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miércoles, 21 de julio de 2021

XXII, LA SEU

XXII

LA
SEU.

SONET.

Non est hìc aliud, nisi domus De
(Dei)

et porta coeli. (Gen. Cap. 28)



Lo
vot del Rey Conqueridó á María
Los ángels de les arts
efectüaren,
Y á Morey y á Salvá los inspiraren
Aquexos murs
de cèlica harmonía.



Alta,
sublim, com la pregaria pía
Que en Santa Ponça los guerrers
alçaren;
Ampla, espayosa com la Fe que´ns daren,
Y l´ardent
Caritat qui los movía.

Les ones de la mar á sos peus
baten;
Lo Sol en gòtich torreonat flameja;
S´hi alberga baix
ses naus la nostra historia.

Oh majestat d´un Temps qu´ara
combaten,
Tu faç que exclame l´extranjer que´t veja:
¡Ésta
es Casa de Deu; ésta es la gloria!

Agost de 1881.





XXII



LA
CATEDRAL.

SONETO.



El
voto que, en medio de los revueltos mares, hizo á la Vírgen el Rey Conquistador, fué realizado en Palma por los ángeles de la Belleza:
éstos inspiraron a los maestros Morey y Salvá, la edificacion de
tan soberbios muros.
Alta es la Catedral, sublime, como la piadosa
plegaria que, en la batalla de Santa Ponza, elevaron á Dios los
guerreros peninsulares; ancha, espaciosa, como la Fe que nos dieron,
y la ardiente Caridad que los movía.



El
oleaje del Mediterráneo se retuerce á sus piés; el Sol flamea en
sus galerías de góticos torreones; bajo sus naves alberga la
historia mallorquina.
Oh esplendor de una Época hoy neciamente
despreciada, tú haces que el Extranjero artista exclame, al verte:
¡Ésta es Casa de Dios; ésta es la Gloria!


(V. nota 17.)

viernes, 6 de marzo de 2020

CÓDICES DE LA CATEDRAL DE TORTOSA

LOS CÓDICES
DE LA CATEDRAL DE TORTOSA, 



POR EL
Dr. D. RAMON O'CALLAGHAN,

Canónigo Doctoral de dicha Santa Iglesia,
Archivero del
Excmo. Cabildo, y por el Excmo. Ayuntamiento Cronista de Tortosa.

TORTOSA.
Imp. católica de José L. Foguet y Sales, Moncada,49.
1897.

//

Editado por Ramón Guimerá Lorente.

//

Sume tibi librum grandem, et scribe in eo.
Isaiae 8, 1.

//

En el Apéndice a los ANALES DE TORTOSA que publicamos hace poco, dedicamos un capítulo al archivo
de esta catedral, reseñando brevemente sus riquezas históricas.
Entre estas figuran de un modo muy distinguido los preciosos
Códices que posee, muchos de ellos admirables no sólo por su valor
histórico, sino también como objetos de arte, pues revelan la
altura que este alcanzó en los tiempos pasados. También son
dichos Códices un grande honor para la iglesia de Tortosa, porque
manifiestan la importancia y el poder que tuvo en aquella época, en
que invirtió cuantiosas sumas para adquirir estos libros; y el noble
anhelo que la distinguió por conservar y difundir el sagrado
depósito de la ciencia, que recibió con una mano de las
generaciones antiguas, y trasmitió con la otra a las que habían de
venir, las cuales agradecidas, no pueden menos de admirar este legado
que por todos conceptos es de un gran mérito. Para darlo a
conocer, supuesto que forma una de las mayores glorias de esta
iglesia, ofrecemos a nuestros amigos en este libro un catálogo o
reseña de sus preciosos Códices, tanto más interesantes en cuanto
se han conservado prodigiosamente al través de los siglos, y entre
las muchas vicisitudes que ha pasado esta ciudad, en las guerras,
sitios y trastornos de todas clases.

