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martes, 23 de junio de 2020

VICENTE FERRER VATICINA LA DESTRUCCIÓN DE TERUEL

285. VICENTE FERRER VATICINA LA DESTRUCCIÓN DE TERUEL (SIGLO XV. TERUEL)

VICENTE FERRER VATICINA LA DESTRUCCIÓN DE TERUEL  (SIGLO XV. TERUEL)


Viajaba cierto día el dominico Vicente Ferrer en compañía de otros frailes de su congregación de paso hacia Alcañiz o Caspe —donde se iba a incorporar a las deliberaciones que habrían de conducir a solventar la crisis dinástica aragonesa— cuando a punto de caer la tarde llegó, dispuesto para hacer un alto obligado por la avanzada hora, a la ciudad de Teruel, donde su congregación tenía casa e iglesia abiertas.

Estuvo unos días entre los turolenses y, dada su excelente fama y reconocimiento de predicador que siempre le precedía, la población cristiana le recibió con cierto entusiasmo cuando se enteró de su presencia, como era normal en cuantos lugares visitaba, acudiendo en masa a sus sermones, siempre objeto de reflexión fructífera.

Sin embargo, entre la población judía turolense —a pesar de los esfuerzos de las autoridades cristianas de la ciudad para que los pobladores de la aljama fueran a escucharle— no alcanzó los resultados que esperaba, puesto que no sólo no consiguió ni una sola conversión, sino que tampoco logró que ni siquiera fueran a oírle predicar.

Aquel lamentable e inesperado resultado debió molestar sobremanera al fraile valenciano, tan poco acostumbrado al fracaso, de forma que se sintió muy dolido e incluso enojado con la actitud de los hebreos, el principal objetivo de sus palabras siempre en cuantas poblaciones visitaba.

Cuando llegó el día de la partida, al salir de la ciudad, nada más cruzar la puerta de la muralla, se quitó las sandalias que llevaba calzadas y, batiéndolas fuertemente una contra otra, lanzó al aire hasta la más mínima brizna de polvo de las calles de Teruel.

Cuando hubo acabado con tan simbólico gesto, levantó la vista a lo alto del muro y, con voz potente para que pudiera ser oído, anunció que la ciudad sería destruida por un terremoto y la gente hecha cautiva por el enemigo.

[Beltrán Martínez, Antonio, Introducción al folklore aragonés, I, pág. 109.]

sábado, 29 de junio de 2019

ALFONSO I VENGA SU HONOR EN CANDESPINA

102. ALFONSO I VENGA SU HONOR EN CANDESPINA (SIGLO XII. SORIA)
 
ALFONSO I VENGA SU HONOR EN CANDESPINA  (SIGLO XII. SORIA)
 
 
El matrimonio entre el rey Alfonso I el Batallador y Urraca de Castilla era un auténtico fracaso, habiéndose llegado, incluso, a la reclusión de la reina en la fortaleza de El Castellar, junto al Ebro, como es sabido.

Mas temeroso de que escapara dadas las escasas medidas de seguridad que ofrecía este castillo, el monarca aragonés decidió confinar a doña Urraca en Soria, plaza recién reconquistada por el aragonés, confiando a varios nobles de esta ciudad la custodia y cautiverio de su esposa.
 
Aunque la reina, en apariencia, pareció resignarse a su triste suerte, lo cierto es que en secreto mandó sendas misivas solicitando ayuda tanto a don Pedro González de Lara como al conde don Gómez de Candespina, ambos prohombres castellanos enamorados de ella, que no dudaron en acudir en su socorro y, aunque enemigos, aunaron sus esfuerzos con la esperanza de merecer cada uno los favores de doña Urraca. De modo es que convinieron entrar juntos en la fortaleza y confiar la decisión última a la dama.
 
Una noche sin luna de octubre, sin que los centinelas lo advirtieran, dos sombras escalaban sigilosamente el muro del palacio hasta alcanzar la estancia donde esperaba preparada la reina. Pasados unos instantes, y tras cerciorarse de que no habían sido descubiertos por la guardia, los dos caballeros y doña Urraca burlaban juntos toda vigilancia para salir galopando en dirección a Sepúlveda.

Cuando clareaba el día, encabezaba la comitiva don Pedro González de Lara, quien, por deseo de ésta, llevaba a la grupa de su cabalgadura a la hermosa soberana de Castilla, mientras al final del cortejo, malhumorado y pensativo, cabalgaba derrotado de amor el conde don Gómez.


Enterado Alfonso I de la evasión de su esposa, organizó hueste en los primeros días de noviembre, alcanzando a los fugitivos en el campo de Espina, en tierras aledañas de Sepúlveda. Don Pedro González de Lara, advertido a tiempo de la presencia del Batallador, con fortuna logró huir camino de León y ponerse a salvo con la reina castellana, pero el conde don Gómez de Candespina se vio obligado a presentar batalla.

Junto a sus hombres, luchó de manera valerosa y denodada hasta que fue herido de muerte por una lanza que le atravesó el pecho y le partió el corazón, para entonces malherido también de amor.
 
[Zamora Lucas, Florentino, Leyendas de Soria, págs. 202-205.]
 
Panteón de Reyes de San Isidoro de León, donde fue sepultada la reina Urraca I de León.
Panteón de Reyes de San Isidoro de León, donde fue sepultada la reina Urraca I de León.
 
 
https://www.youtube.com/watch?v=WUsHGCtPZEs