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viernes, 14 de agosto de 2020

CAPÍTULO LXI.

CAPÍTULO LXI. 


Que contiene la vida del infante don Jaime de Aragón, XVIII conde de Urgel y vizconde de Ager, hijo del rey don Alfonso de Aragón, y de la infanta doña Teresa de Entença. - Da el rey don Alfonso al infante don Jaime el condado de Urgel y vizcondado de Ager, y del gobierno y administración puso en ellos. - De como el rey don Alfonso mandó prestar los homenajes al infante, su hijo, y restituirle las escrituras que le importaban para conservación de lo que le había dado; y de la muerte del rey. - El rey don Pedro es jurado rey de Aragón y conde de Barcelona. - Pretende el infante don Jaime, para su mujer, el condado de Comenge, en Francia, y otros estados, y lo que pasó sobre esto. - Sucesos
del reino de Mallorca, y perdición del rey don Jaime de Mallorca, y de lo que, sobre esto, hizo el infante don Jaime, conde de Urgel. - Como el rey, llamando, en defecto de hijos varones, a las hijas, excluyó al infante don Jaime, y del sentimiento que hizo por esto, y de las uniones en Aragón y Valencia.- En que se prosiguen los hechos del infante don Jaime y de la Unión, y de las cortes que celebró el rey en Zaragoza, donde tuvo principio la destrucción del infante. - De lo que hizo el rey don Pedro, después de acabadas las cortes; y de la muerte del infante don Jaime, y descendientes suyos.

Para mayor demostración de grandeza y majestad, y porque quedara más solemnizada la fiesta de su coronación, quiso también honrar el rey don Alfonso al infante don Jaime, su hijo segundo, dándole título de conde de Urgel y vizconde de Ager. Diósele de la misma manera que él lo había recibido del rey don Jaime, su padre, y con las condiciones contenidas en el testamento del conde Armengol de Cabrera, añadiendo que, en caso que por no quedar del infante hijos legítimos y naturales, volviese aquella donación a la corona, quedasen obligados los reyes, sus sucesores, a dar el sustento y vestido necesario, según * calidad, a las hijas que quedasen, hasta ser casadas, y que si el hijo primogénito del infante llegase a ser rey de Aragón, sea conde de Urgel el hijo segundo. Con estos pactos quedó heredado el infante de aquel gran estado, y entonces tomó las armas del condado solas y sin mezcla alguna según parece en algunos sellos suyos, que aún se conservan en el archivo real; y después juntó aquellas armas con las de Aragón, y de las dos formó un escudo, dividido en cuatro cuarteles: en el primero y tercero dos palos, en el cuarto los jaqueles de oro y negro, que eran las armas del conde de Urgel.
Era entonces al infante de edad de ocho años, poco más o menos, y así el rey, su padre, se quedó con el gobierno y administración de todo lo que le había dado, como padre y legítimo administrador suyo, todo el tiempo * su vida.
Por estos tiempos, que era al principio del año 132* en el mes de febrero, casó el rey don Alfonso, en la ciudad de Tarragona, con la infanta doña Leonor, hermana del rey don Alonso XI de Castilla, con quien estuvo desposado el infante don Jaime, su hermano, que todavía vivía en África, y estaba con el rey de Tremecen. *Acudieron en Tarazona el rey de Castilla y toda la nobleza de aquel reino y del de Aragón, y en esta ocasión quedó concertada la guerra que después se hizo al rey moro de Granada, para la cual pasó el rey a Valencia, con intento de apercibir lo necesario para ella; y estando aquí a 28 de mayo, nombró juez, en primera y segunda instancia, del condado de Urgel y vizcondado de Ager, a Ferrer de *Abella, de su consejo, y ayo del infante don Jaime, que muchos años había era procurador general en ellos, varón de noble linaje, y en quien concurrían cabalmente las partes necesarias para el gobierno que se le encomendaba; y bien que le tuvo mucho tiempo, pero porque el rey le encargó otros negocios importantes (y en particular el año 1330, que le envió a concertar treguas con el rey moro de Granada), nombró durante su ausencia a don Pedro Maça, y el año siguiente, que se le llevó el rey a la guerra contra el moro de Granada, que había rompido las treguas, nombró en lugar suyo a Arnaldo de Monsonis; y también para mayor expedición de los negocios y buena dirección de ellos, había dado muchos años antes el mismo cargo a Ferrer de Colom, de su consejo, que fue prior de Fraga, canónigo y obispo de Lérida; y éste y Ferrer de Abella
gobernaron toda aquella tierra hasta el año 1334, recibiendo las rentas y provechos de ella, distribuyéndolas según lo mandaba el rey y parece en los registros de aquellos
tiempos, conservados en el archivo real de Barcelona, y proveyendo todos los oficios y cargos de aquel estado, cuyos réditos servían para el sustento de las casas de los infantes don Pedro y don Jaime, y aun del rey, y para pagar algunos censos y violarios cargados, así por el rey don Jaime como también por la infanta doña Teresa, que en su testamento había asignado a sus deudos y criados algunas rentas sobre ellos.
Durante el gobierno de don Alfonso, según parece en memorias de aquellos tiempos, Ramón Folc, vizconde de Cardona, que había tenido algunos disgustos con los vecinos
de la villa de Pons, juntaba gente para venir con armas contra de ellos, y tomar venganza; y estaban los de * pueblo con gran temor, hasta .... de junio de 1331, * el rey les escribió que no temiesen, certificándoles que *el de Cardona no les haría daño ninguno. En este mismo año, a .... de julio, concedió el rey privilegio a los ciudadanos de Balaguer, durante su beneplácito, que vino forastero *que entrase en ella, declarando que el privilegio que lo prob* desde el día de Todos Santos hasta Nuestra Señora de agosto, se entendiese prohibirlo todo el año; y esto porque no se malbaratase el de los ciudadanos, lleva*
aquella ciudad el de otras partes, donde se cogiese * y fuese más barato. Labrábase en el mes de octubre * este año en la villa de Albesa la puente sobre el río Noguera, que pasa junto de ella; y para ayudar al *edificio concedió el rey, que por espacio de cinco años los que pasaren por ella den, los de a pie medio dinero jaqués, los de a caballo un dinero, y las bestias gruesas medio dinero jaqués. (pontatge; pontagium)
En el año 1332, a 7 de las calendas de agosto, estando el rey en Valencia, revocó todas las mercedes que * importunación de diversas personas había concedido sobre el condado de Urgel y vizcondado de Ager, dándolas por *las y como si hechas no fuesen, atento eran todas en *perjuicio del infante don Jaime, donatario del dicho condado y vizcondado, y mandó a Ferrer Colom, gobernador general de aquellos estados, que no pague ninguna, exceptuándose Guillen de Entença, deudo de la infanta, a quien *había hecho merced de la villa de Ivars.
A primero de mayo de 1333, mandó el rey, a instancia de los paeres de la ciudad de Balaguer, que los judíos y *sarracenos de aquella ciudad viviesen juntos y apartados en un barrio de ella, y andaran señalados en el vestido; y en junio del mismo año lo mandó a los de Agramunt: debía, sin duda, convenir así en aquellos tiempos, y lo mandaron también los reyes don Juan y don Martín a los de Barcelona. (600 años antes de los guetos de los Nazis)
A los idus de setiembre de este mismo año, don Pedro Galceran de Pomar se fue a quejar al rey de algunos enemigos suyos que le movían guerra y le querían tomar los castillos y lugares de Taltahull y Massateras, que estaban en feudo de los condes de Urgel; y el rey, para que no osasen intentar nada, mandó a Ferrer de Abella, procurador general del condado, que tomara las tenencias de aquellos castillos, según el estilo de aquellos tiempos, y entonces nadie se osó mover, respetando al rey, en cuyo nombre se habían tomado las dichas tenencias.
Este gobierno y administración que queda dicho duró hasta el año de 1334, en que enfermó el rey de aquella larga dolencia que, después de dos años, le quitó la vida:
entonces, por aliviarse de cuidados y descargarse del gobierno, dio la administración del condado de Urgel, vizcondado de Ager y baronías que fueron de la infanta doña Teresa, al infante don Jaime, su hijo, que era mayor de catorce años, y concurrían en él las partes necesarias para entender en el gobierno de sus cosas; y a lo que se conjetura, quiso el rey que ya en vida suya quedase en posesión de lo que era suyo, por escusar, después de muerto él, encuentros con el infante don Pedro, su hijo, cuya recia condición y vivos espíritus daban cuidado al rey, su padre, y mucho mayores a la reina doña Leonor, su
madrastra. Por esto, estando el rey en Sarrión, aldea de Teruel, de cuya estada gustaba mucho, despachó so data de 12 de junio una carta a todos los caballeros, así hombres
como mujeres, feudatarios del condado de Urgel, mandándoles, que luego que sean requeridos hagan sacramento y homenaje al infante, su hijo, según la obligación de cada uno y consuetud de Cataluña; y el día siguiente, envió otra a la ciudad de Balaguer y a las villas de Ager, Pons, Linyola, Agramunt, Albesa, Castelló y demás villas y pueblos del condado y vizcondado, y había mandado días antes lo mismo a los pueblos de las baronías de Alcolea y Antillon y lugares del reino de Valencia; y absuelve y relaja a todos el juramento y homenaje que le habían prestado cuando sucedió en ellos, por pertenecer al infante, su hijo, así por donación le había hecho años antes, como también por el testamento del conde don Armengol de Cabrera. Mandó entonces a Ferrer de Abella, que todas las escrituras tenía del condado y vizcondado, las diese al infante, y lo mismo mandó a fray Sancho López de Ayerve, del orden de Menores, que después fue arzobispo de Tarragona, y era confesor del infante don Pedro, y a la abadesa de Casúes, monasterio de Aragón que fundó en el año 1278 doña Oria, condesa de Pallars, so la regla cisterciense. A esta señora, como a sucesora de doña Elvira Sánchez, la infanta doña Teresa le había encomendado muchas * y mandóle el rey, que todas las que tuviera restituyese al infante don Jaime; y a García Loriz y a Bernardo de Petra, de su consejo, mandó que las que tuvieren las lleven al monasterio de San Francisco de Zaragoza, y
que sea allá hecho inventario de todas, y hechas dos copias de *, divididas por alfabeto (alphabeto divisa), según el estilo de aquellos siglos, * quede la una en poder de los frailes de aquel convento, y la otra, con las escrituras, para el infante, el cual luego
* mandó llevar al castillo de Monmagastre, donde estaba el archivo de los condes de Urgel; y el oficio del archivero lo encomendaban a uno del condado; y porque una vez nombraron a uno que no era de él, sexto idus januarii 1330, el rey don Jaime no lo tuvo a bien, antes mostró estar por esto disgustado con Ramón de Vilafranca, de su casa y palacio, por haber encomendado aquel oficio a hombre forático, (forano) no natural del condado.
