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domingo, 12 de mayo de 2019

LA RECONQUISTA DE MONREAL DEL CAMPO

2.65. LA RECONQUISTA DE MONREAL DEL CAMPO (SIGLO XII. DAROCA)
 
Una tarde, Beatriz lloraba desconsoladamente. Junto con Sancho de Ravanera, su hermano, escuchaba preocupada al pregonero. En nombre del señor darocense, Alvar Pérez de Azagra, estaba haciendo un llamamiento para ir a la guerra contra el moro. Sancho, que decidió acudir para ir a tierras de Monreal, llevó a Beatriz a la grupa de su caballo hasta Báguena, donde se quedaría en casa de su tío Martín de Ravanera. Luego se unió a la expedición.
 
LA RECONQUISTA DE MONREAL DEL CAMPO (SIGLO XII. DAROCA)
 
Durante mucho tiempo, Sancho guerreó contra los musulmanes por tierras de Teruel hasta llegar a Sagunto siendo uno de los más distinguidos: tomó un castillo, dio muerte a su alcaide y varios servidores y cogió prisionera a una hermosa joven mora que, según averiguaciones posteriores, resultó ser hija
de Abén-Gama, antiguo régulo de Daroca. Se enamoró de la muchacha y callando el secreto de querer casarse con ella, la llevó a Báguena para que su hermana la instruyera en la religión cristiana.
El resultado fue la fijación del día del bautismo para cuando regresara Sancho.
 
Enterado Abén-Gama del paradero de su hija, hizo una incursión por tierras de Báguena, lo que obligó a
Ramón Berenguer IV a retirar la frontera de Monreal y retrasarla a Daroca. El caudillo moro tomó Báguena y, tras dar muerte a sus heroicos defensores, se llevó a su hija y a Beatriz. A ésta la mató y a su hija, que le confesó el deseo de convertirse al cristianismo, la encerró en una mazmorra, encargando de su custodia a un feroz sarraceno, que la forzó. No obstante, antes de morir, un ángel le administró las aguas del bautismo.

Con la paz, Daroca era un ir y venir de gentes. Se construían iglesias, se empedraban calles, se reparaban
las murallas. Sancho reposaba del fragor de la batalla sin saber nada de Beatriz ni de la mora. Indagó entre las gentes, mas nadie sabía nada. Pero al llegar a una plaza, un juglar recitaba una historia que llamaba «el romance de la mora». Al contarla, Sancho reconoció a su hermana y a su amada. Le preguntó al juglar dónde había oído aquella historia y éste le dijo que lo narraban aldeanos turolenses fronterizos con los moros.

Sancho de Ravanera ingresó en la Orden del Temple y, junto a Ramón Berenguer IV, estuvo en la reconquista de Monreal. Hasta que, en una de sus correrías, tuvo la oportunidad de apresar a
Abén-Gama, a quien dio muerte para vengar a las dos mujeres de su vida.
 
[Beltrán, José, «El Templario», en Tradiciones y leyendas de Daroca. Daroca, 1929.]
 
 
 
https://www.researchgate.net/profile/Maria_Luz_Rodrigo-Estevan/publication/247161647_La_ciudad_de_Daroca_a_fines_de_la_Edad_Media_Seleccion_Documental_1328-1526_2000_1_El_sistema_defensivo_en_la_frontera_con_Castilla/links/00b4951dbfb93bb366000000/La-ciudad-de-Daroca-a-fines-de-la-Edad-Media-Seleccion-Documental-1328-1526-2000-1-El-sistema-defensivo-en-la-frontera-con-Castilla.pdf?origin=publication_list


https://es.wikipedia.org/wiki/Monreal_del_Campo

No os perdáis las mentiras de la serie Knightfall, sobre los Templarios.

 
Y aquí otro video de catalanistas idiotas que no saben ni mirar en la wikitrolas.cat para ver quién era rey de Aragón, Navarra, Francia en esa época.  
 
Aquí una bula inédita

domingo, 8 de marzo de 2020

83-93

83.
DICCIONARIO DE NOMBRES DE LA SAGRADA ESCRITURA Y DE LA TEOLOGÍA. Un volumen en 4.° en pergamino,
de 242 páginas. Es de últimos del siglo XII o de principios del
XIII. No consta el autor. Aunque el contenido de este Códice está
en forma de diccionario, no hay como en los otros Códices que hemos
reseñado, letras iniciales que indiquen el orden alfabético; de
modo que se ha de conocer por las mismas iniciales del texto, aunque
están bien marcadas y todas son de color. 


Algunas hojas del principio y del fin se hallan muy deterioradas por la acción del tiempo, y apenas son legibles. Lo demás del Códice está bien
conservado.


84.
RITUAL DE VARIAS BENDICIONES, Y DE LOS SACRAMENTOS, ETC.
Un volumen en folio, en pergamino, de 151 páginas. Según parece, este libro
debía estar reservado para ciertos actos muy solemnes, pues se
distingue por la magnificencia con que se halla escrito, en
caracteres muy grandes, estando además adornadas las letras del
principio de cada párrafo u oración.
Después de las fórmulas
o preces para bendecir el agua los domingos y
demás días que convenga, está la bendición de la pila
bautismal
, y la administración del Sacramento del Bautismo,
del Matrimonio y de la Extrema-Unción; siendo muy de
notar, que en aquel tiempo el bautismo aún se administraba en
esta iglesia por inmersión.
Al final está el oficio de
difuntos, y el Consueta o explicación de todo lo que debía
practicarse en las exequias de los Sres. Capitulares.


85.
LA REGLA DE SAN AGUSTÍN. Un volumen en folio en
pergamino, de 472 páginas. Es del siglo XIV. Como los canónigos de
esta catedral vivían antiguamente según la regla de San Agustín,
este libro debía tener en aquel tiempo mucha importancia. También
contiene la fórmula de la admisión y profesión de
los canónigos, y la exposición de dicha Regla, por
Lorenzo de San Rufo.
Después de esto se halla el
Martirologio que se leía antiguamente en esta catedral, donde
se ven muchas adiciones en el margen, que son de fecha posterior.

Por último hay el Necrológio de los Obispos y Canónigos
de esta iglesia. Pero aunque se titula así, también están
apuntadas las defunciones de algunos sacerdotes y otras
personas bienhechoras de esta catedral, expresándose los
aniversarios que debían celebrarse por sus almas.
Este repertorio no solamente ofrece mucha curiosidad, sino además es de
grande valor histórico.

86.
SAN AGUSTÍN Y RICARDO DE SAN VÍCTOR.
Un volumen en 4.° mayor prolongado, en pergamino, de 512
páginas. Es del siglo XIII. Este Códice que fue foliado en época
más reciente, contiene los siguientes tratados de San Agustín.
Sobre la inmortalidad del alma, hasta el folio 5. De la fé, a Pedro
Diácono, hasta el folio 17; después sigue la exposición del
Símbolo. En el folio 18 comienza el Enchiridion hasta el
folio 33. Del libre alvedrio, hasta el 59. Super Génesi ad
litteram
, los doce libros, hasta el folio 124. De spiritu et
littera
, hasta el 136. Contra los Pelagianos hasta el 153.
De diversas cuestiones, hasta 178. De bono conjugali, hasta el 184. Y
de nuptiis et concupiscentia, ad Valerium Cómitem.
Sigue luego
el tratado de la Trinidad, de Ricardo de San Víctor, que
comprende hasta el folio 229, donde principian los cuatro libros de
San Agustín de Doctrina christiana, hasta el fin.
Se
conoce que este Códice debió utilizarse hasta tiempo muy moderno,
porque además de que la foliación está en números arábigos,
contra la costumbre de las foliaciones antiguas que están en números
romanos, hay algunas notas al margen de letra cursiva, que no
releva (revela) más de un siglo y medio de antigüedad.

Las iniciales de cada uno de los tratados en que se divide este
Códice están adornadas con muy buen gusto.
Antes de comenzar el
texto hay una hoja escrita con caracteres modernos, dando noticias
históricas y críticas sobre dichos libros.

87. SERMONES DEL
PAPA INOCENCIO III. Un volumen en 4.° prolongado, en pergamino, de
140 páginas. Es del siglo XIII. Hay un prólogo con una hermosa
inicial, que comienza así traduciéndolo del latín: «Inocencio
Obispo, Siervo de los Siervos de Dios. Al amado hijo Amaldo,
Abad Cisterciense, salud y Apostólica bendición.

Después del prólogo principian los sermones por las dominicas
de Adviento. También hay algunos panegíricos de
Santos y sermones de varias materias morales.
Los asuntos están señalados con mucha claridad antes de cada sermón
con letras encarnadas.
Al principio de este Códice hay dos
hojas, que por la letra y por su contenido se comprende que debían
ser de algún otro libro.


88. CUESTIONES DE FILOSOFÍA.
Un volumen en 4.°, mayor, en pergamino, de 312 páginas. Es del
siglo XIV. Este Códice no tiene división de materias, ni siquiera
están señaladas las distinciones, como en los otros Códices, con
números en el margen o con letras. Únicamente se conoce la
separación del asunto, en que la letra inicial del párrafo es más
grande y está adornada.
Hay foliación hasta la hoja 120, donde
concluyen las cuestiones de Filosofía. Después sigue un diccionario
muy extenso de los cuatro libros del Maestro de las Sentencias.
Por
lo que se observa en este Códice y en otros, en aquel tiempo era
algo frecuente escribir en un mismo libro obras de dos o más
autores.

89. TRES CODLIBETOS DE FRAY HORVEO NATEL BRITON. Un
volumen en 4,° prolongado, en pergamino, de 138 páginas. Es de
principios del siglo XIV. En la parte superior de la primera página
hay esta inscripción en castellano y en letra moderna:
«Tres Codlibetos del Maestro Horveo, Inglés» Probablemente
este último nombre indica la patria del autor. En las notas que hay
al fin de cada codlibeto nada consta sobre esto, aunque se consignan
algunos datos. Dice así una nota copiada del latín. «Concluye el
primer codlibeto de Fray Horveo Natal Briton, de la orden de
Frailes predicadores. Doctor en Teología» Deo
gratias. En el segundo codlibeto se dice lo mismo. Después del
tercero hay una especie (especio en el original) de índice de
otra época y de diferente letra. Este Códice no está foliado; pero
los codlibetos se señalan con números en la parte superior de cada
página. En el margen hay algunas notas muy antiguas.

90.
REGLA DE SAN AGUSTÍN. Un volumen en 4.°, mayor, en pergamino, de
282 páginas. Es del siglo XII. Este Códice es parecido al del n°
85, aunque es mucho más antiguo. Además de la Regla de San Agustín,
también contiene la exposición de la misma por Lorenzo
de San Rufo
, y el Martirologio. Al fin de este hay
una hoja de un antiguo Calendario; se conoce que las demás hojas
fueron cortadas. Sigue después el Necrológio de los Obispos,
Canónigos, y otras personas bienhechoras de esta
iglesia.
Al principio, o sea en los folios 6 y 7, se halla un
documento muy curioso bajo el punto de vista histórico. Es un
escrito firmado y signado por el Obispo D. Ponce de
Torrella
, y por varios Canónigos y Dignidades de
esta iglesia, el año 1225, estableciendo cuando vivían todos
en comunidad, lo que debía darse en la mesa para comer
según los diversos tiempos del año.
También hay una nota de
letra muy antigua, en la parte superior de la página donde comienza
el Martirologio, que dice así, traduciéndola del latín: «Libro de
Santa María (aludiendo al título de esta catedral) Si alguno lo
quitare, sea anatema.»

91. COFRADÍA DE NUESTRA SEÑORA DE
LA CINTA. Un cuaderno en papel, escrito en letra cursiva.
Es del siglo XVII. No se sabe el motivo de haberse puesto este
cuaderno junto con los Códices antiguos. Aunque forma un volumen,
regular, sólo hay escritas doce hojas. Se comprende que tenía por
objeto anotar todo lo referente a la Cofradía de la Santa Cinta,
y a las funciones religiosas con que se honraba la Sagrada Reliquia.

Principia por un resumen de la Bula del Sumo Pontífice Paulo
V
concediendo varias indulgencias a los Cofrades;
luego siguen por orden alfabético diferentes notas relativas a la
fiesta de la Santa Cinta, gastos de la misma, etc.

92.
CANTORAL PARA LA SEMANA SANTA Y OTRAS FESTIVIDADES. Un volumen en 4°
en pergamino, de 194 páginas. Es de últimos del siglo XIII o de
principios del XIV. Contiene las Letanías de los Santos, y la Misa
para los tres días de las Rogativas que se celebran antes de la
Ascensión. Dicha Misa está con notas de canto llano, así como
algunos Evangelios y la mayor parte de lo que se canta en las
funciones de Semana Santa. También contiene la fórmula antigua de
admitir en la iglesia a los penitentes, o sea a los pecadores
públicos después de haber cumplido la penitencia
canónica que se les había impuesto. Y por último están las
oraciones para la consagración de los Santos Óleos en
el Jueves Santo.

