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jueves, 21 de noviembre de 2019

LOS URREA CONTRA LOS CORNEL

169. LOS URREA CONTRA LOS CORNEL (SIGLO XIV. ZARAGOZA)
 
Doña Brianda de Luna, una joven perteneciente a la importante familia de este apellido, estaba casada con el rico-hombre don Lope Ximénez de Urrea, mas el destino y la fatalidad quisieron que el enlace no funcionara bien y la muchacha, alegando que su marido era impotente, inició los trámites del divorcio.
 
Sin esperar la resolución pertinente, la joven abandonó el hogar, que estaba situado entre la
calle del Sepulcro y la ribera del Ebro. Intervinieron en el asunto tanto el arzobispo de Zaragoza, que era familiar suyo, como los abades de Montearagón y Veruela, conminando todos a la muchacha a
que volviera con su esposo al menos hasta que se resolviera el caso.
 
Regresó contrariada Brianda con su marido, pero como estaba resuelta a terminar con él, a los pocos días se descolgó por una ventana que daba al río, huyendo en compañía de su primo y amante, don Luis Cornel, para refugiarse ambos en el cercano castillo de Alfajarín. Al hacerse pública esta noticia entre los zaragozanos, los Urrea y los Cornel entablaron una disputa que desembocó incluso en luchas y choques sangrientos.
 
LOS URREA CONTRA LOS CORNEL (SIGLO XIV. ZARAGOZA)
 
El rey Pedro IV, viendo que las desavenencias entre tan importantes familias estaban asolando Alfajarín y sus contornos, decidió convocar a ambas partes a las Cortes reunidas en Zaragoza, con citación especial de los dos promotores de la discordia.
 
Acudió don Lope Ximénez de Urrea, el marido burlado, ante los brazos de las Cortes, pero no así don Luis Cornel, el amante burlador, que no sólo recibió con chanzas a los embajadores del rey sino que incluso arreció sus ataques contra las posesiones de su enemigo.

El rey, profundamente enojado por esta actitud, dispuso que sus tropas arrasaran los campos de Alfajarín, tomaran por asalto el castillo y llevaran prisionero a don Luis Cornel, que fue condenado al destierro, mientras doña Brianda acababa sus días recluida en un convento.
 
[García Ciprés, G., «Ricos hombres de Aragón. Los Luna», en Linajes de Aragón,
II (1911), 65.
Sánchez Pérez, José A.,
El Reino de Aragón, págs. 204-205.]


https://ifc.dpz.es/recursos/publicaciones/22/35/01otal.pdf
 

http://www.sipca.es/censo/1-INM-ZAR-017-017-002/.html

Gran Enciclopedia Aragonesa. (La web parece no funcionar, igual les han faltado perras de parte del Gobierno de Aragón y de la Generalitat de Catalunya.)  «El castillo de Alfajarín»

Heraldo de Aragón. «Alfajarín rehabilita torre del castillo»

Turismo de Zaragoza. «El Castillo de Alfajarín»

El castillo de los Cornel se sitúa en el término municipal de Alfajarín, en la provincia de Zaragoza sobre una cumbre de los Montes Blancos, junto a la ermita de la Virgen de la Peña de la localidad.
 
El castillo de Alfajarín fue construido por los musulmanes en el siglo XI. Alfajarín y su castillo se rindieron ante el avance cristiano (1119) tras la reconquista de Zaragoza por Alfonso I el Batallador en 1118, pero poco después volvió a manos musulmanas y en 1131 tuvo que volver a tomarlo el rey Alfonso, poniendo como tenente a Fortún Galíndez.
 
Tras la muerte de Alfonso I Batallador, a consecuencia de las heridas sufridas en la batalla de Fraga en 1134, volvió a poder de los almorávides, no siendo reconquistado definitivamente hasta 1141, durante el gobierno de Ramón Berenguer IV quien puso tenentes al frente de la guarnición hasta 1196.
 
Desde final del siglo XIII y hasta finales del siglo XIV perteneció a la baronía de los Cornel,​ como consecuencia de la donación hecha por Jaime II de Aragón en 1293. Tras extinguirse esta baronía fue comprado por diferentes personajes. Entre ellos destaca Ramón de Espés y la familia de los Alagón.
Con posterioridad el castillo quedó abandonado y comenzó un proceso de ruina.
 
La fortaleza se sitúa sobre un espolón rocoso sobre la ribera del Ebro, defendido por los lados norte y este por acantilados naturales y en el resto se construyó un foso defensivo para proteger la entrada teniendo acceso con puente levadizo protegido con dos torres. En una de las torres se encontraba el acceso en recodo, con arco apuntado revestido de ladrillo, en la actualidad muy deteriorada. La otra torre destaca por su volumen, presenta planta cuadrada, de unos 6 metros de lado, y gran altura. Interiormente se estructuraba en dos plantas superpuestas, cubiertas con bóvedas de cañón apuntado, de las que la de la planta baja ha desaparecido. Posee dos puertas y una ventana en arco apuntado situadas en la cara que mira al interior del recinto. el recinto tiene planta pentagonal irregular midiendo aproximadamente 100 por 60 metros. El muro norte es el menos deteriorado y en él se abre un portillo que lo une con la Torre del Homenaje, vigilado a su vez por un torreón rectangular. En el extremo este presenta existe torreón pentagonal en muy mal estado. Existe un foso artificial en todo este extremo. La torre del homenaje se construyó en el siglo XIV y en esta época también se reforzó todo el castillo. Esta torre debía ser imponente, pero sólo conserva dos paredes de gran espesor. La construcción es de tapial revestido de ladrillo macizo hasta media altura.

LUCHAS DE LOS LUNA CONTRA LOS URREA

172. LUCHAS DE LOS LUNA CONTRA LOS URREA (SIGLO XV. LA ALMUNIA)
 
Hallándose en Antequera preparando hueste contra el moro el noble castellano don Fernando, llegaron al campamento mensajeros con la triste noticia de la muerte, sin heredero directo, de don Martín el Humano, rey de Aragón, su tío.

Por los mismos mensajeros supo, asimismo, cómo las tierras del reino aragonés quedaban enormemente alteradas por las intrigas de varios pretendientes, fundamentalmente por la pugna entre don Pedro de Urrea (partidario y defensor del propio don Fernando), que «quería justicia» frente a los demás pretendientes, y don Antón de Luna, erigido en defensor del conde de Urgell como rey «por fuerza» y no por razón y derecho.
 
don Antón de Luna, que estaba acampado con sus guerreros junto a Almonacid de la Sierra
 
 
Ante la difícil situación creada, intentó el arzobispo zaragozano don García de Heredia actuar de mediador entre ambas partes, dirigiéndose para ello hacia La Almunia de Doña Godina, con el fin de «concertallos» y hacerles entrar en razón, pero don Antón de Luna, que estaba acampado con sus guerreros junto a Almonacid de la Sierra, le salió por sorpresa al encuentro arropado por más de cincuenta caballeros armados quienes, tras herirle con sus lanzas, provocaron su muerte.
 
