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domingo, 28 de junio de 2020

CAPÍTULO XIV.


CAPÍTULO XIV.

De la enfermedad de Scipion, y de cómo Mandonio e Indíbil quisieron echar
a los romanos de España.

Scipion, después de haber dado fin a otros hechos notables que cuentan los historiadores, y por no tocar a cosas de nuestros ilergetes dejo, se estaba en Cartagena, donde enfermó. Agravósele aquella dolencia, mas no tanto como la fama encarecía, por la costumbre natural que los hombres tienen de acrecentar más en las nuevas que oyen. Esto fue causa que toda España, y principalmente lo más lejos de Cartagena, se alborotase, y se pareciese bien cuán grande alteración y movimiento hiciera la verdadera muerte de Scipion, pues un vano temor de ella levantó tan grande alboroto de cosas nuevas: ni los aliados del pueblo romano perseveraron en su amistad, ni el ejército mantuvo la lealtad debida. Mandonio e Indíbil, que habían esperado que, echados los cartagineses de España, ellos quedarían por reyes y señores absolutos de ella, viéndose engañados en esta su esperanza, porque Scipion, como ganaba la tierra para el imperio romano, así proveía en su gobierno y conservación con tanto recaudo y providencia, que nadie pudiese tener tal confianza; venida esta ocasión de revolver y destruir todo este buen orden, levantando sus pueblos, que eran los ilergetes y jacetanos, vecinos de Lérida y Jaca, y juntando consigo buena ayuda de celtíberos, que eran los vecinos de aquende y allende el río Ebro, y de ausetanos, que eran los que están entre el campo de Tarragona y Urgel, comenzaron a destruir los campos de los sedetanos, que eran los vecinos de Tarragona hasta Ebro, y eran amigos y confederados del pueblo romano. a mas (además) de esto, los soldados romanos y otros que había dejado Scipion en las comarcas de Denia y Valencia, aposentados cabe el río Júcar, se amotinaron, y fue muy necesaria la prudencia de Scipion para remediallo. La queja principal que publicaban era que no se les pagaba el sueldo; pero lo más cierto era la ambición de dos soldados particulares, llamado el uno Cayo Albio Coleno y el otro Cayo Anio Umbro: y se echó de ver presto su ignorancia, porque luego, sin cordura, tomaron insignias de capitán general, llevando delante sus lictores con las segures y haces de varas (la fascis etrusca, feix, fascismo, y la inventada feixisme, feixista, feixistes), que presto sintieron sobre sus espaldas y cervices. Estos aguardaban cada día nuevas ciertas de la muerte de Scipion; pero cuanto más atendían en averiguallo, más ciertos estaban de su vida y salud; y por eso muchos de los soldados amotinados dejaron a Anio y Albio y se redujeron al servicio de Scipion, de quien esperaban alcanzar perdón de aquel yerro.
Mandonio e Indíbil quedaron corridos de que aquellas nuevas hubiesen salido falsas, y se volvieron a sus casas muy avergonzados, con intento de aguardar en ellas lo que haría Scipion, el qual antes de tomar venganza de ellos, dio orden en el motín de sus soldados; y dudaba si castigaría solo las cabezas de aquel motín o todo el ejército, que era de ocho mil hombres; pero como su natural era inclinado a benignidad, se contentó con solo el castigo de las cabezas, que eran treinta y cinco hombres, gente plebeya y de poca consideración, y ordenó a siete tribunos, que cada uno de llos se encargase de la prisión de cinco de estos soldados, y que fuese sin alboroto; y por hacerles descuidar y pensar que el castigo de ellos estaba olvidado, publicó la guerra que pensaba hacer contra Mandonio e Indíbil. Ordenado esto, pensaron los amotinados que ya Scipion estaba olvidado del hecho, y juntos fueron a Cartagena para pedir el sueldo; y llegados allá, supieron los siete tribunos mover tan bien las manos, que antes de la noche tuvieron presos y maniatados los treinta y cinco que habían de ser presos; y porque nadie saliese de la ciudad, mandó poner guardas a las puertas, y subido en su tribunal, hizo un razonamiento a los amotinados, en que reprendió terriblemente aquel levantamiento, y que siendo ellos romanos, hubiesen osado alborotarse como los ilergetes y jacetanos, aunque estos, les dijo, siguieron a Mandonio e Indíbil, sus capitanes, regiae nobilitatis viros, varones de nobleza real y sus señores; pero “vosotros seguísteis y os sujetásteis a dos hombres salidos del arado, y porque os faltó pocos días el sueldo, hicísteis lo que Mandonio e Indíbil y sus ilergetes, pensando ser poderosos para echar del todo (a) los romanos de España, que tan victoriosos y poderosos están; y aunque muriera yo, había otros capitanes romanos, que habían de sustentar el señorío y ejército del senado y pueblo romano, como no faltaron cuando murieron mis padre y tío.» Y concluyendo su razonamiento, que fue muy largo, les perdonó a todos, por conocer que las razones que les había propuesto les habían movido a pesar, y tenían empacho de lo hecho; y luego mandó sacar a Albio y Anio con los demás amotinados, y atados a sendos palos, los mandó fuertemente azotar, como era costumbre de los romanos azotar a todos los condenados a muerte, y después les mandó cortar las cabezas, cayendo sobre sus espaldas y cervices las haces y segures que mandaron a sus lictores que llevasen delante de ellos, en señal de majestad y grandeza: y después de hechos ciertos sacrificios para purgar el lugar y desenviolarlo, conforme lo que en su vana religión los gentiles usaban, y tomado de nuevo el juramento a todos los que habían sido culpados en aquel alboroto, mandó dar a cada uno de los soldados una paga, con que todo quedó sosegado y quieto, y con la sangre de los treinta y cinco quedó lavada la culpa y yerro de los demás.
Scipion, así que tuvo apaciguado el motín pasado, entendió en la guerra que había publicado contra Mandonio e Indíbil y sus pueblos, sentido de que hubiesen osado tomar armas contra el pueblo romano, de quien habían recibido el uno la libertad de su mujer, y el otro de sus hijas, con otros mil beneficios y buenas obras, y confesaban estarle muy obligados por ello. Estos dos hermanos, vueltos a sus casas, estuvieron suspensos esperando qué haría Scipion con los amotinados, creyendo que si el error de ellos era perdonado, lo sería el de ellos; mas después que supieron el castigo de los treinta y cinco, pensaron que su culpa sería igualada con la de ellos, y merecedora de igual pena: y porque a los que han comenzado a ofender no les parece nuevo error el perseverar, sino forma para escapar de no ser castigados; por esto, o para volver a mover la guerra o estar aparejados para resistirla, mandaron tomar las armas a sus vasallos, y juntando los socorros que antes habían tenido, hicieron un campo de veinte mil hombres de a pie, y dos mil y quinientos caballos, y con esto pasaron a los términos de los jacetanos.
Scipion, que tenía bien contentos y reducidos a su amor y obediencia los ánimos de todos los soldados, así en haberles perdonado y haberles pagado a todos, culpados y libres, su sueldo, como con tratar con ellos siempre con amor y blandura, todavía queriendo hacer jomada contra Indíbil y Mandonio, le pareció hablar con los suyos, antes que se partiese para ellos. La suma de lo que les dijo fue: que con diferente ánimo iba a castigar los ilergetes del que había tenido antes de dar la pena a los amotinados; que cuando castigaba aquellos pocos para sanar el mal de todos, como si cauterizaba sus mismas entrañas, así doliéndose y gimiendo, quemaba lo dañado, y con cortar las cabezas de treinta y cinco, había purgado el error o la culpa de ocho mil hombres; mas que agora iba a hacer la matanza de los ilergetes con gran ansia de verter su sangre y destruirles del todo, pues a enemigos tan porfiados solo el rigor les pedía poner remedio con el miedo. Con estas y otras buenas razones con que les acarició dulcemente, les aseguró más los ánimos, y se partió con ellos a pasar el río Ebro, y llegó a poner su real a vista de los enemigos. El lugar donde aconteció esta batalla fue un campo todo cercado de montes, donde mandó meter Scipion todos los ganados, así suyos, como los que había tomado de los enemigos, porque, con la codicia de hurtarlos, se metiesen allá dentro la gente de
Mandonio e Indíbil, y quedasen como encerrados; y Scipion con lo mejor de su ejército estaba escondido tras un monte, aguardando que entraran todos en aquel campo: todo sucedió así como él pensó y quería. Salió Scipion y embistió; trabóse la escaramuza luego, y fue muy reñida, mas los nuestros fueron con astucia cercados de los caballos romanos, y así pareció quedar por ellos la victoria: y aunque aquel día murieron muchos de los soldados ilergetes, no perdieron el ánimo, antes el día siguiente bien de mañana, por no mostrar punto de temor, se pusieron en el campo, ordenando sus escuadrones para pelear; y también les venció Scipion esta segunda vez, porque la angostura del lugar donde se peleaba le fue favorable, y también tuvo maña como los nuestros fuesen cerrados, sin que se pudiesen de ninguna forma aprovechar de su gente de a caballo, en que tenían su mayor confianza. Así fueron fácilmente desbaratados; y hubo otro daño también grande, que lo estrecho del lugar, y el hallarse los caballos romanos a las espaldas de los nuestros, no dio lugar a que nadie escapase, sino que fueron muertos casi todos, y solo se escapó una parte del ejército que, como mejor pudo, se había subido a la montaña; y estos viendo el peligro de los suyos, y el poco aparejo que el lugar les daba para ayudarles, en tiempo seguro comenzaron a retirarse, y con ellos Mandonio e Indíbil y algunos otros principales. Acabada la matanza, que fue grande y miserable, aquel mismo día fueron tomados los reales de los ilergetes, con pocos menos de tres mil hombres de guarda y servicio, y gran presa de todas maneras de riqueza. La victoria fue grande, mas no les costó a los romanos poca sangre, ni vendieron barato nuestros ilergetes sus vidas, que según Tito Livio, mil dos cientos, y según Apiano, mil quinientos mataron los enemigos, y quedaron más de trescientos heridos, que después la mitad de
ellos murieron de las heridas; y afirma Livio que no fuera la victoria tan sangrienta, si el combate hubiese sido en campo llano, y más apto para retirarse.

