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miércoles, 17 de marzo de 2021

28 DE ABRIL.

28 DE ABRIL.

Presentóse en la sesión de este día el caballero mosen Arnaldo Fonolleda, baile general de Cataluña, junto con micer Juan Dusay, consejero real, y entregaron a los señores Diputados la siguiente carta, de parte de la señora Reina, a la que estos dilataron la contestación, hasta saber el dictamen de las personas encargadas de este asunto.

La Reyna tudriu etc.
Venerables pares en Christ egregis nobles magnifichs amats e feels de la Majestat del Senyor Rey e nostres. Entes havem que vosaltres ab intervencio del batle de aqueixa ciutat forçat empero e compellit per vosaltres haurieu levat lo basto publicament ab gran multitud de gent a mossen Galçeran Burgues regent la vegueria de Barchinona e aquell mes a la preso faentlo apartar e posarli cadenes e grillons per quant lo dit regent hauria trets de la preso En Marti Solzina Pere Comes specier e Nanthoni Abello guiats e assegurats per nos en la bona fe reyal la qual cosa no passa sens alguna gran admiracio als vehents e hoynts semblants actes e procehiments. Car com sabets (occitano; sabéis; sabéu, sabeu) altri inferior de la Majestat del Senyor Rey no ha facultat ne auctoritat de fer semblant acte en persona de hun tal oficial com es lo veguer de Barchinona. Com sia ver e cert que nos per observancia de nostre dit guiatge atorgat als sobredits en prejuhi del qual res no deu esser attentat o fet per alguna via juxta lo usatge Quoniam per iniquum principem e altres usatges e leys de la patria havem manat ab forts e grans penes al dit veguer tro a publicacio de sa persona e bens encontinent delliurats los dessus nominats de la preso en la qual eren detenguts e daquiavant los servas lo dit guiatge. E fahent aço lo dit regent ha fet lo degut e del que a bon oficial se pertany ne es digna cosa que per ell servar nostres manaments los quals han conformitat ab leys de la terra e per observancia de aquelles li degues esser feta e menys procurada semblant novitat carrech e vergonya. Com a vosaltres dits deputats fos mes pertinent instar e supplicar la fe donada per vostre Rey e Senyor a qualsevol persones encara que fos donada a infels esser servada que no en violacio de aquella fer los actes dessus dits. Pregam vos per ço encarregam e quant pus stretament podem vos manam que revocant los dits actes e desistints totalment de aquells donets obra ab acabament que lo dit regent la vegueria sia liberament e presta soltat. Com siam certa aço star en vostra ma car nos havem provehit e manat al dit batle a a tots altres oficials que decontinent aquell solten liberament com vullam e manem que per lo dit regent lo ofici de vegueria sia exercit e regit. Dada en Gerona a XXVI dies de abril del any Mil quatrecents sexanta dos. - La Reina. - Als venerables pares en Christ egregis nobles magnifichs amats e feels de la Majestat del Senyor Rey e nostres los deputats e concell representants lo Principat de Cathalunya.

Ocupáronse en esta sesión de diversos asuntos, entre otros, y principalmente, de la fabricación de las galeras y de la custodia de los presos que se habían encerrado en la cárcel pública, sobre los cuales fueron presentadas las correspondientes proposiciones. Al mismo tiempo, unos enviados del Concejo de la ciudad participaron la noticia de que la señora Reina había escrito al baile, para que diese libertad a Martín Olzina y demás prisioneros, sobre lo que manifestó el Consejo estar también enterado, y dispuesto, por consiguiente, a hacer la provisión necesaria. Y pasando en seguida a la votación, para deliberar sobre los asuntos referidos, acordóse unánimemente conforme a lo manifestado en el siguiente voto del señor obispo de Vich.

Que fos feta eleccio de nou persones a les quals fos comes la expedicio de les dites galeres e anomena per capita del dit exercit lo egregi comte de Pallars.
En la custodia dels dits presos dix que fossen elegides guardes fins en nombre de deu o dotze als que jay son e quey fos mes una persona de cap ab aquelles per major custodia dels dits presoners. En lo fet de micer Peytani dix que fossen fetes e ordenades letres e provehit segons lo apuntament ja fet per les tres persones a les quals aquest fet es stat rames del qual apuntament era stada feta relacio per hu dela dits tres a qui es stat comes.

El mismo día, los señores Diputados y Consejo mandaron hacer dos pregones (cuyo contenido se halla en otra acta posterior,) el uno para reunir gente de a caballo y de a pie, y el otro con el objeto de dar quinientos florines al que denunciase cuales fuesen los presos a quienes se hubiese dado libertad.
Sigue la intima y requerimiento que, a consecuencia de la noticia dada por la ciudad a los Diputados y Consejo, fue enviada al regente la veguería, baile, subbaile, y demás oficiales.

Com mossen Galceran Burgues e de Sant Climent e En Johan Raphel En Marti Solzina En Pere Comes En Jacme Perdigo Nanthoni Abello En Luis Pelat En March Vergos sien presos e detenguts en preso a instancia e requesta dels molt reverends egregis nobles magnifichs e honorables deputats del General de Cathalunya e de llur consell entrevenint hi la ciutat de Barchinona per ço com han contrafet a la capitulacio per lo Serenissimo Senyor Rey e los dits deputats e llur concell aquest Principat representants e la dita ciutat de Barchinona fermada e dels dits presoners se pertangue als dits deputats e concell la conexença e altre no sen puga entrametre en virtut de la predita capitulacio per ço de part dels dits deputats e concell entrevenint hi la ciutat de Barchinona intimant les dites coses a vosaltres molt honorables mossen Miquel de Vilagaya cavaller e ara regent la vegaria de Barchinona e a vos honorable mossen Galceran Ortigues batle e En Franci Vicens sots batle de Barchinona vos requerim que dels dits presoners ne de algu de aquells en res per alguna via nous entremetau.

En la misma sesión se dio cuenta de la carta que sigue, enviada por los cónsules de Perpiñan.

Als molt reverends egregis nobles magnifichs honorables e de molt gran providencia mossenyors los deputats del General de Cathalunya e consell en virtut de la comissio de la cort elegit e assignat residents en Barchinona.
Molt reverends egregis nobles magnifichs honorables e de molt gran providencia mossenyors. Vistes les letres que de vostres molt grans R. N. M. e honorables providencies havem rebudes e certificants dels negocis occorrents esser de tants ponderositat havem aplegat concell lo qual ha deliberat esser substituhits sub sindichs los honorables mossen Johan Traginer e Frances Comte. Partiran de continent e tan prest seran ab vostres molt grans R. M. N. e honorables providencies de les quals la Sancta e infinida Trinitat sia continua direccio e garda. Scrita en Perpenya a XIII dabril del any Mil CCCCLXII. - Los consols de la vila de Perpenya a vostra honor apparellats.

Se pasaron, en este día, todas las deliberaciones de los Diputados y Consejo al Concejo de la ciudad, que las aprobó, leyéndose además una carta dirigida al diputado local de Perpiñan, relativamente al suceso de micer Bernardo Paytani.

lunes, 30 de agosto de 2021

NOTAS.

NOTAS.


(1)


Camina
que caminarás. No encontramos otra manera de verter al castellano la
frase del original, usada con frecuencia en los cuentos populares de
la isla. Hemos preferido ser literales a desnaturalizar demasiado en
la versión el sabor que distingue esta composición.


(2)


-
“De ancho y profundo foso rodeada, amparada y guarnecida de muro
que flanquean multitud de torres, y de bello antemural coronada.” -
Crónica de Marsilio. - “La ciudad de Mallorca que es de las más
fuertes del orbe y la de mejores murallas.” -
Crónica de
Muntaner.



(3)


-
“Y según relación que hemos oído a muchos sarracenos, y el rey
lo averiguó a su tiempo con mayor diligencia, precedía a los
hombres armados un caballero sobre blanco alazán, cubierto de
relucientes armas y de blanquísimas vestiduras, y este caballero fue
muy terrible para los sarracenos y el primero que penetró en la
ciudad; 
el
cual piadosamente creemos sería el bienaventurado San Jorge.”


-
Crónica de Marsilio.





(4)


El
yelmo que el rey conquistador llevaba al entrar vencedor en Palma,
existente en la Armería nacional, tiene por cimera un dragón
o animal fabuloso.

El yelmo que el rey conquistador llevaba al entrar vencedor en Palma, existente en la Armería nacional, tiene por cimera un dragón o animal fabuloso.


(5)


-
“Avanzaron (los cristianos) e hicieron gran número de prisioneros
de los moros que se habían reunido en aquel punto, y todo lo
arrollaron y vencieron. Y avanzando más herían y mataban a cuantos
enemigos encontraban a su paso, hasta que llegado hubieron a la Real
Alcazaba, que se llama la Almudayna, y entonces se esparramaron 
por
la ciudad haciendo gran matanza de enemigos, de manera que esto les
tuvo ocupados todo el día. “ - Crónica de Desclot.


(6)


-
“Los saqueadores, escudriñando las casas, encontraban bellísimas
mujeres y muy agradables doncellas que tenían en su regazo monedas
de oro y plata, margaritas y piedras preciosas, brazaletes de oro y
plata, collares y toda suerte de ricas alhajas; y ostentaban estas
cosas a los ojos de los soldados que invadían las viviendas, y
llorando amarguísimamente les decían en arábigo: - Tuyas sean
estas riquezas y concédeme la vida.” - Crónica de Marsilio.


(7)


-
“El último que se apartó del teatro del combate fue el
animosísimo rey de Mallorca. “ - Id. id.


(8)


-
“Y el rey don Jaime conoció al rey sarraceno.... y acercándose a
él asióle de la barba.” - Crónica de Muntaner.


(9)


Imprecación
que en los cuentos populares de la isla profieren las hadas antes de
empezar sus hechizos o encantos.