Enterado don Pedro de Urrea del crimen perpetrado en la persona del arzobispo, acudió presto con sus huestes a Zaragoza para enfrentarse al conde de Urgell, quien, como monarca que pretendía ser, se había trasladado con celeridad a la capital acompañado de un gran ejército y la intención de tomarla y coronarse en San Salvador como tal. Junto al mercado, cerca del Ebro, al pie de las murallas romanas, con el torreón de la Zuda por testigo, tuvo lugar una sangrienta batalla, en la que el conde quedó vencido y obligado a huir de la ciudad vadeando como pudo el río.
 
LUCHAS DE LOS LUNA CONTRA LOS URREA (SIGLO XV. LA ALMUNIA)
 
 
Poco después llegaba desde Caspe la noticia de la proclamación de Fernando de Antequera como rey de Aragón, solución que el conde urgellés no aceptaría, dando lugar a una serie de batallas y actos belicosos que ensangrentaron el reino durante mucho tiempo.
 
[Gella, José, Romancero Aragonés, págs. 118-119.]
 
 
Fernando I, Aragón, Antequera, habemus rex, ya tenim rey, Aragó
 
 
Almonacid de la Sierra (sierra de Algairén) debe su nombre a la antigua comunidad árabe y a su situación aunque hay discrepancias sobre su significado, pues podría significar «lugar fronterizo» o
«el monasterio».

// Ahora leed aquí abajo: al-Munascid //
 
El Castillo y la villa de Almonacid de la Sierra fueron fundados por el musulmán al-Munascid, siendo citados por el cronista al-Udri. Por ello, la época de dominación musulmana fue importante para la localidad; el topónimo, el trazado de sus calles y la tradición alfarera así lo atestiguan. De su pasado morisco dan cuenta una serie de manuscritos árabes y aljamiados encontrados en la localidad, que se custodian en la biblioteca Tomás Navarro Tomás, del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC.
El hallazgo tuvo lugar al reparar una casa antigua en el verano de 1884, constituyendo uno de los más importantes hallazgos de este tipo realizados en la península ibérica.
 
Como reducto árabe, Almonacid resistió los envites cristianos hasta el reinado de Alfonso I el Batallador. Tras su reconquista, la población pasó a manos de la condesa doña Sancha y más tarde a las de Pedro de Sessé, señor de Medina. A finales del siglo XIII, Almonacid fue concedida a Pedro Martínez de Luna, fundador de los Luna de Almonacid y de los que derivarían los de Illueca.
 
Pero los Luna perdieron la población cuando Antón de Luna, ferviente partidario del pretendiente a la corona Jaime II de Urgel, asesinó en 1412 al obispo de Zaragoza, García Fernández de Heredia, (arzobispo) quien apoyaba a Fernando de Antequera, a la postre rey después del Compromiso de Caspe. El nuevo monarca de Aragón confiscó a Antón de Luna todos sus bienes, entre ellos la villa de Almonacid, pasando ésta a ser propiedad de Pedro Ximénez de Urrea en 1414, quien sería primer Conde de Aranda.
La casa de Urrea regiría los destinos de la localidad hasta la supresión de los señoríos en 1812.
 
La población de Almonacid, que contaba con 88 hogares​ —unos 400 habitantes— de acuerdo al fogaje de 1495, estaba mayoritariamente compuesta por moriscos, conviviendo junto a judíos y cristianos. Por ello, la expulsión de los moriscos a comienzos del siglo XVII, tuvo importantes repercusiones para la localidad. El geógrafo portugués Juan Bautista Labaña recogió en su Itinerario del Reino de Aragón, realizado entre 1610 y 1611, que «Almonazir es un lugar grande situado al pie de la sierra, es del conde de Aranda, quien tiene en este lugar una muy buena casa situada en lo alto de un otero, al pie del cual yace el lugar». Asimismo explica que «fue población de moriscos y fueron los últimos que salieron de este reino, había 300 vecinos y ahora no hay más que cincuenta». Las cifras aportadas por historiadores apuntan que pudo haber más de 1 200 habitantes de Almonacid expulsados de sus casas. Ello conllevó un gran retraso en el desarrollo de la localidad que no fue superado hasta muchos años después, aunque los señores concedieron en 1628 una carta de población a los colonos con que se repobló Almonacid. 
Coincidiendo con el 400 aniversario de estos sucesos, se realizó la serie Expulsados 1609: la tragedia de los moriscos, coproducción de TVE, TV3, Aragón TV, Canal de Historia, Sagrera Audiovisual y la Casa Árabe.
 
 
Pascual Madoz, en su Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España de 1845, describe a Almonacid en los términos siguientes: «Tiene 300 casas de regular construccion distribuidas en varias calles y plazas espaciosas y bien empedradas; un pósito, una carniceria, dos posadas públicas, una escuela de primeras letras... y una iglesia parroquial bajo la advocación de Nuestra Señora». Refiere que «el terreno llano en general es de buena calidad y muy feraz, aunque pudiera serlo mas á tener las aguas suficientes para el riego». En cuanto a la economía, señala que la localidad «produce vino, trigo puro, centeno, cebada, avena, garbanzos, judías, pocas frutas y hortalizas, y cria ganado lanar, cabrío y alguna caza» y que quedaban algunas alfarerías, la fábrica de aguardiente y la arriería.

Aquí un texto de Fernando I de Aragón en perfecto occitano, como solían usar muchos de los reyes de Aragón: (y alguna Reina, como Petronila, ya que su madre era de Peitieu, Poitiers.)

Lo Rey. – En Ramon Fivaller: com per rao de la entrada per nos Deu migençant e en breu faedora en aquexa ciudat vullam haver aquella jornada per servey de nostra persona una cota un manto e un juppo de drap daur de aquell tall e manera e semblants que eren les cota manto et juppo ab que entra novellament com a rey en aquexa ciutat lo senyor rey en Marti de bona memoria oncle nostre e per aquesta rao nos trametam aqui lo feel sastre nostre mestre Johan Dalvernia: pregamvos et manam que decontinent donets recapte que sia comprat tant drap daur com a aço sia manester et axi mateix arminis per afolradures et que prestament se façan los dits manto cota et juppo a fi que un dia abans de la nostra entrada aqui nos puscam haver les dites robes acabades: car en Barthomeu Gras regent nostra tresoreria dara o fara donar bon recapte aqui sobre la paga dels dits drap e arminis e altres coses a aço necessaries. E en aço dats aquella bona cura et diligencia ques pertany. Dada en Tortosa sots nostre segell secret a XVII dies de noembre del any MCCCCXII. – Rex Ferdinandus. – Gabriel Mascaroni mandato domini regis facto ad relationem Didaci Fernandez de Vadillo secretarii.

sábado, 11 de mayo de 2019

EL EXILIO DE ZAFADOLA, Rueda de Jalón

2.59. EL EXILIO DE ZAFADOLA (SIGLO XII. RUEDA DE JALÓN)
 
La reciente reconquista de Zaragoza por Alfonso I el Batallador y la rápida anexión de los territorios
circundantes, por un lado, y la presión de los castellanos de Alfonso VII, por otro, colocó en precaria situación a los pequeños régulos musulmanes, restos taifales fronterizos, que temían tanto a los cristianos, sus enemigos de religión, como a los propios almorávides correligionarios suyos.
 
