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sábado, 29 de febrero de 2020

CI, legajo cartas reales, 89, 12 junio 1359

CI.
Leg. de cartas reales. Núm. 89. 12 jun. 1359.

(Nota: Aragon aparece sin tilde, como todas las demás palabras del texto, lo dejo como Aragón con tilde).

Don Pedro por la gracia de Dios rey de Castiella de Toledo de Leon de Gallisia de Sevilla de Murcia de Jahen del Algarbe de Algecira e senyor de Molina. A todos los conceios alcailles jurados jueses justicias meerinos alguaciles et otros oficiales de todas las çibdades et villas et lugares de mios regnos asi a los que agora son como a los que seran daqui adelante o a qualquier o a qualesquier de vos que esta mi carta fuere mostrada o el traslado della signado de escrivano publico sacado con autoridad o de juez de alcaille salud et gracia. Sepades que en las posturas o avenencias que fueron fechas entre mi et el rey de Aragon que se firmaron en quatro dias del mes de octubre que agora paso de la era de mill et trescientos et noventa annos se contiene que yo ni el non consintiesemos dende adelante acoger ni mantener en los nuestros regnos et senyorios ninguno que dende adelante fuese dado por alguno de nos por traidor o por alevoso o por fechor de algun maleficio e si alguno lo tomase que lo mandase prender et entregar al rey que lo dese por traydor o por alevoso o por fechor de maleficio seyendo dello segurado. Otrosi que non consintiese acoger ni mantener el rey de Aragón en sus regnos et senyorio ninguno ni ningunos de los que yo havia dado fasta aqui por traidores que eran en el mio senyorio o en otra parte fuera del regno de Aragón et en qualquier otro regno o tierra que fuesen et si entrase de aqui adelante en Aragón que los mandase prender el rey de Aragón et entregarlos a mi seyendo dello segurado. Otrosi que yo non consintiese acoger ni mantener en los mios regnos et senyorio a ninguno ni ningunos de los que fueran dados fasta el dicho dia por traidores por el rey de Aragón que eran en el senyorio del rey de Aragón o en otra parte del regno de Castiella o en qualquier otro regno o tierra que fuese: et si y entrasen dende adelante que los mandase prender et entregar al rey de Aragón enviandome requerir dello segunt que mas cumplido uviere e en las dichas posturas et avenencias se contiene.
Et agora el dicho rey de Aragón enviome rogar quel mandase dar mis cartas para vos en esta razon salvo contra aquellos que estavan al dicho tiempo en que se firmaron las dichas avenencias o estuvieron despues o estan con la reyna donna Leonor mi tia o con los infantes sus fios o con alguno dellos fuera del senyorio de Aragón o con ellos o sin ellos en Albarrazin o en Orihuela o en Alacante o en Guardamar o en Elche o en Crevillen o en Valdaiosa o en qualquier lugar que los dichos infantes o alguno dellos an de Sexona adelante contra el regno de Murcia o en sus terminos de cada uno destos lugares. Et yo por guardar la amistat et las posturas et avenencias que se fizieron entre mi et el dicho rey en esta razon tengolo por bien. Porque vos mando vista esta mi carta o el traslado della signado como dicho es a cada uno de vos que cada que fueredes requeridos de parte del dicho rey de Aragón o de sus oficiales en razon de los quel dicho rey dio desdel dicho dia que fueron firmadas las dichas avenencias o diere por traidores o alevosos o por malfechor por si o por sus oficiales de algun maleficio o malfectura segunt que en las dichas posturas et avenencias se contiene como dicho es que los dedes et entreguedes luego a quien el dicho rey de Aragón o sus oficiales vos enbien requerir sobresta razon et non gelos enbarguedes ni comtralledes. E otrosi si alguno o algunos de los que el dicho rey de Aragón dio por traidores ante del dicho dia que se firmaron las dichas avenencias et a ese tiempo non eran en el mi senyorio et agora estan y et fueredes requeridos como dicho es: mandovos que gelos entreguedes pero que non entreguedes alguno ni algunos de los que estavan en el dicho tiempo que se firmaron las dichas avenencias o estuvieron despues o estan con la dicha regna donna Leonor o con los infantes sus fijos fuera del senyorio de Aragón o con ellos o sin ellos en los dichos lugares et en sus terminos como dicho es. E si los que esto ovieren de veer por el dicho rey de Aragón o por sus officiales que vos vinieren requerir sobresta razon vos dixieren que era mester conpanyias de pie o de cavallo para que vayan con ellos et con los que levaren para que los pongan en salvo de un logar en otro fasta en el senyorio del dicho rey de Aragón: que les dedes companyias de pie o de cavallo las que ovieren mester para que vayan con ellos de un lugar a otro et los pongan en salvo en el senyorio del dicho rey de Aragon como dicho es dando ellos a los que para esto les daredes la costa ajustada: et non fagades ende al por ninguna manera so pena de la mi merced et de seiscientos maravediz d .... a cada uno de vos. Et de como esta mi carta vos fuere mostrada et la cumplieredes mando a qualquier escrivan publico que por esto fuere llamado que de ende al que vos la mostrare testifique signando con su signo para que yo sepa en como conplides nuestro mandado et non faga ende al so la dicha pena la carta leyda ....
Dada en Valladolit dose dias de junyo era de mill et trescientos et noventa et VII. - Yo Diego Ferrandez la fiz escrivir por mandado del rey. - Alvar Ferrandez. - Esta signada y sellada en su dorso con las armas de Leon y Castilla.


Pedro I el Cruel, Castilla, León, etc.


cii-reg-1081-fol-1-2-diciembre-1368

jueves, 29 de julio de 2021

XII, LA MORT DE SANT PAU.

XII

LA
MORT DE SANT PAU.



Ego enim jam delibor, et
tempus resolutionis meae instat.
Bonum
certamen certavi,
cursum consummavi.
(Ad Tim cap. IV.)







Al
peu del Capitoli, que domina
De la reyna del Tíber los palaus,
En
mig de cendres y de greu ruína,
Se descubreix la carçre
Mamertina,
Últim alberch de presoners y esclaus.



Les
cendres y les ruines qu´estremexen
Los vents al devallar del
Apení,
Son los casals antichs que no existexen,
Son los vells
caserius que desparexen
Perque Céssar Neron ho mana axí.







XII
LA
MUERTE DE SAN PABLO.



Al
pié del Capitolio, que señorea los palacios de la reina del Tíber,
entre escombros y montones de cenizas, se descubre la cárcel
Mamertina, último asilo de prisioneros y de esclavos.



Las
cenizas y las ruinas, que el viento sacude al bajar del Apenino, son
las antiguas (la i no se ve) casas solariegas, que han sido
derribadas por el fuego; son los viejos caseríos, que desaparecen,
porque César Neron lo manda.




Roma
sotsmesa baix d´un jou de ferra,
No té un cor que renegui dels
tyrans;
Roma envilida dins lo fanch y l´erra
Declara als bons
inacabable guerra,
Y llepa´l fuet que brandan los vilans.