93. Misal. Un volumen en 4° en
pergamino, de 224 páginas. Es del siglo XII. Este Misal es muy
parecido a los de los números 10, 11 y 56. Al principio hay dos
hojas que debían pertenecer a otro libro. La oración de San
Francisco de Asís
está añadida en el margen, de letra
distinta, posterior a la del Misal.
Según la costumbre de los
Misales de aquel tiempo, este también tiene en los dos folios antes
del Cánon, dos figuras, una que representa al Salvador, y otra que
representa a Cristo. Dichas figuras son una verdadera especialidad en
su clase por la rareza de los dibujos.



94-99


100-110, HORACIO, CARTA DE SANTIAGO,

100.

HORACIO. Un volumen en 8.° en pergamino, de 262 páginas. Es del
siglo XI. Al principio y al fin le faltan algunas hojas.
Tratando de este Códice los Sres. Denifle y Chatelain, dicen que es
sin duda el más antiguo de España que contiene las obras de
Horacio, pues algunos manuscritos de la misma obra que
se conservan en la Biblioteca del Escorial son del siglo XIII y posteriores.
Llaman la atención en este antiguo Códice la multitud de glosas o notas puestas en el margen y entre las líneas, tan diminutas, que admira cómo pudieron escribirse.

Al principio de cada uno de los libros en que se divide esta obra de Horacio, hay una viñeta de muy buen gusto, estilo de aquel siglo. Pero se distinguen principalmente las que se ven al principio del libro dirigido a Mecenas, y al comenzar el «Arte poètica.»

101. LA CARTA DE SANTIAGO, Y CONCORDANCIAS DE LAS CARTAS DE SAN PABLO.
Un volúmen en 4.° en pergamino, de 370 páginas. Es del siglo XII. Este Códice se divide en tres partes, que se escribieron en diversas épocas.
La forma del escrito
de la carta de Santiago es completamente distinta de los
otros. Luego sigue una especie de repertorio, que comprende dos o
tres folios, donde se indican algunos asuntos de los que San Pablo
trata en sus cartas. Por último, y esto ocupa la mayor parte
del libro, están las Concordancias de las cartas de San Pablo,
con una introducción general de Rábano Mauro.
En este
tratado no hay división alguna. Únicamente se distingue la
separación de cada asunto o carta por medio de una inicial muy
grande de color encarnado, con algún sencillo dibujo. Al principio
de este Códice hay una nota, que también se lee en algún otro.
Dice así: «Este libro es de Santa María Dertusense. Si
alguno lo quitare, sea anatema.»

102. FORMA DE VISITAR A UN HERMANO ENFERMO.
Un volumen en 4.°, en pergamino, de 260 páginas.
Es del siglo XIV. Como en aquel tiempo los canónigos de esta
catedral vivían en comunidad, además de los ritos generales había
algunas prácticas especiales de esta iglesia.
En este Códice se expresa en muy grandes letras todo lo que debía practicarse cuando se tenía que administrar la Santa Unción a un Capitular, así como la recomendación del alma y demás hasta
darle sepultura. También está el oficio de difuntos.

Es muy curioso por lo que se refiere a la parte antigua
histórica, lo que dice este Códice desde el folio 122 hasta su
conclusión. Se explica allí lo referente a la procesión que
se hacía por la catedral y el claustro en la mañana
del día de difuntos; y con este motivo se dan noticias de
mucho interés histórico. Se dice, que la procesión primeramente
irá al lugar donde estaban los sepulcros de los Obispos;
después pasará al de los sepulcros de los canónigos;
luego seguirá por la parte donde se hallaba el granero, y
entrará por el claustro a la casa donde residían en
comunidad los canónigos; volviendo después al claustro,
y dirigiéndose a la parte de detrás del altar de Santa
María
, (el ábside) cantando una absolta en cada
uno de dichos puntos.
También se cita una puerta llamada
septentrional, y otra occidental.
Al principio de
este Códice hay algunas hojas truncadas que se refieren a la
administración del sacramento del bautismo.

103. SAN GREGORIO PAPA. Un volumen en 8.° en pergamino, de 218 páginas. Es
del siglo XII. Contiene la exposición del libro de las Parábolas,
del Eclesiástes, Sabiduría, Josuè, Jueces, Reyes, Números, Éxodo,
Gènesis, y algún otro. Al fin hay un breve comentario sobre un
libro que se titula de «Jesús de Sirach». Tal debe ser el
nombre del autor, porque después dice: Explicit liber Iesu
fili Sirach.
Son de notar en este Códice algunas
hojas del principio y del fin, de letra cursiva muy antigua, y de una
pequeñez y claridad admirables. Los epígrafes de cada exposición
están señalados con letras encarnadas. En los últimos libros hay
un índice al principio. En uno de los últimos folios se ve un
espacio de unas dos líneas, con signos muy extraños que parecen de
música.

/ Nota:
https://archive.org/details/VetusLatina112SirachEcclesiasticus/page/n8/mode/2up
aparece Sirach (Ecclesiasticus) /

104. SERMONES
PANEGÍRICOS. Un volumen en 8.° en pergamino, de 688 páginas. Es
del siglo XIV. Contiene panegíricos de los Santos más
principales, y de algunas festividades y Misterios. Al principio hay
dos índices. Uno alfabético, y otro en el que están según el
orden del calendario, los nombres de los Santos y Misterios cuyos
panegíricos se hallan en este libro, expresando los folios que
comprenden. En algunos hay dos o más sermones.
Los asuntos
conforme a la costumbre de estos Códices, se indican en el texto con
letras encarnadas. En la primera página hay una nota de letra más
moderna, que dice «Sermones» y después «Número 15». Lo
que prueba que en algún tiempo ya se formó inventario de estos
libros.

105. HUGO DE SAN VÍCTOR. Un volumen en 4.° en
pergamino, de 149 páginas. Es de principios del siglo XIII. Contiene
las cinco septenas, quinque septenas, del expresado
autor, que comprenden hasta la página 9, al fin de la cual hay una
nota que traducida dice: «Concluye Hugo sobre las cinco
septenas.» Después hay unos soliloquios del mismo autor; la
exposición de algunos salmos de David; y un tratado
sobre algunas cuestiones del antiguo testamento. No hay
foliación ni índice.
Aunque el autor solamente se titula Hugo,
y hay varios escritores de este nombre, estos tratados pertenecen a
Hugo de San Víctor, Religioso de la Abadía de San Víctor
de París
; por ello sin duda se le aplicó este nombre. Falleció
dicho escritor a mediados del siglo XII.

106. SAN GREGORIO MAGNO. Un volumen en 4.° en pergamino, de 270 páginas. Es de
principios del siglo XIII. Contiene las Homilías de
dicho Santo Padre. La primera es sobre el Evangelio que se canta el
Domingo de Ramos antes de la bendición de las palmas y ramos; y la
última se titula in natale virginis.
Después de estas
Homilías siguen varios sermones de Santos en idioma Provenzal,
que por los siglos XIII y XIV fue la lengua literaria en el Reino de Aragón, o sea el peculiar lenguaje de nuestro pais.

Dichos sermones, que comprenden 30 folios, hacen muy notable este
Códice por el idioma Provenzal con que están escritos; de
tal modo que en poco tiempo se han recibido cartas de algunos
centros literarios del extrangero, pidiendo copias
y noticias de este curioso escrito Provenzal, único
que existe en los Códices de esta iglesia.

107. BOECIO Y
ARISTÓTELES. Un volumen en 4.° en pergamino, de 594 páginas. Es de
últimos del siglo XIII o de principios del XIV. Contiene los Tópicos
de Boecio. Con este nombre se designaba en la filosofía
antigua cierto método o forma de argumentar.
Antes de esto hay un tratado con figuras de geometría; al
principio le faltan algunas hojas.
Después siguen los Tópicos
de Aristóteles, donde se ve gran multitud de notas en el
margen y en medio de las líneas. Merece notarse una curiosa tabla,
en la que se explica todo lo referente a la conversión de las
proposiciones, por un método sumamente ingenioso.
También hay varias figuras o líneas para aclarar y hacer comprender
lo que se explica en estos tratados.
Al principio de algunos de
los libros en que se divide la materia de este Códice hay un blanco.
Es porque se dejó la letra inicial para adornarla, según la
costumbre de aquel tiempo, y no llegó a verificarse. Esto manifiesta
que un amanuense era el que escribía el Códice,
y otro ú otros los que se empleaban en los dibujos de las
letras.

108. JUAN BIRIDAN Y ALBERTO DE SAJONIA. Un volumen de
400 páginas, escrito en cartulina. Es del siglo XIV. Contiene las
cuestiones sobre el arte antiguo, de Juan Buridan, que
fue profesor de la Universidad de París, y adversario
muy hábil y constante del realismo. El tratado de éste
comprende hasta el folio 44.
Después están las cuestiones
logicales
de Alberto de Sajonia, que comprenden hasta el
fin. No hay división de títulos en este Códice, ni epígrafes que
indiquen los asuntos. Todas las cuestiones se distinguen con simples
apartados, faltando en algunos la letra inicial que se dejó para
dibujar, y no llegó a hacerse esto.

109. SERMONES. Un tomo
en 4.° en pergamino, de 450 páginas. Es del siglo XIII. No consta
quién es el autor. En la distribución de los sermones hay poco
orden, pues están intercalados los sermones de los Misterios
con los de la Santísima Virgen y con los panegíricos
de Santos; y como no hay índice, para registrarlos se
debe recurrir al epígrafe de cada sermón, que está
(esta en el original) señalado con letras encarnadas.
En algunos
asuntos hay más de un sermón. El final no está completo. Al
principio de este Códice se ve un número de letra más moderna; lo
cual prueba lo que hemos dicho tratando de algún otro Códice,
respecto a que en los tiempos pasados se formó inventario de
estos libros.

110. SUMA O COMPENDIO DE LA PENITENCIA. Un
volumen en 4.° en pergamino, de 273 páginas. Es del siglo XIV. Este
Còdice comprende varios tratados de distintos autores,
relativos todos a la penitencia. Primero hay algunas
instrucciones sobre la administración del sacramento de la
penitencia
. A esto sigue un epígrafe que traducido dice:
«Principia el libro de las meditaciones de San Bernardo de
Claraval
.» Luego hay otro tratado que se titula así:
«Principian las meditaciones de San Agustín, Obispo de Hipona
Sigue otro que dice: «Principia el libro de los Soliloquios de
San Isidoro
.» Después otro que comienza de este modo:
«Principian los tres libros de Próspero sobre la vida
contemplativa y activa.
Sin duda por la relación que tienen con
las materias de este Códice, se añadieron los siguientes opúsculos.
Uno cuyo epígrafe dice: «Principia la útil ocupación de
Anselmo, que se titula, Misericordia de la Pasión del
Señor
.» Después hay una oración de San Bernardo. Y por
último un oficio o rezo de la Pasión del Señor,
que es distinto del que se usa actualmente.
Al principio de la
primera plana hay una nota escrita con la misma letra que el Códice,
la cual traducida dice así: «Este libro es de Santa Maria de
Tortosa
. Si alguno lo quitare, sea anatema.» La forma de dicha
nota manifiesta que este Códice fue escrito para esta iglesia.
Al final está en letras encarnadas hechas con cierto capricho y buen
gusto, lo que solía ponerse en algunos Códices: «Este libro se ha
escrito; el que lo escribió sea bendito.»

130-139

130.
EXPOSICIÓN DEL APOCALIPSIS DE SAN JUAN. Un volumen en 4.° mayor, en
pergamino, de 550 páginas. Es del siglo XII. No consta el autor.
Aunque no es muy suntuoso este Códice, en su clase es de los que se
escribieron con más gusto, siendo de admirar lo bien conservado que
está no obstante su grande antigüedad. 



Al principio tiene un
prólogo. Después sigue la exposición del Apocalipsis, del modo que
los autores de épocas más recientes acostumbran expositar
los libros de la Sagrada Escritura; esto es, insertando primeramente
uno o más versículos del texto, y poniendo luego la exposición. En
este Códice el texto del Apocalipsis está escrito con bellísimas
letras encarnadas. En el margen se anotan los libros sagrados a que
hacen referencia las citas de la exposición.
Al fin hay una nota
que dice haberse puesto la pena de excomunión al que quitare
este libro (que es de la iglesia de Santa María), o lo poseyere
injustamente por cualquier modo furtivo.
Y concluye con un breve
tratado de San Agustín, que se titula de Córpore et Sanguine
Christi
.