EL EXILIO DE ZAFADOLA (SIGLO XII. RUEDA DE JALÓN)
 
Entre esos minúsculos reinos moros estaba el gobernado por Ahmed ben Abd al-Malik, descendiente directo de los Banu Hud de Sarakusta, que sobrevivía a duras penas en su estado-fortaleza de Rueda de Jalón, donde tuvo que refugiarse exiliado de Zaragoza donde sus súbditos no le aceptaban. Desde allí reforzó las guarniciones de la ribera, entre las que se encontraban Urrea, Caulor y Bardallur, y fue rey del Jalón durante veinte años, aunque asfixiado por la presión de Alfonso I el Batallador.

En este minúsculo reino, sucedió a Abd al-Malik su hijo Chafar Amad ben Hud, más conocido por la
Historia como Zafadola (Saif al-Dawla), quien viéndose perdido decidió echarse en manos del monarca castellano, pues la situación de Rueda era ya insostenible. Así es que reunió a sus fieles y les comunicó su decisión de enviar una embajada a Alfonso VII para ofrecerle su vasallaje, solicitándole, en caso de que fuera aceptado, que fueran a rescatarles.

El castellano organizó una partida capitaneada por el conde Rodrigo Martínez y Gutierre Fernández,
quienes entraron y recorrieron impunemente Aragón al frente de una fantástica expedición, logrando llevarse a Zafadola y los suyos. Mujeres, hijos, alcaides, alguaciles y deudos, cargados con gran equipaje y riquezas, recorrieron tierras enemigas aragonesas sin que nadie entorpeciera el camino de Zafadola hacia su voluntario exilio, mientras en su fuero interno esperaba volver a reinar no sólo en Rueda sino también en Zaragoza, donde no le querían ni moros ni cristianos.

El espíritu aventurero de Zafadola le llevó a Extremadura, Toledo, Andalucía y Murcia, convirtiéndose en
uno de los personajes más curiosos y legendarios de su tiempo.
 
Castillo de Rueda de Jalón
 
[Lasarte, José A., Urrea de Jalón..., págs. 43-44.]
 
 
 

Poeta morisco:

Mohamed Rabadán es, según algunas fuentes, el más importante poeta morisco. Era originario de Rueda de Jalón en la provincia de Zaragoza. Compuso su obra esencial hacia 1603, pero también realizo una biografía del profeta Mahoma según los escritos de Hassan al Basri. En la bibliothèque nationale de Paris se encuentra un original de su obra Discurso de la luz. (BNF Esp. 254).
Se exilio a Túnez donde acabo sus días.

Obras:

· Discurso de la luz y descendencia y linaje claro de nuestro caudillo... y bien aventurado profeta Mohamad,
· Historia del espanto del día del juicio según las aleyas y profecías del honrado Alcorán,
· Calendario de las doce lunas del año y Los noventa y nueve nombres de Alláh.

La pervivencia de Mohamed Rabadán en el exilio de Túnez:

Varios testimonios demuestran el fuerte apego de los moriscos de Túnez a su lengua.
Míkel de Epalza señala que, en 1722, un «moro andaluz (1)>> o por mejor decir aragonés, porque nos dijo que su padre era de Zaragoza. Y hablaba (2) español...» .
Morgan, del Consulado Inglés de Argel, informa de que en una docena de pueblos tunecinos, a principios del siglo XVIII, no sólo se hablaba español, sino que incluso los más ancianos tenían la costumbre de recitar los poemas del poeta aragonés Muhamad Rabadán (3).

Notas:

(1) andalusí, gentilicio con que se denominaba a los moriscos emigrados.
(2) M. de Epalza, "Nuevos documentos sobre nuevos descendientes de moriscos en Túnez en el siglo XVIII”,en Studia Historica et Philologica in honorem M. Batllori, Roma, 1984, 197-208.
(3) Stanley. H. E. J., “The Poetry of Mohamed Rabadan, of Aragon”, en J.R.A.S., 1867, p. 1 y ss.

http://www.pasapues.es/aragonesasi/libros/rabadan.php

jueves, 21 de noviembre de 2019

LOS LUNA Y LOS URREA, ENFRENTADOS

171. LOS LUNA Y LOS URREA, ENFRENTADOS (SIGLO XV. ZARAGOZA)
 
Acababa de fallecer el (REY) Martín el Humano sin sucesión. El solar aragonés fue escenario entonces de acciones sangrientas protagonizadas por los partidarios de algunos de los candidatos al trono, intentando forzar con el estruendo de las armas a los compromisarios de Caspe, que trataban de hallar un sucesor. Entre las familias encontradas por el problema dinástico, destacaban los Luna y los Urrea. Tanto en los campos como las ciudades y villas la pugna originaba zozobra. Las cosechas ardían, se sacrificaban rebaños enteros, las casas no eran seguras.
 
En este clima de tragedia, el obispo de Zaragoza don García, montado en su yegua, se dirigía confiado y acompañado por sus familiares hacia la capital sin escolta alguna, cuando, en un recodo del camino, de manera inesperada, le salió al encuentro Antón de Luna, belicoso partidario del conde de Urgell y enemigo por dicha causa de los Urrea. Tras conminarle a abandonar el partido del regente de Castilla
y ante la negativa del arzobispo, el de Luna, amparado en los cien hombres armados que le acompañaban, le arremetió con la espada segándole la mano derecha y huyendo a toda prisa del escenario. A duras penas pudo sobrevivir a la herida el obispo mutilado, que llegó malherido al palacio arzobispal de Zaragoza.
 
A duras penas pudo sobrevivir a la herida el obispo mutilado, que llegó malherido al palacio arzobispal de Zaragoza.
 
 
Días después, en la villa de Caspe, donde se hallaban reunidos los compromisarios de Aragón, Cataluña y Valencia para elegir al futuro rey de Aragón de entre los diversos pretendientes al trono, irrumpió retador en la sala de sesiones del castillo Antón de Luna. En aquellos instantes, tenía la palabra Juan Rodríguez de Salamanca, quien se hallaba defendiendo la causa del pretendiente castellano frente a los otros.

De pronto, el agresor del obispo zaragozano, interrumpiendo el discurso, alzó la voz para defender a don Jaime, conde de Urgell.

Juan Rodríguez, enfurecido, contestó al de Luna aludiendo, entre otros argumentos, al lamentable episodio ocurrido al arzobispo de Zaragoza, cuya mano, «aun cortada, al conde opone su diestra». 

Ante el inmenso murmullo que ello originó en la sala, los partidarios del conde salieron corriendo, mientras ganaba la causa de Fernando, el castellano, que pronto fuera coronado como rey de Aragón, acompañado de todos sus seguidores.

[Gisbert, Salvador, «Con don Antón te topes», en Revista del Turia, 21 (1884), 1213; 22 (1884), 12-14.]
 
 
Salamanca y Salamanca, Juan de. Burgos, 2.XII.1607 ant. – 21.IX.1667. Gobernador y capitán general de Cuba.
 
Hijo del capitán Luis de Salamanca y del Hospital y de Ana de Salamanca y Salamanca (hija del alcalde mayor de Burgos y familiar del Santo Oficio, Juan Alonso de Salamanca Polanco), fue bautizado el 2 de diciembre de 1607. Continuó la carrera militar de su padre, quien habiendo servido durante trece años en Nápoles, Milán y Flandes como alférez de Infantería (donde se halló en el sitio de Ostende y en el socorro del dique de Amberes), pasó luego al Regimiento del Conde-Duque, en el que se licenció como capitán. 
 
