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lunes, 22 de junio de 2020

232. LA MORA QUE ACUDIÓ A LA VIRGEN DE SALAS (SIGLO XIII. HUESCA)

232. LA MORA QUE ACUDIÓ A LA VIRGEN DE SALAS
(SIGLO XIII. HUESCA)

232. LA MORA QUE ACUDIÓ A LA VIRGEN DE SALAS  (SIGLO XIII. HUESCA)


En Borja, como en tantos otros lugares de Aragón, convivieron cristianos y moros tras la reconquista. Cada comunidad tenía, como es lógico, sus propias costumbres y tradiciones fruto de la distinta concepción de la vida y de la muerte, mas, con la excepción de aislados y contados casos, la coexistencia solía ser pacífica y el trato entre unos y otros natural.

En el seno de la comunidad mudéjar de Borja, una madre vio cómo su hijo de corta edad enfermaba, sin que los físicos o médicos borjanos ni de los pueblos de alrededor hallaran remedio a su mal. La salud del niño fue agravándose poco a poco hasta acabar muriendo. Es de imaginar el desconsuelo de la madre y las escenas de dolor inmenso a que el fatal desenlace dio lugar.

La desconsolada mora borjana, en sus constantes idas y venidas diarias a la fuente, había oído a unas amigas cristianas que existía en las afueras de la ciudad de Huesca una imagen milagrosa de la Virgen de la que contaban historias inverosímiles. Las amigas las llamaban milagros y, aunque la agarena no entendía cómo pudiera ser posible aquellos hechos tan fantásticos, decidió llevar a su hijo muerto hasta Huesca para pedir por él a la Virgen de sus amigas.

Cuando con cierto recelo les contó a sus vecinas musulmanas qué era lo que pretendía hacer, oyóse de todo, pero no cejó en su empeño y se encaminó a Huesca, mejor dicho, a las afueras de Huesca, puesto que la ermita de la Virgen estaba situada en las huertas aledañas a la ciudad. Allí supo que se llamaba Nuestra Señora de Salas.

Tras un penoso viaje, llegó al santuario oscense y rogó a la Virgen por su hijo muerto desde su fe distinta, pero con el corazón limpio y fue escuchada. El pequeño morico jugaba ya antes de que la madre saliera del templo.
Volvió a Borja y narró en la fuente todo lo que había sucedido mientras el niño correteaba con otros niños. Sus vecinas moras callaron, pero jamás le perdonaron. No se hizo por aquello cristiana, pero desde entonces comprendió que sentía lo que las madres cristianas sentían.

[Aguado Bleye, Pedro, Santa María de Salas en el siglo XIII, pág. 119.]


"La celebración del voto a la Inmaculada Concepción en oficio del TOTA PULCHRA se celebra anualmente en Huesca el 7 de diciembre, vigilia de la festividad católica de la Inmaculada Concepción, con la participación de tres instituciones: la académica, heredera de la Universidad de Huesca, representada por el Claustro del Profesorado del Instituto de Enseñanza Secundaria Ramón y Cajal, la municipal, representada por el Ayuntamiento de Huesca y la eclesiástica, a través del Cabildo Catedralicio, que incorpora un ritual específico en cuanto a procedimiento, usos, intervenciones musicales y de patrimonio mueble, renovado y adaptado al paso de los tiempos. La Ceremonia del Tota Pulchra está protegida por el Gobierno de Aragón como Bien de Interés Cultural Inmaterial con carácter provisional mediante la incoación del procedimiento correspondiente, en fase de exposición pública" Información tomada del programa "LUMEN AD CIVITATEM", la ceremonia del Tota Pulchra y la exposición sobre la misma a desarrollar en la catedral de Huesca del 2 de diciembre de 2013 al 22 de enero de 2014.