131. RITUAL DE LA IGLESIA DE TORTOSA. Un
volumen en 4.° mayor prolongado, en pergamino, de 234 páginas. Es
del siglo XV. Por razón del objeto a que estaba destinado este
libro, fue escrito en caracteres muy grandes. Además de lo referente
al Sacramento del bautismo, y a otros actos parroquiales, contiene la
consagración de los santos Óleos, el lavatorio del Jueves Santo, la
bendición de las palmas, etc.
También hay otras bendiciones.
Entre ellas está la de cordero de Pascua, que solía practicarse en
algunas casas; la bendición del báculo o bastón
antes de emprender un largo viaje, etc.

132. RICARDO DE SAN
VÍCTOR. TRATADO DEL SUEÑO MÍSTICO DEL REY NABUCODONOSOR.
Un
volumen en 4.° mayor, en pergamino, de 248 páginas. En el primer
folio hay un índice de todos los puntos o materias que comprende
este tratado. El folio segundo donde principia el texto tiene una
sencilla y bonita orla. Los capítulos se indican en el margen con
números romanos, estando las iniciales adornadas con dibujos.

Concluido este tratado sigue otro muy breve exponiendo el sentido
de varios nombres. Y al fin está la exposición de las peticiones de
la oración dominical.

133. PONTIFICAL. Un volumen en 4.°
mayor, en pergamino, de 481 páginas. Es del siglo XIII. Está
escrito con caracteres muy grandes, y adornado con profusión de
dibujos, orlas y viñetas; lo cual se comprende atendido el servicio
que debía prestar este libro, destinado para las funciones
pontificales, como ordenaciones, consagraciones, etc.
Pero lo que
llama la atención principalmente son las orlas de muchas páginas,
así como el gran número de letras iniciales con dibujos; y algunas
viñetas donde compite el capricho con el buen gusto, las cuales a
pesar de su mucha antigüedad conservan perfectamente los colores y
dorados.

134. METAMÓRFOSES DE OVIDIO. Un volumen en
4.° prolongado, en pergamino, de 234 páginas. Es del siglo XII.
Este curioso libro se halla completo, y no obstante el mucho uso que
se conoce haberse hecho del mismo, se conserva en muy buen estado.
Todos los versos de Ovidio están seguidos, sin separación ni
división, si se esceptúa alguna inicial grande que se ve en el
texto, aunque son muy pocas.
Hay un sinnúmero de notas de letra
muy pequeña en el margen y aún entre las líneas. Al final hay una
nota que traducida dice; «Concluye el Metamòrfoses de
Ovidio». Siguen después cinco o seis versos, y luego una nota sobre
el número de versos que contiene este libro.

135. LIBRO DE
LA ANTIGUA LITURGIA DE LA CATEDRAL DE TORTOSA. Un volumen en 4.°
mayor prolongado, en pergamino, de 286 páginas. Es de últimos del
siglo XII o de principios del XIII. Este Códice contiene algunos
cantos con notas de música, que antiguamente solían intercalarse en
el canto litúrgico de la Misa. Indicaremos algunos, traduciéndolos
del latín, para que se pueda formar idea.
Al cantar los Kyries
se intercalaba lo siguiente:
«Sumo Dios, que todo lo crías. Tú,
Cristo, espejo del Padre. Espíritu divino, que procedes de ambos.
Ten piedad de nosotros.»
En la Misa de la Virgen, al Gloria, se
intercalaba esto.
«Primogénito de la Virgen María, que quitas
los pecados del mundo. Ten piedad de nosotros. Tú, que estás a la
diestra del Padre, para gloria de María. Pues que Tú sólo eres
Santo, que santificas a María. Tú sólo eres Señor, que gobiernas
a María. Tú sólo eres Altísimo; que coronas a María.»
Al
Agnus Dei se intercalaba lo que sigue:
«Cordero de Dios, que
quitas los pecados del mundo. A quien recibió María como rocío,
conservando su candor virginal. La planta nos dio una flor en la que
está nuestra salvación. Ten piedad de nosotros.»
Hay
muchísimos cantos, y todos por el estilo; de ahí que este libro sea
curiosísimo. Aunque le faltan algunas hojas al principio y al fin,
lo demás está muy bien conservado. Este Códice es el único de
esta clase
que hay en el archivo, y por ello es más apreciable.

Los cantos están con notas de música escritas con gran
claridad. Hay muchas letras adornadas con dibujos de colores, y
alguna viñeta del estilo de aquel tiempo.

136. BREVIARIO
SEGÚN LA COSTUMBRE DE LA IGLESIA DE TORTOSA. Un volumen en 4.°
mayor, en pergamino, de 410 páginas. Es del siglo XIV. El gran
número de residentes que había en esta catedral en los tiempos
pasados, requiría una buena colección de libros para poder cumplir
con el rezo y canto del coro; así es, que aunque se han perdido
algunos, todavía quedan muchos Códices relativos a la sagrada
liturgia. El que nos ocupa se comprende que es de los que prestaron
más servicio en aquel tiempo.
Le faltan algunas hojas al
principio y al fin; y como los demás de su clase que hemos reseñado,
tiene todas las iniciales de cada párrafo adornadas con dibujos de
colores.

137. SUMA O COMPENDIO DEL DICTAMEN DEL MAESTRO TOMÁS
DE CÁPUA.
Un volumen en 4.° mayor, en cartulina, de 614 páginas.
Es del siglo XV. Este Códice contiene varios informes o dictámenes
relativos al modo de funcionar la Curia Romana en aquel tiempo. Al
principio hay algunos folios en blanco; antes del texto está el
índice. En la segunda página se ve una nota, que traducida dice
refiriéndose a este libro: «Es de la iglesia de Santa María de
Tortosa».
Después del dictamen del expresado autor, sigue otro
de escritor distinto cuyo epígrafe traducido del latín dice:
«Principia la suma del dictamen, compuesta por el Maestro Ricardo
de Pofis
, extractada de los registros de los señores Papas,
Urbano, Clemente, y otros Papas». Y al fin dice así: Concluye la
suma del Maestro Ricardo de Pofis, según el estilo de la
Curia Romana.

138. TRATADO DE GRAMÁTICA LATINA. Un volumen
en 4.° mayor, escrito parte en cartulina y parte en pergamino, de
428 páginas. Es del siglo XV. Este Códice contiene un extenso
tratado de latinidad. No consta quien es el autor. La materia está
bien ordenada, señalándose cada asunto con letras grandes al
principio del párrafo o capítulo. También hay iniciales de
colores. En el margen se ven algunas notas.
Merece notarse en este
libro lo que ya hemos indicado de otros, respecto a estar escritos
parte en cartulina y parte en pergamino. En este se observa que a
cada seis hojas de cartulina siguen dos de pergamino, ignorándose el
motivo de esta distribución tan especial.

139. SAN AGUSTÍN
Y OTROS SANTOS PADRES Y AUTORES.
Un volumen en 4.° mayor, en
pergamino, de 360 páginas. Es del siglo XIII. Contiene un tratado de
San Agustín sobre los Académicos. Y otros breves escritos de San
Jerónimo, San Ambrosio, San Hilario, San Isidoro, San Basilio,
Casiodóro, Orígenes, Boecio, Séneca y otros.
Al principio hay
un índice que expresa los tratados de cada autor, y el folio donde
se hallan; y al fin, o sea en el folio 166, comienza un largo índice
alfabético que termina así: «Explicunt exceptiones ex libris
XXIII trium actorum
.
Después sigue un codlibeto de Alejandro
de Alejandría
, que termina con esta nota que traducimos del
latín: «Concluye el codlibeto del Maestro Alejandro de Alejandría,
de la orden de Frailes menores, que contiene XXI cuestiones, cuyos
títulos están escritos abajo por su orden» Luego se insertan los
títulos.
Por último contiene este Códice las cuestiones del
Maestro Juan de Escocia, de la orden de Frailes menores,
disputadas en París. Tal es el epígrafe que precede a este trabajo.




140-147

domingo, 21 de junio de 2020

222. LOS AMORES DE RODERICO DE MUR Y ZULIMA, Graus

222. LOS AMORES DE RODERICO DE MUR Y ZULIMA (SIGLO XI. GRAUS)

LOS AMORES DE RODERICO DE MUR Y ZULIMA (SIGLO XI. GRAUS)


Caía la tarde cuando el caballero grausino Roderico de Mur, acompañado por sus guerreros cristianos, volvía victorioso e iba a entrar en la villa de Graus por la puerta de Chinchín. Regresaban de luchar en la Puebla de Castro. Los hombres que capitaneaba Roderico habían peleado bravamente y vencido a los moros, dejando tras sí la desolación y la ruina, además del cadáver de Alhor Ben-Alí, alcaide de la Puebla.

Cuando salían ya de la población vencida, oyeron los llantos de una mujer: era Zulima que lloraba la muerte de su padre, el alcaide. Roderico entró en la casa y quedó compungido por el dolor de la muchacha, a la que intentó consolar. Y, para tratar de paliar el dolor, el guerrero cristiano ofreció su casa y hacienda a Zulima, de la que se enamoró nada más verla, sentimiento compartido por la mora, a pesar de las circunstancias.

Zulima quedó confusa, pero ante el ofrecimiento sincero de Roderico de Mur, aceptó seguirle hasta Graus una vez que fuera enterrado su padre, aunque con una condición: que sería devuelta a la Puebla si el entendimiento y el amor no cuajaba entre ambos. Así se pactó, y ahora Zulima estaba a punto de entrar por la puerta de Chinchín en Graus, junto a Roderico y sus hombres.

La hermosa mora se habituó a vivir en Graus y recibió con el bautismo el nombre de María, a la par que crecía el amor por Roderico de Mur, de modo que se fijó el día de la boda.

Todo estaba preparado cuando, una mañana en la que Roderico había salido de caza, tres jinetes encapuchados llegaron a Graus, preguntando por el palacio de éste. Una vez allí, se hicieron conducir ante María, quien rápidamente reconoció en ellos a tres presos traidores que su padre tenía encarcelados. No hubo tiempo para defenderse. Murieron la doncella que la acompañaba, varios sirvientes y la misma María.

Cuando Roderico regresó, sólo pudo enterrar el cuerpo sin vida de su amada, enfermando gravemente de pena. Y, para que quedara constancia del gran amor que sintiera por María, mandó grabar en una piedra esta inscripción: «Roderico ama a Mariíca», piedra que colocó bajo la ventana de su palacio y cuyo testimonio todavía puede leerse hoy.

[Dueso Lascorz, Nieves-Lucía, Leyenda de Roderico de Mur y María (Graus). «Programa de Fiestas». Graus, 1985.]

jueves, 4 de julio de 2019

LA CORONACIÓN DE PEDRO II EN ROMA

114. LA CORONACIÓN DE PEDRO II EN ROMA (SIGLO XIII. ROMA)
 
Pedro II, rey de Aragón, hizo un viaje que hoy llamaríamos de Estado a Roma, cuando ya llevaba gobernando los destinos del reino desde hacía ocho años. Allí, ante el Papa y con la intervención de éste, fue coronado solemnemente rey de los aragoneses.
 
De lo que ocurrió en Roma, así como del acto de la coronación efectuada por Inocencio III, pronto
comenzaron a correr versiones y noticias de todo tipo, algunas no exentas de cierta verosimilitud.
 
Parece ser que, según la leyenda naturalmente, era costumbre que el papa, para poner de mayor relieve
la dignidad pontificia, colocaba la corona sobre la cabeza de los reyes coronados con los pies, en lugar de hacerlo, como parece lógico, con las manos.
 
Pedro II, que se enteró de esta curiosa costumbre protocolaria cuando se hallaba en Roma, la estimó algo vejatoria y humillante para cualquier autoridad secular, por modesta que fuera, pero sobre todo para el representante de un reino tan importante como el aragonés. Ideó entonces cómo evitar pasar por el trance sin que ello molestara al pontífice.
 
Tras barajar varias alternativas con sus asesores, Pedro II se decidió finalmente por la de confeccionar
una corona de pan blando, con escasa corteza, que hizo elaborar y cocer el mismo día en que iba a tener lugar el acto de la solemne coronación.
 
Se preparó con todo detalle la ceremonia, a la que acudieron, aparte de los representantes vaticanos, no sólo la delegación aragonesa, sino también embajadores de otros Estados. Tras el rey Pedro II, un camarlengo portaba una bandeja con la corona de pan encima. El salón era todo luz.
 
Cuando llegado el momento de la coronación Inocencio III se descalzó y quiso tomar el pan con los pies para proceder como era costumbre, se vio imposibilitado para manejar la corona de pan blando, de modo que se vio obligado a tomarla con las manos para colocarla en la cabeza de Pedro II.
 
[Blancas, Jerónimo, Comentarios a las cosas de Aragón, pág. 5.
 
A la memoria de Jerónimo de Blancas, cronista del Reino de Aragón

https://archive.org/details/comentariosdela00blangoog/
 
Palacios, Bonifacio, La coronación de los Reyes de Aragón, 1204-1410, pág. 23.]
 