(10)


Con
este nombre se conocieron en el siglo XVII en Mallorca, dos bandos
encarnizados que originaron sensibles desgracias y ensangrentaron
lastimosamente el suelo mallorquín.

(11)


Especie
de toca que forma parte del traje característico de las campesinas
de Mallorca. No tiene correspondencia castellana por no usarse más
que en la isla.


(12)


Se
llama así la danza primera con que se abre el baile en las fiestas
populares de los pueblos rurales de Mallorca. Las jóvenes campesinas
apetecen mucho alcanzar esta distinción; y por esto se abre en la
misma plaza del baile una licitación, adjudicándose la primera al
mejor postor. El precio ofrecido, así como el de las danzas
sucesivas, se aplica a los gastos de la fiesta religiosa del patrón
del pueblo.


La
puja, pues, ofrece ocasión al amante para pretender que el honor de
bailar la primera recaiga en su novia, y esto hace que muchas veces
las posturas lleguen a ser muy crecidas.


(13)


Especies
de danzas peculiares del país.


(14)


-
“Después el conde de Ampurias empezó una mina muy próxima al
foso, e hízola abrir tan extensa y profunda, que parecía una casa y
cabían en ella en caso necesario más de doscientos caballeros. El
conde se introdujo allí con los suyos, y allí estaba día y noche.”
- Crónica de Desclot.



(15)


-
“En tanto el buen conde de Ampurias hizo minar el muro y la torre
de poniente, y los hizo cubrir de vigas y maderámenes y les puso
fuego; cuando llegó el sábado hundiéronse el muro y la torre y
cayeron al foso. “ - Id. id.


(16)


-
Gil de Alagón, que fue cristiano y caballero, y ahora es sarraceno y
renegado de la fé bajo el nombre de Mahomet.” - Crónica de
Marsilio.


(17)


-
“Pero el conde de Ampúrias no quiso asistir a este consejo ni a
otro cualquiera en que se tratase de transacción alguna con los
sarracenos; sino que continuamente estaba en la mina que mandaba
abrir, diciendo cuando era citado a consejo que no saldría jamás de
allí hasta que la ciudad fuese tomada.” - Id. id.


(18)


-
“Plugo al rey lo que más había sido del agrado del consejo, y
envió al rey de Mallorca la respuesta de que no se admitía
convenio.” - Id. id.


(19)


-
“Y en continente todos los que eran de la familia de Moncada y los
prelados dijeron a una voz y con clamor unánime, que fuese tomada la
ciudad a viva fuerza.” - Id. id.


(20)


-
Benhabet fue al campamento y convidó al conde Don Nuño para que
pasase con él las fiestas de Navidad en la villa de Pollenza... el
conde aceptó el convite, y montando a caballo iba a partir... El de
Ampúrias dijo súbitamente a Don Nuño que por nada del mundo se
ausentase.” - Crónica de Desclot.

(21)


-
“Id, vos allá, Rocafort, y llamadlos a toda prisa, y decid a Nuño
que esta su tardanza de hoy podría perjudicar demasiado y que podría
hacernos mal provecho su comida.”
- Crónica de Marsilio.

(22)


-”...La
estudiada dilación de Don Nuño que comprometió la vida de los
Moncadas.”
- Quadrado. Notas a la Crónica de Marsilio.


(23)


-
“Don Nuño Sánchez.... combatió al lado de su padre en las Navas
de Tolosa donde fue armado caballero....Es probable que fuese este
(el de Ampúrias) el conde que asistió a la gloriosa batalla de las
Navas...” - Quadrado. Conquista de Mallorca. Apéndice 1.°


(24)


-
“Cuando el conde Don Nuño comprendió que el de Ampúrias y todo
el ejército estaban disgustados de su partida, detuvo su viaje... y
dijo:... No me ausentaré puesto que no os place: mas por lo que
concierne al asalto, hagamos lo que os diré. Fijemos el día en que
debamos entrar en la ciudad para morir o vencer, y que nadie pueda 
volver
atrás. Esto juran todos... el rey el primero y luego los demás.” 
- Crónica de Desclot.


(25)


-
“Y el conde de Ampúrias enfermó también y dentro de ocho días
pagó el tributo de la naturaleza.” - Crónica de Marsilio.


(26)


-
“Y considerando y recapacitando estas pérdidas, el conde de
Ampúrias con ánimo doliente y lloroso, dijo: Con qué! ¿todos los
de la familia de Guillermo de Moncada le seguirán falleciendo así?
Seguro es.” - Id. id.



(27)


-
“Cayó enfermo Guillermo de Clarmunt y al octavo día pasó a
reunirse con sus padres. En seguida enfermó Raimundo Alemany y al
octavo día terminó su carrera. Después de él enfermó García
Pérez de Meytats.... y al octavo día murió. Después de estos
enfermó Gerardo de Cervelló.... y al octavo día entregó su
espíritu al Señor. - Id. id. (28)


Traducimos
esta frase, comienzo obligado de todos los cuentos populares de la
isla llamados rondalles, con la que pone
Cervantes al principio del que relata en su primera parte del Don
Quijote, cap. XX.

(29)


Véase
la nota 13.


(30)


Poetas
vulgares improvisadores. Suelen concurrir a las bodas para amenizar
la danza con sus agudezas. Los ha habido de una facilidad asombrosa
en el versificar.


(31)


Véase
la nota 11.


(32)


Estos
versos forman el principio de un romance popular muy conocido en la
isla.

_____



ÍNDICE.
Se
omite.

ERRATAS NOTABLES.
Se corrigen en el texto.

martes, 16 de marzo de 2021

25 DE ABRIL.

25 DE ABRIL.

Reunido el Consejo con los Diputados, el oidor de turno y demás individuos, se hizo la siguiente proposición

Com la nit prop passada mossen Galceran Burgues de Viladecans regent la vegueria de Barchinona ha trets de la preso comuna de Barchinona En Marti Çolzina mercader Pere Comes specier e Nanthoni Abello causidich los quals son delats de molts legs crims e delictes dels quals se prenia informacio a instancia dels honorables consellers de Barchinona e los quals eren stats emparats per los dits consellers e dels quals per part dels deputats e consell se devie pendre informacio per certs deguts sguards havents respecte al servici de la Majestat del Senyor Rey repos tranquillitat e benefici del Principat de Cathalunya per la qual raho per part dels dits deputats e consell ere stada tramesa empara e o manament en scrits dreçant En Luis Pelat carceller de la dita preso que
tingues per emparats los dessus nomenats a instancia e part dels dits deputats e conçell per En Johan de Malda alias Albanell porter de la casa de la Diputacio lo qual feu relacio als dits deputats e concell qui en presencia lur de mot a mot feu scrita segons
se seguiex (segueix). Dient que la nit prop passada ans de la extraccio dels dits homens de la preso ell dit porter ana entre les VIIII e X hores de nit a la cort del veguer e tocha a la porta de la dita cort qui ix a la plasa del Rey en la qual troba En Johan Rafel cap de guayta lo qual dix al dit porter que volia e ell dix que volia En Luis Pelat per part dels diputats e consell. E ell respos que ell havia ja tocat a la porta e que li havien respost que lo veguer de Barchinona era dins e tenia les claus de totes les portes. E axi ell dit porter ensemps ab lo dit cap de guayta anaren a la porta major de la dita preso prop la volta e aqui tocaren e respongue un dels ministres de la preso dient que demanau. E lo dit cap de guayta dix aci es lo porter dels deputats e ell dit porter dix que ell era aqui de part dels dits deputats e concell e volia parlar ab lo dit Luis Pelat. E axi lo dit Luis Pelat isque a la finestra e demana al dit porter que volia. E lo dit porter dix que li volia donar certa cosa per part dels dits deputats e concell lo qual Luis Pelat respos que lo veguer tenia totes les claus e que no podia obrir. E axi ell dit porter replica al dit Pelat dient que devallas e que ho fes com se volgues car ell volia parlar. E lo dit Pelat respos que en manera al mon nos podia fer. E lo dit porter dix que si volia devallar sinon que ell sen tornaria e faria la resposta als qui lavien trames. En aço lo dit Pelat dix sperau vos un petit e a cap de poch lo dit Pelat dix aturau vos que ara obrirem. E axi lo dit veguer e lo dit Pelat ensemps ab los presos damunt dits e ab altre gent devallaren tots ensemps fins a la darrera porta del cap de la scala qui ix al pati o repla de la preso la qual porta obriren soptosament e tots plegats ço es veguer Luis Pelat e presos e altre gent isqueren de la dita preso e en aquest instant lo dit porter qui era a la dita porta del cap de la scala alargua la ma per donar la dita cedula al dit Luis Palat e alergant ley lo burç de la gent lo cuydaren lançar scala a avaIl. E lo dit Luis legi la dita scriptura e com la hague legida dix veus lo veguer qui sen mene los presos que aci son scrits dient si metria so o que faria e ell dit porter dix que fes ço que volgues car ell faria relacio de tot als lavien trames. E fet aço lo dit porter devalla la scala e troba encara baix al pati de la cort lo dit veguer ab altre gent e ell dit porter lexant lo sen torna a la casa de la Diputacio. E lo dit porter liura a mi
Anthoni Lombard notari qui en presencia del dit concell continui e scrivi la dita relacio translat de la dita empara o manament per ell liurat al dit Luis Pelat de la serie seguent. De part dels magnifichs deputats e conçell representant lo Principat de Cathalunya entrevenint hi la ciutat de Barchinona fets (occitano; feu, féu; haced) manament An Luis Pelat carceller del carcer comu de la dita ciutat que tenga per emperats An Marti Solzina En Pere Comes specier e En Jaume Perdigo sabater En Nanthoni Abello causidich e altres emparats per part dels honorables consellers de Barchinona lo qual manament se fa a instancia e per part dels dits deputats e concell.

