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domingo, 17 de noviembre de 2019

EL TROVADOR DE LA ALJAFERÍA

162. EL TROVADOR DE LA ALJAFERÍA (SIGLO XV. ZARAGOZA)
 
En la Zaragoza de mediados del siglo XV, dividida políticamente entre los partidarios del rey Juan II y
los del príncipe de Viana, dentro, pues, de un clima enrarecido, el noble Lope Artal de Azlor no tuvo conmiseración para con la gitana Estrella, a la que condenó a ser quemada viva en la hoguera porque
había ahogado a su propio primogénito.
 
EL TROVADOR DE LA ALJAFERÍA (SIGLO XV. ZARAGOZA)
 
 
En vano le imploró clemencia Azucena, hija de Estrella, y al no obtenerla juró vengarse de don Lope, de
modo que, amparada por la oscuridad, raptó a un hijo del noble para arrojarlo también a la misma hoguera en la que su madre iba a morir.
Sin embargo, la fatalidad y el error hizo que fuera el propio hijo de Azucena el que muriera quemado, mientras el descendiente de Lope Artal de Azlor, don Manrique de Lara, se salvaba. El caso es que en
el joven y apuesto Manrique, a la sazón celebrado trovador y poeta, creció por todo aquello un ardiente odio contra don Lope Artal de Azlor, ignorando que era su propio padre.
 
Sucedió por entonces que, enamorado rendidamente de una de las damas de la reina, Leonor Sesé de Urrea se llamaba, tras una justa poética celebrada en el palacio de la Aljafería, donde estaba la Corte, el trovador Manrique (partidario del príncipe de Viana) hubo de enfrentarse a Antonio Artal, del bando realista e hijo de don Lope, y, por lo tanto, hermano suyo, quien también la amaba. Amor y política, pues, enfrentaron a ambos jóvenes, que desconocían su condición de hermanos.
 
Con el fin de resolver la oposición de la doncella, enamorada del trovador, el realista Antonio Artal
recurrió a la ayuda de su hermano Guillén para apresarla contra su voluntad y encerrarla en un convento, de donde la raptó una noche de luna el apasionado Manrique. Por un breve espacio de tiempo, la fortaleza del Castellar, donde se refugiaron, fue escenario de la felicidad de Leonor y Manrique, hasta que éste fue apresado. Durante un tiempo, que se hizo eterno, el torreón de la Aljafería fue prisión inhóspita del trovador, hasta ser condenado a muerte. Se suicidó Leonor a la vez que también moría de remordimiento Antonio Artal, tras conocer demasiado tarde la verdad de su parentesco con don Manrique de labios de Azucena, quien acabó, asimismo, enloqueciendo ante tanto infortunio.
 
[Albareda, Hermanos, La Aljafería..., págs. 66-67.
 
Beltrán, Antonio, Introducción al folklore aragonés (I), págs. 103-104.]
 

domingo, 28 de abril de 2019

ABEN AIRE, EL BUEN VALÍ DE SARAKUSTA

12. ABEN AIRE, EL BUEN VALÍ DE SARAKUSTA (SIGLO X. ZARAGOZA)
 
Abd al-Rahmán III al Nasir —el primer gran califa de Córdoba, que gobernó entre 912 y 961 — dio unidad al mundo musulmán hispano, eliminando para ello a los distintos focos disgregadores existentes en la Península cuando él se hizo cargo del emirato.
El valle del Ebro constituía uno de esos focos de disensión de modo que decidió acabar con ella, para lo cual organizó un poderoso ejército con el que acudió a Zaragoza alarmado por las noticias de que un musulmán, con ansias de independencia, conocido como Muhammad ben Maxin, pretendía gobernar como independiente en la ciudad y sus tierras aledañas.

La expedición del gran califa cordobés fue absolutamente victoriosa, de modo que tras apoderarse sucesivamente de Calatayud, Alcañiz, Híjar, Belchite y Fuentes de Ebro, entre otras plazas importantes, entró también en Sarakusta, tomando posesión solemne (dice la leyenda) del palacio de la Aljafería, donde ordenó celebrar extraordinarias fiestas, en las que «se corrieron cañas y sortijas, se lancearon toros y se organizaron zambras populares».

Tras conquistar, pacificar y reorganizar la comarca, y antes de regresar victorioso a Córdoba, el califa Abd al-Rahmán III decidió nombrar valí de Sarakusta a Aben Aire, un capitán de su ejército y hombre de su entera confianza, quien, con su acertado y ponderado gobierno, dejó un gratísimo recuerdo en la ciudad. En efecto, a él se atribuye, por ejemplo, la construcción del que sería gran palacio de la Zuda, así como importantes mejoras urbanísticas, a la par que fue muy tolerante tanto con los judíos como con los cristianos, a quienes permitió vivir aislados en barrios propios, estos últimos congregados a la vera de la iglesia de Santa María la Mayor.

La fama y el aprecio de Aben Aire alcanzaron a ser tales, que cuando Sarakusta pasó a manos de los cristianos, la Zaragoza cristiana le dedicaría una calle, a la que vulgarmente se le denominó de Bonaire o Buenaire.

[Sánchez Pérez, José Augusto, El Reino de Aragón, pág. 99.]
 
palacio de la Aljafería
palacio de la Aljafería

Torreón, Zuda, Zaragoza
Torreón de la Zuda, Zaragoza

https://es.wikipedia.org/wiki/Torre%C3%B3n_de_La_Zuda

 
 
http://www.enciclopedia-aragonesa.com/voz.asp?voz_id=11344


https://csic-primo.hosted.exlibrisgroup.com/primo-explore/search?query=creator,exact,%20S%C3%A1nchez%20P%C3%A9rez,%20Jos%C3%A9%20Augusto,AND&sortby=rank&vid=34CSIC_VU1&lang=es_ES&mode=advanced&offset=0

viernes, 3 de mayo de 2019

LA TRAICIÓN DEL MORO GLAFAR


2.43. LA TRAICIÓN DEL MORO GLAFAR (SIGLO XI. RUEDA DE JALÓN)

A mediados del siglo XI, todo Al-Andalus se había cuarteado en más de cien feudos musulmanes más o menos grandes —los llamados reinos de taifas—, destacando entre todos ellos la taifa sarakustí, que tenía su corte en el bello palacio de la Aljafería, todavía en pie, y cuya construcción tuvo lugar a la vez que se levantaba la catedral jaquesa.

