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domingo, 28 de junio de 2020

341. FUENTES DE EBRO SALVADA DE LA PLAGA DE LA LANGOSTA


341. FUENTES DE EBRO SALVADA DE LA PLAGA DE LA LANGOSTA
(SIGLO XV. FUENTES DE EBRO)

A través de la leyenda, conocido es el éxodo que los mozárabes de Sarakusta tuvieron que sufrir en un momento determinado de la dominación mora de la ciudad, dando origen al nacimiento de El Burgo de Ebro. También es sabido cómo la imagen de la Virgen por la que sentían especial predilección —cuya capilla estaba situada junto a la iglesia de San Miguel— decidió marcharse tras ellos, apareciéndose a un pastor. Para mejor guarecerla, se le construyó una ermita y pasó a ser conocida como Nuestra Señora de Zaragoza la Vieja.

Pues bien, en cierta ocasión, en torno al año 1421, todo el término municipal de Fuentes de Ebro se vio invadido por una terrible plaga de langosta que cubrió toda la huerta y los campos de secano, de manera que todo cuanto alcanzaban a ver los ojos aparecía como teñido de un color parduzco, pues no se veía la tierra.

Ante el desastre —que pronto se convertiría en hambruna— que la plaga suponía, y no habiendo entonces remedio material ni humano para luchar contra una invasión tal de insectos tan voraces, los habitantes clamaron al cielo, buscando para ello la intercesión de Nuestra Señora de Zaragoza la Vieja, a la que llevaron desde El Burgo de Ebro hasta Fuentes en solemne procesión. Una vez acondicionada la imagen en la parroquia, los atribulados labradores celebraron grandes y hermosos cultos religiosos hasta componer una novena, pero, no obstante, la plaga persistía.

Por fin, finalizó la rogativa sin aparente resultado y, vencidos por la desgracia, decidieron devolver la imagen de la Virgen a su ermita de El Burgo, aviando las caballerías y el carro para llevarla. Pero, cuando desesperanzados estaban en estos menesteres, pudieron observar cómo de repente las langostas, levantando del suelo con un ruido ensordecedor, cubrieron repentinamente el cielo hasta ocultar por completo el sol, como si de una nube inmensa se tratara. Al poco rato desaparecieron como por arte de magia. Habían ido a ahogarse al río Ebro que corre cercano.
El retorno de la imagen de Nuestra Señora de Zaragoza la Vieja a su ermita de El Burgo de Ebro fue triunfal.

[Azagra, Víctor, Cosas nuevas de la Zaragoza vieja, I, pág. 28.]