Habiendo suscitado alguna murmuración entre los concurrentes la lectura de la proposición antedicha, tratóse de que sobre este asunto se pasara a votación, y examinada esta, deliberóse conforme al siguiente voto del señor obispo de Vich.

Lo senyor bisbe dix que mossen Galceran Burgues de Sant Climent de Viladecans sia pres e portat a la preso de continent lavant li lo basto alla hon sera trobat e que li sia dada bona custodia e que sia feta justicia en sa persona e en sos bens juxta forma de la capitulacio et alias. E encara de tots aquells qui participi han hagut e entrevengut en lacte fet per lo dit mossen Burgues.

En consecuencia, mandaron los señores Diputados llamar al baile de Barcelona, y le requirieron en los siguientes términos.

Mossenyors los diputats e concell requeren lo honorable En Galceran Dortigues batle de la present ciutat de Barchinona que de continent executen la delliberacio feta per lo dit concell e passada per lo dit concell de la dita ciutat e closa per los dits deputats la qual es de la serie seguent. Ço es que mossen Burgues de Viladecans sia pres e portat a la preso etc.
Est supra in voto domini Vicensis episcopi. Habeatur ibi pro inserta.

Acatando el baile el requerimiento que precede, dirigióse, acompañado de tres individuos del Consejo y un conceller de la ciudad, a la casa de mosen Burgués, y como le encontrase en la calle Ancha, púsole preso en la cárcel común de la veguería, asegurándole con cadenas y grilletes.
Hecha luego relación de este acontecimiento, hubo entre los concurrentes diversos pareceres, y como se pasaran a votación este y otros asuntos, tomóse el siguiente acuerdo respecto a la confiscación de bienes de mosen Burgués.

Quant empero al altre cap de la confischacio de bens e derrerament de casa de mossen Burgues de Viladecans per ço com molts del dit concell eran del vot del dit Senyor bisbe e altres molts se referien al que seria deliberat per la ciutat de Barchinona los qui
eren del vot del senyor bisbe se reduhiren al parer dels altres. E per ço com entre tots bastaren en suficient nombre per acloure fonch conclos sobre lo dit cap de confischacio de bens e derrocament de casa quen fos fet so que la dita ciutat de Barchinona ne deliberaria.

Verificóse, en seguida de esta votación, otra relativamente a la necesidad de que se hiciesen diez galeras en Barcelona.

martes, 26 de octubre de 2021

XIV. MORIR SONRIENDO.

XIV. 

MORIR SONRIENDO. 

I. 

Cuidado que es mucha serenidad y sangre fría!

- Hombres de ese temple se echan al suelo bajo una lluvia de balas, y se duermen como si se acostaran en un lecho de flores. 

- He visto batirse y me he batido también. Trances ocurren en la guerra que hacen erizar los cabellos de espanto, y es menester presenciarlos para comprender bien toda la energía de que es susceptible el corazón humano. De camaradas, y aun de enemigos, pudiera referir no pocos de estos lances; pero, francamente, el de hoy es cosa que me deja aturdido.

- Y cree V. que nosotros los marinos, añadió un tercero, en punto a valor tenemos que ceder la palma a los militares? En esas luchas a brazo partido con los elementos desencadenados las situaciones críticas no son menos frecuentes ni menos espantosas. 

- Sin embargo, replicó el primero, una cosa es hallarse de improviso cara a cara con el espectro de la muerte, otra evocarlo tranquilamente, como hacían con los diablos los nigrománticos de la edad media. 

- Resignarse a morir dentro de pocos momentos es lo que repugna, contestó el marino; pero hecho este supremo esfuerzo que la muerte sobrevenga o no, eso no quita. 

- Sí quita. Por grande que sea la inminencia del peligro siempre queda un resquicio a la esperanza, y no es lo mismo pugnar en valde para abrir una puerta que cerrarla con mano firme a todas las eventualidades de salvación. 

- Tener aliento para comer y beber, dijo el militar, viendo sobre su cabeza la espada de Damocles pendiente de un hilo, prueba es de gran corazón; pero irse a sentar a la mesa sabiendo de fijo que el hilo ha de romperse...? 

En esta conversación que tenían de sobremesa unos cuantos amigos; ¿cuál era el asunto de que se trataba? Quién el héroe sobre cuyas últimas proezas recaía su conversación? Triste es confesarlo, un suicida. 

La capa del mundo es aun más holgada que el manto de la caridad, pues basta aquella para abrigar al pecado si este solamente al pecador. El mundo, que ha canonizado ciertos errores y flaquezas, no puede ser sobrado rigorista con las demás, y no es extraño que encuentre sofísticas escusas para ciertos crímenes el que otros crímenes abiertamente patrocina. En el código de su moral faltan no pocos artículos, y esta omisión no se limita a culpas leves, a debilidades de menor cuantía. Juez ridículamente severo contra faltas que no llegan a veniales, debía mostrar la antítesis de su carácter absolviendo monstruosas aberraciones, que cuando no las absuelve las disculpa, y cuando a disculparlas del todo no se atreve, busca en sus condiciones y circunstancias algo que ceñir de una aureola resplandeciente. 

El suicidio de los dementes no es el que inspira a los dramaturgos, ni el que ofrece trágicas situaciones a los novelistas. Ante ese deplorable resultado de una enfermedad cerebral el mundo pasa de largo con ojos más o menos enjutos, apartándolos de un espectáculo que le repugna sin interesarle. Pero así como los frenéticos más furiosos en sus lúcidos intervalos usan el lenguaje y las acciones de los cuerdos, sin que por esto merezcan llamarse tales, así tampoco se puede recurrir siempre a la demencia para atenuar el horror de un acto, que debiera ser propio y exclusivo de la enajenación mental llevada a su último extremo. La filosofía pagana y la moderna paganizada han hecho la apología del suicidio premeditado, y los que a tales conclusiones no llegan se contentan admirando la serenidad en los preliminares, la fuerza de voluntad con que se prosigue, la sangre fría con que se consuma a veces tan horrible atentado. 

Esta fatal admiración, que ocupa el lugar debido al público anatema, es una especie de perdón que se arroja allí donde tal vez no cabe el de un Dios infinitamente misericordioso. 

Por otra parte el periodismo se empeña en servir de lazarillo a los delegados del Gobierno para formar la estadística criminal de las naciones. Ninguno de estos dolorosos acaecimientos se escapa a su olfato de sabueso, ninguno se substrae a la publicidad de su registro, y sólo Dios puede conocer el grado de complicidad del periodismo en esta serie de catástrofes, borrón asqueroso de la civilización moderna. La ciencia no ha desdeñado este problema; pero a pesar de las observaciones de la ciencia y de la historia, se continúa tomando nota de los suicidios que ocurren, refiriéndolos con sus pelos y señales, divulgándolos a son de trompeta, y acostumbrando los ánimos a tan mal género de impresiones. Así tal vez se ven secundadas las criminales aspiraciones de esos nuevos Eróstratos, cansados de luchar con sus indomables pasiones o con su adversa fortuna. Resueltos a poner término a sus días de una manera violenta, saborean de antemano el efecto que ha de producir su horrible atentado, meditan el plan como si tuvieran que componer un drama, lo rodean de circunstancias teatrales, escriben su última carta, nuevo linaje de manifiestos, y saben que a la mañana siguiente su nombre andará en lenguas, su valor será reputado a toda prueba, su desesperación les conquistará la fama de un día. Fama de un día, sí; ¿pero acaso es mucho más duradera la que obtienen hechos de suyo plausibles y gloriosos? 

Y esto era cabalmente lo que había sucedido. 

Asombro de unos, escándalo de otros, y sorpresa para todos fue aquella mañana la noticia de haberse suicidado uno de los jóvenes más elegantes y bienquistos de la sociedad barcelonesa. Pasaba apenas de los treinta años, y por cierto que a los ojos del mundo no podía contarse en el número de sus desheredados. Aquellos para quienes vivir es sinónimo de gozar, bien persuadidos estaban de que le había tocado uno de los mejores asientos en el banquete de la vida. Escasas ocupaciones interrumpían su cadena de placeres; su jovialidad y su facundia le distinguían en las reuniones de amigos, y en las que intervenía el otro sexo llevábase no solamente los ojos de jovencillas inexpertas, sino que se fijaban en él con peligrosa complacencia los de aquellas mujeres, que creyéndose fuertes y jactándose de virtuosas, gustan sin embargo de acercarse al borde y echar una furtiva mirada a los abismos del vicio. Quién se hubiera atrevido a decir que tal vez merecería de lástima lo que se le tenía de envidia? 

La víspera se le había visto en el café charlar y bromear con los concurrentes, después aplaudir en el teatro a una bailarina, más tarde obsequiar indistintamente a varias señoritas en un sarao, y concluido este, con su mismo traje de baile, sin que le temblara el pulso, sin una ligera incorrección, sin una falta de ortografía escribió su postrimera carta dirigida a un amigo. 

De esta carta, a cuya tinta, fresca aún, se mezcló la sangre de su autor, circulaban copias que se robaban de las manos, se leían con avidez y se comentaban de mil maneras; pero ni el más paciente descifrador de jeroglíficos, ni el más hábil intérprete de textos oscuros hubieran podido sacar en limpio la causa ocasional de tan horrible suceso. Todas sus conjeturas tendrían de aventurado todo lo que tuvieran de ingenioso. El desgraciado joven se había reservado la originalidad de no hacer al público partícipe de sus secretos. Pudiera decirse que le embromaba desde la huesa. Su carta, especie de capitulo humorístico de unas memorias de ultratumba, picaba la curiosidad y al mismo tiempo la desorientaba; allí un pensamiento delicado se codeaba con un feroz sarcasmo, una frase sentimental se entrelazaba al chiste más imprevisto, y todo con tanta naturalidad, con tal carencia de afectación que por ninguna parte podía rastrearse la huella de un espíritu preocupado y sombrío. Decía en un paréntesis: “son las tres y catorce minutos: principio un rico habano, espoleta de nueva invención, puesto que al concluirse estallará mi cabeza como una bomba." Y en efecto, cuando al ruido del tiro acudieron los vecinos y le encontraron cadáver con el cráneo destrozado, su reloj de oro no señalaba todavía las cuatro, y la punta de su cigarro ardía en el suelo. 

