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miércoles, 3 de marzo de 2021

30, 31 de octubre

30 DE OCTUBRE.

Presentóse, en este día, el alcaide de Molina, con la siguiente credencial del Rey de Castilla, y habiendo saludado y hecho varios ofrecimientos, de parte de su señor, a los Diputados y Consejo, encargándoles que le explicasen como había tenido lugar la muerte del Primogénito y cuales eran los milagros que habían sucedido; satisfaciéronle aquellos sobre cuanto pedía, dándole las gracias por el cuidado y atención de su Rey y señor.

Als muy reverendos e magnificos amigos los diputados e consistorio representantes del Principado de Cathalunya.
El rey de Castilla e de Leon.
Bien amados nuestros. Nos enbiamos a vos otros a nuestro alcayde de Molina para que de nuestra parte vos fable algunas cosas afectuosamente. Vos rogamos le dedes fe. Aya vos nuestro Senyor todos tiempos en su guarda special. De Madrid a dies y siete dies de octubre anyo de LXI. - Presto a la honra de vosotros el Reyo.

31 DE OCTUBRE.

Ocupáronse de otros asuntos secundarios, y especialmente sobre la cuestión de las lanas, a cuyo objeto nombraron una comisión para que fuese a la ciudad de Tortosa.

domingo, 21 de junio de 2020

221. EL NACIMIENTO DE UN MUDÉJAR, Graus

221. EL NACIMIENTO DE UN MUDÉJAR (SIGLO XI. GRAUS)

221. EL NACIMIENTO DE UN MUDÉJAR (SIGLO XI. GRAUS)


A pesar de la muerte del rey Ramiro I en pleno asedio de Graus, los cristianos consiguieron rehacerse del drama que tal desgracia supuso y terminaron por forzar las defensas de la villa, que tuvo que rendirse. Tras el estruendo de las armas, como en tantos otros lugares, se impuso la negociación entre vencedores y vencidos, pactando o imponiendo, según los casos, las condiciones de la transferencia del poder. Gracias a estas negociaciones, buena parte de los moros vencidos optaron por permanecer en los pueblos donde habían nacido.

Cuando Graus pasó a manos cristianas, los aragoneses permitieron que el antiguo alcaide moro permaneciera en la tierra que tanto amaba, aunque con dos condiciones: que accediera al bautismo su hija Zoraida y que ambos vivieran extramuros de la villa. Amaba tanto a su pueblo, en el que deseaba seguir viviendo, que el ex-alcaide transigió. Así fue cómo la joven pasó a ser Marieta y el antiguo alcaide acondicionó y se instaló en una cueva cercana.

Vivía el antiguo alcaide de un pequeño huerto, de unas cuantas cabras y del trabajo de la forja y talla de la madera que dominaba a la perfección. Al cabo de dos años, le permitieron los grausinos que entrara en la población, donde no sólo vendía el fruto de su trabajo, sino que enseñaba tales artes a los cristianos. Él era respetado y querido por moros y cristianos y de la muchacha no había zagal grausino que no estuviera enamorado de ella. 

Cuando las campanas de la iglesia tocaban a retiro cada tarde, padre e hija cruzaban la puerta de la muralla y se retiraban a su cueva.

Un invierno extremadamente frío, una intensa nevada y hielos persistentes hicieron intransitable el camino de la cueva al pueblo. Cuando amainó el tiempo y después de tres días de bonanza, los grausinos echaron en falta a padre e hija y decidieron ir a la cueva. Nadie había en ella, así es que recorrieron todos los rincones, hasta que encontraron los cuerpos helados de ambos al pie del torreón de la Peña del Morral, con la mirada puesta en el pueblo y una amplia sonrisa en la cara.

La muerte del antiguo alcaide moro y de su hija Zoraida, Marieta para todos, consternó a los grausinos, que todavía les recuerdan.

[De Fierro, Lucián, «La Coba los Moros», Programa de las Fiestas. Graus, 1985.]


