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martes, 17 de octubre de 2023

Pièces sur les croisades. I. Pus de chantar m' es pres talens, (+ Index)

Pièces sur les croisades.


I.


Pus de chantar m' es pres talens,

Farai un vers don sui dolens;

Non serai mais obediens

De Peytau ni de Lemozi.


Ieu m' en anarai en eyssilh;

Laissarai en guerra mon filh,

En gran paor et en perilh;

E faran li mal siey vezi.


Pus lo partirs m' es aitan grieus

Del seignoratge de Peytieus,

En garda de Falco d' Angieus

Lais ma terra e son cozi.


Si Falco d' Angieus no 'lh secor

E 'l reys de cui ieu tenc m' onor,

Mal li faran tug li pluzor

Qu' el veyran jovenet meschi.


Si molt non es savis e pros,

Quant ieu serai partit de vos,

Tost l' auran abayssat en jos

Fello Guasco et Angevi.


De proeza e de valor fui,

Mais ara nos partem abdui;

Et ieu vauc m' en lay a selui

On merce clamon pelegri.


Aissi lais tot quant amar suelh,

Cavalairia et orguelh,

E vauc m' en lay, ses tot destuelh,

On li peccador penran fi.


Merce quier a mon companho,

S' and li fi tort, que lo m perdo,

Et ieu prec ne Jeshu del tro

Et en romans et en lati.


Mout ai estat cuendes e gais,

Mas nostre seingner no 'l vol mais;

Ar non posc plus soffrir lo fais,

Tant soi apropchatz de la fi.


Totz mos amicx prec a la mort

Qu' il vengan tuit al meu conort,

Qu' ancse amey joi e deport

Luenh de me et en mon aizi.


Aissi guerpisc joy et deport

E var e gris e sembeli.


Comte de Poitiers.

//

Index.

II, senhors per los nostres peccatz

III, En honor del Paire en cui es

IV, Er nos sia capdelhs e guerentia

V, So qu' hom plus vol e don es plus cochos,

VI. Ara sai eu de pretz quals l' a plus gran

VII, Era nos sia guitz Lo vers dieus Iheus Critz,

VIII, Nostre senher somonis el mezeis

IX, Pus flum Jordan ai vist e 'l monimen,

X, Ara parra qual seran enveios

XI, Per pauc de chantar no me lays,

XII, Si m laissava de chantar

XIII, Hueimais no y conosc razo

XIV, Aras pot hom conoisser e proar

XV, Lo senher que formet lo tro

XVI, Baros Ihesus qu' en crotz fon mes

XVII, Bel m' es, quan la roza floris

XVIII, Quan lo dous temps ven, e vay la freydors,

XIX, Totz hom qui ben comensa e ben fenis

XX, Tornatz es en pauc de valor

XXI, Emperaire, per mi mezeis,

XXII, Ira e dolor s' es dins mon cor asseza,

XXIII, El temps quan vey cazer fuelhas e flors,

XXIV, Qui vol aver complida amistansa

XXV, Ab grans trebalhs et ab grans marrimens


lunes, 18 de noviembre de 2019

LOS MARCILLA Y LOS SEGURA, FRENTE A FRENTE


167. LOS MARCILLA Y LOS SEGURA, FRENTE A FRENTE
(SIGLO XIII. TERUEL)

Vivían en Teruel dos familias ilustres, la de los Marcilla, muy noble, y la de los Segura, muy rica. Pertenecía Juan Martínez, un joven apuesto, a la primera de ellas, y, desde su más tierna infancia, sentía un profundo amor por Isabel, algo menor que él e hija de los Segura, quien correspondía a su amor.

Lamentablemente, por ser Juan hijo segundo no podía aspirar a la fortuna familiar para ofrecérsela a Isabel. Así lo veía don Pedro Segura, quien se oponía a la boda que tanto deseaban los enamorados por la desigualdad de fortuna, de modo que viendo que el único modo de casarse con Isabel era aportando riquezas al matrimonio, decidió Juan marchar a las cruzadas a hacer fortuna, no sin antes obtener la promesa de su amada de que lo esperaría al menos durante cinco años.

Pasaba el tiempo y el joven Marcilla no regresaba, por lo que don Pedro Segura aconsejó a su hija que aceptara como marido al acaudalado Pedro Fernández de Azagra, hermano bastardo del señor de Albarracín. Pero Isabel, aun sabiendo que iba contra la voluntad de su padre, se negaba a casarse hasta que no hubieran transcurrido los cinco años de ausencia de Juan, su prometido. No obstante, llegado el día en que se cumplía el término fijado, Isabel no tuvo más remedio que aceptar el matrimonio con el rico pretendiente de Albarracín.

El mismo día de la boda, cuando aún sonaban las campanas, entraba don Juan en Teruel. Nada más enterarse de la noticia, corrió en busca de Isabel tratando de evitar lo que ya era irremediable: Isabel se había casado. Al caer la noche, Juan consiguió acercarse a la muchacha, manteniendo ambos una breve y clandestina conversación. Juan, a pesar de verse perdido, solicitó de ella un beso en prueba de amor. Pero Isabel, convertida en una mujer casada, se lo negó, pues no podía faltar a su palabra. En ese mismo instante el joven cayó muerto.

Cubierta con un velo, asistió Isabel al entierro de Juan. De pronto, se acercó para darle el beso que la noche anterior le negara, quedando muerta en el acto sobre el cuerpo del joven. El pueblo entero, en medio de un gran dolor, decidió enterrar juntos a quienes habían muerto verdaderamente de amor.

[Beltrán, Antonio, Leyendas aragonesas..., págs. 62-64.]

LOS MARCILLA Y LOS SEGURA, FRENTE A FRENTE  (SIGLO XIII. TERUEL)




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