¡Als
bons!... Dins exa carçre malanada,
Dins exa cova que l´Imperi

Pera guardar sa vída assegurada,
Espera ´l sol de la
derrera diada
Un home just, un defensor del bé.



Es
un valent que de llunyana platja
N´es vingut contra´ls vicis á
lluytar,
Pero de Roma el gobernant selvatje
No comprèn d´eix
soldat lo pur llenguatje,
Y ordres dona per ferlo degollar.



Es
lo Apòstol de Crist, qu´ha corregudes
Les nacions y provincies
infidels
Per l´espasa romana combatudes,
Y á ses gents sota
del pecat segudes
Ha duyt la creencia y lo perdó dels cels.



Y
ara del bé qu´ha fet en recompensa,
En premi dels dolors qu´ha
alleugerat,
En premi de l´humana renaxença
Qu´ha sostengut
ab valentía inmensa,
Per los humans á mort es condemnat.




Roma,
sometida al férreo yugo, no tiene ni un corazon que reniegue de la
tiranía; Roma, encenegada en el vicio y el error, declara incansable
guerra á los buenos, y lame el látigo que blanden manos viles.



¡Los
buenos!... En esa cárcel maldita, en esa cueva que el Imperio tiene
para defenderse de importunas agresiones; espera el sol de su último
día un varon justo, un defensor del Bien.



Es
un héroe, que vino de lejanas tierras á pelear contra los vicios;
pero el déspota de Roma no comprende el purísimo lenguaje de ese
valiente, y da la órden de decapitarlo.



Es
el Apóstol de Cristo, que recorrió las provincias y naciones
infieles, expugnadas por el romano brazo; y á tantas gentes,
sentadas á la sombra de la muerte, llevó la creencia y el perdon
divinos.



Y
ahora, en recompensa del bien que ha hecho, en premio de los dolores
que ha consolado, en premio del Renacimiento moral de la humanidad,
que ha predicado con inquebrantable valor; los hombres le condenan á
muerte.







¡Miráulo!,
dret en la presó; ferida
D´una aurora de Juny pe´l raig
primer
Qu´entra per la finestra empetitita,
La cara del
Apòstol enardida
Resplendeix com lo sol dematiner.



La
barba en llargues trenes retorçuda,
Sobre´l pit inflamat de sant
ardor,
La capa sus l´espatlla decayguda,
La má per les
cadenes abatuda
Y els ulls fixats en la llampant claror.



Una
dolça visió de l´esperança
Brilla en los ulls oberts del gran
cristiá;
Ab l´oratjol del día que s´atança,
Les aures de
l´eterna benhaurança
Afalagan son front sobrehumá.



Recorda
Saulo ses etats primeres,
La ja passada ardenta jovintut;
Les
un jorn penosíssimes carreres,
Per escampar les noves
enciseres
De la gracia, la gloria y la virtut.



Y
ab l´accent de profunda melanjía
Qu´els genis contrariats solen
tenir
Quant ve llur suspirada derrería,
Mes ple del esperit
que l´enfortía,
Deya parlant ab sí meteix: - “¡Finir!;




¡Vedle!,
de pié en la prision; alumbrada por el primer rayo de un día de
Junio, que entra por estrecha saetera, la cara del Apóstol,
enardecida, resplandece como el sol de la mañana.



La
barba, retorcida en largas trenzas, sobre el pecho, inflamado en
santos ardores; el manto, caído de sobre los hombros; las manos,
abatidas por las cadenas; y los ojos, fijos en la brillante claridad.



Dulce
vision de la esperanza chispea en los abiertos ojos del gran
cristiano; con la brisa matinal, las auras de la Bienaventuranza
acarician su transfigurada frente.



Saulo
recuerda su primera edad; su ardiente juventud; y recuerda sus
penosísimos viajes, para propagar las grandes nuevas de la gracia,
la gloria y las virtudes.



Y
con el acento profundamente melancólico, que los genios contrariados
suelen usar al acercarse su ansiada postrimería; pero lleno del
espíritu de fortaleza, decía, hablando consigo mismo:
- “¡Morir!







¡Finir
quant l´enemich posseyeix les portes
De la humanal ciutat;
Finir
quant tantes ánimes veig mortes,
Y en tenebres la pobre
humanitat!



Perque
he volgut el bé de les criatures
Encadenat ne som;
Mes l´ánima
romprá estes lligadures,
Y volará al bon Deu com un colom.



Desitj
qu´est tabernacle se disolga,
Y esser prompte ab Jesús;
Qu´en
pols ma vestidura se resolga,
Y anármen d´aquest mon que corre
il-lús.



Molts
que´s deyan amichs son traydors ara,
Quant abatut m´han
vist;
Alexánder y Démas copa amara
Beure fan al enviat de
Jesucrist.



¿Qué
importa? El Reyne de la pau divina
Dins la Ciutat s´extén;
Dins
la matexa carçre Mamertina
Lo foch de Gracia y d´Esperit
s´encén.



La
llavor de la Fe s´es derramada
Del Orient al Ocás,
La Fe
qu´en altre temps fo maltractada
Pe´l fariseu, la vía de Damás.




¡Morir,
cuando el enemigo posee las puertas de la ciudad del mundo; morir,
cuando tantas almas yacen en la muerte; y las tinieblas cubren la
Humanidad!



Porque
quise el bien de los hombres, encadenado estoy. Pero mi alma romperá
estos nudos, y volará á Dios como una paloma.



Deseo
que este tabernáculo se disuelva; deseo hallarme pronto con
Jesucristo; que en polvo se convierta mi carne, y huya mi alma de
este mundo ilusionado.



Muchos
que se decían amigos, resultan traidores, al verme vencido.
Alexánder y Démas dan á beber amarga copa al enviado del Salvador.



¿Qué
importa? El reino de la paz de Dios se propaga en la Ciudad; hasta en
la cárcel Mamertina prende la llama del Espíritu.



La
semilla de la Fe sembróse del oriente al ocaso; la Fe, perseguida
ayer por el Fariseo, de Damasco en el camino.





¡Y
còm ens resisteix la Sinagoga,
Reptant á los crehents!
No vol
que la barrera se remoga
Pera obrir pas á les humanes gents.



¡Ella
m´ha perseguit per mar y terra,
Ella avorreíx mon nom;
Mos
germans israelites dura guerra
Juraren cechs al cristiá renom.




“La
paraula de Fe de ells es llevada,
Y es duyta als infidels;
Y
l´hora d´un nou poble es arribada,
De bones obres seguidor
excels.







El
pare benehit, qu´es invisible,
L´Unigènit enviá;
Y´l
Senyor humiliat en carn visible
A les figures cumpliment doná.



Ara
ja ni en Judea ni en Samaria
l´únich altar veurém,
Mes de la
terra en l´infinita amplaria
Los temples del amor
axecarém.

“L´amor, la gracia, la virtut divina,
Lo goig
universal;
Perque devant la Creu la Palestina
Dona als hòmens
un òscul fraternal.




