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viernes, 12 de febrero de 2021

15 DE JULIO.

15 DE JULIO.

El arzobispo de Tarragona, el conde de Módica, el conde de Prades y maestro Martin Pere, síndico de Gerona, firmaron y juraron en este día los capítulos firmados por la Reina y los señores Diputados y Consejo, con intervención del prothonotario de dicha señora Pedro Oliet.
Ocupáronse los señores Diputados, acto continuo, de algunas remuneraciones que se habían de hacer a los que trabajaron en el enganche de gentes de armas, y, por último, se expidió la siguiente carta.

Als molt honorables e savis senyors los pahers de la ciutat de Leyda.
Molt honorables e savis senyors. Per quant es concordat que quiscuna universitat de aquelles qui llurs sindichs han entrevengut en aquests afers e han fermada la capitulacio fermada per la Senyora Reyna e per nosaltres e aquest consell es molt necessari que prestament fasseu ajustar vostre consell e fermar la loacio e aprovacio e concessio de la dita capitulacio segons la forma queus enviam ordenada e quen fassau fer dues e que les nos tremetau decontinent ab lo portador de la present car la una ha esser donada al Senyor Rey e altre se ha a retenir aci per nosaltres e en aquest consistori aquesta ciutat ab lur consell de cent jurats la ha aximateix fermada. E aço es stat delliberat fer axi per quant lo vostre sindich no havie poder en scrits. Placiaus en aço dar diligencia que prestament se faça car altrament nos poria haver lo contracte fermat per la Senyora Reyna. E sia senyors
molt honorables e molt savis la Sancta Trinitat vostra guarda. Dada en Barchinona a XV de juliol any Mil CCCCLXI. - A. P. abat de Montserrat. - Los diputats e consell etc. a vostra honor prests.

Iguales a la carta que precede, se enviaron también otras, dirijidas a los jurados de Gerona, a los procuradores de Tortosa, a los cónsules de Perpiñan, a los paheres de Cervera, a los concelleres de Manresa y de Vich, a los cónsules de Villafranca de Conflent, y a los jurados de Villafranca del Panadés.

domingo, 28 de junio de 2020

CAPÍTULO XIX.


CAPÍTULO XIX.

De la venida de los Cimbrios a España, y del uso de las cimeras que de ellos ha quedado.

Dejaré los sucesos de España y cosas de ella, acontecidas después de la presa de Arbeca, que aunque fueron muchos, pero como no tocan a cosas de los pueblos ilergetes, Livio, y Ambrosio de Morales y el padre Juan de Mariana, de la Compañía de Jesús, los cuentan largamente; y diré la venida de los cimbrios a España, que fue el año 103 antes del nacimiento del Señor. Eran estas gentes de lo postrero y más alto de Alemania; y Sedeño, en la vida de Mario, dice que eran de Zelanda. Solían aquellas gentes septentrionales muy a menudo salir de su tierra juntos en grandes ejércitos, para ganar por fuerza de armas lugares donde parasen. En esta ocasión salieron por fuerza, porque el mar saliendo de madre, les cubrió sus campos, y se los anegó todos, como acontece muchas veces en algunas partes de Flandes, (Niederlanden, Holanda, tierras bajas) y lo hiciera mucho más, si con aquellos reparos que ellos llaman diques no lo previnieran y estorbaran; y en tiempo de nuestros abuelos, se extendió el mar por los campos de Holanda y Zelanda, y dejó anegado gran término de tierra, y en él muchos lugares y villas, y tres grandes ciudades, que hoy están debajo de aquellas aguas. Así les aconteció a estos cimbrios: discurrieron hasta Italia y Francia, de donde les echaron Cayo Mario, que fue el que les persiguió más que ninguno, y Quinto Luctacio Catulo, que eran cónsules de Roma, y mataron más de ciento y veinte mil de ellos, y cautivaron más de sesenta mil; porque era tan grande el número de esta gente, que dice Plutarco ser treinta miriadas de hombres que llevaban armas, que contados diez mil hombres por cada miriada, serían trescientos mil hombres, sin las mujeres y niños: eran gente feroz, bárbara y muy arriscada, y dieron tanto que pensar a los romanos, que temieron que no acabasen aquella su república y nombre; y dice Plutarco, que las otras veces que los romanos pelearon con otros bárbaros, fue para gozar de la gloria y honra del triunfo, pero con estos solo pelearon para echarlos de si, librarse de tal gente y conservar a Italia. Tenían lenguaje particular, cuyo idioma duró en España hasta el año de Cristo Señor nuestro 514: así lo dice Flavio Dextro, hijo de San Paciano, obispo de Barcelona: praeter linguas latinam, cymbricam, goticam in Hispania erat lingua cantabrica, et politior latina, hispana, quae copia verborum, elegantia et tumore, à cantabrica differebat. De esta gente quedó el uso de los timbres, que por otro nombre llamamos cimeras, vocablo derivativo de ellos, como de sus inventores. Usábanlas, como dice Plutarco, para mostrar ferocidad y braveza, con gran estatura de cuerpo, trayendo sobre sus celadas diversas figuras y formas de animales fieros, en aquella figura que podían mostrar mayor ferocidad; y esta invención ha sido tan acepta, que se ha conservado hasta nuestros días, que apenas hay caballero que sobre sus armas no traiga su timbre o cimera; aunque en esto hay hoy tantas usanzas, que apenas se guardan las reglas de armería, porque cada uno lo hace como mejor le parece. Pero pues ha venido esta materia en este lugar, diré lo que en orden a esto hay, y es que por cimera se debe poner el animal, ave, pez u otra cosa viviente, que trajere el caballero dentro de su escudo, en la forma más fiera y principal que, conforme a su naturaleza, pudiera estar, y del mismo color que estuviere dentro del escudo; y si no hay animal, ave o pez, puede servir de cimera el cuerpo más principal de él, como un castillo, una torre, etc. Bien es verdad que hay algunos caballeros que no observan esto, como los Girones, que tienen por cimera un caballo, sin traerlo en el escudo, y el escudo de las armas de Cataluña, que lleva por timbre un murciélago, (lo rat penat del rey de Aragó) sin haberlo en el escudo. Pero no es lícito hacer todos lo que hacen, los Girones e hicieron los dueños del escudo de las armas de Cataluña, salvo si fuesen los tales iguales a ellos. Hoy usan poco los soldados de estas cimeras encima de las celadas, como antiguamente, porque son cosa pesada y dan embarazo al soldado, y en lugar de ellas traen plumas, que á mas de ser muy vistosas, no son tan pesadas como eran estas cimeras, que solo sirven de adornar los escudos y armas y los reposteros de los señores, y las plumas las cabezas o celadas que ellos traen. Cuando estas cimeras se ponen en los escudos, han de salir de ellas los follajes que caen por el lado del escudo y entorno, y llegan abajo de él, y han de ser del mismo color que las armas; y dice Don Antonio Agustín, arzobispo de Tarragona, en unos diálogos manuscritos que tratan de esta materia, que estos follajes eran hojas de la yerba acanto, que son muy grandes y nacen en los pantanos y suelen también servir de adorno en los capiteles de las columnas corintias, y en latín a estos follajes llamamos stemmata y blasones en romance, de donde quedó que de uno que se alaba y jacta mucho de sus pasados y de los hechos de él, le decimos que blasona mucho.
Bien es verdad que hay algunos que quieren que cimera sea derivativo de chymera o quimera, y también puede ser; pero lo más cierto es que se tomó de los cimbrios, que no de la chymera, animal inventado de los poetas, que puesto sobre las celadas, podía también servir de cimera, por ser de feroz y extraña invención, y tener cabeza y pecho de león, vientre de cabra y cola de dragón.
Estos cimbrios no solo infestaron la Italia y Francia, mas también llegaron a nuestra España, que parece que siempre fue el fin y paradero de las peregrinaciones de los bárbaros, que no cabiendo o siendo echados de sus tierras, han buscado mansion y morada en ella. De esta vez entraron por la parte de Francia y Alvernia (dialecto occitano Auvernhat), y de aquí vinieron a España, cubriendo gran parte del reino de Aragón (que no existía aún, como otros nombres que usa el autor en este libro) y toda la región de los ilergetes; y el poder de estas tierras no era tal que pudiese resistir a tanta gente, y para valerse contra ellos, llamaron en su favor a los celtíberos, y unidas las fuerzas de los unos y de los otros, resistieron tan valerosamente, que los desbarataron, vencieron y pusieron en huida, y libraron a España de esta plaga y calamidad, y ellos se volvieron otra vez a Italia, donde les aconteció lo que cuenta Plutarco; y después del año 102 o cerca, antes de la venida del Hijo de Dios al mundo, después de haber infestado a Francia e Italia, volvieron también otra vez a España y quisieron entrar por los pueblos ilergetes, y fueron resistidos de los mismos ilergetes y celtíberos, y otras gentes que se habían juntado contra ellos. Y creo que Tito Livio debía contar muchas cosas de estas gentes según se echa de ver del epítome de Lucio Floro; pero como faltan estas décadas, Plutarco suple por ellas en muchas cosas.

miércoles, 25 de diciembre de 2019

CXLI


CXLI (1)
Núm. 6.
(1) A este documento, escrito en papel, no solo le falta la fecha, sino que no lleva tampoco ninguna firma, signo, ni otra prueba de autenticidad, y está plagado de enmiendas y añadiduras; de modo que al parecer no es más que una minuta o borrador del tratado que en él se esplica.

Ad honorem Dei omnipotentis patris et filii et spiritus sancti ego Raimundus Berengarii gratia Dei barchinonensium comes ac princeps regni aragonensis tale pactum et conventionem vobiscum januenses facio: quod in primo discessu vestro ab expeditione imperatoris antequam Januam reddatis ero cum exercitu meo pro posse bona fide sine fraude primo in Tortosa deinde ad insulas Baleares scilicet Maioricam Minoricam Eviçam Fromenteram el ad alia maritima et deinde sicut ego concordavero de hoc cum imperatore et sicut concordavero cum consulibus comunis Janue qui in illo exercitu fuerint et in exercitu morabor cum januensibus qui in exercitu fuerint et moram ibi fecerint nisi justo Dei impedimento remanserit aut consilio eorum et nostro. Et servabo vos et res vestras bona fide secundum meum posse et habeatis libere et sine omni gravamine tertiam partem civitatis atque locorum cum eorum pertinentiis quas vel que nos simul ceperimus aut michi vel vobis sese reddiderint duabus partibus michi retentis: et non ero in consilio neque in facto ego vel heredes mei ut comune Janue suam tertiam partem amittat. Insuper faciam jurare eos homines quibus partem meam comitam et similiter heredes mei faciant ut non sint in consilio neque in facto ut tertiam partem amittant aliquo in tempore. Et si quis voluerit eam vobis auferre quod adjuvent eam vobis defendere et retinere sine fraude et malo ingenio. Eandem vero partem quam civitas vestra habet in temporalibus ecclesia vestra habeat in spiritualibus: et in omnibus illis civitatibus quas ego acquisiero in quibus tertiam partem non debetis habere habeatis unam ecclesiam cum tanto honore et domibus unde quinque clerici possint honorifice vivere et habeatis unum fornum et unum balneum et unam alfundecham de melioribus et gardinum bonum et in omni terra mea quam habeo vel deinceps acquisiero salvi et securi eritis vos et homines vestri districti cum rebus vestris. Nullum enim portaticum neque pedaticum neque usaticum dabitis in tota terra mea vel mari a Rodano usque in occidentem: et illud portaticum et pedaticum sive ribaticum non dabitis in terra mea vel mari ab illo die in antea quo vos eritis mecum pariter in obsidione alicujus civitatis aut illam pariter capiamus vel reddatur michi et vobis aut singillatim vobis aut singillatim michi aut si iste galee qui modo sunt in Ispania Tortuosam prendiderint: et quamdiu in exercitu insimul erimus non faciam pactum neque convenientiam aliquam de reddenda mihi aliqua civitate vel loco in pre .... de recipienda pecunia neque de aliqua diminutione januensis exercitus sine consilio januensium consulum qui in exercitu fuerint.
Hoc pactum jurabit heres meus cui terra mea post me remanebit quando consules comunis Janue voluerint. Preterea januenses illi qui tenebunt partem iliam recognoscent dominium comitis et suorum heredum sic tamen ut partem illam libere et sine gravamine aliquo possideant. Ita ut januenses illi jurent meis heredibus duas partes et mei heredes illis tertiam partem salvare et fideliter defendere bona fide. Et ille navalis exercitus januensium postquam in expeditionem movebuntur sit securus et salvus cum omnibus sibi pertinentibus in eundo et redeundo per totum meum honorem maris et terre ubi potentiam habeam et vendant et emant secure quocumque voluerint et quod ego aut ulla mea persona non offendam illos in aliquo sed illos et sua bona fide salvabo et secundum posse meum defendam. In tota vero convenientia suprascripta possit addi vel minui secundum quod michi et consulibus communis janue placuerit vel heredi meo per nos metipsos vel per heredes nostros. Hec omnia observabo bona fide sine omni fraude nisi justo Dei impedimento remanserit aut per parabolam consulatus comunis Janue qui in exercitu fuerint: et si michi forte quod absit aliquod impedimentum evenerit ut ego evenire non possim predictum pactum et conventionem principes et comites et milites mei cum aliis meis hominibus compleant.