Era tal la condición del rey y estaba tan sujeto a la *reina, su mujer, que no solía negarle cosa; y ella estaba *tan apasionada por el infante don Fernando, su hijo, que no podía sufrir que sus entenados quedaran más medrados y tuvieran más mando en el reino que su hijo; y esto se guardó tan puntualmente viviendo el rey, que el infante don Jaime ni aun tomaba criados sin su consentimiento, dándole particular razón y cuenta de todo, ni en sus villas * oficiales sin su voluntad; y en cierta ocasión que había consignado a doña Urraca, condesa de Pallars, su *, las rentas de Alcolea, en pago de lo que debía recibir cada un año sobre el condado de Urgel, sin dar *razón al rey, se sintió mucho de ello, y más cuando supo que había creado baile en aquel pueblo; porque el rey había ya dado aquella bailía a Ramón de Alentorn, a quien la había prometido la infanta doña Teresa, y escribió al infante, dándole a entender cuán sentido y maravillado estaba de que hubiera hecho tal consignación sin su consentimiento, y aun le exhorta a que el Ramón de Alentorn sea puesto en posesión del cargo le había dado, y manda a Rodrigo Díaz, su canciller, que esto se ejecute luego, y cuando no se haga así, ha de tener de ello muy gran pesar y sentimiento. Esto pasó a 24 de julio de 1335; y a 25 de agosto siguiente dio el rey la notaría de Agramunt, con ciertos censos le había de pagar por ella, a Bernardo de Petra, por buenos servicios había hecho a la infanta doña Teresa, su mujer, y a él, y manda al infante se la confirme; de modo que, aunque el infante tenía el título y rentas, pero el rey se había quedado con la superioridad. Todo fuera de buen pasar, si el rey no fuera desmembrando cada día, por dar al infante don Fernando, su hijo, por contemplación de la reina, su madre, muchos lugares y castillos, del condado y vizcondado; porque la intención de ella fue, que ya que su hijo no podía ser rey, a lo menos tuviera tanto señorío en los reinos de la corona de Aragón, que pudiese sustentarse y mandar en ellos a la par del infante don Pedro, que había de ser rey; y por eso negoció con el rey, le diese muchas cosas de la corona, y hacía lo mismo con el infante don Jaime, y ya que no le podía quitar lo que era suyo, trazó con el rey, que le diese del condado de Urgel y vizcondado de Ager los lugares de Alos, Mejá, Fabregada, Puig de Mejá, Fontlonga, Vilanova de Mejá, La Nou, Vernet, Ariet, Baldomar, Camarasa, Cubells, Ivars, Santa Linya, Mongay, Marita, Alos y otros, y los castillos de Castelló de Farfanya y Orenga, que las villas no se las dio; pero como estas donaciones eran inmensas, y en perjuicio del infante don Jaime, aunque viviendo el rey se disimuló, pero después de muerto, recuperó el infante don Jaime mucha parte de ello.
*eraba todavía la enfermedad del rey, y era poca *esperanza había de su vida, porque era hidropesía; y en *sión, que le pareció buena, se volvió a solicitar * de Gastón, conde de Foix, hijo del otro Gastón * arriba hablamos, las pretensiones que tenía de he* condado de Urgel; y para tratar de esto, puso por *os al rey don Jaime de Mallorca, yerno del rey *
suyo, y al infante don Pedro, conde de Empu* estaba casado con doña Juana de Foix, tía de * y hermana de su padre. Los tratadores eran * pero poca la justicia del conde: para mejor nego* pusieron al rey en conciencia, y él prometió de * el de Mallorca y con el conde de Foix, y les dio *esperanzas, porque, entretenido el de Foix con ellas, *ra cosa alguna, porque en aquella sazón tenía mu* en campaña, para valer a Roger de Comenge, *endía el condado de Pallars, y había en Cataluña *gente de armas forastera, y escusaba el rey, que, * de ella el de Foix, se entrase por el condado de *mando algunas plazas de él, y por esto mandó hi*eguas con el de Pallars, duraderas por seis meses, *nieron bien en ello, por lo mucho que deseaban *ento al rey: pero estas vistas no se efectuaron, *
de Mallorca estaba en Aviñon, y el rey, que sa* habían de ser de poco provecho, por ser poca la * del conde de Foix, las desvió, y las cosas se que*mo de antes. Conoció el rey claramente que su *vida acababa, y antes de su muerte quiso ver concluido *el matrimonio de su hijo el infante don Jaime, y por es* a Francia a concluirle. Habíase tratado ya con doña Cecilia, hija de don Bernardo de Comenge y de doña Mata, que es lo mismo que Matea, condes de Comenge y vizcondes de Tours, y por esto envió a Francia al almirante don Ramón de Peralta, que lo concluyó, y poco después vino la novia a Cataluña, en donde se celebraron las bodas.
Siguióse dentro de breve la muerte del rey, en la ciudad de Barcelona, un miércoles, a la mañana, a 24 de enero, víspera de la Conversión de san Pablo, año 13* y fue depositado en el monasterio de San Francisco, * donde después, a 10, y según otros, a 17 de abril de
1369, fueron sus huesos trasladados al monasterio de San Francisco de Lérida: sacáronles, según parece en memorias de aquellos tiempos, los clérigos de la Seo y parroquias, todos los frailes y monjes de ella, y dio la ciudad trescientos cincuenta cirios gruesos, que llamaban brandones, y salieron en procesión del dicho monasterio, y pasaron por las calles que llamaban Ample, del Mar, plaza del Trigo, plaza de las Coles, plaza de Santiago, Bocaria, Hospital den *C, y por la puerta de San Antón los llevaron al monasterio de Valldoncella, y de allí a Lérida. Asistieron a esta *ción don Pedro, arzobispo de Tarragona, don G., de Barcelona, don Hugo, vizconde de Cardona, don Gilabert de
Cruilles, don Bernardo de Pinos, Pedro Bussot, Jaime de Gualbes y P. Gilabert de San Climent, y muchos * y llegados a Lérida, fueron puestos en un suntuoso sepulcro, que está en el altar mayor, a la parte de la epístola, y allá dicen estar doña Leonor, su segunda mujer. Encima de la tumba están los simulacros de los dos, con hábito de religiosos de san Francisco y sandalias en los pies.
*te rey llamado el benigno, por haberlo sido mucho, * amor que tuvo a sus súbditos y benignidad con *: fue siempre muy justo y cortés, y en su edad *ente y animoso, como se vio en la conquista de *
Después de casado segunda vez, quedó tan *mudado de condición, que parecía otro, y estaba tan rendido a su mujer, que le hacía hacer cosas que después *causaron alteración y novedades en estos reinos, así por * las donaciones que hizo al infante don Fernando, * otras concesiones que debiera escusar, pues más *arrearon a aquellos en cuyo favor fueron hechas, *provecho.
*infante don Pedro, que estaba en Aragón, luego que * muerte del rey, su padre, tomó título de rey de Aragón y conde de Barcelona, y juró a los aragoneses sus *fueros*
Coronóse en la ciudad de Zaragoza (en la Seo, donde se coronaban todos los reyes y reinas de Aragón, según un texto de Pedro IV), aunque con *ción y descontento de los del principado de Cataluña, * que pretendieron haber de jurar primero en él que *en Aragón, y lo esforzaron con grandes veras los infantes don Pedro, conde de Empurias, y don Berenguer, con*ades, y no asistieron a la fiesta de la coronación, *mo hicieron todos los catalanes, salvo Ot de Moncada, * Ramón de Peralta. El infante don Jaime pretendió
* y siguió la opinión del rey, su hermano, que * hecho gobernador general del reino, por ser la * propincua (cercana) suya, y el que en aquella fiesta de la * hizo mayores muestras de júbilo y alegría, y * su hermano, las espuelas y le sirvió a la *mesa *tros caballeros y ricos hombres de Aragón que se * en aquella fiesta, en que de los catalanes solo asistieron don Ramón de Peralta, que con Ato de * acompañó aquel día a Gonzalo Díaz de Arenos, que * las armas del rey; y dióse de comer aquel día a más * mil personas, según escribe el rey en su historia.
En junio del año 1338 falleció el rey don Fadrique de Sicilia, hijo de don Pedro y doña Constanza, re* Aragón, y dispuso la sucesión de aquel reino de esta *manera llamó primero a los hijos, sustituyéndoles de grado *do; y faltando estos, llamó al rey don Alfonso, y si *siese aceptar aquel reino, llama al infante don Pedro *mano del de Aragón, y le sustituye al infante *don Ramón Berenguer. Después de estos, en caso no tenga*
llama al infante don Pedro, que en este tiempo * rey de Aragón, y después de él, al infante don * conde de Urgel, su hermano, en quien acabó las *ciones que hace de aquel reino, el cual, a la postre * unido a la Corona de Aragón, por haber fenecido * masculina de aquellos ínclitos reyes.
En el año siguiente de 1339, a 17 de julio, * conocimiento don Jaime, rey de Mallorca, al de * por aquel reino y demás estados tenía en feudo por el * Aragón. Pasó esto en Barcelona en la capilla del * real, y el infante don Jaime fue uno de los que * en este acto, en compañía de sus tíos, los infantes *Pedro y don Ramón Berenguer, y del arzobispo de Tarragona, * de otros muchos que dejo, pues Zurita los refiere largamente.
