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sábado, 25 de mayo de 2019

TRAS LA RECONQUISTA DE OLIETE


2.85. TRAS LA RECONQUISTA DE OLIETE (SIGLO XII. OLIETE)

TRAS LA RECONQUISTA DE OLIETE (SIGLO XII. OLIETE)


El tramo medio y final de la ribera del río Martín había ido cayendo paulatinamente en manos de los ejércitos cristianos aragoneses, desempeñando un papel fundamental en esta tarea las órdenes militares, que pronto se convertirían en agentes repobladores de las nuevas tierras.

Entre las localidades que se vieron libres de la administración musulmana, los cristianos de Oliete se aprestaron a la reconstrucción de lo poco que quedaba en pie, pues el poblado había quedado completamente arrasado por la acción devastadora de la cruenta guerra. Se levantaron casas, corralizas, pajares; se reconstruyeron la iglesia, el horno y la ferrería (herrería). Al toque de vecinal, en fin, se adecentaron las calles y la plaza.

Durante varios meses, la actividad fue frenética, pues a la vez había que volver a poner en explotación los campos arrasados por la lucha y recuperar el ganado de la subsistencia.

Una tarde, al remover los escombros de una vivienda de la que apenas quedaba su planta, el trabajo se hizo penoso al encontrarse con una enorme mole de piedra. Como se echaba la noche encima, los vecinos de Oliete, cansados por la tarea, decidieron reemprender los trabajos a la mañana siguiente.

Con las primeras luces, pertrechados con enormes troncos para que sirvieran de palanca, se reunieron más de veinte hombres en torno al «cantal» que les había dificultado los trabajos la tarde anterior. Aplicando maña y fuerza, lograron moverlo. Su sorpresa fue grande al ver que servía de cubierta a un hoyo, en cuyo interior —cubierta con telas— apareció una imagen de la Virgen. Sin duda, había sido escondida precipitadamente por los antiguos pobladores cristianos poco antes de su huida.

Sima de San Pedro, Oliete, Teruel
sima de San Pedro, Oliete

Tras más de cuatro siglos de abandono del pueblo, nadie tenía noticia de aquella imagen a la hora del regreso, a la que buscaron acomodo hasta resolver qué hacer con ella, y no sabiendo su nombre, acordaron ponerle el de Nuestra Señora del «Cantal», en recuerdo de la piedra que la había ocultado y salvado de los moros. Cuando los trabajos de reconstrucción dieron fin, determinaron construirle a la imagen una ermita.

[Faci, Roque A., Aragón..., II, 104-105.
Bernal, José, Tradiciones..., 183.]