Nota:
Maioricam Minoricam Eviçam Fromenteram: Froment, frumento, forment, tipo de trigo.
consulibus comunis Janue: cónsules del común de Génova.
Alfundecham: alhóndiga ?
Pedaticum: peaje ?

sábado, 16 de enero de 2021

23 DE ABRIL.

23 DE ABRIL. 

No hubo sesión con motivo de ser la fiesta de San Jorge, que celebraron los Diputados como de costumbre, predicando en aquella el maestro Juan Ferrando, prior de Tortosa, y asistiendo el señor Primogénito.
Llegó, el mismo día, el conde de Módica, y se recibió la siguiente carta de los cónsules de Puigcerdá.

Als molt reverend magnifichs honorables e de gran saviesa mossenyors los diputats del General del Principat de Cathalunya residents en Barchinona.
Molt reverend magnifichs honorables e de gran saviesa mossenyors. Pochs dies ha passats reebem una vostra letra ab la qual nos avisau com a noticia vostra seria pervengut que entre lo venerable En Johan Solanel qui es aqui sindich de aquesta universitat de una part e En Pere Sunyer de aquesta vila de la part altre era e es certa diferencia haveu insistit per mija de certes persones a aço diputades que lo dit Johan Solanel dona loch que lo dit Pere Sunyer qui a instancia sua stava en preso isque de aquella e que entre ells sobre lur sia fet cert compromis del qual se tractara aci pregant nos vuyllam entendre entre les dites parts e donar orde que migençant lo dit compromis la dita diferencia se leu totalment es seguescha pacificacio e repos entre les dites parts. Perque mossenyors rehabuda la dita letra axi com aquells qui ab gran afeccio desigen les coses per vosaltres demanades portar al fi per vosaltres e nosaltres desijat de continent no una vegada mes encara moltes havem comunicat de aquest fet ab los de la part del dit Sunyer ço es ab En Johan Clergues de Bolvir qui es en aço se diria es reputaria esser cap ab lo qual no havem pogut res acabar ne conduhirlo en ço que vosaltres ne nosaltres volguerem ans a conclusio nos ha feta resposta tal de que nosaltres no som contents. E per ço mossenyors vos intimam les dites coses per queus placia provehirhi segons vostres molt gran reverencia magnificencies e honorables savieses conexeran si dege provehir. E si algunes coses mossenyors molt reverend
magnifichs honorables e de gran saviesa vos seran plasents per nosaltres fahedores stablement nos scriurets. Scrita en Puigcerda a XX de abril del any Mil CCCCLXI. - A vostres honor e servey apparellats los consols de la vila de Puigcerda.

martes, 26 de enero de 2021

15, 16 de mayo, 1461

15 DE MAYO. 

Ocupáronse de la contención habida entre el síndico y el veguer de Gerona, y del castigo que se les había de aplicar; habiéndose antes leído la carta enviada por la Señora Reina.
En otra sesión del mismo día, por la tarde, se tomaron varios acuerdos, entre otros, que el arzobispo rogase a los embajadores de Valencia aguardasen la contestación de la reina a la que le enviaban los Diputados; y que se nombrasen ocho personas para responder al obispo de Elna.

Además, los señores Diputados mandaron escribir la carta que sigue.

Al molt e magnifich e de gran saviesa mossen Arnau Guillem Pastor cavaller regent la vegueria de Barchinona president en lo exercit del Principat de Cathalunya.
Mossen molt magnifich e de gran saviesa. E mes havem que mossen Foixa hauria leixat lestandart de Sant Jordi de que havia carrech. E per quant havem bona relacio den Johan Bonet de Tortosa qui es cathala e per intercessio de alguns aqui no volem fallir volem eus encarregam que si axi es que lo
dit mossen Foixa hauria leixat lo dit standart aquell
acomaneu al dit Johan
Bonet en la manera que lo dit mossen Foixa lo tenia e
en aço no
haja falla com axi vullam se fassa per
los dits sguards. Dada en Barchinona a XV del mes de
maig del any Mil CCCCLXI. - A. P. Abat de Montserrat. - Los
diputats del General de Cathalunya residents en Barchinona
a vostra honor prests.

16 DE MAYO.

Se dio cuenta de
varias cartas que se habían recibido, a saber, de Francisco Lobets
enviado a Perpiñan, de los cónsules de esta villa, del diputado
local de Puigcerdá, del Señor Rey, de Juan Brujó, y de los
embajadores enviados a Cerdeña y Sicilia; se acordó escribir a la
referida villa de Perpiñan para que se prendiese a algunos
perturbadores, y hacer una carta a la Señora Reina, nombrando
embajadores para llevársela a mosen Vilademany, al prior de Cataluña
y a mossen Jaime Ros, con las instrucciones convenientes, cuya
última resolución fue aprobada por el Concejo de la ciudad; el
contenido de todo lo cual se halla a continuación.

Als molt
reverends egregis nobles magnifichs e savis senyors los diputats
del General e consell lurs representants lo
Principat de Cathalunya residents en Barchinona.
Molt
reverends egregis nobles magnifichs e savis senyors. Vuy hora
tarda so entrat a Perpenya e los consols man
tremes hun home al Partus (puerto Pertús) ab
una letra
pregant me prestament jo entras que ells me speraven ab
lur consell tenien apleguat e nos desaplegarien fins jo
fos vengut e tentost entri e fuy ab ells a la
casa del consolat e lo perquem volien era En
Noves de Vola que tracta e maneja coses nocives
al benavenir de la terra e tals que mareix esser pres lo
qual es vuy en aquesta vila e per que han los oficials
qui no son prou fets a lur plaer volien que lo vostre
diputat local lo fes pendre e ell han recusat dient que lo seu
poder no basta a tant e pensaven ja hagues poder de fer lo
pendre e per lo semblant los he dit que no he aqueix
poder ne axi poch de consellar ho al dit diputat local e per ço han
acordat que passada la mitga nit lo honorable En Johan Ramon
partescha per anar aqui per informar largament les
reverencies nobleses magnificencies e savieses vostres al qual men
refir queus placia provehir que lo dit diputat local haja poder de
pendre e totes coses necessaries a fi los afers segons occorreran se
puixen expidir. Jo no he po da dar als dits
consols vostra letra de creença
ne explicarlos res per lur occupacions mes dema
o tota hora quem doneran loch ho fare e apres
vos certificare del ques seguira. A nit passada fiu
aplegar a Figueres los jurats e consell lur els
doni vostra letra de creença els expliqui lo
contengut en vostres instruccions trobils molt mal contents
dient haveu hagut en la embaxada dels XXXXV Busalu e
ells no qui han tan bona voluntat en servir la gran
contentacio que vosaltres senyors haveu dells e que tots temps
hauran res mester los tractareu com a fills e son romasos ben
contents dient que no senten nengu qui contrarieix en
lo que manejam e entre ells noy ha sino pagesos
e son tots de bon voler a estar a la voluntat de vosaltres senyors.
Ir vos tremis per En Cauta de aquesta vila tot
lo que ses fet per mi a Gerona e es be mester
vos placia provehir e prests e remediar lur gran discordia. De
Perpenya dimecres a X hores de nit a XIII de maig any Mil CCCC
sexanta hu. - Mossenyors prest a tota ordinacio Francesch Lobet.

Als molt reverends egregi nobles magnifichs honorables e
de molt gran providencia mossenyors los diputats del General
de Cathalunya e consell en virtut de la comissio de la cort elegit e
assignat residents en Barchinona.
Molt reverends egregi
nobles magnifichs honorables e de molt gran providencia mossenyors.
Rebuda de vostres molt grans reverencies magnificencies nobleses e
honorables providencies una letra de creença
per lo honorable En Johan Ramon de nou del mes present e ell hoyt
a ple sobre lo contengut en dita letra lo havem stesament informat de
nostra intencio e del consell e a ell e altres sos conembaxadors
havem donat carrech per nostres instruccions aquella expliquen a
vostres molt grans providencies. Placieus darlos fe e creença
com a nosaltres si presents les explicavem a vostres molt grans
reverencies nobleses magnificencies e honorables providencies de les
quals la Trinitat increada sia continua proteccio. Scrita en Perpenya
a XIII de maig del any Mil CCCCLXI. - Los consols de la vila de
Perpenya a vostra honor apparellats.

Als molt reverend
honorables e de molt gran saviesa mossenyors los diputats del
General de Cathalunya residents en Barchinona.
Molt
reverend honorables e de molt gran saviesa mossenyors. Una vostra
letra he rebuda vuy que es dimecres a XII hores de mig jorn
per lo correu portador de la present en quem fets
mencio que si aço passava en G. Vola de Perpenya
fos detengut en que mossenyors vos avis que lo dit
G. fo aci diluns pus prop passat tirant
la via de Perpenya e parti deci ir que era
dimars. No pus per aquesta mas si de algunes
altres coses molt reverend honorables mossenyors vos seran plasents
que jo faça
manatsmen. Scrita en Puigcerda a VI de maig lany
Mil CCCCLXI. - Prest a tots vostres manaments quis comana en vostra
gracia Bernat Jover diputat local de la vila de Puigcerda.

Als reverend e venerables pares en Christ spectables
magnifichs nobles amats e feels nostres los diputats e
consell del Principat de Cathalunya residents en la ciutat de
Barchinona.
Lo Rey.
Reverend e venerables
pares en Christ spectables magnifichs nobles amats e feels
nostres. Nous maravelleu si algun tant es stada
diferida tro aci la anada de la Illustrissima Reyna
nostra molt cara e molt amada muller car a
aquesta dilacio ha donada causa esser los afers de tanta
gravitat e importancia e encara per les varies fluctuacions que han
occorregut per la venguda del Rey de Castella a les
fronteres de aquests nostres regnes de Arago e de Navarra
e altres moltes occupacions que han sobrevengut en les quals la
presencia de la dita Illustrissima Reyna nostra muller era
molt necessaria e senyaladament perque haviem deliberat anar en
propia persona per resistir al dit Rey de Castella e lexar
lo carrech de aquest regne a la dita Illustrissima Reyna
nostra muller com hajam hauda nova certa que lo dit Rey de
Castella contra los capitols de la pau perpetua e de
altres pactes intelligencies e confederacions entre nosaltres
e nostres regnes e terres ferandes e ab molta solemnitat de
juraments vots homenatges e penes sperituals e temporals
roborades es ja arribat ab gran exercit de gent de cavall
e de peu a la ciutat de Santo Domingo de la Calçada
fent la via de Logronyo ens tenim per dits que a
la hora de ara sera junt camp e siti que les altres gents sues
tenen sobre la vila nostra de Viana. E daltra part
havem sabut com Carles Dartieda contra lo jurament e
homenatge de fidelitat que novament nos havia prestat e
oblidant ab molta ingratitut los beneficis e gracies
que de nos ha rebut no sens gran nota de la sua honor e fama
se es alçat e rebellat
ab la vila nostra de Lumbrera es ver que mossen Leon de
Garro e Johan de Garro son fill qui havien per nos
carrech de la custodia de aquella ab los altres feels
subdits nostres qui ab ell eren se son recollits e receptat en
certa fortalesa qui nos havien manada fer en la dita vila. Ab tot
aço empero per lo singular desig que havem
al repos de la cosa nostra assossech e tranquillitat
de tots nostres regnes e terres precipuament de aqueix
nostre Principat per nos es stat donat orde que leixats apart
los dits negocis e altres en los quals la intervencio
sua seria stada molt util e fructuosa la dita lllustrissima
Reyna nostra muller parta de aci vuy Deu ajudant
e continuara son cami ab la deliberacio que per nos es
stada feta sobre los negocis per ell ab vosaltres
practicats e per los quals era venguda a nos segons que
per ella mateixa amplament sereu informats. Es axi empero que per
quant les novitats per lo dit Rey de Castella voluntariament e
sens alguna legitima causa attentades sens molt gran carrech
de la nostra honor e reputacio comportar no tollerar
nos porien. Es la intencio nostra de resistir al dit Rey de
Castella per totes les forçes
e vies a nos possibles e perque en aquest cas de tanta e tan
urgent necessitat fem specíal compte de la ajuda e subvencio de
aqueix Principat com aquell que per la sua naturalesa e
innata fidelitat sempre ha entes ab molta virtut e animositat en la
conservacio de la honor de son Rey Princep e Senyor.
Pregamvos per tant e exortom axi afectuosament e estreta com
podem que per expellir lo dit rey de Castella del dit
nostre regne de Navarra e conservacio de la nostra honor e
reputacio com a feels subdits e naturals nostres nos vullau
subvenir e ajudar de aquell nombre de gent darmes e ballesters
que vist vos sera per modo e forma que tal carrech
nous sia donat per lo dit Rey de Castella
confiant en nostro Senyor Deu que mitjançant
la virtut ajuda e subvencio del dit Principat e dels altres subdits e
vassalls nostres per nos sera donat tal orde quel dit Rey de
Castella sen tornara ab gran confusio e vergonya de que
reportareu inmortal renom e fama e nos vos en restarem perpetualment
obligats. Dada en Çaragoça a XIII de maig del any Mil
CCCCLXI. - Rey Joannes.