El Llibré de Graus. Disponible para la venta y consulta de ediciones desde 1970. El Llibré es el tradicional libro de las fiestas de Graus, en honor al Santo Cristo y a San Vicente Ferrer, y declaradas de Interés Turístico Nacional en 1973. En estos libros o llibrés se encuentran los respectivos programas de fiestas, escritos en grausino, artículos diversos, relatos cortos, poemas, publicidad, las fotografías de los repatanes, etc.

218. LOS MOZÁRABES DE PERALTA DE LA SAL


6. RELACIONES ENTRE CRISTIANOS Y MUSULMANES

6.1. RELACIONES AMISTOSAS

218. LOS MOZÁRABES DE PERALTA DE LA SAL (SIGLO VIII. PERALTA DE LA SAL).

218. LOS MOZÁRABES DE PERALTA DE LA SAL (SIGLO VIII. PERALTA DE LA SAL).


La conquista musulmana del siglo VIII, que fue muy rápida, no sólo tuvo lugar en la parte llana del valle que riega el Ebro, sino que se extendió por todo el Somontano y por buena parte de los profundos y estrechos valles pirenaicos. El pueblo de Peralta de la Sal no fue, por lo tanto, una excepción y cayó pronto en manos agarenas. La nueva administración de los moros borró a la anterior, y quienes permanecieron fieles a la religión cristiana pasaron a estar en una situación de inferioridad, aunque muchos de ellos permanecieron en sus pueblos, como también ocurrió en Peralta: eran los mozárabes.

Cuando los moros ocuparon Peralta de la Sal, el nuevo alcaide —quizás sin tener conocimiento de ello sus superiores— permitió que los mozárabes de la población siguieran venerando a una imagen de la Virgen por la que, desde antiguo, éstos sentían una especial predilección, aunque de todos es sabido que la religión islámica contempla la devoción mariana como un culto idolátrico y rechazable. Pero era tanta y tan extendida la fama que aquella imagen de Nuestra Señora tenía en la comarca de ayudar a los desamparados y de obrar milagros con los enfermos que el alcaide, sin duda un hombre con fina sensibilidad, sintió respeto y consintió que se conservara.

En lugar, pues, de hacer quemar la imagen que era de madera como ocurriera en tantos otros lugares, permitió que siguiera en su ermita, situada en las afueras del pueblo, y que los cristianos rezaran libremente ante ella. Pero no es sólo eso, con ser mucho, sino que era por todos conocido que cada vez que su esposa caía enferma hacía llevar la imagen a la fortaleza, pues solía servirle de consuelo, como si de una cristiana más se tratara. Se dice que incluso el alcaide acudía en alguna ocasión ante la imagen para pedir por la salud de su mujer. Esta es, sin duda, la razón por la que hoy se le conoce con el nombre de Nuestra Señora de la Mora.

No cabe duda de que los mozárabes de Peralta de la Sal, gracias a la sensibilidad del alcaide moro, vieron mitigado así el dolor que sentían en esos primeros momentos al verse sometidos al invasor.

[Moner, Joaquín M., Historia de Ribagorza, II, págs. 177-178. Sánchez Pérez, José A., El culto mariano en España, pág. 282.]


domingo, 24 de noviembre de 2019

LA GUARDIA DEL CASTILLO DE LA FRESNEDA

185. LA GUARDIA DEL CASTILLO DE LA FRESNEDA (SIGLO XIV-XV. LA FRESNEDA)

LA GUARDIA DEL CASTILLO DE LA FRESNEDA (SIGLO XIV-XV. LA FRESNEDA)


El alcaide del castillo de La Fresneda se vanagloriaba de tener la fortaleza mejor custodiada existente, extremando las medidas de seguridad hasta límites inimaginables. Una de las muchas precauciones adoptadas consistía en que cada centinela nocturno debía llevar una antorcha encendida mientras vigilaba o hacía su ronda, con lo cual trataba de disuadir a cualquier enemigo, pues el castillo era un ir y venir constante de luces y resplandores.