Proseguía la conversación de sobremesa cuando un joven abogado de Gerona que había guardado silencio, dijo: esto es morir con la sonrisa en los labios, dicen ustedes, no me opongo. Yo no trataré de investigar si este fenómeno moral proviene de una excitación nerviosa, ni si es afectada o sardónica la tal sonrisa. 

- De todos modos es prueba de una carencia absoluta de miedo a la muerte. 

- Pero no prueba que esta falta de miedo a la muerte no sea por sobra de miedo a otra cosa peor. 

- Peor? 

- Sí; la grandeza de los males de la tierra depende mucho de la imaginación. Esta, que no la razón, es quien suele medirlos. Sócrates forzado a beber la cicuta manifestó que no temía a la muerte; pero al dársela Catón, ¿quién asegura que no fuese por un miedo cerval a la humillación de su derrota, a la pérdida de su prestigio, al sonrojo de ver triunfantes a sus enemigos? 

Quién asegura que no le amilanase, más que la guadaña de la muerte, la mirada de César? 

- No, su amor a la patria, su apasionamiento a las formas republicanas... 

- Pamplinas! Qué ganaban la patria ni la república perdiendo una espada que en casos dados pudiera aun servir para defenderlas? 

- Pero, le parece a V. que un cobarde tendría ánimo para hincarse un puñal en el pecho? 

- Y les parece a ustedes que es para cacareado el valor de arrostrar la muerte cuando no se tiene el de arrostrar el sufrimiento? Ustedes hablan del desprendimiento de la vida como de un heroico despilfarro; pero convendría saber qué concepto han formado de su propia vida los que atentan contra ella, cómo la definen? cómo la juzgan? cuáles son sus verdaderas apreciaciones? 

Si tantos poetas no mintiesen nada tuviera de extraño que se suicidaran. Algún filósofo, o mejor sofista, se ha valido de una comparación que no sé si es muy propia: quitarse la vida es desnudarse de un vestido: pues díganme ustedes, ¿tendrían por muy generoso a un caballero que diese a un pobre su gabán estrecho, raído, incómodo, de un color y de un corte que ya no fuesen de moda? No se maravillarían ustedes con más razón de una señorita que vestida ya de baile obedeciera sonriendo a su madre al decirle esta: Mira, niña, la vecinita de enfrente no tiene traje para presentarse en el baile, dale el tuyo, y quédate en casa? 

- No hay señorita alguna capaz de tanta resignación y desprendimiento.

- No? pues escuchen ustedes una sencilla historia en que por desgracia o por fortuna he tenido alguna parte. 

- Cuente, cuente V. don Narciso. 

- La contaré, pero a mi manera, dejándome llevar de mis inspiraciones, y dándole un colorido en armonía con mis ideas y sentimientos. 

- Es muy justo. Escuchamos con religiosa atención. 

- Mil gracias. 

Bebióse D. Narciso un vaso de agua, pasóse el pañuelo por los ojos como si tratase de enjugar una lágrima oculta, y continuó poco más o menos en los términos siguientes. 


II. 


Que una pequeña circunstancia influya mucho en los destinos y vida de las naciones, punto es en que no conviene la filosofía moderna. Haciéndolo depender todo de un conjunto de graves causas existentes en épocas determinadas, ninguna fuerza da a tal o cual menudo hecho que pudiera haber servido de obstáculo a su desarrollo. Como si el quitar o añadir una incógnita de valor insignificante no trastornase enteramente el más complicado problema! Sea empero de esto lo que fuere, ello es que en cuanto al destino de los individuos tenemos sobra de ejemplos para desconocer que la Providencia se vale de los más vulgares incidentes para llevar a cabo sus designios. Paréceme a mí que ni tendría ahora la mujer que tengo, ni tampoco llevaría la vida que llevo si por una pamplina, que ya no recuerdo, no me hubiese disgustado con mi patrona cuando estudiaba leyes en esta Universidad. Si no me hubiese puesto la ensalada cruda, o mullido poco la cama o dejado sin agua la jofaina quizás me hubiera entregado a la política, y quizás a estas horas sería un potentado... o un perdido. Pero me incomodé por alguna fruslería de estas, y después de cinco años cambié de habitación, tomándola en una calle de las menos concurridas. 

Desde el balcón de mi tercer piso descubrí el fronterizo de unos entresuelos, y al través de sus cortinillas de muselina una cabeza de mujer tan perfectamente modelada que empecé a desperdiciar horas y más horas en contemplarla. Centinela perdurable, tan sólo para lograr un momento en que pudiera ver su rostro a todo mi sabor, qué de planes de conquista, qué de ensayos pantomímicos, qué de combinaciones telegráficas hilvanó mi imaginación! Tiempo perdido. Aquella joven (porque ya suponen ustedes que una mujer tan constantemente espiada era joven y sumamente hermosa) no levantaba la cabeza de su labor, ni se asomaba al balcón, ni salía de su casa más que para la iglesia. Y aun así solía acompañarla la esposa de su hermano que, aunque joven y bonita, equivalía para mí a una escolta de Dragones

Cambié de rumbo sin perder de vista mi objeto, y los vientos me fueron más favorables. Bajo del balconcillo había una tienda ocupada por su hermano que trabajaba de tallista; este era el reducto avanzado que me importaba tomar antes de dirigir mis fuegos a la ciudadela. Con pretexto de unos adornos empecé a menudear visitas al taller, a prolongarlas, a granjearme la confianza de aquel feliz matrimonio, y concluí por penetrar en el deseado cuartito de arriba. Aquello era el santuario de un ángel: la atmósfera que allí se respiraba era la de un templo. La lindeza de aquella joven, sus agraciados contornos, su pudoroso continente, su modesto aliño, y sobre todo la dulzura, el encanto inexplicable de su voz me dejaron como aturdido, como alelado. Qué pronto sus palabras fueron bastante poderosas para modificar, para cambiar radicalmente mis ideas! Señores, ustedes se burlarán de mí si les digo una cosa; mas no me importa. El resultado de algunos meses de conversación, de honesta familiaridad, de tierna correspondencia con aquella joven fue por mi parte una confesión general. Ah! si ustedes hubiesen conocido a mi adorada Rosalía! 

Si ustedes supieran lo que es amar y ser amado de una de estas jóvenes que con toda propiedad son llamadas ángeles en la tierra, no tanto por la gentileza de sus formas como por la pureza exquisita de sus almas! Si ustedes vieran qué dulcemente brilla el amor al abrigo de un recato virginal y de una inocencia inmaculada! Si experimentaran ustedes lo que es una pasión que se eleva cuanto se espiritualiza, que se embellece cuanto se santifica! Si comprendieran hasta dónde llega el ideal humano cuando ciñe una aureola de resplandor divino, de seguro que entonces no se burlarían ustedes de mí. 

Durante más de un año hubiera impugnado con toda la seguridad de la propia experiencia aquella antigua máxima de que nadie está contento con su suerte; pero después conocí la verdad que encierra aquella otra de que nadie es dichoso hasta el fin. Rosalía, en cuyas mejillas no brillaba el carmín encendido de los claveles sino la trasparente blancura de las azucenas, blancura que parecía ser un símbolo visible del candor de su alma, empezó a sentirse indispuesta con alguna frecuencia. Unos días más oprimida, otros más aliviada; pero siempre sufrida; siempre resignada, siempre risueña, trataba de ocultar sus padecimientos, diciéndome que debía abrazar aquella ligera cruz porque el cielo no le había enviado otra, y era demasiada la felicidad de que mi amor la inundaba. Al fin tuvo que ceder a los consejos del facultativo que le aseguraba el recobro de su salud con el aire vivificante de la campiña. 

Con su cuñada y su prima Clotilde, la amiga de su infancia, la que compartía conmigo los tesoros de aquel corazón tan rico de ternura; fuese a vivir en un pueblecillo distante legua y media de Barcelona. Los estudios me retenían aquí, porque un amor tan santo como el mío respeta todos los deberes, pero no pasaba semana sin que yo montase a caballo y fuese dos y tres veces a verla. 

Y en efecto pronto la hallé notablemente mejorada. La frescura de su tez impugnaba y confundía todas las cavilaciones de un carácter aprensivo. La aurora de la esperanza renacía con toda la esplendidez de sus albores. Oh! qué hermosos días aquellos! Qué largas y deliciosas excursiones al través de los campos respirando su perfumada brisa, contemplando los abrillantados matices, los fugitivos cambiantes con que el sol se despide de la tierra! Qué tiernas y sabrosas pláticas! Qué amores aquellos, rosas sin espinas, exentos de quisquillosos celos, de exigencias caprichosas, de recíprocas desconfianzas, 

de vagas reminiscencias de otros amores! Lo que es vivir dos almas estrechamente unidas, solitarias en la tierra, al abrigo del cielo, olvidadas del mundo, y reconociéndose siempre a los ojos de Dios! Ah señores! disimúlenme ustedes que ceda, quizás indiscretamente, a la sobre excitación de estos inefables recuerdos. 