Pertenecía a una familia de notables burgaleses de origen salmantino, desplazada a Burgos en el siglo XV siguiendo a la Corte de Juan II (de aquí el cambio de apellido, ahora toponímico), y dedicada desde entonces a la política local, a la milicia y al comercio. 
 
En efecto, desciende de Juan Rodríguez de Salamanca (hijo de Ruy González de las Varillas), regidor de Salamanca, doctor por su Universidad, caballero de la banda, procurador en Cortes por esta ciudad, que acompañó a Fernando de Antequera a la Guerra de Granada, asistió al Compromiso de Caspe, y fue luego del Consejo de Juan II). 
 
El abuelo de Juan de Salamanca, Luis de Salamanca Paredes, miembro destacado de la Universidad de mercaderes de Burgos, fue propietario (junto con su sobrino Jerónimo) de una compañía mercantil que traficaba con Flandes y otras plazas. Su muerte en 1578, que produjo la disolución de la compañía, coincidió con el declive, en gran parte debido a la guerra de Flandes, del comercio burgalés. Por ello, su hijo Luis (padre de este Juan de Salamanca), nacido ese mismo año, siguió la carrera militar (Jerónimo creó una nueva compañía, con la que hizo gran fortuna, pero acabó quebrado y murió en la cárcel).
 
Juan de Salamanca ingresó como soldado en 1625 en la Armada Real del Mar Océano, en la compañía de Nicolás Giudice, en la que estuvo embarcado (“siendo nombrado para los abordos”) hasta 1629. Asistió, entre otras acciones, al “Socorro de Cádiz” en 1625 contra los ingleses (acción inmortalizada por Zurbarán en un cuadro para el Salón de Reinos del Buen Retiro). Pasó después a tierra, contrajo matrimonio y tuvo a sus hijos. En 1632 obtuvo merced de hábito de la Orden de Calatrava. En 1639, destinado en las Cuatro Villas de la Costa del Mar (Santander, Laredo, Castro Urdiales y San Vicente de la Barquera), se halló en la defensa de Colindres (Cantabria) contra la entrada del Ejército francés al mando del arzobispo de Burdeos.
 
En 1641 partió a Flandes, como capitán de una compañía de Infantería. Peleó “en el Canal de Inglaterra con tres Navíos de Olanda y con su fragata hecho una del enemigo a pique”. Participó luego en diversas acciones: socorro del castillo de Gennep (Holanda), intervención en Blerick (Holanda), defensa de la ribera de Gante y apoyo de las tomas de Lens (Francia) y de La Bassée (Francia). Se halló en la batalla de Honnecourt (26 de mayo de 1642, Francia), en la que los tercios españoles, al mando del general Francisco de Melo (fue nombrado gobernador de los Países Bajos ese mismo año) vencieron al ejército francés. “Fue uno de los capitanes que cargaron al enemigo con la mosquetería que abrió la barrera con que se dio entrada a la caballería”, se lee en su relación de servicios. Formó parte de las tropas españolas en Calais y Lillers (Francia). Para J. de la Pezuela, fue “uno de los oficiales de más confianza para el archiduque Alberto y para don Francisco de Melo”. Pero asistió después a la sucesión de fracasos militares de los Tercios. Se halló en la batalla de Rocroi (19 de mayo de 1643, Francia), que significó el fin de la supremacía del Ejército español, en la que procedió con mucho valor: “sólo su tercio quedó en pie, habiendo sido atacado por tres veces”, pero fue hecho prisionero. Por su actuación, el general Francisco de Melo le ofreció la primera compañía de caballos corazas que vacase.
 
Continuó participando en numerosas acciones de socorro y fortificación, con el grado, desde enero de 1645, de capitán de caballos corazas (aunque Melo había sido cesado en 1644): así, en Mons (Bélgica) a las órdenes de Andrea Cantelmo, Gravelines (Francia), Mardyck (Francia), ribera del río Mosa, Hulst (Holanda), Dunkerque (Francia), defensa de la provincia de Güeldres (Holanda), toma de Courtrai (Bélgica), y otras. Fue felicitado por el sucesor de Melo, el marqués de Castel-Rodrigo.
 
Nuevamente fue hecho prisionero en la batalla de Lens (20 de agosto de 1648, Francia), perdida por el Ejército español, dirigido ahora por el archiduque Leopoldo Guillermo de Austria, gobernador de los Países Bajos, frente a las tropas francesas comandadas por el príncipe de Condé, el vencedor de Rocroi. La actuación de Salamanca en la batalla (“el gruesso que D. Juan mandava después de haver roto otro del enemigo y mezcladose con él se rehizo en el mismo puesto y bolvió a chocar segunda vez y siendo desecho se incorporó con otro capitán y assistió hasta que fue desecho quedando segunda vez prissionero”) fue destacada en el informe presentado al archiduque. Al año siguiente, 1649, a pesar de habérsele concedido licencia de tres meses, no usó de ella y se halló en la entrada que hizo en Francia el archiduque para recuperar Ypres (hoy Bélgica).
 
Vuelto a España, alcanzó la graduación de maestre de campo. Fue nombrado gobernador de Ciudad Rodrigo “en ocasión de la guerra con Portugal” (según recoge un árbol genealógico, en el Archivo de Campo Alange, que no precisa el año). Pleiteó en 1650 con el condestable de Castilla por compras de tierras en la jurisdicción de Briviesca (Burgos).
 
En 1657 fue nombrado gobernador y capitán general de Cuba en sustitución de Diego Rangel. Durante su mandato (tomó posesión el 5 de marzo de 1658) son de destacar dos de sus principales preocupaciones. La primera, la constante presión, especialmente inglesa y holandesa, militar, corsaria y contrabandista, muy intensificada desde que Inglaterra arrebató Jamaica a España en 1655. La segunda, la laxitud en las costumbres en general y del clero en particular: requirió del obispo un mayor control, pero “se empezaron a amotinar los eclesiásticos”, muriendo el obispo “con celeridad y según dice el vulgo [...] ayudado [... ]”, por lo que Salamanca escribió al Rey en 1658 solicitando que un nuevo prelado “venga cuanto antes, para que se ponga remedio en cosa tan grave”. También tuvo problemas con el comisario del Santo Oficio quien, excediéndose en sus funciones (“este comisario excede en todo lo que obra”), quiso utilizar a la Inquisición en la lucha contra el contrabando y “tiene a toda esta ciudad en una medrosa esclavitud”, escribió Salamanca al Rey en 1662. Intentó, sin conseguirlo por falta de financiación, la fundación en Cuba de un colegio de jesuitas. Fomentó el cultivo de tabaco en la isla. Aunque cesó en su cargo el 12 de septiembre de 1662, ocurrió poco después, en palabras de J. de la Pezuela, “uno de los sucesos más desastrosos para la Isla”: una expedición naval inglesa de novecientos hombres procedente de Jamaica desembarcó el 18 de octubre de 1662, cerca de Santiago de Cuba. El gobernador de este territorio, Pedro Morales, fue derrotado, y la ciudad fue ocupada y saqueada por los ingleses. Juan de Salamanca, aunque estaba enfermo, se puso el 15 de noviembre al frente de setecientos hombres en dirección a Santiago de Cuba. Al llegar a Trinidad supo que los ingleses se habían reembarcado, por lo que volvió a La Habana.
 