Als molt reverends molt
honorables e molt savis senyors los diputats e consell
representants lo Principat de Cathalunya.
Molt reverends
molt honorables e molt savis senyors. Lo dia present festa de
la Assensio a les vuyt hores avans de mig jorn
junt aci poch apres ço es avans de les
deu me son presentat a la Senyora Reyna la qual per sa
clemencia jatsia encara no fos abillada hoyt que
era demanada per home trames per vostres reverencies e
honorables savieses stant en gonella de carmesi ab
beatilla emborraçada
me dona entrada e prima fas trobantla ab
altres dones e donzelles no diferenciada ni ab apparat
reyal envides la conegui sino que ella per sa
clemencia apartansa de les altres me crida e jo
aginollantme li demani venia de no haverla coneguda. La
qual ab hun clement gest e rialles modestes dix que no
era maravella atesa la forma en que elles
trobave. Empero hoit per ella yo venir de part
vostra per molta consolacio sperança
en saber noves de vosaltres havia post posada tota triga jo aginollat
li spliqui com vosaltres e lo consell ab molta
reverencia e subjeccio besant ses mans les quals altra vegada
jo en persona de vosaltres li besi vos recomenavets en
sa gracia e merce. La dita Senyora al modo reyal
abrassant me dix havia molt per acceptes vostres
recomendacions e trobava singular consolacio en ma
venguda e yo procehint en mes (meues; meves; mis)
paraules li digui com vosaltres desijants summament la
conclusio e fi dels capitols entre la Excellencia sua e lo
Principat concordats fermadors per lo Senyor Rey com
aquells qui han sguard a molta lahor de nostre Senyor Deu al servey
del Senyor Rey e en gran repos de la persona e stament de sa
Majestat e del Senyor Rey Infant don Ferrando fill seu haviets
trames a mi jatsia indigna a sa Majestat sol a dos fins
que li presentas vostra. La qual besada li doni e per suplicar
la de la resposta per vosaltres tant desijada. Ajustant hi com
me era stat per vosaltres dat en carrech cascun jorn
presentarme a sa Majestat e reduir a sa reyal memoria les
dites coses fins de sa clemencia hagues obtenguda dita resposta
dihent de vostra part que jatsia de vosaltres e lo
Principat haguessets obtengudes de sa clemencia innumerables
gracies e beneficis en sperats haver en lo
sdevenidor molt majors empero que non podiets
obtenir alguna mes singular ni mes accepta de aquesta. E per semblant
doni a la dita Senyora la letra dels honorables consellers de
aqueixa ciutat precedents degudes recomendacions e suplicant la de
resposta (falta el punto) La dita Senyora acceptant les dites
letres ab clara fas e al parer meu molt contenta torna altra
vegada dir com ella havia gran consolacio de ma venguda ajustanthi
esser desijosa de tota endreça
e complacencia pusques dar aqueix Principat
vosaltres com aquells que coneixia erets promptes al
servey del Senyor Rey e aximateix per lo util e repos
que a ella e a les coses sues ab molta voluntat procuravets
dihent que ella summament desijava vosaltres poguessets
sentir com ella sent la bona opinio e molta voluntat que lo Senyor
Rey ha vers aqueix Principat e tots vosaltres car certament
dix coneixeriau que
es vana la opinio dels dients
lo contrari. Mes dix la Senyora que ella des que es
junta aci continuadament ha treballat en los afers de la
desijada concordia e segons dix jaus ha scrit
ella devia partir ir empero per fets del Senyor
Rey havia diferit fins vuy e que jatsia la festa sia
molt gran ella altres hores partira e dix sen porta
tals coses que vosaltres serets contents e axi ella mateixa
faria la resposta per mi demanada. Jo replicant digui a
sa Majestat com era cert vosaltres haurets gran consolacio de
sa venguda eus seria mes accepta que qualsevol altra cosa que a
present poguesseu hoir e que de aquestes coses encontinent
faria correu e si era plasent a sa Majestat
scriureusen seria anticipar la consolacio de sa
venguda ella respos ab algunes modestes rialles que no desempatxas
lo correu fins a la hora de ça
partida car ella vos havia fet hun correu sobre la sua
partida e nos era seguit segons vos havia certificats e per ço
li paria valer mes que lo meu correu parlas en ferm e de sa
partida ja feta que si parlava de la fasedora qui pot
pendre molts contraris e ella avans de la partida darmi e
ses letres ab les quals vos certificaria de les dites
coses. Per mi lifou respost quen staria als
manament e ordinacio seus en prengui sa licencia.
Lo
dia matex a tres hores apres mig jorn que la dita
Senyora hague dormit jo fiu davant sa Majestat
demanantli si la sua partida seria certa e que hagues a
memoria manar fer les letres responsives de aquelles que jo de
vostres reverencies e honorables savieses li havia portades ella
respos que jatsia ella stigues en congoixa per la partida que
lo Senyor Rey volia fer tirant la via de Navarra per
causa del Rey de Castella qui aquell se volia occupar e ja era
a les fronteres ab gran gent darmes e cert castell la qual me
anomena qui si secors no havia stava per retres
a les gent darmes qui ab certs capitants del dit Rey de
Castella lo tenien asitiat. Empero per les dites causes
ella no
staria de partir e tirar la via de Cathalunya e jas
matia a punt de les letres dix no les podia fer fins fos a
Vilamajor ahont aquella nit volia anar jaura
solament per dar principi a la partida. Quant seria en la dita
vila dix encontinent me desempatxaria. E jo per tant que no pardes
temps delliberi conduhir hun correu e manarlomen
en dita vila perque della en fora lo desempatxas.
E de fet a les sis hores del mateix dia la dita Senyora parti
e tira vers la dita vila qui es a dues leugues de Çaragoça e
jo ab lo correu en sa companyia per lo cami me attensi
a sa Excellencia reduhintli a memoria com jo la seguia per
quem desempatxas. Ella per sa clemencia dix que hi trobava singular
plaer e que encontinent que seria en dita vila me desempatxaria
e queus volia scriura de les congoixes en que
stava axi sobre los fets de Navarra e de la exida
del Senyor Rey com altres. Com fou a Vilamajor jom
presenti davant ella e encontinent me crida escusantse a mi
que encara lo seu secretari no era vengut e que no hi prengues
anug que encontinent seria vengut me desempatxaria.
Demanam de moltes coses tocants lo negoci quis maneja e
encara altres. A la qual fou respost a les mes coses per via de esser
ignorades de mi qui en res no havia cabut servant la ley a mi
donada de curta lengua e amples orelles. Essent de molt vespre
e lo secretari no arribant la dita Senyora dellibera fer scriura
al mestre de Montesa les letres les quals ab les presents vos
seran portades.
Los afers e la partida de la dita Senyora me han
tolt que no he pogut entendre en saber novitats de neguns afers sino
ab generalitats be so certificat que en los afers de
Cathalunya acompanyats ab los del Rey de Castella dels quals molts e
dels principals a pales dien tots surten de una
font hic donen moltes congoixes fins a no saber remeys.
Crech daquestes coses e altres son vostres gran reverencia e
honorables savieses ja certificades. Desempatxat lo present correu
aci en Vilamajor he a tornar en Çaragoça per certa
indisposicio. Parlare ab moltes persones qui mostren ne han
molt desig e sentire lo que pore callant lo
que coneixire fa a callar e tantost sere davant vostres
grans reverencies e favorables savieses.
Las letres
de la dita Senyora per esser absent lo dit secretari e sa Excelencia
no tenir segell son stades segellades ab lo segell de una de
ses donzelles e per error son stades meses sots plech
del lochtinent de tresorer. Per esser tant vespre e no
trigar en desfer lo plech lo mestre de Montesa dix
a mi scrisgues a vostres reverencies e honorables savieses
queus fesseu venir lo dit lochtinent e
que desclogues devant vosaltres lo plech e queus
donas vostres letres e aquelles dels consellers.
En Vilamajor
ab dues leugues de Çaragoça dijous a les dotze hores
de nit.
De vostres grans reverencies e honorables savieses humil
servidor. - Johan Brujo notari.

Als molt reverends
egregis nobles magnifichs honorables e de molta providencia
mossenyors los diputats de Cathalunya e consell lur en
virtut de la comissio de la cort assignat residents en Barchinona

Molt reverends egregis nobles magnifichs e honorables mossenyors.
A XXVIII del passat stant en Caller scrivim una de la tenor
seguent. Trobantnos demecres jorn de nostra
dona que comptavem XXV del present mes de març en vista de
Cerdenya al cap de Taulats ab vents prospero en nostra
via per tirar de punta la via de Sicilia nos fou fet senyal
per una nau de Andria Bacallar demanant socors per
causa de hun cosari corço per nom Vicentillo lo qual es soldat de
Genovesos e fa la guerra per ells qui ab una galea dues
galiotes e un ballaner tot molt en orde segons som
imformats donava caça a la
dita nau qui per temporal fou romasa en lo golf ab tot fos
partida dos jorns abans que nosaltres per la qual raho
vehent lo patro e
tots nosaltres que fora gran inhumanitat e carrech no subvenir la
dita nau aquella speram ens metem en armes en ajuda de aquella
e lo cossari se mes prop terra ab dites fustes
e perque aquesta nau no rebes dan en aquesta nit per lo cossari
attes que no podia entrar en lo port per la
indisposicio del temps la companya fins davant Caller hon
surgim per aquella nit. E apres lo dia seguent considerant nosaltres
que fora cosa molt impertinent e de admiracio en aquests illa
que fossem stats tant prop e que res nols haguessem dit requirim lo
patro que vulgues aturar lo qual ab tot li vingues mal per sguard del
contracte del forment que dins cert temps ha haver portat dins la
ciutat e metentli al davant lo benefici e servey de la terra fou
content aturar e per quant no sabiem en quina disposicio stava la
illa fou donat orde lo patro isque en terra e de
aqui cautelosament se segui a lur propi motiu
demanats ab letres del visrey e consellers fom pregats que
puix tant prop erem nos
fos plassent
primer venir en Caller que tirar en Sicilia. E
axi donam vostres letres e explicam lo carrech a nosaltres comes ab
tota aquella millor pertinença que havem pogut juxta la forma de les
instruccions axi al visrey com al governador e apres als consellers e
consell de Caller de la qual cosa jatsia lo visrey prima faç
se mostras molt congoxat pero hoides totes les coses que per orde
segons se son seguides com pus acomodament nostre ingeni ha pogut les
son stades recitades mostren esserromasos molt confortats e consolats
sperant ab molta afeccio veure la fi e lo derrer repos de aquesta
faena e lo benefici universal dels poblats en les terres del Senyor Rey lo qual per nosaltres migançant
lo divinal auxili de que aquesta illa mostra huy
star en molt repos sguart de la nostra venguda segons per lurs letres
a les vostres responsives pus largament segons crehem poreu veure car
per algunes vies havem sentit que en lo
consell se es dit que
aquest castell
se reputa
carrer de Barchinona
e membre de aquella. E que no seria degut los
membres se ssperassen
(seperassen, separassen; separasen) del cors.
No obmetent mossenyors para
nosaltres Deu havent permes siam
aci
primer arribats nos haja feta una singular gracia e molt benefici als
afers car
lo berganti o laut
qui aqui se dehie era per lo Senyor Rey desempachat a Valencia pera
les illes (punto alto) Poc apres
que fonc
exida
la bandera es arribat en aquestes mars poch apres de nosaltres. E
vist lu cosari
qui nos
parteix de aquesta costa dona la proa en terra e lo
patro ab les letres que
portava
del Senyor Rey
metes
en lo bosch
e axi fugitiu e destrossat es arribat al visrey la hora que nosaltres
creem
en
lo consell
per explicar nostra embaixada de que lo
visrey apres que nosaltres som fora lo consell segons hauriem
sentiment hauria dites algunes coses de part del Senyor Rey volent
molt justificar lu
seu proces dient que lo dit Senyor era molt content en lo
seu consell se vehes
la justicia e axi ho havia ofert e bons calans
(de castell de Caller; catalans : catlans : castellans de un castell)