 
 
LA CORONACIÓN DE PEDRO II EN ROMA
 
Pedro II de Aragón el Católico en un acto feudal en febrero de 1198. Es la única imagen contemporánea al rey de Aragón que se conoce. Aparece sentado en el trono y coronado. Liber feudorum Ceritaniae (1200-1209).
 
Pedro II, Osca, als presentz, fuero, bando, occitano aragonés
 
Pedro II de Aragón, apodado «el Católico» (Huesca, julio de 1178a​-Muret, actual Francia, 13 de septiembre de 1213), fue rey de Aragón (1196-1213), conde de Barcelona (como Pedro I, 1196-1213) y señor de Montpellier (1204-1213). Era hijo de Alfonso II el Casto de Aragón y Sancha de Castilla.
 
Nació, casi con toda probabilidad en el mes de julio de 1178 en Huesca, ciudad en la que estaba su padre Alfonso II que ese mismo mes otorgó al menos dos documentos. Recibió el bautismo en la catedral de Huesca. Su infancia transcurrió en la capital altoaragonesa criado por su ama Sancha de Torres.
 
Pedro II gobernó como rey de Aragón, conde de Barcelona y señor de Montpellier; según Iglesias Costa esto suponía asumir el reconocimiento sobre Sobrarbe y Ribagorza, aunque esos títulos se omitieron desde Alfonso II.​ Estos eran antiguos condados ya unidos al Reino de Aragón en tiempos de Ramiro I.
 
En líneas generales, el reinado de Pedro II estuvo dedicado a la política en los territorios transpirenaicos con limitados resultados y finalmente fracasada, lo que, aparte de la merma crónica de recursos financieros y el endeudamiento de la corona durante su reinado, determinó una menor atención a la frontera hispánica, logrando apenas alguna posición avanzada en territorio andalusí, como Mora de Rubielos (1198) Manzanera (1202) Rubielos de Mora (1203), Camarena (1205) y Serreilla, El Cuervo, Castielfabib y Ademuz (1210)​ si bien desempeñó un papel político de apoyo a una acción cristiana conjunta que frenara la fuerza del poder almohade en la península, y participó activamente junto a Alfonso VIII de Castilla y Sancho VII de Navarra en la campaña que culminó en la batalla de Las Navas de Tolosa en 1212, un triunfo cristiano, según muchos decisivo, y de gran resonancia ya en aquellos momentos.
 
Pedro II renovó la infeudación o vasallaje de Aragón a San Pedro (al igual que ya hicieran tiempo atrás Sancho Ramírez y Pedro I) con su coronación por el papa Inocencio III en el monasterio de San Pancracio de Roma en noviembre de 1204, adquiriendo también el compromiso de la concesión al Papado de una suma anual.​ Esta política de legitimación papal le convirtió en el primer monarca del reino que fue coronado y ungido. A partir de él y por concesión de la Santa Sede en bula dictada el 6 de junio de 1205, los monarcas aragoneses debían ser coronados en la Seo de Zaragoza de manos del arzobispo de Tarragona tras solicitar la corona al Papa (formalidad que implicaba el permiso de Roma), haciéndose extensiva esta prerrogativa a las reinas en 1206.

Los Reys Darago

 
 
Casado en 1204 con María de Montpellier, un matrimonio guiado por sus intereses en el mediodía francés que le proporcionó la soberanía sobre la ciudad de Montpellier, su escasa vida marital estuvo a punto de crear una situación de crisis sucesoria por falta de heredero. La reina María dio finalmente un hijo, Jaime I, (treta palaciega) que garantizó la continuidad de la dinastía aunque hubo un intento de divorcio, que el Papa no concedió, para casarse con María de Montferrato, heredera nominal del reino cruzado de Jerusalén, por entonces inexistente ya en la práctica.
 
 
occitania, Aragón, 1213
Occitania, Aragón, 1213

 


Pedro II no renunció a la política en Occitania y con él se dan, a la vez, la culminación y el fracaso de esa política en la Corona de Aragón que, heredada de la casa condal de Barcelona desde el siglo XI y las campañas con ayuda de magnates ultrapirenaicos de Alfonso I de Aragón, su padre Alfonso II había acrecentado en su doble condición de Rey de Aragón y Conde de Barcelona.

Ramón Berenguer I había iniciado, en oposición a los condes de Tolosa, una política de penetración en Occitania del condado de Barcelona con la adquisición de los territorios de los condados de Carcasona y Rasés (más tarde perdidos a manos de los Trencavel), que continuó en el siglo XIII con Ramón Berenguer III y IV, consolidando su posición en la zona como condes de Provenza y obteniendo, entre 1130 y 1162, el vasallaje de numerosos señores en la zona.

Alfonso II, en el contexto de la expansión almohade (que actuaba de freno a la expansión hacia el sur en la Península Ibérica), pero ahora también como primer soberano titular de la Corona de Aragón (lo que le proporcionaba una base de poder territorial más amplia) había reforzado su presencia en Occitania frente al expansionismo del condado de Tolosa y estuvo «a punto de crear un reino pirenaico que englobara las cuencas del Ebro y del Garona». Pedro II será quien con más decisión lo intentará hacer realidad, culminando la tradición dinástica occitana ahora en un nuevo contexto de alianzas ante el intento de expansión en la zona de otra monarquía rival, los capetos.

Pese a que el condado de Provenza, perteneciente a la Casa de Aragón-Barcelona, había sido asignado a su hermano Alfonso II de Provenza, Pedro II mantuvo su actividad en aquel complejo tablero de intereses marcado por su atomización política, el intento de expansión francesa sobre ella, el desarrollo del catarismo y los consiguientes conflictos con el papa Inocencio III, interesado en erradicarlo e imponerse en la zona.

En 1200 concertó el matrimonio de su hermana Leonor y Raimundo VI de Tolosa. En un concilio en Bagnères-de-Luchon de 1201, Bernardo IV de Cominges se hizo vasallo del rey de Aragón, a cambio de la entrega del Valle de Arán, que pertenecía al rey católico.
En 1202 se celebró la boda del conde de Tolosa con la infanta Leonor.
En 1204, Pedro II se casó con María, heredera del conde de Montpellier, teniendo además, como vasallo, a Ramón-Roger Trencavel, vizconde de Béziers y Carcasona. Ese mismo año intervino en la zona forzando una paz entre su hermano, el conde de Provenza, y el conde de Forcalquier, aliado de Pedro II.

Asimismo se hizo feudatario de la Santa Sede en noviembre de ese mismo año, sin duda con las miras puestas en jugar un papel político en la zona desde una posición de preeminencia y legitimidad, en su condición de rey coronado por el Papa y distanciado del catarismo, catarrismo no, contra el que tanto en Provenza como en Montpellier se tomaron algunas medidas, teniendo que sofocar en esta última ciudad una revuelta en 1206.

Por otro lado, interesado en una alianza con el Sacro Imperio Romano Germánico, comprometió a otra de sus hermanas, Constanza, con el rey de Sicilia Federico II Hohenstaufen, matrimonio que se culminó en 1210, para ser en 1212 coronadas como emperadores del Sacro Imperio.

A lo largo de los siglos xii y xiii, la influencia del catarismo, una herejía cristiana con orígenes en Asia Menor y los Balcanes (paulicianos y bogomilos), se había ido extendiendo en el occidente latino y consolidado con fuerza en la llamada Occitania o territorios del actual mediodía francés, donde se estructuró una Iglesia cátara con varios obispados y cuyo epicentro era la zona de la ciudad de Albi, por lo que también se lo denomina movimiento albigense. La situación de coexistencia con esta iglesia rival, tolerada por los poderes de la zona (situación favorecida por la atomización del poder político y la ausencia de un centro de poder efectivo en Occitania, nunca logrado por el condado de Tolosa), amenazaba allí la hegemonía de la Iglesia romana.

Al mismo tiempo, la prosperidad occitana despertaba la ambición expansionista de la monarquía francesa de los Capetos y de sus baronías de la Isla de Francia, dispuestos a servirse de cualquier argumento para intervenir en los territorios de la Langue d'oc.
Por su parte, Inocencio III encontró en la monarquía francesa el medio más favorable de atajar la «herejía» y reducir a sus prosélitos a la obediencia a Roma, por lo que se mostró siempre complaciente y predispuesto a favorecer las empresas del rey francés, a quien también apoyará en la batalla de Bouvines y en sus conflictos con Inglaterra.
De esta comunión de intereses surgió la cruzada contra los albigenses que se empezó a fraguar a inicios del siglo xii y que finalmente el papa predicó en toda la cristiandad latina, con especial éxito en la Isla de Francia, legitimando al monarca francés en su política expansiva al enviar contra los territorios occitanos –considerados heréticos por Roma– un poderoso ejército mandado por Simón de Montfort bajo la denominación de Cruzada.

Dinero de Pedro II de Aragón (1205-1213). Anverso: Busto del rey coronado. Leyenda: PETRO REX. Reverso: Cruz procesional sobre vástago con florituras de ramas a los lados o «arbor ad modum Floris» (mal llamada "Encina de Sobrarbe", como se interpretó desde el siglo XVI). Leyenda a ambos lados del vástago: ARA-GON.
 
Dinero de Pedro II de Aragón (1205-1213). Anverso: Busto del rey coronado. Leyenda: PETRO REX. Reverso: Cruz procesional sobre vástago con florituras de ramas a los lados o «arbor ad modum Floris» (mal llamada "carrasca o encina de Sobrarbe", como se interpretó desde el siglo XVI).
Leyenda a ambos lados del vástago: ARA-GON.

El acontecimiento que desató el conflicto fue el asesinato en enero de 1208 de Pierre de Castelnau, enviado a Toulouse como legado papal para mediar en nombre de Roma, que indujo al Papa a excomulgar al conde de Toulouse y promulgar la cruzada contra los albigenses.

La guerra «relámpago» en 1209 se dirigió inicialmente contra los vizcondados de la dinastía occitana Trencavel, donde se produjo la brutal toma de Béziers, con una matanza generalizada sin distinción de credo que quedó luego ilustrada en la célebre frase atribuida por las crónicas al legado papal Arnaud Amaury.​ Esta fase inicial de la cruzada acabó con el sitio y la subsiguiente toma de la ciudad de Carcasona en el verano de 1209, tras lo cual le fueron otorgadas al cruzado francés Simón de Montfort, por el propio legado papal, las tierras sometidas de la familia Trencavel. Desde sus nuevas posesiones mantendría una política de ataques y asaltos a los señoríos de la zona incluido el fracasado intento de toma de Toulouse en 1211 y comenzaba la persecución y quema de cátaros a través de la Inquisición, creada expresamente por Roma en 1184 con el objetivo de erradicar la llamada herejía cátara o albigense.

La situación creada generó entre los poderes occitanos un sentimiento de amenaza y repulsa ante la intervención francesa y la cruzada que era propicio para que Pedro II el Católico, como rey y vasallo del papado desde 1204, pudiera obtener una posición de prestigio en la zona actuando como intercesor ante el papado y protector ante Simón de Montfort (ya en la toma de Carcasona de 1209 evitó una matanza negociando con los cruzados una expulsión de los cátaros), prestigio acrecentado con su participación exitosa contra los musulmanes en las Navas de Tolosa. Habiendo obtenido el vasallaje del conde de Toulouse, Raimundo VI, y de otros poderes de la zona, desplegó una política de pacificación concertando el matrimonio de su hijo, el futuro Jaime I, con la hija de Simón de Monfort, entregándole a este, como garantía, la tutela del joven príncipe y único heredero del linaje, que permaneció en Carcasona. Asimismo negoció con Arnaud Amaury, ahora obispo de Narbona y también presente en la campaña de las Navas, la convocatoria de un sínodo en Lavaur para intentar la reconciliación.

Tras el fracaso de la reconciliación entre occitanos y Simón de Montfort, Pedro II se declaró protector de los señoríos occitanos amenazados y de Toulouse. Pese a que su hijo permanecía bajo tutela en poder de Simón de Montfort y la excomunión de Inocencio III, que había optado finalmente por apoyar la causa francesa, reunió finalmente un ejército en sus reinos y territorios peninsulares con el que pasó los Pirineos y junto a los aliados occitanos puso cerco a la ciudad de Muret, donde acudió Simón de Montfort. Partiendo de una situación ventajosa en cuanto a fuerzas y avituallamientos, en la campaña, parece ser, sus huestes actuaron con precipitación y desorganización sin esperar la llegada de todos los contingentes. Resultaría muerto al ser aislado por los caballeros franceses en un combate en el que el rey ocupaba una posición de peligro en la segunda escuadra, en lugar, según era lo habitual, de situarse en la retaguardia. La muerte del rey trajo el desorden y la desbandada entre las fuerzas tolosano-aragonesas y la consiguiente derrota.​ Muret supuso el fracaso y abandono de las pretensiones de la Corona de Aragón sobre los territorios ultrapirenaicos y, según el autor Michel Roquebert, el final de la posible formación de un poderoso reino aragonés-occitano que hubiera cambiado el curso de la historia de Francia y España.