LA TRAICIÓN DEL MORO GLAFAR (SIGLO XI. RUEDA DE JALÓN), Aljafería


No obstante, los importantes reyes taifales zaragozanos edificaron y mantuvieron otras residencias, cual es el caso del entonces inexpugnable castillo de Rueda, elevado a la vera del río Jalón, fortaleza que fue corte de GinfarAmad, hijo de rey de Sarakusta Abdel-Mech, hasta que tuvo que entregarlo a Alfonso I el Batallador, en 1118, como consecuencia de la caída de Zaragoza.

castillo de Rueda, elevado a la vera del río Jalón, fortaleza que fue corte de GinfarAmad, hijo de rey de Sarakusta Abdel-Mech

Pocos años antes, en 1084, el moro Glafar —que ya tenía problemas de supervivencia para mantener independiente su feudo— fingió que estaba dispuesto a hacer entrega del castillo a los cristianos a cambio del cumplimiento de determinadas condiciones, cuando, en realidad, lo que pretendía era ganar tiempo y apoderarse del mismo monarca aragonés.
Aunque no logró su propósito, puesto que fue descubierto con suficiente antelación, hizo que sus secuaces apresaran y asesinaran a los infantes pamploneses Sancho y Ramiro Garcés, hijos del rey, así como al conde Nuño Álvarez de Lara y al conde González Salvadórez, «Cuatro manos», entre otros caballeros. La venganza de la traición quedó pendiente por el momento.
[Bernal, José, Tradiciones..., pág. 222.]


El castillo de Rueda de Jalón es un castillo medieval de propiedad particular situado en el municipio zaragozano de Rueda de Jalón y que se encuentra en grave riesgo ruina.


Rueda de Jalón llamada en otros tiempos Rota o Rotalyeu, fue conquistada por los Banu Casi, de Zaragoza en el año 882. Existen noticias de que en 935 fue sitiado por Durrí, general de Abderramán III, cuando estaba en manos de Tuchibí, del reino de taifa de Zaragoza.
En el año 1083, siendo alcaide de la fortaleza el caudillo Al-Mustaín, Alfonso VI de Castilla plantó cerco aunque no llegó a conquistarla. Posteriormente, Amed-Saif-Dola, hijo y sucesor en Rueda de Beni Hud, cambió el lugar con Alfonso VII de Castilla por un terreno en Toledo. Por fin, la plaza fue definitivamente reconquistada por Alfonso I el Batallador.

Constan como tenentes de Alfonso II de Aragón entre otros Pedro Ortiz en 1165 o Ortún de Sotiu en 1178. En 1228 Alfonso III de Aragón entregó el castillo a los nobles de la Unión. Jaime II de Aragón lo entregó en rehenes a su prometida Isabel de Castilla y en 1291 aparece como propiedad de Lope Ferrench de Luna, VII señor de Luna y siguió en tenencia de los Luna hasta 1315. En 1391 Juan I de Aragón lo vendió a Ramón de Perelló, dos años después lo compró el señor de Épila, que lo unió a sus señoríos, convirtiéndose más tarde en vizconde de Rueda.

La fortaleza es un amplio recinto triangular situado sobre un espolón inaccesible por dos de sus lados accediéndose por el tercero donde se encontraba la puerta de acceso al recinto que hoy día no existe. El recinto se distribuye en tres niveles escalonados.
En el más alto tenemos una torre, que ha perdido el remate y la puerta de acceso. En el nivel medio queda un lienzo de muralla en el que se pueden reconocer los arranques de los muros de varias dependencias rectangulares y algunos muros de tapial que serían la zona residencial. El nivel inferior era el más amplio y llano, pero apenas quedan restos visibles.

Se conserva un tramo de muralla almenada que conecta con una torre albarrana que protegía el acceso. Esta torre es de planta cuadrada, con puerta y ventanas de estilo caifal. También se conserva un aljibe subterráneo, al que se puede acceder por unas escaleras talladas en la roca. En lo alto de la montaña se alzan dos hermosas torres cuadradas construidas en tapial. El castillo se encuentra en estado ruinoso, aunque conservando algunos muros de considerable volumen formando un conjunto de importancia relevante. Se encuentra en un estado de conservación lamentable lo que hace que esté incluido en la Lista roja de patrimonio en peligro (España).






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domingo, 17 de noviembre de 2019

LA REINA MARÍA LLORA LA AUSENCIA DE ALFONSO V

161. LA REINA MARÍA LLORA LA AUSENCIA DE ALFONSO V (SIGLO XV. ZARAGOZA)
 
Doña María —hija de Enrique III el Doliente, rey de Castilla, y esposa de Alfonso V el Magnánimo, rey
de Aragón— había ido a rezar un día al llamado templo de Diana, ataviada con un blanco vestido y adornada con un hermoso collar de la orden de la Jarra pendiente del cuello. Cuando acabada su oración comenzó el camino de regreso al palacio real, en la Aljafería de recuerdos moros; quienes la servían y estaban a su lado dicen haberla visto suspirar tristemente maldiciendo su soledad ante la prolongada ausencia del rey, que una vez más estaba en Nápoles.
 
LA REINA MARÍA LLORA LA AUSENCIA DE ALFONSO V  (SIGLO XV. ZARAGOZA)
 
 
Recordaba la reina el ya lejano momento en que su esposo, al son de múltiples y estruendosas trompetas y tamboriles, se despidió cariñosamente de ella junto al barco «para yr en Berbería», quedando así como desamparada y sola.
 
Con grave dolor de corazón, rememoraba las tierras de Italia que había conocido, donde estaba el escenario de las andanzas de su marido el rey, y recordaba a la reina Juana de Nápoles, en cuya ayuda había acudido después Alfonso V aceptando la propuesta de la soberana napolitana de adoptarlo por hijo y nombrarle heredero del reino si le ayudaba militarmente contra Felipe III de Anjou, su gran enemigo, como así hizo.
 