¡Y
cómo se nos resiste la Sinagoga, desafiando á los creyentes! No
quiere destruir la antigua barrera y abrir paso á todos los pueblos.



Ella
me ha perseguido en todas partes; ella aborrece mi nombre. Mis
hermanos israelitas juraron, en su ceguedad, encarnizada guerra al
Cristianismo.



Quítaseles
la palabra de la Fe, y es llevada á los infieles: ha llegado la hora
de constituir un nuevo pueblo, excelso seguidor de buenas obras.



El
padre en las alturas invisible, envió al Unigénito; y el Señor,
humillado en carne visible, dió cumplimiento á los antiguos
símbolos.



Ya
ni en Judea, ni en Samaria veremos el único altar; sino que en la
infinita redondez de la tierra, levantaremos los templos del amor.



El
amor, la gracia, las virtudes de Dios, el gozo universal; porque ante
la Cruz, la verdadera Palestina da á todos los hombres el ósculo de
la fraternidad.





Jo
he visitat les illes de l´Acaya,
Menat pe´l dit de Deu;
Y
sens la ciencia y ab polvorosa saya,



Los
he mostrat la ignominiosa Creu.



Los
sabis del Areópago sentiren
Que´l Deu desconegut
Que los
antichs poetes enaltiren,
A redimir los hòmens es vingut.



La
incerta ciencia dels prohoms d´Atenes,
Qu´era ergull solzament,



Se
posa les dolcíssimes cadenes
De Fe cristiana y renovada´s sent.



De
la mar de Corinto á Macedonia
La Grecia he corregut;
No hi há
ciutat capdal, no hi há colonía
Hont la Gracia de Deu no
m´haja dut.



Y
perills en la mar y en les planures,
Perills de nit y
jorn,
Perills y cansament y desventures,
Y fam y set en
qualsevol sejorn.



Moltes
voltes los grechs apedregaren
A est home malhaurat;
Moltes
voltes les ones l´enfonzaren,
Perque´l Regne de Deu fos ofegat.




Yo
visité las islas de la Acaya, guiado por el dedo de Dios; y, sin
ciencia de mi parte, y en traje de peregrino, les enseñé la
ignominia de la Cruz.



Los
sabios del Areópago oyeron que el Dios ignoto, celebrado por
los antiguos poetas, ha venido á redimir á los hombres.



La
incierta ciencia de los sabios atenienses, que sólo era orgullo, se
pone las dulcísimas cadenas de la Fe cristiana, y adopta verdaderos
principios.



Desde
el mar de Corinto á Macedonia, he recorrido toda la Grecia; no hay
ciudad capital, no hay colonia, á donde no me haya llevado la gracia
de Dios.



Y
peligros en el mar, y en la tierra; peligros de noche, y de día;
peligros, y cansancio, y desgracias, y hambre, y sed, en todas
partes.



Muchas
veces los helenistas apedrearon á este desventurado; muchas veces
las olas lo cubrieron, para ahogar el Reino de Dios.





Oh
fills de l´alta Grecia estimadíssims,
Goig y corona meus,
Estáu
en el Senyor, fillets caríssims,
Vulláu per sempre enderrocar
los deus.



El
senyor vostres còssos dirigesca
Y´ls nobles cors anim,
Y
esperit de paciencia us infundesca,
Y eus apart de tacarvos ab lo
crim...

“Jo he vingut fins al centre del Imperi,
Per
divinal Bondat;
Mes, ay, que´ns hi preparan cementeri,
Perque
´ls fa mal la llum de Veritat.



Lo
Crist desde la cima del Calvari
Morint vencé la mort,
Mes la
mort y l´infern en son desvari
Forcetjan per destruir la nostra
sort.



Italia,
la Senyora de la terra,
Italia ´s lliga ab ells,
Italia nos
rebutja y nos desterra,
O tira ´ls nostres còssos als arpells.



Roma,
superba Roma, tu qu´esclafas
Lo mon ab ton greu pes,
Tu qu´ab
vils ferros á los justs agafas,
Contra´l Deu inmortal no podrás
res.




Oh
queridos hijos de la exclarecida Grecia; mi gozo y mi corona; estad
en el Señor, hijos carísimos: derribad para siempre los infames
dioses.



El
Señor dirija vuestros pasos, y anime vuestros corazones, y os
infunda espíritu de paciencia, y os preserve de mancharos con el
crímen de la idolatría...

“Yo he venido hasta el centro
del Imperio, por bondad de Dios; mas, ¡ay!, que aquí se me ha
cavado la fosa, porque la luz de la verdad daña sus ojos.



El
Cristo desde la cima del Calvario, muriendo venció la muerte; mas la
muerte y el infierno en su furor forcejean para destruir nuestra
dicha.



Italia,
la señora del orbe, Italia se une á ellos; Italia nos rechaza, nos
destierra, ceba con nuestros cuerpos las aves de rapiña.



Roma,
soberbía Roma, tú que aplastas el mundo con tu peso; tú que
vilmente aherrojas á los justos; contra Dios inmortal no podrás
nada.









Les
tenebres d´infern s´acaramullan,
L´ignorancia ´s remou,
Plens
de verí y de rabia los cors bullen,
Perque dels ídols cruximent
ja s´ou.



De
l´una part los fruyts de la materia:
Latrocinis
violents,
Adulteris y morts y gran llatzeria,
Y mentides crüels
en los potents.



De
l´altra part les glories religioses,
Los fruyts del Esperit;
Éram
abans tenebres horroroses,
Ara llum celestial en Jesucrist.



¿Y
tu tems, Missatger de la llum pura,
Nunci del Redemptor?
¿No
veus créxer la nova criatura,
L´home perfet, lo setgle venidor?



Sento
de llibertat el suau aroma,
De fe, virtut y pau;
Mostrar debem
á los tirans de Roma
Còm se mor per la fe d´un Deu esclau.



¡Abba!
Jesús, Senyor de cels y terra,
A Vos, Pare meu, vinch;
Ni ´ls
açots, ni ´l poder, quietut ni guerra
Me podrán apagar l´amor
que us tinch.




Infernales
tinieblas se agolpan; la ignorancia se retuerce; arden en venenosa
rabia los corazones; porque ya crujen los pedestales de los ídolos.



De
una parte están los frutos de la materia: violentos latrocinios,
adulterios, asesinatos, miseria espantable, y crueles mentiras en los
poderosos.



De
otra parte las glorias religiosas, los frutos del espíritu. Éramos
ántes horribles tinieblas; ahora la luz celestial en Jesucristo.



¿Y
tú temes, mensajero de la pura luz, nuncio del Redentor? ¿No ves
crecer la nueva criatura, el hombre perfecto, el siglo por venir?



Siento
el suave aroma de la libertad; la fe, la virtud, la paz divina.
Mostremos á los tiranos de Roma, cómo se muere por la fe de un Dios
esclavo.



