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viernes, 27 de agosto de 2021

Marian Aguiló. L'ENTENIMENT Y L'AMOR.

L'ENTENIMENT Y L'AMOR.





Des que Deu
omnipotent


Llansá aquel sobirá
mot


Dins la fosquedat
del buyt


Per criarhi axams de
mons;





Des que l'ull del
sol badantse


D'un en un los
guayta a tots,


Y brollant llum los
escalfa


Y´ls abriga ab sa
claror;





La terra de blau
vestida


Y de núbols de
colors,


Perduda dins
l´estelada


Gosa y riu rodantli
en torn.





EL ENTENDIMIENTO Y
EL AMOR.


Desde que en la
inmensa oscuridad del caos lanzó Dios omnipotente aquella sublime
palabra, para que enjambres de mundos brotasen en el espacio;


Desde que abrió el
sol su ardiente pupila para mirarlos amorosamente de uno en uno,
calentándoles con los puros destellos de su lumbre y abrigándoles
con su claridad suavísima;


Rodando en torno
suyo goza y sonríe la tierra vestida de esplendente azul y de nubes
de oro y grana, errante por entre cohortes de innumerables 
estrellas.






Ab sa corona de singles,


Puigs y serres y
turons,


Clapejats per les
congestes,


Com mantells d´etern
blancor;



Gosa amollant sos
salts d'aygua


Cap als rius,
estanchs y gorchs,


Y escarnint ab sos
boscatges


Lo bram dels mars
sense fons.





Lo mar esguardant la
lluna


Riu grontxantse
bellugós,


O abeurant les núus
que hi xuclan


De la pluja ´ls
preuats dolls.





Mes si'ls vents
bufant l´anujan


Les onades infla y
romp,


Y llantsantne al cel
escuma


La terra envesteix
furiós.





Xiscla l'oratge, y
les ones


Responen ab irats
ronchs,


Y ab les ones les
balenes


Van folgant y pegant
bots.





Les arpelles y les
áligues,


Les milanes y ´ls
voltons


Unglajant sa presa
gosan


Perduts per un cel
boyrós.





Con su diadema de picos, montes y peñascos, blanqueados por nieves
eternas, cual mantos de blancura deslumbrante;


Complácese en
soltar sus altas y espumosas cascadas hacia los ríos, los lagos y
los estanques, y en remedar con el rumor de sus bosques los bramidos
de piélagos sin fondo.


El mar retratando la
faz de la luna, sonríe y se mece en suave movimiento, o abreva los
nubarrones que en él van a beber los raudales de la benéfica
lluvia.


Mas si
desencadenados los vientos la enfurecen, hincha sus olas y las rompe,
y lanzando hasta el cielo su espuma, furiosa embiste la tierra.


Silva tremendo el
aquilón y le responden las ondas encrespadas con furioso rugido, y
juegan con ellas las ballenas dando saltos gigantescos.


Los gavilanes y las
águilas, los milanos y los buitres, cerniéndose en las
incomensurables alturas de un cielo nebuloso, se deleitan clavando en
la presa su afilada garra;





Com beguent a fontanelles,


Gratant, gratant
p´el rostoll,


Gosa escataynant la
lloca


Per cridar l'estol
dels polls.





Plause 'l lleó
assoleyantse


Fent retronar sos
udols,


Y ensumant la pleta
gosa


D'esquexar carn viva
´l llop.





Com l´lsart per les
singleres


Folga lliure ab
l'erch y ´l boch,


Pasturant l'herba
gebrada


Y enfilantse al cim
de tot.





L´abet ardit que 'l
cel puja,


Plause albergant als
moxons


Que pe 'l brancam
niuen, mentres


L´onso es frega per
son tronch.





La paumera
vincladora


Mostra joyosa
l'fruyt dols


Al fasser, que lluny
l'obira


Y li tramet ses
amors.





Lo clavell vestit de
porpra


Rey del verger n'es
un jorn,


Y´l gessamí en una
estona


Vessa totes ses
olors...





Así como bebiendo en las fuentes y los arroyos y escarbando
diligente el rastrojo, goza la clueca al llamar a sus polluelos.


Solázase el león
descansando al amor del sol y dejando oír sus terribles rugidos; y
el lobo que rastrea la selva, en despedazar carne viva.


Así como por los
peñascales libre el gamo retoza con la cabra y el cervatillo,
paciendo sabrosa yerba, y encaramándose en la cima de los picachos.


El atrevido abeto
que al cielo dirijo su copa se complace en cobijar entre sus ramas
los nidos de los pájaros, mientras el oso restrégase tranquilo
contra el ñudoso tronco.


La cimbreante
palmera enseña satisfecha el fruto azucarado a su apartado
compañero, que la mira desde lejos enviándole misteriosos gajes de
amor.


El clavel ostentando
su vestido de púrpura es un día el rey de la floresta, y el jazmín
en un instante exhala de su esencia todo el tesoro.





Cada crïatura sembla


Que sonriu a sa
faysó,


Y qu'un himne
ensemps n'axecan


D´agraiment al
Criador.





Mes des que Deu, de
la terra


Ne agafá un grapat
de pols,


Y per coronar ses
obres


Feu lo miracle
major,





Infundint al fanch
una ánima


Qu'omplí de
divinals dons,


Seny, memoria,
franch-arbitre,


Voler e imaginació;





¿Per qué 'l pobill
del cel mira


L´univers, tot
consirós,


Y com un presoner
guayta


L´heretat de qu'es
senyor?





¿Per qué 'n gir
d'essers qui gosan


No mes l'home viu
falló,


Y es son ull altívol
l'únich


Que la terra veu
plorós?





Si ompl les comes de
vilatges,


Y´Is serrats de
castells ompl;


Si ab sas naus que
la mar llauren


Sabé trobá un
altre mon;





No parece sino que cada criatura sonríe a su manera y que todas
juntas levantan a su Criador un himno de gratitud.


Mas desde que cogió
Dios del suelo un puñado de polvo, y para coronar sus obras hizo el
mas grande de sus milagros,


Infundiendo al barro
con su soplo un alma llena de divinales dones, entendimiento,
memoria, albedrío, voluntad, imaginación;


¿Por qué el
heredero único del cielo contempla tan triste el universo? ¿porqué
vé como prisionero la herencia de que el Omnipotente le hizo señor?


¿Por qué en medio
de tantos seres que gozan, solo el hombre vive quejumbroso y
descontento y es su ojo altivo el solo que vierte lágrimas en el
mundo?


Si llena de lugares
y villas las laderas; si levanta castillos en las cumbres de las
montañas; si con las naves que surcan el mar supo encontrar un mundo
nuevo;





Si forada les montanyes,


Y´ls valls rebleix
mes pregons,


Aplanant tot quant
fa nosa


Á sos carros de
vapor;





Si dels estels del
cel compte


L´escampadissa y
munió,


Y de cascun la
llunyária


Sap y 'l camí
misteriós;





Si ´ls llamps dels
núbols agafa


Y´Is aufega a dins
de pous,


Ó fa que per fels
missatges


Vòlen d'una a altra
nació;





Si 'l geni
escriguent un llibre


Logra que tot-hom
l'escolt,


Y´l cap de setgles
y setgles


Té etern
esdevenidor;





Si arriba ab ses
melodíes


Allá hont no poden
els mots,


Del còr fins a Deu
alsantne


Una escala de
claror;





¿Per qué, donchs,
l'anutx flagella


Al home, rey
poderós,


Y´l va escarnint
l'esperança,


Y´ls desigs son
llurs traydors?





Si audaz va taladrando las cordilleras, los valles más profundos
terraplena, y consigue nivelar todo cuanto se opone a la marcha de
sus carros de vapor;


Si sabe contar la
muchedumbre de estrellas que salpican la bóveda del cielo,y ha
podido averiguar la distancia que de cada una le separa y la órbita
misteriosa que todas recorren;


Si logra arrancar a
las nubes el rayo, y ahogarlo en la sima profunda que le destina, o
como fiel mensajero hácele volar de uno a otro polo;


Si escribiendo el
genio un libro inmortal, consigue que le oiga el mundo entero y sus
páginas eterniza hasta el fin de los siglos;


Si con sus melodías
sublimes logra elevarse a donde no puede con las palabras, formando
una escala de luz desde su corazón al trono del Altísimo;


¿Por qué el enojo
hostiga al hombre, hecho rey del mundo, y le engaña falaz la
esperanza y le hacen traición sus mismos deseos?





¿Per qué de l'ánima brolla


Aquest riu
d'aspiracions


Que pugnant ab
impossible


Li entenebren axí
'l front?





¿Per qué 's torna
vall de llágrimes,


La terra, astre
delitós,


Ahont la vida ens hi
ofega


Ab son dogal de
dolors?...




- Perque 'I cap y el
còr del home


Duen desterrats pel
mon,


Com ángels qu'el
cel anyoran,


L´enteniment y
l'amor. -

___

¿Por qué brota de su alma ese inmenso
raudal de aspiraciones, que luchando con el imposible, llena su
frente de negras sombras?


¿Porqué la tierra,
astro deleytoso, conviértese para él en valle de lágrimas, y con
un dogal de dolores ahoga nuestra existencia?


- Porque la frente y
el corazón del humano, llevan desterrados por el mundo, como ángeles
que suspiran su perdido cielo, el Entendimiento y el Amor. -

____

viernes, 31 de mayo de 2019

reina Petronila, conde Berenguer, Alfonso II

En esta genealogía del siglo XIV aparecen representados la reina Petronila, el conde Ramon Berenguer IV y el rey Alfonso II, hijo de ambos. Se aprecia perfectamente quienes sí son representados CON corona (reyes), y quien es representado SIN corona (NO rey).

Por cierto, a mí mi madre me llamaba rey, aunque no soy de la nobleza.
Me podría coronar?
Respuesta simple: NO, o sí, hoc, con la corona del Burger King.
 

reina Petronila, conde Berenguer, Alfonso II

martes, 14 de enero de 2020

Les reynes Darago se faran consegrar, los reys Darago les coronaran

ORDINACIO FETA PER LO DIT SENYOR REY DE LA MANERA CON LES REYNES DARAGO SE FARAN CONSEGRAR E LOS REYS DARAGO LES CORONARAN.

Les reynes Darago se faran consegrar, los reys Darago les coronaran

Scrit es en la sancta Scriptura que apres totes les coses creades Deu omnipotent crea lom e veent quel hom tot sol no era profitos dix: No es bo hom esser sol façam a ell ajutori semblant a ell. Perque apar per la paraula demunt allegada e per les seguents en ço que diu façam a ell ajutori semblant a ell que Deu dona Eva a Adam per companyona majorment con fo formada de la costella del costat de Adam segons que en la sancta Scriptura es demostrat per les paraules seguents: E con hagues dormit pres una de les costelles daquell e umplila de carn e nostre Senyor Deu hedifica la costella que havia presa de Adam en fembra e amenala a Adam. E axi apar que Eva fon dada a Adam per companyona cor del mig loch del cors del hom fo presa e formada e no de les parts jusanes a dar entendra que no fos subdita al hom ne axi mateix fo presa o formada de les parts sobiranes per tal que no fos entes ella esser sobirana al hom. Donchs conve que axi con nostre Senyor Deu deputa e ordena per companyona Eva a Adam que les reynes Darago companyones sien dels reys Darago e daquelles gracies spirituals honors e prerogatives que sancta mara Esgleya los reys Darago ha insignits se alegren. On con entre les altres gracias spirituals de les quals sancta mara Esgleya ha ennobleits e exaltats los reys Darago si es lo sant sagrament de unccio en lo qual sancta mara Esgleya mana les reynes Darago esser participants: per ço ordonam que les reynes Darago sien consegrades per lo matropolita e per los reys Darago coronades segons que davall se conte car daço havem figura espressa del rey Assuer qui corona Hester on es scrit: Posa la corona del regne en lo cap daquella. Per ço ordonam quel dia avans de la vigilia de la festa que la reyna se deura coronar la reyna se bany en lo vespre e apres lo dia de la vigilia en lo mati seguent se confes e reebe ab aquella humilitat e devocio que puxa lo cors de Jesuchrist es mut de camisa e de totes vestedures novas: en lo qual dia de la vigilia a hora de completa la reyna partira del alberch del rey e ira vestida ab les vestedures blanches e ornaments de cap acustumats saul que no port garlanda ne corona en lo cap e cavalcara en cavall blanc sens que null hom no la men per les regnes del cavall e axi ab molts brandons e luminaries e altres sollempnitats de goig e de alegria ira tro a la Seu e fara oracio en la Seu e aquella oracio feta ira posar e dormir en aquell loch pus apte e pus covinent dins la Seu o defora pus prop daquella. E lo dia de la festa de mati levar sa e vestida ab les vestedures e en la forma quel vespre precedent hi sera anada irassen a la Seu e en la porta major de la esgleya seran larchabisbe o matropolita e altres bisbes e prelats vestits in pontificalibus e tots los altres clergues en la processio be ornats devant anant lo sant Evangeli ab dos creus e ab encenser e ab luminaries et en la dita porta de la esgleya lo pus honrat dels bisbes qui aqui seran diga la oracio quis segueix.

Oratio.

Omnipotens sempiterne Deus fons et origo totius bonitatis qui feminei sexus fragilitatem nequaquam reprobando avertis sed dignanter comprobando potius elegisti et qui infirma mundi eligendo fortia queque confundere decrevisti quique etiam gloria virtutisque via triumphum in manu Judith femine olim judayce plebi de hoste sevissimo resignare voluisti: respice quesumus ad preces humilitatis nostre et super hanc famulam tuam N. reginam nostram que suplici devotione assumpta est in reginam bene+dictionum tuarum dona multiplica eamque dextera tue potentie semper et ubicumque circunda ut umbone tui muniminis undique firmiter protecta visibilis seu invisibilis hostis nequitias triunphaliter expugnare valeat et una cum Sara atque Rabecha Lia atque Racxele beatis reverendisque feminis fructu uteri sui fecundari seu gratulari mereatur ad decorem totius regni statumque Sancte Dei Ecclesie regendum necnon et protegendum: per Christum Dominum nostrum qui ex intemerate beate Marie virginis alvo nasci visitare et renovare hunc dignatus est mundum qui tecum vivit et gloriatur Deus in unitate Spiritus sancti per inmortalia secula seculorum.

E apres la reyna en mig de dos bisbes ira devant laltar major e aqui siali apparallat un siti reyal ornat de drap dor prop laltar en la part on se diu levangeli e lo matropolita dira la oracio seguent.

Oratio.

Deus qui solus habes inmortalitatem lucemque habitas inaccessibilem cujus providentia in sua dispositione non fallitur qui fecisti ea que futura sunt et vocas ea que non sunt tanquam ea que sunt qui superbos equo moderamine deicis atque humiles dignanter in sublime provehis inefabilem misericordiam tuam supplices exoramus ut sicut Ester reginam israhelitice causa salutis de captivitatis sue compede solutam ad regis Assueri talamum regnique sui consortium transire fecisti ita hanc famulam tuam N. reginam nostram humilitatis tue benedictione christiane plebis salutis gratia ad dignam sublimemque regis nostri copulam et regni sui participium misericorditer transire concedas et ut regalis federe conjugii semper permanens pudicam proximam virginitati palmam continere queat tibique Deo vivo et vero in omnibus et super omnia jugiter placere desideret et te inspirante que tibi placita sunt toto corde perficiat. Per Dominum.