En 1659 había solicitado su sustitución por motivos de salud. Fue nombrado ese año, sin que ello guardara relación alguna con su solicitud, gobernador y capitán general de Filipinas y presidente de la Audiencia de Manila. Por alguna razón, los títulos de nombramiento no llegaron a su destino, por lo que en 1660 se le enviaron unos duplicados por el secretario del Consejo de Indias, junto con un escrito avisando a los oficiales reales de Veracruz de la importancia de los despachos dirigidos a Juan de Salamanca. A pesar de ello, continuó Salamanca en su destino en Cuba hasta 1662, y Sabiniano Manrique de Lara, que era el gobernador de Filipinas desde 1653 continuó en su puesto hasta 1663, posiblemente porque la sublevación en algunas provincias de Filipinas que tuvo lugar en 1660 aconsejó aplazar el cambio de gobernador. En la relación de servicios de Salamanca, conservada en el Archivo de Indias, una anotación marginal dice que habiendo sido promovido “a la Presidencia de filipinas [...] no aceptó, por lo qual acavo su quinquenio en la Havana”. Ello a pesar de que en 1661 había reiterado su solicitud de sustitución.
 
Contrajo matrimonio con Francisca Alonso de Salinas y Gallo de Avellaneda (perteneciente a una familia de hacendados burgaleses, tenía por ascendientes ilustres a Alonso Yáñez Fajardo, adelantado mayor del Reino de Murcia, y a Juan Álvarez Delgadillo, alférez mayor de Juan II), con quien tuvo en 1630 a Juan y en 1633 a María Francisca, casada con Francisco Orense Manrique. Su citado hijo Juan, casado en Briviesca con Clara Gutiérrez de Salazar (de donde era natural, hija de su alcalde), sería alcalde de esta villa en 1670 y regidor perpetuo de Burgos. Fue progenitor de los marqueses de Villacampo y de los condes del Campo de Alange, y también de los duques de Peñaranda de Duero, de las Torres, marqueses de Guadalcázar, Breña, Pacheco, La Granja, Acapulco, Rincón de San Idefonso, la Laguna, condes de Buelna, Lugar Nuevo, Castroponce y otros. El gobernador Juan de Salamanca fue enterrado en Burgos, según dispuso en su testamento, en la capilla de la Santa Cruz (llamada “de los Salamanca”), de la que era patrono, en la iglesia de San Lesmes, donde había sido bautizado.
 
Se le atribuye el inicio de la construcción en Briviesca de la que se conocería como “Casa de los Salamanca”, que terminaría su hijo Juan. Años después se alojaría en ella la reina María Luisa de Saboya, primera mujer de Felipe V, en cuyo recuerdo se puso cadena en la fachada (no se pudo alojar en su viaje de venida a España, que hizo por barco desde Niza a Figueras, pero pudo hacerlo en 1706 o, aún mejor, en 1710, fechas de las evacuaciones de Madrid realizadas por Felipe V durante la Guerra de Sucesión). Hoy día sólo queda de ella un cubo cilíndrico de piedra, con el escudo familiar, adosado a la reconstrucción posterior del edificio, propiedad del Ayuntamiento.
 
Fuentes y bibl.: Archivo Histórico Nacional, Secc. Nobleza, Frías, C. 382, D. 11; Secc. Estado, legajos 1337 y 2097, Relación de los servicios de D. Juan de Salamanca, Caballero de la orden de Calatrava y capitán de cavallos corazas españolas en los Estados de Flandes, año 1651; Archivo General de Indias (Sevilla), Indiferente General, 116, n.º 63, Relación de servicios del Maestre de Campo Don Juan de Salamanca cavallero del abito de Calatrava y corregidor de la ciudad de Ciudad Rodrigo, diosele el gobierno de la Havana el año de 659; Audiencia de Santo Domingo, Cartas de Gobernadores, r. 1, n. 7, n. 24, n. 32, n. 33, n. 43 n. 45; Archivo de los Condes del Campo de Alange, Árboles genealógicos del apellido Salamanca, y Testamento del Maese de Campo don Juan de Salamanca caballero dela horden de calatraba Gobernador y Capitan General dela isla de Cuba y ciudad de san Cristóbal dela abana, a quien su Majestad de Felipe quarto que esta en el cielo confio el gobierno y birreynato delas islas filipinas y presidencia dela Real Chancillería de Manila, otorgado en Burgos el 19 de septiembre de 1667 ante Antonio Ruiz de Vallejo; Real Academia de la Historia, Col. Salazar y Castro, D-34 fols. 8-10-v.
 
L. Salazar y Castro, Historia genealógica de la Casa de Lara, Madrid, Imprenta Real, 1696 [Bilbao, Wilsen Editorial, 1988, t. IV (moderno), pág. 779]; F. J. Alegre, Historia de la Compañía de Jesús en Nueva España, t. III, México, por C. M. Bustamante, 1842; P. Santacilia, Lecciones orales sobre la Historia de Cuba. Pronunciadas en el Ateneo Democrático Cubano de Nueva York, Nueva Orleans, Imprenta de L. E. del Cristo, 1859; J. de la Pezuela, Diccionario geográfico, estadístico, histórico de la Isla de Cuba, Madrid, Imprenta del Est. de Mellado, 1863, t. I, págs. 183-184, y t. II pág. 175, y t. IV, Madrid, Imprenta del Banco Industrial y Mercantil, 1866, pág. 393; M. Villar Macías, Historia de Salamanca, t. II, Salamanca, Imprenta de F. Núñez Izquierdo, 1887; G. Chacón (atrib.), “Crónica de Don Juan II”, en Colección de Documentos Inéditos para la Historia de España, t. XCIX, Madrid, por el marqués de la Fuensanta del Valle, Imprenta de R. Marco y Viñas, 1891, págs. 82 y 132; F. Figueras, Cuba y su evolución colonial, La Habana, Editorial Cenit, 1907, págs. 279-282 (La Habana, Editorial Isla, 1959); A. Ballesteros Beretta, Historia de España y su influencia en la Historia Universal, t. IV, Barcelona, Salvat Editores, 1926, pág. 473; M. Basas Fernández, “Mercaderes burgaleses del siglo XVI”, en Boletín de la Institución Fernán-González (Burgos), año XXXIII, n.º 127 (1954), pág. 164; I. García Rámila, “La capilla de la Cruz o de los Salamanca, en la Iglesia parroquial de San Lesmes, Abad”, en Boletín de la Real Academia de la Historia (Madrid), t. CXXXVI, cuad. II (1955), págs. 217-249; M. Basas Fernández, El Consulado de Burgos en el siglo XVI, Madrid, Escuela de Historia Moderna, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), 1963; C. Fernández Duro, Armada Española desde la unión de los reinos de Castilla y de Aragón, t. IV, Madrid, Museo Naval, 1972; G. Parker, El ejército de Flandes y el Camino Español. 1567- 1659, Madrid, Alianza Universidad, 1985 (Barcelona, Alianza Editorial, 2006); V. Cadenas Vicent, Caballeros de la Orden de Calatrava que efectuaron sus pruebas de ingreso durante el siglo XVIII, t. II, Madrid, Editorial Hidalguía, Instituto Salazar y Castro, CSIC, 1987, págs. 153-154; A. C. Ibáñez Pérez, Burgos y los burgaleses en el siglo XVI, Burgos, Ayuntamiento, 1990; F. Oñate Gómez, Blasones y linajes de la provincia de Burgos, Tomo I. Partido judicial de Briviesca, Burgos, Artecolor Impresores, 1991; Tomo II, Partido judicial de Burgos, Burgos, Diputación Provincial, 2001; G. Parker, La Guerra de los Treinta Años, Madrid, Machado Libros, 2003; E. A. Alonso López, “Mohínas de la Inquisición”, en http://www.kislakfoundation.org/prize/200201.html; B. M. Cahoon, “World Statesmen”, en http://www.worldstatesmen.org/Cuba.html

