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lunes, 13 de julio de 2020

CAPÍTULO XLVIII.


CAPÍTULO XLVIII.

De Armengol, el Peregrino, quinto conde de Urgel.

Aunque vivió veinte y ocho años el conde Armengol poseyendo su condado, hay tan poca noticia de sus hechos, que con pocas líneas serán dichos. Era de poca edad cuando le murió su padre, pero no de poco valor y ánimo, y en toda su vida jamás se le osaron a atrever los moros, antes siempre los tuvo oprimidos y humillados, y jamás tomaron armas contra de él ni de sus tierras. Muy al revés pasaban las cosas de Ramón Berenguer, su primo, conde de Barcelona, porque se le desmandaron tanto, que llegaron hasta el río Llobregat, haciendo daños notables en el Panadés.
Arnaldo Miron de Tost, que fue el primer vizconde de Ager de quien se tiene noticia, hacía grandes daños en los moros, y les sacó de toda la valle de Ager y vecindad de ella; y porque le venía muy al propósito para sus conquistas el castillo de Montangó, que era del condado de Urgel, lo compró al conde por mil sueldos, y se lo vende con los mismos términos que tenía en tiempo del conde Borrell, que eran: ab oriente in flumine Seger vel
in termino de Tosto vel in Susagarro, de meridie in Prada vel in Pino-leto, de occiduo in Forcats, de parte vero circii in ipsa Serra vel in Stablello, et descendit per ipsam Contrella et ascendit per ipsam aecclesiam sancti Hilarii et descendit usque in flumen Seger (metátesis: Segre). Fue esta venta en el año 34 del rey Roberto, que es el de Cristo 1030. Asímismo, por hallar iguales conveniencias, el castillo de Lordano o de Jerda, que era en el condado de Urgel, lo compró por precio de dos mil sueldos al conde y a doña Constanza, su mujer, a quienes expectaba por sucesión del conde Borrell, y a la condesa por suum decimum, que era cierto derecho que competía a las mujeres en los bienes de los maridos, según las leyes góticas, de las cuales aún quedaba alguna observancia en Cataluña; y designándole, dice ser in comitatu Orgelli, et afrontat á parte oriente in termino de Torravallo, et de meridie in Chova.... et de occiduo in termino de Chonchas; a parte vero circii in termino de Abbelia, (Abella) y con pacto ut teneatis vos et posteritas vestra in subditione nostra et posteritas nostra; con el cual auto se prueban los límites del condado de Urgel y cuán extendido estaba en estos tiempos en la parte de tramontana. Es la data de esta venta a 2 de las calendas de febrero del año segundo del rey Enrique, que es el de 1032 de Cristo señor nuestro, y se conserva original en el núm. 80 del armario 16 del real Archivo de Barcelona.
El sosiego de que gozaba el de Urgel en sus tierras le dio lugar de pasar a servir a los reyes de Francia, Lotario y Enrique, sus deudos: después fue en peregrinación a la ciudad santa de Jerusalén, devoción muy grande y usada en estos tiempos, y allí murió y fue sepultado, de donde le quedó el nombre de Peregrino, por haber muerto en esta santa y pía devoción.
Murió en el año 1038; casó con Constanza, que por otro nombre llamaron Velasquita, y de ella tuvo un hijo de su mismo nombre.

domingo, 21 de junio de 2020

216. LA CONVERSIÓN DE LOS JUDÍOS DAROCENSES (SIGLO XV. DAROCA)


216. LA CONVERSIÓN DE LOS JUDÍOS DAROCENSES (SIGLO XV. DAROCA)

Discurría un día del mes de junio de 1444. La fama de los Corporales era ya tal que el Papa había concedido un jubileo, que fue pregonado a los cuatro vientos, tanto que a Daroca llegaron gentes de todo el mundo. Había cristianos, moros y judíos; gentes sencillas y guerreros; reyes, prelados, caballeros...
Las calles eran un auténtico hervidero, un constante ir y venir.