Por otro lado, presumía el alcaide de contar entre sus hombres con el mejor y más certero arquero no sólo del reino sino de toda la Corona de Aragón, habilidad que había demostrado en cuantas ocasiones se le puso a prueba en pugna con otros afamados arqueros. Lo cierto es que desde cualquier parte del castillo podía dirigir y clavar sus flechas en el lugar preciso sin posibilidad alguna de error.

Era tarea obligada del arquero apagar cada noche con sus flechas las antorchas de todos y cada uno de los vigías, disparando su arco desde lo alto de la torre del homenaje.

No obstante, una noche, un vigía que tenía cita convenida con su amada abandonó su puesto y, por lo tanto, su antorcha estaba apagada, justamente la noche en la que la hija del castellán, que estaba enamorada secretamente del guardián ausente, fue a buscarle a su puesto para declararle su amor y, naturalmente, no lo encontró, decidiendo esperarle pensando que tendría razones para el abandono.

Dejó a su amante en las cercanías y regresó el desertor presuroso al lugar de su vela, con el tiempo justo para ocupar su puesto y encender nerviosa y precipitadamente su antorcha, momento en que descubrió junto a él a la hija del castellán que le estaba esperando. No tuvo tiempo de reaccionar y el presagio que relampagueó en su mente se cumplió.

En efecto, la flecha que había de apagar su antorcha recién encendida volaba ya rauda por el aire y fue a clavarse en el corazón de la muchacha. Hay quien dice que no fue fallo del arquero, el único que se le recuerda, sino que acertó a disparar a lo que más brillaba, el corazón encendido por el amor de la hija del alcaide.

[Yanguas Hernández, Salustiano, Cuentos y relatos aragoneses, págs. 108-110.]

jueves, 21 de noviembre de 2019

MIGUEL DE BERNABÉ, EN EL SITIO DE DAROCA


175. MIGUEL DE BERNABÉ, EN EL SITIO DE DAROCA (SIGLO XIV. DAROCA)

Los ejércitos castellanos de Pedro el Cruel habían tomado y sobrepasado ya Calatayud y amenazaban toda la ribera del Jiloca. Las tropas aragonesas se veían impotentes y las poblaciones del valle se aprestaron a su defensa, entre ellas Daroca: se abrieron fosos, se repararon muros, se levantaron parapetos... Al anuncio del peligro, muchos fueron los caballeros aragoneses que acudieron al castillo darocense, a cuyo frente está su alcaide, Pedro Gilbert. Destacaba entre todos uno que ocultaba su rostro con la visera y llevaba sobre el casco un águila blanca. Nadie, excepto el alcaide, sabía cómo se llamaba ni quién era.

ocultaba su rostro con la visera y llevaba sobre el casco un águila blanc


Las tropas castellanas avistaban ya Daroca y la lucha fratricida entablada fue cruel como pocas. Los asaltos se sucedían uno tras otro y sólo al caer la noche se detenía la batalla para dar sepultura a los numerosos muertos. Fue entonces cuando, desde el muro darocense, cayó a los pies del rey castellano un cartel retador, en el que un hombre que se firmaba «El Almogávar» retaba al caballero castellano de la pluma verde por llevar el lema «Por encima de Aragón». Aceptó éste el reto y el duelo tuvo lugar. «El Almogávar», que no era otro que el caballero del águila blanca, acabó vencedor y el rey castellano, enfurecido, mandó a sus hombres que lo persiguieran, aunque logró escapar.

Todavía no había amanecido cuando se reinició el ataque castellano con mayor ímpetu. Poco a poco se aproximaban las máquinas con las que irremediablemente se abriría el muro, mas cuando la primera de ellas estuvo próxima, el caballero del águila blanca, descolgándose por el muro con un caldero lleno de materias inflamables, lo vertió sobre la máquina y le prendió fuego. La ciudad estaba salvada.

Ante la imposibilidad de tomar el castillo darocense y vistos los estragos que le ocasionaban sus defensores, Pedro I, muy airado, decidió levantar el cerco e ir a Báguena, donde también se había marchado el caballero del águila blanca.