¡Abba!
¡Jesus, Señor de cielos y tierra, a Ti voy, Padre mío! Ni los
azotes, ni el poder, ni la paz, ni la persecucion, me podrán apagar
el amor que te profeso.







Guardí
´l depósit que de gracía un día
Jesús me confiá;
S´es
consumada la carrera mía;
¡Anem!... ¡Deu per l´Esglesia
vetlará!”-
__

Diu lo Sant; y el Senyor de les
altures
Que res oblida ni la tendra flor,
Que may gira
l´espatla á ses criatures,
Un ressò de les cèliques
ventures
Dexa sentir que li engrandeix lo cor.



Les
guardies del Pretori reforçades
S´acostan ja ab ses llances y
destrals,
Ressonant per les sòlides arcades;
Axí los glavis
en les mans sagrades
S´ou retenir vora ´ls xotets pascals.



Entran;
l´Apòstol á ses mans se dona,
Desafiant del Imperi los
furors;
Pere surt pera rebre igual corona;
S´abraçan
fortament per breu estona;
Y al Viminal s´en van ab los
lictors.....

La sanch del Cristiá fou derramada,
La
sentencia del Céssar per cumplir;
La Terra ab ella romangué
tacada;
¡Mes l´arbre de la Creu feu gran brostada,
Y ses
rames lo mon varen cubrir!!

Febrer 1874.




He
guardado el depósito de la gracia que Jesus me confió; he consumado
la carrera mía. ¡Vamos!... ¡Dios velará por la
Iglesia!”-
__

Dice el Santo; y el Señor omnipotente, que
nada descuida, ní siquiera las florecillas del valle; que nunca
desatiende á sus criaturas; déjale oír un eco de la celestial
felicidad, que le ensancha el corazon.



La
guardia del Pretorio reforzada, se acerca ya; resuenan las lanzas y
segures bajo los sólidos arcos, Así las víctimas, en el
sacrificio, oyen el ruido de las sagradas cuchillas.



Entran;
el Apóstol se entrega á ellos, afrontando el furor de los verdugos.
Pedro viene tambien, para recibir igual corona; abrázanse
estrechamente breves momentos y salen para el Viminal con los
lictores......

La sangre del cristiano derramóse, para
cumplir la sentencia del César; la tierra quedó manchada con un
crímen más; pero el árbol de la Cruz echó infinitos renuevos, y
sus ramas cubrieron el mundo.

domingo, 14 de julio de 2019

LA CONDESA DE URGELL PRETENDE ENVENENAR A FERNANDO I

132. LA CONDESA DE URGELL PRETENDE ENVENENAR A FERNANDO I (SIGLO XV. ZARAGOZA)
 
Coronación de Fernando I de Aragón (detalle del retablo del arzobispo de Toledo Sancho de Rojas, procedente de San Benito el Real Valladolid, ca 1410-1415)
Coronación de Fernando I de Aragón (detalle del retablo del arzobispo de Toledo Sancho de Rojas, procedente de San Benito el Real Valladolid, ca 1410-1415)
 
 
 
 
 
 
Corría el mes de noviembre de 1414 cuando llegaba una vez más a Zaragoza, procedente de Morella, el
fraile predicador Vicente Ferrer, persona que gozaba de un gran prestigio en todo el occidente europeo y, sobre todo, en los Estados de la Corona de Aragón. El príncipe Alfonso, que luego sería Alfonso V de Aragón, le recibió con singulares muestras de afecto y le consideró como a huésped destacado.
 
Poco después de llegar a Zaragoza, estaba el príncipe oyendo un sermón del fraile dominico cuando
recibió de su padre, el rey aragonés Fernando I de Antequera, una carta en la que le anunciaba —aunque llegaba con evidente retraso— que el dominico valenciano iba a ir a la ciudad del Ebro, rogándole que le recibiera como se merecía y que procurara por todos los medios a su alcance que los judíos zaragozanos acudieran a escuchar sus sermones.
Sin darle excesiva importancia, le comunicaba, asimismo, cómo por aquellos días la condesa de Urgell había tratado de envenenarle.
 
Cuando finalizó el sermón, el príncipe Alfonso comunicó al fraile la noticia del fallido envenenamiento y le rogó que al día siguiente celebrase una misa de acción de gracias, como así se hizo. La iglesia de San Salvador se llenó de gente y durante el sermón, Vicente Ferrer dio a conocer públicamente la reprobable acción de la condesa de Urgell, madre de don Jaime de Urgell, candidato, como es sabido, a la corona de Aragón frente a don Fernando I.
 
[Vidal y Micó, Francisco, Historia de la portentosa vida..., págs. 225-226.]
 


https://es.wikipedia.org/wiki/Fernando_I_de_Arag%C3%B3n

Fernando I de Aragón (Medina del Campo, 27 de noviembre de 1380 - Igualada, 2 de abril de 1416), llamado también Fernando de Trastámara, Fernando de Antequera, Fernando el Justo y Fernando el Honesto, fue un infante de Castilla, rey de Aragón, de Valencia, de Mallorca, de Sicilia, de Cerdeña y de Córcega; duque de Neopatria y de Atenas; conde de Barcelona, de Rosellón y de Cerdaña; y regente de Castilla. Fue el primer monarca aragonés de la dinastía castellana de los Trastámara, si bien era Aragón por la rama materna, pues su madre Leonor de Aragón era hermana de Martín I de Aragón, llamado el Humano.

Fernando era hijo segundo de Juan I de Castilla y de Leonor de Aragón, hermana del rey aragonés Martín el Humano, y nieto, por tanto, del rey Pedro IV el Ceremonioso por vía materna, y del rey Enrique II de Castilla, por la rama paterna. Tras estos antecedentes, y dada la posibilidad jurídica de transmisión de la Casa de Aragón por vía materna, el derecho aragonés le otorgaba un rango preferente en sus aspiraciones a la corona de Aragón tras la muerte sin descendencia masculina de Martín I el Humano.

Cuando solo contaba con diez años de edad, su padre el rey Juan I poco antes de morir le invistió en las Cortes celebradas en Guadalajara en 1390, y en presencia de su hermano mayor Enrique, con el señorío de Lara, el ducado de Peñafiel y el condado de Mayorga así como le cedió las villas de Cuéllar, San Esteban de Gormaz y Castrogeriz y le asignó una renta de medio millón de maravedís a costa del tesoro real. Durante la ceremonia el rey le puso sobre la cabeza una «guirnalda de aljófar», símbolo de la preeminencia ducal. Este «heredamiento» fue ampliado tras la muerte del rey, pues este en su testamento le cedió las villas de Medina del Campo y Olmedo. Su matrimonio posterior con su tía Leonor de Alburquerque, cinco años mayor que él, amplió considerablemente su patrimonio territorial, pues no sin razón Leonor era llamada la «Rica Hembra». Poseía las tierras de Haro, Briones, Cerezo y Belorado, en La Rioja; Ledesma y las llamadas Cinco Villas en la región del bajo Tormes; Alburquerque, Medellín, La Cadesera, Alconetar, Alzagala y Alconchel, en Extremadura. También poseía por concesión del rey los territorios de Villalón y Ureña. Así las posesiones de la pareja formaban una franja que desde la frontera de Aragón a la frontera de Portugal dividía en dos el reino de Castilla, sin olvidar que en ella se incluían algunas plazas fuertes más importantes: Medina del Campo, Olmedo, Peñafiel y Alburquerque. Así pues, convertido en el más poderoso señor de Castilla «no es difícil imaginarnos el esplendor de la corte principesca en Medina del Campo», como ha destacado el historiador Jaume Vicens Vives.