Una tarde, la conservo tan fielmente grabada en la memoria! después de un largo paseo por los alrededores del pueblo, entramos como de costumbre en su solitaria iglesia al toque de Ave Marías, y mientras las rezábamos cogí un dedo a Rosalía y metí en él una sortijita de oro que yo llevaba. Concluido el rezo no me dijo más que estas palabras: O tuya o de Dios, y se fue a poner de rodillas y proseguir sus devociones con singular fervor y recogimiento. Yo me quedé sentado en un banco, los brazos cruzados y sintiendo caer sobre mi corazón como unas gotas de celeste rocío. Me atrevería a proponer como un problema curioso el de si es una felicidad o un infortunio haber probado momentos de dulcedumbre tan exquisita. 

Restablecida al parecer completamente volvió a la ciudad, y su regreso fue para mí el comienzo de una nueva era de tranquilos y dichosos días; pero concluyeron mis estudios, tomé la licenciatura, y me fue preciso pasar a mi casa a fin de preparar el camino y llevar a venturoso término mis designios. Deseaban mis padres para mí un casamiento más ventajoso a los ojos del mundo que el de una hermana de un oscuro tallista; pero a la pintura que les hice del carácter, y aun de la figura de Rosalía, se dieron por más que satisfechos de que les entrase un ángel en la familia. Sé que no cedieron solamente a palabras que podían nacer de una imaginación exaltada. Tres meses duró mi ausencia sin que me fuese dado interrumpirla con una sola visita a Rosalía, y de sus cartas no se desprendía la menor expresión que diese margen a funestos recelos. 

Lleno de júbilo y en alas de la más deliciosa esperanza volví a Barcelona, y al poner el pie en el umbral del tallista me dio el corazón un vuelco espantoso. Tal fue la acogida que me hizo el laborioso joven que la tomara por glacial y despreciativa si no le viera tan profundamente afligido. Me precipité a la escalerilla del entresuelo, y el grito de Rosalía al verme, su movimiento instintivo para levantarse del sillón que ocupaba, el súbito encendimiento de sus mejillas, el ímpetu con que se abrieron sus brazos, como si cedieran a la fuerza de un resorte, me certificaron el inmenso amor que me tenía. La gracia de sus contornos estaba ligeramente alterada, pero ni su hermosura, ni su sonrisa parecían haber disminuido. Sentéme a su lado, hablamos largamente, y el encanto de su conversación apenas me dejaba notar los ingeniosos efugios con que eludía mis preguntas concernientes a su salud. Así me tuvo por largo rato mitad inquieto, mitad embelesado, cuando con un tono en que la emoción interior no desvirtuaba la firmeza de su acento me dijo: 

- Te devuelvo la sortija.

- Cómo! exclamé tan sorprendido como si me fuera imposible adivinar el funesto origen de aquella resolución. 

- Está escrito que no he de ser tuya sino de Dios. 

- Dónde? repliqué tontamente. 

- En el libro rubricado por la mano del Eterno. 

- Rosalía! por todo lo que hay de más sagrado en el cielo te conjuro que no te entregues a tales imaginaciones. 

- Ten calma y escucha, respondióme dibujándose una tierna sonrisa en sus labios. Hoy cierro las puertas a mi pasado, del cual por cierto no tengo motivos de estar quejosa. Te doy mil gracias, querido Narciso, por el gozo interior, por las dulcísimas emociones que a tu lado han embellecido mi existencia. He sido feliz... y lo soy todavía. Vuelves a poseer tu libertad quizás a precio de lisonjeras esperanzas; pero si algo pueden contigo mis deseos te suplico que vengas todas las tardes. Hablaremos como amigos que se ven en la tierra, como amigos que esperan verse en el cielo; pero media horita solamente. Ni un minuto más: y en estos coloquios, no residuos amargos sino postreras gotas de la miel que ha llenado mi cáliz, te prohíbo absolutamente cualquiera alusión, cualquiera referencia al estado de mi salud y a los recuerdos de tu amor. Por hoy hemos concluido. 

Y levantándose, con suficiente ligereza todavía, se retiró a su alcoba. 

Quedeme cual si me hubieran dado con un mazo en la cabeza, pero me repuse luego y volé a casa del facultativo. 

- Sus días están contados, me dijo, y la sentencia es inapelable. Padece una de esas afecciones del corazón que se burlan de los desvelos del hombre y del poder de la ciencia. Ni yo, ni mis compañeros tenemos el don de hacer milagros, 

y para decir lo que a V. he dicho no se necesita el don de profecía. No hay más que hacer sino dejarla en reposo, cuidarla con esmero, no contrariarla... 

- Y conoce ella que no tiene remedio? pregunté con una ansiedad espantosa. 

- Eso no. Le hemos dicho que su dolencia no presenta ningún síntoma peligroso, que está reducida a unos accesos nerviosos que cederán a la eficacia de las pócimas que le receto, y al venir la primavera le hemos asegurado que se hallaría completamente restablecida. 

- Y opina V. que ella lo cree? 

 - Pues no ha de creerlo? La llevamos engañada. 

- Vosotros sois los engañados, dije para mis adentros. 

Renuncio a trazar el bosquejo de mis padecimientos morales, porque ni este cuadro psicológico, ni la descripción de la enfermedad de Rosalía importan mucho para poner de relieve el contraste de la historia divulgada hoy por toda Barcelona con esta que pasó desconocida entre las cuatro paredes de un humilde entresuelo. Para esta no tuvo el mundo admiración ni aplausos; pero hay hechos tan sublimes aunque obscuros que bien pueden competir con las exhibiciones del más ruidoso heroísmo.

Ya comprenderán ustedes que yo no debía oponerme a la voluntad de la pobre enferma, tan claramente expresada, pero pude mitigar el rigor de aquella consigna aparentando cumplirla con la ciega obediencia de un recluta. Gracias al ardid que me sugirió la esposa del tallista, al salir del cuartito, tomaba un pasadizo y dando la vuelta entraba en un gabinete que tenía otra puerta en el aposento de Rosalía. Allí pegado el rostro al ojo de la llave pasaba las horas en contemplarla, en ahogar mis sollozos, en pedir a Dios que cambiase nuestros destinos. 

Háblase mucho de la debilidad del otro sexo, y es algo extraño a primera vista que al bosquejar el retrato ideal de la mujer perfecta las divinas letras se sirvan cabalmente del epíteto fuerte como del rasgo que con más propiedad la caracteriza. Pues la fortaleza de Rosalía es precisamente lo que ocupa mi imaginación. 

Ella misma trabajaba las primorosas flores que debían adornar su cabeza helada por el soplo de la muerte, y las trabajaba sin afectación alguna, sin muestras de jactancia como sin visos de flaqueza. De seguro que ni más ni menos hubiera hecho para tejer su virginal corona a tener vocación de encerrarse en un monasterio. Pudiera decirse que para ella las puertas del sepulcro no eran más sombrías que las del claustro, pues se la veía despedirse del mundo con tanta tranquilidad de espíritu como si únicamente se despidiera del siglo. 

Sentada en el sillón y leyendo un librito que cerró al verme, y puso luego al otro lado como si quisiera ocultarlo a mis ojos, la encontré en una de mis últimas visitas. Qué especie de libro será ese? dije para mí. Descuido con cuidado busqué ocasión de cogerlo, y... señores! se me horripilaron las carnes, me temblaban las manos, se congeló mi sangre sólo de leer su título en el dorso. Era un libro ascético titulado: Preparación a la muerte. Que ella lo leyese cuando se veía joven y llena de vida, no es extraño; pero sabiendo como sabía que no le faltaba una semana para hallarse en la tumba! No me vengan a ponderar el valor del libertino hastiado de placeres si contempla fríamente las pistolas con que ha proyectado destrozarse el cráneo. Algo mayor fortaleza de alma arguye esa tranquila meditación de una joven de veinte abriles, que ofrece a Dios el sacrificio de sus doradas ilusiones, y puestos como quien dice ambos pies en el sepulcro se entretiene en registrar con ojo sereno sus misteriosas profundidades. 

Otra tarde estaban ella y Clotilde cosiendo unas telas blancas que adornaban con lazos y cintas azules. - Y eso? pregunté maquinalmente. - Es mi vestido de boda, contestó Rosalía. Clotilde inclinó la cabeza sin duda para ocultar sus 

lágrimas. Me quedé tan mudo como si por un extraño accidente hubiese perdido la facultad de hablar. Aquella vez mi visita no duró la media hora, porque me era imposible resistir al triste espectáculo que me desgarraba las entrañas. 

No pueden ustedes figurarse la minuciosidad, el esmero con que la pobre enferma atendía a la perfección de su último trabajo. Parecía una coqueta que espera dar golpe en un baile, que fía al estreno de un traje su triunfo más apetecido. Corrí a mi escondrijo... y allí puesta la cabeza entre las manos estuve largo rato llorando como un niño. Después me acerqué al ojo de la llave y vi a Rosalía de pie delante de un espejo, con el traje puesto, destrenzada su hermosa cabellera, ceñida la corona de flores artificiales, entrelazados los dedos de ambas manos y sosteniendo con ellos un ramillete de filigrana. Clotilde a sus pies y siguiendo sus avisos arreglaba con prolijo esmero los pliegues de la nevada túnica y de un manto azul celeste. Así se estuvo Rosalía un buen rato contemplándose tiesa, inmóvil, como si se hallara ya tendida en el féretro. Había para volverme loco. Llamaré mujeril capricho a lo que revelaba tan varonil energía? 

- Te gusto así? preguntó a Clotilde. Esta no contestó. Vamos, añadió aquella, no seas niña. Por qué lloras? Llorarías si un príncipe de remotos países me pidiera por esposa y me llevara a sus tierras? Es menos dichosa mi suerte? Quieres que me vaya del todo contenta? Dime, qué tal te parece Narciso? 

- No, prima, no. Nunca he puesto en él los ojos con segunda intención, contestó Clotilde mezclando de lágrimas sus palabras. Le he mirado siempre como cosa tuya. Si has tenido celos de mí, te aseguro... 

