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domingo, 24 de noviembre de 2019

UN NUEVO PUENTE SOBRE EL TURIA: EL DE DOÑA ELVIRA

181. UN NUEVO PUENTE SOBRE EL TURIA: EL DE DOÑA ELVIRA (SIGLO XIII. TERUEL)
 
Para entender esta historia hay que adentrarse en el Teruel ya cristiano de hace setecientos años, aproximadamente, pues corrían los momentos finales del siglo XIII.
 
Al otro lado del Turia, en medio de la rica vega que riegan y vivifican sus aguas, vivía Elvira, una joven de no poca hermosura física y espiritual, y, además, dueña de una buena parte de aquellas tierras feraces.
Su belleza, por un lado, y su riqueza, por otro, hicieron que la muchacha tuviera siempre abundantes pretendientes de toda clase y condición, aunque ella decidió conceder su mano a un joven turolense de escasos medios económicos, pero con el que compartía pensamientos y proyectos.
 
Se formalizaron las relaciones con la aquiescencia de sus familias, festejaron una temporada y se casaron. Mas, al poco tiempo de celebrarse la boda, uno de los antiguos pretendientes de la muchacha, que tenía abierta tienda en la plaza, sin duda guiado tanto por los celos como por el despecho, decidió tomarse la venganza a la que creía tener derecho. Así es que una tarde, cuando el joven marido de Elvira regresaba ilusionado desde Teruel a la casa de la vega para encontrarse con su esposa, que le estaba esperando, al intentar atravesar al otro lado del río por el único puente existente por aquel entonces, el puente de San Francisco, se vio sorprendido por el pretendiente despechado, quien lo derribó y sin darle opción a defenderse le dio muerte a traición.
 
Puede suponerse que el dolor de Elvira fuera inmenso por el amor de su vida perdido de manera tan trágica, tanto que no accedió jamás a contraer nuevo matrimonio, aferrada permanentemente a su memoria. Y como tenía que ir a Teruel con bastante frecuencia y no podía soportar el tener que atravesar por el lugar en el que había sido tan vilmente asesinado su marido, decidió construir a su costa un segundo puente de tablas que, además, acortaba el camino entre Teruel y su casa. Así nacía
el «Puente de doña Elvira».
 
UN NUEVO PUENTE SOBRE EL TURIA: EL DE DOÑA ELVIRA
 
 
[Ubé, Antonio, «Puentes sobre el Turia», Diario Lucha (21/03/1948).
Caruana, Jaime de, «Los puentes de Teruel», Teruel, 3 (1951), 35-65.]

miércoles, 21 de julio de 2021

XXVIII, diada VI festa centenaria mort Jaume d´Aragó

XXVIII

LO
TROVADOR MALLORQUÍ



EN
LA DIADA DE LA VI FESTA CENTENARIA



CONMEMORATIVA
DE LA MORT



DE
LO ALT EN JAUME D´ARAGÓ.

Poesía
que en lo certámen de Valencia de 28 de Juliol de 1876, obtingué lo
premi de una medalla de bronzo,
oferta per “La Société pourl´étude des langues romanes.”



¡Salut!



Trovadors,
bons trovadors,
Que l´arpa haveu puntejat
En tan solemne
dïada,
En festa tan solemnial;

Vosaltres que´l cor
sentiu
Enardirse y esclatar
D´amor á la santa patria
Que
la velluria ´ns lexá;



XXVIII
EL
TROVADOR MALLORQUIN
EN LA FIESTA DEL VI CENTENARIO



DE
LA MUERTE DEL REY
DON JAIME DE ARAGON
.



¡Salud!



Trovadores,
galanos trovadores, que habéis preparado las históricas arpas, en
este solemne día, en esta solemnísima conmemoracion;

Vosotros,
cuyos pechos enardece el santo amor á la patria que nos legaron
nuestros abuelos;







Trovadors,
bons trovadors,
Los de vida sens pecat,
Los de la elevada
pensa,
Los de l´harmònich parlar;



¡Salut!
Jo us contempl´ avuy,
En exa hermosa ciutat
Que les onetes del
Turia
Solen quietes besar.



No´m
so mogut de ma terra
Perque no ho vol lo meu fat,
(Ma vida aquí
troba vida
Per vides arreplegar;)



No´m
so allunyat de les roques
Hont s´esbrava ´l temporal,
No he
perdut de vista l´Ángel



Qui´ns
defensa la Ciutat;




Per anármen á
ascoltarvos,
Rossinyols enamorats,
Per ab vosaltres unirme
Y
de l´antigor parlar.



¡Ay!
sentir no puch lo alè
De inspiració celestial,
Que se desprèn
de vosaltres
Y ´ns trasporta á lo Passat.





Trovadores,
galanos trovadores, los de historia sin mancilla, los de levantados
pensamientos, los de armonioso lenguaje;

¡Salud! Os contemplo
hoy reunidos en esa hermosa ciudad, besada por las apacibles olas del
Turia.



No
me he movido de mi tierra, porque no lo quieren los hados; acá mi
vida halla vida, para juntar muchas vidas en una.



No
me he alejado de las rocas, donde se estrellan los temporales; ni he
perdido de vista el Ángel de bronce, que desde las torres del árabe
castillo, defiende la ciudad de Palma.



No
me he movido de casa, para ir á escucharos, ruiseñores del amor;
para unirme con vosotros, y hablar de los tiempos antiguos.