E dita la dita oracio la reyna entrarsen ha en la sagrestia e despullar sa aquelles vestedures ab les quals hi sera entrada e vestes primerament una camisa romana de lenç fesa en lo cabeç devant e detras ab botons en quascuna fanadura ab los quals se cloguen les fanadures del cabeç de la dita camisa romana:
e sobre la dita camisa vestes lo camis de drap de seda blanch e sobre lo dit camis cinyes un cordo de seda blancha: e vestides aquestes vestedures vestes la dalmatica feta a forma de dalmatica de sotsdiacha con diu la epistola a la missa la qual sia de vallut blanch fresada e sembrada de obratges dor ab perles e pedres precioses: e apres pintenla la pus honrada donçella quiy sia: e aço fet sia comenat lo ceptre a una dona e lo pom a altra les quals isquen de la sagrestia primerament en un agual axi que la pus honrada daquestes dues port lo ceptre en la man e vaga a la part dreta e laltra lo pom en la man e vaga a la part esquerra: e apres daquestes isque altra dona qui port en les mans un baci dargent bell e xich en lo qual port la corona ab la qual la reyna deura esser coronada e aquesta dona sia pus honrada que totes les altres. En apres isqua la reyna e vaga ab los cabells solts e no port en lo cap vel ne ligat alcun ne garlanda ne cordo: e persona alcuna no vaga prop la reyna. E en aquesta manera la reyna e les dones demunt dites vagen tro a laltar major de la Seu: e quant seran devant laltar major un dels bisbes prena la corona del bacin e posla sobre laltar e altre bisbe prenga lo ceptre e altre lo pom e posenlos sobre laltar. E aqui a un pas devant laltar major la reyna romangue ab duas donçelles les pus honrades qui hi sien e ajonollse e prostrada en terra sobra un coxi ella estia e les donçelles desense della. E aço fet dos honrats clergues començen e diguen la latenia segons que demunt en la consagracio del rey es ja scrita e contenguda salvant que en aquell pas on diu: ut presentem famulum tuum N. benedicere et sanctificare digneris e apres la on diu: ut ipsum regem benedicere et conservare digneris sia dit:
Ut presentem famulam tuam N. reginam nostram bene+dicere et coronare digneris -
te rogamus audi nos.
E aquella latania acabada un dels bisbes diga ço quis segueix:
Pater noster qui es in celis. - Et ne nos inducas in temptationem. - Sed libera nos a malo.
- Salvam fac ancillam tuam. - Deus meus sperantem in te. - Esto ei Domine turris fortitudinis. - A facie inimici. - Nichil proficiat inimicus in ea. - Et filius iniquitatis non apponat nocere ei. - Domine exaudi orationem meam. - Et clamor meus ad te veniat. - Dominus vobiscum. - Et cum Spiritu tuo.

Oremus.

Protende quesumus Domine famule N. regine nostre dexteram celestis auxilii ut te toto corde perquirat et que digne postulat assequi mereatur. Per &c.

Oratio.

Actiones nostras quesumus Domine aspirando preveni et adjuvando prosequere ut omnis nostra oratio et operatio a te semper incipiat et per te cepta finiatur. Per &c.

Oratio.

Omnipotens sempiterne Deus hanc famulam tuam N. reginam nostram celesti benedictione sancti+fica que in adjutorio regni regina extitit per te electa tuamque ubique sapientiam doceat atque confortet ut Ecclesia tua fidelem famulam semper agnoscat. Per eundem &c.

E dites aquestes oracions lo dit bisbe tenent les mans junctes als pits diga ab veu mijancera lo prefaci seguent:
Per omnia secula seculorum. - Amen. - Dominus vobiscum. - Et cum Spirituo tuo.
- Sursum corda. - Habemus ad Dominum. - Gratias agamus Domino Deo nostro.
- Dignum et justum est.

Prephatio.

Vere dignum et justum est equum et salutare nos tibi semper et ubique gratias agere Domine Sancte Pater omnipotens eterne Deus donorum cunctorum actor ac distributor benedictionumque omnium largus infusor. Tribue super hanc famulam tuam N. reginam nostram benedictionis tue copiam et quam humana sibi electio preesse gaudet tue superne electionis ac benedictionis infusio acumulet. Concede ei Domine auctoritatem regiminis consilii magnitudinem sapientie prudentie et intellectus abundantiam religionis ac pietatis custodiam quatenus mereatur benedici et augmentari in nomine ut Sara visitari et fecundari ut Rebeca contra omnium muniri vitiorum monstra ut Judith in regimine regni eligi ut Hester ut quam humana nititur fragilitas benedicere celestis potius intimi roris repleat infusio ac que a nobis benedicitur in reginam a te mereatur obtineri in premio eternitatis perpetue et sicut ab hominibus sublimatur in nomine ita a te sublimetur fide et operatione. Illo etiam sapientie tue eam rore perfunde quem beatus David in repromissione et filius eius Salomon percepit in locupletate. Sis ei Domine contra cunctorum ictus inimicorum lorica in adversis galea in prosperis sapientia in protectione clipeus sempiternus: sequatur pacem diligat caritatem abstineat se ab omni impietate loquatur justitiam custodiat veritatem sit cultrix justicie et pietatis amatrix religionis vigeatque presenti benedictione in hoc evo annis plurimis et in sempiterno sine fine eternis. Per omnia secula seculorum. Amen.

E aço fet lo matropolita proceesca a la sacra unccio segons ques seguex a la qual unccio sia apparallat lo li sanctificat ab lo qual lo matropolita li uncte lo cap dels pits e la sumitat de cascuna de les spatles e apres torchli los lochs unctats ab un bell drap de li. E dementre lo matropolita fara la dita unccio diga les oracions seguents.

Oratio.

Deus pater eterne glorie sit tibi adjutor et Omnipotens benedicat tibi preces tuas exaudiat vitam tuam longitudine dierum adimpleat benedictionem tuam jugiter confirmet te cum omni populo in eternum conservet inimicos tuos confusione induat et super te Christi sanctificatio ac hujus olei infusio floreat ut qui tibi in terris tribuit benedictionem ipse in celis conferat meritum angelorum ac bene+dicat te et custodiat in vitam eternam Jesus Christus Dominus noster qui vivit &c.

Oratio.

Spiritus sancti gratia nostre humilitatis in te copiosa descendat ut sicut manibus nostris licet indignis oleo materiali oblita pinguescis exterius ita ejus invisibili ungimine delibuta impingari merearis interius ejusque speciali unctione perfectissime semper imbuta et illicita declinare tota mente et spernere discas et valeas et utilla anime tue cogitare jugiter optare atque operari queas et operes auxiliante Domino nostro Jesuchristo qui cum Patre.

E aço fet lo rey que aqui sia present vestit ab les sues insignies reyals prenga la corona del altar e posla en lo cap de la reyna e dementre la li posara en lo cap lo matropolita diga les oracions seguents.

Oratio Corone.

Officio nostre dignitatis in reginam sollemniter benedicta accipe coronam regalis excellentie que a manibus regalibus capiti tuo imponitur unde sicut exterius auro et geminis redimita renites ita interius auro sapientie virtutumque geminis decoran concedas quatenus post occasum hujus seculi cum prudentibus virginibus Sponso perempni Domino nostro Jesus-Christo digne et laudabiliter occurrens regiam celestis aule merearis ingredi januam auxiliante eodem Domino nostro Jesu-Christo qui cum Deo patre.

E esplegades les dites oracions lo rey liure a la reyna lo ceptre en la ma dreta e dementre lo li liurara lo matropolita diga la oracio seguent.

Oratio Ceptri.

Accipe virgam virtutis et equitatis et esto pauperibus misericors et affabilis viduis pupillis et orphanis diligentissimam curam exhibeas ut omnipotens Deus augeat tibi gratiam suam. Qui vivit et regnat per &c.

E apres lo rey prenga lo pom dor de laltar e donlo en las mans de la reyna e tengalo en la man esquerra e dementre aços fara lo matropolita diga la oracio seguent.

Oratio Pomi.

Accipe dignitatis pomum et per id in te catholice fidei cognosce signaculum quia ut hodie ordinaris regina et principissa regni et populi ita perseveres auctrix et stabilitrix christianitatis et fidei christiane ut felix in opere locuplex in fide cum Rege regum glorieris per evum cui est honor et gloria in secula seculorum. Amen.

E apres lo rey liure lanell a la reyna en lo quart dit de la man dreta qui es appellat medicus e lo matropolita diga la oracio seguent.

Nota: lo quart dit de la man dreta qui es appellat medicus : el cuarto dedo de la mano derecha que es llamado "medicus". El dedo anular, (anuli, anulum, etc), anell, anillo.

Oratio Anuli.

Accipe regie dignitatis anulum et in te catholice fidei cognosce signaculum quia ut hodie ordinaris regina populi ita perseveres auctrix et stabilitrix christianitatis et christiane fidei ut felix in opere locuplex in fide cum Rege regum glorieris per evum cui est honor et gloria in secula seculorum.

E encontinent un dels bisbes començ a dir alta veu aquest ymne: Te Deum laudamus te Dominum confitemur segons que demunt es contengut en la consagracio del rey e per tot lo cor de la clerecia sia continuat sollempnialment e una de les oracions ques seguexen apres lo dit ymne qui comença: Benedicat tibi Dominus et custodiat.
Depuys sia proceit en la missa. E dit lo evangeli quant se cantara lo ofertori la reyna sia manada per los dos bisbes a la oferta e ofira aquell dia set diners dor en significança de les set virtuts cardinals contraries als set peccats mortals. E apres sia tornada en son siti reyal e sia proceit en la missa tro a la fin. E en la manera demunt dita sia feta e celebrada la unccio e coronacio de la reyna. Empero si per ventura sesdevenia quel rey e la reyna abdosos se consegrassen es coronassen en un dia la manera demunt dita en tot e per tot sia observada en cascun dells ensemps segons que demunt pus clarament es expressat: axi empero quel rey sia tota vegada primer en totes coses axi en cavalcar com en reebre benediccions e en la consagracio e en la coronacio e en reebre les altres insignies reyals demunt dites. E apres dita la missa la reyna vajassen cavalcant en lo dit cavall vestida ab la dalmatica e ab totes les altres insignies reyals e vestedures demunt dites ab les quals haura estat en la missa e la corona en lo cap al alberch del rey. E lo cavall port los sobresenyals blanchs e los pus nobles homens qui hi sien prenguen lo cavall per les regnes e vagen pus prop della: e apres los cavallers e en apres los ciutadans pus honrats e devant la reyna vage tot hom a peu. E apres derrera la reyna vagen totes les nobles donas e altres a peu. E en aquesta manera la reyna e tots los altres vagen al alberch del rey. E con la reyna sera al alberch del rey descavalch e entresen en la sua cambra e despullse la dalmatica e la camisa romana e lo camis e vestes cota e mantell de drap dor e isca de la cambra ab la corona en lo cap e ab lo ceptre en la man dreta e ab lo pom en la man esquerra e vajassen al palau on deura menjar lo qual sia ornat e apparellat aquell dia segons ques seguex. Primerament la sua taula sia en loch eminent posada en guisa que per tots los menjans en aquell sia vista. E en les espatles en la paret sia fermat un drap dor e de vellut vermell o daltre drap lo qual monstre en si senyal de la reyna e del rey: e sobre aquell sia posat un sobracel daquell senyal e obratge mateix. En apres tot lo romanent del palau sia encortinat per les parets tant solament de bells e preciosos draps. E anans que la reyna se assega a la taula lo matropolita qui laura consegrada o altre honrat prelat diga la benediccio qui es acostumada de dir al seent de la taula. E aquell dia sega la reyna sola a la taula. E apres pos lo ceptre en la taula a la part dreta e lo pom a la part esquerra: e sia apparallada una taula pus prop daquella de la reyna que neguna altra en que seguen les dones dels reyals e mullers daquells: e totes les altres dones e donçelles seguen en les altres segons que es acostumat. E con la reyna haura menjat leuse de la taula e lo dit matropolita o altre honrat prelat diga la benediccio la qual es acustumada de dir al levant de la taula. E la reyna prenga lo ceptre en la man dreta e lo pom en la man esquerra e ab la corona al cap vagessen al palau o sala la qual li sia apparallada per estar apres menjar ab les dones e donçelles lo qual sia apparallat e ornat en la forma seguent. Primerament li sia apparallat un siti reyal en alt en guisa que per tots estants en lo dit palau sia vista e en les espatles en la paret sia fermat un drap dor e de vellut vermell o daltra drap rich a senyal del rey e de la reyna pus rich que aquell del palau de menjar e sobra aquell sia posat un sobracel daquell senyal e obratge mateix. E apres tot lo dit palau o sala sia encortinat per les parets de bells e preciosos draps e per lo sol del palau o sala sien esteses tapits e altres draps bells acustumats de stendra per terra. E la reyna coman lo ceptre e lo pom a les pus honrades dos dones quiy sien e tenga solament la corona en lo cap. E apres un poch sia dat del vin a la reyna e a tots los altres ab confits. E apres la reyna entressen en la sua cambra la qual sia ornada en la forma seguent. Primerament hi sia apparallat un lit ab cobertor e cortines acabades de bells e richs draps de un obratge tot. E en apres la dita cambra sia encortinada per les parets de pus bells e richs draps que la dita sala o palau. E axi mateix en lo sol de la cambra sien esteses tapits e draps pus bells e pus honrats que aquells de la sala e palau: e aqui pos la corona e no cavalch ne isca de casa aquell dia. E la reyna aquell dia e laltre seguent tenga tinell a tot hom: e aquests dos dies deuen servir los infants e nobles segons ques segueix. Car si hi ha dos infants fills de reys la un es assaber lo major o pus antich servesca aquells dos dies de offici de majordom et laltre de offici de camarlench.
E los altres nobles e barons exercesquen singularment los officis del palau devall scrits es assaber de coper sobrecoch de botaller de raboster de panicer de tallar devant la reyna e de portar lo tallador de la sua vianda e de ventall en qual temps vulla que sia.

jueves, 6 de mayo de 2021

Lo Trovador Mallorquí. José Taronjí. El Trovador Mallorquín.

Lo Trovador
Mallorquí.

El Trovador Mallorquín.

Lo Trovador Mallorquí.  El Trovador Mallorquín.



Poesías escritas
en mallorquín literario.
Acompañadas de versión
castellana;
por
D. José Taronjí.

Presbítero,


Doctor en Sagrada Teología,
canónigo
de la insigne iglesia del Sacro-Monte,
Catedrático de Retórica y
Poética
en el Colegio-Seminario de San Dionisio.

Palma de
Mallorca.

Tipografía de Bartolomé Rotger.

1883.



Licencia del Ordinario.

Examinada por especial encargo la
presente colección de poesías líricas mallorquinas, con su
correspondiente versión castellana, Su Excelencia Ilustrísima, ha
tenido á bien conceder permiso y licencia para que pueda imprimirse
y publicarse.

Palma 9 de Setiembre de 1882.
Guillermo
Puig.
Canónigo Srio.



Prólogo.