Entonces fue la traslación del cuerpo de santa * virgen y mártir de Barcelona, patrona y protectora de aquella ciudad y vecinos de ella: fue muy solemnizada, * hacerse en honra de tan gran santa, como también * hallarse en aquella ocasión en Barcelona los reyes don Pedro de Aragón y don Jaime de Mallorca, y los infantes don Jaime, conde de Urgel, y don Pedro y don Ramón Berenguer, sus hijos, y muchos de los grandes de sus cortes, y las reinas doña María, mujer del rey don Pedro, doña Leonor de Moncada, viuda del rey don Jaime el segundo, doña Constanza, reina de Mallorca, y otras muchas señoras, según lo cuenta el padre fray Francisco Diago en la historia de los condes de Barcelona, y otros que refieren muy en particular lo que pasó en esta segunda traslación de la gloriosa santa.
Era ya muerto por estos tiempos en Francia Juan, conde de Comenge y vizconde de Tours, hermano de la infanta doña Cecilia, condesa de Urgel, y pretendió ella heredar los estados del hermano, por sustitución que en su favor hizo el conde don Bernardo VI, su padre, en caso que don Juan muriese sin hijos, como en fin murió.
La justicia de la condesa era clara; tomóse posesión, en nombre de ella, sin contradicción alguna, y con salvaguarda real. Entonces, a deshora, salió don Pedro Ramón de Comenge, hermano de Bernardo, padre de la condesa, y dijo ser suyos aquellos estados y pertenecerle de justicia, por muerte de Juan, hermano de la condesa, que fue póstumo, y vivió pocos días después de Bernardo VI, conde de Comenge; y los oficiales del rey de Francia los tomaron, y sacaron de ellos a los de la condesa de Urgel, y los dieron a los del dicho Pedro Ramón. El rey don Pedro de Aragón, cuñado de la condesa, se sintió mucho de esto, y envió a Francia a Bernardo de Tous, de su consejo, que había sido veguer de Barcelona, y a un letrado llamado Destorrent (De es Torrent); pero estos no acabaron
nada. La condesa entonces pasó a Francia, y pidió al rey Felipe de Francia le tomase el juramento de fidelidad, como heredera de su padre: así se hizo, pero no le mandó dar posesión de aquellos estados, sino que estuviesen en secuestro, teniendo ya ocupada la mejor parte de ellos el hijo de Pedro Ramón de Comenge, al cual a la postre se adjudicaron todos, echando de ellos a los oficiales había metido la condesa. El rey se enojó de esto, porque gustaba que la condesa quedara heredera de aquel patrimonio, y lo había pedido al rey de Francia, por medio de su primogénito, que se llamaba Juan y era duque de Normandía, y de Carlos, duque de Alenzon, hermano del rey, y de Luis, duque de Borbon, y de Luis, conde de Claramonte, nieto del infante don Fernando de Castilla, en cuyas manos estaba el gobierno del reino de Francia, * y no acabó nada, y quedó muy sentido del rey de Francia, y lo demostró dando favor a Eduardo, rey de Inglaterra, que tenía guerra con el rey de Francia. Pero el negocio de la sucesión del condado de Comenge se quedó como estaba, porque el rey fue aconsejado que se prosiguiera por términos de justicia, y el gustó de esto, porque no quería encuentros con el de Francia, por comodidades particulares y pensamientos secretos.
Mientras se disputaba la justicia de la condesa doña Cecilia, se movió entre los reyes don Pedro de Aragón y don Jaime de Mallorca, sobre el reconocimiento que * debía hacerle por los feudos, tales novedades que a la postre fueron la destrucción y ruina del rey de Mallorca y de su casa; y por haber concurrido en todo el infante don Jaime, referiré toda esta historia desde su principio. Conquistó don Jaime el primero, rey de Aragón, la isla de Mallorca, e hizo tributarios los moros de Menorca: * mejorar a su segundo hijo, que también se llamaba Jaime, y a 21 de agosto de 1262, le dio aquel reino e * y los condados de Rosellón y Cerdaña, Cobliure, *Conflent y el señorío de Valespir, en el principado de Cataluña. Sintióse de esto don Pedro, hermano mayor de don Jaime de Mallorca, hijo y primogénito del rey de Aragón; *parecióle aquella donación inmensa y, como hecha en su
perjuicio o menoscabo de su corona, juzgóla excesiva e in*; pasaron entre los dos varias cosas sobre esto, y * en que el reino de Mallorca, condados de Rosellón y Cerdaña, Valespir y Cobliure, en Cataluña, los vizcondados de Omelades y Carlades, y todo lo que tenía * el señorío de Mompeller, y el señorío de otros lugares * comprado, y de nuevo adquirido, se tuvieran en feudo * por el rey de Aragón. Obligó entonces el rey don Jaime
de Mallorca a sus sucesores a prestar homenaje y *gar la ciudad de Mallorca, villas de Puigcerdá y Per* siempre que fuesen requeridos por los reyes de Aragón o sus ministros, y que sus sucesores o descendientes * siendo llamados, acudirían a las cortes de Cataluña, * en los condados de Rosellón y Cerdaña se guar* las constituciones y usajes de Cataluña, y no correría otra moneda, sino la de Barcelona. De estas obligaciones se exceptuó él, cargando de ellas a los venideros * de Mallorca, que habían de heredar aquel reino y demás estados dichos; y finalmente prometió de dar valenza, *da y favor, por si y por los suyos, al rey de Aragón y sucesores de este reino. Entonces el rey don Pedro otorgó y confirmó la donación hecha al rey de Mallorca, su hermano, y de le ayudar y valer. Esto pasó en Perpiñan, a 2 de enero de 1279; pero quedó el rey don Jaime tan
mal contento de esto, como de cosa que era notoria opresión y violencia, y del todo contraria a la voluntad del rey su padre. Vióse bien esto, pues siempre quedaron desavenidos y discordes, y cuando Felipe, rey de Francia, entró en Cataluña, el rey de Mallorca le dio paso libre y franco por sus tierras, sin considerar que obligaba al de
Aragón a castigar aquella ofensa, como en fin la castigó, confiscándole sus estados y despojándole de ellos; y aunque el de Mallorca hizo lo posible para cobrarlos, fue vana su diligencia, por la mucha resistencia que halló en el rey don Pedro. Muerto éste, vino don Alfonso, y después de él, don Jaime el segundo, que concordó con el de Mallorca, y le restituyó todo lo que le había quitado el rey su padre, para que lo poseyese como de antes. Esto pasó el año 1298, en que el rey de Mallorca volvió a confesar de nuevo que tenía en feudo de honor, por el rey de Aragón, las islas de Mallorca, Menorca e Iviza, con
las adyacentes, y los condados de Rosellón y Cerdaña, Valespir y Cobliure, y reconoció de nuevo, que recibía del rey de Aragón, en feudo, los vizcondados de Omelades y Carlades y todo lo que tenía en el señorío de Mompeller, y que todos sus sucesores quedaban obligados a hacer semejante reconocimiento y homenajes por ellos, obligándose por dicha razón a entregar al rey de Aragón y sus sucesores, siendo requeridos, la ciudad de Mallorca por el reino e islas, la villa de Puigcerdá por el condado de Cerdaña, y la de Perpiñan por el Rosellón y por los señoríos de Valespir y Cobliure, y el castillo de Omelasio, por el condado de Omelades; prometió que, siendo llamados, acudirían a las cortes de Cataluña, si cuando se convocaban estaban fuera del reino de Mallorca, pero estando en él, no había obligación de asistir a ellas; y prometió el uno valer al otro, y defender sus personas y tierras recíprocamente, contra cualesquier personas que les quisieran ofender. Y aunque el infante don Jaime, hijo primogénito del rey de Mallorca, juró todo esto, no lo hubo de cumplir, porque como a sabio y cuerdo, dejó el reino que se le esperaba, después de muerto el rey, su padre, por otro sin comparación mejor y más perpetuo, tomando el hábito de religioso de san Francisco. Entonces el rey don Jaime hizo jurar al infante don Sancho, su hijo segundo; y en el año 1302, en Gerona, prestó los homenajes al rey de Aragón; y el año 1311, por la fiesta de Pentecostés, murió el rey don Jaime, su padre, después de haber reinado cincuenta y cinco años, como dicen los cronistas de aquel reino. Consérvase su cuerpo entero y sin corrupción alguna en la iglesia mayor de aquella isla. Al principio de su reinado prestó los homenajes al rey don Jaime de Aragón, en Barcelona; y murió el de 1324, después de haber reinado trece años, con más quietud y sosiego que el padre, porque considerando las obligaciones anejas a sus estados, y cumpliendo con ellas, fue muy querido del rey don Jaime de Aragón, en cuyo tiempo vivió, porque su quietud era grande, y su condición enemiga de novedades;
y aunque algunos caballeros franceses le daban a entender que negase el feudo al rey de Aragón, por haberlo confesado el rey, su padre, por fuerza y violentado, no lo quiso hacer; antes bien en la conquista de Cerdeña ayudó con veinte y cinco mil escudos prestados, que por aquellos tiempos era más que ahora con ciento y cincuenta mil, y con veinte galeras pagadas por cuatro meses, y fuera él en persona, si se lo permitiera el rey don Jaime, que siempre tomó sus cosas muy por propias, como se vio cuando el rey de Francia quiso apoderarse del señorío de Mompeller, que por respeto del de Aragón cesó su pretensión. No tuvo el rey don Sancho hijos, y se dudó si habían de volver aquel reino y estados a la casa de Aragón, o si se había de variar la línea de los reyes de Mallorca,
descendientes del rey don Jaime, primer rey de aquella isla. Quedaba don Jaime, sobrino de don Sancho, hijo del infante don Fernando (que era hijo del rey don Jaime y hermano del rey don Sancho, y tenía estados en la Morea) y de doña Isabel, hija del conde de Artia, y nieta de Ludovico, último príncipe de la Morea. Nació este príncipe en la ciudad de Catania, en el reino de Sicilia, en el mes de abril de 1315 y después de treinta y dos días murió la madre. Dispúsose en una junta que convocó el rey de Aragón, en Lérida, el articulo de la sucesión; y aunque al principio se representaron algunas dificultades, pero a la postre se soltaron en favor de don Jaime, y durante su menor edad gobernó con título de tutor suyo el infante don Felipe, su tío, que era arcediano de Conflent y canónigo de la Seo de Elna, y murió religioso de la *tercera orden de san Francisco. Concertóse, que los veinte y cinco mil escudos que cuando fue la conquista de Cerdeña prestó el rey don Sancho, su tío, fuesen remitidos y *eltos; que casase con la infanta doña Constanza, hija
del rey don Alfonso y de doña Teresa de Enteça, condesa de Urgel; y que el reino y estado del rey su tío, lo *tuviese con las mismas condiciones que él lo tuvo. Era don *Jaime hombre presuntuoso, altivo, mal aconsejado, de aquella especie de hombres que no están contentos de lo que Dios les da; y esto fue causa de su ruina y perdición.