- Celos? No sabes que esta es una de aquellas pasiones que el cielo no bendice? Estas víboras nunca han picado mi corazón. 

- No se alimentan de sangre tan pura. 

- Sólo Dios sabe cuál corazón es puro y cuál mancillado. Respetemos sus inescrutables juicios. Pero dime, si Narciso pidiera tu mano... 

- No la pedirá, no lo temas. 

- Y si te la pidiese no se la dieras... por amor mío? 

- Por amor tuyo no hay sacrificio que yo no aceptase. 

- Y sería grande el que te pido? 

- Rosalía! gritó la pobre Clotilde, Rosalía! por qué te complaces en desgarrar tu corazón? 

- Al contrario. Tus palabras pueden henchirlo de un bálsamo delicioso. Quisiera morir en la persuasión de que los dos, los dos que más amo en este mundo, viviréis unidos y felices. Quisiera dejarte mi amor como una rica herencia. 

- Soy tan pobre de méritos como de fortuna. 

- Narciso es generoso; no le arredró mi pobreza, tampoco le arredrará la tuya. 

Qué precioso, qué gratísimo elogio para mí, pronunciado en circunstancias menos aflictivas! 

El día siguiente me dijo: Esta noche voy a recibir el santo Viático; después de la visita de mi Dios no admito sino las de sus ministros. Adiós hasta el cielo. 

- Te seguiré. 

- Te quedarás en la tierra. 

- Oh! no. Tú no conoces la intensidad de mi afecto. Basta para consumirme, para devorar mi existencia. 

- Llegará, pero más tarde, el tiempo de reunimos. 

- Y qué he de hacer a solas en este mundo? 

- Mostrar tu sumisión a la voluntad divina. Yo no tengo riquezas de qué hacer testamento; pero si mi última voluntad mereciera ser atendida... una cosa quisiera... una sola cosa. 

- Puedo negarme a nada que tú desees? 

- Y lo deseo con toda el alma. Mi prima... la pobre Clotilde... no es verdad que es hermosa? Mira, Narciso, moriría tan satisfecha si me prometieras... 

- Rosalía! Rosalía, única mujer a quien puedo amar en este mundo. 

- La amaras también... es digna de tu amor. Prométeme que en todo un año no mirarás a mujer alguna... es el único luto que has de llevar por mí. Después, el día de mi aniversario, si ambos no me habéis olvidado, entrégale a Clotilde la sortija que me diste.:. Bendígala el sacerdote al celebrar vuestro casamiento, y... venid los dos a orar cabe la tumba de vuestra Rosalía. 

Ya no se me permitió entrar más en el cuartito; pero al tercer día en que estaba ya oleada oí que el sacerdote esforzaba la voz, y me precipité como un desesperado, y me arrodillé a los pies de la enferma. La opresión de su pecho 

la ahogaba, había perdido el uso de la palabra; pero se abrieron sus ojos, y clavó en mí una penetrante mirada, que interpreté como signo de agradecimiento. Sus manos dejaron caer en las mías una pequeña medalla de la Virgen, como prenda inolvidable de su afecto, y sus labios se sonrieron como si saborease el último goce de la tierra, como si principiase a disfrutar las dulzuras del cielo. A los pocos momentos espiró: digo mal, se durmió en el ósculo del Señor. 

Esto, señores, esto sí que es morir con la sonrisa en los labios y la esperanza en el corazón. 

A los quince meses me casé con Clotilde, digna amiga de la sin par Rosalía. 

jueves, 2 de julio de 2020

CAPÍTULO XXVII.


CAPÍTULO XXVII.

Nace Cristo señor nuestro. Heródes es desterrado a Lérida. Muere Herodías en Segre, y cuantos Herodes ha habido.

Fue el imperio de Octavio César dichoso, feliz y afortunado: gozó el mundo de paz universal; cerráronse en Roma las puertas del templo de Jano, cosa rara y singular, porque no solía cerrarse sino en tiempo de paz universal, y solo le hallamos haberse cerrado cinco veces: la primera al tiempo de Numa Pompilio, la segunda después de la primera guerra púnica y las tres en el imperio de Octavio. Pero ¡qué mucho que en estos tiempos se cerrase, pues sucedió en ellos la cosa más alta y de mayor maravilla y espanto que en el mundo, después que fue criado, ha sucedido y pudo suceder, y puso no solo admiración en la tierra, mas aún los ángeles en el cielo también se espantaron con tan soberana maravilla, como es el hacerse Dios hombre y nacer como tal ! Por lo que, y con mucha razón, fue este siglo el más dorado y dichoso que jamás haya sido ni puede ser, por haber la bondad inmensa del eterno Dios enviado al mundo a su unigénito Hijo, rey pacífico, príncipe de paz y Dios de toda consolación; y en cumplimiento de lo que habían profetizado los santos profetas, se mostró a los hombres en carne humana, hecho hombre y nacido de una virgen santísima, y con una nueva luz que trajo a la tierra, enseñó al género humano descarriado y perdido, y le allanó el camino de la salud, restituyendo la justicia que andaba desterrada del mundo, y alcanzando, con su muerte, perdón de los pecados, fundando la Iglesia santa, cuyos ciudadanos y parte somos todos aquellos que, por beneficio del mismo Dios, hemos recibido por todo el mundo la religión cristiana, y con la fé pura y firme la conservamos.
Con este tan divino principio proseguiré nuestra historia, contando los señores que tuvieron los pueblos ilergetes y las cosas más notables que acontecieron en ellos, y del modo que comenzaron a tener conocimiento de Cristo señor nuestro, y cómo, por su misericordia y gran merced, se fue en gran manera acrecentando en ellos la fé y religión cristiana, produciendo muchos santos y personas ilustres en virtud y piedad que fueron el ornamento y decoro de esta tierra. No contaré cosas universales, que son propias de historia general, contentándome con referir cosas particulares y propias de mi instituto, salvo cuando, para inteligencia de esto, será necesario echar mano de lo general y común, guardando siempre el orden y sucesión de los emperadores romanos y reyes godos, y de los demás que señorearon estos pueblos.
Corría cuando nació Cristo señor nuestro el año 42 del imperio de Octavio, según el Martirologio romano, y gozábale este emperador con la mayor paz y sosiego que jamás otro rey ni señor hubiese gozado de sus señoríos: vivió hasta el año 16 de Cristo señor nuestro, y murió después de haber imperado cincuenta y cuatro años (1).

(1) La mayor parte de los cronologistas indican otras fechas; y de todos modos debe haber equivocación en las que señala Monfar, porque, según los datos que él mismo sienta, corresponderían a Augusto cincuenta y ocho, y no cincuenta y cuatro, años de imperio.