Excomulgado por el mismo Papa que lo coronó, permaneció enterrado en los Hospitalarios de Toulouse, hasta que en 1217 el Papa Honorio III autorizó el traslado de sus restos al panteón real del Monasterio de Santa María de Sigena en Huesca, donde fue enterrado fuera del recinto sagrado.

Muerto Pedro II, Simón de Monfort mantenía aún en custodia a Jaime, el heredero al trono, que había quedado en ese mismo año de 1213 huérfano de padre y de madre, al morir también la reina María de Montpellier con solo 33 años en Roma, donde había viajado para defender la indisolubilidad de su matrimonio.

Ante esta situación, los nobles aragoneses y catalanes posiblemente solicitaran la restitución del joven heredero a Simón de Montfort. Se envió una embajada del reino a Roma para pedir la intervención de Inocencio III quien, en una bula y por medio del legado Pedro de Benevento, exigió contundentemente a Simón de Montfort la entrega de Jaime que se produjo finalmente en Narbona en la primavera de 1214, donde le esperaba una delegación de notables de su reino, entre los cuales se encontraba Guillem de Montredon, maestre del Temple en Aragón encargado de su tutela.

Siendo un niño, Jaime I de Aragón cruzará por primera vez los Pirineos para ser, junto a su primo, Ramón Berenguer V de Provenza, formado y educado con los templarios de Aragón en Monzón, deteniéndose antes en Lérida, donde le juran fidelidad unas Cortes conjuntas de Aragón y Condado de Barcelona.

 
http://www.enciclopedia-aragonesa.com/voz.asp?voz_id=9908

domingo, 28 de abril de 2019

LA CONQUISTA DE SARAKUSTA POR CARLOMAGNO (777)

2. LA CONQUISTA DE SARAKUSTA POR CARLOMAGNO (SIGLO VIII. ZARAGOZA)
 
Basílica, Pilar, Zaragoza
 
La Historia nos cuenta que varios prohombres de la Sarakusta musulmana, entre ellos el influyente Sulayman ben Yaqzan ben al-Arabí, decidieron solicitar ayuda y entregar la ciudad y su distrito (en realidad la parte central y más rica del valle del Ebro) a las tropas de Carlomagno, en el año 777.

Pero lo cierto es que cuando llegaron a sus puertas éstas no se abrieron, teniendo que retirarse a Francia, aunque no sin antes ser humillados en el valle de Siresa, donde moriría el caballero Roldán.

Sin embargo, la leyenda que recoge la «Canción de Roldán» es bien distinta.
Carlomagno no sólo creó un imperio históricamente cierto basado en toda la Galia y parte de Germania,
sino que la mente humana le hizo dueño de todo el valle del Ebro, en Hispania.
La Zaragoza mora no pudo impedir su paseo triunfal aunque lo intentó.
En efecto, Sarakusta —un auténtico vergel para los sitiadores francos— era gobernada por el walí (rey
para los francos) Marsilio, que se negó a entregar las llaves de la ciudad, por lo que Carlomagno tuvo que sitiarla, cerco en el que moriría el legendario Roldán.

Ante la amenaza del gran Carlomagno, el rey Marsilio fue capaz de reclutar más de cuatrocientos mil hombres armados, aunque una buena parte se vio pronto acorralada entre las filas francas y un caudaloso Ebro que no pudieron atravesar, muriendo ahogados o cayendo prisioneros. El propio Marsilio era herido en el combate y tenía que guarecerse en la ciudad, que estaba a punto de sucumbir.

Únicamente la llegada de los refuerzos del emir de Babilonia, Baligante, con sus tropas que remontaron el
Ebro en chalanas y galeras retrasó la rendición, pero sólo fue una simple demora, pues Carlomagno mataba a Baligante y sus hombres derribaban la puerta principal de la ciudad. / Puerta Cinegia /

Sarakusta fue saqueada, las mezquitas y sinagogas destruidas y los infieles que se negaban a recibir el
bautismo eran ajusticiados, aunque se convirtieron más de cien mil.
Carlomagno había salvado a la Cristiandad occidental con la toma de Sarakusta.

[Ubieto Arteta, Antonio, La Chanson de Roland..., págs. 9-16.]
 
http://www.unizar.es/dochum/Libro_Ubieto_Chanson/Ubieto_Arteta_Cantar_Roldan.pdf
 
 

sábado, 2 de octubre de 2021

EL CONCILIO. EL CONSILI.

EL
CONCILIO.



La
noticia divulgada por la Europa de que la iglesia iba a celebrar en
Viena un concilio general por el año 1311, durante el pontificado de
Clemente V, inspiró al gran Lulio el poema de que nos ocupamos,
entre otras obras en las que en tal ocasión manifestó un ardiente
celo por la extirpación de los errores, la conversión de los
infieles, la conquista de los Santos Lugares, y la dilatación del
dogma católico. En París, en vísperas de emprender el viaje hacia
la gran ciudad del imperio alemán para echarse a las plantas del
jefe de la grey cristiana, fue donde trazó Lulio en enérgicos
versos lo que aquel gran acontecimiento hacía concebir a su
infatigable imaginación. La esperanza que tenía en los resultados
de aquella asamblea, encendió en su corazón la llama del entusiasmo
que rebosa en los versos de la obra El Concilio. El objeto que en
ella se propuso era excitar a los poderosos para que emprendiesen el
recobro del Santo Sepulcro, y hacerles presente las virtudes de que
debía estar adornado el corazón de los que habían de tomar parte
en tan trascendentales deliberaciones, y los vicios que en ellas
deben alejar de sí.

la iglesia iba a celebrar en Viena un concilio general por el año 1311, durante el pontificado de Clemente V




Divídese
la obra en once capítulos. El primero consiste en una introducción,
en la que manifiesta el objeto de la composición, y exhorta a los
que han de concurrir al concilio, a que no sean en él avaros ni
perezosos, a que sean esforzados y cumplidos de amores, de suspiros y
lágrimas, para que Dios les haga llevar a feliz término la santa
empresa del honor divino. - "Aconsejaos, exclama, de hombres de
entendimiento esclarecido no de artificiosos y astutos, porque el que
va vestido de vicios y mala intención va mal apuesto; a lo cual
añade: que quien está negativo en el concilio, niega al Señor, que
expiró en la cruz; y concluye diciendo: - "Ayúdeos Dios en el
concilio, porque mucho temo que se os engañe. Antes que habléis
mirad por donde empezáis; no os fiéis de todo el mundo, porque hay
muchos de intención torcida. En el concilio el astuto cordero burla
al lobo y al león, y la zorra se ríe de la raposa. El
sí es peor a veces que el no, y si no andáis con prevención seréis
engañados y escarnecidos. Tened presente siempre que vuestro objeto
es Dios, vía por la cual ascendemos al cielo; y si persistís día y
noche en el concilio, no os vendrá daño, antes estaréis seguros y
seréis perfectos.



El
segundo capítulo va dirigido al Sumo Pontífice Clemente V, a quien
arenga para que no ande remiso en la celebración del concilio, para
que le honre con su presencia, y haga en él cuanto pueda por la fé
de Jesu-Cristo; diciéndole, que si así no lo practica será
blasfemado y aborrecido de las gentes, y que Dios le pedirá estrecha
cuenta de su conducta. Aconséjale que lejos de ser orgulloso y
altivo en el concilio, que es el camino por donde con fina y
perseverante voluntad se llega a buen término, sea noble y use de
largueza en sus concesiones. Indúcele también a que haga predicar
la fé católica y probarla con razones concluyentes, para atraer los
infieles al bautismo y a la salvación eterna; y concluye en estos
términos: - "Si el concilio no se celebra o no tiene buen
éxito, miedo he de que gran mal nos sobrevenga; mas quien ante el
daño permanezca indiferente, irá a hospedarse en mala casa, para
padecer eternamente males sin cuento y sin que sienta el consuelo de
los que se arrepienten. Rogad a Dios, alto pontífice, que en este
gran suceso seáis ayudado, que el Espíritu-Santo os ilumine, que la
excelsa reina de los cielos os tenga siempre en su memoria y que el
Dios del amor os preste el necesario auxilio en el gran negocio de su
honra." -



Dirígese
a los cardenales en el tercer capítulo, como consejeros que son del
Sumo Pontífice; a los cuales recuerda el grande premio que
alcanzarán de Dios, si cooperan al buen éxito del concilio; y
amenázales con la cólera divina, si en él promueven obstáculos.
Les ruega que escojan buenos caballeros para emprender la reconquista
de los Santos Lugares, y continúa diciéndoles: - "El que no
haga todo el bien que le será dable, atraerá sobre sí la venganza
celeste; pues con no hacer el bien, hará mal; al paso que no hará
mal procurando hacer el bien; y pues en vuestras manos reside el
poder, sed amigos del bien." - "Consagrad a Dios el poder
que de Dios habéis recibido, porque si no lo hacéis, vais a excitar
su enojo y os sobrevendrán grandes males." - "Vuestra
decidida voluntad puede conquistar y llevar a buen fin el orbe todo,
con sólo dedicar a Dios el poderío que tenéis. Contribuid, pues, a
los buenos resultados del concilio, que valen más que todos los
tesoros imaginables, y que el descanso y las vanas comodidades del
mundo.” -



Los
príncipes son objeto del capítulo cuarto, y es uno de los más
enérgicos e inspirados de la obra. Después de alentar a los reyes y
barones para que levanten su bandera, dice: - "Caballero que
bien sabe amar, no debe permanecer indeciso un solo momento en
emprender la gloriosa conquista de la Siria. Ármense, pues, para la
honra de Dios, con vigor y esfuerzo, reyes y emperadores. Pronto
veremos quienes serán los buenos, quienes harán de la razón
bandera, y armadura del amor (de) Dios; y quienes los prelados
que dispuestos a la santa empresa, darán la señal, diciendo: -
Prontos estamos: sús, bravos paladines!" - "Al buen
caballero cúmplele cabalgar, embrazar el escudo, empuñar la espada
o enristrar la lanza; cúmplele amar a Dios para dedicarse a su
servicio, emprender la conquista del Santo Sepulcro y alcanzar el
perdón de sus culpas. Mucho avergonzaréis, ó príncipes, al jefe
de la iglesia, si mostrándoos dispuestos a acometer la santa
empresa, no os ayuda ni favorece. "
- "No es cortés el
caballero que no ama a Dios sobre todas las cosas; ni sabe dar buenos
mandobles en su servicio quien se encenaga en el pecado. ¡Ah,
caballero! corre con todo tu brío y tu voluntad a servir a tu Dios."
- "El caballero que a Dios sirve no conoce el miedo, porque Dios
le da esfuerzo, y el santo amor le alienta. ¡Ah, caballero! Ama la
caridad y el bien de tu prójimo, si quieres merecer el nombre de
valiente. No hay caballero esforzado si no se adorna de virtudes, ni
lo es el que con falso amor se olvida, descansando en su lecho, de la
honra de Dios.” - “El buen caballero ha de servir a la justicia,
ha de perseguir la sinrazón y el mal, para que el bien pueda
entronizarse." -
"Más vale el paladín aventurero para
el servicio de Dios, que el malvado que desama a su Criador y no
llora sus desvíos. ¡Ah caballeros! Pronto veremos cuales serán los
primeros, cuales serán los más esforzados!" -



El
capítulo quinto se ocupa de los prelados, a quienes encarga que no
sean desidiosos ni amigos de la molicie y que den lo que reciben, en
pro de la santa conquista; que empleen todo su poder y valimiento en
hacer bien; y que ofrezcan a Dios cuanto tengan, puesto que en dar
hacen una buena obra, avisándoles de que si así no lo practican,
verán cuán tremendo les parecerá el juicio de Dios. - "Prelado,
dice, considera lo honrado (que) te ves por Jesucristo, y cuán
poco le amas, no procurando el recobro de su santo sepulcro; ve pues
a honrarle sin mezquinidad (mezquindad) de corazón; ve a ser
una de sus columnas en el concilio." - "¿Qué harás de la
gran potestad que has recibido?
¿La emplearás en el servicio de
Dios? Si así no lo haces, ¿qué es lo que dirás al parecer ante el
tribunal de la justicia divina, cuando aquel juez recto exclame:
-
Puesto que quisiste mi mal, ve a los eternos tormentos. -