Ante los muros de Báguena, los esfuerzos del rey castellano fueron denodados, destacando en su defensa su alcaide, Miguel de Bernabé, que no era otro que el caballero del águila blanca. El ataque fue tan duro que, falto de ayuda, el alcaide decidió incendiar el castillo antes que entregar sus llaves, muriendo abrasado con sus defensores.



jueves, 14 de noviembre de 2019

EL MAL «SEÑOR» DE FABARA

152. EL MAL «SEÑOR» DE FABARA (SIGLO XV. FABARA)

Mausoleo romano de Lucio Emilio Lupo.


Mucho más lentamente de lo que los mozárabes que habitaban en ellas esperaban, los ejércitos cristianos aragoneses fueron reconquistando una tras otra las poblaciones hasta entonces moras del Bajo Aragón. Como en casi todas ellas una buena parte de la población musulmana optó por permanecer en sus casas y por seguir cultivando los campos de siempre, había que organizar y asegurar la defensa de las plazas recién reconquistadas, así como la administración de su territorio. Así es como el rey confió los distintos castillos a hombres de su confianza, los llamados tenentes o seniores.

En el caso de Fabara, fue nombrado para regirla un comendador perteneciente a una orden religioso-militar, al que se le conocía con el nombre del «señor». Este personaje, en lugar de granjearse el respeto y el cariño de sus subordinados, gobernó de manera tiránica, llegando su despotismo al grado sumo de imponer la costumbre de poseer a las muchachas recién casadas, mofándose sarcásticamente de aquellas que eran menos agraciadas físicamente. Como es natural, la tensión alcanzó cotas insospechadas de deseos de venganza entre los habitantes del pueblo.

Así es que el vecindario en pleno, ante la persistencia de tan vejatoria y tiránica actitud, se aglutinó para defenderse costara lo que costara. No obstante, antes de adoptar una actitud más beligerante, encomendaron al alcaide que fuera a hablar con el «señor» para trasladarle sus quejas. Pero éste, en lugar de escucharle como cabía esperar, lo mandó asesinar vilmente e hizo que su cadáver fuera llevado por una mula desde el castillo a la plaza de la iglesia, donde esperaban anhelantes los vecinos.

Con su alcaide muerto, sus peticiones desoídas y airados por todo lo que acababan de vivir, todos los pobladores cristianos de Fabara —apoyados por la comprensión de los mudéjares— decidieron hacer frente al comendador de modo que, pertrechados con todo tipo de armas y objetos contundentes, asediaron el castillo. El «señor», al verse perdido, huyó por un pasadizo secreto y nunca más se volvió a saber nada de él.

[Aldea Gimeno, Santiago, «Cuentos...», C.E.C., VII (1982), pág. 58.]


Hay constancia de asentamientos de población epipaleolíticos desde el año 5000 a. C. El Roquizal del Rullo, dentro del término municipal de Fabara, es considerado el yacimiento de la Edad de Hierro más importante de Aragón.



Testigo de la romanización de la península ibérica, la localidad conserva uno de los mejores ejemplos de arquitectura funeraria del Imperio romano, el mausoleo de Lucio Emilio Lupo, o mausoleo de Fabara, declarado monumento nacional en 1931, y más conocido en el pueblo como "caseta dels moros".

A pesar de la presencia poblacional continua, el nombre de Fabara revela raíces bereberes (tribu de los hawara), apareciendo constancia de él por primera vez en el siglo XIII, lo que hace pensar que el asentamiento actual tuvo su origen en la llegada de los musulmanes a la península ibérica a partir del año 711.

Con la reconquista por parte del Reino de Aragón, la localidad pasaría la mayor parte del tiempo, hasta 1428, en manos de los Caballeros Calatravos de Alcañiz.