A pesar de que, dada su condición de hijo «segundón», el trono de Castilla fue ocupado por su hermano el futuro Enrique III en 1390, la escasa salud de este (padeció enfermedades como el tifus y la viruela, lo que le valió ser apodado el Doliente) y el hecho de que no lograra concebir un varón que heredara el trono, permitió que Fernando albergara esperanzas de llegar a obtener el trono castellano, como demuestra el hecho de que se casara en 1393 con su tía Leonor de Alburquerque, con lo que reforzaba sus derechos dinásticos en el caso de que su hermano falleciera. Sin embargo, el nacimiento de un heredero varón, el futuro Juan II, en 1405, un año antes de la muerte de Enrique III, acabó con las esperanzas de Fernando a ocupar el trono de Castilla.

Al morir Enrique III el Doliente, en 1406, estableció en su testamento que durante la minoría de edad de su hijo Juan II, que entonces contaba con dos años de edad, asumirían la regencia del reino su viuda y madre de este, Catalina de Lancáster, y su hermano Fernando, «ambos a dos ayuntadamente». Sin embargo, la educación y la custodia del rey niño correría a cargo del camarero mayor Juan de Velasco, del justicia mayor Diego López de Estúñiga y de Pablo de Santa María, obispo de Cartagena.

Las desavenencias entre ambos corregentes, instigadas por parte de la nobleza, no tardaron en aparecer, por lo que llegan al acuerdo de dividir el territorio en dos mitades, correspondiendo a Fernando la zona meridional del Reino, que se extiende por los territorios situados al sur de la Sierra de Guadarrama hasta el reino nazarí de Granada, lo que le permitirá reanudar la guerra contra dicho reino que la muerte de Enrique III había paralizado.

Con la reanudación de las acciones militares contra el reino nazarí de Granada, Fernando logra tomar Pruna y Zahara de la Sierra, pero fracasa en la conquista de Setenil, tras lo cual es obligado por el Consejo de Regencia a firmar la tregua que por dos años había ofrecido el rey nazarí Yusuf III.

Tras el periodo de tregua, Fernando retoma la campaña granadina y conquista, el 16 de septiembre de 1410, la importante plaza de Antequera que le dará su sobrenombre más conocido.

Durante su regencia Fernando aprovechó el cargo para engrandecer su casa y asegurar la posición de sus numerosos hijos, tal como reveló en una carta dirigida a su privado Sancho Rojas, obispo de Palencia: / NO solían escribir la tilde en ese tiempo /
«E gracias a Dios, pues tengo cinco fijos e dos fijas, e cada día espero aver más, según la hedad de la infanta, mi mujer, e mía, razón es que comience a buscar de qué hereden».
Así, valiéndose de todo tipo de presiones, favores y sobornos, consiguió que dos de sus hijos fueran nombrados maestres de las dos órdenes militares más importantes de Castilla y que «constituían una potencia territorial, económica y militar en el seno del Estado», según Jaume Vicens Vives: la orden de Alcántara, para su hijo Sancho —que fue investido en enero de 1409 cuando sólo contaba con ocho años de edad—; y la orden de Santiago, para su hijo Enrique, también investido en 1409 con nueve años de edad.6​ Asimismo consiguió la necesaria dispensa papal para que se pudiese celebrar el matrimonio de su hijo primogénito Alfonso con la hermana de Juan II y sobrina suya, María, a quien las Cortes de Castilla reunidas en Tordesillas le concedieron el marquesado de Villena, con el título ducal. El matrimonio de Alfonso con la princesa María, según Jaume Vicens Vives, «cerraba con firme broche el absoluto dominio que don Fernando, gracias a su regencia, a sus propias posesiones y a los maestrazgos que detentaban sus hijos, ejercía en el amplio solar del Mediodía castellano». Y por otro lado, «así se formó la facción de los infantes de Castilla», quienes tras el acceso al trono de la Corona de Aragón de Fernando, serán conocidos como los infantes de Aragón.

En 1410, al morir su tío el rey Martín I de Aragón sin descendencia directa y legítima, Fernando presenta su candidatura a la sucesión del trono aragonés y, aunque en un principio se presentan hasta seis candidatos al trono y Fernando no es de los más favorecidos, la caída en desgracia de Luis de Anjou (que no pudo responder a las peticiones de ayuda militar de sus partidarios debido a la lejanía de Nápoles)​ impulsó su candidatura, que se convirtió en la más potente junto a la de Jaime de Urgel.

Fernando, que contaba con un gran poder económico (su red de señoríos era enorme),9​ un sólido prestigio militar y el ejército castellano a su disposición, contó con el apoyo de la familia valenciana de los Centelles, de la familia aragonesa de los Urrea y de una parte sustancial de la burguesía barcelonesa. Esto, unido a los errores de Jaime de Urgel, entre ellos la conspiración para asesinar al arzobispo de Zaragoza, García Fernández de Heredia, y al apoyo tanto de Benedicto XIII, así como de su confesor, Vicente Ferrer, inclinarán la balanza hacia la candidatura de Fernando, que será refrendado, el 28 de junio de 1412, en el llamado Compromiso de Caspe al ser proclamado rey de Aragón y de los demás estados de la Corona de Aragón.

Según Jaume Vicens Vives, «los compromisarios [reunidos en Caspe] midieron la gloria militar, las riquezas y la habilidad política de que había dado pruebas el regente don Fernando; pero no tuvieron en cuenta la voraz intranquilidad que germinaba en la familia». Una valoración esta última que también había hecho en su momento el aragonés Jerónimo Zurita, quien asimismo destacó que con Fernando llegaba el «govierno de gente estrangera»: (Zurita tiene cada cagada que no veas, como Bofarull, Carbonell, etc.)
Y que este reino era muy pobre para cinco hijos infantes que el rey tenía, criados en aquella grandeza y riqueza de estados y en supremo señorío, a donde cada qual dellos tenía un infantado. Y cuando la pobreza de las cosas de acá no satisfaciesen a su ambición, era cierto nascer dello el desprecio general de todo y el odio y aborrecimiento de nuestras leyes y costumbres.

Tras realizar el juramento completo como rey el 3 de septiembre ante las Cortes de Aragón reunidas desde el el 25 de agosto de 1412 en Zaragoza, donde varios de sus antiguos rivales para ocupar el trono, como Alfonso de Aragón el Viejo,​ Fadrique de Luna y Juan de Prades, le rendirán pleitesía, se dirigirá a Lérida, donde representantes de su gran rival, Jaime de Urgel, le rinden vasallaje, a cambio del ducado de Montblanc y de la concertación de un matrimonio entre sus hijos Enrique e Isabel.