Tortosa enero de 1897.





I.

Introducción.- Inventario
de los Sres. Denifle y Chatelain.

La afición de cada día
mayor que se observa respecto a las investigaciones históricas, y el
estudio a que se prestan los datos ú objetos que con
frecuencia se descubren, han creado un sinnúmero de asociaciones,
destinadas exclusivamente a fomentar dichos descubrimientos y a
conservarlos.
Ciertamente que a estos trabajos de investigación
se puede aplicar con toda propiedad aquella máxima de los sagrados
libros: Colligite quae superaverunt fragmenta ne pereant.
Recojed los fragmentos que han quedado, para que no se pierdan.

La
facilidad y economía en los medios de comunicación de la época
actual, también ha sido un poderoso auxilio sobre este punto.
Calcúlense las molestias y dispendios que se debieron ofrecer al P.
Florez, cuando a mediados del siglo XVIII hubo de recorrer toda
nuestra nación para escribir su «España Sagrada». Lo mismo puede
decirse de la obra que con igual título escribió el P. Risco a
principios de este siglo, y del «Viaje literario a las iglesias de
España» del P. Villanueva.

Dada la actual facilidad de las
comunicaciones, se comprende que por todas partes se multipliquen los
viajes literarios. Concretándonos a esta catedral, han sido varias
las comisiones y personas particulares que con motivos científicos
la han visitado de algunos años a esta parte. Recordaremos el sabio
P. Fanla, Religioso italiano de la Órden de San Francisco,
que vino el año 1876 con objeto de recojer datos para la
colección de sermones de San Buenaventura que publicaba dicha Orden
religiosa. Posteriormente, el año 1878 estuvo aquí el muy ilustrado
Dominico P. Rivas, autor de la Historia eclesiástica que sirve de
texto en muchos Seminarios de España, quien junto con otro
Dominico
español examinó los Códices de este archivo, tomando notas de
grande interés sobre las obras de Santo Tomás de Aquino.

Dos
años después vino por primera vez a esta ciudad, con igual motivo
de inspeccionar las obras de Santo Tomás, el distinguido P. Enrique
Denifle, también Dominico, austríaco de nación, sub-Archivista
del Vaticano
, acompañado de otro Religioso francés de la misma
Orden. Ambos hicieron grandes elogios de los Códices que posee esta
iglesia. El año 1880 volvió otra vez el P. Denifle, tomando
interesantes apuntes, y fijándose de un modo especial en un Códice
del siglo XIII, que contiene la exposición del Credo o
Símbolo de los Apóstoles, obra del Dominico P. Raimundo
Martín, el cual Códice
además de su gran mérito, tiene la particularidad, según dijo el
P. Denifle, de ser el único ejemplar que ha visto en las
muchas bibliotecas que ha tenido ocasión de examinar.

En
1892 visitó este archivo y examinó los Códices, el sabio Jesuíta
alemán P. Guido Dreves, escritor de gran nota y censor de libros en
el colegio de Exacten, quien recorrió los archivos y bibliotecas de
España y de otras naciones, buscando datos para una obra de Liturgia
antigua que escribía, y según manifestó los halló de mucho
interés en los Códices de esta catedral. Al poco tiempo vino el
notable escritor, también Jesuita y alemán, P. Francisco Ehrle,
individuo del Consejo Directorio de la Biblioteca del Vaticano,
quien visitó esta iglesia y examinó el archivo, al efecto de
completar algunas noticias relativas al cisma de Occidente y
al llamado Papa Luna, sobre todo lo cual tenía muy adelantada
una obra histórica.

En 1894 visitó asímismo este archivo
un joven seglar inglés, llamado Arturo S. Hunt, a quien recomendaba
para los fines de su viaje literario la Universidad de Oxford, en
Inglaterra, según un documento que presentó librado por dicha
Universidad. El objeto de este viajero era tomar notas y hacer un
índice de los Códices para una obra que sobre esto debía
publicarse. Al efecto formó un catálogo numerado, expresando el
título del libro o Códice, siglo en que fue escrito según su
opinión, y alguna otra particularidad digna de notarse.