jueves, 4 de julio de 2019

LA CORONACIÓN DE PEDRO II EN ROMA

114. LA CORONACIÓN DE PEDRO II EN ROMA (SIGLO XIII. ROMA)
 
Pedro II, rey de Aragón, hizo un viaje que hoy llamaríamos de Estado a Roma, cuando ya llevaba gobernando los destinos del reino desde hacía ocho años. Allí, ante el Papa y con la intervención de éste, fue coronado solemnemente rey de los aragoneses.
 
De lo que ocurrió en Roma, así como del acto de la coronación efectuada por Inocencio III, pronto
comenzaron a correr versiones y noticias de todo tipo, algunas no exentas de cierta verosimilitud.
 
Parece ser que, según la leyenda naturalmente, era costumbre que el papa, para poner de mayor relieve
la dignidad pontificia, colocaba la corona sobre la cabeza de los reyes coronados con los pies, en lugar de hacerlo, como parece lógico, con las manos.
 
Pedro II, que se enteró de esta curiosa costumbre protocolaria cuando se hallaba en Roma, la estimó algo vejatoria y humillante para cualquier autoridad secular, por modesta que fuera, pero sobre todo para el representante de un reino tan importante como el aragonés. Ideó entonces cómo evitar pasar por el trance sin que ello molestara al pontífice.
 
Tras barajar varias alternativas con sus asesores, Pedro II se decidió finalmente por la de confeccionar
una corona de pan blando, con escasa corteza, que hizo elaborar y cocer el mismo día en que iba a tener lugar el acto de la solemne coronación.
 
Se preparó con todo detalle la ceremonia, a la que acudieron, aparte de los representantes vaticanos, no sólo la delegación aragonesa, sino también embajadores de otros Estados. Tras el rey Pedro II, un camarlengo portaba una bandeja con la corona de pan encima. El salón era todo luz.
 
Cuando llegado el momento de la coronación Inocencio III se descalzó y quiso tomar el pan con los pies para proceder como era costumbre, se vio imposibilitado para manejar la corona de pan blando, de modo que se vio obligado a tomarla con las manos para colocarla en la cabeza de Pedro II.
 
[Blancas, Jerónimo, Comentarios a las cosas de Aragón, pág. 5.
 
A la memoria de Jerónimo de Blancas, cronista del Reino de Aragón

https://archive.org/details/comentariosdela00blangoog/
 
Palacios, Bonifacio, La coronación de los Reyes de Aragón, 1204-1410, pág. 23.]
 
 
 
LA CORONACIÓN DE PEDRO II EN ROMA
 
Pedro II de Aragón el Católico en un acto feudal en febrero de 1198. Es la única imagen contemporánea al rey de Aragón que se conoce. Aparece sentado en el trono y coronado. Liber feudorum Ceritaniae (1200-1209).
 
Pedro II, Osca, als presentz, fuero, bando, occitano aragonés
 
Pedro II de Aragón, apodado «el Católico» (Huesca, julio de 1178a​-Muret, actual Francia, 13 de septiembre de 1213), fue rey de Aragón (1196-1213), conde de Barcelona (como Pedro I, 1196-1213) y señor de Montpellier (1204-1213). Era hijo de Alfonso II el Casto de Aragón y Sancha de Castilla.
 