¡Ay!
No puedo mecerme en el aura de celestial inspiración, que de
vosotros se desprende, y nos transporta á lo Pasado.







Pero
l´ánima valenta,
Sens que l´aturi ´l rocam,
Passa ab ses
ales divines
De una volada la mar;

Y descobreix l´horta
bella,
Y arriba al històrich Grau,
Y respira dolços ayres
De
jardins embalsamats;



Y
entra á la Ciutat garrida,
Que vos dona rich hostal;
Y se
mescla entre vosaltres,
Y eus escomet, Valencians.



¡Qué
gaya es la vostra terra,
Qué superbos los casals,
Qué
flayroses les arbredes,
Y qué delitós lo cant!



¡Oh!
sento unes harmoníes
Voladores com les aus,
Ascolt sonores
esparses,
Suspirs d´amor ideal.



Trovadors,
los d´exa terra,
Los del enginy sobirá,
¡Quína música tan
dolça!
¡Quína llengua avuy parlau!




Pero
mi alma, valerosa, sin que valgan á detenerla peñascos y
promontorios, pasa de un solo vuelo, en alas de su entusiasmo divino,
el brazo de mar;

Y descubre la bella huerta, y llega al viejo
puerto del Grao, y respira el dulce ambiente de embalsamados
jardines;



Y
entra en la graciosa ciudad, que hoy os da fastuosos albergue; y se
reune con vosotros; y os saluda, hijos de Valencia.



¡Qué
alegre es vuestro país! ¡Qué soberbios palacios! ¡Qué aromosas
arboledas!
¡Qué deliciosos cantares!

Oigo
armonías voladoras como los pájaros; escucho estrofas llenas de
sonoridad, suspiros de ideal amor.



Trovadores
de esa tierra, los del soberano ingenio, ¡qué música tan dulce!
¡qué lengua tan melodiosa estáis hablando!





Nosaltres
no l´hem perduda,
No l´hem oblidada may;
Exa llengua qu´ara
sento
Nostra mare ´ns la ensenyá.



Dins
les pletes mallorquines,
Per les montanyes y plans,
Desde la
platja á la serra,
Desde ´ls horts als comallars;

Per
tot, per tot encarara
Ressona y vol ressonar;
Per tot, per
tot encarara
S´ouen sos accents corals.



La
pageseta refila
Ses cançons per l´alzinar,
Lo mariner á la
lluna
Ses codolades retrau.



Per
la terra de Mallorca,
Sense por y sense esglay,
Viu sanitosa y
xalesta
La llengua que festejau.



Trovadors,
bons trovadors,
Axí Deu sempre eus ampar,
Com es ver que
l´alegría
Dintre del cor no m´hi cap.



Nosotros
no la hemos abandonado; no la hemos olvidado nunca. Esa lengua, cuyos
acentos resuenan ahora tan dulces, nos la enseñaron nuestras madres.







A
lo largo de las dehesas mallorquinas; en las montañas ó en las
llanuras; desde las playas á las sierras, desde los huertos á las
hondonadas de los barrancos;

Por do quiera se la oye; por do
quiera los ecos reproducen sus afectuosas palabras.



La
montañesa modula en el encinar sus populares canciones; el marinero,
al rayo de la luna, repite sus codoladas.



En
tierra de Mallorca, sin padecer temores ni desmayos, goza de perfecta
salud y vive alegre la lengua que hoy festejáis.

Trovadores,
galanos trovadores, así Dios os dé siempre su gracia, com es verdad
que la satisfaccion rebosa de mi pecho.





El
goig lo meu cor umplena
Perque ´us veig arrenglerats;
¡Ditxa
de la patria mía!
¡Tant de bo qu´ella durás!



¡Tant
de bo!... Vostres paraules
Recordan los temps passats,
De la
raça llemosina
La gloria y los fets més alts.



Un
nom repeteix lo llabi,
Un nom recorre l´espay,
Un nom avuy
ressucita:
Rey En Jaume, Deu vos guart.



Rey
En Jaume, de la tomba
Be vos podeu axecar,
Veníu veníu de la
gloria,
Hon eternalment estau.



Del
aplech de los poetes
Ascoltarèu lo cantar,
Sentirèu les gayes
troves
Ó los himnes trïunfals.



Mes
¡ay! ¿quína veu planyívola
Ix del cors apesarats,
Y
uníssona ´s dexa entendre
Com un cántich funeral?




El
regocijo hinche mi corazon, porque os veo á todos reunidos. ¡Oh
dicha de mi patria! ¡Ojalá no se acabase nunca!



¡Ojalá!...
Vuestras palabras hacen revivir los tiempos pasados, la gloria y los
exclarecidos hechos de la raza lemosina.



Un
nombre vuela de boca en boca, un nombre recorre el inmenso espacio,
un nombre resucita: rey Don Jaime de Aragon, Dios te guarde.



Rey
Don Jaime de Aragon, bien puedes levantarte del sepulcro; vén, vén
de la Gloria, en donde estás por toda la Eternidad.



Escucharás
los cambios de los poetas, las gayas trovas, los himnos triunfales.



Mas
¿qué lamento es ése, que se escapa de los apesadumbrados pechos, y
se me figura cántico funeral?





¡Ay!
¡ay! passaren centuries,
Sis n´havem passades ja;



Y
en tal día com est día
Valencia esclatava en planys.



Y
plorava Catalunya,
Y l´Aragó, y Alacant,
Y Montpeller de
Provença,
Y´l generós balear.



