(1) En este mismo archivo de la corona de Aragón de Barcelona existe un códice M. S. en papel de algodón de a folio y 284 páginas de materia, con su índice de capítulos en la portada; y en las cartas blancas del principio de este volúmen se lee la siguiente nota de letra de D. Jayme Caresmar, canónigo premostratense del monasterio de Santa María de Bellpuig en Cataluña, que dice así: (JA JA JA!)
- Est llibre fou compost per un anonym provençal en lo sigle XIIII en que florí la Gaya Ciencia. Está escrit en llengua catalana, per rahó de haverse introduhit la llengua catalana en la Provensa al temps que sos princeps foren catalans, comptes o descendents dels comptes de Barcelona: be que té veus mescladas, propias de la llengua de aquell pays. Lo títol de la obra es: Las lleys de amors. Enseña y dona reglas pera trobar y fer coblas y altres generos de versos: y estos poetas se deyen trobadors.
- En seguida de
esta nota siguen cinco folios del índice de capítulos: y en el
folio primero empieza así: - Ayssi comensan las
lleys damors; y después del prólogo empieza la
primera parte de la obra de este modo: - Ayssi comensa
la primiera partz en la qual son demostradas
doas manieras de trobar generals las
quals no son desta sciensa: y esta primera parte acaba
con el capítulo: Dels rims trencatz. - La segunda parte, al
folio 25 vuelto, empieza de este modo: - De coblas e
primerament ques cobla e quens bordos deu
hom haver almay e quens almens; y esta segunda
parte acaba con el capítulo:
De cobla constructiva. - La
tercera parte, al folio 36, empieza de este modo: - Complida es la
segonda partida e ayssi comensa la tersa
on deuem tractar de verses chansos e dautres
dictatz: y esta tercera parte acaba con el capítulo:
Escondigz. -La cuarta
parte, al folio 39, empieza de este modo: - De las VIII partz
doracio en general: y esta cuarta parte acaba con el
capítulo: De la interieccio. - La quinta y última parte, al
folio 98, vuelto, empieza de este modo: - La quinta partz de
vicis e de figuras e primierament de
barbarismes; y esta quinta parte acaba con el capítulo: De
pedas, y concluye la materia del volúmen con las
palabras: Deo gratias, folio 141 vuelto.
Los trovadores, personajes mayoritariamente de la nobleza, con sus canciones amorosas sobre todo, pero también con sus composiciones de propaganda política, sus debates y, en definitiva, con su visión del mundo, muestran el inicio de una historia cultural y política con una variedad que no se encuentra en ningún otro documento de la época. Su literatura, además, será una de las fuentes básicas de la poesía que durante siglos se cultivará en Europa occidental. Incluso en el siglo XX, autores catalanes como Josep Vicenç Foix (1893-1987) no se pueden explicar del todo sin conocer aquello que compusieron estos escritores de los siglos XII y XIII que cantaban por los pueblos.
El estudio de los trovadores se incluye habitualmente dentro de la historia de la literatura occitana. Escribían en una variedad culta del idioma provenzal antiguo (lengua poética de los trovadores), que surgió en Occitania a finales del siglo XI y se extendió por el occidente europeo, sobre todo en Cataluña y el norte de Italia, conformando una literatura de una unidad importante en un momento en que las diferencias entre el provenzal y el catalán eran poco notables (JUA JUA JUA!). Así, en la plenitud de su producción literaria ―siglo XIV y parte del siglo XV― en Cataluña, un mismo escritor usaba el occitano en su obra poética, y el catalán en la prosa (JA JA JA!).
Esta situación pervive hasta la obra de Ausiàs Marc, valenciano, (1397-1459).
La tradición literaria de los trovadores aún tuvo vigencia en parte de la poesía catalana del siglo XX, tanto con respecto a los aspectos formales como de contenido, representando una de las bases esenciales de la lírica catalana.
Conviene esclarecer la diferencia entre trovador y juglar. El trovador era un poeta lírico, por lo general de condición social elevada, que se acompañaba de una melodía fija y cuyo texto se fijaba por escrito y no se transmitía con variantes, además de que no necesitaba utilizar sus facultades artísticas como medio de vida. El juglar, sin embargo, llevaba una vida ambulante, recitaba con una entonación específica pero no melódica, memorizaba los textos e incluso improvisaba a partir de determinados motivos temáticos, podía ayudarse de la mímica y la dramatización; características que lo convierten en uno de los máximos representantes de la literatura de transmisión oral de carácter folclórico o popular. No obstante, en ocasiones es posible confundirlos o reconocer individuos que reunieron las dos tipologías. De modo muy esquemático, suele asociarse al trovador con el autor (creador), y al juglar con el actor (intérprete). Ambos se sintetizarían en la cultura musical del siglo XX con la imagen del cantautor.