Sucedióle Tiberio, su hijo adoptivo, en cuyo tiempo, en el año 18 de su imperio, murió Cristo señor nuestro clavado en una cruz, para salvar a los pecadores, y abrir las puertas del cielo que el pecado del primer hombre había cerrado. Fue su muerte santísima a los 25 de abril, y a los treinta y tres años y tres meses de su edad.
En este tiempo pone Flavio, caballero español, natural de Barcelona, que fue prefecto pretorio de Oriente y gobernador de la ciudad de Toledo, hijo de san Pacian, obispo de Barcelona, el destierro de Herodes y muerte de la bailadora Herodías; y porque su fin de estos aconteció, según dice el autor de aquel libro, en la ciudad de Lérida y río Segre, y a los que no lo saben es fácil la equivocación en los muchos Herodes que ha habido, y de quienes cada día oímos hablar en los oficios divinos y en los púlpitos, para inteligencia de lo que pasó en Lérida, referiré los que ha habido de este nombre y lo que hicieron, con la mayor brevedad posible.
El más anciano se llamó Herodes Ascalonita el Magno, y era idumeo, y su padre se llamó Antipater (anti+pater en latín: anti padre), y por esto algunos le llaman Herodes Antipater, y el senado romano le hizo rey de Judea (rex iudeorum, como en el INRI); y este fue el que habló con los magos, cuando iban en busca de Cristo señor nuestro, y mató (a) los inocentes, con pensamiento de hallar entre ellos a Cristo; y fue esto con tantas veras, que mató entre los demás un hijo suyo, y obligó a Augusto César a decir, que en casa de Herodes mejor era ser puerco que hijo, pues por no comerle, por serle prohibido por su ley, no le mataría. Este mandó reedificar desde los cimientos el templo de Jerusalén y reinó treinta y siete años.
Tuvo muchos hijos e hijas, y dejada la mayor parte de ellos, se hará mención de los que habla la Sagrada Escritura. Estos fueron Herodes Archelao, que le sucedió en el reino y reinó nueve años, y por algunas causas el emperador le quitó el reino y envió a Judea gobernadores, con título de procuradores: estos fueron, uno después de otro, Lucio Coponio, Marco Ambinio, Anio Rufo, Marco Valerio Graco, y Poncio Pilatos, que fue el peor de todos los hombres, y el que dio sentencia de muerte contra el Redentor de la vida y Salvador del mundo.
Otro hijo de Herodes Ascalonita se llamó Aristobolo, y a este su padre le mandó matar por algunas sospechas que tenía de él; dejó un hijo que llamaron Herodes Agripa, por diferenciarle de otro Herodes hijo suyo, que llamaron el Prisco o Mayor.
Otro hijo de Herodes Ascalonita fue Herodes Tetrarca, que llamaron Antipas a quien el emperador, quedando con el reino que había sido de su padre y hermano, le dio el título de Tetrarca, que era señorío o gobierno de una, dos o más ciudades, o de una provincia o parte de ella, con el mismo poder o jurisdicción que si fuera rey, salvo que no se intitulaba ni nombraba rey. a este Herodes Tetrarca llama la Sagrada Escritura rey, por ser hijo de rey y haber heredado parte del reino de su padre y hermano. Este fue el que tomó por fuerza a Herodías, mujer de otro hermano suyo, llamado Filipo, que era también hijo de Herodes Ascalonita, y vivía amancebado pública y escandalosamente con ella; y por habérselo reprendido el gran Bautista una y muchas veces, le mandó cortar la cabeza por dar gusto a la impía Herodías, su manceba, que, no contenta con haber cometido tan gran sacrilegio, siendo llevada la sagrada cabeza en un plato a la mesa donde comían, con un alfiler de su tocado le traspasó aquella divina lengua, en venganza de lo que había hablado contra sus pecados y escandalosa vida. Este Herodes fue ante quien, estando en Jerusalén, mandó Pilatos llevar a Cristo nuestro señor; y porque no le quiso responder, ni hacer alguna de las maravillas que él curiosamente le pedía, le menospreció y mandó vestir de una vestidura blanca, y tratándole de loco, le envió a Pilatos; y por estas y por otras maldades, después de haber gobernado su tetrarquía veinte y cuatro años, como dice el Sensovino, fue desterrado a Francia con las dos Herodías, la manceba y la bailadora hija de esta, y de aquí vinieron a Lérida, donde desdichadamente murieron, como diré después. Otro hijo del Ascalonita fue Filipo, y casó con Herodías, y de ella tuvo una hija que unos llaman Herodías y otros Salomé: el nombre primero es más cierto, si ya no fuese que los tuviese todos dos; y esta fue la bailadora a quien, en paga del baile, le prometió Herodes la mitad del reino, y ella, persuadida de la madre, pidió la cabeza del Bautista que valía más que todos los reinos del mundo; y esta Herodías, mujer de Filipo y madre de la bailarina, tomó por fuerza Herodes Tetrarca y la tuvo consigo, siendo vivo su hermano.
Otro Herodes hubo, a quien llamaron Agripa; y este fue nieto del Ascalonita que mató a los inocentes, e hijo de Aristobolo. Este fue el que para dar gusto a los pérfidos judíos mató al apóstol Santiago el Mayor, y mandó prender al apóstol san Pedro, para hacer lo mismo de él, si el ángel del Señor no le sacara de la cárcel, dejando burlados a los judíos que aguardaban su muerte. Murió este Herodes, según cuenta san Lucas en los Actos de los Apóstoles, en ocasión que celebraba ciertas fiestas en honra del emperador Claudio, y estando sentado en un suntuoso trono, haciendo cierto razonamiento al pueblo, cubierto con una vestidura tejida de plata, muy lustrosa, en que el sol hacía reflejos, y por adularle, el pueblo aclamó ser su voz no de hombre, sino de Dios, de lo que quedó el miserable tan ufano y ensoberbecido, que se desvaneció teniéndose por Dios, como decía el pueblo. El ángel del Señor le hirió con mortal enfermedad; y roído de gusanos y atormentado de insoportables hedores que salían de su cuerpo, dentro de breves días murió, llegando el justo y merecido pago de su soberbia y desconocimiento, experimentando ser no Dios, sino miserable y vil criatura.
Hijo de este fue otro Herodes, llamado Agripa junior, por diferenciarse del padre; y en tiempo de este los emperadores Tito y Vespasiano destruyeron la ciudad santa de Jerusalén, en castigo de la muerte que dieron al Salvador del mundo. Ante este Herodes fue traído el apóstol san Pablo, según refiere san Lucas en los veinticinco capítulos de los Actos de los Apóstoles; y de este dice el Bergomense, que no halla la sucesión que dejó.
Además de estos Herodes, hubo muchos otros de este mismo nombre; pero estos fueron los más señalados y de quienes habla la Sagrada Escritura.
De Antipas dice Flavio Dextro, que en compañía de Herodías, su amiga, fue desterrado de toda la Judea, y vino después a Francia y de aquí a España, y que en Lérida murió infelizmente; y que también Herodías, danzando o saltando sobre el Segre, río de Lérida, helado, miserablemente pereció sumergida en él. Con esta brevedad lo cuenta este autor; pero Niceforo Calixto ya lo dilata y declara más, salvo que calla el río. Dice aquel autor, que había de pasar un río en tiempo de hielo: con seguridad de su dureza, le pasaba a pie, y abriéndose, por permisión celestial, se hundió en él hasta la cabeza, y moviendo lo parte inferior del cuerpo, lacivamente bailaba, no en la tierra, sino en las aguas; y la cabeza malvada, después de atormentada del frío, apartada y cortada del cuerpo, no con hierro, sino con los pedazos del hielo rompido, hizo muestra de aquel mortal baile o mudanza, trayendo a la memoria de todos lo que había hecho y justamente merecido. a algunos ha parecido maravilla que los trozos del quebrado hielo pudiesen cortar la cabeza a la deshonesta bailadora; pero quien ha visto en tiempos de invierno el hielo que baja por aquel río, y la furia con que corre, entenderá que no solo es bastante a cortar una cabeza de un cuerpo humano, mas aún a romper un grueso árbol; y son tan grandes los golpes de estos pedazos del hielo, que hacen estremecer la puente de Lérida cuando dan en ella, como si la hubieran de derribar. Murió asímismo en esta ciudad Herodes, consumido de melancolía y tristeza. a Herodías, su amiga, aún viviendo su amigo Herodes, la usurpó un caballero español y después se la volvió, y a la postre murió infelizmente y vio la muerte de la maldita hija.

martes, 1 de septiembre de 2020

AÑO 1460. 8 DE DICIEMBRE.

AÑO 1460. 


8 DE DICIEMBRE.

Als molt reverend e honorables mossenyors los diputats del General de Cathalunya residents en Barchinona.
Reverend e molt honorables mossenyors. Crehem a noticia vostra es pervengut la detencio feta per la Majestat del Senyor Rey en la persona del Senyor Princep per la cual aquesta cort ha insistit per tots los remeys e mijans de supplicacions quens ha occorregut.
E perque defallint a nosaltres la potestat per la prorrogacio de la dita cort feta pera quinze de janer no havem forma de procehir a altres deliberacions e provisions per les quals se pogues obtenir lo desijat repos del dit cas havem delliberat cometre encarregar e pregar a vosaltres per la occurrencia de tant gran negoci vos placia ajustar consell ab aquell nombre de personas que a vosaltres sera vist en manera per mija de vosaltres e dels congregadors sian trobats tals remeys que concernesquen servey de nostre Senyor Deu e del Senyor Rey e utilitat e repos de la cosa publica (res publica) e tranquillitat de la persona del dit Princep. Perqueus pregam e encarregam molt afectadament queus placia en les dites coses donar presta expedicio axi com lo cas requer. Scrita en lo loch on es convocada la cort en Leyda a cinch dies del mes de deembre any Mil CCCCLX (1460). - La Cort general del Principat de Cathalunya convocada en la ciutat de Leyda a vostra honor.

En cumplimiento de lo prevenido en la carta que antecede, los diputados de Cataluña, que lo eran el abad de Monserrat, el noble Luis de Ivorra, y Miguel Cardona, ciudadano de Barcelona, convocaron para la tarde de dicho día y en la casa de la Diputación a las siguientes personas. - Por el brazo eclesiástico: - El señor obispo de Barcelona, el abad de San Benito de Bages, el abad de Roses, el Prior de Cataluña, maestro Juan Ferrando, prior de Tortosa; el Dean de la Seo, micer Nicolas Pujades, arcediano de la Mar; mosen Bartolomé Regas, micer Agustín de la Illa, mosen Francisco Colom, arcediano del Vallés; micer Dusay, oficial; maestro Juan Cosida, mosen Hugo de Lobets, maestro …. Janer, mosen Juan Sorts, mosen …. Sos, micer Bernardo Matheu, mosen Juan Pintor, fray Pedro Juan Çaplana, comendador de la Guardia. Por el brazo militar: Mosen Dalmacio de Queralt, mosen Martín Guerau de Cruilles, mosen Juan Çabestida, mosen Juan de Monbuy y de Tagamanent, mosen Burgués de Viladecans, mosen Jayme Giner, mosen Galceran Dusay, mosen Bartolomé Santjust, mosen Francisco Miquel de Gerona, mosen Hugo de Vilafrancha, mosen Pedro de Relat, mosen Jordi, baile de Rosellón; mosen Marcos Lor, mosen Gerardo de Clescari, mosen Francisco Çaçala, mosen Guillermo Ramón Dezbrull, menor, mosen Bartolomé Castelló, mosen Francisco Bisbal, mosen Baltasar Romeu, mosen Francisco Jonquers, mosen Pedro Juan Baldrich, En Francisco de Sanmenat, En Artal de Claramunt, En Bernardo de Guimerá, En Juan de Argentona, En Pedro Splugues, En Bernardo Miquel, En Pedro de Rochafort, En Francisco de Monbuy, En Francisco Benito Dezvalls y En Luis Miguel Dezvalls, hermanos.
Por el brazo real: - Por los concelleres de Barcelona, mosen Pedro Torrent, mayor, conceller en cap; mosen Luis Xexanti, conceller segundo, mosen Pedro Dusay, mosen Juan Lull, mosen Bernardo Fivaller, mosen Francisco del Bosch, de Lérida, mosen Jayme Ros, mosen Beltran Dezvalls, mosen Bernardo de Marimont, mosen Guillermo Romeu, mosen Pedro Juan de Santcliment, mosen Antonio Pujades, mosen Pedro Torrent, menor, mosen Francisco Lobets, mosen Guillermo Colom, mosen Beltran Torro, mosen Miguel Dezpla, mosen Juan Boscha, mayor de edad. En Juan Boscha, menor, En Raimundo Ros, En Juan de Mijavila, En Francisco de Millars, de Conflent, Ermant Negre, síndico de Puigcerdá, En Bartolomé Alcover, síndico de Cobliure.
Congregados todos ellos, y con asistencia de los asesores, notario y otros empleados de la Diputación, fueles leída dicha carta, y el abad de Monserrat explicó brevemente su contenido, pidiendo consejo sobre lo que debería hacerse. Discutido el negocio, se acordó lo que sigue:

