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Sanctissimo ac beatissimo in Christo patri et domino domino Benedicto divina providencia sacrosancte romane ac universalis ecclesiesummo pontifficiPetrus Dei gracia rex Aragonum etc. ejus humilis filius et devotus pedum oscula beatorum. Rumor publicus undique personans ad vestre sanctitatis auditum potuit perduxisse qualiter rex ille perfidus Marrochorumchristianorum sanguinem siciens cum maxima multitudine paganorum ad partes cifretavit Hispanie moliens eam et specialiter regnum nostrum Valencie sue quod absit subigere feritati. Unde cum ex hujusmodi causis catholicam fidem et vos patrem sanctissimum caput ipsius ceteraque christiane religionis membra tangentibus et nos multum urgentibus et super aliis quibusdam ad hec necessariis nobilem consiliarium nostrum Raimundum Cornelii de cujus fidelitate atque prudencia ab experto confidimus plene de premissis instructum ad pedes vestre beatitudinis transmitamus: ideo sanctitati vestre intimis et devotis affectibus suplicamus quatenus contemplacione negociorum ipsorum et nostre consideracionis obtentu dignetur vestra clemencia predictum nobilem benigne recipere pacienter audire et supplicaciones nostras ipsius vive vocis oraculo proponendas favorabiliter exaudire: super quibus omnibus vestre placeat sanctitati ipsius nobilis adhibere relatibus fidem plenam. Almam personam vestram conservet Altissimus suo sancto servicio per tempora longiora. Datum Barchinone quinto kalendas novembris anno Domini millessimo CCC° quadragessimo. - Dominicus de Biscarra mandato domini regis.
325. EUROPA BUSCA EL GRAAL (SIGLO XV. SAN JUAN DE LA PEÑA)
El Grial —o el Graal, como se le conoce en Europa—, la copa en la que bebió Jesús en la última cena, fue durante muchos siglos una de las reliquias más codiciadas y buscadas.
Casi todo el mundo admite que, una vez en Roma, fue san Lorenzo quien lo envió hacia Huesca y que luego —cuando llegaron los moros— peregrinó por el Pirineo hasta ir a parar a San Juan de la Peña, o sea, a Monsalvat para buena parte de los europeos. A partir de aquí nacen en Europa toda una serie de leyendas muchas de las cuales han cristalizado en obras teatrales, literarias o musicales de fama universal, como los dramas de Wagner, Parsifal o Lohengrín.
Aragón participó de esta corriente legendaria desde el momento que llega a Monsalvat, venido desde la corte del rey Arturo, el joven Parsifal, tras pasar por Huesca y Siresa en busca del Graal.
Ya en Monsalvat, Parsifal estuvo a punto de ver el cáliz —aquel que quien lo veía no podía morir en una semana al menos—, pero el abad pinatense le obligó a que antes hiciera méritos para ello pues, de lo contrario, podría ocurrirle lo que a su tío Anfortas, hijo de Titurel, que por ser indigno cayó fulminado ante el Graal.
Así es que Parsifal marchó de Monsalvat y se enroló con los cruzados, si bien pronto torció su camino al hacer caso a los malos consejos de la brujaKundrie. Difícilmente hubiera podido ser digno de ver el Graal si un viejo ermitaño no le hubiera aconsejado volver al buen camino por la práctica del amor y de la caridad a su prójimo.
Cuando consideró haber acumulado méritos suficientes y, una vez nombrado «rey del Graal» por el rey Arturo, no sólo consiguió salvar a su tío Anfortas sino que, acompañado por los caballeros que le seguían, logró llevar el vaso sagrado desde Monsalvat a Oriente, donde permanecerá oculto hasta el día del Juicio Final.
[Andolz, Rafael, Leyendas del Pirineo..., págs. 177-184.]
Dejemos atrás la llanura y entremos en el valle, pisando la hojarasca amarillenta; y vamos subiendo por el borde de los sombríos humedecido con el gotear de las terreras.
Las alamedas blancas, el reluciente caño de la fuente que nace entre la yerba, los cultivados bancales, la viña colgada en la margen del torrente, todo se vé allá abajo.
Aquí rocas cenicientas, cantos que el bramido de las borrascas hizo rodar por los resbaladeros, peñascales erguidos que atisban por entre resquebrajados picachos el fondo de las quiebras.
Hayas desgajadas por el suelo, robles desarraigados que se abalanzan desde los empinados ribazos, y en la cumbre de la sierra, nieblas que se adelantan, se recogen y enroscan sus torbellinos.
¿Oís al cierzo silvar cerros abajo, rajando troncos, y ahuyentando las bandadas de pajarillos? ¿Veis la lejana espuma de la cascada que salpica las rocas e hirviendo se sepulta?