Tras algunos años de espera, debidos á las
circunstacias de mi accidentada vida, puede ver la luz el primer
volúmen de mis versos mallorquines. En 1877, al publicar la obra
sobre el Estado religioso y social de la isla de Mallorca, anuncié
la publicación de LO TROVADOR MALLORQUÍ; no me ha sido posible
hasta hoy realizar lo prometido. No tarda quien llega, afirma un
refrán; y ménos tarda aún, como de fijo deben de asegurar los que
algo entiendan del estado de nuestro comercio de libros y arte de
imprimir, el que á traves de los obstáculos aludidos, llega á ver,
si bien imperfectamente, efectuada la difícil empresa. Hecha esta
necesaria aclaracion, tocaríame, a fuer de buen padre, enterar al
público de lo que concierne á la historia y cualidades de mis
poesías, pobres hijas de mi imaginacion juvenil, nacidas al calor
del sentimiento patrio, iluminadas por el rayo vivificante de la Fe
católica; y á guisa de prólogo, insertar largos capítulos de
teoría literaria tocantes al fondo y a la forma, al medio de
expresion y á los ideales de estos versos. Mas ¿para qué? Aquí
están ellos mismos: hablen y respondan, sin necesidad de abogados
enojosos, pues valor tienen de presentarse, sencillamente y sin
pueriles temores ni vanos alardes, ante el tribunal de la crítica
ilustrada.
Veinte años escasos contaría yo, cuando sentíme
impulsado por la poderosa corriente de renovacion literaria, que los
vientos del Mediterráneo, desde las costas de Cataluña traían á
Mallorca. La voz de la antigua patria catalano-aragonesa, envuelta en
los misterios y atractivos de lo pasado; el sentimiento religioso,
puro, vivo, resplandeciente en mi familia y en la Isla entera, como
la llama del hogar; las suaves emociones que experimentaba mi
corazon, al escuchar los cantos populares de boca de las aldeanas
mallorquinas, incomparable tipo de belleza, en el fondo de blancos
almendrales, á orillas de *tados arroyuelos, ó a lo largo de las
azules playas, cuando murmura dulcemente el mar dormido; la delicada
pasion de mi alma, exhalándose en entusiastas discursos, al
contemplar los muchos monumentos que el genio del Arte, por la Fe
dirigido, levantó en el pequeño territorio de mi patria; todo, todo
me impelía a tomar parte en la que se ha llamado la nueva cruzada;
todo convidaba á sentarse en el banquete de los hijos de los dioses,
todo ponía en mis manos el arpa sonorosa. La naturaleza cultivada
con sus encantadoras armonías; el cielo eternamente azul, que, cual
inmenso pabellon de seda, cobija las altísimas cumbres; el mar, ya
sosegado, ya furiosamente revuelto contra la escollera de rocas que
defiende el N. de la Isla; el derruido castillo, baluarte un tiempo
de la independencia cristiana; la cabaña del leñador amparada de
los vientos por el añoso ramaje de las encinas; la espesa cabellera
de pinares que cubre las graciosas vertientes de los cerros: hé ahí
las fuentes de mi inspiracion poética.
Al fijar la atencion en
las vicisitudes de la humana vida, la complicada urdimbre de
acontecimientos, prósperos y adversos, que la constituyen, levanta ó
abate el espíritu; el cual se dilata en las expansiones de legítima
alegría, ó se contrae bajo el peso del infortunio, ó saca, en su
meditacion científica, provechosas lecciones de las alegorías é
imágenes de la naturaleza . El espíritu se encuentra mecido en una
onda de luz; ó vaga de pronto en menguada circulación de
tinieblas.
Y, por otra parte, mirando la cruz de Jesucristo,
símbolo sublime de nuestra civilizacion, coronar las esbeltas torres
de las parroquias, lo mismo que el pajizo techo de selváticas
ermitas, llevé mi alma á la soledad; y, en el silencio de la
oracion, por el camino del deber, los ejemplos de Dios y de los
mártires y santos infundiéronme ¿por qué no decirlo?, la gracia
del amor, para cantar, con pobrísimos pero sentidos acentos, en mi
nativo restaurado lenguaje mallorquin, ó catalan literario los
afectuosos temores y esperanzas del alma cristiana, los encantos y
grandezas de la Religion, la caridad heróica, nuestros destinos
inmortales.
Por eso la presente coleccion de poesías se divide en
tres libros, cuyos títulos indican suficientemente el asunto:
Recuerdos de la patria; Las luces y las sombras; Granos de
incienso.



Preludi.

LO PRIMER CANT DEL TROVADOR.

The
first, the first! ...oh!
nought like it.
Our
after years can bring.
(Francis Brown.)

Su baix la
forta alzina
Qu´ombreja la marjada,
Y rossinyols estoja
Ab
son negrench fullatje.
Un jovenet s´hi veya
Com l´auba
clarejava.
¿Qué hi fa en aquestes hores?
Tant dematí ¿quí
aguarda?
¿Ascolta per ventura
La suau remor de l´aygua
Del
torrentol vehí
Cobert de flors boscanes?

PRELUDIO.
EL
PRIMER CANTO DEL TROVADOR.

Cabe la robusta encina que se
levanta en el bancal, y en su negruzco ramaje esconde nidos de
ruiseñores;
A la claridad del alba, vese delicado mozo.
¿Qué
hace allí á estas horas? ¿A quién busca tan de mañana?
¿Escucha
tal vez el suave rumor del arroyo, que corre cerca, oculto en
bosquecillo de flores?



¿Quí es lo galant jove?
Riallera té la cara,
Cabells
abundantíssims
Li besan ses espatles.
Com si hagués foch
intern
Inquieta n´es sa marxa,
Y axí com raig de
sol
Llambrejan ses ullades.
Lo jovencell ¿qué porta,
¿Qué
porta en ses mans d´ángel?
La clau de l´harmonía,


la joya d´ell: Un
arpa.
Y alegre la punteja,
Mentres lo Sol dexantne
Los cims
de l´alta serra,
Lo mira ab ulls de pare.
___
M´han dit en
la vila
(Axí canta´l jove)
Que som un trovayre,
Que gloses
sé fer;
M´han dit les donzelles
Que veu melodiosa
No hi há
com la mía,
Que som llur plaher.
No sé lo que pugan
Mes
veus agradarles,
No sé si mos cántichs
Ne son un tresor;
Mes
sé qu´una harpeta
M´han dat, y que vibra
Gratíssimes
notes
Si la polso jo.


¿Quién es ese
simpático jóven? Risueña cara tiene; abundantísima cabellera
flota sobre sus hombros.
Demuestra inquietud en sus pasos, como si
fuego interno le aquejase; sus miradas relampaguean, como rayo de
sol.
¿Qué lleva el niño, qué lleva en sus manos de ángel? La
llave de la armonía, la prenda de su amor: UN ARPA.
Alegremente
la hace vibrar, miéntras el Sol, abandonando las cumbres de la alta
sierra, le mira con ojos de padre.
___
Y canta:
- “Dijéronme
en el pueblo que soy trovador, que sé componer canciones; dijéronme
las doncellas que no hay voz tan melodiosa como la mía, que yo soy
su encanto.
“No sé hasta qué punto les gustan mis armonías;
no sé si mis cánticos son un tesoro: pero me han dado un arpa, y
ésta, cuando la pulso, despide gratísimos sones.



Sols quinze vegades,
En tota ma vida,
De la Primavera
N´he
vist lo tornar;
Mes sént una espurna
De foch dintre l´ánima;
Y
el cor se desperta,
Y ´m plau lo cantar.
¿Quí som? ¿Per qué
´m crida
La gent admirada?
¿Per qué de mí
brollan
Suavíssimes veus?
¿Per qué conmoguda
m´ascolta
ma mare?
Per qué s´en glorían
De mí ´ls parents
meus?...
Tot, tot, vol parlarme.
La gaya fonteta
De dolços
murmuris
Ne fa veu per mí.
¿Quí som? ¿Per qué ´ls
núbols,
Les flors y les aygues,
Sa vida me contan
Per ferme
sentir?
L´Altíssim tal volta
M´envía á la Terra,
Dels
hòmens per calma.
De dòls per espant;
Y arreu les
criatures,
Vehent m ´arribada,
Me diuen: Poeta,
Comença
ton cant.


Áun sólo
quince veces he visto la vuelta de la primavera; mas siento chispas
de fuego en el alma; el corazon se despierta, y me gustan los
cantares.
¿Quién soy? ¿Por qué me llama con cierta admiracion
la gente? ¿Por qué se escapan de mi boca suavísimas palabras? ¿Por
qué conmovida me escucha mi madre? ¿Por qué mis parientes hablan
de mí con complacencia?
Todo quiere hablarme. La gaya fuentecilla
sírvese de dulces murmullos al dirigirse a mí. ¿Quién soy? ¿Por
qué las nubes, las flores y las aguas me cuentan su vida,
comunicándome sus sentimientos?
Tal vez el Altísimo me envía á
la Tierra, para mitigar los dolores de los mortales. Y las criaturas
todas, al ver mi llegada, me dicen: Poeta, empieza tu canto.




¡ Qué hermosa es la Terra!
¡Qué bella es Natura!
M´ encisa
de l´auba
Lo joch matiner.
Qué bella es l´aubada
Quant
surt enllestida,
De flors primerenques
Regant lo planter.
Lo
Sol qui s´axeca,
De llum les ratxades
Envía benévol
Per
serres y valls.
L´oratje qui corre
sorprén les
espigues.
¡Quín goig!; al sentirho
Defugen
traballs...
___
Mon pit té molta d´ansia
Del goig d´esta
ventura;
La gloria y la bellesa
Saltar me fan lo cor.
La
mar, los cels, les aures
Me diuen tendres coses,
De santa Fe ´l
tresor.
¡Oh, vull cantar! ¡No ´s pérdia
Ma veu en mes
entranyes!
Ara, en ma jovenesa,
Mos lays entonaré;
Y quant
les venes flonjes
Me tornin de vellesa,
Encara al mon y als
hòmens
Adeu cantant diré!




¡Qué hermosa es la Tierra! ¡Qué bella es Natura! ¡Qué
encantadores los juegos del alba, al aparecer ésta con su brillante
atavío, rociando los planteles de tempranas flores!
El SOL se
levanta; desparrama benévolamente raudales de luz por sierras y
valles. Pasa la brisa matinal, sorprendiendo las espigas. ¡Qué
gozo! Las penas huyen...
___
Mi corazón ansía gozar tanta
ventura; mi corazon salta de contento por la gloria y la belleza. El
mar, los cielos, las auras me dicen ternuras inefables; y el tesoro
de la santa Fe híncheme el pecho de armonía.
¡Quiero cantar!
¡No vaya a perderse la voz en mis entrañas! Ahora, en la juventud,
entonaré mis cantares. Y cuando la vejez afloje mis venas, todavía
cantando diré adios al mundo y á los hombres!




¿Sentíu la cantoría
Que ´s pert per l´enramada?
Dolcíssima
ressona
Com los gemechs del ayre.
N´es la cançó primera
Que
n´ix del fons d´un ánima;
Del Home d´harmonía
N´es lo
suspir del auba.
Primicies del Ingeni,
Preludi
d´entussiasme;
Del jove Trovador
N´es la primer
cantada.

Abril de 1872.



¿Oís el eco,
que se pierde por la espesura? Resuena dulcísimo como los gemidos
del aire.
Es la canción primera, que sale del fondo de un alma.
Es el suspiro de alborada del Hombre del Ritmo.
Primicias del
ingenio, preludio de entusiasmo; primera cantata del jóven
Trovador.

____




LLIBRE PRIMER.
RECORDANCES DE LA PATRIA.
___

I
Á
MALLORCA x
---
Poesía premiada en lo certámen de Montpeller
de 31 de Mars de 1875, convocat per la “Société pour l´étude
des langues romanes.”
Desde ton trono
escumós,
Desde ta cadira d´algues,
Reb mes
tendres cantoríes,
Mes senzilles codolades.
***

Ben
hajas, Illa preciosa,
Que ets per mí l´estel del auba;
Terra
de les ones filla,
Mallorca mía, ¡ben hajas!
Oh sant niu de
ma naxença
Jardinet de los meus pares,
Que ´l Creador fa
florir
Pera la nostra alegransa.

jueves, 14 de marzo de 2019

Libro décimo quinto

Libro décimo quinto.






Capítulo
primero. De lo mucho que el Rey sintió la muerte del Rey don
Fernando de Castilla
, y murmurando de esto los suyos, las vivas
razones que dio para abonar su sentimiento.






Al
tiempo que acabada la guerra y conquista del Reyno de Valencia el Rey
se retiraba a la ciudad para entender en la ampliación y ornato de
ella: le llegó nueva, como el Rey de castilla don Fernando el III,
su consuegro, después de haber gloriosamente conquistado de los
Moros e incorporado en sus Reynos la mayor parte de la Andalucía,
habiendo adolecido de una recia calentura, era muerto de ella como un
santo dentro de la ciudad de Sevilla. Sintió el Rey tan gravemente
esta nueva, que luego se retiró a lo íntimo de palacio, y por
algunos días no fue visto en público, pasándolos con mucho
sentimiento y tristeza, por haber perdido, como él decía, un tan
principal consuegro de quien tan buenas obras había recibido y a
quien por sus maravillosas hazañas de valeroso y pío, había tenido
santa envidia de continuo (
cótino).
Maravilláronse mucho de esto los criados y domésticos del Rey,
señaladamente los capitanes que fueron y vinieron con él del Reyno
de Murcia, y se habían hallado en la defensa de los extremos del
Reyno de Valencia contra el Príncipe don Alonso hijo del muerto,
para reprimir las entradas y daños que hacía en ellos. Y así
murmuraban mucho del Rey porque se dolía tanto de la muerte de quien
tan poco bien le hizo, o permitió que se le hiciese mal. Mayormente
porque mientras
durò
la guerra y conquista de Valencia, con ser contra Moros, no solo no
ayudó al Rey con gente y armas: pero se creyó que supo del secreto
favor y socorro que el mismo don Alonso su hijo envió a los Moros de
Xatiua, al tiempo que tenía el Rey puesto cerco sobre ellos: porque
no era posible que ignorase el padre los acometimientos que el hijo
hacía. Y así concluían su murmuración con decir, que quien
pudiendo no vedaba, mandaba. Estas palabras fueron recitadas al Rey
por los mismos de palacio, y por esto mandó luego llamar algunos de
los que sobre esto más largo hablaron: a los cuales dio mano por
ello, y les habló de esta manera. No puedo dejar de maravillarme
mucho de vuestro poco saber y falta de discurso: pues del amor y
amistad grande que yo he siempre tenido con el buen Rey don Fernando
mi consuegro, juzgáis tan
iniquamente,
y tan al revés de lo que entre los dos ha pasado. Porque habiéndole
yo amado como a mi propio hermano, y él a mí valido con su favor y
armas en cuantas guerras he movido contra Moros, pensáis vosotros
que mientras vivió me fue contrario. Mas porque descubráis como de
lejos vuestro error con la lumbre de la razón, quiero yo ser ahora
el fanal de ella: para que consideréis de este buen Rey, como las
guerras y conquistas que llevó tan adelante en la Andalucía contra
los Moros que estaban apoderados de ella, todas ellas me valieron y
ayudaron grandemente para poder yo alcanzar las victorias y triunfos
que gané de los Moros de Mallorca y Valencia. Porque mientras él
entendió en ganar por fuerza de armas los dos tan poderosos reynos
de Córdoba y Sevilla, y de tal manera perseguir a los de Granada con
todo su poder, que los hizo arrinconar en su Reyno: no fue en esto
gran parte para que la infinidad de enemigos Moros que habían de dar
sobre nosotros, la entretuviese, y nos defendiese de ellos? No os
parece que en ocuparlos, y divertirlos de acá, se ha habido con
nosotros, de la manera que nosotros para con él? Pues con hacer
guerra contra los de Mallorca y Valencia los entretuvimos de suerte,
que ni por mar, ni por tierra pudieron valer, ni socorrer contra él
a los del Andalucía? Porque quién duda de ellos, que si los dos no
los ocupáramos allá y acá, que por su bien común, convirtieran
sus odios particulares contra cualquier de nosotros: y que juntadas
sus fuerzas debilitaran las nuestras, y del todo las postraran? Para
que veáis claramente, como vino de la mano de Dios, que en un mismo
tiempo juntamente emprendiésemos nuestras conquistas: él la de
Córdoba (
Cordoua)
y Sevilla (
Seuilla)
y yo la de Mallorca y Valencia: no solo para echar de ellas la
perversa secta de Mahoma, pero mucho más por introducir en ellas
nuestra verdadera fé y religión Cristiana. Y pluguiese a Dios que
mi yerno don Alonso su hijo y sucesor, heredase aquella buena
intención y ánimo, aquella misma afición y diligencia que en
perseguir los Moros su tan buen padre tuvo. Porque no dudo, que los
dos juntos en voluntad y armas, seríamos parte para echarlos, y no
dejar Moro en toda España. Por eso, habiéndonos Dios juntado a los
dos en edad y costumbres, en una voluntad, y buenas intenciones, y
con igual aparejo de armas encaminado nuestros ejércitos contra sus
infieles enemigos, para que alcanzásemos tantas victorias de ellos:
no queráis vosotros juzgar que habemos tenido formada enemistad
entre los dos: antes: pensad de mí que he sido siempre envidioso
imitador de su fama y gloria: y de él tened tal fé y crédito, que
por las causas ya dichas, ha sido participante, y como autor de todos
mis triunfos y victorias. Con esto os persuadiréis y creeréis muy
de veras, que en mi vida he sentido cosa tanto como su muerte. Como
los suyos oyeron al Rey estas palabras, concluidas con mucha pasión
y sollozos, no solo se maravillaron muy mucho de su Cristianísimo
razonamiento: pero considerando su grande equidad y modestia que
guardaba en todas sus acciones, quedaron como pasmados de ver, que
con tan gentil y cortesana plática, quisiese sus propias victorias y
triunfos atribuirlos al rey don Fernando: habiéndole sido por si, o
por los suyos, realmente contrario, y por tal tenido. Mas no contento
con esto, mandó hacerle las obsequias con tanta pompa, trofeos,
música, y alabanzas, como las hiciera por el propio Rey don Pedro su
padre.