Tots los dits senyors congregats son concordes que vist lo contengut en la preinserta letra als dits deputats tremesa per la dita cort de Cataluña (con ñ! Alguno se caerá de culo) que han per cert que los dits deputats en virtut de la dita letra e lo contengut en aquella han plen poder de fer les eleccions de persones pera missatgers e consellers e axi ho consellen als dits deputats ço es que ells e los oydors de comptes del dit General elegesquen aquell nombre de persones quels sera vist ab que ni hage de tots los estaments segons es acustumat per missatgers que vajen al Senyor Rey per explicar e supplicar a la sua Majestat tot lo que sera concordat e mes en les instruccions a ells per los diputats e oydors per aço fahedores. E axi mateix tots los dits congregats consellen als dits diputats que ells e los dits oydors elegesquen altre nombre de persones en lo qual ni haja de tots los estaments segons es acustumat per aconsellar als dits diputats e oydors totes les coses quils occorreran per los dits affers de la dita embaxada e altres coses concernents lo dit negoci. E per exequutar la dita embaxada e les altres coses concernents lo dit negoci han per cert poder despendre e aconsellen que despenen dels diners del dit General aquella quantitat de peccunia quels semblara esser necessaria en les dites coses.
Encara tots los dits congregats prometeren e juraren sobre los quatre sants Evangelis per ells tocats que en cas que en la dita cort de Cathalunya se fes algun dubte o contrast en la dita despesa segons dit es fahedora per prossegir les coses de la dita embaxada o altres concernents a aquest negoci que no consentiran ni algu dells consentira en algun acte fahedor en la dita cort desviant o contrari a les dites coses tro a tant que lo dit dubte o contrast sie tolt o levat e la dita despesa e actes per los dits deputats e oydors fets per les dites coses sien admesos lohats e ratificats per la dita cort.

Procedióse seguidamente a la elección de los doce embajadores y veinte y siete consejeros, siendo elegidos para el primer cargo: - El reverendísimo señor arzobispo de Tarragona, el reverendo señor obispo de Barcelona, maestro Ferrando, micer Pintor, egregio señor conde de Prades, mosen Martín Guerau de Cruylles, mosen Montayans, En Francisco de Santmenat, mosen Pedro Torrent, conceller en cap, mosen Bernardo Fivaller, mosen Pedro Juan de Santcliment, y Francisco Sampso, ciudadano de Gerona; y para el segundo: - El reverendo señor abad de San Benito de Bages, el Prior de Cataluña, mosen Bartolomé Regas, mosen el arcediano de la Mar, mosen Fransisco Colom, micer Juan Çaplana, micer Agustín de la Illa, mosen Andrés Sors, canónigos de Barcelona, fray Pedro Juan Çaplana, comendador de la Guardia, conde de Modica, mosen Dalmacio de Queralt, mosen Arnaldo de Vilademany y de Blanes, mosen Juan Çabestida, mosen Marcos Lor, mosen Burgués de Viladecans, Bernardo de Guimerá, Artal de Claramunt, Pedro Splugues, mosen Luis Xatanti, mosen Francisco del Bosch, de Lerida, mosen Pedro Dusay, mosen Jayme Ros, mosen Miguel Dezpla, mosen Francisco Lobet, mosen Guillermo Colom, mosen Pedro Torrent, el joven, mosen Antonio Pujades.

Al abad de Bages y a Arnaldo de Vilademany, que se hallaban ausentes, se les escribió como sigue.

Mossenyer Reverend. Per alguns afers concernents gran benavenir e honor de aquest Principat havem a comunicar ab vos. Pregam e encarregamvos per ço molt stretament que vista la present vingau e siau aci ab nosaltres de continent e sens triga car vostra venguda no sofer dilacio alguna. E sia lo Sant Sperit vostra guarda. Dada en Barchinona a VIIII dies del mes de deembre en lany de la Nativitat de nostre Senyor Mil CCCCLX. - A. P. abbat de Montserrat. - Los diputats del General de Cathalunya residents en Barchinona apparellats a vostra honor. - Al reverend mossenyer labat de Sant Benet de Bages.

En los mismos términos y por igual motivo se escribió también a Guillermo de Muntanyans.

martes, 30 de abril de 2019

LOS HERMANOS ISARRE, EN LA RECONQUISTA DE ALQUÉZAR

2.26. LOS HERMANOS ISARRE, EN LA RECONQUISTA DE ALQUÉZAR (SIGLO XI. ALQUÉZAR)
 
LOS HERMANOS ISARRE,  EN LA RECONQUISTA DE ALQUÉZAR (SIGLO XI. ALQUÉZAR)
Ayuntamiento de Abiego
 
 
Eran los tiempos del rey aragonés Sancho Ramírez, a cuyas órdenes combatían dos hermanos de apellido
Isarre, oriundos de Abiego. Su valor, su destreza con todo tipo de armas y su desprecio al peligro les hicieron famosos, tanto entre los cristianos como entre los musulmanes. Entre estos últimos, el más preocupado era el gobernador de Alquézar, quien temía que llegara el día en que se viera ante ellos y procuró evitarlo a toda costa.
 
Cuando el muslín se enteró que eran de Abiego, población tan cercana a Alquézar y bajo su jurisdicción, intentó que sus padres fueran a residir a la sombra de su castillo, pues era la forma de atraer a sus hijos, pero la estratagema fracasó. Procuró entonces el gobernador que el matrimonio Isarre convenciera a sus hijos para que abandonaran las armas a cambio del dinero suficiente para que les atendieran sin tener que luchar permanentemente para ganarse la vida, pero los ancianos declinaron también cumplir el encargo.

Airado el jefe moro por el desacato sufrido, ordenó que fueran apresados y ahorcados en uno de los
cerros cercanos al pueblo, en el «Tozal de las Forcas» como se le llamaría desde entonces. Pronto supieron los hermanos Isarre la desgracia de sus progenitores y juraron vengarse por ello, llevándoles a solicitar permiso a Sancho Ramírez para atacar la fortaleza de Alquézar.

Aunque el rey aragonés comprendió las razones de sus dos súbditos, les pidió que conservaran la calma de momento, pues no era todavía llegado el instante de acometer la reconquista de plaza tan bien defendida. Antes debían ser tomados otros lugares para evitar que pudieran llegar refuerzos a Alquézar,
como así se hizo de manera calculada. Pronto, no obstante, le tocó la hora a Alquézar y los hermanos Isarre tuvieron la oportunidad de entrar en sus calles el día de su liberación, aunque para entonces el walí yacía muerto. Don Sancho Ramírez, comprensivo, recompensó a los dos hermanos elevándolos a la categoría de infanzones, y, además de dotarles con tierras en su Abiego natal, les concedió el honor de
poder usar escudo de armas, consistente en tres cabezas de moro en triángulo.

 
https://es.wikipedia.org/wiki/Abiego


Abiego es un municipio español de la comarca Somontano de Barbastro, provincia de Huesca, Aragón. Está situado parte en llano y parte en la pendiente de una colina, a la izquierda del río Alcanadre, dista de Huesca 35 km.

Parte de su término municipal está ocupado por el Parque natural de la Sierra y los Cañones de Guara.

Su nombre, Al-Byego deriva del castillo musulmán que dominaba la comarca de la Barbitania.
Del rey con tenentes desde 1101 hasta abril de 1181 (UBIETO ARTETA, Los Tenentes, p. 123)
El 28 de junio de 1322 el rey Jaime II de Aragón entregó el castillo y villa de Abiego a Sibila de Antillón para que lo tuviese toda su vida y después de su muerte, hasta que se le saldase la deuda de 7.000 maravedís (SINUÉS, nº. 1)
1960 - 1970 se le incorpora Alberuela de la Liena.
En 1977 se inaugura la pavimentación de todas las calles, colocación de aceras en las carreteras, construcción en la plaza del Val de un complejo recreativo con pista de baile y local-bar
En 1979 se hicieron mejoras municipales y adaptación de las vías para el tráfico
En 1981 se inauguró la nueva Casa Consistorial.


Parroquia Colegiata dedicada a Santa María la Mayor (Siglo XVI. Gótico rural tardío aragonés)
nave única, con planta de cruz latina, con un bonito retablo del siglo XVI representando a San Miguel
La portada y el atrio son de estilo plateresco
Ermita de Santo Domingo de Silos
Ermita de San Sebastián
Convento de San Joaquín (siglo XVIII)
único de estilo colonial en Aragón


Monumento al Siglo XX, de Ulrich Rückriem
serie de piedras de granito montadas sin un orden determinado pero en equilibrio con el entorno
Fuente pública con el abrevadero y lavadero, construido en el Siglo XVIII con tres caños, cada uno en la boca de tres leones esculpidos.
La Torreta
torre de vigilancia árabe
Puente medieval (antiguamente llamado puente romano) sobre el río Alcanadre con un solo arco de medio punto. 
Unía Abiego con Junzano
Piscina natural que se forma alrededor del resto del muro perteneciente a la presa que movía el antiguo molino de agua
Puente de Las aguas
Casa Blecua, Aniés, Paul, Guarga, Isarre o Del Río
arquitectura popular de esta población, con los escudos de las familias infanzonas de la villa (Aniés, Blecua, Cabrero, Juste, Paúl, etc.)


Puente de la Famiñosa sobre el río Alcanadre
Puente de la Famiñosa sobre el río Alcanadre


El río Alcanadre en este tramo de Abiego posee un coto de pesca con abundante trucha común.
Población por la que circula el Gran Recorrido; GR 45 Senderos del Somontano.