Alababa la reina doña María, que era una mujer fuerte de espíritu, las victorias, los proyectos culturales y las múltiples empresas militares de su esposo, vencedor para entonces de dos reyes en África e Italia, pero se quejaba también amargamente y para su interior de que la «fortuna, ynvidiosa» le había mantenido alejado demasiado tiempo del reino, de sus tierras y de ella misma para ir a conquistar otros horizontes lejanos, dejando desventurada a ella, su esposa, que ahora se dolía llorosa, en silencio, sin compartir con nadie su pesar, tras el rezo en solitario en el templo de Diana.
 
[Gella, José, Romancero Aragonés, págs. 127-128.]
 


María de Castilla (Segovia, 1 de septiembre de 1401 - Valencia, 4 de octubre de 1458). Infanta de Castilla, Princesa de Asturias (1402-1405) y reina de Aragón (1416-1458) por su matrimonio con Alfonso el Magnánimo. Primera hija de Enrique III «el Doliente» y de Catalina de Lancáster y hermana de Juan II.

Nacida en la ciudad de Segovia, María fue la mayor de los hijos del rey Enrique III y la reina Catalina de Lancáster. Su madrina fue la tía de su madre, María de Ayala, monja e hija ilegítima del rey Pedro I de Castilla. Creció en una residencia completamente regida por castellanos, en donde vivió hasta el momento de su matrimonio, lo cual era inusual para una infanta destinada a casarse con un príncipe extranjero. Su educación estuvo a cargo del Gran Senescal del reino, Pedro González de Mendoza, mientras que su gobernanta fue Inés de Ayala y Toledo, 3.ª señora de Casarrubios del Monte. Como hija primogénita, María fue investida con el título de Princesa de Asturias, reservado para el primero en la línea de sucesión. Su padre la hizo jurar heredera presunta del reino en las Cortes de Toledo el 6 de enero de 1402, siendo al mismo tiempo comprometida con su primo-hermano Alfonso, hijo de su tío paterno Fernando, como una forma de reforzar sus derechos sucesorios. El nacimiento de su hermano Juan (futuro rey) en 1405 la desplazó de la sucesión; desde ese momento, ella fue sólo Infanta.

Su infancia fue muy feliz, de acuerdo a las crónicas contemporáneas; la fragilidad de su salud no fue evidente hasta el momento de su matrimonio. Su padre murió cuando ella tenía cuatro años, dejando la corona a su hermano Juan II, haciéndola heredera presunta nuevamente. Su madre, la reina Catalina, gobernó el reino de Castilla como Regente durante la minoridad de su hijo y la Infanta pudo observar las capacidades de la reina en la labor gubernamental. Las acciones políticas de la Reina-Regente hicieron que posteriormente María fuera muy consciente de sus responsabilidades y prerrogativas como reina y como regente, que se confirmarían al entregársele el antiguo Señorío de Villena, a modo de Ducado de Villena, entre 1409 y 1415. Madre e hija fueron muy unidas y mantuvieron una frecuente correspondencia tras del matrimonio de la Infanta.

El compromiso entre María y Alfonso no fue formalizado hasta que ella cumplió los siete años de edad, aunque fue reconfirmado por el rey Enrique III en sus últimas voluntades y testamento.1​ En el mismo acuerdo, se pactan otras dos alianzas nupciales: entre el hermano de María, Juan II y la hermana de Alfonso, María, y entre la hermana menor de María, Catalina, con el hermano de Alfonso, Enrique.​ El matrimonio entre María y Alfonso se celebra en la Catedral de Valencia el 12 de octubre de 1415.
La ceremonia fue oficiada por el antipapa Benedicto XIII, el cual también otorga la dispensa matrimonial para el enlace.​ María recibió una espléndida dote consistente en tierras y rentas, a la vez que Alfonso era elevado al rango de Infante de Castilla. El rey Juan II luego se quejaría de que la dote de su hermana era demasiado grande y que en verdad era la más grande jamás recibida por alguna Infanta de Castilla.​ Un año después, en 1416, su marido fue proclamado Rey de la Corona de Aragón, subiendo al trono como Alfonso V.

Las disputas familiares eran constantes gracias a las políticas de sus suegros, los reyes de Aragón Fernando y Leonor de Alburquerque. Los Infantes de Aragón, sus cuñados Enrique, Pedro y especialmente el intrigante Juan fueron extremadamente problemáticos e impertinentes durante la regencia de María.​

María tenía una salud delicada, posiblemente padecía de epilepsia. Un brote de viruela la dejó con cicatrices permanentes y sin atractivo. No tuvo su primera menstruación hasta los dieciséis años, por lo que la consumación de su matrimonio fue postergada hasta entonces; no tuvo hijos. Su unión fue simplemente política sin ninguna clase de afecto. Los pocos momentos felices que tuvo en su matrimonio tuvieron lugar durante los primeros años. La falta de descendencia afectó grandemente su matrimonio y el reinado de Alfonso V. La relación entre ambos empieza a deteriorarse visiblemente desde 1423, luego del retorno de Alfonso V de Nápoles y al enterarse de que la amante italiana de su marido, Giraldona Carlino, le había dado un hijo, Fernando. Terriblemente herida por su infidelidad, María le informa falsamente a su marido de que su madre había muerto con el propósito de herirlo. El divorcio no era una opción y la pareja permaneció unida sólo por conveniencia.

Durante los años 1420 y 1423 y a causa de las largas ausencias de Alfonso V tuvo que actuar como lugarteniente general de Aragón y en el principado de Cataluña entre los años 1432 y 1458.

Se involucró en las luchas que se desarrollaban en Barcelona entre los campesinos y los burgueses.

Tras la derrota de Ponza (1435) en la que Alfonso V fue hecho prisionero por los genoveses aliados al soberano napolitano, Renato de Anjou, María convocó cortes en Monzón para recabar los fondos para la liberación de su esposo.

En 1453 dejó Cataluña y se trasladó a Castilla donde intervino como mediadora en las luchas castellano-aragonesas y consiguió que se pactara la tregua de Valladolid.

Murió sin descendencia. Está enterrada en el Real Monasterio de la Trinidad en Valencia. Aunque la historiografía había tendido a considerarla una persona caritativa y devota, se ha señalado que la reina sentía predilección por los pequeños artistas y las obras humildes, y por ello jugó un destacable papel en la promoción artística y cultural de la época.