nou han volgut sperar a la qual cosa ja per nostra relacio era stat
plenament satisfet e apres replicat. En manera crehem que sens algun
dupte la veritat es prou coneguda e les coses aqui fetes son hagudes
per tot los
ajuts tant justificades e sanctament fetes a tot repos de tots los
vassalls del Senyor Rey
que mes dir nos pot. Crehem
huy
esser desempachats Deu volent e del que sera per anant avisarem
vostres grans providencies e treslat de la present per moltes vies
trametrem a fi lo avis sia aqui lo pus prest que fer se pogue. Per
semblant ab nostres letres havem trames treslat de les instruccions
per part del Principat a Cater
e Alquer
(Alguer, Alguero)
e al marques de Oristany
al besconte
de Sant Luri
e aço per contentar e aconsolar tots los
poblats en aquesta illa juxta forma de nostres instruccions e carrech
a nosaltres donat e ordenen
vostres grans providencies de nosaltres a tota lur
voluntat a les quals tots temps nos
recomanam. E sia en proteccio de tots la Sancta Trinitat vostra
guardia. De Calleri
et cetera. Per la qual restaveu avisats de tot ço que fet
haviem fins a la jornada pero per quant duptam sia pervenguda a
nostra noticia per la incertitut dels passatges havem la volguda
repetir perque sen certes vostres grans providencies de tot quant
haurem procehit en los afers seguint tots temps vostres ordinacions.
Avisant vostres grans reverencies senyories e magnificencies com lo
dia seguent apres feta la demunt incerta (inserta;
insertada; insertar) que comptavem XXVIIII de dit mes de març
diumenge de rams hoida per nosaltres misa gran
mati e feta la benediccio del ram en nostra misa
per que Deus mills nos endreças
decontinent nos recullim e lo dilluns ab
la hajuda de Deu fom davant Palerm e per quant
era hora tarda e lo vent de terra nos era
contrari per aquella nit no poguem pendra terra mas
lo dimarts seguent ab prou dificultat en lora tarda
surgim davant Palerm haguda nova de la terra que stava ab tot repos
per lo patro qui fou exit primer lo qual
molt virilment e ab molta afeccio se es hagut a tota honor e servici
de aqueix Principat.
Lo dimecres apres dinar exim en terra hahon
fom rebuts axi per molts cathalans qui si
troben com per los de la terra ço es miser
Cristofol de Bendicto e lo egregi comte de
Calatabelota (Calata: catala, por metátesis) mossen
Sancta Pau e molts daltres. E axi a cavall anam a la
possada del visrey al qual donada la letra de creença
prenguerem hora per al jorn seguent apres dinar
per quant era digous sanct per explicar nostra creença
la qual lo dia seguent davant ell e son consell e hon
eren los reverents archebisbes de Palerm e de Monreal
mossen Bernat de Requesens micer Cristofol e miser
Geraldo Leta prothonotari e micer Jacobo de Bonanno mestre
racional micer Nicolo de Septimo loctinent de nostre justicier lo
compte de Calatabelota mossen Martorell mestre portola lo conservador mossen Perot
Mercader miser Federico Patela pretor de aquesta
ciutat micer Petro Speciali mestre
racional lo tresorer e alguns altres de consell appellats
per lo visrey e mossen Johan Lull mossen Ribelles
e alguns de la nacio qui entraren ab nosaltres fou explicada
la causa de nostra venguda e acompanyada de aquelles coses que a
semblant rahonament nos paregueren comodas e a major
cautela legides per nosaltres les instruccions per que paregue
molt esser condecent per lo visrey nos fou respost ere
molt content e contentissimo e aconsolatissimo de
havernos hoits e saber lo negoci com se ere
subseguit e tornant molt replicar de paraula ques vulla
tingues en lo seu animo que era molt aconsolat de
nostro rahonament nos dix haver rebuda una letra del
Senyor Rey feta a XII de febrer per la qual sua Majestat li
donava carrech confortas e reposas los poblats
en aquests regnes e justificant tant com podie lo seu proces
segons damunt es dit en la letra de Caller a les quals coses per
nosaltres es stada dada tanta raho attes que lo
Senyor Rey no here possible la hora que scrivi esser
informat de la veritat e de la justificacio del proces fet per la
terra que los homens romanen informats de la veritat. Apres
per major expedicio dels afers e per que pus prestament juxta
forma de vostres instruccions donassem compliment al carrech queus es
comes e sabuda la voluntat del visrey explicam nostre embaxada
al consell de la ciutat de Palerm disapte sanct apres
dinar hon foren legides per major lur contentacio les
instruccions de que romangueren molt aconsolats e publicaments apart
e a pales prehicant que les coses aqui fetes eren de
molta comendacio e laor e universalment per tot hom axi de poca
condicio com de gran molt comendats exceptat alguns dels oficials
reals los quals apart e no pas que a nosaltres
ne diguen res se sforçen
maldir la sancta e valerosa provisio feta per los
cathalans per deluirar (deliurar; delliurar; liberar)
la persona del dit Primogenit fill de la Majestat real mes la comuna
veu opinio e voluntat es que tots los actes son fets molt
justificadament e ab molta necessitat ab gran virtut e en molta honor
e renom eternal de la nacio catalana sens lesio alguna de la
acustumada e integra fidelitat. E per ço
seguint la ordinacio de vostres instruccions
les quals de presta tornada nos solliciten ab voluntat del
visrey deliberarien anar tantost passada la segona festa de
Pascua a Mecina (Messina) Cathania Çaragoça
Trapena segons per vosaltres fou ordenat pero apres lo
visrey tengut consell ab tots los dits descutida
la materia e possades moltes rahons

finalment han deliberat
convocar parlament a XX del present metentnos entre les altres
coses al devant que per fer major honor al Principat era pus
pertinent que lo parlament fos aci tot justat
que si haguessen particularment discorrer per la terra ab
tot que la openio nostra sie e de tots
los cathalans que no es aquexa la raho mas alguna
voluntaria suspicio causada erroneament en son coratge
pero qualsevulla sia
la cosa pus congregacio de parlament nos es ofert e
ja ab letres deduyda en execucio la convocacio
de aquell deliberam sperar lo dit parlament attes que
les instruccions nos donen forma que si parlament bonament se
pot ajustar que en aquell proposen nostra embaxada. E
axi ho entenem a fer Deus volent speram si axi prest es ajustat
lo parlament com per lo visrey nos es
ofert tornar ab la nau matexa den Melchior
sino per aquella sereu avisats del que fins en aquella jornada
haurem procehit. Aci es mossen Bernat de Requesens
lo qual segons som informats axi en lo consell del
visrey com en altres parts se fa martir e defenedor de
la nacio cathalana ab aquells pochs impugnadors
que la asagen de mor de los quals creu hom ho
fassen mes per escusar la inexcusable negligencia de lur
nacio adormida en tant benefici e tant universal que
per altra bona raho de aquestes coses e moltes daltres com a Deus
placia siam aqui hoireu les quals nous
poriem bonament totes scriure. Una sola cosa nous volem
obmetre que la tramesa en aquest regne era de molta necessitat
e per cert los animos de molts qui havien haguda la nova ab
confusio per una barchia qui era venguda dos jorns
ans de nosaltres staven molt turbats majorment que per
via de Napols se sabie que los cathalans
havien levada bandera del Princep e altres follies
les quals coses rotes han hagut silenci e repos per causa de
nostra venguda e confortar molt los animos del poble Sicilia
(Siciliano; sicilià, siciliá, la à en catalán inventado por Pompeyo podría ser á, pero entonces se parecería demasiado a la á castellana moderna.) e considerades les voluntats tots temps al
ben obrar en servici de Deu e de la real corona.
E ordenen vostres gracias de nosaltres a totes lurs
voluntat a les quals tots temps nos recornanam. E sia
en proteccio de tots la Sancta Trinitat. De Palerm a XXV de abril
any Mil CCCCLXI.
- Copia de la present havem trames per via de
Napols ab comissio que fos fet algun avantatge al correu per que
vostres grans providencies fossen prest avisades. Apres no ha
occorregut altre que fretur de avis sino que lo parlament se
comença ha
ajustar e ir ha ja venguts molts barons e prelats.
Alguns diuse que les universitats e senyaladament Mecina
per algunes diferencies que de lonch temps en ça
corren contra aquella ciutat e aquesta de Palerm no volen trametre
negu al dit parlament. Diluns o dimarts prop vinent ne
deuen saber la certenitat e segons que veurem adeherint
nos tots temps a nostres instruccions farem segons lo
temps e lo negoci requerra. E del que
sera farem
certes vostres grans providencies tots temps nos forçarem
puix les fahenes non valguen menys tornar molt
prest e si possible ab dita nau den Melchior la qual
creem quens sperara de deu en dotze
jorns. - Mossenyors molt reverends. - A tota vostra ordinacio
promptes los vostres embaixadors de Sicilia e
Cerdenya.

El mismo día, los señores Diputados
mandaron escribir las siguientes cartas.

Al molt honorable lo
senyer En Gabriel Giral (Girau en textos anteriores)
diputat local en la vila de Perpenya.
Molt honorable
senyer. Per certes causes utilitat e benavenir de la republica
de aquest Principat concernents precedents matura delliberacio del
consell en virtut de la comissio de la cort elegit vos dehim e manam
que vista la present requirau aquell oficial o oficials de aquexa
vila queus sera vist en virtut de la seguretat que han prestada o fer
e prestar son tenguts de obtemperar nostres requestes o deputat local
que encontinent tota dilacio e excusacio cessants prenguen e meten en
la preso comuna de aquexa vila En Guillem Vola burgues e En
Dalmau den Tixador (Tejedor; Teixidor, Teixidò, Teixidó)
e separats lo hun del altre e en forma que no hajen manera de
parlar ab micer Azamar e alli stiguen tant fins de nosaltres
hajau altra manament en contrari. Donau hi cauta e breu
expedicio segons de vos confiam. Dada en Barchinona a XVI de maig any
Mil CCCCLXI. - A. P. abat de Montserrat.
Apres feta la letra ha occorregut esser necessari e axi volem se faça que presos los dessus dits tantost aneu a lurs cases e preneu los totes letres e scriptures que hi trobareu. - Los diputats del General de Cathalunya residents en Barchinona.

Al honorable senyer En Francesch de Sant Celoni diputat local en la ciutat e vegaria de Gerona.

Honorable senyer. Trematem vos una crida la qual volem
façau
fer en aqueixa ciutat lo primer dia de mercat.
Que sia vista la present trameteu les altres crides queus
enviam per los lochs en quiscuna de les dites crides
contengudes scrivint als batles dels dits lochs que
facen fer e publicar la dita crida lo primer dia de
mercat que vindra apres que la hauran rebuda. E axi lo
misatge (el mensajero; missatger) qui les portava
lexant la crida e hun
loch
tirara ab les altres crides als altres lochs.
Feu hi la diligencia ques pertany. Dada en
Barchinona a XVI del mes de maig any Mil CCCCLXl. - A. P. abat de
Montserrat. - Los diputats del General de Cathalunya residents
en Barchinona.

Bajo igual forma se escribió también a los Diputados locales de Camprodon, Vich, Perpiñan, Puigcerdá,
Castellon de Ampurias, Villafranca de Conflent y Manresa, incluyéndoles el pregón a que alude la carta que antecede y cuyo contenido es como sigue.

Ara hojats queus
fan a saber a tots los senyors dels pagesos qui volgarment
son dits de remençes axi
ecclesiastichs com seculars a requesta dels reverend e magnifichs
diputats del General del Principat de Cathalunya residents en
Barchinona que com a ells e als de lur consell elegit en
virtut de la comissio a ells feta per la cort ultimament celebrada en
la ciutat de Leyda per insistir la liberacio de la persona del
Illustrissimo Senyor don Charles princep de Viana
e primogenit de Arago e de Sicilia la donchs detenguda
per lo Serenissimo Senyor Rey son pare e encara
per insistir lo repos e tranquille stat del Principat
de Cathalunya e poblats en aquell ara novament gran part dels
dits pagesos hagen tramesos certs sindichs per la questio qui
es entre ells e los dits senyors sobre los mals usos ab
poder e facultat bastant de contractar comunicar e finar sobre
la dita questio de mals usos per ço los dits diputats
e consell representants lo dit Principat segons es dit volent
ab summa diligencia entendre en lo repos e
tranquille stat del dit Principat lo qual gran part sta
en Ia concordia de la questio que es entre los dits senyors de
una part e los dits pagesos de la part altra e sedar e
tolre aquella. Per ço los dits senyors diputats
e consell qui representen lo dit Principat segons es dit
notificant als dits senyors les dites coses molt stretament los
preguen e encarreguen quels placia ajustarse a dos dies
del prop vinent mes de juny en la ciutat de Gerona hon
seran persona tramesa per los dits diputats e consell per
comunicar e parlar ab ells sobre los dits afers per
concordia tractadora sobre la dita questio en tal manera que sera
servey de Deu Omnipotent de la Majestat del Senyor Rey
e benavenir e repos pacifich e tranquille stat del dit
Principat e poblats en aquell.

domingo, 28 de junio de 2020

CAPÍTULO XII.


CAPÍTULO XII.

De la venida de Publio Scipion y presa de Cartagena, y de lo que pasó con las hijas de Indíbil y la mujer de Mandonio, grandes señores de los pueblos Ilergetes.