* gran carga las condiciones con que había heredado aquel reino; y el haber de tomar investidura del rey de Aragón lo juzgaba a par de muerte, sin considerar cuán *poco le costaba lo que había heredado, y el favor le había hecho el rey dándole mujer y estado, debiendo *saber que si de su tío quedaran hijos, había de quedar un pobre caballero, por tener los heredamientos lejos de *España, y en regiones apartadas y estrañas, con gran dificultad de poderlos conservar. No consideró nada de esto, ni debió tener quien se lo representase, ni debía gustar de * y así se le disimuló. Murió el rey don Alfonso de
Aragón, su suegro, y sucedió el rey don Pedro, su hijo, * por estar ocupado en algunas cosas que no le daban lugar para ello, dilató el pedirle los homenajes, hasta el año 1339; porque a los de su consejo pareció que la dilación había en prestárseles podía ser perjuicio de la Corona, de cuyas preeminencias y regalías era el rey don Pedro muy celoso; y conociendo que el rey de Mallorca buscaba forma como eximirse de ello, le dio mayor prisa, *requiriéndole que cumpliera con ello, prefijándole día. El de Mallorca envió tres embajadas pidiendo dilación del plazo, y a todas se respondió que no había lugar: era fama que así se lo aconsejaba el infante don Pedro, tío del rey, que era de su consejo y su canciller. Vino de Valencia a Barcelona el rey, aguardó al de Mallorca, que estaba
en Perpiñan y escusaba venir, y hubo de ir allá el infante don Pedro para darle a entender que viniera, como a la postre, aunque mal de su grado, vino; pidió al rey que aquel auto de prestación de homenaje no fuese en la sala grande del palacio real, sino en la capilla, y el rey vino bien en ello: prestóle los homenajes, confesando tener en feudo de honor por el rey y sus predecesores el reino de Mallorca, condados de Rosellón y Cerdaña y demás estados que quedan dichos. Asistieron a este auto el infante don Jaime y sus tíos, Arnaldo de Cescomes, arzobispo de Zaragoza, fray Ferrer de Abella, el obispo de Barcelona y *el de Elna, y muchos barones de la corona, y los concelleres de Barcelona, y dos síndicos de Valencia. Sentóse el de Mallorca, después de haber estado un rato en pie, en una
almohada menor que otra en que estaba sentado el rey * y acabado el auto, se volvió a Perpiñan: allá se vieron después los dos reyes, y fueron juntos a Aviñon, porque el rey de Aragón había de hacer el reconocimiento por el reino de Cerdeña, al pontífice, que residía con su corte en aquella ciudad: acompañábale el de Mallorca, y fueron recibidos con real aparato. Aquí se faltó poco de acontecer una grande desgracia, porque el día en que iba el de Aragón a hacer el reconocimiento, le acompañó el de Mallorca, y pasando los reyes juntos a la par, el caballo del rey de Aragón se adelantó algo más que el caballo del rey de Mallorca, y un caballero suyo fue tan atrevido que dio de palos al caballo del rey de Aragón y al caballero que le llevaba del diestro. Sintió el rey mucho *este atrevimiento, y mucho más porque el de Mallorca, sin mostrar de ello el sentimiento fuera justo, ni mandar castigar al atrevido caballero, parecía no pesarle del caso; y movido el de Aragón de ira y sentimiento, echó mano a la espada, para herir al de Mallorca, y no la pudo sacar, por lo mucho que estaba apretada en la vaina, aunque echó mano de ella tres veces. Alteróse el pueblo, y el infante don Pedro se puso de por medio, y avisó al rey que disimulase, porque no podía salir bien con ello, porque toda aquella corte estaba apasionada por el de Mallorca, y era poner su persona en manifiesto peligro. Fuéronse los dos reyes, y olvidando o disimulando lo que había pasado, en Mompeller, Perpiñan y demás tierras suyas mandó el de Mallorca hacerle grandes fiestas y recibimientos.
El rey Felipe de Francia, por estos tiempos, traía guerra con el de Inglaterra, y porque el de Mallorca no se confederara con él, según se sospechaba, le pidió el reconocimiento del señorío de Mompeller y los homenajes, por desviarle, con la prestación de ellos, de acciones de su deservicio. Sobre esto pasaron varias cosas, y el de Aragón se interpuso, para que no se hablara más de la materia; pero el de Mallorca, por particulares quejas tenía del de Francia, le quiso mover guerra, aunque se lo desaconsejaba el rey de Aragón, que consideraba el fin que había de tener tal guerra, y que había de ser principio de su salvación, como lo fue; pues el de Francia se quedó con el señorío de Mompeller y vizcondados de Omelades y Carlades, porque sabía que el de Aragón no le estaba muy
afecto, y había de tomarlo con la flema que lo tomó,
El de Mallorca, impaciente de que el rey, su cuñado, cuidara tan poco de defender lo que le iba ocupando el de Francia, y que no tomara las armas en su defensa y de su estado, le requirió que, en observancia de las convenciones había entre ellos y sus pasados, saliese en defensa de lo que le había el de Francia ocupado, y resistiese a las gentes extranjeras querían entrar por los condados del Rosellón; porque sabía por cosa cierta, a lo menos así lo entendia, que declarándose el rey en su favor, y tomando con calor su causa, todo se asentara bien, porque al de Francia le daba harto que entender el rey de Inglaterra, y no había de traer nueva guerra con el de Aragón, a quien pesaba que el de Mallorca la moviera; y para más sosegar al uno y al otro, envió a Francia a fray Arnaldo de Oliver, obispo de Huesca, del orden de San Agustín; pero no negoció nada, y el de Mallorca, mal aconsejado, movió la guerra, porque no tuvo paciencia para aguardar más, confiando en sus fuerzas, y que el rey de Aragón tomaría la guerra por propia, según se lo instó muchas veces. Pero esto aprovechó poco, porque aunque el rey estaba obligado a ello, por respetos y comodidades suyas particulares, no se daba por entendido ni venía bien en lo que intentaba el de Mallorca, y aconsejado de los infantes, sus tíos, y de don Jaime, su hermano, conde de Urgel, y otros, dio por respuesta al rey de Mallorca, que él intercedía con el francés porque hiciera lo que fuera justo y razonable, y cuando no lo quisiera hacer, él estaba aparejado de guardar las conveniencias había entre ellos, en caso que el de Mallorca comenzara guerra contra Francia. Esto era en cuanto al exterior; pero en cuanto al interior, todo era buscar desvíos para no meterse en guerras contra el rey de Francia. Estando en esto, el de Mallorca envió a Ramón Roch, embajador suyo, al rey de Aragón, para requerirle que, pues la guerra emprendía era por lo de Mompeller, Omelades y Carlades, y era justa, que para el primero de mayo de este año 1342 se hallara con todo su poder en el condado de Rosellón; pero el rey le dio por respuesta, que por mediados de febrero, que se viesen en Barcelona. A 15 de febrero el de Mallorca hizo el mismo requerimiento, y porque el rey no se movía, volvió otra vez a lo requerir; el cual, a 19 del dicho mes, respondió muy *largamente, concluyendo no querer emprender aquella guerra, por juzgarla por injusta. Los infantes don Pedro, don Ramón Berenger, don Jaime y otros, que eran del consejo del rey, aunque temían mucho meterse con Francia en guerras, por otra parte daban por claro que el de Aragón, en aquel caso, estaba obligado a valer al de Mallorca, por razón de ser su feudatario y no deber contravenir a * condición del feudo, que le obligaba a la defensa de sus *feudatarios, y estaban todos muy perplejos y dudosos, sobre qué medio tomarían en esto; pero el rey, que era de su natural muy artificioso, después que los hubo escuchado a todos, dio esta traza, que él convocaría cortes en Cataluña para 25 de marzo, que era muchos días antes del día en que, según el requerimiento del de Mallorca, el de Aragón se había con todo su poder de hallar en Rosellón; y tuvo el rey este pensamiento: o el de Mallorca vendrá a las cortes, o no vendrá; si viene, tomaremos el acuerdo que más pareciere convenir, si no viene, no estaremos obligados a favorecerle en la guerra emprende contra Francia, pues él ha faltado a la obligación, y así no quedaremos obligado al requirimiento; y a los del consejo pareció bien el discurso o cautela del rey. Publicáronse las cortes en Barcelona para 25 de abril, y no vino el de Mallorca; asignóle el rey tres días más, y en ellos, ni vino,
ni envió, que era lo que el rey buscaba: entonces dijo estar libre de la obligación tenía de acudir a Perpiñan, pues el de Mallorca no había acudido a su llamamiento, y de aquel
punto adelante le trató, no como a rey, mas como a súbdito y vasallo que había delinquido contra su rey y señor; hízole proceso y cargo de que negaba la fidelidad, y que había
fundido la moneda del rey y la había batido en Rosellón y Cerdaña, y permitía que en estos dos condados corriera moneda francesa; mandóle por esto citar, y envió a Bernardo de Olzinelles, su tesorero, a consultar con los infantes Ramón Berenguer, don Pedro, don Jaime y con los concelleres de Barcelona y con los barones y prelados de Cataluña, y darles razón del hecho; y a 18 de abril de este año 1342, estando el rey en San Boy, junto a Barcelona, declaró al rey de Mallorca, por no haber comparecido, por contumaz, y que se prosiguiese contra de él y de los feudos que tenía por la corona.