Nació, casi con toda probabilidad en el mes de julio de 1178 en Huesca, ciudad en la que estaba su padre Alfonso II que ese mismo mes otorgó al menos dos documentos. Recibió el bautismo en la catedral de Huesca. Su infancia transcurrió en la capital altoaragonesa criado por su ama Sancha de Torres.
 
Pedro II gobernó como rey de Aragón, conde de Barcelona y señor de Montpellier; según Iglesias Costa esto suponía asumir el reconocimiento sobre Sobrarbe y Ribagorza, aunque esos títulos se omitieron desde Alfonso II.​ Estos eran antiguos condados ya unidos al Reino de Aragón en tiempos de Ramiro I.
 
En líneas generales, el reinado de Pedro II estuvo dedicado a la política en los territorios transpirenaicos con limitados resultados y finalmente fracasada, lo que, aparte de la merma crónica de recursos financieros y el endeudamiento de la corona durante su reinado, determinó una menor atención a la frontera hispánica, logrando apenas alguna posición avanzada en territorio andalusí, como Mora de Rubielos (1198) Manzanera (1202) Rubielos de Mora (1203), Camarena (1205) y Serreilla, El Cuervo, Castielfabib y Ademuz (1210)​ si bien desempeñó un papel político de apoyo a una acción cristiana conjunta que frenara la fuerza del poder almohade en la península, y participó activamente junto a Alfonso VIII de Castilla y Sancho VII de Navarra en la campaña que culminó en la batalla de Las Navas de Tolosa en 1212, un triunfo cristiano, según muchos decisivo, y de gran resonancia ya en aquellos momentos.
 
Pedro II renovó la infeudación o vasallaje de Aragón a San Pedro (al igual que ya hicieran tiempo atrás Sancho Ramírez y Pedro I) con su coronación por el papa Inocencio III en el monasterio de San Pancracio de Roma en noviembre de 1204, adquiriendo también el compromiso de la concesión al Papado de una suma anual.​ Esta política de legitimación papal le convirtió en el primer monarca del reino que fue coronado y ungido. A partir de él y por concesión de la Santa Sede en bula dictada el 6 de junio de 1205, los monarcas aragoneses debían ser coronados en la Seo de Zaragoza de manos del arzobispo de Tarragona tras solicitar la corona al Papa (formalidad que implicaba el permiso de Roma), haciéndose extensiva esta prerrogativa a las reinas en 1206.

Los Reys Darago

 
 
Casado en 1204 con María de Montpellier, un matrimonio guiado por sus intereses en el mediodía francés que le proporcionó la soberanía sobre la ciudad de Montpellier, su escasa vida marital estuvo a punto de crear una situación de crisis sucesoria por falta de heredero. La reina María dio finalmente un hijo, Jaime I, (treta palaciega) que garantizó la continuidad de la dinastía aunque hubo un intento de divorcio, que el Papa no concedió, para casarse con María de Montferrato, heredera nominal del reino cruzado de Jerusalén, por entonces inexistente ya en la práctica.
 
 
occitania, Aragón, 1213
Occitania, Aragón, 1213

 


Pedro II no renunció a la política en Occitania y con él se dan, a la vez, la culminación y el fracaso de esa política en la Corona de Aragón que, heredada de la casa condal de Barcelona desde el siglo XI y las campañas con ayuda de magnates ultrapirenaicos de Alfonso I de Aragón, su padre Alfonso II había acrecentado en su doble condición de Rey de Aragón y Conde de Barcelona.

Ramón Berenguer I había iniciado, en oposición a los condes de Tolosa, una política de penetración en Occitania del condado de Barcelona con la adquisición de los territorios de los condados de Carcasona y Rasés (más tarde perdidos a manos de los Trencavel), que continuó en el siglo XIII con Ramón Berenguer III y IV, consolidando su posición en la zona como condes de Provenza y obteniendo, entre 1130 y 1162, el vasallaje de numerosos señores en la zona.

Alfonso II, en el contexto de la expansión almohade (que actuaba de freno a la expansión hacia el sur en la Península Ibérica), pero ahora también como primer soberano titular de la Corona de Aragón (lo que le proporcionaba una base de poder territorial más amplia) había reforzado su presencia en Occitania frente al expansionismo del condado de Tolosa y estuvo «a punto de crear un reino pirenaico que englobara las cuencas del Ebro y del Garona». Pedro II será quien con más decisión lo intentará hacer realidad, culminando la tradición dinástica occitana ahora en un nuevo contexto de alianzas ante el intento de expansión en la zona de otra monarquía rival, los capetos.

Pese a que el condado de Provenza, perteneciente a la Casa de Aragón-Barcelona, había sido asignado a su hermano Alfonso II de Provenza, Pedro II mantuvo su actividad en aquel complejo tablero de intereses marcado por su atomización política, el intento de expansión francesa sobre ella, el desarrollo del catarismo y los consiguientes conflictos con el papa Inocencio III, interesado en erradicarlo e imponerse en la zona.

En 1200 concertó el matrimonio de su hermana Leonor y Raimundo VI de Tolosa. En un concilio en Bagnères-de-Luchon de 1201, Bernardo IV de Cominges se hizo vasallo del rey de Aragón, a cambio de la entrega del Valle de Arán, que pertenecía al rey católico.
En 1202 se celebró la boda del conde de Tolosa con la infanta Leonor.
En 1204, Pedro II se casó con María, heredera del conde de Montpellier, teniendo además, como vasallo, a Ramón-Roger Trencavel, vizconde de Béziers y Carcasona. Ese mismo año intervino en la zona forzando una paz entre su hermano, el conde de Provenza, y el conde de Forcalquier, aliado de Pedro II.

Asimismo se hizo feudatario de la Santa Sede en noviembre de ese mismo año, sin duda con las miras puestas en jugar un papel político en la zona desde una posición de preeminencia y legitimidad, en su condición de rey coronado por el Papa y distanciado del catarismo, catarrismo no, contra el que tanto en Provenza como en Montpellier se tomaron algunas medidas, teniendo que sofocar en esta última ciudad una revuelta en 1206.

Por otro lado, interesado en una alianza con el Sacro Imperio Romano Germánico, comprometió a otra de sus hermanas, Constanza, con el rey de Sicilia Federico II Hohenstaufen, matrimonio que se culminó en 1210, para ser en 1212 coronadas como emperadores del Sacro Imperio.

A lo largo de los siglos xii y xiii, la influencia del catarismo, una herejía cristiana con orígenes en Asia Menor y los Balcanes (paulicianos y bogomilos), se había ido extendiendo en el occidente latino y consolidado con fuerza en la llamada Occitania o territorios del actual mediodía francés, donde se estructuró una Iglesia cátara con varios obispados y cuyo epicentro era la zona de la ciudad de Albi, por lo que también se lo denomina movimiento albigense. La situación de coexistencia con esta iglesia rival, tolerada por los poderes de la zona (situación favorecida por la atomización del poder político y la ausencia de un centro de poder efectivo en Occitania, nunca logrado por el condado de Tolosa), amenazaba allí la hegemonía de la Iglesia romana.