Tocavan
de mort campanes,
Frares corrían migrats,
Richs-hòmens y
duchs y comtes
Revoltavan el Palau;

En braços de l´alt En
Pere
Espirava lo rey gran,
Lo rey més gran y més sabi
Que
vejeren les etats.



Ell
lo renom merexía
De Conqueridor com cal;
Ell vos doná
l´existencia
La terra, la llum, la pau.



Ell
arrancá ab sa potença
De les arpes del alarb
Exa terra, mare
vostra,
Y ´ns creá la llibertat.




¡Ay!
Pasaron los siglos; seis han pasado ya: y, en tal día como hoy,
prorrumpía en sollozos todo el reino de Valencia.



Y
lloraba Cataluña, y Aragon, y Alicante, y Mompeller de Provenza, y
el generoso Balear.



Las
campanas tocaban á muerto, corrían despavoridos los religiosos,
richos-hombres y duques y condes rodeaban el Alcázar.



En
brazos de Su Alteza, el príncipe D. Pedro, espiraba el gran rey, el
rey más grande y más sabio que vieran las edades.



Él
mereció el renombre de bravo Conquistador; él os dió la
existencia, el país, la luz, la paz.



Él
con su poder arrancó de las garras del alarbe esta tierra, madre
vuestra; y os creó la libertad.





Quant
s´espasa llampegava,
Y eguinava son cavall,
Res del mon podía
abátrel,
Res podía ´l capturar.



En
lo Puig, á Borrïana,
De Tortosa per avall,
Sa má ferma y no
retuda
Los sarrahins martellá.



Y
en los murs, y en les mesquides
Que clamavan á Ceyán,
D´Aragó
y de Catalunya
Les banderes feu alçar.



Y
en les hortes valencianes
Y en les torres més capdals,
Abatent
la mitja lluna,
Les santes Creus hi plantá.



Trovadors,
bons trovadors,
Qui us planyeu de son trespás,
També mon cor
l´ha de plányer,
També me cal suspirar.



De
Mallorca, de Mallorca
Som avuy la veu lleal;
Y de ma patria
Mallorca
No puch dir lo dol amarch.



Cuando
su acero relampagueaba, y relinchaba su bridon, nada era capaz de
abatirle, nadie era capaz de detenerle.



En
el Puig, en Burriana, en el llano de Tortosa, su siempre firme y no
vencida mano, fué martillo de los sarracenos.



Y
en lo alto de los muros, y en las mezquitas, que obedecían á Aben
Zeyán, enarboló las banderas de Aragon y Cataluña.



Y
en las vegas valencianas, y en las más altivas torres, plantó la
Santa Cruz, sobre las ruinas de la Media Luna.



Trovadores,
sencillos trovadores, que os lamentáis de su muerte; también mi
corazon la lamenta, tambien debo suspirar.



Soy
voz de Mallorca; y no me es posible en este día ocultar el amargo
duelo de mi patria.





La
Illa verge que ´l sol daura
Y besan los vents de mar,
Avuy sa
llum y sa ditxa
Muda en un tristíssim plant.



Recorda
que son gran pare
Tal día com ´vuy finá,
Son pare, ´l qui
vida y honra
Y gloria li va tornar.



Recorda
que en los navilis
Ixqué dels ports catalans;
Les platjes de
Santa Ponça
Los vejeren arribar.



Y
´ls barons de sa companya,
Y tota la host reyal,
Envestiren de
los moros
Les armades de lleoparts.



Cavallers
ardits y prous
Queyan á mils en lo camp;
Pero en mig d´ells
lo gran Príncep
Avançava guerrejant.



Y
la ciutat fou vençuda,
Y los catius deslliurats,
Y en les tors
de l´Almudayna
Vetlava l´almogavar.




La
Isla vírgen, dorada por el Sol, besada por los vientos del mar, hoy
convierte su luz y su dicha en tristísimo llanto.



Recuerda
que su gran padre murió en tal día como hoy, su padre, el que le
devolviera la vida, la honra y la gloria.



Recuerda
que en la real armada salió de los puertos catalanes. Las
mallorquinas playas de Santa Ponza le vieron echar pié á tierra.



Y
los barones de su mesnada, y toda la hueste real envistieron contra
las filas de leopardos musulmanes.



Buenos
y bravos caballeros caían a miles en el campo de batalla. En medio
de ellos avanzaba el gran príncipe, blandiendo su montante.



Y
fué vencida la ciudad; y liberados los cautivos; y se apostaron
centinelas almogávares, sobre las torres de la Almudaina.





Y
després Mallorca bella,
Sultana del fer alarb,
Va ser la verge
cristiana
Ungida ab oli sagrat.



¡Ay!
¡que sía la gloria eterna
Al bon rey qui´ns batejá!
¡Deu
li haja donat lo premi
Que guanyaren sos traballs!



¡De
la gloria en les altures
Deu l´haja clarificat!
¡Oh! ¡sí,
sí! ¡Lo guasardó
Tinga dels héroes cristians!



Jo´l
veig assegut en trono
De llum y de majestat,
Resplendent y
enlluernador,



Com
l´Essencia divinal.



Vèrgens
y angelets ayrosos
Fills dels regnes qu´ell salvá,
Cantan ses
glorioses gestes
Duguent palmes celestials.



Lo
acompanyan los guerrers
Qui devora ell van finar,
En les
ardentes batalles
Contra la lley del Islam.




Y
luégo la bella Mallorca, sultana del fiero muslim, vino á ser la
cristiana vírgen, ungida con los sagrados óleos.



