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sábado, 20 de junio de 2020
209. EL TESORO DE EL CASTELLAR

jueves, 9 de enero de 2020
Leyenda, Orihuela del Tremedal, milagro
https://orihueladeltremedal.wordpress.com/2011/01/28/el-milagro-del-pastorcillo/
La Virgen dice al pastorcillo que tiene hambre, instándole para que comparta con ella la comida que lleva en el zurrón.
Y cuando maniobra con su mano única para sacar de la bolsa su torta, la Virgen le detiene con una mirada, diciéndole, con esa mano no, con la otra.
El pastor le dice “cuánto diera yo por tener la otra, que ahora me falta”, pero la Virgen insiste, decidido mete su muñeca derecha en el zurrón y al sacarla de nuevo está la mano en su lugar.
Rendido de gozo y de emoción se postra a los pies de la Señora para darle las gracias por el bien recibido y pedirle cuenta de cuanto desee, que él lo realizará en el momento.





https://pcisa.wordpress.com/2018/01/27/la-leyenda-de-la-aparicion-de-la-virgen-del-tremedal/
http://www.sipca.es/censo/1-INM-TER-031-174-003/Santuario/de/la/Virgen/del/Tremedal.html
sábado, 27 de julio de 2019
PEDRO FERNÁNDEZ DE AZAGRA, MILAGROSAMENTE ILESO
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| Imagen de Traveler (cascada del ángel) |
intemperie. Era una noche oscura y el ruido en el exterior era infernal, fruto de la tormenta que se había desatado al caer la tarde, al que se sumaba el rumor de las cascadas del río Piedra.
Mientras, el señor de Albarracín, don Pedro Fernández de Azagra, que iba desde Molina camino de Calatayud, se hallaba perdido en el fondo de un barranco. El caballero daba voces para localizar a sus
escuderos, pero todo era en vano: ni Diego, ni Beltrán ni Garci-Pérez le contestaban.
Estaba completamente solo en medio de la tempestad.
Desde allí pudo oír el ruido tumultuoso de un torrente, aunque no lo veía, a pesar de los destellos continuos. Cabalgó perdido por el monte durante mucho rato, quizás horas, hasta que oyó el tañido de una campana que debía tocar a maitines, lo que le situó hacia las dos de la mañana. Guiado por sus sones, dirigió hacia allí a su montura, mas hubo un momento en el que el caballo se negó a caminar en aquella dirección, dando una vuelta en redondo.
podía tocar con la mano, pero el caballo se negaba a andar en aquella dirección. Ante la actitud de su montura, se guareció al calor de una oquedad y decidió esperar al alba. Cuando despertó de su inquieto sueño despuntaban ya las primeras luces y pudo situarse: estaba en el monte de la Lastra, que conocía bien, con el monasterio de Piedra en frente, pero separado de él por un profundo valle y las aguas tumultuosas del río Piedra crecido por la tormenta.
pues sin duda había intercedido por él, decidiendo que cuando muriera lo enterraran allí.
El monje que rezaba en el camastro de su celda por los caminantes se sintió reconfortado.

