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lunes, 22 de junio de 2020

35. LA CONVERSIÓN DEL ALFAQUÍ ZARAGOZANO


235. LA CONVERSIÓN DEL ALFAQUÍ ZARAGOZANO (SIGLO XIV. ZARAGOZA)

235. LA CONVERSIÓN DEL ALFAQUÍ ZARAGOZANO (SIGLO XIV. ZARAGOZA)


En tiempos del arzobispo don Alonso de Arhuello, ocurrió en Zaragoza un hecho singular en el que anduvieron mezclados cristianos y mudéjares pues aunque éstos habitaban en un barrio aparte, el de la Morería, las relaciones entre miembros de ambas comunidades era algo habitual.

El caso es que una mujer cristiana y casada que vivía en Zaragoza, ante el mal trato que habitualmente recibía por parte de su marido, y no encontrando solución a sus males, decidió consultar a un alfaquí mudéjar la forma en que podría conseguir que aquél cambiara su actitud hostil hacia ella. El moro, que le había recibido en su propia casa, le contestó que sería suficiente con que le presentara al marido una hostia consagrada.

La mujer, aunque algo confusa por tan extraña recomendación, fue a confesarse a la iglesia de San Salvador y pasó a comulgar a continuación. Rápidamente salió del templo catedralicio y sacó la Sagrada Forma de su boca, colocándola con sumo cuidado en un pequeño estuche que llevaba preparado mientras se encaminaba hacia su casa. Una vez allí, al descubrir el estuche para que su marido viera la Hostia consagrada, tal como le había indicado el alfaquí moro, aquélla se había convertido, no se sabe cómo, en un hermoso niño, de minúsculas proporciones.

Asombrada y temerosa por lo sucedido, la mujer regresó a la Morería y consultó de nuevo al alfaquí qué hacer ante tal portento, ordenándole éste que regresara a su casa y quemara el cofrecillo y su contenido. Ardió el cofre de madera vorazmente, pero el Niño no sólo resultó intacto, sino que comenzó a despedir una intensa y cegadora luz.

Regresó de nuevo la mujer a casa del alfaquí que, ante el prodigio que observaba, quedó atónito. Rendidos ambos, fueron a la catedral, confesándose ella arrepentida y pidiendo el alfaquí el bautismo al vicario general, entre lágrimas de contrición.

[Faci, Roque A., Aragón..., I, págs. 12-14.
Dormer, D.J., Disertación del martirio de santo Dominguito de Val. Roma, 1639.]

miércoles, 8 de mayo de 2019

SAN MIGUEL, EN LA RECONQUISTA DE ZARAGOZA


2.48. SAN MIGUEL, EN LA RECONQUISTA DE ZARAGOZA (SIGLO XII. ZARAGOZA)

Hacía más de cuatrocientos años que la ciudad de Sarakusta se hallaba bajo el poder de los musulmanes cuando el gran conquistador, el rey aragonés Alfonso I el Batallador, llegó ante sus puertas y decidió su cerco con objeto de recuperarla para los cristianos.

El rey, como estratega experimentado que era, hizo dividir y organizó sus huestes en varios escuadrones, con sus respectivas estancias fortificadas cerca de cada una de las puertas de acceso a la ciudad para que ni los sitiados pudieran salir ni tampoco pudieran recibir ayuda del exterior, de modo que ello,
sin duda, provocaría y aceleraría su rendición.

Cumpliendo las órdenes del rey es por lo que se ubicó frente a la puerta de Valencia el escuadrón compuesto por los guerreros navarros quienes, a las órdenes de don Guillermo, obispo de Pamplona, habían acudido para ayudar al rey aragonés.

Puerta de Valencia, Zaragoza
Puerta de Valencia, Zaragoza

Fue el propio obispo quien, el día en que se iba a dar el asalto definitivo a la ciudad, vio sobre su muralla al mismo arcángel san Miguel, capitán de la milicia angélica. Su figura, envuelta en una cegadora luz, empuñaba una espada desnuda que indicaba a los cristianos allí apostados que era voluntad de Dios que diera comienzo el ataque por aquella puerta.
El obispo, tras informar al rey de tan extraordinario suceso, arengó y animó con sus palabras a sus tropas, que eran muy devotas del santo, instándoles a comenzar la batalla por el lugar indicado. Así, con la mediación y ayuda de san Miguel, el escuadrón navarro logró abrir el muro valiéndose de un gran ariete y pudo penetrar por fin en la ciudad, rescatándola de los infieles, después de haber estado en sus manos algo más de cuatrocientos años.
Los cristianos, agradecidos al santo por la ayuda prestada, edificaron un templo en el lugar donde fue visto el arcángel y se dedicó a San Miguel de los Navarros, en honor y recuerdo del valiente y piadoso ejército del obispo pamplonés Guillermo.

[Faci, Roque A., Aragón..., II, págs. 183-184.
Dormer, D.J., Disertaciones del martirio de Santo Dominguito, dedicatoria 80.]

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