A continuación, Fernando I se dirige a Tortosa para entrevistarse con su gran valedor Benedicto XIII quien, el 21 de noviembre de 1412, le invistió como rey de Sicilia, Córcega y Cerdeña a cambio del apoyo real en la disputa que Benedicto mantenía con los otros dos papas que simultáneamente gobernaban el orbe cristiano: Gregorio XII y Juan XXIII, en pleno Cisma de Occidente que dividía a la Iglesia Católica.

El 19 de noviembre, Fernando convocaba las Cortes catalanas con objeto de jurar sus usos y costumbres; el 15 de diciembre fueron convocadas, pero no concluirían hasta el 31 de agosto de 1413, debido a la necesidad de sofocar la revuelta de Jaime II de Urgel iniciada en la primavera de este último año; el inicio de las de Valencia se había previsto para el 15 de abril de 1413, pero la sublevación de Jaime II y la coronación en Zaragoza (que se celebró en 1414) impidió su inicio.​ Con la ayuda de todos los estamentos de la Corona sofoca la revuelta y sitia al conde de Urgel en el castillo de Balaguer, que es tomado el 31 de octubre, tras lo cual el antiguo pretendiente al trono de Aragón fue despojado de todos sus títulos y posesiones, así como los de su familia, y conducido a la cárcel de Urueña en Castilla.​ En 1413 propondría a las Cortes catalanas realizar la primera compilación de las Constituciones.

Según una interpretación tradicional, en las Cortes que había convocado en Barcelona, Fernando I tuvo que ceder al denominado pactismo catalán, doctrina que limitaba la autoridad real a favor de las Cortes y de la Generalidad de Cataluña. Este movimiento, encabezado por Joan Fivaller, manifestaba que privilegi atorgat tollent ley paccionada de dret, non val y que privilegi atorgat contra ben publich es nul, por lo que estaban «Decididos a darle antes su vida que la libertad». Sin embargo, todo el presunto «caso Fivaller» o «asunto del vectigal» y la elaboración a partir de este de una teoría del pactismo catalán está considerado actualmente como un relato mítico. En primer lugar porque se trataría en todo caso de una reclamación del municipio de Barcelona y no de la Generalidad de Cataluña, y las quejas de las localidades ante el rey eran habituales tanto en Barcelona como en otros municipios, y en segundo lugar, porque un análisis exhaustivo de la documentación, efectuada por Ramón Grau, revela que lo relatado ya desde los cronistas del siglo XV (en obras de gran componente literario, como la biografía del rey Fernando de Lorenzo Valla) es completamente inexacto, al no haber ni siquiera documentación acerca de una disputa entre el municipio y el rey.​ Además Fernando nombró a Fivaller albacea de su testamento, que otorgó el 10 de octubre de 1415 en Perpiñán.​ Al respecto de este episodio, Verdés Pijuan señala:

Nos hallamos, por tanto, ante todo un mito historiográfico, elaborado con posterioridad a los hechos con una clara intencionalidad política. [...] Como he dicho, fueron los historiadores románticos de la Renaixença los que acabaron de dar carta de naturaleza al relato y, por acción u omisión, la historiografía contemporánea (salvo alguna excepción puntual) ha hecho más bien poco para corregir esta interesada interpretación de los hechos.
Pere Verdés Pijuan, art. cit., 2011, p. 150.

Tras eliminar o neutralizar toda oposición interior, Fernando I se dirigió nuevamente a Zaragoza, donde será coronado en 1414 en una ceremonia que partía del Palacio de la Aljafería y llegaba a la La Seo, tras lo cual dirige su atención a la política exterior.

Fernando I de Aragón reinó poco tiempo; a pesar de ello, en los aproximadamente tres años y nueve meses que duró su gobierno (teniendo en cuenta, además, que la revuelta del conde de Urgel le mantuvo ocupado en sofocarla hasta el 31 de octubre de 1413) reorganizó la Hacienda y saneó la economía y la administración de la Corona. Trabajó en la seguridad ciudadana, intentó impedir las persecuciones contra los judíos y procuró luchar contra la corrupción. También emprendió una reforma de los gobiernos de los municipios buscando una mayor participación de sus representantes. En cuanto a las instituciones políticas, no introdujo cambios estructurales en la organización de la Corona, sino que mantuvo el sistema anterior, procurando que el rey participara como un elemento más integrado en los organismos de gobierno establecidos, lo que contribuyó al fortalecimiento del poder regio. Su gran logro en este ámbito fue restablecer el orden tras el inestable periodo del Interregno.

También apoyo a los mantenedores de la Gaya ciencia, con 40 florins anuales y por la regla de su elecciones.

Normalizó la situación interna de Sicilia con el nombramiento en 1415 de su hijo Juan como virrey de Sicilia, logrando acabar con la guerra civil que desde el fallecimiento de Martín el Joven enfrentaba a la viuda de este, Blanca I de Navarra, con el hijo ilegítimo de aquel, Fadrique de Luna. También orientó a su hijo Juan hacia el Nápoles, proponiendo su matrimonio con la reina Juana, proclamada a la muerte de su hermano Ladislao I de Nápoles el 6 de agosto de 1414, pero el enlace no prosperó y Juan acabó casando con Blanca. Al resto de los llamados por Don Juan Manuel «infantes de Aragón», Enrique, Pedro y Sancho los situó como grandes maestres de las órdenes militares de Santiago, Calatrava y Alcántara; por su parte, las infantas de Aragón María y Leonor acabaron siendo reinas consortes de Castilla y de Portugal respectivamente. Además, como perteneciente al linaje de Trastámara, Fernando I tenía grandes patrimonios en Castilla, donde era también regente, lo que le permitió de facto gobernar en ambas Coronas, ya que no renunció a la regencia castellana tras alcanzar el trono aragonés.

En la cuestión del Cisma de Occidente, se desvinculó muy pronto de Benedicto XIII (el papa Luna o antipapa) e intentó que renunciase al pontificado, para lo cual se reunió con él en Morella (1414) y en Perpiñán (1415). Tras la decisión tomada en el Concilio de Constanza, reunido el 5 de noviembre de 1414, que destituyó a los tres papas, y la entrevista que Fernando I tuvo con el emperador Segismundo, el rey de Aragón decidió contribuir a poner fin al Cisma dejando de apoyar al papa Luna, lo que permitió que la Corona de Aragón volviera a ocupar el centro de las decisiones en el ámbito europeo y recuperara su posición al frente de la política en el Mediterráneo.

Aseguró la continuidad de la monarquía, aspecto que tantos problemas había causado con la muerte sin heredero de Martín I el Humano, nombrando a su primogénito Alfonso heredero real.