¡Gloria
eterna al buen rey, que nos dió el Bautismo! ¡Dios le haya
concedido el premio que ganaron sus virtudes!



¡Dios
le haya inundado de luz en las alturas de la Gloria! ¡Sí, sí!
¡Posea el galardon de los héroes cristianos!



Véole
sentado en trono de luz y majestad, resplandeciente, deslumbrador,
como la divina Esencia.



Graciosas
vírgenes y pequeñuelos ángeles, hijos de los reinos que él salvó,
cantan sus gloriosos hechos, llevando en las manos triunfadoras
palmas.



Rodéanle
los guerreros que murieron á su lado, en las ardientes batallas
contra el Islam.



Y
li sonriuen gojosos
Los reys cavallers y sants;
De França lo
noble Lluis,



De
Castella ´l pros Ferrant...



Trovadors,
bons trovadors,
¿No´l veys al gran capitá?
Al qui ab son
sceptre regía
De Nimes al Cap de Pals?

Ab sa espasa
triunfadora
La patria nos va formar,
Ab ses lleys se
sabïesa
Nos proclamava germans.



Cantem,
cantem de sa gloria
Los recorts benavirats,
Esperances de la
patria
Son los recorts qu´exalçam.

Cantem en la nostra
llengua
Un afectuosíssim lay,
La llengua en la que dictava
Lo
rey sa Historia inmortal.



Del
Conqueridor les gestes
Inflamen l´estol de vats,
Y dexe la
festa d´ara
Recordança perpetual.




Y
le dirigen inefable sonrisa los reyes caballeros y santos; el noble
Luis de Francia, el buen Fernando de Castilla.

Trovadores,
galanos trovadores, ¿no le veis al gran capitan? ¿Al que con su
cetro regía nuestra tierra desde Nímes al cabo de Palos?



Con
su vencedora espada formó nuestra patria; con sus sabias leyes
proclamaba nuestra fraternidad.



Cantemos,
cantemos los bienhadados recuerdos de su gloria. Los recuerdos de hoy
esperanzas son de la patria.



Cantemos
en nuestra lengua lemosina afectuosísimo lay; en la lengua en
que el rey escribió su inmortal Historia.



Las
hazañas del Conquistador inflamen esa muchedumbre de poetas; y deje
la presente solemnidad, imperecedera memoria en los anales.





Y
´ls temps esdevenidors
Prengan exemple sagrat;
Y la patria
reverdesca
Quant senta lo noble cant.



Lo
Trovador mallorquí
Vos diu coratjós y pla:
Germans de fe y de
victoria,
¡Benvinguts! ¡Cantáu, cantáu!



Juliol
de 1876.




Y
los tiempos de lo porvenir tomen religioso ejemplo; y la patria
reflorezca, al escuchar tan nobles cantos.



El
Trovador mallorquin os dice con entusiasmo sincero: ¡Hermanos en la
fe y en la victoria, bien venidos seáis! ¡Cantad, cantad!



(V.
nota 20.)

jueves, 20 de febrero de 2020

LXXVI, legajo cartas reales, 65, 18 mayo 1330

LXXVI.
Leg. de cartas reales. Núm., 65, 18 mayo 1330.

Al molt alt et molt poderos senyor Namfos per la gracia de Deu rey Darago etc. Los jurats e prohomens de la ciutat de Valencia besan vostres mans et peus se comanen en vostra gracia. Be creem senyor que reduyts a memoria et havets entes los grans dans quels habitans de la dita ciutat et terme daquella han sostenguts per inundacions et ruynes de moltes aygues del flum de Guadalaviar axi Senyor que molts et diverses albercs son cahuts per la dita raho et los ponts tots de la dita ciutat et orts et terres moltes son estades destroydes axi que quant a ara senyor pont alcu no ha en la ciutat per lo qual hom puscha entrar ne exir daquella sino per palanques ni trobam manera de la qual puscham trer ho haver de las gents moneda ab la qual puscham reffer et tornar los dits ponts: car segons que vos senyor sabets les gents son ja carregades et sotsmeses a pagar imposicio et monedatge et son obligades a grans quantitats les quals la ciutat deu per gran multitut de forment que en lany prop passat li convench assegurar et per altres necessitats e havem pensat que los dits ponts no poden esser reparats ni tornats si doncs no es per collecta de les mealles segons que ja en altres temps passats es estat. Perque senyor suplicam et clamam merçe a la vostra altea queus placia atorgar et donar licencia que la collecta de les mealles que es mealla per cascuna bestia dalbarda lo die sie imposada cullida et levada en la dita ciutat per IIII anys continuament la qual collecta sie convertida en reparar et obrar los dits ponts. Nostre Senyor Deu vos don vida longa ab salut et victoria de vostres enemichs.
Scrita en Valencia a XVIII dies de maig anno Domini MCCCXXX. - Al molt alt et molt poderos senyor Namfos per la gratia de Deu rey Darago etc. - Jurats e prohomens de la ciutat de Valencia.

 
El Turia, llamado también en su primer tramo Guadalaviar,​ es un río de 280 km de longitud, que discurre por el este de la península ibérica. Nace en la Muela de San Juan, término municipal de Guadalaviar, en el entorno de los Montes Universales, Sierra de Albarracín (Teruel) y desemboca en el mar Mediterráneo, cerca de la ciudad de Valencia.
 