Aquel día llegó también un enigmático peregrino, que logró hospedaje en la casa de una linajuda familia darocense, la del barón Francisco de Ezpeleta. En sus estancias, reinaba la alegría, pero la dueña de la casa, al ver al joven romero, que estaba totalmente callado, quedó entristecida dado el parecido que el muchacho tenía con su hijo desaparecido. Notaron sus huéspedes el cambio de humor de la dueña de la casa e inquirieron el porqué. Contó la dueña cómo su hijo —enamorado de la hija de un potentado judío, llamado Manasés y no pudiendo soportar el confinamiento y la muerte de ésta por su padre— mató al joven hebreo que deseaba casarse con ella, por lo que tuvo que huir. Ahora, el joven romero que se hospedaba en su casa, que permanecía en silencio, le recordaba a su hijo Alvarado. Todos volvieron los ojos hacia él, pero el peregrino siguió callado.
Francisco de Ezpeleta, para romper la tensión creada, invitó a todos a salir a la calle y escuchar la palabra del fraile Vicente Ferrer, en una de sus múltiples intervenciones para tratar de atraer a los judíos al cristianismo. En la plaza, la voz majestuosa y los argumentos del dominico valenciano lograron que ciento diez judíos solicitaran la conversión, destacando entre ellos Manasés.

Naturalmente, cuando regresaron todos a casa, todo lo visto y oído fue objeto de nueva y animada conversación. Más que nunca la anciana y el barón estaban pendientes del peregrino, cada vez más triste, tanto que no pasó desapercibido para todos los demás. Le invitaron a hablar, y el joven, entre lloroso y emocionado, se confesó ser un gran pecador. Poco a poco fue contando la historia de la bella hebrea muerta por su padre, el asesinato de su rival y su huida y peregrinar como romero.

Alvarado se abrazó a su madre y todos celebraron el reencuentro.

[Beltrán, José, «Los cien mil peregrinos», en Tradiciones y leyendas..., págs. 105-113.]

miércoles, 3 de julio de 2019

APARICIÓN DE UN FALSO ALFONSO I


113. APARICIÓN DE UN FALSO ALFONSO I (SIGLO XII. ZARAGOZA)

Corrían tiempos en los que el reino de Aragón se hallaba inmerso en una pacífica minoría de edad de su rey Alfonso II, tutelado por su madre doña Petronila —la hija del rey monje—, cuando un hecho verdaderamente singular vino a turbar ese sosiego sobre todo entre el pueblo, por otra parte bastante crédulo y ávido de noticias sobre los componentes de la monarquía, institución siempre algo distante e inaccesible.

Lo cierto es que poco a poco se fue corriendo la desconcertante noticia de que Alfonso I el Batallador —que para todo el mundo había fallecido tras la triste derrota de Fraga ante los musulmanes— no sólo estaba vivo sino que había sido visto en público en repetidas ocasiones y en lugares diversos. En efecto, un hombre desconocido comenzó a aparecer a los ojos de todos diciendo que era el mismísimo Batallador.

Entre el pueblo hubo quienes, por razones e intereses muy diversos, quisieron dar crédito a un personaje que, con ciertos artificios, logró algunos adeptos. Como la memoria del añorado Batallador era todavía venerada entre los aragoneses, sobre todo entre los más ancianos, todos quisieron ver en él a aquel que decía ser, máxime cuando era capaz de hablar de hechos concretos y hazañas que los oyentes recordaban perfectamente e incluso dar razones convincentes de ciertos linajes y familias.

Sin embargo, entre los seniores y ricos hombres nadie creía que aquel anciano pudiera ser el mismo Batallador, por mucho que quisiera justificar su ausencia del reino por haber marchado a Asia como peregrino, interviniendo allí en múltiples batallas contra los turcos. Buena parte de esta nobleza, sobre todo la que estaba más próxima al palacio real, instó a que doña Petronila pusiera fin a aquella situación, propicia para quienes deseaban nuevas alteraciones de las que sacar provecho.

Habiéndose llegado a originar ya algunos disturbios, y hallándose en Zaragoza doña Petronila y su hijo, que pronto sería Alfonso II, ciudad donde el eco era mayor, se ordenó prender al impostor, que acabó siendo ahorcado, con lo cual de nuevo llegó el sosiego necesario.

se ordenó prender al impostor, que acabó siendo ahorcado
lacito amarillo

[Zurita, Jerónimo, Anales de la Corona de Aragón, libro II, págs. 71-73.
Ubieto, Antonio, «La aparición del falso Alfonso I...»,
Argensola, 33 (1958), 29-33.
Balaguer, Federico, «Alusiones de los trovadores al pseudo Alfonso el Batallador», Argensola, 33 (1959), 39-47.]