El sendero se borra.... falta la huella misma del pastor y una cruz es testigo de la muerte. Solo la ligera gamuza corre por los derrumbaderos y con pie firme y segura vista salta por las quebradas.
Arriba!... caen rodando los quijarros (guijarros) y ya se ven más bajas las cimas caireladas de las desiguales sierras. Las águilas que revolotean empapando sus alas en las nubes se quedan más abajo.
Sens escoltar l'oratge,
Sens tremolá 'l genoll a la vorera
Del precipici a plom,
Arribem ab coratge;
L'empitrada del front n'es la derrera.....
¡Grat sia a Deu! ja hi som.
DALT DEL CIM.
Montanya de ma patria, ¡salut! al fi respiro;
L'inmens espay me volta, l'encesa llum del sol:
Les viles y les planes als peus jayentes miro,
Del mon lliberta l'ánima mes alt exten son vol.
¿Qué sou palaus de marbre, castells de la riquesa,
Guerrers brandant les armes, vaxells que 'l mar ralleu?
Lo vel de la calitja confon vostra grandesa,
La torre mes altívola d'aquí ni sols se veu.
Aquí 'ls gemechs no s'ouhen que'l jorn de la venjansa
Ferida per lo sceptre, axeca la ciutat;
Ni sobre del patíbul se veu la má com llansa
Al poble espés que udola lo cap d'un rey tallat.
¡O fills de las montanyas! vosaltres sou le mena
Que guarda vida y forsa per dar novella gent:
Aquí de fe puríssima regala eterna vena,
Com riu que per les planes escampa dolls d'argent.
Sin escuchar el tormentoso viento, sin que la rodilla tiemble al borde del precipicio vertical, lleguemos con valor: el repecho de enfrente es el postrero.... ¡Loado sea Dios! ya hemos llegado.
EN LA CUMBRE.
¡Salud, montaña de mi patria! por fin respiro, cercado del inmenso espacio y la ardiente
luz del sol; veo tendidas a mis pies las llanuras y las aldeas, y mi alma desprendida del mundo, extiende su vuelo más arriba.
¿Qué sois, ahora, palacios de mármol, castillos del poderoso, guerreros que blandís las armas, navíos que surcáis los mares? Toda vuestra grandeza se confunde en el velo de la neblina, y la torre más altanera desde aquí ni siquiera se divisa.
Aquí no se oyen los gemidos de la ciudad herida por el cetro, en el día de su venganza; ni se ve sobre el patíbulo la mano que arroja la cabeza de un rey al pueblo que apiñado ruge.
¡Hijos de las montañas! vosotros sois la semilla que encierra fuerza y vida para nuevas generaciones. Aquí fluye eternamente el manantial de la fé purísima, como río que esparce sus olas de plata por las llanuras.
Lluytant ab l'os feréstech al fondo de sa cova,
Havent sobrE 'ls abismes les cries del voltó,
Lo bras cobra delit, lo còr dona sanch nova,
Llampeig la neta vista, la galta viu color.
Vosaltres parleu clara la llengua d'exes terres
Voltant a l'ivernada la llar ab quieta pau;
Sabeu los noms dels árbres, del camps y de les serres,
La veu que a la donzella mes tendra al pit escau.
Les mares a les filies dexen a la memoria
Les dolses cantarelles per adormí 'ls infants:
Sabeu los vells dictats que n'ha perdut l'historia
De guerras y de monjos, de feras y gegants.
Quant al matí la fosca de l'estelada trenca
Del auba clarejanta lo raig primer de foch,
Pregau agenollantvos devant se llum rojenca,
Per mes que de campanes no arrib' aquí lo toch.
Senzilla y vergonyosa la forta jovenesa
Anyora si s'allunya les comes de sa vall;
Acull als seus y al hoste, respecta la vellesa,
Y'l front axuga 'l vespre cansada del treball.
Coneix lo nom del rey sentit per veu llunyana,
Jamay pujar l'escala volgué de sou(son) palau;
Menysprea l'envejada mercé; sols li demana
Que'l blat de ses marjades cullir li deix en pau.
Luchando con el oso montaraz en el fondo de su caverna, o alcanzando los hijuelos del buitre por encima de los abismos, cobra esfuerzo el brazo, sangre viva el corazón, limpio rayo la vista y la mejilla encendidos colores.
Vosotros habláis purala lengua de esta tierra, sentados en torno del pacífico hogar en los inviernos; vosotros sabéis los nombres de los árboles, de los campos y de las sierras, y las palabras más suaves para conmover el pecho de las doncellas.