El nombre de Guadalaviar (wadi al-abyad 'río blanco') lo ha tenido desde el siglo X, y así se conoce actualmente su primer tramo hasta la confluencia con el río Alfambra (al-Ħamrā 'el rojo') en la ciudad de Teruel; a partir de esta ciudad, las aguas del río cambian de color, teñidas por las aguas rojas del Alfambra.

// Namfos : en Alfons, Alfonso IV de Aragón.

https://es.wikipedia.org/wiki/Alfonso_IV_de_Arag%C3%B3n

https://books.google.es/books?id=C7pIAQAAMAAJ&pg=PA17&lpg=PA17&dq=Namfos+rey+Arag%C3%B3n

LXXVI, legajo cartas reales, 65, 18 mayo 1330, Namfos, Alfons, Alfonso

lxxvii-legajo-cartas-reales-73-9-agosto-arzobispo-zaragoza


martes, 23 de junio de 2020

EL VATICINIO DE SAN VALERO, Castelnou

7.3. LOS SANTOS.

270. EL VATICINIO DE SAN VALERO (SIGLO IV. CASTELNOU)

270. EL VATICINIO DE SAN VALERO (SIGLO IV. CASTELNOU)


Es bien conocido por la historia cómo san Valero, enfrentado con las autoridades civiles valencianas, se vio conminado a abandonar la ciudad del Turia y la región levantina, para ser confinado durante el resto de sus días en un pueblecito llamado Anento, perdido en medio del Pirineo, donde debería sobrellevar su ostracismo.

Conminado por las autoridades, preparó el religioso a toda prisa sus escasas pertenencias para iniciar el viaje al que se veía obligado, poniéndose en camino con una limitada comitiva dispuesta para ayudarle a sobrellevar tan largo, incómodo y peligroso desplazamiento. Naturalmente, el viaje constituyó toda una odisea, provocada por la sucesión de numerosas etapas debidas a la enorme distancia y a la lentitud de los medios de transporte de la época.

Una de esas múltiples y agotadoras etapas finalizó en el pueblecito actualmente turolense de Castelnou, donde fue recibido y atendido con cariño por sus habitantes, pesarosos por el destierro que se veía obligado a cumplir el religioso. No se detuvo en Castelnou nada más que el tiempo preciso para descansar hombres y caballerías, pero, no obstante, se ganó la comprensión y el afecto de todos sus habitantes.
Cuando la comitiva estuvo preparada y a punto de despedirse y partir para cubrir la etapa siguiente, Valero, en la puerta de la iglesia y mirando al cielo, profetizó —hablaba sin duda con carácter general— que en Castelnou no habría jamás infieles, teniendo en cuenta, sin duda, las firmes convicciones religiosas de los habitantes de aquel momento, firmeza que con toda seguridad transmitirían a las generaciones venideras.

La leyenda acaba asegurando que, en virtud de este vaticinio y de la protección especial que san Valero siempre le dispensó, el pueblo de Castelnou no fue ocupado nunca por los musulmanes, a pesar de haberse extendido éstos por toda la Península, como es bien sabido.

[Bernal, José, Tradiciones..., págs. 179-180.]




ALFONSO V INTERVIENE EN LA LUCHA DE LOS MARCILLA Y LOS MUÑOZ, Teruel

330. ALFONSO V INTERVIENE EN LA LUCHA DE LOS MARCILLA Y LOS MUÑOZ (SIGLO XV. TERUEL)

ALFONSO V INTERVIENE EN LA LUCHA DE LOS MARCILLA Y LOS MUÑOZ, Teruel

Desde que el Jueves Santo de 1325 saltara la primera chispa entre las familias Marcilla y Muñoz, Teruel no conoció tregua, pues la ciudad estaba en realidad dividida entre los partidarios de una u otra, lo cual afectó a la vida diaria de los turolenses. En muchas ocasiones, se vio obligada a intervenir no sólo la justicia local, sino también la real y, a lo largo del tiempo, muchas fueron las vidas que acabaron segadas como consecuencia de la aplicación de una u otra justicia.

Un siglo más tarde, en 1427, el rey de Aragón Alfonso V había convocado Cortes en Teruel, de modo que la ciudad se aprestó a recibir a todos los representantes de los distintos brazos. Ni siquiera entonces hubo calma entre las familias Muñoz y Marcilla, que protagonizaron un grave incidente en Cella, cuando el propio rey estaba ya en Teruel.

El día 5 de diciembre, Alfonso V se personó en la sala donde se celebraba el juicio dispuesto a imponer su autoridad, pero el juez turolense, Francisco de Villanueva, suspendió el juicio, considerando que la presencia del monarca era un auténtico contrafuero. Todo fue en vano. Alfonso V se encolerizó y, ante el asombro de todos, mandó decapitar al juez.

El pavor se enseñoreó de la ciudad de Teruel, pero el rey parecía estar dispuesto absolutamente a terminar con tan peculiar y estéril lucha familiar. De modo que, además, sin tener en cuenta lo que el fuero disponía a este respecto, nombró a Martín de Orihuela para lo que restaba de año, aunque, en realidad, en adelante siguió nombrando a la máxima autoridad turolense, interrumpiéndose así la secular manera de elegir juez por los propios turolenses, según su propio fuero.

Inevitablemente, el cargo tenía que recaer en un turolense que, cómo no, estaría más o menos vinculado a alguna de las dos familias en pugna. Así sucedió, siendo nombrados sucesivamente varios jueces de entre la familia de los Marcilla. La realidad es que Teruel pagó con el recorte de sus libertades y con la intervención real su secular encono.