http://www.romanicoaragones.com/3-Somontano/990393-HU-Salas.htm


La talla del siglo XIII de la Virgen de Salas se halla expuesta en la sala de orfebrería en la que se muestran algunos otros objetos procedentes de ese santuario acompañando al magnífico frontal que se expone allí de modo permanente. La talla de la Virgen de Salas procede de la localidad de Salas Altas próxima a Barbastro, según relato del S. XVIII de F. Roque Alberto Faci: "...La de Salas, que como huésped de este santuario, está en el nicho principal de su altar, cediéndosele la de la Huerta. Dejó milagrosamente el altar que tenía en el lugar de Salas Altas, pueblo vecino a la ciudad de Barbastro, y por ministerio de Ángeles fue traída a dicha iglesia. La causa porque dicha imagen dejó a Salas Altas, no se sabe, pero si que los de Salas Altas pidieron dicha imágen hallándola menos, y el señor Obispo de Huesca y esta Ciudad, se la negaron, celebrando el favor de esta Reina Soberana en dignarse venir a este templo. Por la venida de Nuestra Señora de Salas se mudó el nombre de Santuario de Huerta, en Salas y desde ese tiempo se llamó Nª Sª de Salas. No se sabe el año cierto de este suceso; pero es seguro fue antes del año 1200, en el cual por el suceso milagroso de la Traslación prodigiosa de Nª Sª de Salas a este Santuario, lo dotó, benefició y reedificó la Reyna Doña Sancha; madre del Rey Don Pedro II y abuela de Don Jaime de Aragón y fundadora del real Monasterio de Sigena." (Texto tomado de J. L. Aramendía). Alfonso X "El Sabio", rey de León y Castilla (1252-1284) le dedicó nada menos que diecisiete de sus cantigas ( Las número 43, 44, 109, 114, 129, 161, 163, 164, 166, 167, 168, 171, 172, 173, 189 y 247); siendo la Virgen a la que más cantigas dedicó y la única aragonesa. Aramendía transcribe la cantiga 164 que justifica su pálido color en relación con un episodio de acusación a su prior de batir moneda falsa. Fue detenido por los soldados del infante Fernando abad de Montearagón cuando se había refugiado en su cementerio: "La virgen dio entonces un gran grito que hizo temblar la Tierra, apartó de si a su Hijo y perdió el color y la hermosura. El infante abad, arrepentido de la violación del asilo sagrado, dio libertad al prior y por consejo del obispo de Huesca, que le reprendió el hecho, entró en la iglesia con su gente, todos con dogales al cuello, para desagraviar a Santa María. La imagen, para demostrar que les perdonaba, acercó a si a su Hijo, pero nunca volvió a recobrar el color perdido". En las sucesivas imágenes muestro tomas generales de la talla, así como primeros planos de las caras de la Virgen y del Niño. También detalles interesantes como el cinturón de la Virgen, la decoración de su escabel o la oquedad que forma el manto de la Virgen junto a su brazo derecho, típica según relata Domingo Buesa de las "Vírgenes-Manto" aragonesas. Tanto la presencia del manto, como el escabel oscense o la corona decorada con palmetas certifican según Buesa, la iconología del siglo XIII de esta Virgen-Ternura o Virgen-Sustentante.

domingo, 14 de junio de 2020

204. LA MORA ENCANTADA DE SALLAÓN


204. LA MORA ENCANTADA DE SALLAÓN (SIGLO XIV. EL GRADO)

El agua del actual embalse de El Grado esconde un fondo bastante rugoso y accidentado. Entre los collados y alcores que hoy están ocultos a los ojos, existía uno llamado «Sallaón» cuyo significado explicaba la gente como deformación de la frase «¿en sale aún?», porque en tiempos, cuando el río Cinca y sus arroyuelos afluentes se secaban con el estío, los varios manaderos existentes en este paraje daban agua a todos los pueblos de los alrededores, que acudían allí con sus cántaros en permanente procesión. Dado el rigor de la canícula, quienes llegaban al paraje temerosos de que el agua hubiera dejado de manar preguntaban a los que regresaban o estaban aún llenando sus cántaros: «¿en sale aún?», o sea, «salaón», es decir,
«Sallaón».
Pues bien, en Sallaón, además de los pozos de agua clara y fresca que daban de beber a los pueblos del contorno, abrían sus fauces varias cuevas, entre las cuales destacaba una que, aunque no tenía la boca o entrada muy grande, era profunda, muy oscura y ramificada por dentro. En esta cueva misteriosa, vivía una mora encantada que, conservándose siempre eternamente joven, permanecía allí a pesar de que sus correligionarios habían abandonado el lugar bastantes lustros antes.
En torno a la mora encantada, en la que jamás dejaba huella alguna el paso del tiempo, correteaban juguetones siete traviesos moricos, tal vez hijos de aquel hombre cristiano que un día pasó por delante de la cueva buscando unos hatos de leña y no regresó nunca con los suyos, enamorado y encantado por la agarena. Madre e hijos se escondían siempre de la luz del día, y sólo se les podía ver, mejor intuir, desde lejos, cuando, en cada ocaso, las sombras de los picachos circundantes descendían lentamente por la ladera de Sallaón.
Lo cierto es que cada nuevo amanecer, los pozos siempre estaban limpios y arreglados sus accesos. Sin duda alguna, el padre cristiano de los moricos traviesos, enamorado eternamente de la hermosa mora, decidió quedarse con ella y regalar, a su vez, a las gentes cristianas y sencillas del contorno el cuidado de los manaderos.
[Datos proporcionados por Rosario Tobeña Arasanz, de El Grado. Colegio «San Vicente de Paúl».Barbastro.]

204. LA MORA ENCANTADA DE SALLAÓN