Las madres dejáis en la memoria de vuestras hijas las cantinelas más tiernas para adormecer a los recién nacidos (recienacidos) y recordáis las consejas, perdidas
por la historia, de guerras y monjes, de fieras y de gigantes.
Cuando el primer rayo de fuego de la aurora rompe clareando la obscuridad de las estrellas, oráis arrodillados ante su luz rojiza, por más que hasta aquí no llegue el tañido de las campanas.
Aquí la juventud sobria y recatada echa de menos sus valles cuando se aleja; acojo hospitalaria al amigo y al viajero; honra al anciano, y por la noche enjuga su frente fatigada por el trabajo.
Solo de oídas sabe el nombre del rey; jamás quiso subir los escalones de su palacio, desprecia sus ambicionadas mercedes, y solo pide que le deje segar en paz el trigo de sus cercados.
Mes ¡ay! si del reyalme travessa per la valla
Cremant llochs y vilatges la gent del estranger,
Devant dels sabres nús y al raig de la metralla
Lo fill de la montanya presenta 'l pit primer.
Mireulo: dret y altívol sobre tallada penya,
La ma al trabuch, aguayta com llop al xich anyell:
Al cayre de les timbes estreba l'espardenya,
Y'l vent sobre s'espatlla desplega 'l roig mantell.
Migrats fills de les viles, si n'heu perdut la saba
Dels homens del Vesubi, del Etna flametjant,
D'aquells qu'ab sanch turquesa tenyiren la mar blava,
Y plors, venjansa y llágrimes portaren a Llevant;
Veniu: sentint l'oreig de neus y pedregades,
Pujant ab greu fatiga les costes del desert,
Alé tindreu mes ample, com dalt de les collades
Al aspre cep de vinya rebrota 'l pámpol vert.
Llanseu exa disfressa que os ment enganyadora,
Obriu com montanyesos lo pit a la amistat:
La orella del espía no escolta aquí traydora;
Aquí 's pot dir ab l'ánima: ¡Ben hajas, llibertat!
Mas ¡ay ! si los soldados del extranjero atraviesan la frontera incendiando pueblos y alquerías, el hijo de las montañas es el primero en presentar su pecho a los sables desnudos y al rayo de la metralla.
Miradle: altivo, de pie sobre la peña cortada a pico, acechando, trabuco en mano, como el lobo al corderillo; su alpargata se afirma en el borde del despeñadero y el viento despliega sobre sus hombros la encarnada manta.
Menguados hijos de las ciudades, si ya perdisteis la savia de aquellos hombres del Etna y del Vesubio ardiente, de aquellos que tiñeron el azulado mar en sangre turca,
de aquellos que inundaron las playas de Levante con el llanto y los quejidos de su venganza,
Venid: aquí azotados por las nieves y el granizo, subiendo fatigados los desiertos repechos, tendréis más recio aliento, como brota más fuerte el verde pámpano en el áspera cepa del collado. Soltad ese disfraz engañador que os desfigura, abrid como el montañés vuestro pecho a la amistad; aquí no acecha el oído traidor de los espías; aquí se puede decir con toda el alma: ¡Bien hayas, libertad!
DEVALLADA.
Bell horisont ¡adeu! selvatge serra,
Lo mon abaix me crida;
Tinch d'afrontar peregrinant la terra
Lo panteig de la vida.
Flayre boscana que l'alé 'm retornas,
Ómplem l'esperit ara;
Cel esplendent que l'esperansa 'm tornas,
Déxam mirarte encara.
Gaya remor del vent a la pineda
Ressona entre la fulla;
Boyra que suras per l'ubaga freda,
Mon front cremós remulla.
Aspres pendents que ab feredat ne miro,
Relliscanta dressera,
Salveume 'l pas si concirós me giro
Mirant cap endarrera.
Quedeu mes alts que jo, singlers cendrosos,
Si os torn a veure enfora,
L'ergull de vostres caps mes alterosos
He trapitjat un hora.
BAJADA.
Adiós, monte selvático, adiós bello horizonte, el mundo me llama desde abajo, y he de soportar la angustia de la vida, peregrinando por la tierra.
Aromas de la selva que reanimáis mi espíritu, henchid ahora mi aliento: cielo resplandeciente que me vuelves la esperanza, deja que te contemple todavía.
Resuena entre el follaje de los pinares, alegre rumor del viento, niebla que flotas por encima de las sombrías quebradas, humedece mi ardorosa frente.
Ásperos riscos, resbaladizos atajos que miro con zozobra, salvad mis pasos, si por mirar atrás me vuelvo pesaroso.
Quedaos mas altos que yo, picos cenicientos, si os vuelvo a ver de lejos, al menos una hora he sentado mi pie sobre vuestras orgullosas cabezas.