[Atrián, Miguel, «La mancha de sangre», en Revista del Turia, 30 (1882), 381.]

domingo, 12 de mayo de 2019

LA RECONQUISTA DE CAMAÑAS

2.67. LA RECONQUISTA DE CAMAÑAS (SIGLO XII. CAMAÑAS)
 
Entre el alcaide moro de Camañas y el conde cristiano de Alfambra existía una enconada rivalidad como
jefes de poblaciones fronterizas y enemigas que eran. Pero en casa del señor de Alfambra se hablaba tanto del alcaide sarraceno que la mujer de aquél acabó enamorándose a distancia de éste hasta tal
extremo que logró convenir una cita secreta para verse a solas.

Aceptó el encuentro Yusuf, que sabía de las dotes y belleza de la condesa, e ideó de qué manera podría
unirse a ella sin levantar las sospechas de don Rodrigo, su enemigo. De ahí que hiciera preparar a su hechicero un brebaje que, horas después de ser ingerido, la mantendría como muerta durante ocho
días, tiempo suficiente para que el de Alfambra se hiciera a la idea de su desaparición.

El alcaide moro y la dama cristiana mantuvieron la cita convenida, se declararon mutuo amor y decidieron poner en práctica el plan ideado por aquél. Así es que se amaron, tomó la pócima la enamorada y luego recorrió con sigilo los escasos kilómetros que separan a ambas poblaciones.
«Murió» la condesa en su propia casa como estaba previsto, pero el calor no huía de su cuerpo. Don
Rodrigo, dubitativo, vertió plomo caliente en la mano de su mujer, que quedó perforada, pero su cuerpo no se movió. No cabía duda, pues: estaba muerta y fue enterrada entre sollozos.

Desenterrada por los hombres de Yusuf y «resucitada», se hizo pasar por una mujer venida de lejos, y se
convirtió en la señora de Camañas. Mas con el tiempo, un mendigo la identificó por la mano horadada y dio aviso a don Rodrigo, quien, disfrazado también de pordiosero, se presentó en su casa, reconociéndose mutuamente, si bien le aseguró ella que estaba allí forzada.
 
Llegó entre tanto Yusuf y la dama escondió a su ex marido en un arca. Le preguntó al alcaide cuánto
daría por apresar a don Rodrigo y al decirle que la mitad de sus bienes, la mujer levantó la cubierta del arca e intentó entregar a don Rodrigo, pero éste hizo sonar una flauta que llevaba escondida y al momento sus hombres, que estaban ocultos, atacaron y vencieron a los desprevenidos moros. De esta manera Camañas acababa de ser reconquistada, mientras Yusuf y su enamorada eran quemados vivos en
Sierra Palomera.

[Lázaro Polo, Francisco, El bardo de la memoria..., págs. 195-197.]
 
 
 
 
 
Camañas es un municipio de la provincia de Teruel, perteneciente a la Comarca de Comunidad de Teruel, en la Comunidad Autónoma de Aragón, España. Tiene una población de 124 habitantes (INE 2018).
 
LA RECONQUISTA DE CAMAÑAS (SIGLO XII. CAMAÑAS)
 
 
  • El bardo de la memoria  : historias y leyendas turolenses / Francisco Lázaro Polo. Teruel, Diputación Provincial, D.L. 1992; 205 p.:il.;18 cm
  • Cervantes y Teruel / Francisco Lázaro Polo. Teruel, Caja Rural de Teruel, 2005; 38 p.:il.;21 cm
  • Crónica del Teruel extraño / Francisco Lázaro Polo. Zaragoza, Ibercaja, 1999; 253 p.:il.;24 cm
  • Cuéntame El Cid en Teruel / Francisco Lázaro Polo. Teruel, Aragón Vivo, 2007; 79 p.:il.;23 x 25 cm
  • Personajes turolenses / Francisco Lázaro Polo ; dibujos, Mª Carmen Muñoz Ferrer. Teruel, Caja Rural de Teruel, 1997; 142 p.:il.;21 cm
  • Teruel y la literatura / Francisco Lázaro Polo. Teruel, Aragón Vivo, 2003; 256 p.;21 cm
  • "El Cantar de mio Cid y Teruel", Turia, 83, 2007, p. 379-403.
  • "Los poetas de Monreal", en Historia de Monreal del Campo, Monreal, 2006, p. 295-302 [Texto completo]
  • ``Ecos literarios del valle´´. Calamocha, Xiloca, 32, 2004, pág. 077-094 [Texto completo]
  • "Ecos literarios del valle", en Comarca del Jiloca, Zaragoza, Gobierno de Aragón, 2003, p. 177-192 [Texto completo]
  • ``Por los caminos literarios de El Cid Campeador´´. Calamocha, Xiloca, 25, 2000, pág. 173-188 [Texto completo]
  • ``Introducción a la literatura turolense´´. Calamocha, Xiloca, 20, 1997, pág. 257-283 [Texto completo]
  • ``Dos motivos significativos del Caminreal contemporáneo: el escudo y el ferrocarril´´. Calamocha, Xiloca, 08, 1991, pág. 063-070 [Texto completo]
  • `Notas aproximativas al dance de Caminreal´´. Calamocha, Cuadernos del baile San Roque, 03, 1990, pág. 095-105 [Texto completo]
  • ``Assi fera lo de Siloca, que es del otra part: alusiones épicas a nuestra comarca en el cantar del Mio Cid.´´. Calamocha, Xiloca, 05, 1990, pág. 091-100 [Texto completo]
  • ``Rasgos estilísticos de los gozos de la Virgen de las Cuevas, patrona de Caminreal.´´. Calamocha, Xiloca, 03, 1989, pág. 123-138 [Texto completo]
  • ``Algunas notas sobre la historia, el folklore y el habla de Caminreal (Teruel)´´. Calamocha, Xiloca, 02, 1988, pág. 151-171 [Texto completo]