domingo, 17 de noviembre de 2019

EL TROVADOR DE LA ALJAFERÍA

162. EL TROVADOR DE LA ALJAFERÍA (SIGLO XV. ZARAGOZA)
 
En la Zaragoza de mediados del siglo XV, dividida políticamente entre los partidarios del rey Juan II y
los del príncipe de Viana, dentro, pues, de un clima enrarecido, el noble Lope Artal de Azlor no tuvo conmiseración para con la gitana Estrella, a la que condenó a ser quemada viva en la hoguera porque
había ahogado a su propio primogénito.
 
EL TROVADOR DE LA ALJAFERÍA (SIGLO XV. ZARAGOZA)
 
 
En vano le imploró clemencia Azucena, hija de Estrella, y al no obtenerla juró vengarse de don Lope, de
modo que, amparada por la oscuridad, raptó a un hijo del noble para arrojarlo también a la misma hoguera en la que su madre iba a morir.
Sin embargo, la fatalidad y el error hizo que fuera el propio hijo de Azucena el que muriera quemado, mientras el descendiente de Lope Artal de Azlor, don Manrique de Lara, se salvaba. El caso es que en
el joven y apuesto Manrique, a la sazón celebrado trovador y poeta, creció por todo aquello un ardiente odio contra don Lope Artal de Azlor, ignorando que era su propio padre.
 
Sucedió por entonces que, enamorado rendidamente de una de las damas de la reina, Leonor Sesé de Urrea se llamaba, tras una justa poética celebrada en el palacio de la Aljafería, donde estaba la Corte, el trovador Manrique (partidario del príncipe de Viana) hubo de enfrentarse a Antonio Artal, del bando realista e hijo de don Lope, y, por lo tanto, hermano suyo, quien también la amaba. Amor y política, pues, enfrentaron a ambos jóvenes, que desconocían su condición de hermanos.
 
Con el fin de resolver la oposición de la doncella, enamorada del trovador, el realista Antonio Artal
recurrió a la ayuda de su hermano Guillén para apresarla contra su voluntad y encerrarla en un convento, de donde la raptó una noche de luna el apasionado Manrique. Por un breve espacio de tiempo, la fortaleza del Castellar, donde se refugiaron, fue escenario de la felicidad de Leonor y Manrique, hasta que éste fue apresado. Durante un tiempo, que se hizo eterno, el torreón de la Aljafería fue prisión inhóspita del trovador, hasta ser condenado a muerte. Se suicidó Leonor a la vez que también moría de remordimiento Antonio Artal, tras conocer demasiado tarde la verdad de su parentesco con don Manrique de labios de Azucena, quien acabó, asimismo, enloqueciendo ante tanto infortunio.
 
[Albareda, Hermanos, La Aljafería..., págs. 66-67.
 
Beltrán, Antonio, Introducción al folklore aragonés (I), págs. 103-104.]
 

jueves, 6 de junio de 2019

Tomo I, texto XIV, Martín, Luppo de Gurrea (en aragonés)

XIV.

Reg. 2.236, fol. 36. 19 de octubre de 1407.

El Rey. - Mossen Lop. Recordar vos deuria las guerras bandos muertes gestiones danyos e menoscabos ques son seguidos entre vos e vuestros valedores de una part e don Anthon de Luna e sus valedores de la otra de que gran partida ney es stada causa la nominacion que vuestra partida la partida de los de Logran (1) vos sforçades fazer de los jurados de la villa de Exea: onde como ya sobre aquesto hi sia bien provehido por stablimientos feytos por el dito concello confirmados et atorgados por el egregio don Alfonso conte de Denia assi como a lugartenient nuestro et por el governador Daragon e vos agora nuevament vos esforçades segund nos es dado a entender la nominacion de juratos en la dita villa contra los ditos stablimientos et aquesto no sea otra cosa sino dezir et de feyto tornar en guerra bando et bollias et suscitar los males passados et destruhir nuestros lugares et terra: por aquesto reprehendendovos de las ditas cosas fuertement si assin hi es vos dezimos et mandamos expressament et de certa sciencia dius encorrimento de nuestra ira et indignacion que de la dita nominacion de juratos en la dita villa de Exea segund que otra vegada de aquesto vos havemos scripto en alguna manera nous
entremetades antes aquella fer lexedes al capitan et concello de la dita villa segund bien han costumbrado en otra manera certiticamosvos que contra vos et vuestros bienes en tal manera procediremos et procedir faremos que conexeredes quey hi es muyt greu cosa a nos vos ni otro alguno meter en nuestros lugares contra nuestra voluntat jurados regidores o qualesquiere otros administradores.
Dada en Valencia a XIX dies de octubre e nel anyo MCCCCVII.
- REX MARTINUS. - Johanes de Leytago mandato regis facto per thesaurarium. - Dirigitur Luppo de Gurrea. (Lope de Urrea)

 

(1) Tal como se lee en el registro y está aquí fielmente trasladada, es ininteligible esta cláusula; pero resultará clara añadiendo la conjuntiva e después de las palabras vuestra partida y dirá: de que (de los daños) en gran parte ha sido causa el nombramiento que vuestro partido y el partido de los de Logran, etc.; pues los Logran serían probablemente los jefes que tenía en Ejea la facción de los Lunas. Estas y
otras semejantes faltas las cometían muy a menudo por error ó incuria los escribanos y amanuenses.

