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martes, 24 de diciembre de 2019

LXXX , perg 282, 1154


LXXX
Perg. N° 282. Año 1154.

In nomine domini nostri lhesu Christi. Ego Sancius Dei gratia pampilonensium rex facio hanc cartam donacionis et confirmacionis vobis don Ezo. Placuit michi libenti animo et spontanea voluntate propter multa bona servicia que michi fecistis et cotidie facitis dono vobis et concedo per ereditatem Patirella cum toto suo termino castellum et villam homnia quantum ibi pertinere debet in eremo et in populato scilicet cum montibus cum rivis cum pascuis cum molendinis cum suas aquas cum suas intratas et cum suas exitas hoc donum sicut superius scriptum est abeatis et possideatis vos et filii vestri et homnis jeneracio vel posteritas vestra salva et franca et libera et injenua per vendere et per donare et per impignorare et per facere inde homnem vestram voluntatem per secula cuncta salva mea fidelitate et de homni mea posteritate per secula cuncta. - Signum regis + Sancii. Facta carta in villa que vocatur Tutela era MCLXXXXII regnante me Dei gracia rex in Pampilona et in Alaba et in Bizcaja et in Ipuzca. Episcopus Lupus in Pampilona. Guillem Azuarez in Sangossa. Martini de Lefet in Petra-alta. Semen Aznarez in Tafalla don Rodrigo in Estella et in Tutela don Gunzalbo in Abblitas don Enneco in Funes don Azar in Balterra. Testes don Petro de Arazuri don Elias Johannes scrivano.

Nota: rex in Pampilona et in Alaba et in Bizcaja et in Ipuzca: rey en Pamplona (reino de Pamplona se llamaba antes que reino de Navarra, Eruna y variantes la ciudad de Pamplona) y en (paísvasco, Euskadi) Álava y en Vizcaya y en Guipúzcoa.
Sangossa : Sangüesa ?
Tutela : Tudela. T -> d, frecuente.
Abblitas ?:
Balterra:
Valterra, Valtierra, etc.
Arazuri, Petro de, qué raro que no se llamase Iñaki (Íñigo, Ignacio, Ignatius, Enneco).

miércoles, 3 de julio de 2019

APARICIÓN DE UN FALSO ALFONSO I


113. APARICIÓN DE UN FALSO ALFONSO I (SIGLO XII. ZARAGOZA)

Corrían tiempos en los que el reino de Aragón se hallaba inmerso en una pacífica minoría de edad de su rey Alfonso II, tutelado por su madre doña Petronila —la hija del rey monje—, cuando un hecho verdaderamente singular vino a turbar ese sosiego sobre todo entre el pueblo, por otra parte bastante crédulo y ávido de noticias sobre los componentes de la monarquía, institución siempre algo distante e inaccesible.

Lo cierto es que poco a poco se fue corriendo la desconcertante noticia de que Alfonso I el Batallador —que para todo el mundo había fallecido tras la triste derrota de Fraga ante los musulmanes— no sólo estaba vivo sino que había sido visto en público en repetidas ocasiones y en lugares diversos. En efecto, un hombre desconocido comenzó a aparecer a los ojos de todos diciendo que era el mismísimo Batallador.

Entre el pueblo hubo quienes, por razones e intereses muy diversos, quisieron dar crédito a un personaje que, con ciertos artificios, logró algunos adeptos. Como la memoria del añorado Batallador era todavía venerada entre los aragoneses, sobre todo entre los más ancianos, todos quisieron ver en él a aquel que decía ser, máxime cuando era capaz de hablar de hechos concretos y hazañas que los oyentes recordaban perfectamente e incluso dar razones convincentes de ciertos linajes y familias.

Sin embargo, entre los seniores y ricos hombres nadie creía que aquel anciano pudiera ser el mismo Batallador, por mucho que quisiera justificar su ausencia del reino por haber marchado a Asia como peregrino, interviniendo allí en múltiples batallas contra los turcos. Buena parte de esta nobleza, sobre todo la que estaba más próxima al palacio real, instó a que doña Petronila pusiera fin a aquella situación, propicia para quienes deseaban nuevas alteraciones de las que sacar provecho.

Habiéndose llegado a originar ya algunos disturbios, y hallándose en Zaragoza doña Petronila y su hijo, que pronto sería Alfonso II, ciudad donde el eco era mayor, se ordenó prender al impostor, que acabó siendo ahorcado, con lo cual de nuevo llegó el sosiego necesario.

se ordenó prender al impostor, que acabó siendo ahorcado
lacito amarillo

[Zurita, Jerónimo, Anales de la Corona de Aragón, libro II, págs. 71-73.
Ubieto, Antonio, «La aparición del falso Alfonso I...»,
Argensola, 33 (1958), 29-33.
Balaguer, Federico, «Alusiones de los trovadores al pseudo Alfonso el Batallador», Argensola, 33 (1959), 39-47.]