Capítulo
II. Como el Rey envió a consolar al Príncipe don Alonso, y de la
poca estima que hizo de los embajadores, y que tentó hacer divorcio
con doña Violante, enviando a pedir la hija del Rey de Noruega por
mujer, y otras cosas.






Hechas
las obsequias del Rey don Fernando, envió el Rey sus embajadas a don
Alonso su yerno, heredero universal y sucesor en los Reynos de
Castilla y de León, y en los conquistados de la Andalucía: para
consolarle por la muerte de tan buen padre y hermano como habían los
dos perdido: prometiéndole de su parte todo el poder y fuerzas para
valerle como a propio hijo en cuanto se le ofreciese: exhortándole
mucho a que no dejase de proseguir la guerra tan prósperamente
comenzada por su padre: porque en ser contra Moros no dejaría de
hallarse siempre a su lado. Mas don Alonso aunque valeroso y
belicoso, como fuese mozo vario y mudable, y de haberse dado tanto a
los estudios y variedad de ciencias (como adelante diremos) no muy
amigo de lo que convenía para el buen gobierno del Reyno, sino muy
desapegado de negocios, tomó esta embajada muy al revés de lo que
debiera: mostrando al parecer que se holgaba de los buenos
advertimientos del Rey su suegro, siendo en lo demás muy corto de
respuesta: diciendo que le hacía muchas gracias por tan buenos
ofrecimientos como le hacía: y que en su lugar y caso haría la
recompensa. Vueltos los embajadores, no quedó el Rey tan descontento
de la corta respuesta de don Alonso, cuanto de lo que entendió del,
que en verse heredado de tantos Reynos, luego se hizo con grande
suntuosidad y pompa coronar Rey en Sevilla, intitulándose don Alonso
el Christianísimo, y no se curó más de continuar la guerra contra
los de Granada, que la pudiera muy bien acabar con el favor y ayuda
del Rey su suegro, por hallarse entonces desocupado de la guerra de
Valencia: antes por gozar del ocio de las letras, luego entendió en
hacer treguas con el de Granada (no quedando ya otro Rey Moro en
España) sin consultarlo primero con el Rey: y esto todo por el
rencor que le tenía, de no haberle querido dar a Xatiua, y que vino
a tanto, que tentó de repudiar a doña Violante su mujer, y so color
de estéril, hacer divorcio con ella. Y así llegó el negocio a
término que con gran diligencia envió sus embajadores al Rey de
Noruega, pidiéndole por mujer a su hija la infanta Christina. Por
esta causa se cree que en este tiempo comenzó a renovarse la guerra
entre los dos Reyes en los confines de los Reynos de Valencia y
Murcia con ejércitos formados de ambas partes, enviando al Rey un
buen escuadrón de gente de a caballo y de a pie, para solo defender
los términos del Reyno: donde por las entradas y cabalgadas que
habían hecho en él los Castellanos, entraron e hicieron otras
tantas en el Reyno de Murcia los del Rey. Pero como se pusiesen de
por medio algunos Prelados y señores de Aragón y de Castilla,
vinieron a parar los unos y los otros en este concierto y concordia.
Que los daños, presas, y robos que los del un Reyno habían hecho en
el otro se recompensasen, y que los términos y límites de la
conquista, según las antiguas divisiones, de nuevo se amojonasen: y
los derechos que cada uno sobre ellos tenían, se renovasen.
Determinado esto, y hechas las revistas de los términos, y dejadas
las guarniciones por los lugares convenientes a entrambas partes,
cesó por entonces la guerra pública entre ellos, pero no el secreto
odio y rencor que el de Castilla al Rey tenía.






Capítulo
III. Como vino la hija del Rey de Noruega, y por hallarse preñada
doña Violante, cesó el divorcio, y como casaron a la infanta con
don
Felippe
hermano de don Alonso.







Por
este tiempo que se hicieron las treguas, vino la Infanta Christina
hija del Rey de Noruega, muy acompañada de los suyos para efectuar
el casamiento prometido con el Rey don Alonso. Pero fue en vano su
esperanza y venida, porque a ese tiempo se sirvió Dios que doña
Violante la Reyna se hiciese preñada, y con esto se apartó don
Alonso de hacer divorcio con ella. El cual hallándose muy confuso
sobre lo que haría de doña Christina, no se dijese que había
burlado de ella y de su padre, y de tan principales personas que de
tan lejos habían venido con ella, determinó decir lo que pasaba.
Como con la nueva preñez de la Reyna doña Violante cesaba la
esterilidad que había de dar por causa para el divorcio: que se
contentase de tomar en su lugar por marido a don Felippe su hermano
segundo, Abad que entonces era de
Valladolit,
y electo Arzobispo de Sevilla, aunque sin ningunos órdenes.
Comunicado esto con ella y con sus criados y compañía, a ninguno
dio gusto el cambio, antes se sintieron tanto de ello, que dieron muy
grandes voces, quejándose de la burla hecha a la Infanta su señora
hija de un tan principal Rey, sobre la Real palabra de don Alonso, y
con esto hinchieron todo el palacio de gritos, quejas, lloros, y
lamentaciones conforme a su bárbara costumbre y meneos, y fueron
tantos los extremos que sobre esto hicieron, que se hubieron de poner
los Prelados y grandes del Reyno muy de propósito en
quietarlos,
prometiéndoles de parte del Rey, que daría un grande Principado y
estado a don Felippe su hermano: y luego de presente le haría
Adelantado de Galicia, y más que muriendo el Rey sin hijos, sin duda
ninguna vendrían a heredar los hijos de doña Cristina todos los
Reynos y estados de Castilla. Se apaciguaron con esta promesa la
Infanta y los suyos: y hechas sus capitulaciones, casó Cristina con
don Felipe, y se celebraron sus bodas en el palacio del Rey con toda
la solemnidad y grandeza que por el mismo Rey se hiciera. De lo cual
los criados con la demás gente que acompañaron a la Infanta
quedaron muy contentos, y con las mercedes y joyas que el Rey les
repartió se volvieron muy alegres y satisfechos a Noruega. Puesto
que después con la mala condición y poca fé de don Alonso, ni a
don Felipe se le dio el gobierno de Galicia, ni a la Infanta Cristina
la honra y acatamiento Real que se le debía, ni aun lo necesario
para su Real sustento. De donde nacieron grandes discordias entre don
Felipe y el Rey, y se apartó de él, y se pasó al Rey de Navarra
contrario del Rey su hermano, como se dirá más adelante.











Capítulo IV. De la muerte de Tibaldo Rey de Navarra, y que el Rey
visitó a la Reyna viuda, y de los conciertos que hicieron, y como
vino el Rey de Castilla sobre Navarra, y la defendió el Rey.






Estando
el Rey en el camino de Valencia para Zaragoza, le dieron nueva que
Tibaldo sobrino del Rey don Sancho, de quien hablamos antes que
reinaba en Navarra, era muerto en Pamplona, ciudad principal y cabeza
de aquel Reyno: dejando dos hijos pequeños Theobaldo y Enrrico con
su madre la Reyna Margarita tutora (
tudora)
de ellos y gobernadora general del Reyno. Certificado de esta nueva
el Rey, juntó algunos señores de título de Aragón, y con poca
gente de a caballo se fue para Tudela a visitar a la Reyna, que
estaba allí muy triste y desconsolada con sus dos hijos. La cual se
consoló mucho con su venida, por estar ya muy determinada de poner a
si y a sus hijos con todo el Reyno debajo su Real protección y
tutela, para poderse defender del continuo adversario que tenían en
el Rey de Castilla. Esto lo emprendió el Rey de muy buena gana. Y
luego con la asistencia de don Alonso su hijo, y del Obispo de
Tarazona, y muchos otros señores de Aragón y de Navarra, y de los
Síndicos de las ciudades y villas Reales, el Rey, y la Reyna viuda
hicieron entre si estos conciertos. Que Theobaldo heredero del Reyno
tomase por mujer a doña Constanza (
Gostáça),
o a doña Sancha hijas del Rey, luego que fuesen de edad para
casarse. Que el Rey diese todo su favor y ayuda a Theobaldo, y a la
Reyna su madre contra el Rey de Castilla que siempre los perseguía
por haber para si el Reyno de Navarra. Estos conciertos, no solo
ellos, pero los prelados y señores de los Reynos con el mismo
Príncipe don Alonso juntos, se obligaron con juramento solemne de
guardarlos. Como el Rey con la Reyna viuda, y los conciertos que
habían hecho, persuadiéndose que todo era por hacerle tiro, y en su
menosprecio, mandó por toda Castilla pregonar guerra contra Navarra,
y con grande ejército llegó a la frontera de ella, con ánimo de
entrarse por toda ella como por su tierra, no solo para alzarse con
el Reyno, pero aun para echar a la Reyna y a sus hijos fuera. Lo que
sin duda pudiera muy bien hacer, si nuestro Rey no se lo impidiera,
que luego le salió al encuentro con otro ejército no menos poderoso
que el suyo. Porque temiéndose de esto, luego que partió de
Zaragoza para Navarra, dejó secreto orden a las ciudades de Iaca,
Huesca, y Zaragoza, pusiesen en orden su gente para cuando tuviesen
segundo aviso. Y así se metieron muy en breve dentro de Navarra, y
tras ellas, todas las demás villas de Aragón acudieron a
defenderla. Quedaron los Castellanos tan maravillados de tan prompto
y bien armado socorro, que hicieron treguas con el Rey, y se
Vieron.











Capítulo V. Que el Príncipe don Alonso fue con el Rey a Barcelona,
y aprobó las divisiones de tierras hechas a sus hermanos: y como
volvió el de Castilla sobre Navarra, y el Rey volvió a defenderla.






Defendida
Navarra y hechas treguas con el de Castilla, el Rey y el Príncipe
don Alonso su hijo (que por entonces mostraban estar muy concordes)
se fueron juntos a Barcelona, a donde congregados en palacio los
Prelados y señores más principales del Reyno, con los Príncipes
don Pedro y don Iayme, fue así que don Alonso en presencia de todos
pública y solemnemente aprobó, sin excepción alguna, las
donaciones y asignaciones hechas por el Rey, así del Principado de
Cataluña, como del Reyno de Valencia, en favor de don Pedro y don
Iayme sus hermanos, besando las manos al Rey, y abrazando con mucho
amor a sus dos hermanos. Y con esto pareció haberse restituido en
total gracia de ellos, y del Rey su padre. También tuvo por rato y
grato lo que el Rey había decretado en la división de Lérida y su
distrito, del Reyno de Aragón, que poco antes había sido
dismembrada de Cataluña por las causas arriba dichas. Además de
esto soltó a todos los señores y ciudades de Cataluña la fé que
le había dado de guardar los primeros términos. Mas se obligó con
juramento de tener por rato y firme todo lo prometido conforme a la
costumbre y uso antiquísima del Reyno, que se hacía, atando el Rey
muy fuerte los dedos pulgares al Príncipe. El cual con este solemne
pacto y rito prendó su fé y palabra para siempre. Halláronse
presentes a esto, y fueron testigos, los Prelados arriba dichos, y
entre otros señores, Vgo Conde de Rosas, y don Ramon Folch Vizconde
de Cardona, con otros nueve caballeros principales de Cataluña.
Hecho esto, como entendiese el Rey que los Castellanos viéndole
ausente con mayor ejército que antes movían guerra de nuevo contra
Navarra, sin tener cuenta con los conciertos hechos, hizo su camino
para allá, y habló con el Rey Theobaldo en la villa de Montagudo,
donde renovaron su confederación y amistad contra qualesquier
enemigos de los dos, o de cada uno dellos, y se dieron el uno al otro
ciertas fortalezas en rehenes. De estos pactos y consideraciones el
Rey no quiso excluir a otri que a Carlos de Anges Conde de la
Provenza hermano del Rey de Francia, por lo que tocaba al Conde
Berenguer su primo, que estaba excluido del Condado por rebelión de
sus vasallos y el Carlos se le había entrado en el estado. Este
mismo fue después Rey de Sicilia (como adelante diremos) y tuvo
grandes guerras con el Príncipe don Pedro sobre el mismo Reyno,
según en su historia se dice. Theobaldo eximió solamente al Rey de
Francia y a sus hermanos. Los cuales conciertos algunos señores de
Aragón que con el Rey se hallaron, y los principales de Navarra
(
Nauerra)
prometieron guardar en cuanto les sería posible (
ppssible).
Y como los dos Reyes estuviesen muy determinados de salir contra los
Castellanos, se siguió por buenos medios que firmaron treguas de
nuevo con ellos, y con esto Navarra estuvo algunos años libre de
guerra. Y el Rey se volvió al Reyno de Valencia.











Capítulo VI. Como se rebelaron los Moros de Valencia con el capitán
Alazarch, del cual se cuenta la gran privanza que tuvo con el Rey, y
de la traición que urdió.