Al mismo tiempo, la prosperidad occitana despertaba la ambición expansionista de la monarquía francesa de los Capetos y de sus baronías de la Isla de Francia, dispuestos a servirse de cualquier argumento para intervenir en los territorios de la Langue d'oc.
Por su parte, Inocencio III encontró en la monarquía francesa el medio más favorable de atajar la «herejía» y reducir a sus prosélitos a la obediencia a Roma, por lo que se mostró siempre complaciente y predispuesto a favorecer las empresas del rey francés, a quien también apoyará en la batalla de Bouvines y en sus conflictos con Inglaterra.
De esta comunión de intereses surgió la cruzada contra los albigenses que se empezó a fraguar a inicios del siglo xii y que finalmente el papa predicó en toda la cristiandad latina, con especial éxito en la Isla de Francia, legitimando al monarca francés en su política expansiva al enviar contra los territorios occitanos –considerados heréticos por Roma– un poderoso ejército mandado por Simón de Montfort bajo la denominación de Cruzada.

Dinero de Pedro II de Aragón (1205-1213). Anverso: Busto del rey coronado. Leyenda: PETRO REX. Reverso: Cruz procesional sobre vástago con florituras de ramas a los lados o «arbor ad modum Floris» (mal llamada "Encina de Sobrarbe", como se interpretó desde el siglo XVI). Leyenda a ambos lados del vástago: ARA-GON.
 
Dinero de Pedro II de Aragón (1205-1213). Anverso: Busto del rey coronado. Leyenda: PETRO REX. Reverso: Cruz procesional sobre vástago con florituras de ramas a los lados o «arbor ad modum Floris» (mal llamada "carrasca o encina de Sobrarbe", como se interpretó desde el siglo XVI).
Leyenda a ambos lados del vástago: ARA-GON.

El acontecimiento que desató el conflicto fue el asesinato en enero de 1208 de Pierre de Castelnau, enviado a Toulouse como legado papal para mediar en nombre de Roma, que indujo al Papa a excomulgar al conde de Toulouse y promulgar la cruzada contra los albigenses.

La guerra «relámpago» en 1209 se dirigió inicialmente contra los vizcondados de la dinastía occitana Trencavel, donde se produjo la brutal toma de Béziers, con una matanza generalizada sin distinción de credo que quedó luego ilustrada en la célebre frase atribuida por las crónicas al legado papal Arnaud Amaury.​ Esta fase inicial de la cruzada acabó con el sitio y la subsiguiente toma de la ciudad de Carcasona en el verano de 1209, tras lo cual le fueron otorgadas al cruzado francés Simón de Montfort, por el propio legado papal, las tierras sometidas de la familia Trencavel. Desde sus nuevas posesiones mantendría una política de ataques y asaltos a los señoríos de la zona incluido el fracasado intento de toma de Toulouse en 1211 y comenzaba la persecución y quema de cátaros a través de la Inquisición, creada expresamente por Roma en 1184 con el objetivo de erradicar la llamada herejía cátara o albigense.

La situación creada generó entre los poderes occitanos un sentimiento de amenaza y repulsa ante la intervención francesa y la cruzada que era propicio para que Pedro II el Católico, como rey y vasallo del papado desde 1204, pudiera obtener una posición de prestigio en la zona actuando como intercesor ante el papado y protector ante Simón de Montfort (ya en la toma de Carcasona de 1209 evitó una matanza negociando con los cruzados una expulsión de los cátaros), prestigio acrecentado con su participación exitosa contra los musulmanes en las Navas de Tolosa. Habiendo obtenido el vasallaje del conde de Toulouse, Raimundo VI, y de otros poderes de la zona, desplegó una política de pacificación concertando el matrimonio de su hijo, el futuro Jaime I, con la hija de Simón de Monfort, entregándole a este, como garantía, la tutela del joven príncipe y único heredero del linaje, que permaneció en Carcasona. Asimismo negoció con Arnaud Amaury, ahora obispo de Narbona y también presente en la campaña de las Navas, la convocatoria de un sínodo en Lavaur para intentar la reconciliación.

Tras el fracaso de la reconciliación entre occitanos y Simón de Montfort, Pedro II se declaró protector de los señoríos occitanos amenazados y de Toulouse. Pese a que su hijo permanecía bajo tutela en poder de Simón de Montfort y la excomunión de Inocencio III, que había optado finalmente por apoyar la causa francesa, reunió finalmente un ejército en sus reinos y territorios peninsulares con el que pasó los Pirineos y junto a los aliados occitanos puso cerco a la ciudad de Muret, donde acudió Simón de Montfort. Partiendo de una situación ventajosa en cuanto a fuerzas y avituallamientos, en la campaña, parece ser, sus huestes actuaron con precipitación y desorganización sin esperar la llegada de todos los contingentes. Resultaría muerto al ser aislado por los caballeros franceses en un combate en el que el rey ocupaba una posición de peligro en la segunda escuadra, en lugar, según era lo habitual, de situarse en la retaguardia. La muerte del rey trajo el desorden y la desbandada entre las fuerzas tolosano-aragonesas y la consiguiente derrota.​ Muret supuso el fracaso y abandono de las pretensiones de la Corona de Aragón sobre los territorios ultrapirenaicos y, según el autor Michel Roquebert, el final de la posible formación de un poderoso reino aragonés-occitano que hubiera cambiado el curso de la historia de Francia y España.

Excomulgado por el mismo Papa que lo coronó, permaneció enterrado en los Hospitalarios de Toulouse, hasta que en 1217 el Papa Honorio III autorizó el traslado de sus restos al panteón real del Monasterio de Santa María de Sigena en Huesca, donde fue enterrado fuera del recinto sagrado.

Muerto Pedro II, Simón de Monfort mantenía aún en custodia a Jaime, el heredero al trono, que había quedado en ese mismo año de 1213 huérfano de padre y de madre, al morir también la reina María de Montpellier con solo 33 años en Roma, donde había viajado para defender la indisolubilidad de su matrimonio.

Ante esta situación, los nobles aragoneses y catalanes posiblemente solicitaran la restitución del joven heredero a Simón de Montfort. Se envió una embajada del reino a Roma para pedir la intervención de Inocencio III quien, en una bula y por medio del legado Pedro de Benevento, exigió contundentemente a Simón de Montfort la entrega de Jaime que se produjo finalmente en Narbona en la primavera de 1214, donde le esperaba una delegación de notables de su reino, entre los cuales se encontraba Guillem de Montredon, maestre del Temple en Aragón encargado de su tutela.