Earenfight, Theresa (2010). The king's other body: María of Castile and the crown of Aragon. Philadelphia: University of Pennsylvania Press.
ISBN 0-8122-4185-1.

martes, 23 de junio de 2020

EL SANTO GRIAL EN ARAGÓN, SAN JUAN DE LA PEÑA

324. EL SANTO GRIAL EN ARAGÓN (SIGLO XV. SAN JUAN DE LA PEÑA)

EL SANTO GRIAL EN ARAGÓN (SIGLO XV. SAN JUAN DE LA PEÑA)



Entre las reliquias más preciadas para los cristianos está, no podía ser menos, la copa en la que bebió Jesús en el transcurso de la última cena, tan preciada que son varias las poblaciones de Oriente y de Europa que se disputan el privilegio de poseerla y como tal la veneran y la muestran.

La legendaria tradición, en cuanto a Aragón se refiere, nos habla de cómo fue a parar la copa a manos de José de Arimatea, quien recogió en ella algunas gotas de sangre de las heridas abiertas a Jesús cuando agonizaba en la cruz. Poco después, ese cáliz fue a parar a Roma, sin duda llevado por el propio san Pedro cuando fundó la primera sede episcopal del cristianismo, y en Roma estaba en el siglo III.

Cuando tuvo lugar una de las más crueles persecuciones contra los cristianos, la ordenada por Valeriano, éste pretendió incautarse de los bienes de la Iglesia, de los que estaba encargado por el papa san Sixto el diácono oscense Lorenzo, quien pagó con su vida la osadía de entregar como bienes reales a varios pobres, lisiados y desvalidos, enviando secretamente el sagrado cáliz a Huesca, donde se hallaba cuando llegaron los moros.

Con la llegada de los musulmanes, al decir de la leyenda, comienza toda una peregrinación del cáliz por el Pirineo (San Pedro de Tabernas, Borau, Yebra de Basa, Bailo, Jaca, Siresa y, finalmente, San Juan de la Peña), aunque también lo reivindique fuera de las montañas pirenaicas el pueblo de Calcena (Cáliz de la Cena = Calcena), situado en las faldas del Moncayo, en cuyo blasón puede verse un cáliz en uno de sus cuarteles.

En San Juan de la Peña, monasterio que se vanagloriaba de poseer importantes reliquias, el Grial —el Santo Cáliz— era la más importante, puesto que había pertenecido al propio Jesús, aunque éste no era el único cáliz precioso que atesoraba el cenobio pinatense, alguno de los cuales sirvieron de moneda de cambio con los reyes aragoneses.

No es de extrañar, pues, que el rey Martín I el Humano pidiera el cáliz a los monjes pinatenses que se lo hicieron llegar a la Aljafería zaragozana. A partir de aquí, hechos históricamente ciertos nos muestran este cáliz en Barcelona, primero, y en Valencia, después, donde fue entregado por Alfonso V y donde todavía se conserva.

[Beltrán, Antonio, Leyendas aragonesas, págs. 131-133.]

El Grial (o Santo Grial) es la legendaria reliquia cristiana, tradicionalmente identificada como la copa o cáliz utilizado por Jesucristo en la Última Cena. También se asocia con el recipiente en el que José de Arimatea recogió la sangre de Cristo tras la crucifixión. Es un símbolo central de la literatura medieval y la búsqueda de la divinidad.

Origen Literario y Leyendas: Aparece fundamentalmente en las leyendas artúricas de la Edad Media como un objeto sagrado que los caballeros del Rey Arturo buscaban para alcanzar la perfección espiritual o el conocimiento.
Significado: Más allá de una copa física, el Grial representa un símbolo místico de la Gracia divina, la sangre de Cristo y, en algunas interpretaciones, la búsqueda del sentido de la vida.
El Santo Cáliz de Valencia: La tradición más fuerte sitúa el auténtico Grial en la Catedral de Valencia, España. Se trata de un cáliz de ágata (Ruiz de la Prada no) datado en el siglo I, compatible con la época.
Diferentes interpretaciones: A lo largo de la historia, el término ha sido asociado con:
La copa de la Última Cena.
El recipiente de la sangre de Cristo.
La "sangre real" o descendencia de Jesús, según interpretaciones modernas de ficción.
El Grial es, en esencia, uno de los mitos más perdurables de la cristiandad y la literatura europea.

 

viernes, 3 de mayo de 2019

PEDRO I DE ARAGÓN LUCHA CONTRA EL CID CAMPEADOR

2.39. PEDRO I DE ARAGÓN LUCHA CONTRA EL CID (SIGLO XI. PERALTA)
 
Después de haber cometido verdaderos estragos a los moros levantinos en la comarca de Onda y Almenar y soportada una larga y fatigosa cabalgada de varias jornadas, llegó el Cid Campeador con sus hombres a las puertas de la musulmana ciudad de Zaragoza. Tal como era habitual, el guerrero castellano fue huésped en el palacio del rey moro de la Aljafería, donde recuperó fuerzas y recompuso su hueste.
 
PEDRO I DE ARAGÓN LUCHA CONTRA EL CID CAMPEADOR
 
Tras descansar unos días en la ciudad del Ebro, partió de nuevo con sus hombres en dirección a Huesca,
primero, y más tarde hacia Monzón. Los vigías de Pedro I pusieron al monarca aragonés al corriente de las andanzas del Cid, de modo que, sabiendo que se acercaba, se aproximó con sus caballeros hasta
Piedra Alta, donde decidió elegir un paraje adecuado y plantó sus tiendas de campaña para esperarle.
Llegado el Cid a Monzón, determinó pasar allí unos días, uno de los cuales salió a recorrer la comarca acompañado por doce caballeros de su confianza
«a holgarse por el campo,
armados de buena guisa»,
o sea, a divertirse un poco con un simple ejercicio. Enterados los aragoneses a través de su red de espías de los movimientos de esta partida, les salieron al paso desde su improvisado campamento con ciento cincuenta guerreros, entablando un lucha desigual contra el Cid y sus hombres, en una especie de improvisada justa o torneo, pues, de común acuerdo, decidieron luchar uno contra uno sucesivamente.
A pesar de ser muchos menos en número, el grupo del Cid venció a los caballeros aragoneses, apresando a siete de ellos con sus caballos y armas, mientras los demás huían temerosos del campo de batalla. Las horas que siguieron a la refriega fueron tensas, pero, tras suplicar los vencidos clemencia al Campeador para que los dejara en libertad, don Rodrigo,
«como es muy honrado»,
dice el legendario romance, accedió a su petición.