Tito Fonteyo y Lucio Marcio, capitanes romanos, que no serían menos animosos que los dos Scipiones, recogieron las reliquias del pueblo romano que habían escapado de las rotas pasadas. Estos pensaban que Asdrúbal los querría echar de España, y por lo que podía acaecer, juntaron toda la gente que pudieron, animándoles todo lo posible, y se pusieron a punto de guerra. Acercóseles Asdrúbal con toda su gente, aunque no leemos que Indíbil fuese con ellos; trabóse la batalla, y trocadas las suertes, la victoria quedó por los romanos, y los cartagineses, por su descuido y demasiada confianza, en dos encuentros que tuvieron quedaron vencidos, y dicen que murieron treinta y siete mil de ellos, y tomaron cautivos mil ochocientos treinta, con mucho bagaje; y de esta manera quedaron por entonces vengadas las muertes de los Scipiones, y ellos con mucha reputación. Luego que en Roma tuvieron nueva de todo esto, enviaron por capitán a Claudio Nero con algún socorro. Este capitán tuvo ocasión de acabar del todo el bando cartaginés, y en cierta ocasión que tuvo muy apretado a Asdrúbal, escuchó tratos de paz que no debiera, y en el entretanto se le escapó; y apesarado de esto, o llamado del senado, se volvió a Italia, sin haber hecho en España cosa de consideración.
Tratábase en el senado de Roma, de enviar persona de valor y partes necesarias para el gobierno de España; pero las muertes de los dos Scipiones habían de suerte amedrentado los ánimos de los senadores, que nadie osaba encargarse de tal empresa. Estaban en esta suspensión y esperando quienes se declararían por pretensores del cargo de procónsul de España, que otro tiempo había sido codiciado de muchos; pero nadie se mostraba deseoso de una provincia, donde en menos de treinta días habían muerto a dos capitanes tan valerosos, como eran Neyo Scipion y Publio, su hermano. Entonces se renovó de veras el dolor del daño que en España habían recibido, y hablaban entre si con mucho despecho de ver que hubiese venido Roma a tanta desventura y abatimiento, que nadie quisiese tomar cargo que tan codiciado solía ser. Era esta suspensión y maravilla muy común, y la gente vulgar se indignaba contra los senadores, por estar el valor y ánimo tan caído entre ellos.
Estando la ciudad de Roma junta en comisión en el campo Marcio, con la angustia y aflicción que queda dicho, súbitamente se levantó Publio Scipion, hijo de Publio Scipion el había muerto en España, mancebo de solos veinte y cuatro años, y en voz alta y muy autorizada, que muchos pudieron oír, dijo que él pedía este cargo, y luego se subió en lugar más alto, donde pudiese ser visto de todos; y maravillados de su grande ánimo, comenzaron a darle el parabién del cargo, promietiéndose que había de ser muy venturoso, para gloria y acrecentamiento del pueblo romano. Tomáronse por mandado de los cónsules los votos, y ninguno le faltó a Scipion; y por no tener edad, le dieron, no título de procónsul o de pretor, sino de capitán general. Apenas fue hecha esta nominación que, como los romanos de si eran tan supersticiosos en mirar agüeros y sujetarse a ellos, temblaban en pensar en el linaje y nombre de Scipion, por haber sido tan desventurado en España, y que el hijo y sobrino de ellos se partiese para hacer guerra en España entre las sepulturas de ellos, con representación de muerte y de dolor.
Scipion, que supo esta mudanza y que la alegría de antes se era vuelta en congoja y dolor, con un largo y bien ordenado razonamiento, les habló de su edad y del cargo que le habían dado y del orden particular que pensaba tener en tratar la guerra, ofreciendo que si otro quería tomar aquel cargo, él lo dejaría de buena gana; y con esto quedaron todos muy contentos, y con esperanzas de que había de ser el gobierno de aquel mancebo próspero, fausto, feliz, dichoso y fortunado. Dióle el senado algunos legados y compañeros que le acompañasen, y diez mil soldados de a pie y mil de a caballo, y con ellos vino a España: desembarcó en Empurias, y pasó por tierra a Tarragona; y aquí se juntaron con él los que habían escapado de las rotas pasadas, que estaban con Tito Fonteyo y Lucio Marcio, y de todos se formó un poderoso ejército. Era este mancebo persona de grandes partes y de apacibilísima condición, y, cono dice Livio, jamás de su boca salió palabra que diese olor de fiereza o bravosidad: era modesto, prudente, y adornado de las virtudes que eran menester para hacer y formar un virtuoso y perfecto varón, con que atraía a si los corazones de todos, y nadie había que, tratándole, no le quedase aficionadísimo; y más fue lo que alcanzó con su apacible condición y mansedumbre, que con las armas, poder y ejército que llevaba. Esparcióse la fama de su venida por España y más la de su buen natural; y todos los pueblos que habían sido amigos de los romanos se declararon por él y lo mismo hicieron muchos que lo habían sido del bando cartaginés.
Aunque nuestros caballeros ilergetes Mandonio e Indíbil se mostraban amigos del bando cartaginés, era solo por acomodarse al tiempo; porque siendo ellos señores de aquella región, y gente noble y bien nacida y de linaje de reyes, sentían a par de muerte que tantos, extranjeros, ya cartagineses, ya fenicios, ya romanos y otros que hemos visto, se quisiesen hacer dueños de lo que ni era suyo, ni les tocaba. Al principio no pensaban que la estada de estas gentes hubiese de ser por largo tiempo, y menos la de los romanos; pero después que experimentaron, muy a su pesar, lo contrario, y queriéndoles echar de España, no se vieron poderosos, quedaron obligados a declararse por un bando o por el otro, por no ser enemigos de todos. Los cartagineses bien conocían que el trato de los romanos, su policía (política) y su disciplina militar eran más apacibles a los españoles que el suyo, porque aquellos se preciaban mucho de guardar la palabra y fé, lo que no hacían los cartagineses, a quienes Valerio Máximo llama fuentes de perfidia; y hablando de su gran caudillo y capitán, Aníbal, dice: Adversus ipsa fidem acrius gessit, mendaciis et fallacia, quasi percallidus, *gaudens (no se lee); y por eso entre los latinos corría el adagio punica fides, (fidelidad púnica) que decían de la palabra que uno daba y no cumplía. Por eso fue muy aborrecida esta nación; y Tito Livio, después de haber alabado algunas virtudes que no podía negar en Aníbal, dice: Has tantas viri virtutes ingentia vitia aequabant, inhumana crudelitas, perfidia plusquam punica, nil veri, nil sancti, nullius dei metus, nullum jusjurandum, nulla religio: y Plauto, por decir que uno no cumplía lo que prometía, dice: Et is omnes linguas scit, sed dissimulat, sciens se scire; poenus planè est, quid verbis opus! Pero en los romanos era al revés; porque por acreditarse y ser estimados de todos, hacían profesión y se preciaban de cumplir su palabra, aunque fuese en disminución del estado y honor de aquella república, sin faltar un punto a lo que habían prometido: amaban justicia, y eran en las cosas de la religión muy observantes, y celosos del culto de sus dioses, y deseaban más ser amados que temidos. Esto no era en los cartagineses, y por esto y por asegurarse de los españoles, tomaban de ellos rehenes, y tenían en su poder casi todos los hijos e hijas, y aun las mujeres de los mejores caballeros de España. Handonio e Indíbil no fueron, aunque amigos de ellos, exentos de esto; pues dieron, Indíbil a sus hijos, y Mandonio a su mujer: y todos estos rehenes estaban en la ciudad de Cartagena (Cartago Nova), que era el pueblo mejor y más fuerte que ellos tenían en España. Claro es que estarían aquellos rehenes allá de muy mala gana, y no pensarían en otra cosa sino en volver las mujeres con sus maridos, los hijos con los padres, y todos a su patria.
De esta violencia cartaginesa tuvo noticia Scipion; y juzgó por gran conveniencia suya conquistar primero esta ciudad, con pensamientos, si la ganaba, de atemorizar a sus enemigos los cartagineses y dar libertad a los rehenes, y ganar la amistad y benevolencia de todos los españoles; porque sabía que si eran amigos de ellos, era por estar en su poder las prendas más queridas y preciadas de ellos. Con este pensamiento mandó aprestar la armada del modo que refiere largamente Ambrosio de Morales, y dejando en Tarragona la guarda necesaria, se partió para Cartagena, sin dar parte a nadie del pensamiento e intención que llevaba. Con veintiocho mil infantes y dos mil y quinientos caballos, caminó Scipion por tierra; y Lucio Lelio Marcio, a quien había dado razón de su pensamiento, y no a otro alguno, iba con la armada; y habían concertado que fuese en un punto el llegar la armada y ponerse el ejército de Scipion a la vista de la ciudad, do llegó siete días después de partido de Tarragona; y fue tomada Cartagena por industria y traza de unos marineros de Tarragona, y degollados muchos de los que la defendían, sin dañar a mujer alguna ni niño.

La presa fue tan grande, como era la grandeza y magnificencia de aquella ciudad, en que estaba guardada toda la riqueza de los cartagineses. Livio, Polibio y Eliano refieren que se tomaron cautivos diez mil hombres, sin las mujeres y niños, y a todos los naturales de la ciudad se dio libertad y que gozasen de sus casas y haciendas, así como antes. Tomáronse dos mil oficiales de armas, y navíos: tomáronse también todos los rehenes que habían dado los españoles a los cartagineses, y esto estimó en mucho Scipion, prefiriéndolo a toda la demás presa; pues era bastante precio para comprar la amistad de toda España, y hacer todos los naturales de ella benévolos a la ciudad y pueblo romano: y así mandó tratarles, y respetarles; y cuidar de ellos como si fuesen hijos de amigos y confederados suyos. Hallaron también dentro de la ciudad ciento y veinte trabucos grandes que llamaban catapultas, y doscientos ochenta de menores, y muchos géneros de máquinas de batir: de saetas y lanzas hubo una gran multitud: ganáronse setenta y cuatro banderas, y el oro y plata que ganaron no tenía cuento. En el puerto tomaron sesenta y tres naves de carga, llenas de mantenimientos y de todo aparejo para una
armada; y en fin fue tanta la riqueza que se tomó, que comparada con ella, la menor parte de la presa fue la ciudad de Cartagena. Dio Scipion premios a cada uno, según sus merecimientos, dejándoles a todos contentos de tener tal capitán y caudillo. (Y no usaron los trabucos – catapultas, saetas, etc, los de dentro contra los de fuera?)

Otro día después de tomada la ciudad, mandó llamar a todos los rehenes, que eran más de trescientas personas, les hizo un amoroso razonamiento, dándoles a entender que la costumbre del senado y pueblo romano era obligar a las gentes con beneficios y no espantarles con terrores; y luego se leyó una nómina, (lista de nombres) tanto de los rehenes, como de los cautivos que habían hallado en Cartagena, señalando de qué ciudad o pueblo era cada uno de ellos, y mandó luego avisarles, para que enviase cada pueblo personas a quienes entregar sus naturales: y a los embajadores de algunos pueblos, que estaban allá presentes les hizo entregar los suyos, y conforme a la edad y merecimientos de cada uno, les dio muchos dones, así de lo que él tenía, como de lo que habían preso en el despojo. a los mancebos dio espadas y otras armas, y a los niños bronchas de oro y otros atavíos. Entre otros rehenes que estaban allá fueron la mujer de Mandonio y dos hijas de lndíbil, que, según dice Livio, florecían en edad y hermosura, y acataban a su tía como madre, y también la mujer de otro caballero español llamado Edesco. a estas cuatro personas mandó Scipion a Flaminio, su cuestor, que las guardase y tratase honradamente en todo, porque con ellas pensaba ganar los corazones de sus padre y maridos, que andaban siempre en los ejércitos de los cartagineses. Estando Scipion en esto, dicen Livio y Polibio, que una matrona de mucha edad, muy autorizada y venerable en el semblante, que era mujer de Mandonio, se salió de entre los rehenes y con algunas doncellas de poca edad y mucha hermosura que la seguían, y con rostro lloroso y honesto denuedo, que acrecentaba mucho su gravedad, se echó a los pies de Scipion, y le comenzó a suplicar y pedirle con gran ahínco, que encomendase mucho a los que daba aquel cargo, mirasen con gran cuidado por las mujeres que allí se hallaban. Scipion entendió que le pedía el buen tratamiento en la comida y en lo demás semejante a esto, y levantándola con mucha mesura, le dijo, que tuviese por cierto que no le faltaría nada de lo necesario. Mandó luego, como el mismo autor prosigue, llamar a los que habían tenido cargo hasta entonces por su mandado de los rehenes, reprendiéndoles el poco cuidado que habían tenido de proveerlos, el cual se parecía bien en la justa queja de aquella señora. Ella entonces, entendiendo ya el error de Scipion, le volvió a decir: «No es eso, Scipion, lo que te pido, ni me fatiga nada de eso que me certificas no nos ha de faltar, porque no basta para el estado miserable en que nos hallamos: otro miedo mayor me congoja, mirando la edad y hermosura de estas doncellas, que a mí ya mi vejez me ha sacado del peligro mayor que las mujeres pueden tener en su honra: » y diciendo esto, señalaba las dos hijas de Indíbil, sobrinas de su marido, y otras doncellas nobles que estaban con ella y la acataban todas como a madre. Entonces Scipion, entendida ya bien la congoja, se enterneció tanto, que refiere Polibio se le saltaron las lágrimas con lástima de ver así afligida tanta virtud en personas tan principales; y luego les respondió de esta manera: « Por solo lo que debo a mismo en toda honestidad y comedimiento, y al buen gobierno que el pueblo romano quiere que haya en todo, hiciera, señora, lo que me pides, para que de ninguna manera fuésedes ofendidas; mas agora ya no tomaré este cuidado más entero por solos estos respetos, sino por lo mucho que me obliga vuestra virtud excelente, que puestas en tanta desventura de vuestro cautiverio, aún no os habéis olvidado de la principal parte de la honra que una mujer debe celar.» Luego las encomendó más particularmente a un caballero anciano y de gran virtud, encargándole con mucho cuidado las tratase en todo con tanto acatamiento y reverencia, como si fueran mujeres e hijas de gente principal, amiga y confederada con el pueblo romano.
Encarecen mucho aquí todos los autores y no acaban de alabar la benignidad y nobleza de Scipion, por los favores y cortesías que usó con estas mujeres, habiendo sido el padre y marido de ellas enemigos grandes de sus padre y tío, y ellos y sus Ilergetes muy gran parte en la muerte de ambos, así en pracurarla (procurarla), como en hallarse en ella y ejecutarla.
Pero, aunque sea algo fuera de la historia que tratamos, no dejaré de contar otro acto heroico y virtuoso de Scipion, que pasó con una doncella romana; porque no es bien que los hechos buenos y ejemplares se disimulen, sino que se publiquen para imitarlos. Cautivaron los soldados una doncella de extremada y singular belleza, cuya hermosura era tanta, que por do quiera que pasaba, dicen Plinio y Tito Livio y otros, que todos estaban atónitos mirándola, y todos los del ejército concurrían a verla con espanto y maravilla: esta, pues, llevaron a Scipion sus soldados, porque le conocían aficionado a mujeres, y les pareció que aquel presente le sería muy aceptable; pero él les dijo: « Si yo no fuera más que Publio Scipion, este vuestro don me fuera muy agradable; mas siendo capitán del pueblo romano, no puedo recibillo. » Informóse Scipion de la doncella, de sus padres y patria, y sabido que estaba desposada con un caballero español celtíbero, llamado Alucio, envió por él y por sus padres, y después de haberles hecho un muy apacible y grave razonamiento, que trae Livio, se la dio, dándoles muy bien a entender la virtud y continencia que moraba en su pecho nunca bien alabado. Agradecidos los padres de lo que Scipion había hecho, le rogaban que tomase el oro que por rescate de la hija habían llevado, pero él lo rehusó: fue tanta la importunación, que le obligaron a que lo tomase, y él lo hizo por darles gusto, y luego lo dio a Alucio por aumento del dote que había recibido de su esposa. Este y otros hechos tales de Scipion acrecentaron de suerte su fama, que conquistó más con ellos que con todas las armas y huestes que llevaba consigo: y Alucio, vuelto a su tierra con su esposa, decía a voces, había venido de Roma a España un hombre semejante a los dioses, con poderío y deseo de hacer beneficios y aprovechar, y que todo lo vencía con el valor de las armas, con liberalidad y grandeza de su cortesía y de sus mercedes; y luego, agradecido de lo que había hecho Scipion, juntó
de su tierra mil cuatrocientos caballos, y con ellos y su persona le sirvió en todas las guerras. Este hecho cuenta de diversa numera Valerio Máximo, muy diferente de todos, porque dice que esta doncella era esposa de Indíbil; pero esto no lleva camino alguno, porque todos los autores dicen lo contrario. Polibio no dice que estuviese desposada, sino que Scipion, dándola al padre, le pidió la casase luego; Lucio Floro dice que Scipion no la quiso ver, por asegurar mejor a su esposo y certificarle del cuidado que había tenido de guardarla: Ne in conspectum quidem suum passus adduci, ne quid de virginitatis integritate delibasse, saltem oculis, videretur (1: Floro, lib. II, núm. 6.); y Plinio dice lo nismo, y es cuestión harto disputada si la vio otro; pero lo cierto que la vio y se admiró de su belleza; pero pesóle de haberla visto, por quitar la ocasión de sospecha; y tan lejos estaba de ofenderla, que aun mirarla bien, que la viese, no quiso; y así dijo muy bien Lipsio en sus avisos y ejemplos políticos: Sed ille oculis abnuit: y aunque Valerio Máximo diga haber sucedido con la mujer de Indíbil, se ve haberse equivocado; porque todos los demás que cuentan este caso lo dicen al revés de Valerio, y lo que más es de considerar, es lo que dice Polibio, el cual fue maestro de Scipion Africano, el menor, nieto por adopción de este de quien hablamos; y así por vivir en aquel tiempo que sucedió este caso, y siendo tan allegado a la casa de los Scipiones, es cierto lo sabría mejor que Valerio Máximo ni otro alguno.

