CRÓNICA DE BERNARDO
DESCLOT, XXXIII.







(49)



E
lo Ramon deffenent lur senyera,







Con
respecto a la muerte de D. Ramón de Moncada dice el mismo cronista
Desclot:



"Ab
tant en R. De Muncada seguí la senyera, e aná avant firent e donant
de grans còlps; lo cavall ensepegá e cahech en la pressa que hi era
molt gran, e aqui morí."
- CRÓNICA DE BERNARDO DESCLOT,
XXXIII.




(50)
Et
en Desfar....



Alúdese
a Hugo Desfar, caballero del séquito de los Moncadas, que murió con
ellos en la misma batalla de la Porrassa.







(51)



....e
n' Huch lo bòn trovayre.



Refiérese
sin duda el autor a Hugo de Mataplana, caballero también del séquito
de los Moncadas, que pereció así mismo con ellos en batalla. Fue
trovador muy célebre.
Sus trovas se leen en algunos códices que
existen hoy día en la biblioteca vaticana.



(52)............



Aquí
corresponde indudablemente el gran vacío que observamos en el poema
y al que hemos hecho referencia en las líneas que preceden a la
composición.







(53)



De
n' Infantyl lo stòl pus abatut,







Alude
este pasaje al caudillo moro Infantilla o Ifantilla, o mejor Fatilla,
como le llama Desclot, que reuniendo un respetable ejército,
compuesto de los sarracenos de las montañas de la isla, peleó
encarnizadamente con los sitiadores. El cronista Marsilio, a
propósito de este caudillo, dice:



"Levá
's un fil del diable per nom Ifantilla, e ajustá tots aquels qui
estavan per las montanyas, e foren bé V milia a peu e C a cavayl; e
vengueren a un puig assats fòrt qui es sobre la fònt qui entra en
la ciutat; e aqui volent fer nom aparaylá bé XL tendas, e trencá
lo lòch per ont l' aygua era amenada, e feu desviar l' aygua de la
host, e per lo mitj d' un torrent se perdia. Mes persó com la
fretura e minva d' aquesta aygua era no sostenedora als crestians,
coneguda la occasió d' aquesta cosa, hach deliberació lo rey de
trametre contra aquel un cap o dos ab CCC cavalers e que ab aquels se
combatessen e l' aygua tan necessaria recobrassen. E fó manat an
Nuno e fó fet cap e guiador dels trameses, e foren hi trameses sots
eyl CCC cavalers, no empero tots seus, mes ajustats alcuns als seus.
E partí 's d' aquí, e ʻls sarrahins volgren lo puig que havian
pres deffendre, mes los crestians muntaren contra eyls ab maravelosa
cavalcada, e venceren los en lo puig. E vench en las mans d' aquels
lo dit Ifantilla qui era cap o guiador dels sarrahins, e sens
misericordia fó matat, e foren ne privats de vida ab eyl bé D. Los
altres fugients a las montanyas escaparen, e las tendas d' aquels
foren dadas a robería e las robas a partió. Mes lo cap de Ifantilla
portaren al rey en testimoni de la cosa feta, lo qual lo rey feu
posar en la fona del giny e en la ciutat trametre e gitar a terror e
pahor dels sarrahins. E fó retuda la aygua en aquesta guisa a la
host, del recobrament de la qual tots agren gran goig, com gran
fretura sofferian." - CRÓNICA DE MARSILIO, 2.a parte, cap. XXV.










(54)



E
dix lo rey: - "Presem pus prest la terra!"







Después
de la derrota de Ifantilla duraron todavía mucho tiempo las
operaciones del sitio. No se trató de asaltar desde luego la capital
como el poema quiere indicar. Suprímense desgraciadamente en este
todas las grandiosas hazañas del cerco, sin que sepamos si esta
falta es del autor o del antiguo copista, que al parecer omitió
visiblemente muchos pasajes como se ve claramente por el gran vacío
que hemos hecho observar en la nota número 52. Destruida la hueste
de Ifantilla, acontecieron grandes sucesos según los cronistas.
Tales son la alianza de los cristianos con el poderoso Benhabet,
señor de Alfavia, por cuya mediación se sometieron al rey Don Jaime
muchas de las comarcas de la isla; los notables hechos de armas con
que el ejército se distinguió durante el asedio; las proposiciones
del jeque para arreglar la paz; la energía de Raimundo Alamany y de
los deudos de los Moncadas en los consejos, clamando se vengase la
sangre cristiana vertida por los sarracenos, y la prudencia y madurez
del joven monarca en esta ocasión; la famosa arenga del walí a su
pueblo rotas ya las negociaciones; el juramento solemne de los
sitiadores antes de dar el asalto general; la toma de la ciudad y la
milagrosa aparición de san Jorge; la entrada triunfante de la cruz
en el recinto de la Almudayna; la prisión del
walí;
el saqueo de la ciudad; el botín recogido por los cristianos, y
tantos otros hechos gloriosos que eran los que más se prestaban al
poeta, y que no es regular pasase en silencio en una obra que tenía
por objeto exclusivo cantar las hazañas de los conquistadores.