"No
imagines que puedas engañar a Dios, ni que puedas torcer sus justos
juicios; si nada quieres hacer por él, te expones a ser blanco de la
ira celeste; si no practicas el bien, no creas encontrar excusa a los
ojos de tu Criador." - "Después dirígeles consejos e
infúndeles el temor de Dios, y les asegura el menosprecio de los
hombres si no procuran el buen éxito del concilio; y concluye
diciendo: - "¿Qué vale, ó prelados, vuestro anillo, vuestro
soberbio caballo, vuestro rico manto, vuestro séquito de apuestos
donceles, si en vuestros hechos no hay discreción, si cuando es
oportuno no hay ardimiento en vuestro espíritu, no hay nobleza en
vuestro corazón?" -



Trata
en el siguiente capítulo de los religiosos. Díceles que exhorten al
Papa y le aconsejen, y que prediquen la cruzada; y les advierte que
el que vaya contra el concilio, bajo su hábito va vestido de mal y
no procede con lealtad. Añade que el religioso contemplativo hace su
lecho de temor de Dios, que no se arredra por amenazas ni
contrariedades, y que el que quiere servir a Dios debe sacrificar por
él su existencia, predicando su santa ley, y enseñándola a los
infieles; porque mucho complace a Dios el que muere para sostener la
verdad; y concluye diciendo: - "Religioso, si el Papa va a la
conquista de Ultra-mar, todos le seguirán, y el triunfo
indudablemente coronará la empresa: si tienes, pues, ardimiento,
clama, predica con valor. Tú sabes que el perro ladra para que el
hombre despierte y evite el mal que amenaza; ladremos, pues, para
despertar aquellos que pueden contribuir a la santa empresa. Cubrirte
has con el hábito del bien y del buen ejemplo; el amor verdadero
debe hacerte esforzado; y sin miedo has de elevar tu voz para
predicar las excelencias del Señor." -



El
capítulo séptimo está dedicado a la contrición (contriccion),
la que desea hiera los corazones, para que brote de ellos el amor,
los suspiros y las lágrimas en satisfacción de los pecados. Dice,
entre otras cosas, que la contrición pierde su nombre, si no hay
verdadero arrepentimiento, si no llora amargamente su pecado; y si no
tiene éxito el concilio, será porque muchos se vestirán con paño
de falsedad, puesto que la hipocresía va en torno a veces de la
contrición, levantándola el traidor a menudo por enseña; siendo en
el fondo maldad lo que nos parece bueno en el exterior; aunque otros
de más elevado ánimo, hacen de la contrición su cota de malla y su
manto; a todo lo cual añade:
- “A ti me entrego, o contrición;
y con tal que inspires la devoción, que induzcas a la celebración
del gran concilio, y que alejes de todos la perfidia, contigo iré a
la Tierra Santa para la exaltación del bien; porque el que se
arrepiente, pronto queda perdonado, en todo obra con justicia, en
todo anda derecho, y es valeroso, porque tras ti
se guarece."
-



El
octavo capítulo se ocupa de la satisfacción, a la que llama casa
donde no habita mal alguno. Y después de varios conceptos, exclama:
- "Si no eres partidario del concilio, te haces enemigo de la
santidad y tendrás la ira de Dios suspendida sobre tu cabeza."
- "Considera todo cuanto Dios te ha dado, los bienes de que te
colma, y todo cuanto le robaste, y si de ello no has razón, en mala
hora naciste." - "Si en este mundo no das la debida
satisfacción de tu culpa, irás a las profundidades del infierno,
asediado de toda clase de males, sin que conozcas el bien. ¡Ah,
caballero! Sé bueno y valiente paladín, y acude el primero a donde
Dios te llama." -



La
devoción es el objeto del capítulo noveno, que empieza con estas
palabras:
- "Devoción, ¿á dónde estás? ¿No nos es dado
saber si irás al concilio, si le quieres, o si dirás al Padre Santo
y a los cardenales que señora eres de su albergue?” -
Dícele
que sea amiga de la bondad, del entendimiento y de la voluntad, a lo
cual añade:
- "Las consideraciones, los suspiros y las
lágrimas te piden un amor ardiente. ¡Ojalá que vayas a la gran
conquista, que prelados y barones te abriguen en su pecho para cobrar
en ti aliento y ardor, y que seas puerto de consolación? Ahora se
verá lo que valen tus lágrimas; y si nada consiguen ¿quién te
creerá de hoy en adelante? ¿Quién creerá ya con las palabras y el
llanto de Raimundo?" - "Ahora es tiempo de que con el papa
Clemente des comienzo a la alta empresa, y que todo el mundo reciba
de ello contento; de lo contrario ¿quién creerá después en tu
loro, en tu palabra y en tus elocuentes razonamientos? - ¿De qué
sirve que ciña el yelmo una cabeza sin devoción?"
-
"Llorando me iré al concilio a exhortar a los grandes señores.
Ven conmigo y ayúdame; y levantaremos hasta el cielo nuestra voz,
hasta que hayamos conseguido nuestro intento." -



La
oración da materia al capítulo décimo, a la cual dice
personificándola: -"Ven en nuestra compañía y predicarás al
Dios de bondad, para que nos ayude a honrarle y a dar término al
concilio, disponiendo la santa conquista de Ultramar. Ruega al
Todopoderoso que dé esfuerzo y voluntad al Papa, a los cardenales, a
los prelados, a los barones y a todas las órdenes religiosas para
acometer grandes empresas." - Y entre otros conceptos, añade:

- "Oración, si mientras tus labios murmuran la plegaria,
forjas el mal en el fondo de tu corazón o imaginas el modo de
practicarlo, mucho yerras y nada vales." - "Oración,
óigote cantar y veo que operas milagros, mas poco basta para
extraviarte, hasta el punto de que parezca que tienes más grande
amor a las riquezas, al ocio y a los placeres de los sentidos, que al
Dios a quien te diriges. Si no tienes firmeza en tu voluntad, no
vayas al concilio, puesto que en él perdería el Señor sus
derechos; mas si te sientes inspirada por el amor, Dios te ayudará,
el concilio llegará a su término y de él emanarán grandes bienes.
Mas todo cuanto a Raimundo es dable hacer para ordenarlo, es levantar
su bandera y exhortar con el ejemplo de un amor grande a todos los
que habiendo recibido del Todopoderoso el mundanal poder, puedan
contribuir a su feliz éxito.” -



Por
último constituye el capítulo undécimo una plegaria o himno,
dirigido al Ser Supremo, para que dé a los padres del concilio, por
consejeros a la justicia y a la prudencia, a la fortaleza por ayuda y
por tesoro a la templanza; para que en el la fé tenga amigos, la
esperanza infunda aliento, y la caridad encienda los corazones en
santa llama; y por último para que aleje de su recinto la avaricia,
la gula, la soberbia, la pereza, la envidia y la ira.



Abundan
en esta poesía, que puede colocarse entre las escogidas del poeta,
los rasgos valientes y los elevados conceptos. Como está dedicada al
asunto que fue el móvil constante de todas las acciones,
peregrinaciones y trabajos de Lulio, está llena de inspiración y
entusiasmo; a todo lo cual se unen una dicción esmerada y una
versicación (versificación) que nada deja que desear.







EL
CONSILI.







Del
Consili qui feu mestre RAMON LULL



malorquí.







I.







Un
consili vuyl començar



En
mon coratge, e xantar,



Per
ço que faça enamorar



Tots
cells qui ho poden far



Per
Deu servir,



E
lo sepulcre conquerir:



Molt
ho desir.




En
consili tan gran siats,



E
tan bellament ordenats,



Que
Deus ne sia molt honrats



E
mant hom ne sia salvats,



E
tot lo mon



En
lònch, ample e pregon (1)



Haja
ahon,




En
consili no façats fòr
Per argent, castell ne per òr;
Temets
ho cóm seny si que mòr;
Car si havets bò e gran còr,
¡Ah!
¿qué dirán
Juseu, sarrahí, crestian,
Tártres e man?
En
consili no siats duptós,



Avár,
ni trist, ne pererós;



Tant
fòrts siats complits d' amors,



De
suspirs, lágremes e plors,



Per
bòn amar



Que
Deus vos faça acabar



Lo
seu honrar.







En
consili hajats consell



Ab
hom ardit e no volpell,



A
consellar per bòn capdell (2),



E
si ‘u havets serets molt bell;



Car
hom vestit



De
vicis e mal sperit,



Es
mal garnit.







En
consili qui 'us diu de no,



De
no diu al Senyor del trò,



Qui
per amor en la creu fó:



Si
éll lo lexa abandó



Al
diable,



Infern
será son stable



Turmentable.







En
consili Deus vos ajut;



Temme
no siats desçebut, (me tem; me temo)



Car
mant home ha leu volgut



Alcú
bé far qui es recregut



Al
començar;



Prech
Deus qu' eus vulla amparar



Ab
bò amar.















En
consili ans que parlets,



Guardats
en quals començarets;



En
tots homens non vos fiets,



Car
mant home no está drets.



¡Ah,
bòn amich!



Savi
's qui per altre 's castich



E
tem destrich.







En
consili lo péch moltó (cordero avispado)



Engana
'l lop e lo leó,



E
la volp engana al rapó (3) (vulpes : zorra; rapó :
raposo, raposa; rabosa : zorra, zorro
)



E
mant hoc es pijor que no. (este hoc: sí OCcitano)



Si
no ‘us guardats,



Per
mant hom serets enganats



E
meynspreats. (menyspreats : menospreciados)







En
consili guardats la fí



De
Deu, qui está lo camí



De
paradis, veray fí;



E
si hi anats vespre e matí (4),



Segur
irets, (iréis)



Barat
ne tòrt, mal no tembrets (6); (temeréis)



Perfayt
serets (6).











II.



DEL
PAPA.




SENYOR
en Papa quint Clement,



Qui
estats Senyor de tanta gent!



Fayts
qu' el consili sia breument;



Si
tròp hi fayts delongament



Parrá
barat,



E
Deus vos en haurá desgrat (7);



Serets
jutjat.







Senyor
en Papa! ¿qué farets?



¿Vostre
consili honrar lets?



Si
no 'y fayts tot quant porets,



Per
tot lo món blasmat serets,



E
mal volgut;



Mostrarets
siats recresut,



E
es perdut.







Senyor
en Papa! ¿qué fará



Lo
gran poder qui ‘n vos está?



Si
no 'l fayts far tot quant porá (8),



A
Jhesu-Christ s' en clamará



Fortment
de vos;



E
car no vòl sia occiós,



E
es raysós.

Senor en Papa! tal vos riu,
Que volria no
fossets viu;
Guardats que no siats altiu
Al consili, qui está
riu
E bòn camí,
Perque hom vá a bona fí
Ab voler fí.

Senyor en Papa! per lo món



En
lònch, ample e pregon,



Vostre
poder hi es en tòrn;



Perque
sant Pere n' ha sejòrn (9),



Hajats
l' on vos,



No
siats avar, pererós,



Mas
larch e pròs.







Senyor
en Papa! fayts preycar



La
sancta fé e mostrar clar,



Perque
vengon a batejar



Tuyt
l' infesel, e per salvar; (infieles)



E
eu say raysons,



Contra
que no vál lurs sermons;



Dats
hi perdons.







Senyor
en Papa! eu m' escús



Al
bòn rey, salvayre Jhesus (10);



Qu'
eu vos ne pregat sajus



Qu'
el consili pujets en sús;



Al
jutjament



Diray
que al Papa Clement



Ho
fuy dient.







Si
el consili no es ni val,



Pahor
ay qu' en ischa gran mal; (salga; cuando significa surta :
sortir
)



E
qui dirá: - "Res no m' en cal” -



Crey
que iray en mal hostal



Tots
mals sofrir,



Pena
e dan sens penedir,



E
sens exir.









Senyor
en Papa! Deus pregats



Que
en est pas siats aydats,



P'
el Sanct Sperit spirats,



Per
nostra dona remenbrats;



E
'l Deu d' amor



Ajút
a la cuyta major,



Per
sa honor.







III.



DELS
CARDENALS.







CARDENAL,
es bò cardenil



De
gran porta bòna, humil,



Per
la qual entra hom gentil,



Que
ço que fá tot va a fil.



¡Ah,
gran nom ha!



Cardenal,
lo poder que ha



¡Ah!
qu' en fará?







Cardenal,
es lo conseller



Del
Papa, e ha lo poder



Que
ha 'l Papa en son mester;



E
ço que ensemps poden fer,



¿A
qual punir



Si
élls no volen Deu servir?



¡Ah!
¿quí 'l pòt dir?







Si
'ls cardenals han bòn consell



Qu'
el consili sia bò e bell,



Cascú
ab gran gaug s' aparell;



Car
Deus será totstemps ab éll



Sus
en lo cèl,



Cherubin,
Seraphin, Michael,



E
Gabriel.



Cardenal
que vòl destorbar



Qu'
el consili no 's puscha far,



Lo
consili s' irá clamar



A
Deu, qui ‘l venjará ben car.