A mediados de 1415 comenzaron los síntomas de la grave enfermedad que le llevaría a la muerte y que fue diagnosticada como arenes de ronyons. Así a principios de 1416, preocupado por sus posesiones en Castilla —cuya regencia aún ostentaba y que ejercía a través de cuatro delegados: los obispos de Sigüenza y Cartagena, el conde de Montealegre y el adelantado de Andalucía—, comunicó a su segundo hijo Juan, que se encontraba en Sicilia como lugarteniente suyo, que en cuanto tuviera noticia de su muerte se dirigiera inmediatamente a Sevilla para tomar «a su mano, la parte de govierno que pudiese en aquella provincia por la menor edad del rey».

El 14 de marzo de 1416 su enfermedad se agravó en Igualada,​ donde fallecería el 2 de abril del mismo año.

En su testamento legó la mayor parte de sus posesiones y títulos de Castilla a su segundo hijo Juan, además del ducado de Montblanch, mientras que sus otro hijo Enrique recibía el condado de Alburquerque y el condado de Ledesma. Por su parte su hijo Pedro recibía las ciudades y villas catalanas de Tarrasa, Vilagrasa y Tárrega y las valencianas de Elche y Crevillente.

De su matrimonio con Leonor de Alburquerque tuvo siete hijos:

Alfonso el Magnánimo (1396 - 1458), su sucesor en el reino de Aragón, con el nombre de Alfonso V, y rey de Nápoles, con el nombre de Alfonso I.
Juan el Grande (1398 - 1479), rey de Aragón y de Navarra con el nombre de Juan II.
Enrique (1400 - 1445), conde de Alburquerque, duque de Villena y Gran Maestre de la Orden de Santiago.
Sancho (1401 - 1416). Gran Maestre de la Orden de Alcántara.
Leonor (1402 - 1445), que se casó con Eduardo I de Portugal.
María (1403 - 1445), que se casó con su primo Juan II de Castilla.
Pedro (1406 - 1438), IV conde de Alburquerque y duque de Noto.

LALIENA CORBERA, Carlos y Cristina Monterde Albiac, En el sexto centenario de la Concordia de Alcañiz y del Compromiso de Caspe, coord. por José Ángel Sesma Muñoz, Zaragoza, Gobierno de Aragón, 2012.
SESMA MUÑOZ, José Ángel, El Interregno (1410-1412). Concordia y compromiso político en la Corona de Aragón, Zaragoza, Institución «Fernando el Católico» (CSIC), 2011. ISBN 978-84-9911-143-8
VERDÉS PIJUAN, Pere, «Las elites urbanas de Cataluña en el umbral del siglo XV: entre el discurso político y el mito historiográfico», La Corona de Aragón en el centro de su historia. El Interregno y el Compromiso de Caspe (1410-1412). Congreso celebrado en Zaragoza y Alcañiz, 24-26 de noviembre de 2010, Zaragoza, Gobierno de Aragón (Actas, 75), 2011, pp. 147-174.
ISBN 978-84-8380-295-3

Vicens Vives, Jaume (2003) [1953]. Paul Freedman y Josep Mª Muñoz i Lloret, ed. Juan II de Aragón (1398-1479): monarquía y revolución en la España del siglo XV. Pamplona: Urgoiti editores. ISBN 84-932479-8-7.

viernes, 27 de agosto de 2021

Geroni Rosselló, pobre mare, Victor Balaguer

¡POBRE MARE!


(Á n'en Victor
Balaguer
)





Baix del llorer que la tempesta esbranca,  Espallissada jau;  La sanch li brolla, l'esperit li manca,  Tròssos lo sceptre de ses mans li cau.


Baix del llorer que
la tempesta esbranca,


Espallissada jau;


La sanch li brolla,
l'esperit li manca,


Tròssos lo sceptre
de ses mans li cau.





Lo lleó a sos peus,
tot pres d'ardenta febra,


Ne llança trists
udols,


Y l'espantosa nit
desentenebra


De los incèndis la
claror tan sols.





Trona el canó,
espurnetjan les espases,


S'ouen de lluyta els
crits;


Fer el germá al
germá, les bales rases


Murs enderrocan per
gegants bastits.





¡POBRE MADRE!


(A D. Victor
Balaguer
)


Acongojada y
andrajosa yace a la sombra del laurel que desgaja la tormenta:
brótale la sangre; su espíritu desfallece; de sus manos le cae
hecho pedazos el cetro.


Postrado el león a
sus pies y devorado por ardiente fiebre, lanza tristes ahullidos:
envuélvenla de una noche espantosa las tinieblas, rasgadas tan solo
por el siniestro resplandor del incendio.


Truena el cañón,
centellean las espadas, escúchase el grito feroz de la lucha: asesta
el hermano contra el hermano su arma homicida: las balas rasas
derrumban los muros altivos que levantó una raza de gigantes.





Cáuen los márbres de les arts jolies,


Bèfanse els antichs
reys;


Renechs de Deu y
folles flastomies


Dins lo temple
ressonan de les lleys.





Les fulles santes de
gloriosa historia


Rompen irades mans;


S'endevallan los
prous, munta l'escoria,


La virtut calla y
cridan los vilans.





Del nòm de pátria
y de la fe s'en riuen,


Perque lo mon
s'esbuch;


Y, vils, de
“germandat” lo mot escriuen


En lo punyal traidor
y en lo trabuch.





Ruïna y sanch
escampan a mans plenes,


Portant per tot
l'esglay;


Cridant la llibertat
forjan cadenes,


Perque envilida no
respires may.





¡Ah, mare de mon
cor! ¿qué fas?¿qué esperas?


Alsa't! alsa't al
punt!


Si no açòtas ades
aqueixes feras


¿Quí may com tú
caurá de tan amunt?





Ton lleó afua'ls
qu'als alarbs afuares,


Y fibble 'ls que son
sorts:


Arrera els vils que
't volen fer de pares,


Y no han sigut per
tú sino fills borts!





Caen las estatuas labradas por el cincel primoroso del arte; béfase
la memoria de los antiguos soberanos; resuenan en el sagrado templo
de las leyes desatentadas blasfemias, y los votos impíos con que se
reniega de Dios.


Iracundas manos
rasgan las hojas santas de nuestros fastos llenos de gloriosos
hechos: sucumben los buenos y sube ensoberbecida la escoria: enmudece
la virtud, y vocean revoltosos los villanos.


Riénse de la
fé, escarnecen el nombre de patria paraque el orbe se hunda,
y escriben, los muy viles, la palabra “fraternidad” en la hoja
del puñal traidor y en el cañón del trabuco.


Esparcen a manos
llenas la sangre y la ruina, infundiendo por do quiera terror y
espanto; cadenas forjan al grito santo de libertad, para que
envilecida no puedas nunca alcanzar respiro.


¡Ay, madre de mi
alma! ¿qué te detiene? ¿qué esperas? Levántate! levántate sin
demora! Si pronto no azotas esos tigres ¿quién como tú habrá
caído de tan alto?