Siendo un niño, Jaime I de Aragón cruzará por primera vez los Pirineos para ser, junto a su primo, Ramón Berenguer V de Provenza, formado y educado con los templarios de Aragón en Monzón, deteniéndose antes en Lérida, donde le juran fidelidad unas Cortes conjuntas de Aragón y Condado de Barcelona.

 
http://www.enciclopedia-aragonesa.com/voz.asp?voz_id=9908

miércoles, 17 de julio de 2019

LA CRUENTA MUERTE DEL BARÓN DE ESPÉS

139. LA CRUENTA MUERTE DEL BARÓN DE ESPÉS (SIGLO XI. SOPEIRA)
 
LA CRUENTA MUERTE DEL BARÓN DE ESPÉS  (SIGLO XI. SOPEIRA)
 
 
El barón de Espés, famoso por su lucha contra los moros, recorría quebrados caminos, a través del puerto de Las Aras, para ir desde Espés al monasterio de Obarra, en Sopeira, pues era fervoroso devoto de su Virgen. Solía hacer el viaje —armado de espada y de una hermosa alabarda, que decía haber ganado en batalla— sin más escolta que la de sus tres grandes mastines y, aunque fue atacado varias veces por salteadores, en todas fueron ahuyentados por los perros. Un día, al pasar junto al torreón de la Roca del Castell, oyó una voz que le decía: «Señor de Espés, señor de Espés: si vas de Obarra a Espés nunca volverás», aviso que se repitió, aunque no le hiciera caso.
Una tarde, la amenaza se cumplió. Sus propios perros, aquejados de rabia, según se dijo, le derribaron del caballo y le dieron muerte a dentelladas.
Encontrado su cadáver por unos labradores, lo condujeron a Obarra, donde fue enterrado.
 
Así se explicó su muerte, pero, pasados algunos años, llegó al cenobio un anciano que solicitó ser
admitido como donado. Buena parte del tiempo la pasaba rezando, entre sollozos, ante la tumba del barón de Espés. Tal actitud extrañaba a los monjes, pero no se atrevían a preguntar la causa.
Un día, enfermo de muerte, el anciano solicitó la presencia del abad y de los monjes del monasterio ante su lecho: «Me llamo Fortún —les dijo— y soy oriundo de tierras del bajo Cinca. Yo maté al barón de Espés». Con voz queda, fue relatando el resto de su historia.
 
Ocurrió —declaró— que el barón, en el fragor de una batalla, había derribado al anciano, entonces
joven, y le había arrebatado su alabarda. Decidió vengarse y preparó la estrategia. Le espió en sus constantes viajes a Obarra —incluso en varias ocasiones fue perseguido por los mastines—, hasta que un día soltó una liebre ante ellos y, al perseguirla, dejaron solo al barón. Fue entonces cuando le mató y recuperó su arma. La sangre leporina en la boca de los mastines indujo a pensar que era la del barón, apareciendo así como los autores de la matanza. Le imploró Fortún que le perdonara cuando moría en medio del camino y luego, arrepentido por el crimen, decidió ingresar en Obarra para rezar permanentemente ante su tumba.
 
Otras lenguas menos piadosas hicieron correr una explicación bien distinta del horrendo crimen, presentado como un ajuste de cuentas a causa de las relaciones poco edificantes del barón con una dama de los contornos, visitas que disimulaba con sus constantes idas y venidas al monasterio.
 
[Iglesias, Manuel, «Leyendas y tradiciones ribagorzanas. La leyenda del barón de Espés»,
Cuadernos Altoaragoneses (12/VI/1988), pág. VI.]


https://es.wikipedia.org/wiki/Alabarda

https://es.wikipedia.org/wiki/Sopeira

https://www.huescalamagia.es/blog/el-monasterio-de-obarra-leyenda-del-baron-de-espes/

https://an.wikipedia.org/wiki/Leyenda_d%27o_Bar%C3%B3n_d%27Esp%C3%A9s

https://issuu.com/graus/docs/el_bar__n_de_esp__s_y_el_conde_arna

http://www.enciclopedia-aragonesa.com/voz.asp?voz_id=1966

(Mit.) La leyenda de la muerte del Barón d’Espés tiene muchas versiones. Unos aseguran que fueron las propias «bruxas» y los duendes del Turbón quienes lo mataron; otros, que fue despedazado por los perros de los monjes del monasterio de Obarra. Pudo ser que se lo comieran sus propios perros o que lo arrastrara la corriente del río. Algunas personas mayores del valle de Lierp comentan que recuerdan haber visto en Obarra imágenes de perros esculpidas en piedra, flanqueando el mausoleo del Barón. Toda esta zona está poblada de creencias en duendes y brujas. Se cita al Turbón, junto con el castillo de Boltaña y el pico de Cotiella, como lugares donde se reúnen las brujas para realizar sus ritos satánicos.

http://tiocarlosproducciones02.blogspot.com/2012/09/el-baron-de-espes.html

lunes, 22 de junio de 2020

245. LA VENGANZA DEL CONDE CRISTIANO, Barbastro

245. LA VENGANZA DEL CONDE CRISTIANO (SIGLO XI. BARBASTRO)

LA VENGANZA DEL CONDE CRISTIANO (SIGLO XI. BARBASTRO)


Narra un historiador árabe que, pasado un tiempo de la reconquista de Barbastro por las tropas cristianas, llegó a la ciudad un comerciante judío con la misión de rescatar de su cautiverio a las dos hijas de un notable musulmán que había podido escapar a duras penas de la matanza.

Se presentó el judío en la casa que fuera de este notable, donde vivía ahora un conde cristiano, encontrando a éste vestido lujosamente y sentado en el mismo sitio que antes ocupara el antiguo dueño moro de la casa, con las hermosas muchachas dócilmente sentadas a su lado. Nada se había cambiado en la mansión: se mantenía intacta la misma disposición de los muebles y de los ornamentos, el ambiente y la atmósfera parecían idénticos. Solamente el dueño era otro.

Manifestó el comerciante judío su disposición a pagar cualquier precio al conde por el rescate de las cautivas, pero éste se negó rotundamente al trato, despreciando ostentosamente el «oro muy puro y las telas preciosas y originales» que aquél le ofrecía. El conde, dijo, poseía ya bastantes riquezas, pero afirmó que, aunque no las tuviera, no cambiaría a las muchachas por todo el oro del mundo, pues era su deseo vengarse por lo que en otro tiempo hicieron con las hijas de los cristianos los conquistadores árabes.

A una de las muchachas la había elegido el conde por su belleza como madre de sus hijos; a la otra, como cantora y tañedora de laúd. Como muestra de cuanto decía, llamó a esta última y le pidió que, tras templarlo, tañese el laúd y cantara con su hermosa voz en honor de su huésped. La muchacha, obediente, así lo hizo, mientras el conde enjugaba con un pañuelo de seda las lágrimas que resbalaban por sus mejillas. Durante un rato, que se hizo eterno, continuó la morica desgranando versos en una lengua que ni el cristiano ni el judío acertaban a comprender, mientras el conde seguía bebiendo copiosamente y manifestando su agrado por las canciones, aunque endurecidos su corazón y su mente por la sed de venganza.
Regresó el judío sin haber podido cumplir el encargo, mientras tres corazones que creían en otro Dios lloraban de soledad y separación.