CAPÍTULO XVII.


CAPÍTULO XVII.

Del estado de las cosas de España después de muertos Mandonio e Indíbil; y de Belistágenes, príncipe de los ilergetes.

La muerte de Mandonio e Indíbil y el castigo de sus ilergetes sosegaron de tal manera a España, que pasaron más de cuatro años después que no hubo en ella ningún movimiento; y así no queda que escribir de estos tiempos. Solo diré, según se infiere de los autores, que era ya diferente el gobierno romano de esos tiempos, de lo que en tiempo de los Scipiones: ya aquella mansedumbre de ellos se era trocada en rigor, y la liberalidad en codicia, y todo su pensamiento juntar oro y plata para llevarlo a Roma y meterlo en el erario público, y enriquecerse los capitanes y soldados que acá residían: y según se saca de Tito Livio y otros autores, es increible la cantidad de marcos de plata y oro que pasaron a Roma; y refiere Polibio, de quien lo tomó fray Juan de Lapuente, que solas las minas de Cartagena daban a los romanos cosa de tres mil escudos cada día; y toda aquella abundancia de oro y plata que había en ellas, de que hablamos al principio, no era bastante a saciar los ánimos de los romanos, cuyas Indias era España. Por esta codicia y otros muchos agravios que cada día recibían los naturales, no pudo perseverar muchos años el sosiego en que quedó después de muertos Mandonio e Indíbil. Levantábase ya una parte de España, ya otra, así que siempre habían de estar los romanos con las armas en las manos; y hubo muchas batallas campales, en que murieron muchos millares de los unos y de los otros. Pareció al senado romano, que esta provincia de la España Citerior, que comprendía Cataluña y Aragón, Valencia y mucha parte de Castilla, que había sido hasta ahora pretoria, por haberse gobernado por pretores, fuese consular y se gobernase por cónsules, cuya autoridad y poder eran mayores. Enviaron a ella con poderosa armada a Marco Porcio Caton, a quien después llamaron el Censorino, por haber sido censor en Roma que era cargo de grande importancia y preeminencia, y haberle gobernado con grande integridad, así como los demás oficios que tuvo de aquella república. Llegado en los mares de Cataluña, dio sobre el castillo y villa de Rosas, donde se habían fortificado unos catalanes (se les conocía por la barretina y el espetec en la boca), y no se le querían rendir y habían tomado las armas; y después de haberles dado combate, se rindieron, y quedó aquella plaza por el senado romano, y Caton (a partir de ahora pondré Catón) puso en ella guarnición de soldados romanos (que ya hablaban catalán, por supuesto, era imprescindible para opositar a la plaza).
De aquí pasó con todo su ejército a la ciudad de Empurias, que estaba dividida en dos cuarteles o partes: la que miraba a la mar, habitaban griegos y marselleses que habían quedado de aquellos pobladores que vinieron a España; la otra parte habitaban españoles, y había un fuerte muro que dividía los unos de los otros, y solo había una puerta de la una parte de la ciudad a la otra. Los griegos eran gente que vivían de la mercancía y eran amigos de todos; y luego que llegó Marco Porcio Catón, le abrieron las puertas y se declararon amigos del pueblo romano: pero los españoles, que estaban a la otra parte de la ciudad, le cerraron las puertas y se hicieron fuertes en su ciudad, declarándose enemigos del pueblo romano. Corrió la gente de Catón el campo, talando y quemando todo cuanto halló, y asurado de los vecinos y desviado el socorro que les podía venir, puso con su gente cerco a la ciudad.
Cuando pasaba esto, aunque todas aquellas comarcas vecinas de Empurias estaban quietas y no había nadie que se osase mover, por temor del ejército vecino; dentro de Cataluña (ya tenían estelada entonces) y a las partes de los pueblos ilergetes estaban más alborotados (abalotats) que cuando vivían Mandonio e Indíbil, y todas aquellas gentes querían que alguno de los más principales de aquellas regiones se levantara, y todos juntos hicieran guerra a los romanos y los echaran de la tierra. Era príncipe o rey de los ilergetes un caballero a quien Livio llama Belistágenes (bellum, bélico : guerrero, guerra, etc.), y a lo que conjeturo, había heredado los estados de Mandonio e Indíbil, o estaría casado con alguna de las hijas de éste. Este caballero, escarmentado de las desdichas que habían acontecido años atrás a los señores ilergetes, y que por una victoria que ellos tuvieran, los romanos las tuvieron sin número, y era escupir al cielo, pues, a la postre, todo redundaba en daño y destrucción de los mismos españoles; aunque sus vecinos se habían declarado ya contra Roma, él estaba a la mira de todo. Enojáronse los vecinos y le amenazaron que, si no seguía su opinión, volverían la guerra contra él y su tierra y la talarían, pues más estimaba ser amigo de los romanos, que valer a sus paisanos. Estas amenazas le turbaron algún tanto, y más viéndose sin fuerzas para poder resistirles, si era que volviesen la guerra contra él. Para remediar estos peligros, envió a un hijo suyo con otros dos embajadores a Catón, lamentándose que por no haber ellos querido seguir en el levantamiento contra los romanos a los otros sus vecinos, ahora ellos les destruían su tierra y les combatían las fortalezas donde se habían recogido, y que ninguna esperanza tenían de poder resistirles y escapar de este peligro, si no les enviaba el cónsul socorro; y que les bastaban cinco mil soldados, pues con estos solos que allá fuesen al socorro, los enemigos sin duda no osarían esperarlos. Respondióles Marco Catón, que verdaderamente le lastimaba verlos puestos en tal peligro, y con tanta congoja y miedo de su perdición; mas que teniendo tan cerca los enemigos con grandes ejércitos, y siéndole forzado pelear en campo abierto muy presto con ellos, él no tenía tanta gente, que osase ni pudiese seguramente partir sus fuerzas y su poder, con darles alguna parte de sus soldados. Oída e triste respuesta, dice Livio, flentes ad genua consulis provolvuntur, que llorando y con la mayor amargura se echaron a los pies de Catón, suplicándole con lágrimas, que no les desamparase en una miseria tan cruel, que ¿dónde habían de ir, si los romanos no les favorecían, que ya no tenían amistad de nadie ni les quedaba otra esperanza? « Muy bien pudiéramos, decían ellos, hallarnos fuera de este peligro y angustia, si quisiéramos ser desleales a los romanos y conjurar con los otros españoles, mas ni las crueldades con que nos amenazaban, ni los peligros que nos representaban tan ciertos como ahora los vemos, no nos pudieron mover de la fé que una vez os dimos, con la esperanza que teníamos de nuestra seguridad en solo vuestro socorro, y si es que lo neguéis, hacemos testigos a los dioses y a los hombres que forzados, por no sufrir lo que los de Sagunto, faltaremos a la fé y amistad, y moriremos antes con los otros españoles, que solos. »
Con todo esto no les dio Catón aquel día respuesta, y la noche la pasó muy congojado y pensativo: no quería faltar a los amigos en tiempo de tan estrecha necesidad; y por otra parte no quería quitar nada de su ejército, porque haciendo esto, o le era forzado dilatar la batalla que deseaba dar luego, o si pelease era cierto su peligro, por la falta de la gente. Resolvióse en fin en no dar nada de su ejército, y a los embajadores gran esperanza y muestra de socorro. Saepè enim, dice Livio, vana pro veris, maximè in bello, valuisse; et credentem se aliquid auxilii habere, perindè atque haberet ipsa fiducia, et sperando atque audendo, servatum. Porque, dice Livio, en la guerra muchas veces lo fingido vale por verdadero, y los que creen que tienen algún socorro, así como si lo tuviesen, con la esperanza, osando y esperando se defienden. Con esta resolución el día siguiente llamó a los embajadores y les dijo que quería tener más respeto al peligro de los amigos, que no al suyo en que había de quedar socorriéndoles. Mandó luego que la tercera parte de su ejército aparejase lo necesario y cociese pan para embarcarse al tercer día, y mandó volver a Belistágenes sus dos embajadores, para que le diesen aviso de aquello; y para estar más seguro de él y de sus ilergetes, se detuvo a su hijo, haciéndole fiestas y mercedes. Pero los embajadores no se partieron de allí hasta ver la gente embarcada, y después publicando el socorro por cosa cierta, no solo lo hicieron saber a los suyos hinchéndoles de buena esperanza; mas también la fama de él llegó a los enemigos y los acobardó de manera, que dejaron de dañar a Belistágenes y a los ilergetes: y Catón, contento de haber librado con aquel ardid a sus amigos, mandó desembarcar la gente, porque el ejército de los españoles llegaba ya a la vista de la ciudad de Empurias, y Catón pensaba darles la batalla lo más presto que fuese posible: y las cosas y tratos que pasaron, y sucesos que tuvieron, cuentan Livio y todos los autores, y por ser hechos que no pertenecen a los pueblos ilergetes, los dejo.

miércoles, 1 de septiembre de 2021

molt noble e magnifich baro En Bernat Gilabert de Cruylles

 

Al molt noble e magnifich baro En Bernat Gilabert de Cruylles capita per lo Principat de Cathalunya en les parts de Empurda.
Molt noble e magnifich baro. Deliberat es stat tremetre a vos lo honorable mossen Johan Colom cavaller per part nostra e lo honorable mossen
Johan Bellafilla ciuteda per part de aquesta ciutat per comunicar ab vos de algunes coses al dit mossen Johan en instruccions dades. Pregam e encarregam vos que adhibint li fe e creença doneu orde aquelles se conponguen e prest per bon stament daqueixa terra segons la necessitat requer de vos plenament se confie. E sie la Santa Trinitat proteccio a tots e dileccio dels negocis que
proseguim. Data en Barchinona a VIII de octubre del any MCCCCLXIII.
- Los deputats e consell del General et cetera.