[Gella, José, Romancero Aragonés, págs. 53-55.]
 
 
 
 
Et él después que ovo leídas las cartas, como quier que ende oviese gran pesar, non quiso ý ál fazer, ca non avié plazo más de nueve días en que saliese. Enbió por sus parientes e por sus vasallos, e díxoles cómo el rey le mandava salir de su tierra e que non le dava de plazo más de nueve días, e que querié saber d’ellos cuáles querién ir con él o cuáles fincar. Minaya Álvar Fáñez le dixo: “Cid, todos iremos convusco e servos hemos leales vasallos”. Todos los otros dixieron otrosí que irién con él donde quier que él fuese, e que se non quitarién d’él nin le desamparién por ninguna guisa. El Cid gradeciógelo estonces mucho, e díxoles que si Dios le bien feziese, que gelo galardonarié muy bien. Otro día salió el Cid de Bivar con toda su compaña

sábado, 29 de junio de 2019

RAMIRO I NOMBRA OBISPO DE LOS MOZÁRABES ZARAGOZANOS AL ABAD PATERNO

93. RAMIRO I NOMBRA OBISPO DE LOS MOZÁRABES ZARAGOZANOS AL ABAD PATERNO (SIGLO XI. ZARAGOZA)

RAMIRO I NOMBRA OBISPO DE LOS MOZÁRABES ZARAGOZANOS AL ABAD PATERNO
 
La actividad política, diplomática y de persuasión más que guerrera y reconquistadora de Ramiro I, primer rey de Aragón, fue bastante intensa. Intentó solventar pacíficamente sus diferencias con los pamploneses, dirigidos por su propio hermano García; intimidó a los moros de Lérida —a cuyo walí impuso un tributo a cambio de la paz—; llegó ante Huesca con objeto de atemorizar a su walí, al que hizo tributario; y entabló
buenas relaciones con el rey taifal Almugdavir de Sarakusta, en quien más que a un enemigo al que combatir encontró un amigo con quien tratar.
 
En cuanto al caso zaragozano, el rey de la Aljafería se declaró tributario del aragonés y ambos acordaron
que Almugdavir no prestaría más favor y socorro a sus correligionarios fronterizos de Aragón y Sobrarbe y, por último, los dos monarcas se declararon públicamente como amigos y confederados condenando la acción armada para dirimir sus posibles diferencias futuras.
 
Naturalmente, durante el pacífico encuentro Ramiro I no podía olvidar las condiciones precarias en las
que, desde hacía siglos, se desenvolvían los mozárabes zaragozanos, congregados en torno a la iglesia de Santa María la Mayor, quienes habían sostenido con firmeza y constancia sus creencias, a pesar de todos los inconvenientes. Por ejemplo, hacía ya más de doscientos años que esta ciudad se encontraba sin obispo, tras el exilio de Bencio a Ribagorza, momentos antes de la conquista musulmana de la ciudad.
 
Así es que Ramiro I expuso el problema y exigió y obtuvo del rey Almugdavir el restablecimiento de los
obispos en Zaragoza, nombrando a un fraile de su confianza, Paterno, que era abad de San Juan de la Peña. Los cristianos de la ciudad recibieron así un gran consuelo, abrigando la esperanza de que este
suceso habría de influir poderosamente y ser un motivo para intentar liberar Zaragoza en un día no lejano. En adelante, la serie episcopal continuó, con la circunstancia de que los sucesores de Paterno fueron como él abades del monasterio pinatense.
 
[Martínez Herrero, Bartolomé, Sobrarbe y Aragón, II, págs. 81-84.]
 
 
 

lunes, 22 de junio de 2020

246. EL CELEBRADO SALTO DE PERO GIL, ESCUDERO DEL CID

246. EL CELEBRADO SALTO DE PERO GIL, ESCUDERO DEL CID (SIGLO XI. TRAMACASTILLA)

EL CELEBRADO SALTO DE PERO GIL, ESCUDERO DEL CID  (SIGLO XI. TRAMACASTILLA)


En cierta ocasión, cabalgaba el Cid con sus mesnadas por las tierras altas de la sierra de Albarracín. Iba camino de Valencia, tras haber pasado unos días en el palacio de la Aljafería, junto al rey moro de Sarakusta, su aliado. Se enteró el rey musulmán de Albarracín de la presencia en sus tierras de don Rodrigo y organizó una partida de jinetes armados, ordenándoles que hostigaran simplemente a las tropas cristianas, pero sin presentar batalla campal abierta. Avanzaban con absoluto sigilo para tratar de aprovechar al máximo el factor sorpresa.

Una tarde, cuando el sol estaba todavía muy alto en el horizonte, avistaron al grueso de la hueste cristiana junto al Villar, pero, dada la diferencia de fuerzas, decidieron seguir vigilantes y esperar a la noche. Sin embargo, un vigía moro descubrió, algo separados del resto, a un grupo de cuatro o cinco caballeros, entre los que se encontraba el Cid, así es que decidieron atacar al considerarse superiores.

El Cid y los suyos, apenas repuestos de la sorpresa, se aprestaron a la lucha. El cuerpo a cuerpo inevitable dejó algunos muertos sobre el monte y don Rodrigo se pudo poner a salvo, mas Pero Gil, su fiel escudero, salió huyendo por la inmensa llanada que tenía enfrente confiando en la velocidad de su caballo. Los perseguidores, conocedores del terreno, aflojaron incluso la carrera, sabedores de que al final del llano el fugitivo se encontraría con una foz inmensa que le obligaría a detenerse y por lo que quedaría a su merced.