viernes, 14 de febrero de 2020

XVII, perg. 384, Jaime I, septiembre 1229

XVII.
Perg. n. 384. Jai. I. 18 set. 1229.

Jacobus, Jaime I de Aragón, XVII, perg. 384, Jaime I, septiembre 1229

In Christi nomine. Manifestum sit omnibus quod nos Jacobus Dei gratia rex Aragonum comes Barchinone et dominus Montispesulani promitimus vobis venerabilibus in Christo patribus S. Dei gratia Tarrachonensi archiepiscopo G. Vicensi B. Barchinonensi et G. Gerundensi episcopis vobis quoque fratri B. de Campaines tenenti locum magistri et preceptoris Riparie et Miraberti et vobis karissimo consanguineo nostro Nuno Sancii Hugoni comiti Empuriarum G. de Montecatano vicecomiti Biarnensi R. de Montecatano Raimundo Alaman Guillelmo de Claromonte et aliis omnibus qui nunc presentis estis in Tarrachona et debetis nobiscum personaliter proficisci ad insulas Majoricas Minoricas Eviçam et alias insulas que vocantur generaliter Baleares ad expugnandas inde barbaras naciones quod de tota terra civitatibus villis et castris terris heremis et populatis cum suis redditibus et rebus mobilibus et inmobilibus et exitibus universis que in hoc viatico adquiremus Domino concedente tam per terram quam per mare lezdis pedaticis ribaticis et aliis exitibus universis dabimus vobis vel vestris justas porciones secundum numerum militum et hominum armatorum quos vos vobiscum duxeritis et nos similiter habeamus partem nostram omnium predictorum secundum numerum militum et hominum armatorum qui nobiscum fuerint retentis nobis alcaceriis et staticis regum in civitatibus ultra debitam portionem nobis competentem. Et si forte Domino concedente adquireremus in hoc viatico alias insulas et terras sarracenorum vel res mobiles vel inmobiles per terram vel mare eodem modo inter nos et vos pro porcionibus legitimis dividantur. Et omnes divisiones iste fiant per cognicionem Berengarii Barchinonensis episcopi et G. Gerundensis episcopi fratris B. de Campaines Nunonis Sancii Hugonis comitis Empuriarum G. de Montecatano vicecomitis Biarnensis per quorum etiam cognicionem asignentur ecclesiis et clericis dominicature et redditus competentes. Item ad eorundem cognicionem remaneant ibi in stabilimento et in retinimento terre illi qui partem terre habere voluerint vel alios per se constituant defensores. Porciones autem vestras quas ibi habebitis vos et vestri teneatis per nos et successores nostros et ad nostram fidelitatem et consuetudinem Barchinone et detis nobis potestatem quandocumque voluerimus irati et paccati et porciones quas inde habebitis possitis vendere et alienare salva nostra fidelitate et dominio antedicto. Preterea omnes homines de terra nostra et aliunde venientes qui hoc jurare voluerint et venire nobiscum in viatico supradicto habeant similiter partes suas ad cognicionem supradictorum. Volumus etiam et statuimus quod illi qui partem habuerint de terris illis non possint guerrejare inter se dum fuerint in partibus illis nec guerram facere de terris illis. Ad majorem securitatem omnium predictorum nos Jacobus rex predictus juramus per Deum et hec sancta evangelia coram posita hec fideliter servaturos et ducturos nobiscum ducentos milites. Datum apud Tarrachonam quinto kalendas septemberis anno Domini millessimo CC vicesimo nono.
- Postea in obsidione civitatis Majoricarum XIV kalendas octoberis fuerunt positi et electi de consensu domini regis et omnium predictorum in portionibus faciendis loco Guillelmi et Raimundi de Montecatano Raimundus Alaman et Raimundus Berengarii de Ager qui hec jurarunt et cum eis similiter in porcionibus faciendis Eximinus de Urrea et Petrus Cornelii qui hoc juraverunt.
- Signum + Jacobi Dei gratia regis Aragonum comitis Barchinone et domini Montispesulani.
- Sig+num Berengarii Barchinonensis episcopi qui promitto in manu Domini S. archiepiscopi Tarrachonensis me iturum et ducturum usque ad centum milites et quos potero servientes.
- Sig+num Guillelmi Gerundensis episcopi qui promitto me iturum et ducturum milites quos potero et servientes.
- Sig+num fratris B. de Campaines tenentis locum magistri qui promitto me iturum cum militibus quos potero.
- Sig+num Nunonis Sancii qui juro me iturum et ducturum usque ad centum milites salvo jure meo de Scunerio.
- Sig+num Hugonis comitis Empuriarum qui juro me iturum et ducturum usque ad septuaginta milites et servientes quos potero.
- Sig+num Guillelmi de Montecatano vicecomitis Biarnensis qui juro me iturum et ducturum usque ad centum milites et servientes quos potero et juramus portiones terrarum et rerum facere ut predictum est bona fide.
- Sig+num Raimundi de Montecatano qui juro me iturum et ducturum usque ad quinquaginta milites.
- Sig+num Raimundi Berengarii de Ager qui juro me iturum.
- Signum B. de Sancta Eugenia et Guilaberti de Cruilis qui juramus nos ituros et ducturos usque ad triginta milites.
- Sig+num Raimundi Alaman et Guillelmi de Claromonte qui juramus nos ituros et ducturos usque ad XXX milites.
- Sig+num Geraldi de Servilione.
- Sig+num Ferrarii de Sancto Martino.
- Signum Guillelmi scribe qui mandato domini regis pro Guillelmo de Sala notario suo hanc cartam scripsit die et anno prefixis.

XVIII, 2 febrero 1231

sábado, 27 de julio de 2019

EL NOMBRAMIENTO DEL PRIMER CONDE DE LUNA

146. EL NOMBRAMIENTO DEL PRIMER CONDE DE LUNA (SIGLO XIV. DAROCA)
 
Zaragoza, 1310. Una dama perteneciente a una distinguida familia aragonesa, con ramificaciones en Daroca, ante el temor que le producía el parto que esperaba, prometió visitar los Corporales si todo se desarrollaba con bien y dedicar el neófito a la Iglesia. En efecto, tras nacer el niño, madre e hijo se trasladaron para cumplir la promesa ofrecida. Desde muy corta edad, el muchacho, llamado Lope de Luna, fue educado en las artes marciales, hasta ser armado caballero por el rey en 1336.
 
Esta ceremonia, ante Pedro IV, fue celebrada en La Seo zaragozana, en presencia de prelados, nobles y
síndicos de las villas y ciudades del reino. 
 
Cuando el rey le preguntó a Lope el porqué de querer ser armado caballero, el joven le contestó que para servir a Dios, a la Religión y a su dama. Tras el espaldarazo real, caballeros, damas y doncellas le fueron
colocando los restantes atributos del caballero, para finalizar Bernardo de Cabrera ciñéndole la espada e Isabel de Urrea la espuela, una espuela tan bella que en adelante se le conocería como Lope, el «caballero de la espuela».
 
Poco tiempo después, estalló en Aragón una tremenda conspiración contra el rey, la denominada Unión. Pedro IV huyó a Barcelona y desde allí viajó a Valencia, donde trató de apaciguar a los nobles levantiscos. En Aragón, todas las ciudades excepto Calatayud, Huesca, Teruel y Daroca se aliaron con la Unión.
 
Como pudo, reorganizó su ejército Pedro IV y Lope de Luna capitaneó las tropas de las ciudades leales
al rey. Concentró sus huestes en Daroca, reconstruyó sus murallas —incluido el torreón que se llamaría del «caballero de la espuela», hoy de Cariñena— y se aprestó a la defensa del rey, declarando la guerra a la Unión. Acudió con sus tropas a Tarazona, por donde entraba el rey de Castilla, y luego a Épila, donde más de quince mil desleales, capitaneados por el infante don Fernando, creían poder asestar el golpe definitivo al rey.
 
El encuentro fue sangriento, pero las tropas llegadas de Daroca con don Lope de Luna fueron decisivas en la victoria real. Pedro IV, al vencer en Épila el 21 de junio de 1348, pudo anular los privilegios de la Unión, castigó a los nobles insurrectos y concedió al «caballero de la espuela», don Lope de Luna, el título de conde de Luna, el primer título condal que se concedía a una persona que no fuera hijo de rey.
 
[Sas, Antonio, Compendio histórico de los reyes de Aragón..., II, págs. 38-49.
Beltrán, José, Tradiciones y leyendas de Daroca. Daroca, 1929.]
 