Yacimiento arqueológico de Roquizal del Rullo (Lo Roquissal del Rullo): restos de un poblado ibérico. Ubicado a 4 km del casco urbano, en el cruce de La Vall dels Tolls con el río Algars.
Mausoleo romano de Lucio Emilio Lupo
Ayuntamiento de Fabara, alzado sobre parte del palacio de la Princesa de Belmonte.
Iglesia Parroquial de San Juan Bautista: s.XIII-XIV, estilo gótico mediterráneo.
Ermita de Santa Bárbara.
Folklore autóctono: Danza del Polinario y la Jota de Fabara.
Semana Santa del Bajo Aragón: procesiones y rompida de la hora con bombos y tambores.
Fiesta de Quintos y su Hoguera característica el primer fin de semana de marzo.

Museo de Pintura Virgilio Albiac, dedicado a este pintor fabarol, contiene unas 40 de sus obras.
Espacio Expositivo del Mausoleo Romano.
Biblioteca pública y hemeroteca.
Cine municipal.


lunes, 20 de mayo de 2019

LA RECONQUISTA DE VILLEL

2.72. LA RECONQUISTA DE VILLEL (SIGLO XII. VILLEL)

LA RECONQUISTA DE VILLEL (SIGLO XII. VILLEL)


Desde hacía diez años, la reconquista de Teruel por las tropas cristianas era ya un hecho, como lo era la amenaza que tal enclave suponía para las poblaciones todavía musulmanas aguas abajo del Guadalaviar.
Entre estos enclaves moros amenazados se encontraba Villel, cuyo alcaide, Setí Mahomat, se esforzaba en hostigar los alrededores de Teruel intentando debilitar las fuerzas enemigas. No obstante, todo era en vano, pues a aquellas alturas el desequilibrio de fuerzas era ya un hecho incontestable.
De pronto, los acontecimientos se precipitaron con rapidez. El valiente Setí Mahomat tenía una esclava cristiana, a la que había hecho prisionera en una de sus correrías, y de cuya belleza se había enamorado.

Sin saberlo Setí, también había hecho prisionero a un hermano de la muchacha o, mejor dicho, se había dejado capturar para tramar la caída de Villel.
El joven, una vez dentro de la población, se puso en contacto con su hermana y tramaron el futuro plan a seguir. Además, la joven consiguió de Setí Mahomat la liberación de su hermano, que regresó a Teruel con la misión cumplida.
Era noviembre de 1181 y los moros de Villel se hallaban en el cerro de la Horca celebrando la boda de un capitán. Al mediodía, en el castillo, la esclava cristiana, aprovechando la soledad en que se encontraban, confiado en su regazo Setí Mahomat, le clavó una larga aguja de salmar que llevaba oculta entre las trenzas, causándole la muerte.
Consumado el crimen, la esclava se hizo visible en una de las almenas del castillo, y agitando un pañuelo, tal como había convenido con su hermano, avisó a los cristianos, que estaban apostados en las cuevas y cerros inmediatos. Dirigidos por Martín Pérez, señor de Escondilla, las huestes cristianas tomaron el castillo y la población, pasando a cuchillo a cuantos se resistieron. Las mujeres moras, antes que caer como esclavas de los cristianos, cubriéronse la cabeza con el velo y se lanzaron a las aguas del río, librándose así de la deshonra.
Martín Pérez fue nombrado señor de Villel por el rey, que se reservaba el castillo, el horno y el molino.
[Gisbert, Salvador, «Tradiciones turolenses...». Heraldo de Teruel, 2 (1896), págs. 3-4.]


https://es.wikipedia.org/wiki/Villel

Villel es una localidad y municipio español de la provincia de Teruel perteneciente a la comarca de Comunidad de Teruel, en la comunidad autónoma de Aragón. En el censo de 2018 Villel tenía 327 habitantes.

Está situado a la derecha del río Turia. Comprende los caseríos o mases El Campo, La Fuensanta, Rueda, Torrejón, Vadillo, Viñuelas y el balneario de Los Baños.

A unos dos kilómetros se encuentra el santuario de nuestra Señora de la Fuensanta, que es el principal centro de devoción de la comarca, es un lugar situado entre las montañas y varios pueblos celebran en este santuario una romería anualmente. Pero cabe destacar la más importante que es la de Villel el segundo sábado de mayo.