Pero
el trabajo de más importancia y de mayor mérito respecto a
clasificar los Códices, débese a los muy ilustrados Archivistas, el
citado P. Enrique Denifle, y D. Emilio Chatelain, francés de nación
y Bibliotecario de la Universidad de París. Estos dos notables
escritores visitaron el archivo y examinaron los Códices de esta
catedral a primeros de septiembre del año 1895. El P. Denifle los
conocía perfectamente pues esta era la tercera vez que venía a
Tortosa con este objeto. Así se explica el que a pesar de los pocos
días que emplearon en su cometido, el trabajo practicado por dichos
señores es muy perfecto según veremos.

Se edita en París
una publicación titulada «Revista de Bibliotecas, la cual como su
nombre indica, tiene por objeto dar a conocer todo lo más notable
que contienen las bibliotecas y archivos de Europa. Tal fue el
aprecio que aquellos distinguidos escritores hicieron de los Códices
de esta catedral, que formaron un Inventario muy completo de todos
ellos, clasificándolos por el siglo en que cada uno fue escrito,
haciendo sobre muchos Códices observaciones que aunque breves son de
grande interés y revelan un criterio superior.

El número de
dicha Revista correspondiente a los meses de enero y febrero de 1896,
se destinó exclusivamente a dar cuenta de los mismos. Forma un
cuaderno que se titula Inventarium Codicum manuscriptorum Capituli
Dertusensis
.

Le precede, escrito en elegante latín, un
prólogo que firman los dos ilustres archivistas. Dicen en él, que
era muy grande su deseo de examinar los Códices de esta catedral;
y que después de haber inspeccionado el archivo de la de
Barcelona
, vinieron a Tortosa a primeros de septiembre de
dicho año 1895, los días en que esta ciudad estaba engalanada,
reinando en ella la mayor animación con motivo de celebrarse las
anuales fiestas de la Virgen de la Cinta. Ello no obstante,
pudieron satisfacer cumplidamente sus deseos, examinando como querían
todos los Còdices de esta catedral.

Después de
expresar esto dan una idea general de los Códices y del sitio donde
están colocados, pareciéndoles bien los trabajos y dispendios que
se han hecho de pocos años a esta parte, a fin de asegurar por largo
tiempo la conservación de tan preciosos libros.



numero-códices-reseña-histórica

sábado, 27 de julio de 2019

EL SEÑORÍO DE ALBARRACÍN, VASALLO DE SANTA MARÍA


143. EL SEÑORÍO DE ALBARRACÍN, VASALLO DE SANTA MARÍA
(SIGLO XII. ALBARRACÍN)

 EL SEÑORÍO DE ALBARRACÍN, VASALLO DE SANTA MARÍA  (SIGLO XII. ALBARRACÍN)