En esta ocasión llegaron a Barcelona dos embajadores del rey de Francia, y dijeron al de Aragón, que el rey su señor había sobreseído en proceder contra del de Mallorca, por razón del feudo de Mompeller y demás tierras tenía en el reino de Francia, y le daba gracias por no haberle favorecido en las novedades que contra él intentó, antes haberle desviado de aquel propósito; y el de Aragón dio razón al de Francia de todo, y le rogó mandase que ningún vasallo suyo le valiera en la ejecución que contra * quería hacer, pues él no valió al de Inglaterra, ni al de Mallorca, que se lo requirieron, y aun le ofrecieron muchas tierras, castillos y dinero; y el de Francia vino bien en todo, y lo agradeció. Confiaban los dos reyes que el fin de los estados del de Mallorca sería quedarse el de Francia con lo que el de Mallorca tenía en su reino, y el de Aragón con las islas y reino de Mallorca y condados de Rosellón y Cerdaña; y no se dilató mucho, antes dentro de breve tiempo todo se vio cumplido.
El pontífice Clemente VI, instado de los condes de Foix y de Armenyac, deudos del rey de Mallorca, envió a Arnaldo, obispo Aquense, su nuncio, al rey don Pedro, para * se diera un buen asiento a las cosas del rey de Mallorca; y por dar gusto al pontífice, le dio salvoconducto * sobreseyó en el proceso había comenzado. Armó el de Mallorca cuatro galeras, y con su mujer doña Constanza, hermana del rey, vino a Cataluña, donde estaba el rey, el cual, por no estar desapercibido, hizo venir de Valencia otras cuatro galeras, porque conjeturaba lo que había o podía ser. Llegado el de Mallorca, fue muy bien recibido solemnemente festejado, y el rey le aposentó, con su mujer, en el monasterio de San Francisco; y el otro mandó labrar un puente de madera, cubierta, para pasar más decentemente, según él decía, desde la posada a las galeras, y sin ser visto. Tratóse de su negocio, y no se concluyó nada, aunque el nuncio lo procuró con todas las veras
posibles. El de Mallorca y su mujer se fingieron enfermos, * mandaron que no dejaran entrar en su aposento, sino al rey y a los infantes don Pedro y don Jaime, conde de
Urgel, y mandó esconder doce hombres armados que los prendieran, o matasen, si se defendiesen, y presos, por aquella puente o pasadizo, los llevasen a las galeras, y con ellas a Mallorca, y los metiesen en el castillo de Oloron, para tenerlos allá, hasta le fuera remitido el feudo y dada tanta parte del principado de Cataluña, que bastara a limitar
las fuerzas y poder del rey. Este concierto reveló un fraile dominico al rey, por habérselo comunicado una persona que cabía en él, advirtiéndole, que no fuese en ninguna manera a visitar a la reina, su hermana, porque si lo hacía, sería muerto, y no le podía decir más. Turbóse el rey de oír esto; y aunque no la fue a visitar aquel día, dijo al religioso, que deseaba saber quién se lo había dicho y lo demás que había pasado, y que si no se lo quería decir, no por esto dejaría de visitar a la reina, su hermana, aunque perdiera la vida, porque no parecía bien, siendo ella venida en su tierra, él la dejara de visitar; y el religioso dijo, que de todo tomaría acuerdo con la persona que se lo había dicho. El día siguiente los infantes don Pedro y don Jaime, que no sabían nada de esto, dijeron al rey que parecía muy mal tardara tanto en visitar a su hermana, estando enferma, y habiendo ya dos días había venido, suplicándole no mirara lo que había hecho el rey de Mallorca, su marido. El rey don Pedro, aunque sabía ser aquella enfermedad fingida, resolvió de irla a visitar, no temiendo al de Mallorca, ni haciendo caso de lo que él tenía pensado; y las cuatro galeras habían venido de Valencia estaban prevenidas, para cualquier caso que
sucediera. Estas visitas no se efectuaron por una hinchazón de maligna naturaleza que le sobrevino al rey en la cara, junto al ojo, que le obligó a sangrarse y estar retirado *algunos días. El día siguiente volvió al rey aquel religioso * le dijo, que el que se lo había descubierto era la misma reina de Mallorca, su hermana, y le rogaba que la *hiciera venir, por grado o fuerza, en su presencia, y sabría de ella la verdad de todo. Él lo dijo al infante don Jaime, conde de Urgel, hermano de los dos y procurador general suyo, mandándole dijese a la reina, que le fuese * visitar, porque estaba enfermo, y gustaba de ello; y * respondió, que holgaría de ello, si le diese licencia *el rey, su marido, que estaba presente; el cual dijo que no daba tal licencia; y el infante replicó, que quisiese, o no, la reina había de ir, y que él lo mandaba, como a procurador general del rey, y la podía compeler a ello; y *ego mandó a la reina, que se levantase y siguiese. Quejóse el rey de Mallorca del hecho, porque era fuerza y violencia lo que se hacía, estando él debajo el salvoconducto que se le era concedido: y el infante don Jaime le dijo que no se había de hacer otra cosa, pues el rey lo quería, y fue con la reina a palacio, y allá descubrió al rey, su hermano, todo lo que había pasado, y lo refirió después, delante * los infantes don Jaime y don Pedro, el cual, antes de saber esto, afeaba mucho al rey lo que había hecho, pero después que supo la intención del de Mallorca, fue de parecer que fuese preso. El rey juntó a los infantes y a los de su consejo, llamando a él algunos letrados, y declararon no valerle al de Mallorca el guiaje, y que fuera preso; pero no le pareció bien aquel consejo, y no quiso que se ejecutara, porque no se imaginara que era achaque o
codicia de quitarle el reino y condados. El día siguiente, sentido el de Mallorca de lo que había pasado, fue a palacio, a hora que el rey estaba comiendo, y * presencia de muchos: «Señor yo había venido * vuestra fé, con salvaguarda, y habeisme hecho * mandar traer forciblemente a la reina mi mujer *tiendo que no se me aparejan ningunas buenas * así, vengo a pedir vuestra licencia, y pues * guarda el salvoconducto, yo me parto y despido
* y niego tener por vos los feudos.» Y el rey sol*pondió, que se fuera enhorabuena; pero a los *ban allá pareció muy mal como no lo mandó * y el rey dijo que lo dejasen, que a la fin * verdad de todo, y él confesaría lo que entonces * luego se partió con las cuatro galeras con que había venido. Quedó la reina, su mujer, en poder del * sola una dama mallorquina, que las demás se *caron. Llegado el rey a Mallorca, confiscó a *caderes catalanes sus haciendas, prendió sus pe* lo mismo hizo en todas la tierras de sus señoríos * puso en orden de guerra contra el rey su cuñado *
El nuncio no pudo acabar cosa, y solo * instar con el rey, que dejara volver a la reina a Mallorca, con el rey, su marido, porque ella lo * y menos acabó esto, y desconfiado de obrar cosa *envió a Aviñon a dar razón de todo al papa, que * lo mismo, y no acabó nada con el rey, el cual * dio poco crédito a los descargos daba el de Mallorca * haber hecho aquella puente para prender al rey * infantes, porque si tal hubiera pensado, tuvo, *cia, hartas ocasiones en que, sin nota de su * pudiera ejecutar, y aun matarlos, si quisiera, y q* cualquier que aquello decía, y lo combatiría en per* sacándoles a desafío. El rey, para justificarse, en* al papa copia del proceso, y Guillen de Rocamora, arcediano de Huesca, pasó a Aviñon, para informar al papa y colegio de los cardenales en favor del rey don Pedro. El rey continuaba su proceso, y procedió a hacer eje*ion contra el de Mallorca y sus estados: mandó por *, a 9 de setiembre de 1342, al infante don Jaime, * hermano y procurador general suyo, que fuera con * Lope de Luna y otros que nombró por capitanes, * frontera de Rosellón, y haciendo poderosa guerra, *aran aquel condado, cuidando muy en particular que * allá no entrara gente de armas en Cataluña.