[Turk, Afif, El Reino de Zaragoza en el siglo XI de Cristo..., págs. 94-95.]

miércoles, 1 de mayo de 2019

LA DRAMÁTICA RENDICIÓN DE BARBASTRO, 1064

2.29. LA DRAMÁTICA RENDICIÓN DE BARBASTRO (1064)
(SIGLO XI. BARBASTRO)
 
LA DRAMÁTICA RENDICIÓN DE BARBASTRO (1064) (SIGLO XI. BARBASTRO)
 
 
Según el famoso historiador árabe Ibn-Hayyan, a mediados de agosto del año 1064 llegó a la ciudad de
Córdoba —en el corazón de al-Andalus— la desgraciada noticia de la caída de Barbastro, ciudad que los musulmanes habían creado de la nada, a manos de los cristianos. Como los musulmanes sitiados sufrían una sed tremenda, esta desesperada situación les había
obligado a ofrecer su rendición al enemigo, a cambio de que se
respetaran sus vidas. Accedió aparentemente el general cristiano,
pero, una vez rendida la plaza, ordenó a sus soldados que mataran a
los vencidos con sus espadas, violando así su promesa, muriendo
cerca de seis mil moros barbastrenses.
 
río Vero
río Vero
 
 
 
Tras aquella desleal e ignominiosa matanza, aún ordenó el general cristiano a los habitantes moros que
abandonaran la alcazaba donde se habían refugiado durante tantos
días de asedio. Tan sedientos estaban todos que muchos ancianos y
niños acabaron con sus vidas atropellados al correr la multitud en
masa hacia las aguas del río Vero, mientras los más hábiles y fuertes se deslizaban por
medio de cuerdas desde lo alto de la muralla. Gran número de mujeres
musulmanas perecieron también al llegar al río, pues se echaron al
agua bebiendo de manera inmoderada. La ciudad barbastrense era un
auténtico y dantesco caos, donde imperaba la muerte.
El guerrero vencedor impuso su propia
ley y los soldados cristianos recibieron en recompensa las casas y
haciendas de los moros vencidos, incluidas las familias que en ellas
moraban. Muchos, ávidos de codicia, sometieron a sus miembros a
tremendas torturas para tratar de encontrar las preciadas riquezas
que creían escondidas, a la vez que violaban a las mujeres e hijas
de sus prisioneros, mientras éstos asistían encadenados a tan
brutales escenas con lágrimas en los ojos y con los corazones
destrozados.
En Córdoba, la triste noticia corrió
rauda, abriendo una tremenda herida en el alma colectiva del pueblo
andalusí.

[Turk, Afif, El Reino de Zaragoza en el siglo XI de Cristo (V de la Hégira), págs. 90-91.]
  • Emigración o huida de Mahoma de La Meca a Medina, que tuvo lugar en el año 622 y se toma como punto de partida de la cronología musulmana.
  1. 2.
    Era de los musulmanes, que se cuenta a partir de este año.
 
 
 
 

https://www.vinasdelvero.es/

http://www.bebesomontano.com/es/articulos/29/bodegas-vinas-del-vero.html

lunes, 30 de agosto de 2021

NOTAS.

NOTAS.


(1)


Camina
que caminarás. No encontramos otra manera de verter al castellano la
frase del original, usada con frecuencia en los cuentos populares de
la isla. Hemos preferido ser literales a desnaturalizar demasiado en
la versión el sabor que distingue esta composición.


(2)


-
“De ancho y profundo foso rodeada, amparada y guarnecida de muro
que flanquean multitud de torres, y de bello antemural coronada.” -
Crónica de Marsilio. - “La ciudad de Mallorca que es de las más
fuertes del orbe y la de mejores murallas.” -
Crónica de
Muntaner.



(3)


-
“Y según relación que hemos oído a muchos sarracenos, y el rey
lo averiguó a su tiempo con mayor diligencia, precedía a los
hombres armados un caballero sobre blanco alazán, cubierto de
relucientes armas y de blanquísimas vestiduras, y este caballero fue
muy terrible para los sarracenos y el primero que penetró en la
ciudad; 
el
cual piadosamente creemos sería el bienaventurado San Jorge.”


-
Crónica de Marsilio.





(4)


El
yelmo que el rey conquistador llevaba al entrar vencedor en Palma,
existente en la Armería nacional, tiene por cimera un dragón
o animal fabuloso.

El yelmo que el rey conquistador llevaba al entrar vencedor en Palma, existente en la Armería nacional, tiene por cimera un dragón o animal fabuloso.


(5)


-
“Avanzaron (los cristianos) e hicieron gran número de prisioneros
de los moros que se habían reunido en aquel punto, y todo lo
arrollaron y vencieron. Y avanzando más herían y mataban a cuantos
enemigos encontraban a su paso, hasta que llegado hubieron a la Real
Alcazaba, que se llama la Almudayna, y entonces se esparramaron 
por
la ciudad haciendo gran matanza de enemigos, de manera que esto les
tuvo ocupados todo el día. “ - Crónica de Desclot.


(6)


-
“Los saqueadores, escudriñando las casas, encontraban bellísimas
mujeres y muy agradables doncellas que tenían en su regazo monedas
de oro y plata, margaritas y piedras preciosas, brazaletes de oro y
plata, collares y toda suerte de ricas alhajas; y ostentaban estas
cosas a los ojos de los soldados que invadían las viviendas, y
llorando amarguísimamente les decían en arábigo: - Tuyas sean
estas riquezas y concédeme la vida.” - Crónica de Marsilio.


(7)


-
“El último que se apartó del teatro del combate fue el
animosísimo rey de Mallorca. “ - Id. id.


(8)


-
“Y el rey don Jaime conoció al rey sarraceno.... y acercándose a
él asióle de la barba.” - Crónica de Muntaner.


(9)


Imprecación
que en los cuentos populares de la isla profieren las hadas antes de
empezar sus hechizos o encantos.


(10)


Con
este nombre se conocieron en el siglo XVII en Mallorca, dos bandos
encarnizados que originaron sensibles desgracias y ensangrentaron
lastimosamente el suelo mallorquín.

(11)


Especie
de toca que forma parte del traje característico de las campesinas
de Mallorca. No tiene correspondencia castellana por no usarse más
que en la isla.