Con
la larga ausencia que el Rey hizo del Reyno de Valencia, andando
metido en las cosas de Aragón y Cataluña, los Moros de Valencia que
se le habían sujetado con condiciones que pudiesen vivir a su modo,
y quedarse en la secta de Mahoma, no contentos con esto, como les
fuese natural la infidelidad, descubrieron su malicia. Y viendo al
Rey envuelto en guerras fuera de sus tierras, secretamente comenzaron
a tomar armas y se alzaron contra él. Para esto tomaron por su
caudillo y capitán a un Moro dicho Alazarch que tenía fama de muy
valiente y diestro guerrero entre ellos, al cual poco antes el Rey
había perpetuamente desterrado del Reyno, y se había pasado a los
de Granada. De donde le hicieron venir, y llegado, se rebeló la
mayor parte de la región de allende el Xucar contra el Rey. Era este
Alazarch nacido de padre Africano y madre Granadina en los confines
del Reyno de Murcia y criado allí mismo. Y aunque de color moreno, y
rostro feroz, pero de buena y agraciada disposición, y muy diestro
en las armas. Era en hacienda de mediano estado muy afable, porque no
solo entendía y sabía muy bien la lengua Castellana como la propia
Arauiga, pero era muy elocuente en las dos, y también muy astuto y
disimulado: porque en la conquista del Reyno se juntó con el Rey, al
cual con la familiaridad de la lengua prometió todo buen servicio y
fidelidad: y fue creído: por haber muchas veces descubierto al Rey
los secretos y
desinos
de los Moros, y por esto comunicaba también el Rey los suyos con él.
Llegó a tanto la familiaridad, que el Rey muchas veces le persuadía
se hiciese Cristiano que le haría grandes mercedes, a lo cual
respondía el Moro sonriéndose, yo bien me haría Cristiano, si me
diesen por mujer a la hermana de Carroz señor de Rebolledo. Era esta
la más hermosa dama que en aquel tiempo se hallaba. Con esta
privanza y conversación del Rey era tenido en mucho de toda la
morisma: y entendiendo muy bien nuestros tratos y modo de pelear, y
regir un campo, se había engreído mucho: y así imaginaba de cada
día como haría un buen salto contra los Cristianos: como a la
verdad lo hizo tan alto cuanto se podía, si le sucediera a su
propósito. Porque faltó muy poco, por fiarse mucho el Rey del, de
caer una vez en sus manos, y de los Moros. Y fue cuando los años
antes andaba el Rey conquistando el val de Bayrén, yendo muy deseoso
de tomar el castillo de Reguart, el cual estaba muy fuerte y
enriscado, y abastecido de gente y armas, y le impedía el paso para
entrar en lo más hondo del valle. Mas Alazarch que entendió este
gran deseo del Rey, se vino para él, y prometió dar el castillo en
sus manos, con que él mismo en persona viniese a la media noche con
pocos a entrar en él, por no ser sentido de otros castillos cercanos
al de Reguart, también porque así lo tenía concertado con el
Alcayde de que era muy aficionado a su persona Real. El Rey
creyéndole, se holgó mucho de esto, confiado de su larga
familiaridad y amistad. Pues como llegase la hora, el Rey salió con
los XXV de a caballo, enviando delante otros tantos escuderos hacia
el castillo. Luego que Alazarch sintió venir gente, pensando que el
Rey sería con los delanteros, salió de la celada que tenía puesta
junto al castillo en tres partes, con trescientos Moros: y con
grandes alaridos, y estruendo de trompetas y atambores, arremetió
para los escuderos, y tomándoles en medio sin matar ninguno,
mientras buscaban entre ellos con gran contento al Rey, que venía
más atrás y se escapó de ellos, tuvo lugar para retirarse a los
suyos que le seguían de lejos con todo el cuerpo de guardia. Con
esto quedó Alazarch burlado con muchas pérdidas acuestas, de la
familiaridad y favores del Rey, y de la opinión de los Moros, y
también de la tierra, porque tuvo necesidad de salirse de ella a más
que de paso. Y así fue, que el día siguiente, considerando él
mismo, que el Rey no desearía tanto tomar el castillo cuanto a él
para hacerle pedazos por la traición usada, desamparó el castillo
con toda su gente y se fue al Reyno de Murcia: y el Rey se entró
luego en él y puso gente de guarnición. Desde entonces Alazarch se
ausentó del todo de Valencia, y se entretuvo con los de Murcia y de
Granda. Por eso fue luego condenado a muerte por el crimen Lesae
Magistatis, o a destierro perpetuo de todos los Reynos de la corona
de Aragón, y confiscados todos sus bienes. De manera que siendo como
decíamos, Alazarch llamado para caudillo de los rebeldes, vino al
Reyno, y tomó ciertas villas y castillos que estaban por los
Cristianos en el val de Gallinera, no lejos del de Bayrén, donde
tenía el Rey algunas guarniciones de gente de guardia. Pues como
todo esto llegase a noticia del Rey, que por entonces residía en
Calatayud, recogió su gente ordinaria de guerra, e hizo alguna más,
y con ejército formado se vino para Burriana. Donde entendió como
Alazarch había venido con muchos Moros a la villa de Penaguila,
pueblo fuerte y de extraño sitio en las montañas de la Contestania,
y que a medio día a escala vista había tentado de dar asalto a la
fortaleza, o castillo de ella: pero que había sido valerosamente
rebatido de los que estaban en guarnición dentro.






Capítulo
XII. De la llegada del Rey a Valencia, y que entendida más en
particular la rebelión de los Moros, determinó echarlos del Reyno a
todos, y de las personas que mandó convocar para tratar de ello.






Entendiendo
el Rey más por extenso el atrevido acometimiento del Capitán
Alazarch sobre el castillo de Penaguila, partiose con gran presteza
de Burriana, y llegó a Valencia. Donde informándose mejor de la
conjuración de los Moros, y de los primeros que la comenzaron, y
eran más culpados en ella: halló que dessotra parte de Xucar, casi
todas las villas y castillos de aquella región, (excepto Xatiua y
Alzira con algunas villas de las montañas, que ya eran de
Cristianos) se habían rebelado muy a la descubierta: y tomado por su
general y Caudillo a Alazarch, como está dicho, y que desta parte de
Xucar algunos pueblos secretamente favorecían a los rebeldes, y aun
ellos habían intentado de hacer lo mismo. Por esta tan manifiesta
infidelidad, y poca seguridad que de los Moros se esperaba para con
los Cristianos, y que mientras hubiese Moros en el Reyno, siempre
habría (
auria)
rebelión y sobresaltos, por ser ellos casi infinitos, y los
Cristianos pocos: propuso en su ánimo de echarlos a todos del Reyno:
para que su tan pretendido fin de introducir en él la fé y religión
de Cristo pudiese venir a efecto. Lo cual determinó de consultar
primero con el Prelado y otros. Para esto mandó convocar los grandes
y Barones del Reyno, y a todos los demás que en esto podían
pretender interés, o perjuicio alguno. A don Andrés de Albalate
Obispo de Valencia con los del estamento Ecclesiástico: a don Pedro
Fernández de Azagra, don Pedro Cornel, don Guillem de Mócada, don
Artal de Luna, don Rodrigo Liçana, don Ximeno de Vrrea (este fue
hijo de aquel valerosísimo Ximeno, que se halló en las conquistas
de Mallorca, y Burriana, y tuvo en ellas los más principales cargos
de la guerra, y con su fama y memorables hechos acrecentó y
ennobleció mucho la ínclita y esclarecida familia de los Vrreas, y
a quien fue hecha merced después del Condado de Aranda en Aragón,
del cual gozan hoy sus descendientes, y sucesores) y a otros
principales señores, y Barones de Aragón y Cataluña, que estaban
ya heredados de lugares y vasallos en el Reyno: Y también a los
Iusticias y Iurados con los demás principales de la ciudad, que
representaban el estamento Real. Para que habiendo de ser su
proposición y demanda muy poco menos importante y ardua, que si de
nuevo se hubiese de conquistar el Reyno, y que por haberse de
atravesar el interés (
interesse)
de muchos, había de ser muy impugnada, y contradicha, no faltasen
ninguno de los tres estamentos, para que le ayudasen a esforzar lo
bueno, y que por el interés particular no se perdiese el bien
universal de todos. Iuntados pues en la iglesia mayor, y oída con
mucha devoción la Missa del Espíritu santo, que celebró el Prelado
con gran solemnidad, encomendándose todos a nuestro Señor para que
les inspirase el consejo recto y deliberación santa de su mano,
sentados por su orden, y el Rey en su trono más alto, les habló de
esta manera.











Capítulo VIII. Del grave razonamiento que el Rey hizo y los
convocados, significando su determinación y causas, para echar todos
los Moros del Reyno.






Prelado,
Grandes, y Barones prudentísimos, a vosotros que habéis sido
compañeros y participantes en todas nuestras empresas y guerras,
damos por testigos de los grandes trabajos y fatigas que habemos
padecido en la conquista de esta ciudad y Reyno, y de los que hoy en
día padecemos por llevarla adelante: no tanto por sojuzgar las
villas y lugares con las personas de los Moros: cuanto por ganar para
Cristo nuestro Redemptor, y su religión Cristiana, las almas de
todos ellos. Lo cual puesto que dentro la misma ciudad y por sus
arrabales lo habemos medianamente acabado, porponiéndoles que, o se
hiciesen Cristianos, o se saliesen de la ciudad y sus contornos: y
con esto, junto con la solicitud del Prelado en instruirlos en la fé
nuestra, se han convertido algunos: no ha sido posible acabar lo
mismo en los otros lugares del Reyno: ni aun cuando estábamos sobre
ellos con las armas en las manos: sino que para atraerles a que a
buenas se nos entregasen, fue necesario permitirles se quedasen en su
secta. Porque a compelirles la dejasen antes de entregarse, era muy
cierto que se determinaran a morir por ella, para más alargarnos la
conquista, y hacemos la victoria más dudosa y sangrienta. Mas aunque
el perder nuestras vidas en tal demanda fuera ganarlas, para más
consagrarlas a Dios, y a la eternidad: pero las almas de ellos, que
por ventura pudieran salvarse, matarlas juntamente con los cuerpos,
nos parecía cosa horrible, y muy contraria a nuestra religión. Y
así po esto pareció mejor el disimular entonces con ellos, y
encomendar este negocio a Dios, como cosa suya: esperando, si con el
tiempo y buen tratamiento nuestro, poco a poco
arrostrarían
a su conversión. Pero que siendo acabada la conquista, y echada la
guerra fuera, con tanta ventaja de ellos, quedándose en sus villas y
lugares, con sus casas y posesiones, y lo que más es, en su secta,
con mayor libertad, y más tolerable yugo de lo que jamás tuvieron
que no contentos de esto, se nos hayan (
ayan)
rebelado, y tan desvergonzadamente tomado armas contra nosotros:
verdaderamente que han descubierto del todo su natural infidelidad y
pérfida malicia, claramente señalando, que ni a Dios, ni a nos
serán en ningún tiempo fieles, y que siempre viviremos entre ellos
con recelo, como en medio de nuestros capitales enemigos. Demás de
lo que con su conversación y trato se puede de su infidelidad y
abominable modo de vivir, apegar algo a los Cristianos, en gran
ofensa de nuestro Señor: según que el Padre santo de Roma por sus
patentes letras Apostólicas nos ha advertido muy bien de ello, y de
nuevo animado a llevar adelante nuestro propósito. Por donde, para
que arranquemos de raíz una tan perniciosa cizaña (
zizania),
y que nuestra mies Cristiana limpia de tan mala yerba crezca mejor
para el cielo, nos determinamos en lo siguiente. Que puesta, cuanto a
lo primero, buena gente de guarnición en las dos fortalezas de
Xatiua, y bien guardado el paso de Alzira, y fortificados para
defensa de la ciudad los Castillos de Murviedro, Almenara, Enesa, y
Chiva, echemos del Reyno esta infiel canalla de Moros, y en lugar de
ellos le poblemos de Cristianos de los dos Reynos, para habitar y
cultivar la tierra que dejarán ellos: pues ella es tal, y la fama de
su gran fertilidad tan divulgada por todas partes, que no habrá
persona que no trueque de buena gana su tierra natural por la de
Valencia. Y así os rogamos a todos muy encarecidamente tengáis por
buena y acepta esta nuestra determinación. Pues demás del gran
servicio que haremos a nuestro Señor en quitar de medio de nosotros
sus enemigos, y blasfemos, para mayor puridad y conservación de
nuestra fé y religión: en lo demás estad de buen ánimo, y tened
por muy cierto, que no serán tantos los daños, cuanto mucho mayores
los beneficios y provechos (
puechos)
que para la buena cultura de la tierra y seguridad del Reyno, se
seguirá con echar tan infiel y perversa gente de entre (
détre)
nosotros.











Capítulo IX. De la aprobación que el Prelado, Ecclesiásticos, y
braço Real hizieron de la proposición del Rey, y de la
contradicción de los Señores de vasallos, con las razones de ambas
partes, y como se publicó el edicto.






Como
acabó el Rey su razonamiento con la demanda propuesta, luego el
Prelado en nombre suyo, y de todo el estado Ecclesiástico respondió,
que tenía por muy santa y como inspirada del Espíritusancto la
proposición y determinación hecha por su Real alteza, por los
grandes bienes espirituales junto con los temporales que de ella se
seguirían, y que no embargante qualesquiere daños y pérdida
(
pdida)
de intereses que de esto se le podía seguir, la aprobaba, y se
suscribía en ella, de común voto suyo, y de todo el estamento
Ecclesiástico. Oído esto, quiso el Rey antes que los Grandes y
Barones profiriesen el suyo, certificarse del parecer de los del
brazo Real y Ciudadanos. Los cuales por mano de los jurados y
consejeros se firmaron en el mismo parecer y voto del Prelado. Luego
se volvió el Rey a los del brazo militar, que eran los señores y
Barones en quien había repartido las rentas y vasallajes de Moros,
para que declarasen el suyo. Los cuales en oír que se habían de
echar los Moros del Reyno, comenzaron a murmurar y alborotarse tanto
sobre ello, que en suma declararon, eran de contrario parecer: pues
aunque las razones que el Rey daba
pa
echar los Moros en lo espiritual eran concluyentes: pero que para el
beneficio de la tierra, eran muy perjudiciales, diciendo que los
Cristianos que vendrían a poblar sus tierras dejadas por los Moros,
no serían tan hábiles como se requiere para cultivarlas, y ni el
provecho y renta de ellas sería tanto como solía, para poder
cumplir con el feudo y obligación con que se las había dado, de
seguir a sus propias costas la guerra. Y sobre esto hacían grandes
extremos, mezclados con algunas amenazas. Mas como el Rey tenía ya
al Prelado con todas las órdenes y estamento Ecclesiástico,
juntamente con la ciudad y brazo Real, de su parte, determinó de
llevar adelante su propósito, y mandó publicar el edicto de
destierro contra la morisma del Reyno. Y así para más sanear su
conciencia, hizo publicar la bulla, o rescripto del Pontífice
Innocencio IV, que mucho antes le había enviado: por el cual le
exhortaba en grande manera echase los Moros del Reyno, por lo mucho
que convenía apartar a los católicos del continuo concurso y
conversación de los infieles (según que en el libro de los Índices
de los Annales de Geronymo Surita Latinos, está este rescripto, o
bulla largamente contenida). De manera que estando el Rey muy firme
en su deliberación, mandó poner nueva guarnición de gente en las
fortalezas y castillos arriba dichos, y distribuir el ejército por
la ciudad y villas por donde habían de pasar los Moros. A los cuales
se mandaba so pena de la vida que dentro de un mes saliesen del Reyno
con todas sus
ahinas
las que llevar pudiesen, y no parasen en todo él. Con este edicto,
no se puede creer cuan grande alboroto y mudanza de cosas se
siguieron por todo el Reyno, pensando que había de nacer de aquí la
total ruina y pérdida del. Por parecer a algunos, que con la ida de
los Moros, siendo como eran infinitos, el Reyno se despoblaría del
todo, y ni Aragón, ni Cataluña juntos bastarían a henchir el vacío
de ellos, y que por esto padecería la cultura: y la tierra, aunque
de si es fértil, se convertiría en bosque, y de ahí como yerma
sería desamparada: para que los mismos Moros que la conocían, con
el favor de los de África volviesen a cobrarla. Sin eso porfiaba que
no se esperaba otro de echar tan grande infinidad de Moros juntos,
sino que llegados a los Reynos de Murcia y Granada para do se
encaminaban, con el favor de ellos revolverían sobre el Reyno, y que
hallándolo vacío, lo oprimirían en un día todo. Por lo contrario
otros tenían por más cierto, que en sabiendo que los Moros eran
idos, vendrían como lluvia gentes de toda España a poblarle,
señaladamente de las montañas y lugares ásperos de Aragón y
Cataluña: viendo que por una sola mies, y miserable cosecha de pá,
que para todo el año dejarían, cogerían en el Reyno tantos y tan
varios géneros de frutos dentro del mismo año, y donde no habían
de pelear más con la tierra dura que sacude y escupe los arados (
las
rejas
)
y azadones (
açadones)
como la suya: sino con la fertilísima y benigna, que no rehúsa
imperio, ni sujeción alguna del labrador. Lo cual averiguaban con
manifiesto ejemplo de lo que pasaba en la vega y huertas de la
ciudad. Pues se hallaba que en el arte de cultivar la tierra, en
ninguna cosa excedían los Moros a los Cristianos. Porque luego que
la ciudad fue tomada, y emprendida la vega de ella por los
Cristianos, se halló que ningún campo del Reyno cultivado por los
Moros igualaba con el de los Cristianos. Además que los Moros por
darse mucho a la cogida de granos menudos, de que suelen mantenerse
no tenían cuenta con el trigo, ni en criar ganado de ovejas, ni
vino, ni tocino, que son los cuatro más principales alimentos de la
vida, ni curaban del provecho grande, que de los cueros y lanas que
sale de esto para el vestido del hombre se siguen: lo que no se puede
suplir con sola la crianza de cabrío que los Moros usaban, por ser
esta carne desabrida para muchos, y el cuero de ella deslanado.
Finalmente concluían que los señores y Barones no solo aventajarían
sus rentas y estados con mejores y más ricas granjerías: pero aun
mejorarían en calidad de vasallos, y que siendo todos Cristianos,
gozaría el Reyno de mucha paz y tranquilidad, y en ocasión de
guerra mucho mejor se defendería. Con estas y otras razones se iba
por el vulgo ventilando, si era justa, o no, la salida de los Moros,
y no dejaba de haber muchos indiferentes, y otros que decían se
echasen, pero no todos, ni de una juntos: y esto parecía mejor a los
más. Pero aunque de todo esto era sabedor (
sabidor)
el Rey, y a todos escuchaba, siempre perseveraba en su propósito, y
el término del edicto corría.






