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miércoles, 8 de septiembre de 2021

Reverendo in Christo patri Domo Majori magne domus Cartusiensis.

 

Reverendo in Christo patri Domo Majori magne domus Cartusiensis.
Reverende in Christo pater. Integerrime domine gravis jamdiu ut verissime informatur controversia vertebatur inter egregium comitem de Pratis et honorabilem religiosum dominum Michaelem de Ruesda domus Scale Dei Cartusiensis ordinis Terraconensis diocesis vero suscepta occasione belli quam in hiis Cathalonie regionibus viget dictus comes procuravit et fecit expelli ipsum priorem a prioratu et domo prefatis simul cum domino Petro Guasch conrerio ut facilius jura jurisdiccionem et redditus hujusmodi sibi usurpare possit neminis contradicente. Nam remotis istis duobus dominis priore et conrerio nullus monachorum est in dicta domo qui sciat nec ausus sit illius pertinencias defendere et procurare unde spectatur subvercio illius domus in brevi nisi R. vestra provideat quod prenominati prihor el conrerius in suis permaneant oficiis super hiis complusi monachi ipsius domus scripsisse dicitur et misisse nuncium ad R. vestram quod revocet predictos et alios illorum loco ponat quam per violenciam fieri obtinet dictus comes que cum ita sunt placeat circunspeccioni vestre hec omnia considerare pro benificio et utilitate prefate domus et eodem domus priorem et conventum taliter habere comendatos pro suis virtutibus ut etiam si suis oficiis absolvi petant nullatenus admitere velit R. vestra sed pocius eos confirmare dignetur si cupit eam domum restaurare ab minenti ruyna in qua posita est. Et conservet altissimus Reverenciam vestram ad vota. Scriptum Barchinone quinto dessimo die octobris anni millessimi quadringentessimi sexagessimi tercii. - M. de Montsuar decanus Ilerdensis.
- Deputati Generalis et cetera.
Domini deputati et cetera.

Reverendo in Christo patri Domo Majori magne domus Cartusiensis.


https://es.wikipedia.org/wiki/Cartuja_de_Escaladei




sábado, 27 de julio de 2019

LA FUERZA DE LAS ARMAS


147. LA FUERZA DE LAS ARMAS (SIGLO XIV. SÁSTAGO)

LA FUERZA DE LAS ARMAS (SIGLO XIV. SÁSTAGO)


El señor de Sástago, Blasco de Alagón, y Gastón de Ayerbe, abad del vecino monasterio cisterciense de Rueda, situado junto a Escatrón, aunque a la otra orilla del Ebro, habían heredado y venían sosteniendo un largo pleito por cuestiones territoriales relacionadas con sus colindantes haciendas. Arbitrajes diversos no habían logrado acercar a las partes y el conflicto se recrudecía de cuando en cuando.

Corría el año 1393, en pleno Cisma de Occidente, cuando el fraile fue invitado un día a acudir al castillo de Sástago para tratar de solventar las diferencias que les separaban. Aunque receloso, don Gastón avió sus mulas, llevando en una arqueta de madera los pergaminos que, según él, acreditaban la razón de sus pretensiones.

El viaje se desarrolló sin incidencias, aunque siempre observado a prudente distancia por hombres armados del conde. Una vez en el castillo, todo parecía desarrollarse en un clima tenso, pero cortés, y nada hacía presagiar el giro que iba a tomar la entrevista.

En efecto, los acontecimientos se desarrollaron vertiginosamente. Una vez finalizada la cena, varios servidores del señor de Sástago iluminaron más la estancia, prendiendo varios hachones que se apoyaban en las paredes o colgaban del techo. Parecía que iba a tener lugar una fiesta en honor de su huésped. Sin embargo, el conde, rodeado de varios oficiales de su pequeña corte, y abusando de su poder y hospitalidad, ordenó colocar en la cabeza del religioso una especie de capacete calentado al rojo vivo, a modo de mitra, mofándose del fraile, que pugnaba por deshacerse de tan mortífero instrumento. Don Gastón, indefenso, terminó muriendo.

Aunque era de noche, los soldados pusieron el cuerpo inerte y sin vida del abad cruzado sobre una mula, arreando a la bestia que, aun sin guía, puso rumbo hacia el monasterio. Al amanecer, los relinchos del bruto alertaron al fraile portero, que pronto descubrió el macabro espectáculo.

Los monjes protestaron ante el rey, que intentó hacer justicia, pero el conde, como solía ocurrir en estos tiempos del Cisma, viajó a Roma, no a Avignon, como peregrino para implorar y conseguir el perdón pontificio.

[Beltrán, Antonio, De nuestras tierras..., III, pág. 115.]