Cuando el infante don Jaime se disponía para esto, * el rey de Valencia a Barcelona, y acabado el pro*, un viernes, a 11 del mes de febrero de 1343, es* sentado en su solio en el palacio real, dio su sentencia definitiva contra el rey de Mallorca. Publicóse en *presencia de muchas personas notables, entre ellas los *conselleres de Barcelona; porque en tiempo de los reyes de Aragón, ningún acto de consideración se celebraba que no fuesen llamados los conselleres de esta *ciudad, que era la principal de sus reinos y de mayor *cia en sus consejos. Lo que contenía esta sentencia, que, considerando que no había comparecido den* tiempo y en el lugar le era estado asignado, le * contumaz; y que por no haber obedecido a sus *entos, ponía bajo la investidura de su fisco el *reino de Mallorca, con las islas adyacentes y los condados de Rosellón y Cerdaña, y demás tierras suyas que por él tenía, en feudo dentro de sus reinos, y también * bienes muebles y todo lo demás tenía; y que si dentro de un año no comparecía, todo fuese adquirido al *dominio real y confiscado; y esto se entendía sin perjuicio * otros procesos hechos contra de él y sus valedores; * mandó que esta sentencia fuese publicada por todas las veguerías de Cataluña, a instancia de Arnaldo de Eril *procurador real, ascendiente, lo que entiendo, de Francisco de Eril, que fue procurador fiscal, cuando procedió el rey don Fernando el primero contra don Jaime de Aragón, último conde de Urgel. Entendió luego el rey en juntar todas sus fuerzas para pasar a la conquista de aquel reino, con tantas veras y ahinco, como si fuera contra los moros que lo poseyeron; y aunque recibió embajada
de la reina de Nápoles, tía del de Mallorca, para que se llevara bien con él y llegara a trato, no la quiso escuchar, ni dejó de continuar los aparatos de guerra que hacía. Los mallorquines no estaban muy adoloridos de la pérdida de su rey: era mal quisto, y les tenía muy oprimidos, y les afligía y vejaba en gran manera con pechos (pagos; pectos) indebidos e imposiciones extraordinarias * intolerables, ejecutando en ellos severos castigos por culpas ligeras, confiscándoles las haciendas que con sudor y trabajo
ganaron; y por esto deseaban salir de la sujeción de un rey que, por tener pequeño reino y limitados señoríos, y esos muy escampados, cada día les cargaba *vezas, y a costa de ellos mantenía sus empresas, que eran más grandes de lo que las debiera tomar; y por facilitar el pasaje al rey, y que entendiese el ánimo y disposición de los de aquella isla, le enviaron un síndico, * algunas cosas, y habido consejo con los infantes don Jaime y don Pedro, les fueron concedidas, y * se otorgó auto en forma de concordia, en * intervinieron
el arzobispo de Zaragoza, don Pedro y don * Luna, señor de Segorbe, y Galcerán de Anglesola. *ico de Mallorca, que se llamaba Bertran Roc, dio * trescientos escudos de renta y grandes exenciones * y los suyos, concediéndole también privilegio mi* esta prevención, pasó el rey a Mallorca con *da, y fue muy grande el contento que de su venida tuvieron los vecinos de aquel reino. Al principio, *mplir con el rey don Jaime, hicieron demostra* resistir a la armada; pero a Ia postre, quedó la * por el rey de Aragón, y desamparado el de Mallorca *por los suyos, quedó vencido. Dióse luego asiento * cosas de aquel reino, y de allí volvió el rey a * para dar orden en la paga de su gente, que * no la habían recibido, y estaban muy impacientes * y de allá, con intención de pasar a la conquista del Rosellón y Cerdaña, se vino a Gerona: aquí halló * don Jaime y a don Lope de Luna, con otros ricos hombres, y hasta trescientos caballeros de los * habían quedado en aquella frontera cuando él pasó a Mallorca, y había poco eran vueltos de Cerdaña, don* hecho entrada y correrías hasta Puigcerdá, y * retirados por falta de vituallas, sin haber hecho
* consideración. Aquí aguardó el rey las huestes de Cataluña, y apercibió ló necesario para aquella ejecución * justicia que pensaba hacer (que este nombre da* persecución del rey de Mallorca). Estaba la gente del rey muy impaciente por las pagas se les debían
e instaron a los infantes don Jaime y don Pedro, que * pidieran; y aunque ellos al principio lo rehusaron, a la postre no pudieron excusarlo, porque amenazaban que *se irían; y lo que se debía era, a los aragoneses el sueldo de quince días, y a los catalanes el de diez; y el rey les envió a decir, que se fueran, porque confiaba conquistar aquellos condados con los mismos que habían conquistado el reino de Mallorca, y érale fácil, porque había
muchos que estaban muy descontentos de aquel rey; y aunque les envió la respuesta con aquel desapego, no gustaba le tomaran la palabra, y no faltó quien, por parte del rey, les aseguró que en ser en Rosellón serían pagados; y con esto se aquietaron y fueron con el rey al Ampurdan. Aquí se alojaron; y dice el rey en su historia, que el infante; su hermano, llevaba doscientos y cincuenta caballeros, y fue alojado en Asfas y en Vil*quer, y los demás en otros lugares, una legua al rededor de Figueras. Aquí recibió el rey otra embajada del de Mallorca, pero no efectuó nada: a 21 de julio partió para Gerona, con los infantes don Jaime y don Pedro, que le fueron a acompañar, y otros muchos caballeros, y con ellos llegó a Figueras: aquí recibió dos cartas, una del cardenal de Rodas y otra del rey de Mallorca, que pedía seguro para verse con el rey, el cual, aconsejado de los infantes y otros, no lo quiso dar. De Figueras pasó el rey a la Junquera, y aquí recibió otra carta del rey de Mallorca, que llevó fray Antonio Nicolás, de la orden de San Agustín, y suplicó al rey le oyera solo: apartáronse los dos, y toda la plática fue persuadirle no procediera contra el de Mallorca, y se tomara un acertado medio que estuviera bien a los dos; y el rey, sin tomar consejo de nadie, respondió que 
no había lugar para ello, y le dio *as demás razones que largamente refiere en su historia. A *9 de julio de este año 1343, ordenó el rey sus bata*, creyendo que al pasar el collado de Paniçars se había de pelear, porque era el paso de Cataluña a Rosellón, y era fácil al rey de Mallorca defenderlo. Iban en * vanguardia los infantes don Jaime y don Pedro, que * senescal del ejército; en el medio iban las huestes de Cataluña y el bagaje, y en la retaguardia la persona del rey; y sin acontecer cosa de consideración, llegó a EIna * se alojó en la campaña. Aquí llegó el obispo de Huesca, pidiendo al rey seguro para que el de Mallorca y él se vieran, y no lo quiso conceder; y el día siguiente llegó a Canet, y aquí vino el cardenal de Rodas, que se intitulaba de San Ciriaco y su padre era catalán, natural del ducado de Cardona, que entonces aún era vizcondado, y el papa le había enviado por su legado, y era muy aficionado al servicio del rey don Pedro, y vino para tratar de concordia, y oyó la misma respuesta, y aun les dio el rey muy bien a entender, que estaba muy sentido del favor que el de Mallorca hallaba en la corte del papa, pues había hecho venir dos cardenales que hablaran por él, y para concordar las diferencias tuvo él con el infante don Fernando, su hermano, no pudo hacer venir uno, habiendo, para este fin, enviado al infante don Pedro, su tío, al papa, el cual debiera concedérselo, pues todos los reyes de Aragón habían derramado su sangre en servicio de la Iglesia, sin haber recibido de la sede apostólica otra paga, más que un pedazo de pergamino que contenía la bula de la donación de Cerdeña, que tanto costó de conquistar al rey, su padre, de los pisanos, inobedientes a la Iglesia, en vez de los cuales ganó a un rey por vasallo; y con esto se despidió el cardenal, y el rey con sus huestes tomó algunos castillos y lugares, talando con gran rigor aquella campaña. Estando el rey en Clayrá, llegó otra vez el cardenal, por cuyo honor y respeto mandó cesar la tala y que nadie hiciera daño a los de la villa; y aconsejado de los infantes y otros, mandó sobreseer la guerra; desde 19 de agosto de este * hasta el abril siguiente, sin perjuicio de su justicia. Los motivos que daba eran: por hacer servicio a Dios nuestro Señor, reverencia y acatamiento a la santa Sede apostólica y al papa, y por contemplacion y honor del legado que se lo había pedido, pero en su historia da otras causas, como eran faltarle comodidad para detenerse mucho en aquella tierra, por la falta grande que había de viandas, y no tener los ingenios y máquinas necesarias para combatir el castillo de Perpiñan. Con esto, se volvió a 

Barcelona, y pagó a su gente, aunque los infantes y demás quedaron quejosos y
descontentos, pareciéndoles quedaban mal remunerados y no enteramente pagados.
El rey fue a visitar los reinos de Aragón y Valencia, y recibió servicio de ellos para continuar esta guerra. Entonces recibió por un fraile del orden de San Agustín otra embajada del de Mallorca, llena de sumisiones, pero como el rey estaba ya resuelto de perder del todo a aquel príncipe, hizo poco caso de ella, y le dio en escritos, repitiendo todas las quejas tenía de él y ofensas * ponderándolas por graves culpas, porque representa* por tales, no pareciese rigurosa la ejecución había hecho contra él.
Divulgóse en aquella sazón que el de Mallorca, en hábito disfrazado, quería venir ante el rey; y por eso mandó a dos bailes de Figueras y otros pueblos, que echasen * y en ser descubierto, fuese preso y llevado a Gerona, y puesto en la Gironella, que era la fuerza mayor de aquella ciudad; y para quitarle de una vez le esperanza * podía quedar de volver a sus estados, a 29 de marzo de 1344, estando en la capilla real de Barcelona, con los infantes don Jaime y don Pedro, cuatro síndicos de la isla de Mallorca y otros muchos, unió perpetuamente e incorporó en la corona real el reino de Mallorca y las islas adyacentes y condados de Rosellón y Cerdaña y las tierras de Conflent, Valespir y Cobliure, y quiso que todo * que había sido del rey de Mallorca en los reinos de Aragón, Valencia y condado de Barcelona, quedara de allí adelante so un mismo dominio, sin que se pudiera enajenar o enfeudar en todo o en parte, por ninguna causa o razón, dando facultad a don Pedro, don Ramón Berenguer y don Jaime, y a las universidades del reino e isla de Mallorca, y condados y singulares de ellos, que en cuanto él y los suyos contravinieran a esto, no les obedezcan, antes estén obligados a resistir con armas o sin ellas, alzándoles cualquier homenaje o juramento de fidelidad, obligando a cualquier sucesor en el reino haya de jurar esta unión, sobre la cual habían hecho en Cataluña los reyes don Alfonso y don Jaime segundo algunas constituciones; y mandó a los infantes y a los demás juraran y confirmaran, quitando de esta manera al de Mallorca los pensamientos, si algunos le quedaban; de volverlos a cobrar; y fue esto de muy gran consolación para todos los que habían sido vasallos del rey e Mallorca, porque con esto estaban asegurados de no volver al dominio de aquel rey, de quien temieron que, por concordia y convención particular, no volviese a cobrar el reino y condados le había quitado el de Aragón, según él y sus amigos lo publicaban continuamente.
Acabábase el término de las treguas y había ya hecho el rey muy grandes prevenciones para volver al condado de Rosellón y dar fin a lo comenzado; y aunque el papa Clemente, por medio del arzobispo de Achs, había pedido prorogacion hasta San Miguel de setiembre, no lo quiso el rey conceder, antes mandó a los infantes, don Pedro y don Jaime, que vinieran donde él estaba: halláronle en la villa de Cardedeu, en ocasión que venía de Monserrate de ofrecer a nuestra Señora una galera de palata, en memoria de la victoria que alcanzó en Mallorca. De aquí pasó a Figueras con todo su ejército y entró en Rosellón * Ios infantes don Jaime y don Pedro llevaban la vanguardia y combatieron a Argilers, que se dio a partido; y en el cerco de la villa, cupo al infante don Jaime la montaña.