Capítulo
X. Como don Pedro de Portugal fue el que más contravino al edicto, y
como el Rey le ablandó, y de las crueldades que los Moros rebeldes
hicieron en las tierras del Rey, sin tocar en las de los señores y
Barones.






Publicado
el edicto por todas las villas y lugares principales de los Moros,
hubo secretas congregaciones entre los señores y Barones del Reyno,
con fin de hallar modos tales con que poder contravenir a él, sin
dar disgusto al Rey, sino por vía de ruegos, o de buenas razones,
acompañadas de buena justicia. Pero quien las hizo públicas, y más
que todos se sintió del edicto, fue don Pedro de Portugal, que como
tan conjunto pariente, y allegado al Rey, osaba contradecirle muy a
la clara. El cual vuelto de Mallorca, habiendo renunciado el Reyno
(como dicho habemos) y tomado la recompensa en tierras de Moros
dentro el Reyno de Valencia, y que a la sazón se hallaba en
Murviedro una de ellas: vino a Valencia: donde comenzó a bravear y
hablar muy largo contra el edicto, abusando de la paciencia del Rey,
la cual nunca fue vencida. Pues como los Señores y Barones le vieron
tan puesto en impugnar el edicto, y que el Rey, no podía dejar de
tenerle muy grande respeto, por ser su tan allegado deudo, osaron con
el amparo suyo emprender muy de propósito la causa, y defensa de los
Moros, y así rogado de ellos don Pedro ofreció muy de buena gana de
tomar este negocio por propio, por lo mucho que también a él le
tocaba. Porque esperaba gozar muy presto de cuatro principales
pueblos del Reyno, Murviedro, Almenara, Segorbe, Castellón de la
Plana, que fueron los que se le consignaron en recompensa de las
Islas de Mallorca y Menorca. Puesto que aun estaban como secuestrados
en manos de los Jueces, por el concierto que arriba en el precedente
libro notamos, pero se trataba ya como a señor de ellos. Y así por
esto, como por ser la gente de estos pueblos la más belicosa del
Reyno, don Pedro los animaba mucho más a no obedecer el edicto, y de
aquí muchos del Reyno teniéndole por caudillo, así los Moros como
los Cristianos de parte de los señores y Barones, se habían ya
puesto en armas. Esto le llegó al Rey mucho al alma, y le dio muy
grande molestia y pesadumbre: y vio claramente que si don Pedro no
desistía de la demanda, él no saldría con la empresa. Y así,
mandado llamar, y venido ante él, se le quejó mucho, diciendo que
adrede en cuantas cosas emprendía para el beneficio y buen gobierno
de sus Reynos se preciaba de contradecirle. Pues habiendo emprendido
ahora cosa tan necesaria para la pública tranquilidad y quietud de
los Reynos, la quería impedir por sus particulares intereses: que le
rogaba por el beneficio común, y buenas obras que le debía, se
apartase de tan mala querella: y si tenía alguna cosa contra él,
por la cual pretendiese enmienda, se lo dijese, y se cometiese al
arbitrio de los Prelados, y grandes, que pasaría sin falta por lo
que ellos juzgarían. Fue contento de esto don Pedro, y nombrados
Jueces por ambas partes, y oídas sus pretensiones: determinaron dos
cosas. Lo primero, que pagase el Rey a don Pedro luego cierta
cantidad de dinero. Lo segundo, que en tanto que durase la guerra
movida por los Moros, fuese obligado el Rey a su costa, fortalecer, y
poner gente de guarnición, a elección de don Pedro, en las cuatro
villas suyas nombradas. Como esta sentencia contentase a las dos
partes, y se quietasen los ánimos de entrambos, el Rey se valió de
don Pedro, y él se le ofreció de buena gana para la ejecución del
edicto. Pero como poco antes, con el favor del mismo don Pedro, se
hubiesen muchos de los Moros demasiadamente animado para impugnar el
edicto, movieron crudelísima guerra en las villas y lugares, que
estaban por el Rey, sin tocar en las de los señores y Barones, por
haber echado fama que contra el voto y opinión de ellos, y no más
de por solo quererlo el Rey, se había determinado el echarlos fuera
del Reyno. De donde se siguió, que los Capitanes del Rey, que
estaban en los presidios, por querer contentar a los Señores, o por
el descuido, e insolencia que de las victorias pasadas les quedaba,
se descuidaron de tal manera, que los Moros les tomaron hasta doce
villas y fortalezas de las que estaban por el Rey, y en los soldados
de guardia ejecutaron bárbaras crueldades.






Capítulo
X. Como no embargante la rebelión, pasó el edicto adelante, y de lo
que ofrecían los Moros por que les asegurasen la salida, y del
infinito número de ellos, y como fueron rescatados en el Reyno de
Murcia.






Por
mucho que Alazarch, hecho de simple soldado Capitán de LX mil Moros,
maquinó, y se esforzó a impedir el edicto, y que los Moros quedasen
en el Reyno, no pudo en esto resistir a la magnanimidad y poderío
del Rey, o por mejor decir, a la voluntad de nuestro señor Dios, que
parece milagrosamente mostró en esto su omnipotencia: porque con
todo el favor y ayuda que los Moros tenían en el ejército de
Alazarch, se siguió, que siendo tan inmenso, y casi infinito el
número de la gente que determinaba salir del Reyno (pues realmente
con las mujeres y niños pasaban de cien mil) fue tanto el miedo y
vileza de ánimo que les comprendió con el edicto, que en el mismo
día que se cumplía el término, y habían de salir, los principales
de ellos hablaran a don Ximen Pérez de Arenos camarero mayor del
Rey, y como temblando le dijeron, que darían al Rey la mitad de
todos sus bienes y haciendas, por solo que les diese salvo conducto,
y gente de guardia con que pudiesen seguramente, y sin lesión alguna
salir del Reyno. Como supo esto el Rey rió mucho de ello, y no
permitió que se les tomase nada, antes dio licencia en confirmación
del edicto, para que se llevasen de sus haciendas cuanto quisiesen y
pudiesen llevar: y envió con ellos mucha gente de guerra que los
acompañase hasta ser fuera del Reyno, y pusiese en el de Murcia, por
donde ellos deseaban pasar a Granada. Fue tan innumerable la gente
que salió, que refiere el Rey en su historia, que de los delanteros
a los postreros, con ir bien juntos, cubrían XV mil pasos de camino:
y fue fama, que fuera de la guerra de Vbeda, en ningún otro tiempo
se había visto en España tan grande número de Moros juntos. Por
eso con mucha razón tan grande empresa como esta de echar los Moros,
quedó reputada por una de las más insignes hazañas que el Rey hizo
en su vida. Porque no solo mostró su incomparable valor y fuerzas
para echarlos a pesar del grande ejército de rebeldes que estaban
puestos en defenderlos: pero aun fue mucho más la necesidad que tuvo
de echarse el escudo a las espaldas para recibir en él los
encuentros de amenazas, quejas, y maldiciones que los señores y
Barones le echaban por la pérdida de tantos vasallos. Pues como los
Moros fuesen guiados hasta Villena primer pueblo del reyno de Murcia,
don Federique hermano del Rey de Castilla fue luego con ellos, y les
compelió a que pagasen un besante por cabeza, y pasando de allí,
parte de ellos se quedaron en los Reynos de Murcia, y de Granada,
parte se repartieron en el campo de Cartagena, llamado Esparthario
que en Arauigo llaman Manxa, parte se pasaron con sus mujeres e hijos
en África, y algunos se volvieron al Reyno juntándose con los
rebeldes.











Capítulo XI. Que los Moros rebelados se hicieron fuertes en las
montañas, con su Capitán Alazarch, al cual favoreció el Rey de
Castilla, y de lo que sobre esto pasó.






Por
mucho que se procuró de echar todos los Moros del Reyno, y que
fueron como está dicho innumerables, los que salieron, todavía
quedaron tantos, que se pudo formar ejército de ellos, y subieron a
las montañas de la Contestania a ponerse debajo la compañía de
Alazarch, con el cual se rehicieron, y tuvieron muchas escaramuzas
con los Cristianos y ejército del Rey, y se entretuvieron tres años:
así por la astucia de su Capitán, como porque don
Federique y don
Manuel hermanos del Rey de Castilla que vivían en Villena
secretamente le favorecían y daban ánimo para entretener la guerra:
consintiendo en ello el mismo Rey, pues sin tener cuenta con las
treguas les ayudaba, disimulando, como quien hace por todos, a fin de
tener en pie un perpetuo enemigo contra el Rey su suegro. Llegó a
tanto su desconocimiento, que envió sus embajadores a Valencia, a
rogar al Rey otorgase treguas por un año a Alazarch. Las cuales
otorgó el Rey por solo contentar a su yerno, puesto que sabía muy
bien el mal ánimo con que las pedía. De donde comenzó el capitán
Moro a tenerse en mucho, y a ensoberbecerse con el favor de los
Castellanos, amenazando que había de poner las banderas y armas del
Rey de Castilla su señor por todas las villas y castillos por él
ganados. Todo esto sabía el Rey, y disimulaba, recociendo su cólera
para emplearla contra Alazarch, luego que fuesen acabadas las
treguas. Por esto determinó, con enemigo vanaglorioso y artero,
tratar artificiosamente. Y así habló con un Moro familiar suyo
grande amigo de Alazarch, le indujese a vender el trigo y panes que
le sobraban, porque a la sazón valían a bien alto precio, y haría
muy gran suma de dinero: pues no tenía por entonces guerra, ni la
tendría después, porque estaba en mano del Rey de Castilla su señor
alcanzarle, no solo más treguas, pero aun perpetua paz del Rey de
Aragón, siempre que la quisiese. Entretanto el Rey dio cargo a don
Ramón de Cardona, y a don Guillé Angresola con otros principales
capitanes de Aragón y Cataluña que para la Pascua siguiente de la
Resurrección del Señor, que era el término de las treguas,
estuviesen muy a punto con el ejército de los dos Reynos puesto en
Valencia. El Moro hizo su oficio, y creyéndole Alazarch vendió todo
su trigo, y como se vio tan rico de dinero, y descansado con las
treguas, deseando gozar de la ociosidad sin ningún cuidado de
guerra, se descuidó tanto, que apenas se acordó de confirmar las
treguas con el Rey, ni de escribir al de Castilla le hubiese la
prórroga (
porrogació)
de ellas, hasta medio mes antes que se cumpliese el año. Y así el
de Castilla envió su embajador, rogando al Rey tuviese por bien de
renovar, y alargar las treguas hechas con Alazarch para otro año.
Respondió el Rey, que se maravillaba mucho del Rey su yerno, fuese
tan amigo y favorecedor de un su vasallo traidor y enemigo, que
tantas veces había acometido de quitarle la vida, y alzado se le con
tantas villas y castillos, y que dentro de su propio Reyno de
Valencia se lo quisiese defender y amparar, para que no pudiese como
señor castigar a su esclavo. Con esta respuesta, sin ninguna otra
resolución despidió a los Embajadores, y se volvieron a Castilla.











Capítulo XII. Como el Rey persiguió a Alazarch, y cobró todo lo
que había tomado, y se le huyó, y el Rey acomodó sus parientes
del, y de la embajada que envió al de Castilla.






Venida
la Pascua de Resurrección, y celebrada en Valencia por el Rey, se
partió la última fiesta para Xatiua con solos cincuenta de a
caballo, donde tomando muchos más, subió a la montaña, y llegó a
la insigne villa de Cocentayna, que ya estaba medio poblada de
Cristianos. Porque a causa de haber salido tanta infinidad de Moros,
había quedado el Reyno como desierto, señaladamente las villas de
las montañas: pues aunque los Alcaydes y oficiales Reales con otros
muchos que las poblaban eran Cristianos: pero se quedaban muchos
Moros en ellas, de los cuales echados todos por el edicto, mandó el
Rey que así para poblarlas, como para que estuviesen en guarnición
y guardia del Reyno, se estableciesen las casas y campos a los que
quisiesen venir a habitarlas. Y por esta causa muchos soldados viejos
fueron en ella, y en las otras villas heredados, y se quedaron para
defenderlas, con los demás que vinieron de muchas partes a vivir en
ellas. Lo cual se hizo en muy breve tiempo: y las fortalecieron de
muro y barbacana: como fueron Alcoy, Penaguila, Ontiñena, y la
Ollería, que nombra la historia, con las demás que de entonces acá
se han fundado, y aumentado, que son muchas y grandes, y aunque
algunas dellas son muy ásperas, pero las vemos muy ricas y
abundantes de panes y ganados con otras cosas. Holgose pues el Rey
mucho en Cocentayna viendo su buen asiento tan aparejado para ser de
los principales pueblos de las montañas, como lo es en nuestros
tiempos, hecha Condado que le posee la ilustre y antigua familia de
los Corellas. Allí pues tuvo nueva como la gente que mandó hacer en
Aragón y Cataluña era llegada, y se había juntado en Valencia, de
lo cual se alegró mucho. Y luego saliendo de Cocentayna dio vuelta
por la marina, y tomó de paso las fortalezas de Planes, Castell, y
Pego. El siguiente día, oída Missa, se fue para la villa de Alcalá,
a donde Alazarch de ordinario residía. Pero el buen capitán como de
ninguna cosa menos curase que de pelear (porque luego que vendió el
trigo despidió el ejército) saliose de Alcalá con muy poca gente,
y pasando por el val de Gallinera, de un lugar en otro iba huyendo
del Rey que le perseguía. Por donde cobrado por el Rey parte del
valle, con Alcalá y su fortaleza,
acabò
de cobrar los xvi castillos que Alazarch le había tomado: no
hallando en ellos resistencia alguna. Entendiendo pues el moro que el
Rey no cesaría de perseguirlo hasta que le tuviese en su poder, y
quitase la vida: procuró con buenos medios hacer concierto con él,
prometiendo que para siempre se apartaría del Reyno, solo que el Rey
perdonase a los de su casa y familia, y que no echase a sus parientes
del Reyno. Como Alazarch lo cumplió y se fue, así el Rey usó de
toda liberalidad con su sobrino hijo de hermano, a quien hizo merced
por su vida del Castillo y villa de Polope a la marina, que está
cerca del Promontorio Yfachs, o cabo de Calpe, al medio día. Hecho
esto, y desterrado del Reyno un tan porfiado y mañoso enemigo,
cesaron también con él las disimuladas astucias del Rey de
Castilla: al cual envió el Rey sus embajadores, como para dar razón
de la guerra que entonces acababa, y que le dijesen como él se había
dado estos días a la caza, y dentro de ocho días había cazado xvi
castillos. Con este dicho quiso el Rey aludir a otro semejante que
pocos días antes Alazarch había dicho en presencia, y con muy
grande gusto del Rey de Castilla, cuando preguntado Alazarch, si era
dado a caza de fieras, no cierto, dijo él, sino de hombres, si ya no
queréis que sea vuestro cazador de los castillos del Rey de Aragón.
Lo cual fue muy reído, y celebrado por el Rey de Castilla, y los
suyos.