En efecto, el corcel conducía a Pero Gil directamente hacia el profundo desfiladero de Barrancohondo.
En su estrecha base, sólo cabía el hilillo de agua del río Guadalaviar. Al llegar al borde del precipicio, su caballo se detuvo temeroso del abismo que se abría a sus pies. Mas Pero Gil aguijoneó con fuerza al bruto, se abrazó a su cuello, y ambos aparecieron al otro lado del profundo foso.
Los jinetes moros, llenos de espanto y de admiración a la vez, no se atrevieron a emular al cristiano, que, una vez libre, pudo llegar junto al Cid, que celebró su regreso.

Tan inverosímil gesta impresionó tanto a todos que los juglares cristianos y moros la cantaron pronto convertida en versos, difundiéndola de castillo en castillo, de plaza en plaza, de palacio en palacio.

[Tomás Laguía, César, «Leyendas y tradiciones...», Teruel, 12 (1954), 146-148.]

domingo, 28 de junio de 2020

350. SANTA ISABEL HIZO DE MONEDAS ROSAS


350. SANTA ISABEL HIZO DE MONEDAS ROSAS (SIGLO XIII. BELEM)

De todos es conocido cómo salió del zaragozano y hermoso palacio de la Aljafería la infanta aragonesa doña Isabel para convertirse en reina de Portugal, pues allí se casó con el monarca luso don Dionis. También es sobradamente sabido por todos cómo soportó con resignación los numerosos deslices de su esposo y, asimismo, es proverbial su entrega a los menesterosos y a los enfermos. Su edificante vida acabó llevándola a los altares, y hoy se le reconoce entre los demás santos por unas rosas que esconde en su halda. La siguiente es la historia legendaria de esas rosas.

La reina Isabel de Portugal, hija de Pedro III de Aragón, dedicó parte de su actividad a la atención del prójimo, dando a los pobres y desamparados cuanto de valor podía convertirse en ayuda, lo cual solía disgustar al rey don Dionis, su marido. Así es que se veía obligada a disimular sus actividades caritativas hasta donde le era posible.

Un día de pleno invierno, cuando salía doña Isabel de palacio para intentar socorrer unas necesidades de las que tuvo conocimiento, se tropezó con don Dionis, que receloso estaba al acecho. En lugar de llevar en un monedero las monedas que intentaba repartir entre los pobres, lo cual hubiera sido muy ostensible, las llevaba escondidas la reina en su halda. El monarca le preguntó adónde iba y qué escondía en el halda, contestando Isabel que eran flores y que las llevaba al altar del oratorio para adornarlo. No creyó don Dionis en la contestación recibida, máxime cuando era invierno y en los jardines de palacio no habían nacido todavía las flores. Así es que dudó de ella y le afeó su conducta por tratar de mentirle.

Doña Isabel, muy dolorida por las palabras y la actitud del rey, mantuvo con firmeza que eran flores, confiando en que sería creída. Pero don Dionis, lleno de ira por el engaño que estimaba le estaba haciendo objeto su mujer, le dio un manotazo al halda y el suelo de la estancia se cubrió de enormes rosas fragantes, como si estuvieran recién cortadas. El rey le pidió perdón, pero en su interior siguió germinando la duda.

[Azagra, Víctor, Cosas nuevas de la Zaragoza vieja, I, págs. 40-41.]

domingo, 14 de junio de 2020

198. LAS REVUELTAS MUSULMANAS PREVIAS A LA RECONQUISTA DE SARAKUSTA

198. LAS REVUELTAS MUSULMANAS PREVIAS A LA RECONQUISTA DE SARAKUSTA
(SIGLO XII. ZARAGOZA)

LAS REVUELTAS MUSULMANAS PREVIAS A LA RECONQUISTA DE SARAKUSTA

A principios del siglo XII —poco antes de ser reconquistada la ciudad por los cristianos que capitaneara Alfonso I el Batallador— se respiraba en Sarakusta un ambiente de descontento y de absoluta anarquía como ponían de manifiesto los pequeños pero continuos intentos de sublevación contra el rey taifal de la Aljafería.
Una de aquellas habituales algaradas tuvo como protagonista principal a una hermosísima mujer que hacía algún tiempo se había quedado viuda, una mora llamada Adelfa, que habitaba en uno de los más suntuosos palacios árabes de la ciudad. Casi todos los hombres importantes del reino zaragozano pretendían su amor, pero sólo un tal Abuhasalem consiguió que Adelfa se fijara en él y aceptara sus proposiciones. Era éste sobrino del rey Amad Dola, que acababa de abandonar exiliado la ciudad forzado por la victoriosa sublevación de Ben Alhag.
Otro de los notables sarakustíes totalmente rendido y apasionado por la viuda Adelfa era Zila, quien, celoso, sin duda alguna, aprovechó el estado de anarquía reinante en la ciudad para dirigir hábilmente sus ataques contra Abuhasalem, afirmando que éste se había quedado en Sarakusta para derrocar al usurpador Ben Alhag y reconquistar el trono abandonado a la fuerza por su tío. Abuhasalem intentó defenderse a toda costa de la multitud que lo acusaba, pero nada pudo hacer y finalizó perdiendo la vida en la revuelta, aunque no sin antes acabar él mismo con la del embustero e intrigante Zila.
Cuando la sangrienta pelea entablada entre los bandos en discordia se hallaba en su pleno apogeo, la viuda Adelfa fue puesta a salvo por Teófilo, un esclavo cristiano de los moros, que la condujo y ocultó en la capilla de Santa María la Mayor. Pasaron algunos días y Adelfa, que había reflexionado sobre todo lo sucedido, pidió ser bautizada y se convirtió al Cristianismo. Y si poco se sabe de ella una vez liberada Zaragoza por Alfonso I el Batallador, sí al menos quedan noticias de que su cadáver fue sepultado en las catacumbas, junto con los innumerables mártires de Zaragoza.

Amics del Chapurriau, Cortes, Zaragoza, Sarakusta


[Sánchez Pérez, José A., El Reino de Aragón, págs. 105-111.]

miércoles, 5 de junio de 2019

Tomo I, texto IX, lit vellut + fallecimiento de doña María de Aragón

IX. 30 de diciembre.

Carta del rey al camarero de la reina, pidiéndole la cama de terciopelo, y la tunicella con que se había consagrado reina su mujer, para en el caso de que le subsiguiese la muerte.
/ ya ha muerto, 29 de diciembre de 1406 según la wikipedia, hay que tener en cuenta la numeración de los años como indica Próspero de Bofarull en la introducción.
A continuación va el documento que manifiesta el fallecimiento de dicha reina doña María de Aragón.