Entre las diversas posibilidades etimológicas de la palabra «trovar», la más adecuada es la de ‘inventar o crear literariamente’. Hace falta distinguir en esta época el significado de dos palabras que en nuestros días se usan sin ningún matiz diferenciador: poeta y trovador. El primero era aquel que escribía poesía en latín, en cambio el segundo lo hacía en una lengua romance.
La misma etimología tiene la palabra «trovero», aplicada a la persona que hace trovos (cantos tradicionales del sureste español).
Entre 1110 y 1280 se registran unos 450 trovadores de idioma occitano. Pierre A. Riffard —citando a autores como Marrou, Roubaud y A. Moret—, menciona entre los más notables trovadores cátaros a Pierre Rogier de Mirepoix, Bernard Mir y Guilhem de Dulfort, y a Chrétien de Troyes (desde 1164) como máximo representante en lengua de oil. También incluye el fenómeno de los «minnesänger» germanos (1170 a 1340) y a los poetas del «stil nuovo» como Dante y Cavalcanti, insistiendo en el aspecto esoterista de la obra trovadoresca de Chrétien y Dante.
Asimismo, se han considerado trovadores personajes como: Guillermo de Poitiers, el papa Clemente IV, no siendo papa, sino antes de ser arzobispo de Narbona y obispo del Pueg, conocido como Gui Folqueis, o el rey de Inglaterra Ricardo Corazón de León (que antes de presidir la corte inglesa fue duque de Aquitania y conde de Poitiers), Pedro el Grande y Federico III de Sicilia; a diversos personajes de la nobleza como el catalán Guerau de Cabrera, o a individuos de origen humilde, como Marcabrú, que empezó como juglar. Entre las mujeres trovadoras («trobairitz»), casi siempre de la nobleza, destacó Beatriz de Día.
Los cancioneros son unos documentos ―en total se conservan 955 (y se han destruido 8)― que constan habitualmente de tres apartados: vidas, razones y composiciones. De algunos trovadores únicamente se incluían las poesías sin ninguna otra referencia.
En el primer apartado se explicaba la vida del trovador.
En el segundo, las razones por las cuales había escrito determinado poema. Esta información no solía ser frecuente.
Por último, figuraba el propio poema, en 256 casos con la melodía correspondiente.
En estos documentos se conservan 2542 poemas y versos, que a veces se repiten en diferentes cancioneros y a veces se atribuyen a diferentes trovadores. En cuanto a las biografías las hay de todo tipo: extensas o cortas según el cancionero, reales o inventadas, como se ha podido comprobar al compararlas con otros documentos de la época.
La poesía trovadoresca se manifestaba a través de estilos (o trovas) diferentes:
Trova leve (o plana): expresión sencilla, palabras no complicadas ni de doble sentido, ausencia de recursos estilísticos difíciles. Pensamientos claros que puede captar fácilmente un auditorio variado. Este es el estilo más utilizado, sobre todo en los sirventés.
Trova hermética: hay varios tipos: caro, oscuro, sutil, delgado, cubierto..., según lo expresen los propios trovadores en sus composiciones, sin especificar las características. Los dos más habituales son los siguientes:
Trova cerrada: trova hermética basada en la complicación de conceptos, el abuso de la agudeza, un lenguaje a menudo de argot (que ofrece problemas de interpretación en la actualidad, no tanto, seguramente, en el momento que se escribió). Marcabrú lo usó con frecuencia.
Trova rica: el hermetismo se basa en la complicación de la forma, que busca la sonoridad de la palabra y por lo tanto usa un lenguaje difícil, con rimas extrañas, etc. Arnaut Daniel fue el gran maestro de este estilo.
Personajes similares aparecieron en otras regiones de Europa. Ya se ha mencionado Cataluña y el norte de Italia, cuya trova estaba íntimamente relacionada con la provenzal. En el norte de Francia, en la región de lenguas de oïl, y en Inglaterra aparecieron los trouvères o troveros, en Alemania los Minnesänger y en el occidente de la península ibérica las cantigas galaico-portuguesas.
La poesía trovadoresca era sobre todo de temática amorosa, pero también podía centrarse en aspectos políticos, morales, literarios, etc. A continuación hay una clasificación no exhaustiva de su literatura dividida en tres apartados: los géneros condicionados por la versificación, en los que se tienen en cuenta los aspectos métricos y no la temática, que solía ser amorosa; los géneros condicionados por el contenido, que es el apartado más variado y extenso; y los debates entre trovadores, es decir, aquellas composiciones en que dos trovadores se enfrentan a través de un diálogo con una temática variada.