¡Lás!
¿qu' es fará,



Car
no li ‘n valrá puig ne plá



Ne
tot quant ha?







Senyors
cardenals! ordenats



Que
cavaller sia triats



Religiosos,
e si los dats



Ço
del temple, e les potestats



D'
altres maysós (casas, órdenes religiosas; maison,
maisons
)



De
las altres religiós,



Cavallers
bos.







Tal
cavaller vaja estar



Per
totstemps may en Ultra-mar;



La
décima li fayts donar



Per
lo Sepulcre cobrar;



Lo
gran poder



Qui
haurá ¿quí lo pòt saber?



Vullats
ho fer.







Cell
qui no fá 'l bé que porá,



Sapia
que Deus s' en venjará;



Car
en no far bé, mal fará,



E
en far bé nuyl mal fará.



E,
dónchs, senyors,



Puis
qu' el poder está en vos, (pues ya que el poder está en
vosotros
)



Estiats
bos.









Senyors
cardenals! dats a Deu



Lo
vostre poder qui es seu;



Si
no ho fayts seralí greu;



Porie
‘us en venir mal leu.



¡Ah!
bé 'us guardats



Que
son poder no li tollats;



Car
es venjats (11).







Senyors
cardenals! ab voler



Podets
tot lo món conquerer,



Ab
que donets vostre poder



A
Deu, e podets ho leu fer,



Pus
que 'us vullats:



Si
no ho fayts será car comprats.



¡Ah!
bé 'us guardats.







Senyors
cardenals! lo consili



Fayts
per venir a bona fí,



Que
val mays que argent ne cosí,



Ne
sejorn, vespre ne matí.



¡Ah,
Deus amat!



Ha
son orde cardenalat (12);



Qu'
en sia honrat.





IV.
DELS
PRINCEPS.




SENYORS
princeps, duchs e marques!



Sapiats
gran maravella es



Si
'l consili no 's fá ades,



E
lo millor que parria mes;



Tan
bò que no fó,



Cascú
meta son ganfanó,



Per
gran perdó.







Cavaller
qui bé sàb amar



En
conquerir tot Ultra-mar,



En
nuyla res no deu duptar;



Pensar
pòt que Deus vòl aydar



A
sa honor.



Vagen,
dónchs, rey, emperador



Ab
gran vigor.







Rey,
emperayre e baró!



Cras
veyrem si serán bò,



Ne
de raysó fán ganfanó,



E
del amor de Deu gonilló;



E
quals prelats



Diguen:
- Nos som aparellats;



Senyors,
anats! -







Al
cavaller tayn cavalcar,



Escut
e sella, e brochar (silla de montar; la otra silla es
cadira; cadiera aragonés
)



Espasa
e llança, e còlps dar; (espada y lanza, y golpes dar;
llança, con ll
)



E
taynli atresí amar,



Per
conquerir



Lo
Sepulcre, per Deu servir;



Peccats
delir.



Senyors
prínceps! si prometets



Al
Papa que trestuyt irets



E
que 'y farets tot quant porets,



En
gran vergonya metrets,



Si
no 'us vòl dar



Per
lo Sepulcre acobrar.



Vets
l' on pregar.







Cavaller
no tinch per cortes,



Si
Deus no ama mes que res;



No
sàb fer còlps a manes (13)



D'
amor, si gran peccador es;



¡Ah,
cavaller!



En
Deu servir fay ton poder



E
volenter.







Cavaller
qui es servidor



De
Deu, no ha de res pahor,



Car
conforte 's en son Senyor,



E
en força de bòn amor.



¡Ah,
cavaller!



Si
tú vòls esser bòn guerrer



Ama
bé fer.







Nuyl
cavaller está ardit,



Si
de virtuts no es complit,



E
falsa amor sia 'n son llit (14) (vemos lit y llit; pero no escribe
Llull
)



E
que lo honor de Deu l' oblit



¡Ah,
gran baró!



Mit
tota ta entenció



Que
sias bò.















Cavaller
es per dret servir



E
que lo mal faça fugir,



Perque
lo bé puscha venir,



E
que lo dó per obeir



Al
Deu d' amar,



Ab
que vaja en Ultra-mar




exalçar.







May
val cavaller pasejats,



Per
tal que Deus sia honrats,



Que
malvat viu e desamats



Per
Deu, e no plòr sos peccats.



¡Ah,
cavallers!
Cras veyrem quals son primers



E
bòns guerrers.




V.
DELS
PRELATS.







REMEMBRAR
vuyl a los prelats,



Qui
per Deu estan tan bastats,



Que
no sian tróp sejornats,



E
que donen ço que 'ls es donats,



A
conquistar



Tota
la terra d' Ultra-mar,



Pus
qu' es pòt far.







Prelat!
tant quant ha de poder



En
far bé, lo bé li quer



Que
dó a Deu de son haver;



E
lo donar es son bé fer



En
son bòn lòch;



Sino
delay no 'ls parra jòch.



¡Ah!
fòrt los tòch!



Prelat!
guarda quant est honrat



Per
Jhesu-Christ, molt deshonrat;



Car
per tú está pauch amat,



E
p' el Sepulcre no cobrat,



¡Ah!
vay l' honrar
Per lo consili emparar,



Sens
còr avár.







Senyors
prelats! ¿e qué farets



De
lo gran poder que havets?



¿A
Deu honrar dar lo volrets?



Si
no ho fayts, ¡ah! ¿qué direts



Al
jutjament,



Quant
Deus dirá: - “Mon malvolent!



Vay
a turment!" -







Prelat!
no pòts Deus enganar,



Ne
en res no lo pòts forçar;



E
si del seu no li vòls dar,



De
tú 's porá fortment venjar;



Si
no est bò,



No
haurás escusació;



Dir
t' ha de no.







Senyors
prelats! bé 'n son certá (13



Que
si lo consili no 's fá,



Vos
hi metrets la vostra má;



Aquella
má on fugirá



A
greu dolor



Perpetual,
per qui 'l Senyor



Ha
deshonor.









Senyors
prelats! tal mal me sent (16)



Car
vey alcú ensenyament,



Que
el consili no sia nient (17);



E
si ho es ha defalliment (18)



Pena
e mal,



De
qui serets perpetual



Malvat
hostal.







Senyors
prelats! bé 'us es vengut



Si
fayts consili e rebut;



Si
no 'l fayts mal vos es cresut,



Lo
consili no fós sabut,



Ne
nomenats;



Per
mant home serets blasmats



E
meynspreats.

Senyors prelats! no es leó



Qui
no faça tembre el moltó:



E
diets hòc, puis diu de no (19) (hòc : sí en
OCcitano, lenga d´Òc, oc, och
)



De
ço en qui ha gran raysó,



Pauch
es temut;




li fora que estés mut,



No
recreut.







Senyors
prelats! no val anell



Ne
gran cavall, ne bél mantell,



Ne
gran flocha de mant donçell (20) (flota, muchedumbre)



Si
en sos fayts no ha capdell,



Discreció,



E
que sia ardit e prò



Quant
es raysó.















VI.



DELS
RELIGIOSOS.

RELIGIÓS! fayts monastir,



Per
tal que 'y puscats Deu servir;



Si
en Ultra-mar l' anats bastir,



P'
el consili podets venir (21),



E
preycar,



E
per lo Papa a pregar,



E
consellar.







Religiós
bò se sotsmet



A
servir Deu quant éll vá dret;



E
si contra el consili es met,



Sots
son habit está nelet,



Habit
de mal;



Sots
lo qual habit no val



Ni
es leyal.







Religiós
contemplatiu



Temor
de Deu está son niu;



No
tem menaças ne nuyl briu,



Ne
no vòl esser sejorniu:



Vay
preycar



Que
anem tuyt en Ultra-mar



Per
Deus honrar!







Religiós!
entinme bé; (entiéndeme)



Si
contra Deu fay nuyla re,



Molt
pus gran pena te cové;



Car
fenys te que faças mays bé



Que
altre, e par



Que
mays que altre 't deus guardar



En
lo mal far.



Religiós!
si vòls servir



Molt
Deu, vay per s‘ amor morir,



E
de la sancta fé ver dir



Als
infaels, per convertir; (infieles; se encuentran
variaciones de esta palabra
)



Car
gran plaer



Ha
Deu d' hom qui vòl sostener



Mòrt
per dir ver.







Religiós!
oració



Fay
a Deu molt gran, qu‘ él nos dó



Consili
verdader e bò, (verdadero; vertader; de veritas: veritat,
vertat, verdad
)



E
qu' el Papa dó gran perdó



Ab
gran tresòr;



Car
l' un e l' altre han lo fòr,



E
mal hi mòr.







Religiós
bò es presich



Que
faça a l' hom que se castich (22)



E
que dó a cell qui te rich;



E
pus que t' es mes en oblit,



Vay
preycar



Lo
Papa, que vuyla passar



En
Ultra-mar.







Religiós!
si 'l papa vá



En
Ultra-mar, tot hom irá,



Tota
la terra conquerrá. (conquistará; conquerirà)



Religiós!
si en tú ha



Gran
ardiment,



Crida,
preyca valentment



E
mantinent.















Religiós!
tú saps qu' el chá, (cà; can, perro)



Tant
ladre, qu' hom s' en despertá, (lladre; ladra)



E
fuyg lo mal e lo bé fá.



¿Quál
de nosaltres ladrará,



Per
despertar



Aquells
qui poden gran bé far



En
Ultra-mar?







Religiós!
lo teu habit



Deu
esser de molts béns complit.



E
de bons eximplis guarnit,



Per
ver amor esser ardit;



E
sens pahor



Deu
esser gran preycador



Per
lo Senyor.







VII.



DE
CONTRICCIÓ.







CONTRICCIÓ,
a mon albir (23)



Tròp
vos delicats en dormir (24),



¿Per
qué no anats còr ferir



Del
qual façats amor exir,



E
gran amar,



Dolor,
sospirs e molt plorar,



Per
satisfar?







Contricció,
cell qui no 'us vòl



Sens
fina amor está tot sòl;



E
si lo còr contrit no ‘s dòl,



De
tot en tot serets en sòl;



Ja
gras capó (28) (capón gordo, con mucha grasa; gras, como el foie
gras
)



No
'us valrá a dampnació,



Préchs
ni perdó.



Contricció,
lo nòm perdrets,



Si
dels peccats dòl no havets;



E
que 'ls peccats tant no plorets,



Com
sabets que gran scarn fets;



Si
no 'ls mundats,



Plena
estarets de barats



E
falsetats.

Contricció, hipocrita



Vos
vá en torn, e si no 's fá



Lo
consili, vostra lana



De
falsetat mant hom vestrá,



Per
destruir



Lo
consili, fá jaquir



Deus
a servir.







Contricció,
vostre panó



Alcuna
vets es tració;



Car
ço que defòra eus per bò,



De
dins es mal e falió



E
gran peccat;



Perque
havets lo nòm mudat



Per
gran barat.







Contricció,
cota e mantell



Fán
de vos mant hom gran e bell,



E
si vos sots de bòn capdell,



Deus
vòl que hajats mant donçell



E
mant cavall,



A
destruir mal en vall



D'
on mal tresall.















Contricció,
no 'us vuyl mentir;



No
‘m play ab vos en lur dormir,



¿D'
on fayts devocio exir



Si
‘l consili fayts er jaquir (26)?



E
car plorats



Per
ço que façats grans barats,



Mal
vos n‘ es dats.







Contricció,
a vos me dó



Ab
que amets devoció,



E
far consili gran e bò,



Fòra
de tota tració



E
mal pensar;



Ab
vos iray en Ultra-mar,




exalçar.







Contricció,
qui bé es penet,



Tantost
es exit de nelet;



E
en tot ço qui es ha dret,



E
per tot vá cap dret (27)



E
es ardit,



Pus
que está de mal exit,



Per
vos guarnit.







Contricció,
lo dejunar



Que
fayts, el sospir e plorar,



Oració
e lo cantar,



Tot
se coneix al satisfar



De
qual part vé;



Car
luny está lo mal al bé,



Ço
leu hom ve (28).















VIII.



DE
SATISFACCIÓ.







SATISFACCIÓ
es hostal



En
qui no está negun mal,



Ne
tem menaçes ne destral,



Car
satisfer es son cabal;



Perque
Deus há



Qui
li ajuda ça e llá,



Segur
está.







Satisfarás
a ton voler



Del
mal que has fayt, ab bé fer;



Satisfarás
a ton saber,



A
ton membrar e a ton poder,



Que
'ls dóns a Deu,



Per
ço que trestot sia seu



Ab
tot son feu.







Satisfarás
a ton sentir



A
imaginar e consir



En
ayço que no deus tenir,



Ab
còr contrit e ab sospir



De
lo mal far,



E
gran sia lo desirar



En
Deus honrar.