Capítulo XIII. Por qué causa dio el Rey la gobernación de Aragón
y Valencia al Príncipe don Alonso, y de la venida del señor de
Albarracín, y don Diego López de Haro, y del acogimiento y mercedes
que a los dos hizo.






Por
este tiempo don Alonso Príncipe de Aragón, que aun no estaba libre
de la encendida codicia de reinar, atizado y conmovido por la
persuasión de malsines, de cada día sembraba nuevas quejas contra
el Rey, por el descontento que tenía de la donación, o asignación
que de consentimiento suyo hizo a don Pedro su hermano del Reyno de
Cataluña, y también del Reyno de Valencia, y de Mallorca a su otro
hermano don Iayme, declarándolos por verdaderos sucesores en ellos:
lo cual cedía en muy grande perjuicio suyo, por ser estos Reynos de
la conquista de Aragón, y debidos a él como a primogénito y
Príncipe de Aragón, y que este derecho no le podía renunciar él,
si bien en Barcelona, por contentar al Rey su padre, hubiese hecho
muestra de renunciarle: esto lo hablaban los Aragoneses a boca llena.
Lo cual llegando a oídos del Rey lo sintió muy mucho. Mas por
librarse de tan importunas y pesadas quejas, a consejo de los suyos,
dio la gobernación de los dos Reynos de Aragón y Valencia a don
Alonso. Esta gobernación de Reynos, puesto que por los fueros
antiguos de Aragón se debía al Príncipe primogénito del Rey, a
ninguno fue en algún tiempo dada hasta don Alonso, y con darle este
cargo pararon un poco tiempo sus quejas. A esta sazón llegó don
Aluaro Perez Azagra, que por la muerte de don Pero Fernádez su padre
había sucedido en la señoría de Albarracín, para ofrecerse con su
persona y estado al Rey: del cual fue muy bien recibido, y
acordándose de la gran amistad que tuvo con su padre, y de tan
buenos servicios como en todas sus empresas le hizo, no pudo sin
mucho sentimiento celebrar su memoria y nombre, diciendo mil bienes
de él. Y así para más testificar la gran voluntad y afición que
le tuvo, consintió que pasasen en don Álvaro, y se continuasen las
mismas mercedes que el padre tuvo y poseyó de la casa Real, que
fueron cincuenta Caballerías, y otros gajes. Entendió de ahí a
poco el Rey, que los Castellanos de nuevo asomaban con mano armada en
los confines de Murcia y Valencia, y conociendo sus mañas, partió
luego la vuelta de Biar con el ejército que se hallaba, y les
presentó batalla. En esta villa el Príncipe don Alonso prometió en
presencia de muchos al Rey, que por ningún tiempo tendría tratos
con el Rey de Castilla, ni se confederaría con él en ninguna
manera. Los Castellanos que vieron al Rey tan en orden para
resistirles, se volvieron luego, deshecho su ejército, para
Castilla, y el Rey también tomó la vuelta pa Zaragoza, donde
pasados pocos días después de llegado, se partió para Estella
villa muy principal del Reyno de Navarra: a donde llegó también don
Diego López de Haro señor de Vizcaya: el cual apartándose del Rey
de Castilla por ciertas ocasiones, se vino para el Rey a ofrecerle su
servicio con todo su poder y estado, del cual fue muy bien recibido,
y prestado su fé y homenaje, también le hizo mercedes, mandándole
asignar cincuenta caballerías. De esto fueron testigos los Prelados
y Grandes de los reynos de Aragón y Cataluña que allí se hallaron,
con la más gente hidalga que don Diego trajo consigo de Vizcaya, que
también se aplicaron con sus gajes al servicio del Rey. No era cosa
nueva para los Señores de Vizcaya, siempre que por algunas
desgracias se salían de Castilla, hallar principal acogimiento y
mercedes en los Reyes de Aragón, como lo halló don Diego padre de
este mismo don Diego Señor de Vizcaya, siendo mozo, cuando después
de haber ido en servicio del Rey don Alonso VIII de Castilla a la
guerra contra los Moros en aquella gran batalla de Vbeda a las Navas
de Tolosa, (de la cual hablamos en el primer libro) acaeció que
después de vueltos a Castilla, don Diego fue desterrado de ella por
el mismo Rey, y pasó su destierro en Aragón en servicio del Rey don
Pedro padre de nuestro Rey.











Capítulo XIV. Como el Rey fue muy inquietado del de Castilla, y de
los grandes que se apartaron del, y fueron a vivir en Aragón con el
Rey, y de los nuevos conciertos que los dos Reyes hicieron en Soria.






Dice
pues la historia, que como en este medio las treguas hechas entre el
Rey y el de Castilla se acabasen, y por la poca constancia del de
Castilla determinase el Rey, que de una vez se averiguasen por fuerza
de armas las diferencias entre ellos, y se pusiese muy de propósito
en salir con ello: quiso Dios que con la buena diligencia y medio de
los Prelados y personas religiosas de ambos Reynos se atajó la
cólera de los dos Reyes: señaladamente con la destreza de Bernad
Vidal Besalù, caballero Catalán, que procuró se viesen los dos
entre Ágreda y Tarragona, adonde fue concordado entre ellos, que el
Reyno de Navarra, que era la simiente de estas discordias, viniese a
la tutela y amparo del Rey de Aragón. Pero con la inconstancia de
don Alonso luego fueron renovadas las diferencias y vueltos a la
antigua distensión: aunque no se vino a las manos. Además de esto,
cuando poco antes el Rey estuvo en Estella, don Enrique hermano de
don Alonso de Castilla, y don López Díaz de Haro señor de Vizcaya,
hijo de don Diego, que ya era muerto, vinieron al Rey de Aragón por
apartarse del mal trato del de Castilla, y fueron de él muy bien
recibidos, mayormente don Enrique, tratándole como a persona Real, y
ofreciéndosele muy de veras, hasta que se remediasen las diferencias
que con el Rey su hermano tenía. También se ofreció al de Haro,y
tuvo en mucho la venida del mozo: el cual por imitar a su padre,
seguía muy de corazón, y de hecho el bando de Aragón, y venía a
servir al Rey con otros xx hidalgos vasallos suyos de los más
principales de Vizcaya, también sus parientes. Los cuales dieron su
fé al Rey por el don Lope mozo, y por su parte prometieron que no
volvería a la obediencia del Rey de Castilla, hasta que las
diferencias de los dos Reyes suegro y yerno fuesen acabadas, y
defenecidas por sentencia de don Sancho Salzedo, y don Lope Velasco,
a los cuales como a personas muy principales, y mayores letrados de
aquella era, fue remitida la causa. Después llegaron a Zaragoza dos
principales señores de Castilla que se pasaron al Rey, llamados don
Ramiro Rodríguez, y se le ofrecieron por vasallos, y porque fueron
despojados de todos sus bienes y haciendas por don Alonso, el Rey les
hizo mercedes de campos y posesiones, y de cien caballerías. Venían
de cada día de Castilla y Navarra tantas personas de cuenta, que a
la fama de la liberalidad del Rey, se pasaban y se le avasallaban,
que por mantenerlos casi consumía su patrimonio Real. A los cuales
recibía tan de buena gana, no tanto por hacer tiro a don Alonso,
cuanto porque no se pasasen a Reyes extraños, mayormente al de
Granada, para de allí maquinar la ruina de don Alonso con la de toda
España. Además que fue la justicia de este Rey tan mezclada con la
liberalidad, que en sabiendo que poseía algo injustamente, luego lo
restituía a su verdadero dueño liberalísimamente, por muy
incorporado que ya estuviese en la corona Real. Porque en aquella
sazón dio a don Guillem de Moncada hijo de don Ramón, y a su
sobrino hijo de hermano, en feudo la villa de Fraga a la ribera de
Cinca, en recompensa de ciertos censos, y campos que junto a Lérida
los suyos habían poseído, y con el tiempo y guerras los habían
perdido, y entrado en la corona Real: con condición que faltando
legítimos herederos, volviese Fraga a ser del patrimonio Real, como
por tiempo volvió. Finalmente procurándolo don Alonso, que por
entonces llevaba mayores designos en su pensamiento, y creía llegar
a ser Emperador de Alemaña (por haber sido nombrado Rey de Romanos
por la mitad de los Electores del Imperio) fue él mismo en persona a
verse con el Rey en la villa de Soria, cabeza (como dijeron algunos)
de los Celtíberos. Allí se renovaron los conciertos y
confederaciones antiguas, hechas entre los Reyes de Aragón y de
Castilla, y prometió don Alonso que entregaría ciertas fortalezas
en rehenes de la confederación hecha. Y de esta manera asentadas las
diferencias entre ellos, pasaron mucho tiempo sin guerras.











Capítulo XV. Que murió la Reyna de Navarra, y fue el Rey a
pacificar los movimientos de ella, y también a verse con el Rey Luys
de Francia
, y de los matrimonios que hicieron, y otras cosas.






Por
este tiempo murió doña Margarita mujer que fue de Tibaldo Rey de
Navarra
, y madre de don Theobaldo, fue sepultada en el monasterio de
Claraval de Navarra. La cual mientras vivió y Theobaldo fue menor de
edad, rigió el Reyno con mucha prudencia y tranquilidad. Pero
después de muerta comenzaron a levantarse muchos alborotos en el
Reyno. Los cuales se apaciguaron hechas treguas con don Iaufredo de
Beamont
Senescal de Navarra. El cual pro intercesión del Rey que se
halló en Navarra, se concordó del todo con Theobaldo nuevo Rey de
ella: y con la misma sombra y favor del Rey poseyó a Navarra muy
pacíficamente. Esto hecho el Rey se vino para Valencia, donde
recibió cartas del Rey de Francia (este fue el Rey Luys el santo, de
quien hablaremos más largo) que le rogaba se hallase dentro de un
mes en la Guiayna, que le aguardaría en la villa de Carbolio cerca
de Mompeller, para tratar negocios importantes al beneficio común de
los Reynos, y para dar asiento a otras cosas que a la vista
entendería. Respondió el Rey, que sería con él dentro del plazo.
De estas idas tantas a Francia señaladamente para la Guiayna recibía
el Rey poco fastidio, por la ocasión que juntamente se le ofrecía
de visitar a Mompeller, por ser su propia patria, donde extrañamente
se recreaba. Y así partió luego para allá: dejando a don Ximen de
Foces nobilísimo caballero Aragonés, hijo de don Atho, por
gobernador del Reyno de Valencia: porque don Alonso su hijo no hacía
lo que debía en el gobierno. Puesto ya en camino, le vino al
encuentro don Pedro Alonso, hijo bastardo de don Pedro de Portugal,
que era comendador de Alcañiz, adonde confirmada la donación hecha
en su favor de ciertos campos y heredades, pasó adelante, hasta que
llegó a Mompeller. Y como entendió que el de Francia era llegado a
Carbolio luego se fue para él, y abrazándose los dos con mucha
alegría, antes que tratasen del asiento de las diferencias que se
ofrecían, concordaron en que doña Ysabel hija menor del Rey casase
con don Felippe Príncipe de Francia que llaman ahora Delphin:
precediendo la gracia y dispensación Apostólica por el parentesco
de consanguinidad que entre ellos había. Y en razón de dote y arras
se había de asignar a la Infanta, según el antiguo uso y costumbre
de Francia, la cuarta parte del Reyno del esposo: entregándose las
villas y castillos incluidos en la dicha parte. Concluido el
matrimonio, los dos se concordaron, y se remitieron el uno al otro,
todos los derechos y pretensiones que ellos y sus predecesores
tuvieron de los estados que ahora se dirá. Porque el de Francia
había puesto en demanda los señoríos de Barcelona, Besalù, Vrgel,
Rossellon, Ampurias, Cerdaña, Confluent, Girona, Osona, con sus
villas y castillos. Y el Rey de Aragón por el de Carcassona,
Carcasses, Roda, y Rodes, Lauraco, y Lauragues: Y por Beses y su
vizcondado. Leocata, Albiges, Ruent, y por el Condado de Foix,
Cahors, Narbona, y su Ducado, Mintrua, y el Mintrués, Fenolleda,
tierra de Salto, Perapertusa, y por el Condado de Aimillá, y
Vizcondado de Crodon, Gaualdan, Nimes, y Solòs, y sant Gil, con
todos sus derechos. Hizo también entonces el Rey donación a
Margarita Reyna de Francia, del derecho que le pertenecía en los
Condados de la Proença, y Folcalquier, y en todo el Marquesado que
también llaman de la Proença, y en el señorío de las ciudades de
Arles, Auiñon y Marsella, que fueron del Conde don Ramon Berenguer
que fue echado de su estado por los mismos Proençales sus vasallos,
con ayuda de los Condes de Tolosa, y se apoderó después del estado,
Carlos de Anjous hermano del Rey Luys, que casó con Beatriz la menor
de las hijas del Conde de la Provenza y se quedó con él: con grande
contradicción y descontento de la Reyna Margarita que fue hija mayor
del Conde de la Provenza. Esta donación hizo el Rey en favor de la
Reyna Margarita por excluir a Carlos, pero valió poco: porque fue
muy favorecido y mantenido por los Reyes hermano y sobrino. Y no solo
dejó aquel estado pacífico a sus sucesores, pero quedó muy formada
enemistad por esto, y por lo que se siguió de Sicilia, con la casa
de Aragón











Capítulo XVI. Donde se cuenta en breve la vida y muerte del SantoRey Luys de Francia, y como fue canonizado.