(12)


Se
llama así la danza primera con que se abre el baile en las fiestas
populares de los pueblos rurales de Mallorca. Las jóvenes campesinas
apetecen mucho alcanzar esta distinción; y por esto se abre en la
misma plaza del baile una licitación, adjudicándose la primera al
mejor postor. El precio ofrecido, así como el de las danzas
sucesivas, se aplica a los gastos de la fiesta religiosa del patrón
del pueblo.


La
puja, pues, ofrece ocasión al amante para pretender que el honor de
bailar la primera recaiga en su novia, y esto hace que muchas veces
las posturas lleguen a ser muy crecidas.


(13)


Especies
de danzas peculiares del país.


(14)


-
“Después el conde de Ampurias empezó una mina muy próxima al
foso, e hízola abrir tan extensa y profunda, que parecía una casa y
cabían en ella en caso necesario más de doscientos caballeros. El
conde se introdujo allí con los suyos, y allí estaba día y noche.”
- Crónica de Desclot.



(15)


-
“En tanto el buen conde de Ampurias hizo minar el muro y la torre
de poniente, y los hizo cubrir de vigas y maderámenes y les puso
fuego; cuando llegó el sábado hundiéronse el muro y la torre y
cayeron al foso. “ - Id. id.


(16)


-
Gil de Alagón, que fue cristiano y caballero, y ahora es sarraceno y
renegado de la fé bajo el nombre de Mahomet.” - Crónica de
Marsilio.


(17)


-
“Pero el conde de Ampúrias no quiso asistir a este consejo ni a
otro cualquiera en que se tratase de transacción alguna con los
sarracenos; sino que continuamente estaba en la mina que mandaba
abrir, diciendo cuando era citado a consejo que no saldría jamás de
allí hasta que la ciudad fuese tomada.” - Id. id.


(18)


-
“Plugo al rey lo que más había sido del agrado del consejo, y
envió al rey de Mallorca la respuesta de que no se admitía
convenio.” - Id. id.


(19)


-
“Y en continente todos los que eran de la familia de Moncada y los
prelados dijeron a una voz y con clamor unánime, que fuese tomada la
ciudad a viva fuerza.” - Id. id.


(20)


-
Benhabet fue al campamento y convidó al conde Don Nuño para que
pasase con él las fiestas de Navidad en la villa de Pollenza... el
conde aceptó el convite, y montando a caballo iba a partir... El de
Ampúrias dijo súbitamente a Don Nuño que por nada del mundo se
ausentase.” - Crónica de Desclot.

(21)


-
“Id, vos allá, Rocafort, y llamadlos a toda prisa, y decid a Nuño
que esta su tardanza de hoy podría perjudicar demasiado y que podría
hacernos mal provecho su comida.”
- Crónica de Marsilio.

(22)


-”...La
estudiada dilación de Don Nuño que comprometió la vida de los
Moncadas.”
- Quadrado. Notas a la Crónica de Marsilio.


(23)


-
“Don Nuño Sánchez.... combatió al lado de su padre en las Navas
de Tolosa donde fue armado caballero....Es probable que fuese este
(el de Ampúrias) el conde que asistió a la gloriosa batalla de las
Navas...” - Quadrado. Conquista de Mallorca. Apéndice 1.°


(24)


-
“Cuando el conde Don Nuño comprendió que el de Ampúrias y todo
el ejército estaban disgustados de su partida, detuvo su viaje... y
dijo:... No me ausentaré puesto que no os place: mas por lo que
concierne al asalto, hagamos lo que os diré. Fijemos el día en que
debamos entrar en la ciudad para morir o vencer, y que nadie pueda 
volver
atrás. Esto juran todos... el rey el primero y luego los demás.” 
- Crónica de Desclot.


(25)


-
“Y el conde de Ampúrias enfermó también y dentro de ocho días
pagó el tributo de la naturaleza.” - Crónica de Marsilio.


(26)


-
“Y considerando y recapacitando estas pérdidas, el conde de
Ampúrias con ánimo doliente y lloroso, dijo: Con qué! ¿todos los
de la familia de Guillermo de Moncada le seguirán falleciendo así?
Seguro es.” - Id. id.



(27)


-
“Cayó enfermo Guillermo de Clarmunt y al octavo día pasó a
reunirse con sus padres. En seguida enfermó Raimundo Alemany y al
octavo día terminó su carrera. Después de él enfermó García
Pérez de Meytats.... y al octavo día murió. Después de estos
enfermó Gerardo de Cervelló.... y al octavo día entregó su
espíritu al Señor. - Id. id. (28)


Traducimos
esta frase, comienzo obligado de todos los cuentos populares de la
isla llamados rondalles, con la que pone
Cervantes al principio del que relata en su primera parte del Don
Quijote, cap. XX.

(29)


Véase
la nota 13.


(30)


Poetas
vulgares improvisadores. Suelen concurrir a las bodas para amenizar
la danza con sus agudezas. Los ha habido de una facilidad asombrosa
en el versificar.


(31)


Véase
la nota 11.


(32)


Estos
versos forman el principio de un romance popular muy conocido en la
isla.

_____



ÍNDICE.
Se
omite.

ERRATAS NOTABLES.
Se corrigen en el texto.

miércoles, 21 de julio de 2021

XIX, AL PEU DE LA VICTORIA.

XIX

AL
PEU DE LA VICTORIA.




La
nit serena,
Lo cel molt blau;
Suspira l´ayre
Per lo
pinar.
Petites perles
De llum brillant,
Lo manto
brodan
Endiumenjat.
De bella lluna
L´ull clarejant,
En
les boyrines
Fixa sos rays.
Dels sabel-lins
Lo crit
resplán,
Pe´ls tamarells
Del arenal.




XIX
AL
PIÉ DE LA VICTORIA.

Serena esta noche, el cielo profundamente
azul; el céfiro murmura en los pinares.

Infinidad de menudas
perlas, bordan con rayos de luz el más lujoso manto del
crepúsculo.

Los claros ojos de la luna llena, fijan sus
miradas en las nieblecillas del mar.

Óyese el grito de los
alcaravanes, que se pierde en los tamariscos de las desiertas playas.





De
la Victoria
Lo puig sagrat
Guarda silenci,
Dormit
gegant.
___

Y dormen á sa falda les murades
De la
moresca Alcudia, no vençuda;
Y se levan les ombres irritades
Dels
Romans de Pollentia, ya cayguda.

Dues badíes forma ´l
promontori
Que ses ones parteix ab simetría,
Y al cim del mont
proclama l´oratori
Reyna de les Victories á María.

Lo
Port Major extén inmenses platjes,
Y veu les naus més altes
arribar;
Lo Port Menor en verdosenchs ribatjes
Es de Pollença
la graciosa mar.




De
l´una part Alcudia reb los besos
Del vent que besa´l front de
Sant Martí;
Del altra part Pollença ascolta ´ls resos
Que á
la Verge del Puig fa ´l peregrí.