Martín el Humano, rey, Aragón
Martín el humano (Retrato de Martín I en el retablo de San Severo.)
 
 
IX.

Legajo de cartas reales, n.° 107. 30 de diciembre de 1407.

Al feel nostre en Marçal de la cambra de nostra muller la reina.
- Lo Rey. - En Marçal. Per lo cas inopinat que ses subseguit de la mort de nostra muller la reina qui Deus haja es asi necesaria la tunicella ab que la dita Reina se consagra et lo lit seu de vellut tanat: perque volem eus manam que de continent vista la present nos trametats la tunicella et lit dessus dits: e si es cas que eren en poder dels consellers daqui de Barchinona hajatslos de continent a vostra ma et enviatsnoslos de continent com los hajam necessaris pera la sepultura de la dita reina. Perque non haja falla en res quens ho trametats de continent.
Dada en Valense sots nostre segell secret a XXX dies de decembre del any mil CCCCVII. - Sperendeo (l).
Sperans-in-Deo /

(1) No hallándose en este archivo el testamento de doña María, se inserta el siguiente documento, que acredita su otorgación e indica algunas de sus disposiciones.

Reg. 2311, fol. 137. 3 de agosto de 1407.

Pateat universis: quod nos Martinus Dei gratia Rex Aragonum Valentie Majorice Sardinie et Corsice
comesque Barchinone Rossilionis et Ceritanie nostro propio nomine et ut executor testamenti seu ultime voluntate illustris Marie regine Aragonum conjugis nostre clare memorie et ut
princeps et dominus necnon ut pater et conjuncta persona illustris
Martini regis Sicilie carissimi primogeniti nostri heredisque
universalis conjugis nostre predicte et etiam ut detentor bonorum
omnium que ipsa regina cum ageret in humanis possidebat et nos jure
viduitatis et fori beneficio possidemus: et nos frater
Bartholomeus Borras frater Franciscus Eximenez frater Johanes
Eximenez magistri in sacra Theologia ordinis minorum et
Gilabertus de Scintillis alias Raymundus de Rivosico
miles consiliarius et camerlengus dicti domini regis
manumissores et executores testamenti domine regine predicte una cum
dicto domino rege ut constat de dicta manumissoria per
testamentum per dictam illustrem reginam firmatum in posse
Anthonii Valls scriptoris sui et auctoritate regia notarii
publici in loco de Villaregali regni Valentie die XXVIIIa
decembris anni presentis et infrascripti prospicientes grandia
onera dicte manumissorie que diversis creditoribus et servitoribus
dicte illustris regine et aliis personis tenetur et obligata existit
et quod pro traslatione corporis dicte illustris regine fienda ad
monasterium Populeti erat nobis summe necessarium habere
diversas peccuniarum quantitates ad premissa satisfaciendum que
faciliori via et magis prompta et absque dispendio facultatum dicti
heredis et manumissorie pretense haberi non poterant quam per viam
arrendationis reddituum emolumentorum locorum et villarum comitatus
de Luna et nonnullorum aliorum locorum infra regnum Aragonum
sitorum quam fecimus Francisco Berengarii mercatori ville
Muriveteris ad certum tempus et sub certis conditionibus et ad
pretium inter nos conventum ut constat de dicto arrendamento per
publicum instrumentum datum et actum Valentie ac clausum per fidelem
secretarium nostrum Bernardum Medici auctoritate regia
notarium publicum die presenti et infrascripta in cujus instrumenti
arrendationis confectione et longe ante fuit habitum et in pactum
deductum inter nos et dictum Franciscum Berengarii quod
constitueremus procuratores legittimos habentes potestatem ad
infrascripta suficientem pro
corroboratione contractus
arrendationis predicte: ideo facimus constituimus et ordinamus certos
speciales et generales procuratores nostros et cujuslibet nostrum
prefatis nominibus videlicet vos Enecum Eximenez de Galloz et Dominicum Cosida habitatores civitatis Cesarauguste et
utrumque vestrum in solidum absentes ut presentes ita quod occupantis
conditio potior non existat sed quod per unum vestrum inceptum fuerit
per alium mediari valeat et finiri ad confitendum et concedendum in
judicio et extra pro nobis et nostro nomine et cujuslibet nostrum
nominibus jam dictis coram regente officium gubernationis
dicti regni vel justitia Aragonum ipsius locumtenente
seu alterius eorum dictum arrendationis instrumentum per nos dicto
Francisco Berengarii firmatum et omnia et singula in capitulis et in
eo contenta et ad audiendum laudandum acceptandum pro nobis et
cujuslibet nostrum dictis nominibus sententiam condemnatoriam per
dictos regentem officium gubernationis justitiam Aragonum ipsius
locumtenentem vel alterum eorum sub obligationibus renunciationibus
securitatibus firmitatibus modis et conditionibus tam in dicto
instrumento arrendationis quam in libello ac petitione ipsius
pretextu seu vigore contra nos et quemlibet nostrum per dictum
Franciscum Berengarii arrendatorem seu ipsius legittimum procuratorem
offerendo contentis et expressatis: dantes et concedentes vobis
dictis procuratoribus nostris et vestrum utrique in solidum plenum
posse et facultatem agendi respondendi deffendendi excipiendi
conveniendi replicandi triplicandi litem vel lites contestandi
renunciandi et concludendi requirendi et protestandi fidancias jure
et de servando indempnem et de tenendo de manifesto et quascumque
alias necessarias et opportunas offerendi sententiam et sententias
tam interlocutorias quam difinitivas audiendi laudandi et acceptandi
et demum omnia et singula alia generaliter faciendi et libere
exercendi agendi et procurandi que merita earum postulant et
requirunt esto quod fuerint graviora aut majora et que requirerent
speciale mandatum sine quibus predicta expediri comode non valerent.
Promittentes nominibus predictis habere ratum gratum et firmum
perpetuo quicquid per vos dictos procuratores aut vestrum utrumque in
predictis et circa predicta cum dependentibus et emergentibus ex
eisdem fuerit dictum confessatum acceptum factum gestum seu
procuratum ac si per nos metipsos et quemlibet nostrum confessatum
fuisset concessum laudatum factum dictum et procuratum et nullo
tempore revocare contrafacere aut venire. Promittentes inquam nos
dicti constituentes et quilibet nostrum dictis nominibus in posse
notarii infrascripti ut publice persone a nobis paciscentis
stipulantis et recipientis pro dicto Francisco Berengarii interesse
suo et pro illis quorum interest aut interesse poterit in futurum
dictos procuratores seu aliquem ipsorum per nos in vim dicti pacti
constitutos non revocare nec revocari facere et minus inhibere
directe nec indirecte donec dictus contractus arrendationis et omnia
et singula in eo contenta sententiatus fuerit que sententia in rem
transiverit judicatam et fecerit jus inter partes. Et si contigeret
contrarium fieri per nos seu aliquem nostrum quod non credimus
volumus quod talis revocatio ac inhibitio nullius valoris existant
immo habeantur pro nova constitutione. Et ut premissa majori robore
fultiantur volentes vos dictos procuratores nostros aut vestrum
alterum relevare ab omni onere satisdandi promittimus dictis
nominibus judicio sisti et judicatum solvi cum suis clausulis
universis sub obligatione omnium bonorum manumissorie jamdicte. Quod
est datum et actum in civitate Valentie IIIa die augusti anno a
nativitate Domini MCCCCVII regnique nostri duodécimo.
- Signum + Martini etc. qui hec dictis nominibus laudamus concedimus et firmamus sigillumque nostrum appendicium hic jussimus apponendum. - REX MARTINUS.