  • Barreiro, Javier (2010): Diccionario de autores aragoneses contemporáneos, 1885-2005. Zaragoza, Diputación Provincial.

sábado, 6 de julio de 2019

JAIME I SALVADO DE LA MUERTE POR UNAS SOPAS DE AJO

117. JAIME I SALVADO DE LA MUERTE POR UNAS SOPAS DE AJO (SIGLO XIII. TERUEL)
 
JAIME I SALVADO DE LA MUERTE POR UNAS SOPAS DE AJO  (SIGLO XIII. TERUEL)
 
 
Jaime I, rey de Aragón, había decidido reconquistar Valencia, cuyo cerco era cada vez más apretado. Ahora, creyendo que había llegado el momento, organizó la hueste y puso rumbo a la ciudad del Turia.
Al llegar a Teruel, donde pensaba acampar y esperar refuerzos, cayó enfermo de una misteriosa y grave dolencia que le dejó inmovilizado.
 
La noticia de la enfermedad del rey se extendió con rapidez, pero los más afamados médicos venidos de
todos los confines no acertaban a diagnosticar y mucho menos curar el mal que le aquejaba.
Se llegó a creer en la existencia de un posible encantamiento de los moros levantinos, sus adversarios, deliberando los entendidos en el modo de combatirlo sin resultado positivo.
 
La situación llegó al límite, pensando, incluso, en exponer al monarca en una tienda de campaña a
la entrada de la ciudad en espera de que algún caminante conociera la terapéutica adecuada, pero el procedimiento pareció poco digno del rey y se desechó.

Por fin, se recurrió al saber popular, autorizando a la desesperada a cuantas personas creyeran conocer el
remedio a ensayarlo: se probó con hierbas, músicas, conjuros, etc., pero todo fue en vano, hasta que un buen día, cinco jóvenes turolenses hicieron creer que la solución estaba en hacer comer al rey unas sopas de ajo.
 
El problema fue que, con tanta gente como había acudido a la ciudad, se habían agotado los ajos y la
única manera de conseguirlos era yendo a buscarlos a la huerta valenciana, corriendo riesgos sin número. No obstante, los cinco jóvenes, seguros de la bondad de su método, se prestaron personalmente a ello iniciando un viaje peligroso del que sólo pudo regresar uno de ellos.
 
Se hicieron las sopas a la manera de Teruel con los ajos tan costosamente conseguidos, comiéndolas el rey durante varios días. Poco a poco fue mejorando su salud, hasta sanar por completo. La ciudad estalló en fiestas, en las que participó toda la población, pero Jaime I, inquieto por el retraso que su enfermedad había provocado, comenzó a organizar la hueste que habría de llevarle a Valencia.
 
[Caruana, Jaime de, Relatos..., págs. 43-50.]

viernes, 22 de noviembre de 2019

LA RESISTENCIA HEROICA DE BUEÑA

177. LA RESISTENCIA HEROICA DE BUEÑA (SIGLO XIV. BUEÑA)
 
LA RESISTENCIA HEROICA DE BUEÑA (SIGLO XIV. BUEÑA)
 
 
La Guerra de los dos Pedros (entre Pedro IV de Aragón y Pedro I de Castilla) fue cruel y despiadada, suponiendo para una parte de Aragón —sobre todo en las «comunidades» de Calatayud, Daroca, Albarracín y Teruel— un auténtico reguero de muerte y destrucción, dando origen a muchos despoblados. Mas, como suele suceder en toda contienda bélica, en ésta se dieron casos de heroísmo, gestas colectivas e individuales, muchas de las cuales, aparte de su veracidad, se han teñido de
matices legendarios.
 
Los ejércitos castellanos ensangrentaron las comarcas de Tarazona y Calatayud y ensombrecieron la de Daroca. En Báguena, su alcalde, Miguel de Bernabé —haciendo arder el castillo e inmolándose él dentro— pasó a la historia por su heroísmo, lo mismo que la resistencia comunitaria de Bueña, en el camino de Teruel. Por fin, la capital turolense fue asaltada, por lo que durante unos años obedeció al rey castellano.
 
No pudieron entrar en Bueña los soldados castellanos, pero hicieron muchos prisioneros, entre ellos a los hermanos Martín y Andrés Martínez de Gombalde. Ya tenía Pedro I de Castilla un medio de presión ante el alcaide de la plaza, de modo que parlamentó con él, ofreciéndole mercedes y la libertad de los jóvenes si accedía a la entrega del castillo. Si se negaba, los degollarían al pie mismo del muro. Se repitió ante Bueña la escena de Tarifa, y como el hijo de Guzmán el Bueno, los hermanos Gombalde fueron asesinados
a la vista de los defensores.

Cuando siguieron camino de Teruel, las tropas castellanas fueron constantemente hostigadas por los hombres de Bueña, vengando así la muerte de sus hijos. Bueña y Tarifa pasaron juntas a la historia.
 