Continuando el rey esta conquista, vino el cardenal de Ambrun: saliéronle a recibir el mismo rey y los infantes don Jaime y don Pedro. Era la venida porque recibiera el rey al de Mallorca, sus hijos y estado en su poder, asegurándole la vida y que no le haría daño en su persona, y que no le detendría en mala ni larga prisión y los infantes y demás del consejo real aconsejaron se hiciera así; pero el de Mallorca, cuando lo supo, no vino bien en ello, porque estimó más por guerra perder su estado, que *darlo de su voluntad; y con esto se despidió el cardenal. Tomóse Cobliure, el castillo de Palau de Horta, Millars, *
Bula, Mocet, Elna y otros muchos pueblos; y entonces, el rey de Mallorca, asegurado que no le haría daño a su persona, ni padecería cárcel, se metió en poder del rey, a quien habían aconsejado el infante don Jaime y otros, le recibiera con toda cortesía. Con esto, llegó el de Mallorca armado de todas piezas, salvo las de la cabeza, que llevaba descubierta, delante del rey, el cual, luego que le vio cerca de sí, se levantó en pie, y el de Mallorca, echada una rodilla en tierra, le besó casi por fuerza la mano, y el rey le levantó con la suya y besó en la boca, y el de Mallorca le pidió perdón del hecho, y el rey le prometió usar con él de misericordia. Tomóse después de esto la villa y castillo de Perpiñan, y poco después se vieron los dos reyes, estando con ellos el infante don Jaime; y discurrido largamente sobre las cosas del * Mallorca, resolvieron fuese a vivir a la villa de Berga, *donde estimó más estar, que en la ciudad de Manresa, que le había sido asignada por morada; y el infate don Jaime le llevó o acampañó (acompañó) allá.
Pasaron estas cosas en el mes de agosto de este año de 1344, y hasta el setiembre siguiente estuvo en Berga; y de allí se vino a San Culgat (Cugat; Cucufate) del Vallés, donde visitó a la reina Constanza, su mujer. Juntóse después parlamento en Barcelona, y en él asistió el infante don Jaime, con sus tíos los infantes don Pedro y don Ramón Berenguer, el obispo de Tarragona, y otros muchos; y examinados los pareceres de ellos, dio cada uno su voto, en un papel cerrado, al rey, que así lo quiso, y vistos todos, resolvió que al rey de Mallorca se le diesen diez mil libras de renta, mientras se tardaba a dársele
estado de otro tanto rédito para él y sus sucesores, fuera los señoríos del rey, y faltando sus sucesores por linea masculina, volviese a la corona; remitióle el feudo y derecho de comiso y confiscación que tenía en los condados de Omelades y Carlades y señoríos de Mompeller, y que dejase el título, nombre y dignidad de rey, armas y divisas reales; y en Badalona, donde estaba, se lo envió el rey a notificar.
Esta resolución tomada en aquel parlamento desplugo al rey de Mallorca de tal manera, que estimó más perderse por trance de batalla, que ser despojado de aquella manera, y que su hijo don Jaime, que estaba jurado por sucesor suyo, quedase desposeído con tanta ignominia. Salióse del lugar de San Vicente, donde había venido de Badalona, y con algunos de los suyos se volvió a Cerdaña; y echó fama que por voluntad y merced del rey volvía de cobrar sus estados, porque el rey los tenía solo por la*postats, que así 
llamaban en Cataluña el derecho que tiene el señor del feudo de poseer por espacio de diez días el castillo del vasallo, que Gerónimo Zurita llama tenencias * lo que no fue de poco pesar para los pueblos de aquellos estados, donde era muy aborrecido el de Mallorca, por las muchas imposiciones y gabelas echaba cada día, y rigor con que las exigía, indigno de un rey cristiano. La gente que llevaba en esta entrada era poca; pero daba cuidado la que juntársele podía, y el rey envió quien le resistiese, *** se había entrado ya en Cerdaña, pero el conde de Pallars, con la más gente que pudo juntar, socorrió los pueblos de aquel condado, y el infante don Jaime las fuerzas de Lérida y Querol y Torre de Cerdaña, repartiendo por ellas sus gentes; con lo que y demás prevenciones hizo el rey, obligó al de Mallorca se saliera de Cataluña, y har* lastimado y pobre, aborrecido y desamparado de los suyos, se pasó a Mompeller. 

No fue poco el contento que tuvieron los vasallos de este rey de su caída e infeliz suerte, porque era generalmente aborrecido de todos, por las intolerables y extraordinarias
imposiciones que de continuo echaba sobre ellos, a cuya costa pensaba sustentar aquella guerra, de que to* tenían pesar, y deseaban escusara: al principio se lo aconsejaban, pero tomábalo tan rabiosamente, que por es* hizo morir con muertes crueles e inhumanas muchos de sus vasallos, personas honradas, que desapasionadamente así se lo aconsejaban, adivinando el fin que había de tener, * que había de ser la destrucción de él y de su casa y familia. Por esto mandó prender a don Pedro de *Fonollet, vizconde de Illa, y a tres caballeros y algunos burgueses, y los mandó llevar al castillo de Bela Vista, en el reino e isla de Mallorca, y aún mandó al alcalde los *matase, y fue ventura se tomasen aquellas cartas, y así no se ejecutó aquel cruel mandato; con todo, les mandó confiscar sus bienes y en los días más santos en que los tribunales cesan de proseguir las causas criminales, y los reos tienen en alguna manera alivio y descanso en sus penas, mandó hacer las capturas de ellos y darles el castigo. La prisión del vizconde y de los demás fue un domingo de Ramos, y el jueves siguiente, en que la Iglesia representaba la muerte del Salvador e institución del Santísimo Sacramento de la Eucaristía, mandó atormentar a Pedro Borron (Borrón), que era uno de los burgeses había mandado prender el día de Ramos, y conociendo el mal que había hecho en usar tal rigor con aquel hombre en día tan santo; le tomó juramento que no revelaría hubiese sido torturado en el día santo de Pascua. Mandó convidar los cónsules y algunos burgeses de la villa de Perpiñan, con pensamiento de prenderlos, y porque faltaron dos de los cónsules, a quienes tenía
aborrecidos, disimuló oon los demás, aguardando la ejecución de su intento para otro día. En el día de san Hipólito, mandó a unos soldados que le acompañaban, que mataran a Mallol Cadanys, mercader honrado y pacífico, solo porque le suplicó que hiciera paz con el rey de Aragón; y luego fue obedecido. En el día de santa Elisabet, publicó que quería festear la solemnidad de aquella santa y que gustaba asistiesen a palacio todos los mejores de la villa, porque acompañado de ellos, había de salir a misa: acudieron trescientos hombres, los más ricos, y la misa * salieron fue mandar prender a ciento dier y ocho de ellos, y ponerles en un aposento con grillos y cadenas, y sin comodidad de dormir ni de comer, y los más eran muchachos y viejos, y a los que les iban a traer de comer los mandaba encarcelar. De esta manera estuvieron muchos días, y viendo que el rey no cuidaba de ellos, enviáronle cuatro personas honradas, para suplicarle les sacase de allá; y la respuesta fue, que los había de matar a todos, y porfiando ellos que les diese juez para hacerles la causa, precediendo proceso y defensa, no lo quiso hacer, *es los mandó apretar más, y a la postre les envió a decir que si querían salir de allí, le habían de prestar cien mil libras, y de esta manera les perdonaría la muerte les había de dar; y ellos después de muchos dares y tomares, * salir con vida, le dieron veinte y cinco mil florines; y había entre los presos tres de los cónsules de la villa de Perpiñan.
Tres días antes de Navidad, por causar terror y miedo * los demás, mandó arrastrar, atenazar y cortar la lengua a Pedro Ribera, cónsul de Perpiñan, estando sin culpa
* habérsele probado delito alguno.
A los niños y niñas ricos, y a los menores que estaban bajo de tutores, mandaba prender, y los metía en cárceles oscuras y malas; donde muchos morían y otros enfermaban de males incurables, y estaban allá, hasta le ha* dado los padres y tutores los dineros que él quería. * perdonaba a las viudas, pues que de ellas y de algunos *ores sacó más de cincuenta mil florines. Los clérigos y *iles y otras personas eclesiásticas no escapaban de las tiranías, antes muchos de ellos fueron presos y detenidos en estrechas y malas prisiones, porque se escusaban de pagar las sisas y gabelas que él echaba.
Mandaba otorgar a sus vasallos grandes sindicados, para *der, en nombre de ellos, tomar grandes cantidades de dineros, y esto con tal rigor, que al que rehusaba obligar* luego le echaban en la cárcel; y fue necesario que los pueblos se quejaran de estas violencias, y por serlo, fueron judicialmente declaradas nulas las tales obligaciones que ellos habían hecho.
Había en la capilla del castillo de Perpiñan, y en la sacristía de los frailes menores, muchas piezas de oro y de plata, unas en que estaban encastadas reliquias, y otras que servían de adorno al altar y para el culto divino, y todo lo tomó, y batió de ello moneda para sustentar la guerra.
Estas cosas, y más la sangre de tantos inocentes, clamaban ante el conspecto divino la debida venganza; y aunque tardó a venir, pero llegada, con la severidad del castigo compensó la tardanza; y así, el acabar este rey tan infelizmente, ni lo atribuyo yo al haber negado y rehusado confesar el feudo al rey, ni al haber faltado a las cortes para donde
había sido llamado, ni al haber batido moneda, sino al haber usado tantas tiranías con sus vasallos y haber hecho poco caso de los buenos y desapasionados consejos le daban, dando lugar a crueldades y avaricias, que son las dos cosas que dan fin a los reyes, casas y linajes de ellos. Después volvió a mover la guerra contra el rey, y para sustentarla, vendió por ciento mil escudos de oro, al rey de Francia, la baronías de Mompeller, y con armada pasó a Mallorca, donde era tan aborrecido como en los condados de Rosellón, y no halló el favor que pensaba con los isleños, y así fue vencido y muerto, y el rey mandó llevar su cuerpo a la seo de Valencia, donde le mandó sepultar en medio del coro; y después murió su hijo don Jaime, el cual aunque tuvo espíritus de cobrar los señoríos del padre, pero faltóle poder y favor, y así se quedó sin gozar de lo que la mala condición del padre, antes de tiempo, le quitó, siendo él inocente en todo.