María de Luna, reina de Aragón:


WIKI:

María era aragonesa de nacimiento, su familia pertenecía a la Casa de Luna de la alta aristocracia aragonesa. Probablemente nació en Pedrola (Zaragoza), donde su padre tenía su residencia, aunque poseía señoríos por todo el reino. Sus padres fueron don Lope de Luna, primer conde de Luna, y Brianda d'Agout. Fue comprometida en matrimonio con el infante Martín, hijo de Pedro IV el Ceremonioso, cuando todavía no llegaba a los ocho años. En cuanto cumpliese los ocho años debería ser entregada a la reina Leonor, para que fuera educada en la corte.

Su casamiento fue el domingo 13 de junio de 1372, en la catedral de Santa Eulalia de Barcelona. De este matrimonio nacieron cuatro hijos Martín, el primogénito, Jaime, Juan y Margarita; los tres últimos murieron niños.
Martín, rey de Sicilia, muere a la edad de 33 años. / En esta misma página aparece ... Martini regis Sicilie carissimi primogeniti nostri heredisque universalis...


Fue reina de Aragón, condesa de Luna, duquesa de Montblanc, señora de Bolea, Berbegal, Loarre, Vall de Uxo (Uxò, Uxó), Segorbe y otros lugares.


En 1396 ascienden al trono al morir Juan I El Cazador. Martín se encontraba en Sicilia, por lo que la nueva reina tuvo que actuar como Lugarteniente General ante las pretensiones al trono del conde de Foix y de la reina viuda Violante de Bar. En 1397, Martín I volvió de Sicilia e inmediatamente juró fueros siendo coronado en la Catedral de San Salvador de Zaragoza, realizándose los festejos en la Aljafería.

Fue una mujer noble, pues descendía de la casa de los Luna, caritativa y amante de la justicia, de profundas convicciones religiosas, sin llegar a la superstición, y aficionada a la música y a la lectura.

Mujer elegante y austera, la pompa y frivolidad de la Corte no influyeron en esta mujer, que superaba a su marido en la capacidad de gobierno. Mujer cercana al pueblo, protegió siempre a los más desfavorecidos, ayudándoles económicamente, incluso les eximió de impuestos; defendió a los payeses de remensa, a las aljamas de moros y judíos de Calatayud y Daroca; intentó poner paz entre los clanes familiares que estaban asolando el reino, incluidos los de su propia familia; escribió varias cartas al Papa, Benedicto XIII, para abolir los malos usos que consideraba contrarios al derecho humano y divino.

Francesc Eiximenis le dedicó una obra suya: Scala Dei, que es un pequeño tratado sobre moral y teología, escrito en occitano (al que llaman catalán) quizás en 1399, con motivo de su coronación como reina (23 de abril), que pertenece al género de los devocionarios, muy comunes entre las clases altas en la Edad Media.

La reina María tuvo una precaria salud. Murió de un ataque de apoplejía en 1406 en Villarreal camino de sus tierras de Segorbe, cuando iba a reunirse con su esposo que se encontraba en Valencia. / En esta misma página sale Villaregali /


En su testamento, redactado en 1404, donaba a los frailes franciscanos el monasterio de Sancti Spiritu que ella había promovido para ellos (a 10 km de Sagunto y 35 de Valencia), así como una renta de 5000 sueldos valencianos que se cobrarían de las rentas de Almonacid, aumentada más tarde en 1500 sueldos que debían destinarse para vestuario y manutención y 500 sueldos más a cobrar de las rentas de Paterna para reparaciones en el edificio.


María de Luna, reina de Aragón, escudo, monasterio, Poblet
escudo, monasterio de Poblet
 

 

María de Luna, reina de Aragón, enterrada, monasterio de Poblet


https://es.wikipedia.org/wiki/Cartuja_de_Vall_de_Cristo

  1.  «Gran enciclopedia aragonesa». Consultado el 4 de diciembre de 2017.
  2. Brines, Lluís. Biografia documentada de Francesc Eiximenis. Valencia. AVL. 2009. Pp. 191 ss. (en prensa) (en catalán)
  3. Silleras Fernández, Núria (2003). «La piedad urbana de María de Luna, reina de la Corona de Aragón (1396-1406». En Salvador Claramunt Rodríguez (coordinador). El món urbà a la Corona d'Aragó del 1137 als decrets de Nova Planta: XVII Congreso de Historia de la Corona de Aragón. Actas II. pp. 889-894. ISBN 84-475-2740-9.