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martes, 23 de junio de 2020

286. VICENTE FERRER PREDICA EN CALATAYUD


286. VICENTE FERRER PREDICA EN CALATAYUD (SIGLO XV. CALATAYUD)

286. VICENTE FERRER PREDICA EN CALATAYUD (SIGLO XV. CALATAYUD)


Aquella no era la primera vez que el dominico valenciano Vicente Ferrer iba a predicar en la ciudad de Calatayud, población en la que tenía verdaderos y numerosos adeptos entre los cristianos. Hay tradición de que en las ocasiones precedentes, buscando un espacio adecuado para que cupieran todos cuantos querían oírle, se había tenido que dirigir a los fieles en cuatro lugares distintos al menos, pues como la gente anhelaba escucharle no cabía ni en las iglesias ni en la plaza del Mercado.

Con estos antecedentes, en la presente ocasión se precisaba un lugar mucho más capaz, por lo que para evitar posibles problemas de aglomeración las autoridades pensaron en habilitar los cerros inmediatos que se elevan en los extremos de la población, uno tras la puerta llamada de Zaragoza y otro más allá de la Peña.

Trabajaron en el acondicionamiento del lugar elegido varios hombres y se preparó cuanto mejor se pudo el cerro cercano a la puerta de Zaragoza. Bastante antes de que llegara el momento señalado, que había sido anunciado por los alguaciles por toda la ciudad, los fieles fueron ocupando las laderas del cerro, pero su pendiente hacía sumamente peligroso el lugar. Solventados los problemas como mejor se pudo comenzó la plática.

Cuando había transcurrido un rato sin incidentes dignos de mención, un muchacho cayó despeñado desde lo alto del cerro. La altura era tan considerable que todos los asistentes contaron con la muerte segura del infortunado, así es que se aprestaron a bajar para recoger su cadáver. Pero aún no habían comenzado el arriesgado descenso cuando vieron con asombro que el joven se levantó sano y salvo, sin ninguna magulladura ni rotura, como si nada hubiera ocurrido, intentando volver a subir al mismo lugar de donde cayera.

No lo pudieron evitar y todos volvieron enseguida sus admiradas miradas hacia el fraile que tenían delante de sus ojos, convencidos de que gozaba de poderes extraordinarios como para haber salvado a aquel muchacho de una muerte segura. La plática continuó.

[Fuente, Vicente de la, Historia de Calatayud, págs. 287-288.]

viernes, 22 de noviembre de 2019

EL PORTAL DE LA TRAICIÓN


178. EL PORTAL DE LA TRAICIÓN (SIGLO XIV. TERUEL)

EL PORTAL DE LA TRAICIÓN (SIGLO XIV. TERUEL)


Durante la «guerra de los dos Pedros», una buena parte de las actuales tierras de Teruel cayeron en manos de Pedro I de Castilla. En 1362, llegaba a la ciudad del Turia la noticia de la pérdida de Calatayud por parte de Pedro IV, rey de Aragón, pero los turolenses no dieron mayor importancia a este hecho, que consideraron como un incidente fronterizo más, y confiaban que el ejército castellano sería detenido en Daroca como había ocurrido en otras ocasiones.

Pero las noticias eran cada vez más alarmantes. En Cariñena, sus habitantes habían sido degollados. En Báguena, su alcaide, Miguel de Bernabé, moría abrasado voluntariamente antes que entregar el castillo. Bueña sufría suerte parecida. Las tropas castellanas se acercaban a Teruel y la ciudad se preparó ahora para su defensa. Cada hombre ocupó su sitio en la muralla.

El sitio comenzó el día de san Marcos de 1363, reuniendo los castellanos sus mayores efectivos ante la puerta de Zaragoza. Pronto comenzaron a lanzar enormes piedras con sus máquinas de guerra, intentando, sobre todo, intimidar a la población, en espera de que se rindiera a causa del pánico. El sitio duró nueve días, y fueron derrumbadas muchascasas mientras morían muchos defensores.

Pronto comenzaron a lanzar enormes piedras con sus máquinas de guerra


Entre tanto, el juez de Teruel, temiendo una muerte cruenta, entró en conversaciones con los sitiadores, a quienes abrió un pequeño portillo de la muralla, desde entonces y hasta ahora conocido como el «Portal de la Traición». Pedro I entró por él en la ciudad, en lugar de hacerlo por la puerta principal, la de Zaragoza, delatando así al traidor. Durante casi tres años los castellanos ocuparon la ciudad.

Pedro IV, encolerizado por lo sucedido, abolió los fueros de la ciudad hasta que, una vez recuperada, y ante las súplicas de la población, que nada había tenido que ver con la traición, indultó a Teruel y le devolvió y confirmó sus fueros, una vez que los ejércitos castellanos, tras arrasarla, habían abandonado la ciudad.

El juez traidor no pudo ser castigado por haber huido, pero su nombre fue borrado de todas las crónicas y documentos, para que la historia lo ignorara para siempre.

[Andrés, Federico, «Tradiciones turolenses», Heraldo de Teruel, 11 (1896), 81-86;
«El Portal de la Traición», Miscelánea Turolense, 20 (1896), 386-387. Caruana, Jaime de, Relatos y tradiciones de Teruel, págs. 81-86.]