Y s´ouen crits de guerra y
de matança
De moros y cristians en patria gesta;
Y dels
Agermanats mot de venjança
Que repeteix de nit l´eco funesta.







El
sacro cerro de la Victoria, guarda silencio, como dormido
gigante.
__

Y duermen en su regazo las murallas de la
morisca Alcudia, jamas vencida; y se levantan las irritadas sombras
de los romanos de Pollentia, caída para siempre.

Dos extensas
bahías forma el promontorio, dividiendo simétricamente las aguas;
en la cima del cerro, una pequeña iglesia atestigua que María es la
Reina de las Victorias.

La bahía de Alcudia, ó Puerto Mayor,
ve anclar en sus inmensas playas los buques de alto bordo; el Puerto
Menor forma con sus verdeantes riberas la graciosa bahía de
Pollenza.

Por una parte, Alcudia recibe los besos de la brisa,
que orea la frente de San Martin; por otra, Pollenza escucha los
rezos de los peregrinos que suben al Monte de la Vírgen María.

Y
diz que á deshora suenan voces de guerra y de matanza; y vense
patrióticas escaramuzas de moros y cristianos; y retumba el grito de
venganza de las Germanías, repetido por los ecos de la noche.







Mes
ja la lluna
Com un diamant,
Brilla més clara
Pe´l cel més
alt.

Una llanxeta
S´en ve remant,
Fins á la roca
Desde
hont l´aguart.

Un tros enfora
Llaüt está,
Infla la
vela
Lo fresch embat.

Belles onetes
Riçan la
mar,
Blanqueja l´aygua
Proa tallant.

Aquesta es
l´hora,
Surt a pescar,
Llaüt que pescas



Encès
coral.
Agost de 1881.



Mas
ya la luna brilla clarísima, cual un diamante, en la mitad del
firmamento.

Una lancha, movida por dos remos, se acerca á la
roca en donde la estoy aguardando.

Algo más lejos está
anclado un laud; el fresco vientecillo hinche la vela.

Pequeñas
olas rizan la superficie del agua; blanquean las espumas al rededor
de la cortante quilla.

Ya es la hora; leva las áncoras, laud
pescador, tú que pescas el encendido coral del fondo de estos
mares.

(V. nota 14.)

domingo, 21 de julio de 2019

EL ORIGEN DEL TOPÓNIMO NONASPE

142. EL ORIGEN DEL TOPÓNIMO NONASPE (SIGLO XII. NONASPE)
 
EL ORIGEN DEL TOPÓNIMO NONASPE (SIGLO XII. NONASPE)
 
 
Cuando Alfonso I el Batallador reconquistó el castillo y la villa y los entregó a Pedro de Biota, Íñigo Fortuñones y Jimeno Garcés, corría el mes de junio del año 1133, y ya se le conocía con el nombre de Nonasp.

¿Por qué se le denominó así?

Algunos etimólogos ofrecen soluciones casi risibles; los filólogos tienen su versión; pero la leyenda también, o, mejor dicho, las leyendas.

Un intento de explicación tiene que ver con el deseo de quienes habitaban el pueblo en tiempos de la
conquista de trasladar su emplazamiento a un lugar más elevado, buscando, sin duda, una mejor posibilidad de defensa, como sucediera con tantos otros ejemplos. Pero se oponía a este deseo el hecho de la existencia de un frondoso y extenso bosque de «aspes» que hubiera sido preciso talar, si bien el problema se solventó porque una plaga provocó que los árboles se secaran, lo que facilitó, a
partir de ese «non aspe», de esa carencia de «aspes», la nueva ubicación.
 
Otra versión tan fiable como la anterior se refiere al enfrentamiento producido entre el poder temporal y el espiritual, hecho que era, por otra parte, habitual.

En efecto, en el montículo que sirve de base al casco urbano actual residían dos señores. Uno vivía en
el castillo; el otro, en edificio anejo a la iglesia. La masa de la población ocupaba el llano alejado, en el lugar denominado todavía «Las Villas». Un gran pino marcaba el límite a partir del cual no podían deambular los simples habitantes. Sin embargo, un acto de rebeldía y de fuerza del pueblo les llevó a talarlo, como señal del fin de la prohibición, de donde se derivaría el «no más pino» y luego «nonaspino», gentilicio de los hombres de Nonaspe.
 
[Ambas explicaciones legendarias explican así la aparición de un árbol en el escudo de Nonaspe.]
 
Quaking Aspen, Nonasp, álamo temblón, Nonaspe
 
https://www.todocoleccion.net/libros-segunda-mano-literatura/nonaspe-vileta-regalada-gabriel-albiac-grupo-cultural-caspolino-1991~x101733767
 
Albiac Sebastián, Gabriel, Nonaspe, «la vileta regalada
 
 
https://es.wikipedia.org/wiki/Populus_tremuloides (Quaking Aspen), álamo temblón.
 
 
https://es.wikipedia.org/wiki/Nonaspe

Nonaspe (en chapurriau Nonasp)​ es un municipio y localidad de España, en la comarca del Bajo Aragón-Caspe, provincia de Zaragoza, comunidad autónoma de Aragón. Pertenece a la comarca natural del Matarraña (Matarranya en occitano post Pompeyo), al compartir con los otros municipios de su entorno el río, la cultura, la lengua (con una presencia importante del chapurriau), y tradiciones.

Al estar entre dos ríos (el río Algás o Algars y el río Matarraña) hay actividades deportivas fluviales que se pueden realizar, así como quad-crossing por los caminos cercanos al río o refrescarse un día de verano en la orilla del río.

El pueblo, al tener un tamaño reducido, tiene pocas instalaciones. Las principales son la piscina municipal, un polideportivo, una pista de tenis y pistas de fútbol - balompié y frontón públicas, además de contar con dos albergues. También hay centro polivalente para teatro y otras actuaciones. Está en proceso centro de día. Además de esto, cuenta con una escuela de educación infantil y primaria que forma parte del CRA Dos Aguas, con cabecera en Fabara - Favara.

Nonaspe es un pueblo cuya principal fuente de ingresos es la agricultura. Se cultiva sobre todo el olivo, el almendro, y la horticultura en general. También pueden encontrarse muchos tipos de frutales como cerezos, mangranos (granados, granada, mangrana), manzanos, ciruelos y otros.

Fiestas:

17 de enero - San Antonio.
Principios de febrero - Santa Águeda.
24 de agosto - San Bartolomé.
29 de septiembre - San Miguel.

En el Domingo de Resurrección - Día de Pascua.
En junio, la víspera de San Juan - Noche de San Juan.
En julio, domingo cercano a San Cristóbal - Fiesta de San Cristóbal.
Primer domingo de septiembre - Fiesta Virgen de Dos Aguas.
31 de octubre por la noche (víspera de Todos los Santos) - La Castañada.
Principios de diciembre - Fiesta de la Matanza.