 
 
El condado de Luna fue un título nobiliario aragonés,​ creado el 18 de agosto de 1348, por el rey Pedro IV de Aragón, a favor de Lope de Luna, III señor de Segorbe y IX señor de Luna, con motivo de la victoria en la batalla de Épila contra la Unión de Aragón.
 
Su denominación hace referencia a la localidad de Luna, en la provincia de Zaragoza, en la comarca de las Cinco Villas. Quedó extinguido en 1430, cuando Alfonso V de Aragón desposeyó de sus títulos y posesiones, incorporándolas a la corona, a Fadrique de Aragón por traición.
 
En la actualidad está vigente el condado de Luna creado por Felipe II el 18 de agosto de 1598, a favor de Francisco de Gurrea y Aragón, VI duque de Villahermosa, a cambio de su renuncia al condado de Ribagorza.
 
Lope de Luna, IX señor y I conde de Luna, III señor de Segorbe.
María de Luna, II condesa de Luna, IV señora de Segorbe.
Martín I de Aragón, II conde consorte de Luna, IV señor consorte de Segorbe.
Martín I de Sicilia, III conde de Luna, V señor de Segorbe.
Fadrique de Aragón, IV conde de Luna, VI señor de Segorbe.
 
Este condado de Luna es diferente y sin ninguna relación con el condado de Luna, que con la misma denominación, se creó posteriormente en Castilla por el rey Enrique IV de Castilla, el 22 de febrero de 1462, a favor de Diego Fernández de Quiñones.
 
 
 
 
 
EL NOMBRAMIENTO DEL PRIMER CONDE DE LUNA
Página del Armorial de Gelre donde aparece el escudo de la Casa de Luna.
 
 

domingo, 16 de febrero de 2020

XXXIII, reg 8, fol. 68, richis hominibus Aragonis

XXXIII.
Reg. N° 8. fol. 68.

…. mandavit richis hominibus Aragonis infrascriptis quod ad tres septimanas post festum Pasce primum venturum sint in Cervaria cum militibus et armis suis parati servire ei honorem quem ab eo tenent.
- B. G. de Entença Eximino de Urrea P. Martin de Luna Peregrino de Ahones Ato de Focibus P. F. filio suo Sancio de Antillone Garsie Romei Artallo de Luna P. Sesse P. Maça Eximino P. de Arenoso G. Ortiz de Açagra Palazino de Focibus Garsie de Podio.

(Nota: es un fragmento que tiene que ver con el texto XXXII, reg. 8, fol. 67, 15 marzo 1260) llamada a Cervera de Jaime I.)

XXIV, 12 abril 1260 Alfonso X el sabio, Jaime I el Conquistador

sábado, 27 de julio de 2019

ORIGEN DE LA BARONÍA DE ESCRICHE

144. ORIGEN DE LA BARONÍA DE ESCRICHE (SIGLO XII. ESCRICHE)
 
Escriche, despoblado, Corbalán, Teruel
 
Una fiera —los más creen que un descomunal y sanguinario lobo— tenía atemorizados a todos los
habitantes del lugar de Escriche. No sólo descuartizaba a sus víctimas, sino que su piel era como el mismísimo acero, de modo que ni flechas ni espadas parecían hacerle mella pues salían despedidas.
Los caminantes que sabían de su existencia daban grandes rodeos para no atravesar tan peligrosa zona, que muy pronto quedó totalmente despoblada. La noticia se extendió por todo el reino.
 
Un día se presentó ante el rey aragonés Alfonso II —hasta quien había llegado la noticia— un
valiente guerrero diciendo que él se comprometía a dar muerte a la fiera, para lo cual tan sólo solicitaba una espada que fuera algo mejor que la suya y un gran espejo. Aunque extrañaron sobremanera las condiciones, fue aceptada su oferta.
 
El joven salió en su busca del feroz animal, sin que tardara mucho en encontrarlo. Al verlo, el monstruo
se abalanzó furioso sobre el guerrero, que lo esperó con el espejo delante, apoyado en el suelo. Cuando el bruto vio reflejado su cuerpo en el cristal, titubeó unos breves instantes, pero los suficientes para que el bravo guerrero le introdujera certeramente la espada por la boca, único lugar vulnerable del animal.
 
Muerta la fiera, renació la calma en toda la comarca. Los habitantes que habían huido atemorizados
regresaron a sus casas; la vida continuó. El rey, agradecido por tan valerosa hazaña y por el gran servicio que había prestado a la comunidad, decidió premiar al guerrero dándole en tenencia todo el territorio que pudiese recorrer en un solo día, naciendo de esta manera tan singular la que sería baronía de Escriche.

La letrilla de una jota inmortalizó
hasta hoy la gesta:
«Nadie le tema a la fiera,
que la fiera ya murió;
al revolver una esquina,
un valiente la mató».
 
 
[Alfonso Zapater, Aragón pueblo a pueblo, tomo VII, pág. 1.014.]
 
 
 
 
Alfonso Zapater Gil (Albalate del Arzobispo, 19 de julio de 1932 - Zaragoza, 30 de mayo de 2007) fue un escritor y periodista español.
 
Pasó su infancia y juventud en su pueblo natal, Albalate del Arzobispo, que compartió con Urrea de Gaén. Su producción abarca todos los géneros: novela, teatro, ensayo y poesía. Ha obtenido importantes premios literarios, entre ellos el San Jorge (en su doble vertiente de novela y poesía), Padre Llanas, Ciudad de Barbastro, Ciudad de Jaca y el nacional de teatro Miguel Hernández. En 1981 fue finalista del Premio Nadal con El accidente.​ Publicó más de treinta libros, además de obras como Aragón, pueblo a pueblo (diez volúmenes), Historia de la jota aragonesa (tres volúmenes), Tauromaquia aragonesa (tres volúmenes) y Líderes de Aragón, siglo XX (cuatro volúmenes).
 
En el género novelístico destacan los títulos
El hombre y el toro (Litho Arte), Siembra (Institución Fernando el Católico), El pueblo que se vendió (Bruguera), Viajando con Alirio (Planeta), Los sublevados (Model Books), El accidente (Destino), La ciudad infinita, Yo falsifiqué el Guernica, Tuerto Catachán y El regreso de Moisés.
Memorias apócrifas de Joaquín Costa (Mira Editores).
Otras de sus obras publicadas son Venezuela, paso a paso; Desde este Sinaí; Resurrección y vida de Joaquín Costa; Juan Carlos hombre, José Iranzo, el Pastor de Andorra; Hombre de tierra; Afirmación del ser y varios poemas.
 
Desde 1966 escribía una página diaria para Heraldo de Aragón, «Zaragoza al día», donde mezclaba el reportaje, la crónica, la entrevista y el comentario o la opinión. En dicho periódico permaneció hasta su muerte el 30 de mayo de 2007.
 
  • Montserrat, Concha (31 de mayo de 2007). «Alfonso Zapater Cerdán, periodista y escritor». El País.
  • «Zapater Gil, Alfonso». Gran Enciclopedia Aragonesa. 2009.
  • «Adiós a Alfonso Zapater». Heraldo de Aragón. (enlace roto disponible en Internet Archive; véase el historial y la última versión).