Albarracín era aquel día una auténtica fiesta. Todos sus habitantes, bien moros bien cristianos, se habían lanzado a las calles y plazas. Tanto en la catedral como en las demás iglesias sonaban sin parar las campanas; en lo alto del castillo, la enseña de Albarracín ondeaba sin cesar al viento. Era media mañana y comenzó a llegar por la parte baja de la ciudad, junto al río Guadalaviar, la comitiva: nobles y guerreros, clérigos y monjes, escuderos y pajes... Detrás, en brioso corcel, cabalgaba don Pedro Ruiz de Azagra, señor de Albarracín.
Regresaba don Pedro de pelear al lado del rey de Castilla en tierra de moros. Ello equivalía a que la posible alianza que se cernía entre Castilla y Aragón contra el señorío de Albarracín había quedado abortada. Por eso aplaudía la gente al ver regresar a su señor, quien encaminaba sus pasos hacia la catedral, donde le iba a recibir el obispo Martín.
Se llenó el templo y buena parte de la gente no tuvo cabida. La Misa fue solemne. Cuando finalizó, Pedro Ruiz de Azagra tomó su espada por la empuñadura de piedras preciosas y oro y la depositó en el altar de la Virgen, a la vez que hacía solemne promesa de no reconocer sobre la tierra más vasallaje que el de Santa María, de modo que, en adelante, se llamaría a sí mismo «vasallo de Santa María y señor de Albarracín».
Rogó incluso don Pedro al obispo Martín que declarara a Santa María patrona de Albarracín, nombramiento que se hizo allí mismo, con la condición de que los albarracinenses hicieran voto público de acudir anualmente al santuario de Nuestra Señora de los Dolores, en la vecina población de Royuela. Don Pedro Ruiz de Azagra, así como todos sus caballeros, y los alcaldes y jueces, y todo el pueblo allí congregado aceptaron y juraron el voto, de modo que todos los años, el día de la Santa Cruz de mayo, las gentes de Santa María de Albarracín peregrinarían a Royuela para cumplir lo pactado.
Por fin, don Pedro Ruiz de Azagra volvió a tomar la espada que dejara sobre el altar y se la entregó al obispo Martín. Quería así dejar constancia de acatamiento y vasallaje a Santa María.

[César Tomás Laguía,  «La espada de don Pedro», en Leyendas..., págs. 130-131.]


César Tomás Laguía, don César, Torremocha



César Tomás Laguía, conocido como «Don César», fue un sacerdote católico, escritor e historiador español, nacido en Torremocha, municipio de la provincia de Teruel, en 1903 y fallecido en la ciudad de Teruel en 1979.

Estudió Latín y Humanidades, Filosofía y Teología en el Seminario Conciliar de Teruel, siendo ordenado sacerdote el 4 de octubre de 1925.

Como presbítero, ejerció de ecónomo en distintas parroquias de la diócesis de Teruel (Monteagudo del Castillo y Saldón), ejerciendo después como «Maestro de ceremonias» en la Santa Iglesia Catedral de Teruel.

http://www.patrimonioculturaldearagon.es/bienes-culturales/catedral-santa-maria-de-mediavilla-teruel

Canónigo archivero de la catedral de Teruel por oposición, desempeñó también la función de «Archivero Diocesano».

Durante el pontificado del obispo diocesano Fray León Villuendas Polo (1885-1968), fue nombrado «vicesecretario de Cámara y Gobierno» del obispado, y «examinador pro-Sinodal» (1947).

Posteriormente, obtuvo por oposición la cátedra de Historia Eclesiástica, Patrología y Liturgia Doctrinal en el Seminario diocesano de Teruel.

En tanto clérigo, fue un «sacerdote de gran espiritualidad, de reconocidas cualidades humanas y de una extraordinaria sensibilidad artística»;​ su gran pasión intelectual fue la investigación historiográfica, que el eminente archivero llevó a cabo de forma objetiva, rigurosa y metódica.

Gran parte de su trabajo como investigador fue publicado en la revista «TERUEL», órgano oficial del Instituto de Estudios Turolenses (IET), de la Excma. Diputación Provincial de Teruel, adscrito al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Su primera obra publicada en ese medio -«La erección de la Diócesis de Albarracín»- recibió el Premio del IET en el I Certamen de Albarracín (1953). En homenaje a su labor investigadora e historiográfica, la Revista le dedicó los números 55-56 (1976).