Igual a la que precede, y con la dirección respectiva, fue escrita otra carta a los cónsules de la villa de Castellon de Ampuries.

martes, 26 de octubre de 2021

XIII. LA TARDE DEL CORPUS EN 182...

XIII. 

LA TARDE DEL CORPUS EN 182... 

EMILIO B... A RICARDO M... 

Fuerte conjuro es el de que te vales para arrancarme un secreto que he podido guardar más de tres años sin merma ni perjuicio de nuestra antigua amistad. 

A tratarse únicamente de mis flaquezas puede que me hubiera conducido con menos reserva; pero constituirme en narrador de mis buenas acciones tiene ciertos visos de inmodestia, y creo que llegaría a ruborizarme si no estuviese de por medio el mar, y no fueses tú el único que va a recibir mis confidencias. Has querido que rompiese el silencio, deja pues correr mi pluma a su sabor, que hoy me siento con vena de escribir, y me disgustaría que pecases de impaciente cuando estoy predispuesto a pecar de prolijo y minucioso. Los grandes pintores saben concentrar todo el interés de sus composiciones en la viva expresión de las figuras principales, yo pobre embadurnador de lienzo crudo suelo ingeniarme con accesorios de capricho, y procuro encubrir la falta de inspiración con la exactitud de los pormenores y la verdad del colorido. 

Lo que voy a contarte podría titularse “historia de dos minutos de mi vida" y en tan corto espacio bien ves que no caben grandes sucesos ni complicadas vicisitudes. El drama, si drama te empeñas en llamarlo, es de una sencillez extremada, y así no extrañes que lo encabece con un prólogo de mayores dimensiones que el cuerpo de la obra. He visto libros de este jaez, y en conciencia no puedo reclamar el privilegio de invención. 

Dos veces has estado en Palma, y en ninguna has visto la procesión del Corpus. Pronto hará cuatro años que estaba sumamente hermosa la tarde de aquel día. Supongamos que le hubiese dado por llover de una manera insólita y desapoderada, cuántas horas de agitación y desasosiego! qué de ilusiones y esperanzas me hubiera ahorrado el cielo! Pero tampoco habría experimentado la noble satisfacción que proporciona un sacrificio oculto, ni la paz interior que tarde o temprano sigue a la victoria que uno alcanza de sí mismo. 

Todo lo que hice aquella tarde lo recuerdo perfectamente. Tantas veces he traído a la memoria sus impresiones que han llegado a conservarse como los rasgos del buril en una lámina de cobre: así es que me atrevo a contarte uno por uno los vagos pensamientos que me ocupaban, precediendo a las vivas emociones que en mi corazón se sucedieron. Tan libre y exento de amorosos cuidados salí de casa, que hubiera vuelto sin la competente provisión de avellanas con que obsequiar a alguna joven de mis conocidas. A ninguna distinguía lo bastante para hacerla objeto de esta vulgar e inocente galantería; y si tal costumbre puede pasar como rasgo característico de ciertas festividades en nuestro país, el fallar a ella pudiera tomarse también como rasgo característico de mi soberana indiferencia. 

Entré por la calle de Santo Domingo y empecé a recorrerla en sentido inverso del que debía seguir la procesión. A espaldas de su iglesia levantan los padres dominicos un altar con magníficos relicarios y soberbios candeleros de plata, y tengo muy presente que cerca de allí se me ocurrieron estas ideas: Van a cumplirse seis siglos que se extendían por aquí los muros y torreones de un alcázar moruno, que se ocultaban en su recinto los patios y jardines de un harem voluptuoso, y ni vestigios han quedado de esas fábricas que esperaban desafiar la saña del tiempo, y la mano del hombre las ha derruido. Si de aquí a trescientos años me fuese dado salir de mi tumba y volver a este sitio, cómo también lo encontraría todo cambiado! Grupos de pequeñas casas se habrán transformado en un solo palacio, y mansiones señoriales desmenuzado en pequeños pisos: cuántos balcones tapiados y cuántos nuevamente abiertos! 

los edificios habrán cambiado de fachada y los arquitectos de gusto, si es que entonces tengan alguno. Difícilmente podría reconocer el punto que ahora ocupan mis plantas a no ser por este magnífico templo que subsistirá incólume y robusto, semejante a esos fenómenos de longevidad, patriarcas olvidados por la muerte que continúan su existencia en medio de una generación de bisnietos y resobrinos. 

Detúveme en la plaza de Cort a examinar por centésima vez los retratos, que en las grandes solemnidades cívicas o religiosas decoran el frontispicio de las casas consistoriales. Prefiero a todos el de D. Gregorio Gual, obra del primero de nuestros pintores. Aparte el de S. Sebastián de Van-dick, preciosa joya es aquella de Mesquida. Si a mi ambición se le propusiera por blanco la gloria del retratante o la del retratado, de fijo daba en la extravagancia de escoger la primera; mas por mi desgracia me veo tan lejos de ella como de la segunda. Cuán triste es, amigo mío, sentir un inmenso deseo de volar y reconocer al mismo tiempo que se ha nacido sin alas! Eso no obsta para que me dijese: 

No sería justo que al lado de este militar esclarecido figurase también el que supo dar tanta expresión y vida a su fisonomía? No debieran tener cabida en este sitio todas las glorias de nuestro país? Acaso lo ilustran únicamente aquellos de sus hijos que ascienden a Generales u Obispos? Cornelia hija y esposa de Cónsules se envanecía de los suyos que no debían llegar a más que Tribunos. Según andan los tiempos de temer es que ya no aumenten mucho, (y gracias a Dios si no se eliminan), los retratos de los que esparcieron el balsámico aroma de las virtudes cristianas, ¿no sería pues lo más equitativo que, siquiera por vía de sustitución, la ciencia y el genio, que son la segunda de las excelencias humanas, heredasen el privilegio de la santidad que es la primera? 

Algo de intempestivo, si se quiere, tenían estas reflexiones, y no era cosa de estarme parado en contemplación artística en medio del movimiento general que de una a otra parte me impelía. Mi afición a los pinceles no añade ni un día más a mis veinte y ocho abriles, y si me gusta examinar los primores de un bello retrato no me disgusta admirar los atractivos de un original hermoso. Hasta entonces había existido un largo, muy largo camino de mis ojos a mi corazón. Por lo mismo si no interesante para este, agradable para aquellos era el espectáculo que se me ofrecía. El largo y corrido balcón de las casas consistoriales atestado de señoras luciendo sus galas y sus joyas, y sirviéndoles de dosel, que pudiera envidiar una reina, el magnífico voladizo: la plaza irregular de Cort, poco grata a los arquitectos pero ofreciendo a los pintores variadas perspectivas, con sus numerosas ventanas y balcones colgados de rojo damasco, y coronados de airosos bustos como los palcos de un teatro: aquel mar de cabezas en continua ondulación, sobre el cual descuellan las puntas de las bayonetas, como plateadas escamas de fantástica serpiente, al reflejar los últimos destellos del día. 

A manera del que remonta el curso de un río fui siguiendo mi camino, abriéndome paso por entre la doble fila de soldados, y la doble hilera de sillas en que sentadas las jóvenes disfrutan el doble placer de mirar y ser miradas. Hecho un inspector de bellezas, destino que carece de sueldo y al que nunca faltan aspirantes, pasaba revista a las ricas señoritas con sus brazaletes de perlas, a las graciosas menestralas con sus trajes de muselina, y a no escaso número de lindas payesitas con su nevado rebociño, su jubón de raso y enaguas de seda, sus botonaduras de oro y patenas de filigrana; pero a todo esto mi corazón no añadía una más a sus acostumbradas pulsaciones. Con esta flema de filósofo en ciernes parábame a ver las capillitas adornadas de luces, flores y colgaduras por la devoción y piedad de los vecinos, o ya los empujones y el afán de situarse no lejos de las banderas, que pronto debían desplegarse y servir de alfombra al Rey de los reyes. 

De esta suerte, llevado unas veces por el impulso ajeno y forcejeando otras para seguir adelante, llegué hasta salir de la calle que da vista a la puerta de Almoyna. Allí me detuvo el movimiento ocasionado por la escolta de caballería que precede a los atambores del Ayuntamiento. Aire de gravedad y colorido local dan a nuestras procesiones su antigua tocata y particular vestimenta: es cosa tan mallorquina que sentiría mucho verla suprimida. Al ver desfilar uno por uno los gigantescos pendones de los gremios, interpolados por seis u ocho maestros de cada profesión, parecíame que los santos de sus cúspides iban a volar hacía el cielo, o las doradas águilas a batir sus alas por el espacio, y entretanto me proponía el curioso problema de si produciría un efecto más pintoresco el que fuesen de colores diferentes, en lugar de aquella serie de colosos encarnados sólo interrumpida por el pendón verde que distingue a los hortelanos. 

Precediéndoles una sencilla cruz de madera en medio de los ciriales llevados por dos angelitos y guarnecidas de blancos y rojos claveles, vienen los capuchinos con su hermoso tabernáculo de la divina Pastora. Inspíranme estos hombres que parecen restos vivientes de los primeros siglos del cristianismo, trasplantados de la Tebaida a nuestras sociedades corroídas por malas ideas y no mejores sentimientos, un no sé qué de simpático y respetuoso que no es fruto exclusivo de mi educación cristiana. Para dejar de sentirlo paréceme que no basta ser descreído, es menester un corazón depravado. 

Siguiendo el orden de su antigüedad, vela en mano y ojos en el suelo, iban pasando las demás comunidades religiosas, sobresaliendo por su crecido número los observantes, y por la riqueza y primorosas labores de su Cruz los dominicos. No forman estos ya pareja con los franciscanos como antiguamente sucedía: tampoco en esta procesión van juntas las dos órdenes redentoras, ni los carmelitas con los agustinos como en las otras de nuestra Catedral sucede actualmente. Cada comunidad separada lleva al frente su cruz, y acompaña a su tabernáculo seguido de un preste con pluvial y con dalmáticas sus ministros. 

Taches o no de pueriles mis gustos confiésote ingenuamente que participo del que da a los niños la vista de lo que llamamos lledánias, y el metálico rumor de sus doradas banderillas. Grandes armazones circulares graciosamente caladas ostentan sus perfiles todos cuajados de flores de cera, cuya diversidad de colores imita el efecto de una movible claraboya herida por los rayos del sol naciente. Así como a las imágenes de los santos gústame verlas descollar sobre las cabezas de los espectadores, sirviendo de guión al clero de cada parroquia. Sobria de colores en su arabesca cenefa se presenta la de San Nicolás, y ninguna vence en hermosura a la de gótico estilo que precede al numeroso clero de  la santa Iglesia. En medio de sus filas van doce sacerdotes revestidos de ricas y uniformes casullas quienes representando a los doce apóstoles, llevan en la mano el instrumento de su respectivo martirio. 

Momento solemne, grandioso, indescriptible es aquel en que, como el arca santa en hombros de los levitas, aparece la magnífica e imponente custodia, en hombros de cuatro canónigos bajo del rico palio que sostiene el Ayuntamiento. 

Envuelta en el humo del incienso, rodeada de ministros del santuario que visten preciosos ornamentos, escoltada por colosales gastadores con sus negras barbas destacando sobre el blanco delantal, sus gorras de pelo echadas a la espalda, sus palas y azadones relucientes como plata, avanza lentamente al majestuoso compás de la marcha real en que prorrumpe la música militar apagando las modulaciones del órgano y sobreponiéndose a los cantos de la iglesia. Y luego el redoble de los tambores, el vibrante sonido de cornetas y clarines, la gigantesca voz de n‘ Aloy a cuyos acompasados golpes responde una salva de artillería. En medio de esta sublime discordancia, superior al más vigoroso efecto que puedan producir las reglas de la armonía, ¿quién no siente una impresión desusada, y latir su pecho con las emociones del más profundo respeto? Sería necesario ser incrédulo rematado para no rendir su orgullo como rinden los soldados sus armas, para no doblar espontáneamente la rodilla como la doblan todos los fieles a quienes absorbe entonces un solo pensamiento. 

Y bien, vas a decirme, a qué conduce esta relación que será todo lo verídica que tú quieras; pero que para el caso no tiene visos de oportuna? Respondo, es un boceto de costumbres, y conociéndote aficionado a este género preparo así tu ánimo a la indulgencia, puesto que no sabré trazar el siguiente cuadro con toda la valentía que yo quisiera. Es además valerme de un rodeo, bien que un poco largo, para que te formes un cabal concepto del tranquilo posesorio en que estaba de mi libre albedrío, de la perfecta calma que disfrutaba al hallarme tan en vísperas de perderla. 

Habíase internado la procesión por la angosta calle cuando un repentino y tumultuoso desorden agitó el apiñado concurso que acababa de verla. Algunos confusos gritos esparcieron el miedo y la zozobra. Ocasionaba este movimiento el de la sección de caballería cerca de allí situada, y las corvetas de un caballo que se resistía al freno y a la voluntad de su jinete. Temerosos de un atropello los más cercanos se hicieron a la espalda, echando unos a correr y aglomerándose otros en el sitio que yo ocupaba. La furia de esta oleada no era para resistida. Todos quedamos desalojados, y merced a este súbito trastorno vino a ser casi arrojada a mis brazos una señorita tan linda... tan linda...! 