Esta
concordia que entre si hicieron los dos Reyes, con la cual remataron
todas las diferencias y pretensiones que hasta allí tuvieron sus
Reyes antepasados, y las que sus descendientes podían tener en algún
tiempo, pareció cosa del Espíritu santo, por ser tan manifiesta
obra de paz, y para quietar de raíz toda mala ocasión que de
distensión y guerra se podía mover entre dos tan principales Reynos
vecinos, en donde resplandeció siempre y se mantuvo la fé y
religión Cristiana también como en todos los demás Reinos de la
Cristiandad
. Señaladamente en la feliz era de estos Reyes: pues en
un mismo tiempo gozó la República Cristiana de tres los mejores que
jamás tuvo: uno en Francia que fue este Luys sancto, otro en Aragón
valentísimo, que fue nuestro don Jaime, otro en Castilla don
Fernando III, valerosísimo, del cual al principio de este libro
hablamos, y a quien este título de santo le quedó después de
muerto hasta hoy. Pero como entre los tres, la verdadera opinión de
santo, y de vida religiosísima, la alcanzó el Rey Luis por la
aprobación que la universal Iglesia con el supremo pastor y
Pontífice hizo de su santidad y vida, y le canonizó por santo: será
justo que para la edificación y ejemplo de todos, brevemente
contemos la vida, y señalados hechos suyos: junto con lo admirable
que antes de su nacimiento acaeció en el casamiento de sus padres.
Lo cual por hallarse curiosamente escrito en las historias Francesa y
Castellana, tocaremos con brevedad lo que más hace a nuestro
propósito. Como el Rey de Francia llamado Philipo II, quisiese casar
a su hijo Luis Príncipe y sucesor del Reyno, que fue Luis VIII,
envió tres embajadores al Rey don Alonso VIII de Castilla, con
poderes bastantísimos para tratar y concluir matrimonio de su hija
la mayor con el Príncipe de Francia. El Rey los recibió muy bien, y
fue contento de la embajada: y aunque los embajadores pedían la hija
mayor, mandó venir ante ellos las dos Infantas sus hijas muy
apuestas, sobre ser de si hermosísimas. Las cuales vistas por ellos
se pagaron mucho de ellas, y pidiendo los nombres de ellas, fueles
dicho que la mayor se llamaba doña Urraca (Vrraca), y la menor doña
Blanca. Como en oír Urraca se ofendiesen mucho del nombre, dijeron
que les contentaba más doña Blanca. Y así no embargante el orden
que traían, capitularon con ella, y fue llevada con muy grandísimo
acompañamiento de Castilla a la ciudad de París, donde se hicieron
las bodas de ambos. Y finalmente nació el Príncipe Luis con mucha
alegría de todos. Al cual la Reyna doña Blanca su madre quiso criar
a sus pechos con su propia leche, y afirma la historia que fue esta
Reyna tan santa y temerosa de Dios, que todas las veces que le había
de dar leche, lo bendecía antes, y le decía estas palabras. Hijo
ruego a Dios que antes te vea muerto, que caído en pecado mortal.
Fueron estas palabras como prenuncias de su santidad. Porque se
refiere en la misma historia, que no le vieron jamás pecar
mortalmente. Y así se entiende que desde que comenzó a reinar, fue
Rey pacífico, pío, y religioso, tan temeroso de Dios y apartado de
hacer guerra contra Cristianos, que jamás la emprendió sino contra
Moros, por ser tan enemigos de nuestra santa fé católica. Y que por
sacar de poder de infieles la tierra santa de Jerusalén, pasó la
mar con grandísimo ejército, y llegado a ella en el primer
encuentro desbarató y venció un muy grande ejército de Moros: y la
ganara sin duda, sino que para probar su paciencia Cristiana,
permitió nuestro Señor la grandísima pestilencia que se siguió en
su ejército, donde murieron tantos, que revolviendo los infieles
sobre él fue vencido de ellos, y (como su historia lo refiere) fue
presa su Real persona con la de su hermano Carlos de Anjous, (de
quien arriba dijimos). Mas concertándose con ellos, y rescatándose
los dos con grandísima suma de dinero que le enviaron de Francia
(como Dios guiase sus cosas) le dejaron ir libre con todo el ejército
que le quedó. Y pasando por la Asia menor, por la ciudad y puerto de
Acon, que era de Moros, se detuvo en ella algunos días, para reparar
su armada para el pasaje y con su buen ejemplo de vida, y
exhortaciones por medio de buenos intérpretes convirtió a la fé
Cristiana a los principales, y de ahí a toda la ciudad. También
reparó y favoreció con su dinero de paso, algunas ciudades
marítimas de Cristianos Griegos que estaban perdidas y arruinadas
por las entradas que hacían en ellas los Turcos corsarios, adonde le
llegó nueva de la muerte de la Reyna su madre, que en su ausencia
regía y gobernaba sus Reynos. Y por esto le fue forzado volver a
Francia. Llegado a ella y siendo muy bien recibido, luego se ocupó
en asentar las cosas generales del Reyno, y en las particulares
guardar su justicia y razón a cada uno, ejercitando su persona en
los oficios espirituales, y de caridad para con los pobres, visitando
y proveyendo los Espitales, para edificar con su gran ejemplo de
humildad y vida santa a los de su Reyno, y con la fama de estas
virtudes a los otros Reyes de la Cristiandad. En lo cual se
entretuvo, hasta que se ofreció nueva ocasión de guerra contra
Moros, y pasó en África contra los de Túnez, adonde habiendo
llegado con grande ejército, y puesto su Real a vista de ellos,
encendiose tan gran pestilencia en el ejército, que fue herido de
ella, y sin poderse remediar murió luego. Por esto el ejército
habiendo perdido tan principal caudillo, volvió a embarcarse, y
trayendo su cuerpo con grande veneración, con la misma fue llevado
hasta la ciudad de París: a donde fue muy llorado, y
solemnísimamente sepultado. Y como de cada día se descubriesen muy
grandes milagros sobre su sepultura, constando de ello al sumo
Pontífice Bonifacio VIII, fue canonizado por santo. A este imitó
nuestro Rey don Jaime en perseguir los Moros continuamente, y
persiguiera mucho más, si no fuera impedido por sus émulos, y
guerras domésticas que siempre le distrajeron y estorbaron muchas
buenas empresas que contra infieles hiciera.






Capítulo
XVII. De las distensiones que se renovaron por el Príncipe don
Alonso contra el Rey, y del odio que de allí adelante le tuvo, y de
lo que don Artal de Alagón pasó (
paßó)
con el Príncipe.






Asentados
los negocios y diferencias entre los dos Reyes por ellos y sus
sucesores, de despidieron con mucho amor, y el Rey vuelto a
Mompeller, tuvo nueva de Aragón, como el Príncipe don Alonso volvía
a sus revueltas antiguas, con el favor de muchos señores y barones
del Reyno, que tomaban por propia la injuria que pretendían le había
el Rey hecho, privándole de la herencia y universal sucesión de
todos sus Reynos que de derecho le pervenían: y mucho más por haber
separado no solo a Cataluña de la Corona Real, pero aun a Valencia,
con las Islas de Mallorca y Menorca, que siendo de la conquista de
Aragón, las dio a don Jaime menor de los hermanos. Con estos
apellidos comenzaron a despertarse nuevos alborotos entre algunos
principales del Reyno, y también entre algunos señores de título
de Cataluña. Para resistir a esta nueva conjuración que se
levantaba, determinó el Rey ocurrir a ella, y por contentar a los
Aragoneses, juntar el Reino de Valencia con el de Aragón, y hacer de
los dos señor a don Alonso. Pero esto como el Rey lo hizo muy contra
su voluntad y forzado: así de ahí adelante don Alonso quedó muy
excluido y privado de su amor y gracia, y ni le quiso ver más, ni
comunicarse con él, ni tratar cosa que no fuese como de extraño.
Porque concediéndosele a don Alonso en el término de Huesca la
villa de Luna, y enviando un Gobernador para tomar posesión, y
presidir en ella: don Artal de Alagón, uno de los principales del
Reyno, que tenía la villa, y pretendía que el Rey le había hecho
merced de ella por vía de feudo, echó al Gobernador, que ya se
había entregado de ella, muy ignominiosamente, sin tener respeto
alguno a la patente del Rey, ni a la de don Alonso, por más que
fuese general Gobernador del Reyno. Por lo cual envió luego don
Alonso un embajador al Rey a Mompeller, para dar queja de la injuria
y menosprecio de don Artal. Oída la embajada, respondió el Rey a
ella con mucha flema, diciendo que de buena gana castigaría a don
Artal por el desacato, y tendría cuenta con todo lo que le convenía,
y le dio cartas para don Alonso: en las cuales respondía a sus
quejas contra Artal, oscura y dudosamente, ni bien se dejaba
entender: mas de que no innovase cosa alguna, que volvería presto a
Zaragoza, y castigaría a don Artal: pero ni volvió luego, ni
tampoco proveyó, ni mandó a don Artal entregase la villa a don
Alonso.











Capítulo XVIII. Que estando el Rey en Mompeller entendió de la
rebelión de los de Turín contra su señor el Conde Bonifacio, y de
lo que hicieron contra él los de Aste, y como por lo que el Rey les
envió a amenazar lo libraron.






En
este medio que el Rey se detenía en Mompeller, oyó decir que los de
la ciudad de Turín en el Piamonte, a la ribera del Po, mayor río de
Italia, rebelándose contra Bonifacio su señor Conde de Saboya le
pusieron en prisión: y que sabiendo esto los de Arte del mismo
Condado, ciudad potente, con arte y maña que tuvieron le sacaron de
las cárceles de Turín, y lo pusieron en las de su ciudad con buena
guardia, y luego fueron los deudos y criados de Bonifacio a pedirle.
Mas entendiendo de ellos que no lo librarían sin rehenes, o muy
grande suma de dinero, les llevaron a los hijos del Conde, con otros
principales hombres del Condado, que los de Aste habían señalado.
Los cuales venidos y retenidos, antes que pusiesen en libertad a
Bonifacio, no contentos con esto, tomaron por fuerza de armas algunas
villas y Castillos del estado que estaban sin defensa: y después de
bien fortificadas, y puesta su guarnición de gente, pusieron en
libertad a Bonifacio, y a los principales: reteniéndose los hijos.
Mas Bonifacio de tan quebrantado de los hierros (yerros) y trabajos
que había padecido en las dos prisiones, murió luego. Por donde los
de Aste viendo el Condado de Saboya como desamparado, y sin señor,
movieron guerra de nuevo contra todo el estado. Como esto contasen al
Rey ciertos Capitanes que de Italia pasaran a España, se encendió
en tanta cólera contra los de Aste, que a la hora envió un
embajador para que denunciase a toda la ciudad guerra cruel, y los
desafiase de su parte, si dentro de un mes no libraban de las
cárceles, y ponían en toda la libertad a los hijos de Bonifacio,
restituyéndoles todas las tierras que les habían tomado. Con estas
amenazas del Rey, los de Aste quedaron tan amedrentados y confusos,
viendo sus pocas fuerzas para resistir a las del Rey, y por otra
parte lo mucho que les convenía quedarse con las tierras que se
habían usurpado del Condado, que ni sabían qué responder, ni cómo
despedir al embajador. Como esto supo Pedro de Saboya tío de
Bonifacio, valiéndose de tan buena ocasión, con la sombra y nombre
de él movía guerra contra los de Aste, diciendo que la hacía por
orden y mandado del Rey, y pasándola adelante, llegó a ponerlos en
tanto aprieto, que no tuvieron fuerzas ni ánimo para defenderse, y
así cobró a despecho de ellos las villas y Castillos que habían
tomado, y libró los hijos de Bonifacio, y sin eso hizo muchos robos
y presas en la campaña de ellos. Conociendo los de Saboya que todo
este buen suceso, se debía al nombre y buen favor del Rey con el
fiero que mandó hacer a los de Arte, le enviaron sus embajadores a
dar las gracias por la merced y amparo que les había hecho, lo cual
en su tiempo reconocerían. Pues como el Rey entendió que la guerra
había
succedido
a toda satisfacción de los Saboyanos, y lo que había aprovechado
haber interpuesto su nombre y autoridad en esto holgose mucho del
buen succeso, por haber en aquella guerra acabado con sola su fama,
cuanto pudiera con la persona, y armas.












Capítulo XIX. Como el Rey vuelto para Aragón, concertó de paso a
don Artal de Luna, con el señor de Albarracín, y ayudó al Rey de
Castilla, y del Príncipe don Alonso como se casó y murió.






Partió
el Rey con mucha prisa de Mompeller para Aragón, y entrando en él,
le salieron al encuentro don Artal de Luna, y el señor de Albarracín
para que averiguase y asentase ciertas diferencias que entre ambos
(
entràbos)
tenían sobre el Castillo y villa de Codes, en la comarca de
Albarracín. Y entendiendo que don Artal
había
muchos años que poseía el Castillo y villa pacíficamente, y sin
habérsele puesto demanda, se la aplicó para siempre. Llegando a
Zaragoza halló que le aguardaban los embajadores del Rey de Castilla
para pedirle, que por cuanto le había ya movido guerra el Rey de
Granada, diese lugar para que los nobles, e hidalgos de Aragón
fuesen a ayudarle en ella, pues así lo habían poco antes asentado
en la consulta que tuvieron en Soria. Condescendió a ello el Rey,
exceptuando los hidalgos que no tenían de él tierras, ni
caballerías: porque se había capitulado así. Recelando el Rey con
justa causa, que según las cosas de Aragón andaban turbadas con los
movimientos del Príncipe don Alonso, no tentase el de Castilla con
la inteligencia de los nobles de Aragón que llevaría consigo, hacer
alguna secreta liga contra él, so color de favorecer al Príncipe su
primo: con todo eso permitió que los Caballeros de Aragón que eran
vasallos de señores de título, o los acompañaban, tomando gajes de
ellos, pudiesen ir a servir en aquella guerra al Rey de Castilla. De
la cual también exceptuaba al Miramamolin de Marruecos, y al Rey de
Túnez: con los cuales había hecho treguas, por el mucho trato y
negociación que los mercaderes de Cataluña y Valencia tenían en
los Reynos de ellos. En este tiempo el Príncipe don Alonso daba
mucho que decir de si y de sus cosas a todo el mundo, viéndole tan
desgraciado y corto de ventura a respecto de la del padre y hermanos.
Pues siendo ya de edad cumplida para casar, que pasaba de los xxxii
años: y jurado Príncipe de tan insigne Reyno como el de Aragón, no
se le ofreció casamiento alguno: siendo así que al Rey su padre,
con no tener aun doce años cumplidos, se le ofreció tan principal
con doña Leonor de Castilla madre del mismo Príncipe. Le vino todo
esto por estar de él muy olvidado el Rey, y en su desgracia: como se
podía muy bien entender del antiguo odio que doña Violante su
madrastra le tuvo, y de la envidia y rencor de los hermanos. Lo cual
todo junto le deslustró de manera que ningún Rey se aventuró a
darle su hija por mujer, pues el Rey no la pedía, mayormente por ser
muy notorias a todos las diferencias que entre él y el Rey su padre
y hermanos había: hasta que de importunado consintió se tratase de
casarlo con doña Gostança de Moncada, hija mayor del Vizconde de
Bearne hijo de aquel ínclito y valeroso Vizconde don Guillen, que
murió en la guerra y conquista de Mallorca, como en el libro vi se
ha contado. De manera que hechos los capítulos matrimoniales, doña
Gostança fue traída de Bearne muy acompañada de la familia y
linaje de los Moncadas, a la ciudad de Calatayud: donde las bodas,
que en muy breve se hicieron, quiso la desgracia que muy más en
breve se deshiciesen. Porque apenas se cumplieron los días de la
fiesta y bodas, cuando el Príncipe de muy descontento y quebrantado
de espíritu por verse en tanta desgracia de su padre, y
aborrecimiento de sus hermanos, que se excusaron todos de hallarse en
sus bodas, adoleció de tan cruel enfermedad, sin poderse hallar
remedio alguno de los Médicos que
secándole
la tristeza, con muy grande dolor y lágrimas de muchos pasó de esta
vida, sin dejar hijos, ni aun hacer testamento. Al cual se le
hicieron allí mismo sus obsequias Reales con toda la pompa y
solemnidad que a Príncipe jurado de debía: y fue sepultado en el
monasterio de Veruela de la orden de Cistels, en tierra de Calatayud.
De donde poco después fueron trasladados sus huesos a la ciudad de
Valencia, y puestos en un sepulcro muy bien labrado dentro de la
iglesia mayor en la capilla de sant Iayme, donde está fundada la
cofradía de los Caualleros, y nobles de Valencia, por el mismo Rey
don Iayme. Fue don Alonso Príncipe harto modesto, provechoso y de
buen conocimiento: si las persecuciones de los suyos, y malos
consejos de algunos no le pervirtieran para perder, y nunca cobrar la
gracia de su padre.




Fin
del libro XV