Publicaciones:

«El beato Joaquín Royo», en revista TERUEL 6 (1951), pp. 7-34. ISSN 0210-3524
«La erección de la Diócesis de Albarracín», en revista TERUEL 10 (1953), pp. 203-230. ISSN 0210-3524
«Notas para la historiografía de Albarracín», en revista TERUEL 11 (1954), pp. 33-55. ISSN 0210-3524
«Leyendas y Tradiciones de la Sierra de Albarracín», en revista TERUEL 12 (1954), pp. 123-148. ISSN 0210-3524
«Las capillas de la catedral de Albarracín», en revista TERUEL 14 (1955), pp. 147-186. ISSN 0210-3524
«Breves notas sobre el arquitecto Pierres Vedel y familia», en revista TERUEL 20 (1958), pp. 113-119. ISSN 0210-3524
«La iglesia de Teruel en la guerra de la Independencia», en revista TERUEL 21 (1959), pp. 136-222. ISSN 0210-3524
«Las capillas de la catedral de Teruel», en revista TERUEL 22 (1959), pp. 5-159. ISSN 0210-3524
«La geografía urbana de Albarracín», en revista TERUEL 24 (1960), pp. 5-127. ISSN 0210-3524
«Breves noticias históricas sobre la fundación de la colegiata de Rubielos de Mora», en revista TERUEL 27 (1962), pp. 149-165. ISSN 0210-3524
«La casa de la Brigadiera (Albarracín)», en revista TERUEL 28 (1962), pp. 199-204. ISSN 0210-3524
«Las iglesias de la diócesis de Albarracín», en revista TERUEL 32 (1964), pp. 5-173. ISSN 0210-3524
«Origen de la Casa de la Misericordia de la ciudad de Teruel», en revista TERUEL 34 (1965), pp. 5-122. ISSN 0210-3524
«Fuentes para la historia de Cella», en revista TERUEL, 38, (1967), pp. 5-130. ISSN 0210-3524
«Notas para la geografía urbana de la ciudad de Teruel», en revista TERUEL 42 (1969), pp. 71-94. ISSN 0210-3524
«Índice de los documentos en papel del Archivo de la Catedral de Teruel, correspondientes a los siglo XII, XIII, XIV y XV», en revista Teruel 48 (1972), pp. 16-156. [Este trabajo ha tenido continuidad merced a unos admiradores del autor, que publicaron los documentos correspondientes al siglo XVI (1978), teniendo prevista la publicación del material correspondiente hasta el siglo XX)].
«Notas y documentos artísticos culturales sobre Teruel Medieval» [en colaboración con Santiago Sebastián López], en revista TERUEL 49-50 (1973), pp. 67-109. ISSN 0210-3524
«Sellos del archivo de la S.I. Catedral de Albarracín», en revista TERUEL 52 (1974), pp. 41-51. ISSN 0210-3524
«Fuentes para la historia del Alto Maestrazgo», en revista TERUEL 57-58 (1977), pp. 135-181. ISSN 0210-3524
Libros
Catálogo de los pergaminos y documentos insertos en ellos existentes en el Archivo de la S.I. catedral de Teruel (1953), Edita Instituto de Estudios Turolenses (IET), Teruel. ISBN 978-84-00-02342-3
Catálogo de la sección de pergaminos del Archivo de la S.I. Catedral de Albarracín (1955), Instituto de Estudios Turolenses, Teruel. ISBN 978-84-00-01446-9
La insigne colegiata de Santa María de Mora de Rubielos (1964). Edita el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). ISBN 978-84-00-00988-5
La desmembración de las Iglesias de Albarracín y Segorbe (1965). Instituto de Estudios Turolenses de la Diputación Provincial de Teruel (CSIC), Teruel [Discurso leído por el autor, en el acto de su recepción en la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de Zaragoza]. ISBN 978-84-00-00989-2

  • Mateu Ibars, Josefina y Mª Dolores (1991). Texto y transcripciones, Universidad de Barcelona, ed. Colectánea paleográfica de la Corona de Aragón. Siglos IX-XVIII. Barcelona. ISBN 84-7528-694-1.
  • Sánchez Garzón, Alfredo (2000). Ayuntamiento de El Cuervo, Teruel, ed. Aproximación histórica: La villa de El Cuervo y su parroquial. Valencia. ISBN 84-931563-1-0.