Una vez finalizada la contienda, Pedro IV el Ceremonioso premió a los hermanos Martínez Gombalde y a sus descendientes con honores y mercedes, desde el castillo causante del dolor a otros en distintos puntos del reino, incluso en Navarra.
 
[Gisbert, Salvador, «Los dos hermanos Gombalde», Revista del Turia, 13 (1884), 5-7.]
 
 
Bueña es un municipio y población de España, perteneciente a la Comarca del Jiloca, en la Sierra de Lidón (Sistema Ibérico), al noroeste de la provincia de Teruel, comunidad autónoma de Aragón, a 61,4 km de Teruel. Tiene un área de 40,75 km² con una población de 53 habitantes (INE 2016) y una densidad de 1,74 hab/km² con una fuerte tendencia a la regresión demográfica debido a la despoblación. El código postal es 44394.
 
En su término urbano se han encontrado restos arqueológicos de gran importancia.
 
Con la victoria en la batalla de Cutanda, Alfonso I conquistó estos terrenos a los musulmanes, siendo tierra fronteriza, pero se perdió a su muerte. Posteriormente fue tomado por Ramón Berenguer IV, pasando a formar parte del Reino de Aragón.
 
Integrado en la Comunidad de aldeas de Teruel, dentro de la Sesma de Visiedo, su situación, próxima a tierras castellanas, hizo que en esta nueva época se transformase de nuevo en lugar estratégico. En 1363 sufrió un ataque castellano, en donde el alcalde Martín Martínez de Gombalde tuvo la oportunidad de demostrar su valentía, al negarse a entregar el castillo a los invasores. Tal gesto de lealtad hacia la Corona de Aragón costó la ejecución de sus hijos, Andrés y Martín de Gombalde.
 
Posteriormente, tras la ruptura de relaciones entre Pedro IV y Enrique de Trastámara, volvió a ser zona fronteriza.
 
CITAS:
 
También hay leyendas de apuestas macabras en Caminreal y tradiciones orales que nos ponen de manifiesto la valentía y abnegación de personajes de la comarca, como Miguel Bernabé, un labriego de Báguena que defendió en un acto heroico, pagando con su propia vida, el castillo de su pueblo. La misma historia se repite en Bueña en donde el alcaide de la villa, Martínez de Gombalde, no sucumbió a la amenaza, si no entregaba la villa, del sacrificio de la vida de sus hijos, que terminaron muriendo en manos de los ejércitos castellanos.
Francisco Lázaro Polo.
 
http://web.archive.org/web/http://portal.aragon.es/portal/pls/portal/docs/1/356272.PDF

domingo, 28 de junio de 2020

SURGE LA JOTA. SIGLO XII. CALATAYUD

347. SURGE LA JOTA (SIGLO XII. CALATAYUD)

fiestas del Pilar, Zaragoza, jota, joteros, jotica

 

Fruto de las rivalidades internas a las que estuvieron sometidos los musulmanes hispanos durante el siglo XII, el gobernador valenciano Muley Tarec desterró a un moro llamado Aben Jot, quien, tras deambular por varios territorios musulmanes, decidió, por fin, trasladarse a tierra de cristianos, yendo a parar, tras largo peregrinaje, a Calatayud.

Con él llegó su música, una especie de himno marcial, que tanto servía para ser cantado como para acompañar a un baile bastante movido. Aquella especie de himno era la jota, que luego cantaron y bailaron los cristianos de la zona, primero, y los de todo Aragón, después.

[Beltrán, Antonio, De nuestras tierras..., III, págs. 189-190.]

Narciso Alejandre Carbó, Beceite, Beseit, jotero, jota, pechúa, cantador de jotas

[Blas Ubide, en 1880, compuso una serie de coplas que hacen referencia a este origen, no admitido por los musicólogos. Según García Arista, un orfeón bilbilitano cantó en Valencia dichas coplas:

«La jota se llama jota
porque la inventó Aben Jot,
cuando de Valencia vino
desterrado p´Aragón».

«La jota nació morisca
y después se hizo cristiana,
y cristiana ha de morir
la jota bilbilitana».

«La jota nació en Valencia
y se crió en Aragón;
Calatayud fue su cuna
en la orilla del Jalón».

«Desde la orilla del Turia
a la villa del Jalón
vino cantando la jota
el desterrado Aben Jot».]

(SIGLO XIV. BORJA)

Corrían los tiempos de la dominación musulmana en España cuando el pueblo de Rivas, asentado en la orilla del Huecha, se encontraba en pie de guerra con el de Maleján, situado un poco más arriba. La causa de esta gran enemistad entre ambos pueblos se hallaba en una serie de amoríos y venganzas, el llamado «secreto de Rivas». Acabó esta pequeña guerra con una crecida del Huecha tan grande que arrasó todo Rivas y llegó a las calles de Maleján, lo que permitió a los rehenes de uno y otro bando escapar de sus «presidios». El Huecha había enfriado los ánimos, pero no calmó los viejos deseos de venganza.
Apareció entonces por Rivas un curioso viajero, un tal Aben-Jot, que decidió asentarse en esta ribera del Huecha. Y aquí compuso las primeras jotas, hermosas coplas cantadas que causaron el asombro y la admiración de los de Rivas. Tan impresionados quedaron que estuvieron ensayándolas durante algún tiempo para ofrecerlas al rey Pedro IV el Ceremonioso con motivo de su llegada a Borja. Todos los pueblos mostraron su folklore ante el rey, el cual quedó maravillado de estas primitivas jotas.

[Tradición oral. Recogida en el Instituto de Borja.]