Azúzales tu fiero
león, el león que azuzaste al atrevido agareno! Azota el rostro de
los que son sordos a tus clamores! Atrás, los villanos, que
mintiendo ser tus padres, no fueron para ti sino hijos
espúreos.





Fills borts los qui lo plom y la metralla


Ne fonen p'el cor
teu,


Y encenen la
discòrdia y la baralla,


Fent bèfa del qui
creu, reptant a Deu.





Fills borts los qui
ton blau mantell fan tròssos


Tot prometent el bé,


Y creman la suor de
los teus òssos,


Per fer llum a lo
jou qui ja s'en vé.





¿Y ets tú la qui
d'infern les negres portes


Dexas obrir p'el
mal?


¿Ets tú, ma mare,
qui 'l flagell comportes


D'exa maynada que te
fá el dogal?





Tú qu'estampares
tes glorioses gestes


Del mon entre els
recòrts,


¿Soffers que te
desparen les ballestes


Los que fan son
blassó de los seus tòrts?





¿Voldrás que caiga
la geganta torre


Que açí ta gloria
es feu?


Tú qu'ab ton eyma y
ab ton alt discorre


Un mon trobares,
sols sabut de Deu?





¿Voldrás que
l'host del mal, qu'el mal agrupa,


Aport ton ganfanó?


Que en lo teu front
altiu tothom escupa,


Com en vil dòna qui
no té perdó?





Espúreos, sí, los que funden el plomo y la metralla para desgarrar
tus entrañas; los que la discordia atizan y la pelea, escarneciendo
al que cree y desafiando al mismo Dios.


Espúreos, sí, los
que hacen trizas tu rico y glorioso manto, prometiendo la ventura;
mientras queman el sudor de tus huesos, para alumbrar a los que
vienen a uncirnos el yugo.


¿Y eres tú la que
dejas abrir las negras puertas del averno para que el mal nos
aniquile? ¿Eres tú, madre mía, la que sufres el azote de esa
gavilla indigna que te prepara el dogal?


Tú, que grabaste
tus hazañas inmortales entre los más altos recuerdos del mundo,
¿sufres que asesten las ballestas contra tu pecho, esos descreídos
que hacen su blasón de sus mismas infamias?


¿Permitirás que se
derribe la torre gigantesca que en tu suelo levantóse la
gloria, tú que con tu pensamiento y con tu genio supiste encontrar
un mundo cuya existencia solo Dios sabía?


¿Permitirás que la
ominosa hueste del mal, que para el mal se conjura, sea la que ondee
al viento tu gloriosa enseña? Que en tu altiva frente escupan las
naciones, como en vil mujer indigna de perdón?






Lo llamp de ta ira que esglayá la terra


Branda, mare del
cor!


Branda'l valenta per
combatre l'erra!


¡Guarda que t'honra
calçigada mor!





¿Qué fás? ¿qué
esperas? ¿lo teu braç se cança?


¿Ahont son tos
fills lleals?


¿Per no exir mes
s'es posta l'esperança


A dins l'avench sens
fons de los teus mals?





¿D'entre la cendra
les cremades paumes


No veurem reverdir?


¿La patria dels
Pelays, dels Cids, dels Jaumes,


Per la má de
butxins ha de morir?





Recorda't que en las
Navas a tes ires


Caigué el sarrahí
espirant;


Recorda't que ab
sanch turca ne tenyires


Les barbullentes
ones de Llepant.





Que has fet
recorda't a mitj mon de mare,


Ta fe espargint per
tot;


Qu' a lo gegant del
setgle feres care,


Tallant a son llorer
el millor brot.





Que lo trepitx de ta
valenta tropa


Estremia els dos
mons,


Y en tú fixats los
ulls, la vella Europa


Signava ton voler de
jonallons
.





Esgrime, madre del alma, esgrime el rayo de aquella noble ira con que
en otros tiempos pusiste en espanto la tierra! Esgrímelo valerosa,
para confundir tanta mentira! ¡Mira que la muerte amenaza hoy tu
honra ya pisoteada!


¿Qué te detiene?
¿qué esperas? ¿se cansa tu brazo inerte? ¿En dónde están tus
leales hijos? ¿Acaso para no rayar nunca más se hundió tu
esperanza en el abismo sin fondo de tus males?


¿Ya nunca han de
ver nuestros ojos reverdecer las abrasadas palmas de entre la ceniza?
¿La patria de los Pelayos, de los Cides y de los Jaimes ha de morir
a manos de esa horda de verdugos?


Acuérdate de que a
tus iras cayó espirante en las Navas el poderoso agareno; acuérdate
de que enrojeciste con sangre turca las ondas turbulentas de Lepanto.


Acuérdate de que,
como madre, abrigaste medio mundo bajo tu manto glorioso, esparciendo
por do quiera la luz de tu fé; que hiciste frente al gigante del
siglo, segando la rama más preciada de su eterno lauro.


Que el paso de tus
huestes valerosas y aguerridas estremecía los dos hemisferios de la
tierra; que la vieja Europa, fijos en ti los ojos, suscribía de
rodillas a tu voluntad.





Mes ay, tú callas: l'angoxosa pena


Estrengola ton cor!


No hi ha esperança
de virtut ni esmena,


El crit de l'ira
ofega lo teu plor.





Dins l'ombra negre
qu'escampá el deliri


Negú hi veu ni
s'entén;


Fan per ton front
corona de martiri,


Forjantla al foch de
l'òdi que s'encén.





Per la matzina que
te fou donada,


Triaca prou no hi
há;


Tota 't dessangras,
y en ta faç nafrada


Son trist sagell la
mort hi estampa já.





Y de lluny miran ta
pipella closa,


Lo teu badall
darrer!


¿Quí sap lo que
demunt ta negre llosa


Vendrá a axecar la
má del estranger?





Mes no; desperta't
com abans tan alta!


Mògue'ns ton dolor
greu!


Si per salvarte
l'esperit ens falta,


Ab fe y mans juntes
demanémlo á Deu.

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Mas ay! tú enmudeces: la pena y la congoja te prensan el corazón.
Perdiste ya la esperanza; no crees ya en la virtud ni en la enmienda
de los que así te ultrajan: el grito de la ira ahoga tus ayes y tu
llanto.


Entre la negra
sombra con que te envolvió el delirio, nadie sabe a donde va, nadie
se entiende: fúndese una corona de mártir para tu noble cabeza, y
la funden al fuego de los odios que por momentos crece.


No, no hay triaca
salvadora para el mortal veneno que a beber te dieron. Ah! te vas
toda desangrando, infeliz, y en tu rostro herido ha estampado ya la
muerte su triste sello.


Y en tanto de lejos
observan como cierras tus párpados, como exhalas tu postrer suspiro!
¿Quién sabe lo que vendrá a levantar sobre tu negra losa la mano
del estranjero?


Mas no: levántate,
como antes sube al pedestal de donde has bajado. Muévanos la
intensidad de tu dolor. Si nos falta aliento para salvarte, llenos de
fé y con las manos juntas, pidámoslo a la misericordia de Dios.


____