Por poco que tenga yo de artista tengo muchísimo más que de literato, ¿cómo pues podría bosquejarte su hermosura con palabras cuando me siento incapaz de hacerlo con mis pinceles? Era aquello la miniatura de un serafín trabajada por mano de un ángel. Tontería! Era una obra de Dios, artífice infinitamente más hábil y entendido. Y esa extremada beldad se había escapado a mi revista! Y lo más extraño es, que vislumbrando en ella cierto aire mallorquín, nunca, nunca hubiesen tropezado mis ojos con semejante fisonomía. 

La impresión que produjo en mi pecho, si no la comprendes por sus efectos, no sé de qué modo te la describa. Te he dicho que tenía antes el corazón tan apartado de los ojos, ahora te digo que en aquel momento lo tenía encerrado en mis pupilas. Y estas por un magnetismo tan grato como irresistible permanecían fijas en aquel lindo rostro, admirando la transparencia de su tez sonrosada, la suavidad y delicadeza de sus contornos, la candorosa expresión de la virginal belleza que me trastornaba y enloquecía. 

Tan pronto como la hube sostenido, y hecho de mi cuerpo una especie de parapeto con que defenderla, se repuso y me dijo en castellano muy bien acentuado y con una voz soberanamente deliciosa, "gracias, caballero." 

Levantó en seguida sus ojos hacia los míos, y los más vivos colores relampaguearon en sus pudorosas mejillas. Parecióme entonces que había comprendido todo el valor de mi ardiente mirada, y que mi alma se trasladaba a la suya como la suya se había trasfundido en la mía. Deslumbrado, conmovido, perturbado no sabía qué decir y le pregunté: Se ha asustado V. mucho?

- Un poquito. La gente nos empujaba, y como no sabía lo que era... 

- Algún caballo poco acostumbrado a esta clase de funciones.

- Ay qué miedo me dan los caballos! Pero allí veo a mi mamá...

- Me permitirá V. que se la entregue sana y salva? iba a decir. Medio minuto más y ¿quién sabe lo que de su contestación hubiera dependido? Pero un violento empellón me obligó a ladearme un poco, y al mismo tiempo se interpuso entre nosotros un compacto grupo impelido por una segunda oleada debida al maldito caballo. Perdí de vista a mi refulgente estrella, y no me fue ya posible descubrirla de nuevo. Si hubiese llevado un traje chillón y extravagante! Si hubiese descollado entre las demás por su elevada estatura! Pero, nada! se confundió en la espesura como una espiga en su gavilla, siguió su camino, y yo sin duda empezaría por tomar el opuesto. No hay que decirme si recorrí el curso de la procesión, si entré en la Catedral, si me fui al paseo. Todo en valde. 

Lo que anduve aquella tarde! Me retiré a las altas horas de la noche molido y asendereado, y con la imaginación más fatigada que mi cuerpo. Habíaseme puesto en ella que mi casual aventura era precisamente la piedra angular de mi felicidad venidera, y mi corazón ardía como una rama de pino seco. Pasaron días y semanas y meses, y yo acudiendo a todas partes, así al teatro como a las iglesias, introduciéndome en las tertulias, solicitando amistades, y esperándolo todo de la casualidad o de la Providencia. Triste era no tener el más leve indicio para rastrear el objeto de mi insensato anhelo, pero seguía tenaz en la confianza de que el día de mañana me otorgaría la dicha que todos sus anteriores me habían rehusado. 

Tantas contrariedades, tantas tentativas frustradas, tantas esperanzas fallidas enardecían mi pasión en vez de amortiguarla. Luchaba yo, pero vencido no desfallecía. No buscaba recursos para olvidar, y a tenerlos a mano los hubiera rechazado. A mis solas recordaba aquella dulce mirada suya, y la traducía en todos los idiomas gratos al corazón: mis largas meditaciones no eran más que una interpretación gratuita, una paráfrasis extensa, un comentario prolijo de aquel brevísimo texto. Fígurábaseme que ella debía de ocupar su pensamiento en mí como yo lo tenía clavado en ella. 

Estaba desconocido para mis amigos, y de tus cartas se deduce que notaste la agitación que me traía desasosegado. Algunas veces me daba por volverme misántropo, por arrojar los pinceles y correr calles y mirar los balcones, otras por combinar proyectos matrimoniales con planes rentísticos, y me aplicaba al trabajo con una actividad calenturienta. Lo raro es, que conservando tan bien grabado en la fantasía el original, no lograba nunca hacer un retrato suyo que me dejara satisfecho. Qué de croquis! qué de bocetos! de lápiz, de pluma, de frente, de perfil... qué se yo? y al hacerlos seguía inmediatamente el destruirlos. Antes que llegara su turno al bosquejo de uno que estaba a punto de concluir, entró de improviso mi primo Manuel y viendo la tela en el caballete exclamó: Está parecida. - Quién? pregunté azorado. - La Carmencita. - Y quién es esta muy señora mía? - Toma! la hija de D. N. N. de Artá. - Pues te engañas, es un boceto para una Santa Eulalia. - Si tendré cataratas en los ojos! A la legua se conoce que es... o que quiere ser ella. 

Qué salto de alegría me dio el corazón! Y cómo me ingenié para cortar la plática y desorientar a mi primo! 

Al día siguiente me hubieras encontrado camino de Artá aguantando, con un valor digno de mejor causa, doce o trece mortales horas de un horrible traqueteo. Cené mal y dormí peor en un mesón tal como los sabía retratar Cervantes, entablé conversación con los hostaleros, y sonsacándoles un poco averigüé de fijo que el día del Corpus no estaba en Palma la dichosa Carmencita. Dijéronme que era un tipo de hermosura; pero a mí qué me importaba? Ni siquiera quise verla: y a poco de salido el sol me tenías otra vez montado en un carro primitivo y dando la vuelta a mis abandonados lares. 

Entonces me ocurrió la idea de que era posible, ya que no probable, que mi hermosa desconocida fuese hija de alguno de los ricos propietarios domiciliados en los pueblos de la isla, y me entró la súbita afición de viajar y recorrerlos. 

Y héteme aquí, amigo mío, transformado en artista errante, ya que no en caballero andante; pero como estos en busca de una princesa encantada. Qué de hermosas vistas y pintorescos paisajes recogí para mi cartera! pero también, qué de amarguras y decepciones para mi corazón! 

En dónde, en dónde estaban mis antiguas y tranquilas horas de estudio o de recreo? Y con todo mi vida no era un infierno, porque ardía en mi pecho el amor y se mantenía indeleble mi esperanza. 

Estábamos a principios de cuaresma cuando me sorprendió en mi taller la visita de un oficial que daba el brazo a una señora. Es ella! gritó mi corazón sin que mis labios pudiesen articular una sola palabra. 

- Veníamos por si tenía V. la bondad de hacer nuestros retratos, me dijo aquel caballero. 

- Con muchísimo gusto, respondí inmediatamente. 

Y para ocultar mi turbación les ofrecí asiento, y me puse a quitar chismes y desembarazar muebles como si me importara gran cosa el arreglo de mi estancia. Retratarla! Retratarla! oh dicha inesperada! Contemplarla a mi sabor, pasar largas horas con ella, percibir la celeste melodía de su voz, respirar la fragancia de su aliento, embriagarme en las delicias de una pasión tan locamente acariciada! Cómo no había de ser tremenda la explosión de un fuego subterráneo tanto tiempo comprimido? Más de ocho meses sin haber dejado de pensar en ella un solo día: más de ocho meses de esperar en vano sin haberse reducido a polvo mis esperanzas, y verla aparecer de improviso como una visión celeste y no fugitiva! Verla dentro de mi propia casa sin mengua de su recato, verla dispuesta a ser el objeto de mil pequeñas y minuciosas atenciones, verla resignada a ser el blanco de mis ardientes miradas sin tener que reprimirme por miedo a su sonrojo! Oh! magnífica recompensa de tan larga agonía. El cielo me otorgaba más de lo que me hubiera atrevido yo a pedirle. Qué corona de artista, qué condecoración no hubiera desdeñado si entonces me la ofrecieran en cambio de no retratarla? El oro de Creso, la gloria de Murillo no me hubieran parecido una compensación equivalente. Y sin embargo, qué horrible puñalada! Aquel hombre..? Podía ser su hermano... pero no, no: una voz interior me dijo que era su marido. Su marido! 

Ay amigo mío, me encuentro en el capítulo de mis flaquezas. Aquella situación era terriblemente dramática. Clavé en ella una rápida y furtiva mirada, y por el rubor de sus mejillas parecióme que me había conocido. Si conservará mi recuerdo! A qué locas esperanzas no daba ocasión la de retratarla, y la de poder hacer para mí un segundo retrato que sin duda hubiera sido mi obra maestra? Pero, qué es esto? me dije. Voy por ventura a comenzar una carrera de libertino? He de exponerme a turbar la felicidad de estos esposos? Qué importa que la mía haya perecido? He soñado, y ya despierto. No, no he de dar ya pábulo a pensamientos hasta hoy legítimos e inocentes, de hoy más villanos y criminales. Retratarla, no es delito, no es un acto culpable... pero es ponerme en peligro de serlo. Mi pasión es pura... lo ha sido hasta ahora, tanto mayor razón de conservar su pureza. Si cedo a la tentación, si hoy no venzo en esta lucha, quién me garantiza que venceré mañana? No he de retratarla. 

Tomada esta resolución me senté, bien que con aire taciturno y pensativo, no sabiendo cómo retroceder del compromiso. Era forzoso un medio que no dejase entrar la más mínima sospecha en el corazón del marido, que tal vez era receloso por demás y sombrío. Pero el cielo que me había inspirado un buen pensamiento me abrió el camino para llevarlo a cabo. 

- Será V. tan amable, me dijo ella, que quiera decirnos antes el precio que ha de poner a su trabajo? 

- Deja, mujer, respondió el oficial, el señor sabrá lo que valga y nos hará pagar lo que sea justo. 

- El señor sabe que en bellas artes el talento nunca obtiene sobrada recompensa, y como por otra parte no hemos de ir regateando... 

- Cinco mil y quinientos reales, dije entonces yo con una frialdad heroica. 

- Santa Bárbara bendita! debió de exclamar para sus adentros el oficial; pero solo me dijo: Algo caro es. 

- Ni un maravedí menos. 

- Pues en este caso, continuó volviéndose a la joven, partamos la diferencia; comenzará por el tuyo y dejaremos para otra ocasión el mío. 

- Esto nunca, saltó ella. Pobre retrato mío sin la compañía del tuyo! Juntitos los dos como nuestros corazones. Este caballero ha pedido una cosa que sin duda será muy justa, pero la paga de capitán no es suficiente para alcanzarla. Qué le haremos? Aplazar nuestros deseos hasta que lleves los tres galones. 

- Largo me lo fías. 

- Todo se andará, hijo. 

- Pero, querida, y el recuerdo que pensábamos dejar a la familia? 

- Nada, me haré retratar de coronela. V. añadió volviéndose a mí, dispense la molestia. 

Cogiendo luego del brazo a su marido me dirigió una dulce mirada en que parecía expresarme el más vivo agradecimiento. Yo también clavé en ella, pero ya en sus espaldas, mi triste y postrimera mirada. 

Casada! exclamé golpeándome la cabeza y midiendo a largos pasos mi aposento. Casada! Tantas ansias de verla, y tanta amargura por haberla visto! Quién trocara mi despecho de hoy, por la excitación y la incertidumbre y el desasosiego de ayer! Y casi lloraba como un niño. Pero, qué? me dije, he tenido valor para ser hombre y me arrepentiré de haberlo sido? He cumplido un deber, he hecho un sacrificio, que no será comprendido, que tal vez sera mal interpretado, qué importa? Es la opinión del mundo o la justicia de Dios quien ha de darme la recompensa? 

Cinco o seis días después entró Manuel diciendo: 

- Cuando digo que a veces tienes la cabeza a pájaros... 

- Vaya un ex-abrupto. 

- Hombre, murmuran de ti y lo siento. 

- Y dicen? 

- Que sobre ser brusco y poco sociable tienes unas rarezas... que, o bien te has metido en los cascos que eres un segundo Velázquez, o bien tratas de saquear al prójimo como si fuese real de enemigos. 

- De modo que o soberbia o avaricia o... No me faltaba más sino que fuesen subiendo la escala! 

- Pues si Viedma aseguró que por un retrato habías pedido tres o cuatro veces lo que piden los demás pintores? 

- Y quién es Viedma? 

- El hombre feliz, y no es el del P. Almeyda. Un bello sujeto que tiene un fortunón deshecho: acaba de casarse con una niña hermosísima, con un ángel. 

- Siempre andas tropezando con ángeles, como si los arrojaran a granel por esos mundos de Dios. Y quién es ella? 

- Matilde la hija del Gobernador de Bellver. 

- Teníala tan cerca y buscábala yo tan lejos! pensé, y dije luego: No tengo presente haberla visto en paseo, ni... 

- Y cómo habías de verla si no venía a Palma tres veces en un año? Su madre que es mallorquina tiene una hermana paralítica a quien la niña cuidaba como si fuese su enfermera y no la abandonaba ni un momento. Es una santa. 

- También santa! prorrumpí con una intención mucho más profunda de lo que mi primo podía figurarse. Y ahora? añadí con voz algo temblorosa. 

- Ahora se marcha a Burgos con su marido que acaba de recibir el ascenso a Comandante

- Gracias, Dios mío! gracias, exclamé no con los labios sino con el corazón.