(55)







E
de Maylorcha rey fó prest cridat.







No
consta en las crónicas esta manifiesta aclamación de Don Jaime por
rey de Mallorca.







(56)



....porriu



L'
esgard haver, …....



Véanse
en la traducción castellana las palabras con que hemos traducido
este pasaje, para nosotros oscuro e ininteligible.



(57)
….. e lexatz lo morriu.



No
respondemos de haber atinado en la verdadera equivalencia de la
palabra morriu en la traducción castellana del poema, puesto
que nos es desconocido este vocablo.




(58)



Donchs
plach a Deus, Malorqu‘ es conquerada." -







Conquistada
la capital todavía le quedó mucho por hacer al ejército cristiano,
pues hubo de reducir a los moros montañeses que en gran número, y
acaudillados por Xuayp amenazaban arrebatar al rey Don Jaime el
precioso fruto de su conquista.







(59)
Honrem
a Maylorcha ab molts beneficis.




El
rey Don Jaime en efecto atendió con un celo verdaderamente paternal
al engrandecimiento y prosperidad de la isla, promoviendo en ella
infinitas mejoras, fomentando su naciente comercio y concediendo
ventajosos privilegios a sus pobladores.

(http://www.caib.es/pidip2front/jsp/es/ficha-convocatoria/strongemldquolibro-de-franquezas-y-privilegios-del-reino-de-mallorcardquoem-es-el-documento-del-mes-en-el-archivo-del-reino-de-mallorca-este-jueves-7-de-marzostrong#)
https://www.worldcat.org/title/privilegios-y-franquicias-de-mallorca-cedulas-capitulos-estatutos-ordenes-y-pragmaticas-otorgadas-por-los-reyes-de-mallorca-de-aragon-y-de-espana-desde-el-siglo-xiii-hasta-fin-del-xvii-con-un-apendice-de-bulas-y-otros-documentos/oclc/802789769







(60)



Huy
los meus bordons, huy s' han acabat.







Raimundo
Lulio termina bellamente el poema. La conclusión es digna del Tasso.
Nada más natural que al dejar las armas los guerreros, dé fin el
poeta a sus versos.





RECTIFICACIONES.




Del
examen, que concluida esta impresión, hemos podido hacer de ciertas
composiciones de Lulio, esparcidas en uno que otro códice, nos han
resultado algunas variantes notables que hacen necesarias en el texto
impreso las siguientes rectificaciones, puesto que aclaran muchos de
los pasajes que aparecen en él oscuros e ininteligibles
(inintelegibles):



Página
del texto Impreso. Línea. Dice. Léese en los códices nuevamente
consultados.



137 7 sanat ça
nat
138 33 é 's mon fill sanujat es mon fill anujat



144 11 ça
ella ça é llá



153 23 l‘
ha sus lá sus
153 27 Só Ço
154 18 dona ‘l
dona ha ‘l
154 29 veng‘ on vengon
156 15 guayg e
desconort guayg desconort
160 9 quius qui ‘s
168 19 Es
dó a qui Deus Es dó qui Deus
180 14 se poch se
pòt
180 28 es poch es pòt
180 33 no poch no
pòt
288 11 no es peccar, no es en
peccar,
318 31 fará féra
334 21 ver perqu‘
eu vet perqu‘ eu
340 21 a unir ausir
344 19 la
qual ha en sí leix la qual ha ‘n sí matex
400 16 veus
só veus çò
415 9 sorn es s‘ orna e ‘s
418 18 et
ornen ton et orn ton
435 24 losanament lo
sanament
536 2 dar donar
(se encuentra muchas veces
dar en el texto original)

441 13 Perqu‘ eu Perqu‘
en
442 2 Perque mes Perque m‘ es
443 26 cessar que
querir cessar de querir
454 5 E al naturalment E ha ‘l
naturalment
454 35 ço te a mal, S‘ ho te a
mal
461 3 Con que sia Qu‘ hon que sia
465 15 En quant
el emferm, En quant ela ‘m ferm,
472 6 de Deu salvetat, de
Deu sa bontat,
474 35 En peccat E ‘n
peccat
491 18 Tant qu‘ am duy ço Tant qu‘ ambuy

494 23 Qu‘ en só Qu‘ en ço
512 19 A nuyla
causa Ha nuyla causa
516 37 E mòr hon E mòr
hom
529 18 veen vé en
539 32 Entendrets En
tendrets
544 24 E ‘n lo far En lo far
569 21 están
d‘ ela están de lá