Satisfé consili a Deu
En tot ço que ‘y sia
seu;
Si no ho fas mal ten vendrá leu
En tot quant has, e será
‘t greu.
¡Oh, consili!
No ‘t valdrá tresòr ne cosí
A
mala fí.



Si
lo consili bò no ‘t sáb,
De sanctetat te farás gàb
(29);
Nuyl bé menjarás en ton màb,
Ira de Deu será en ton
càp.
¡Ah, robador!
No faças a Deu deshonor,
Lo teu
Senyor.

Consira quant t‘ ha Deus donat,
E com te fá
estar bastat,
E quant es ço que ‘l has emblat;
Si no ho
sàbs, mala fuist nat.
Hages consell
Ab virtuts, no ‘t dóns
del coltell,
Hages capdell.

Si no satisfás en aquest
món,
En infern irás tan pregon,
Que de tot mal haurás
ahon,
E nuyl bé no ‘t será en torn.
¡Ah, cavaller!
Sias
bò e valent guerrer
E vay primer.

Si satisfás a ton
parent
De ayço en que no has nient,
No satisfás, mas
fentement (30)
Sabrás ho al traspassament,
Quant Deus dirá:
-
“Qui no satisfá ço que ha,
Dampnat será.” -






Si
satisfás a ta honor



Mays
que a Deu, car es millor;



Si
a éll satisfás amor,



Ell
te dará lo dó major



De
salvament,



Hon
estarás eternalment



Alegrament.







Qui
satisfá sí ha raysó,



No
está pech, ne es moltó;



Si
al consili diu de no,



No
estará veray ne bò,



E
tot lo mal



Que
li vendrá, será hostal



De
mal cabal.

IX.



DE
DEVOCIÓ.







DEVOCIÓ!
¿e hon estats?



¿Poriem
saber si vendriats



A
est consili, si 'l amats?



E
que al Papa tòst digats



E
al cardenal



Que
dona sots de lur hostal



Perfayt
cabal (31)?







Devoció
de volentat,



Siats
cosina de bontat,



D'
enteniment e de bòn grat,



E
que no 'y sia nuyl barat



Ne
dir de no



Al
consili, com sia bò



De
gran perdó.



Devoció,
lo consirar



E
li sospir e li plorar



Requeren
a vos gran amar.



Prelats,
barons a escalfar



Cascú
vos pòrt



En
Ultramar, e siats pòrt



De
bòn conòrt.







Devoció,
tot quant havets,



Sia
amor, lausor e prets;



E
si no fayts quant far porets,



Fals
e debades planyerets (32):



Vostre
plorar,



E
'ls sospirs fayts per enganar



Contra
bé far.







Devoció,
are 's parrá



Si
lo vostre plorar valrá;



E
si no vál, ¡ah! ¿quí creyrá



Vos
e RAMON per paraulá



E
per plorar?



Anats
los altres enganar



E
baratar.







Devoció,
ara es temps



Que
per vos sia tal comèns,



E
per lo Papa quint Clemens,



Tot
lo món ne sia jausens;



E
si fallits,



¿Qui
'us creyrá per plòrs ne per crits



Vostres
bélls dits?















¡Ah!
¿e qué vál gran caparó



En
càp sens devoció?



¿Ne
qué val menjar gras capó



Emblat
a son bòn companyó,



Per
Deus honrat,



Qui
ab hom s' es aparentat



Per
amistat?







Devoció,
iray plorar



E
al consili preycar



Als
senyors qui lo poden far;



E
si vos hi volets anar



E
m' ajudats,



Cridarem
trò sia altrejats




ordenats.







Devoció
sens ardiment,



Discreció,
bò estament,



E
sens manera d' ardiment,



No
valrá 'l consili nient.



¿Qué
nos farem?



De
bòns fayts nos aparellem,



Quant
hi irem.







Qui
bé ama, no ha pahor,



Ne
res no 's té a deshonor;



Pus
que de Deus es servidor,



Al
nostro hostal lexem pahor (33);



E
ardiment



Sia
nostre pà e piment, (sea nuestro pan y pimienta)



E
bòn talent.





X.
DE
ORACIÓ.

ORACIÓ! venits ab nos.
E que siam bòns
companyós;
Vos preyrets Deus qui es bòs
Que ajút a fayre s‘
honors
Per sí honrar,
E lo consili acabar
Per
Ultra-mar.

Oració, a Deu pregats
Que al Papa dó
volentats,
Com es lo poder que ‘ls ha dats
Als cardenals e
als prelats,
E los barons
E a totas religions,
Per far fayts
bòns.

Oració, qui prega Deu
Que li perdó los peccats
leu
El dó e no vòl esser seu,



Lo
consili li es molt greu;
Vá per camí
A hostal greu de mala

Vespre e matí.

Oració, en mant hom sots,



Qui
Deus prega per ço desots,



Plora,
suspira al sanglots,



E
de Deu no 'l cal una crots (34),



Perque
fallits;



Car
ets en homens mal nudrits (35)



De
bòn fayts dits.



Oració,
si com pregats



Ço
que en boca vos formats,



En
vostre còr mal pensats,



Com
lo façats greument errats,



Res
no valets;



Car
no fayts lo bé que parlets,



E
mal volets.







Oració,
Deus diu de no



A
quí 'l prega ab tració,



Ab
sacrifici qui es bò



Mala
lo met en son mentó.



Anats
dormir;



Mantes
vets m' havets fayt fallir,



Deus
escarnir.







Oracio,
al hom pech



Diu
hom cauech bauech (36):



-
E com vos estats fals alberch!




'us fá qui 'us diu qui' s famech. -



Oració,



Lo
mal puja è lo bé no;



Deus
vos perdó (37).







Los
apostols preycaven,



Deus
los dava que volien,



Los
infaels convertien,



E
per amar élls morien,



E
per honrar;



Tròp
vos havets venuda car
Per oblidar.





Oració,
veig vos xantar,



Molt
e petits miracles far;



Ab
petit vos veig destorbar;



Par
que no hajats gran amar,



Mays
en cosí,



En
sejornar, e en bòn ví (38),



E
en aur fí.







Oració,
ja no anets



Al
consili si no volets;



Car
Deus hi perdrá sos drets.



E
si vos molt amar volets,



Deus
vos valrá;



Per
vos lo consili es fará,



E'
l bé 'n vendrá (39).







RAMON,
tot ço que pòt far



Per
bòn consili ordenar,



Ab
la senyera e preycar,



Aquells
qui 'l poden ordenar



Per
gran amor,



E
qui han la força mayor



Per
lo Senyor.





XI.




Senyor
Deus: pluja,
Perque el mal fuja,
Car peccat puja!
------




Senyor,
tal pluja donats,
Que en amor, Papa, prelats,
El Sepulcre sia
cobrats,
E lo gran nòm vostre honrats.
Senyor Deus!
pluja,
Perque el mal fuja,
Car peccat puja!

Quant el
consili es justats (40),
Ver Deus, justicia donats
Per
conseller a los prelats;
Car no ‘y será nuyl barats.
Al
consili ver Deus ajudats (41).
Senyor Deus! pluja,
Perque el
mal fuja,
Car peccat puja!

Prudencia sia conseller,
Que
consella fayt vertader;
A lo consili es mester;
Sens ella no
valrá diner.
Senyor Deus! pluja,
Perque el mal fuja,
Car
peccat puja!


Fortitudo
de gran confòrt



De
lo consili sia pòrt;



Si
no ho es já me ‘n desconòrt,



Car
lo bé hi perdrá son sòrt (42).



Senyor
Deus! pluja,



Perque
el mal fuja,



Car
peccat puja!







Si
lo consili ha son fòr,



Temprança
gran será el tresòr,



Car
tot será vestit d' òr,



E
de virtuts, e de bòn còr.



Senyor
Deus! pluja,



Perque
el mal fuja,



Car
peccat puja!







Si
la fé grans amichs no há



A
lo consili ¿qué fará?



Lo
consili es clamará



A
Deu, car la fé no ‘y valrá.



Senyor
Deus! pluja,



Perque
el mal fuja,



Car
peccat puja!







Qui
'l consili volrá honrar,



Esperança
vuyla menar;



Car
ab ella es porá acabar (43),



Fals
hom no ‘y porá contrastar.



Senyor
Deus! pluja,



Perque
el mal fuja,



Car
peccat puja!







Caritat
venits aydar



Al
consili, per lo bé far,



E
‘l Papa enamorar



E
cardenals aconsellar.



Senyor
Deus! pluja,



Perque
el mal fuja,



Car
peccat puja!







Avaricia
es camí



Per
qui hom vá a mala fí;



Si
ella es al consili



Ell
no valrá un peytani (44).



Senyor
Deus! pluja,



Perque
el mal fuja,



Car
peccat puja!







Glotonía
es destral



Ab
còlp mortal;



Si
al consili ha hostal,



Lo
consili en res no vál.



Senyor
Deus! pluja,



Perque
el mal fuja,



Car
peccat puja!







Si
al consili vá ergull



Ab
nuyl hom, ne en éll l' acull,



Tot
hi será de mal escull;



No
‘y cal anar RAMON LULL.



Senyor
Deus! pluja,



Perque
el mal fuja,



Car
peccat puja!





Accidia
e neglijar



De
far bé e destorbar,



Si
al consili pót entrar,



No
‘y cal nuyl hom bò anar.



Senyor
Deus! pluja,



Perque
el mal fuja,



Car
peccat puja!







Enveja
es desijament



De
fembra, castell e argent;



Si
lo consili es son parent,



Tot
será vestit de nient.



Senyor
Deus! pluja,



Perque
el mal fuja,



Car
peccat puja!







Ira
es trista passió;



D'
ella no vé consell bò:



Si
al consili ha maysó,



Lo
consili no será bò.



Senyor
Deus! pluja,



Que
RAMON s' huja,



Car
lo mal puja!





VARIANTES.




(1)
En lònch e ample e ‘n pregon



(2)
Aconsellar per bòn capdell,



(3)
E la vòlp engana al capó (*)



(4)
E si anats vespre, matí,



(5)
Barat ne tòrt, mal no pendrets;



(6)
Per fayt secrets.



(7)
E Deus vos haurá desgrat;



(8)
Si no li fayts far quant porá,



(9)
Perque sant Pere ne sejorn,



(10)
Ab bòn Rey, salvayre Jhesus;



(11)
Car envenjats.



(12)
A son orde cardenalat;



(13)
No sáb fer còlps amanés



(14)
E falsa amor si en son llit



(15)
Senyors prelats! Bé 'n son cèrt ¡ah!



(16)
Senyors prelats! tan mal me sent,



(17)
Que el consili no si ment;



(18)
E si 'u es ha defalliment



(19)
Qui no 'n faça tembre un moltó;



E
qui diu hoc e puis diu no
(hoc : sí en
OCcitano, lenga d‘Óc, oc, òc, och; en 146x todavía se encuentra
en textos de los deputats del General de Cathalunya residents en
Barchinona. Y pretenden decir que el catalán es una lengua diferente
al occitano, con todas sus variantes o dialectos: provenzal,
provençal, lemosin, lemosín, de Limoges, lengadoc, languedoc,
vivaroaupenc, gascón : aranés, etc
).



(20)
Ne gran flota de mant donçell,



(21)
Al consili podets venir,



(22)
Que fas a l' hom que se castich,



(23)
Contricció, es a mon albir



(24)
Tròp vos delitats en dormir,



(25)
J‘ agras capó



(26)
Si ‘l consili fayts en jaquir?



(27)
E per tot vá cap aret



(28)
Coleu hom ve.



(29)
De seendat te farás gàb;



(30)
No satisfás, mas fen tament



(31)
Per fayt cabal.



(32)
Fals adebadas planyerets: (debades; en vano)



(33)
Al nostre hostal lexem pahor;



(34)
E de Deu no 'l cal una nots, (**)



(*)
En el texto dice rapó en vez del vocablo capó (capón) de la
variante. La palabra rapó no la hemos visto usada por ningún
autor lemosín; ni sabemos, si es que no sea equivocación de
copista, su equivalencia castellana, aunque hayamos usado en el
extracto que va al frente de la composición de la palabra raposa,
para no dejar intraducido el pasaje. (la canción ai vist lo lop,
lo “rainard”, la lebre; rabosa : zorra, zorro
)



(**)
En otro códice se lee: E de Deu no 'l cal una tiots, (crots
: crotz : creu : cruz
)



(35)
Car ets en homens mal noyrits
(36) Diu hom cavech bavech:
(37)
Deus vos ho perdó.
(38) E en sejornar, e en bon ví,
(39) E 'l
ben venrá
(40) Quant al consili er justats,



(41)
Al consili ver Deus aydats.
(42) Car lo bé hi perdrá son
fòrt.
(43) Car ab ella es porá cobrar,
(44) Ell no valrá un
peytavi.