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lunes, 22 de junio de 2020

227. EL ALMA DEL CASTILLO DE GALLUR


227. EL ALMA DEL CASTILLO DE GALLUR (SIGLO XII. GALLUR)

Con la reconquista de Zaragoza, pasó a depender del rey aragonés gran parte de lo que hoy es Aragón, incluido Gallur. La nueva administración cristiana propició que los moros que lo desearon permanecieran en sus tierras, pero muchos marcharon a al-Andalus. En la villa del Ebro, la mayor parte de la población agarena marchó.

No obstante, para prevenir cualquier intento de recuperar Gallur, el rey edificó un castillo, que puso bajo la custodia de un tenente de su confianza, don Artal de Alagón, que rigió con tino la tenencia durante seis u ocho años. Sin embargo, en los momentos finales dio muestras de un cierto desequilibrio psíquico que todo el mundo achacó al ejercicio del poder y a la responsabilidad del cargo, aunque la leyenda nos proporciona un motivo bien distinto.

Una noche de plenilunio —cuando estaba dando un paseo de ronda por el interior del castillo— creyó ver un haz de luz que se había desvanecido al llegar al lugar. No obstante, una voz femenina le rogó que volviera a la noche siguiente. Esperó impaciente y cuando llegó el momento, de nuevo divisó el resplandor. La voz le dijo que todavía no tenía suficiente fuerza para dejarse ver, pero que poco a poco se le iría presentando. Y así fue.

Vio primero sus ojos; luego, sucesivamente, la boca, las manos, el cuerpo entero, cubierto con un vestido blanco. Era bella. Al preguntarle don Artal quién era y qué hacía allí, la muchacha —que dijo llamarse Serena Alma— confesó ser mora y cuando toda su familia emigró ella se quedó en Gallur, donde había nacido, vagando de un lugar a otro hasta que murió, siendo enterrada en el solar del castillo, del que formaba parte. Por eso había intentado ponerse en contacto con él buscando su compañía. Don Artal acabó enamorándose de Serena Alma, pero su falta de corporeidad convirtió aquel amor en imposible, lo que fue afectando a su equilibrio personal.

La historia se repitió con los tenentes sucesores de don Artal, Palacín y Blasco Maza, quienes también vivieron semejante aventura e idéntico final. Después, la fortaleza pasó a depender de la Orden del Temple y, tras ésta, de la del Hospital. Por fin, el castillo dejó de ser útil y fue abandonado no quedando de él vestigio alguno. Pero nadie duda que Serena Alma sigue vagando por los contornos, enamorada del Gallur donde había nacido.

[Yanguas Hernández, Salustiano, Cuentos y relatos aragoneses, págs. 11-14.]

miércoles, 8 de mayo de 2019

LA RECONQUISTA DE ALAGÓN


2.50. LA RECONQUISTA DE ALAGÓN (SIGLO XII. ALAGÓN)

La ciudad de Zaragoza había caído en manos de Alfonso I el Batallador, pero de nada hubiera servido la gesta si no aseguraba, asimismo, las poblaciones aledañas, todavía en manos de los musulmanes, cual era el caso de Alagón, ubicada entre los ríos Ebro y Jalón.
Si el ejército cristiano había sido capaz de acabar con la resistencia tenaz de Zaragoza, parecía poco probable que el castillo de Alagón pudiera constituir un obstáculo insalvable y hacia allí se dirigió el Batallador con sus huestes. Rodeó la fortaleza para que no pudiera recibir ayuda externa e hizo intentos de forzarla, pero fracasaron. Se vislumbraba, quizás, un asedio más largo de lo previsto, lo cual chocaba con los intereses del rey aragonés, que quería y necesitaba asegurar la capital en el menor tiempo posible.

No obstante, un hecho singular precipitó los acontecimientos cuando cayó aquella noche. Unas luces misteriosas, sólo visibles desde el campo aragonés, guiaron a los conquistadores hasta la puerta del castillo. Aunque la aproximación se hizo con sigilo, cabía esperar que los centinelas estuvieran alerta, pero nadie pareció darse cuenta: estaban dormidos.

Sin oposición alguna, atravesaron el foso circundante, se escaló el muro, fueron abiertas las puertas y se tomó la fortaleza todo ello en un abrir y cerrar de ojos, degollando a los pocos moros que por fin ofrecieron resistencia. La torre del homenaje no tardó en sucumbir también.

En unos instantes, se hizo el silencio. Los soldados cristianos, jadeantes todavía, no daban crédito a sus ojos, pues en una adaraja del lienzo principal del castillo se destacaba majestuosa y envuelta en luces intensas una talla de madera de la Virgen, la que había iluminado su marcha en la noche oscura. No dudaron en llamarla desde ese instante Nuestra Señora del Castillo, tal como la han conocido y venerado los siglos posteriores.


Nuestra Señora del Castillo, Alagón, Zaragoza

El rey Alfonso, tras dar gracias a Dios por la ayuda recibida y dejando al mando de la fortaleza recién tomada a un tenente de su confianza, prosiguió la lucha contra los infieles.

[Faci, Roque A., Aragón..., I, pág. 35.]

https://www.turismodezaragoza.es/provincia/patrimonio/renacentista/ermita-virgen-del-castillo-alagon.html

http://www.patrimonioculturaldearagon.es/bienes-culturales/plaza-del-castillo-alagon


https://www.flickr.com/photos/momentoscofrades/2841551700


Blasco de Alagón en la historia de Jaime I el conquistador