Conserva su castillo parcialmente en ruinas y, sobre todo, su torre del homenaje. Pertenecía a los Aben Razin, de Albarracín, y fue ocupado por El Cid camino de Valencia.

Reconquistado por Alfonso II, quien lo entregó a los Templarios, fue primeramente una Encomienda de la Orden del Temple.

En el siglo XIV fue cabeza de Encomienda de la Orden de San Juan, encuadrada en la Castellanía de Amposta, y primer destino de Juan Fernández de Heredia, quien llegó a ser gran maestre de Rodas.

Lo conquistó Pedro I de Castilla en el transcurso de una guerra entre Aragón y Castilla, y en la Guerra de la Independencia lo ocupó también el ejército napoleónico.

Virgen de la Fuensanta:
Según la tradición, la imagen fue hallada por un pastor de nombre Juan Pérez en 1238; su imagen se venera en el Santuario de Nuestra Señora de la Fuensanta -edificio gótico tardío situado al poniente de la villa, construido en 1561.


https://www.escapadarural.com/que-hacer/villel

https://www.clubrural.com/que-ver/teruel/villel

https://www.youtube.com/watch?v=2gsczP-rvp4






miércoles, 8 de mayo de 2019

BORJA, EN MANOS DEL BATALLADOR, siglo XII

2.52. BORJA, EN MANOS DEL BATALLADOR (SIGLO XII. BORJA)

A finales del siglo XI, dependiente de la taifa sarakustí, se hizo famoso el alcaide de Borja, Abén Amed Mutamín, tanto por su férrea oposición a los cristianos, como por su gran afición a la astrología y a la nigromancia. Tanta era su pasión por las ciencias ocultas que empezó a circular el rumor de que Mutamín tenía relaciones con el diablo, pues de otra manera no se podía explicar cómo consiguió levantar el castillo de Trasmoz en un solo día.
El pueblo no se equivocaba, aunque sí ignoraba el contenido del pacto. La realidad era que el gobernador, habiendo invocado al maligno, llegó a un acuerdo con él de modo que el diablo construiría el castillo en un solo día si Mutamín aceptaba que el primer miembro de su familia que viera ondear la cruz de los cristianos en Borja descendiera al averno con él. El gobernador, sediento de poder, aceptó sin dudarlo.

Pasaron los años y un día llegó a la ciudad un escuadrón que traía como prisionera a una hermosa doncella cristiana, Isabel, de quien Mutamín quedó prendado y, pese a la oposición de la joven y del consejo de ancianos, se casó con ella. Isabel tomó el nombre musulmán de Zaida, pero su corazón permaneció cristiano. Zaida dio a luz una hermosa niña, a quien llamaron Zuleya, que significaba «hora triste», bien porque la niña nació el día de la derrota mora en Alcoraz, bien porque su madre perdió la vida en el parto.
La niña creció al cuidado de una esclava cristiana de Benasque, quien le inculcó sentimientos cristianos. La niñera, que conocía el pacto del padre, creía que así la protegía del mal. El gobernador, con el paso del tiempo, tenía tanto amor por su hijita que se alejó del oscurantismo hasta tal punto que se olvidó de su promesa al diablo.


BORJA, EN MANOS DEL BATALLADOR, siglo XII


El tiempo pasó y el avance de Alfonso I hacia Zaragoza era imparable, llegando pronto a Borja, a la que cercó en septiembre de 1118, y, entrando en la ciudad, plantó su enseña con la cruz de San Jorge en lo alto del castillo. Pero cual no sería su sorpresa al encontrar la plaza desierta. Y es que fue Zuleya la primera en ver la cruz y el diablo, que no olvida, se la reclamó a Mutamín. Pero el gobernador, dándose cuenta del peligro que corría su hija, prefirió hacer uso por última vez de su magia, convirtiendo en piedra a su hija y a todos sus servidores. Y para satisfacer su promesa, él mismo se entregó al diablo.

[Domínguez, Juan, «La Zuleya de Borja», Aragón legendario, II, págs. 95-97.]