Parece que el rey don Pedro había de quedar muy contento y sosegado, pues había castigado la inobediencia del rey de Mallorca, y que el infante don Jaime, que tuvo mano en todo, había de quedar muy premiado y favorecido, pero fue al revés. Era el infante procurador general del rey y gobernador de sus señoríos, y la persona a *, según la más común y desapasionada opinión, to* la sucesión del reino, muriendo sin hijos varones, * en esta ocasión no los tenía, y según habían dicho * médicos y algunos astrólogos, no los tendría en la reina * María de Navarra, su mujer, y por esto vivía el infante con alguna esperanza. Estando el rey en Valencia, le vino el pensamiento, si él moría, quién le había de heredar. Tenía en aquella ocasión dos hijas, doña Constanza, que casó con Fadrique, rey de Sicilia, y doña Juana, que casó con don Juan, conde de Ampurias, que está sepultada en la iglesia de Poblet, sobre la fuente que está * la capilla mayor y la sacristía, y había tenido otra * se llamó doña María, que murió muchacha; y quería * excluido don Jaime, heredara doña Constanza. Para asegurarse y saber de cierto lo que en esto había, mandó *tar veinte y dos personas entre letrados y teólogos, lla* de Barcelona, Zaragoza, Valencia, Lérida, Perpiñan y *Manresa, propúsoles el caso, y dice fray Fabricio Gau*to,
que el rey no miró el engaño en que andaban los *ados con él, que más por se conformar con su voluntad y opinión, que por lo querer la justicia ni consentir *razón, tomaban el partido del rey y osaban decir que * infanta, por ser hija suya, tenía más derecho en la sucesión, que el infante don Jaime, que no era hijo, * hermano del rey. Las diez y nueve de estas personas fueron de parecer que, muriendo el rey sin hijos varones, quedara doña Constanza; Ios otros dijeron que, excluidas las hijas, heredaba el infante don Jaime; y uno de ellos afirmó estaba en manos del rey hacer lo que le pareciere; y uno de estos tres era Arnaldo de Çamorera, vicecanciller del rey, y por esto fue removido de aquel cargo. No fue esta consulta tan secreta, aunque el rey lo quería, que no la entendiera el infante don Jaime, que estaba en Valencia, y tomando el rey aparte, en el aposento en que dormía, le dijo haber entendido el artículo de que se disputaba, y le suplicaba mandara cesar tal plática, porque ni era caso ni había necesidad de haber de hablar de ello, pues él y la reina eran mozos, y los dos testamentos de los reyes don Jaime y don Alfonso, su padre, vinculaban los reinos y estados a los varones, excluyendo las hembras; y el rey le respondió, que aunque parecía no haber necesidad de tal declaración, pero por ser la vida del hombre incierta, gustaba saber a quién pertenecían sus señoríos, para mayor descargo suyo. De esto quedó el infante muy descontento, y se volvió a su posada, y dio parte a algunas personas de la ciudad de Valencia, y después lo publicó al pueblo, indignándole contra del rey, el cual, a 23 de mayo de este año 1347, envió letras a todas las ciudades y pueblos más principales de sus reinos, dándoles noticia de esta declaración, de lo que tuvo el infante gran pesar, y el rey cuidado no se confederara con el rey de Mallorca y le diese lugar y paso por el condado de Urgel, para entrar en Cataluña; y por eso mandó el rey se tuviera gran cuenta con la gente que pasaba, y que si fueran correos o del infante o del rey de Mallorca, fuesen detenidos, tomándoles las cartas, y guardando los que en esto habían de entender gran secreto; *advirtióse también a los espías que el rey tenía en Mompeller, que avisaran de todo lo que sabrían. Sospechóse
*sien que el infante se quería valer de su hermano don Fernando, marqués de Tortosa, y del rey de Castilla, y * ya negociado con la ciudad de Valencia, para que * diese lugar a que el rey le quitara el cargo de la general gobernación y de procurador general suyo: el cual, *ido de esto, y no de que se compadeciese el infante *viera misericordia del desposeído rey de Mallorca, como dice un autor, le llamó y dijo, que porqué hacía aquello * pues el hacer mirar y disputar el artículo de la sucesión de la infanta doña Constanza, entendía hacerlo con *icia, y el derecho era en favor de ella, y le dio razón * que habían tratado y resuelto aquellas veinte y dos personas; pero al infante ni pareció bien el fundamento * tomaron, ni la resolución que salió de él, y pidió al * su pretensión y justicia: asignósele el día de San Juan * junio de este año 1337 en la villa de Monblanc, y *rogó que en caso conociera que la justicia era por la infanta, él, como el más principal de la corona, la quisiera jurar; y dice el rey en su historia, que el infante * lo prometió; pero no por eso dejaba de conmover a * los que podía e indignarlos contra del rey, para que le valiesen. Entonces mandóle que no usara de la procuración general, porque con ella entendía que le podía mucho ofender, y que se saliese de Valencia y que * entrase en ninguna de las ciudades más principales de * reinos, porque así no tuviese ocasión de tratar algu* cosas en su deservicio. Despidióse con esto el infante del rey, y dijo que se quería ir a su ciudad de Balaguer; y valiérale más y que gozara de la apacibilidad de aquella tierra, sin querer averiguar cosas que dentro de pocos meses le causaron la muerte, y aunque saliera bien de ellas, no viniera a alcanzar lo que pensaba; porque el rey tuvo dos hijos varones, que fueron don Juan y don Martín, que fueron reyes después del padre, uno tras otro, y todo lo que hizo el infante fue vano y su destrucción y pérdida.
La fama pública fue que el infante iba a Balaguer; pero no fue así, antes se encaminó a la parte de Zaragoza, y se detuvo en Fuentes. Los reinos de Aragón, Valencia y principado de Cataluña quedaron muy desconsolados de que mujer hubiera de heredar, habiendo varones de la estirpe real; y aunque el rey decía que casaría a la infanta doña Constanza
con varón de linaje real, pero aquellos que eran en parentesco más cercanos al rey, y a quien espectaba la sucesión de los reinos, eran casados, y era forzoso buscarlos muy remotos, y tenían por cosa muy pesada haber de tomar príncipe forastero, habiéndoles naturales, conocidos y amados de todos, e introducir que la corona viniera a mujer, cosa jamás vista en Cataluña (jamás dice: Petronila fue reina de Aragón, Ramón Berenguer IV princeps, Ramiro II rey), porque adivinaban, en tal caso, lo que había de haber. Estando en estas tribulaciones y pesares, sobrevino un gran consuelo, porque la reina parió un hijo, que llamaron Pedro, como al padre; y fue tan grande el contento que todos generalmente recibieron de su nacimiento, que dice el rey, que iban todos absortos y pasmados, y parecía habían perdido el juicio, porque iban bailando por las calles, (sardanas de Cerdeña serían) haciendo mil demostraciones de júbilo y contento, por haber nacido con aquel muchacho la paz y consolación de todos y sosiego de la corona. Fuera gran cosa si hubiera durado, pero murió el *mimos día, y está sepultado en el monasterio de Poblet, * de aquellas cinco sepulturas que están en la pa* la capilla de san Antonio; y fue tan general y gran* sentimiento de todos, que para encarecerlo, dice el * que fue mayor que el contento habían tenido el día precedente; y cinco días después falleció la reina doña * del trabajo que había pasado en aquel parto, y está sepultada en la iglesia de San Vicente de la ciudad de Valencia: su simulacro de alabastro está en el monasterio de Poblet, donde ella escogió su entierro, sobre la sepultura del rey, su marido, con dos de las otras mujeres *que tuvo; pero el cuerpo, a lo que entiendo, se quedó en la ciudad de Valencia.
Después que el infante quedó privado del oficio de procurador general, removió el rey todos los oficiales que el infante había creado, y puso otros, de quien él pudiera con seguridad confiar; y en los pregones y edictos * decían, que regían aquellos cargos de la gobernación real por la infanta doña Constanza, hija primogénita del rey y sucesora en los reinos y estados, en caso que * rey no tuviera hijos varones, y por esta gran novedad
* estos reinos causó general alteración en todos ellos, * la gobernación general jamás fue visto administrarse por ninguna hija de rey, sino por el infante primogénito o por el más propincuo del rey; y por facilitar * en cuanto era de su parte, que la infanta fuese ca* de aquel cargo, la emancipó delante de muchos pre* y ricos hombres, y luego el infante don Pedro, tío del rey y tutor y curador de la infanta, en manos del * hizo juramento y homenaje de tenerla por primogénita y sucesora, con limitación que, si viviendo el rey
era declarado que la sucesión pertenecía al conde de Urgel y no a las hijas del rey, el homenaje fuera de ningún efecto; y esto mismo juraron don Hugo de Fonollet, obispo de Vique, don Bernardo Hugo, obispo de Elna, y muchos caballeros, ricos hombres y todos los de casa del rey y oficiales suyos referidos por Gerónimo Zurita, en la misma forma que lo había jurado el infante don Pedro. Cuando esto pasaba, estaba el infante don Jaime en
Fuentes, y no osaba entrar en Zaragoza, por habérselo prohibido el rey; y desde allí despachó letras a todos los ricos hombres, barones, caballeros, meznaderos y procuraderos de las ciudades y villas de Aragón y Cataluña, para que alcanzasen del rey que alzara la prohibición tenía de no entrar en las ciudades más principales del reino, y que acudieran al lugar de Fuentes, donde él estaba, que tenía negocios importantes de que darles parte. Y dice el rey en su historia, que en aquella ocasión había bandos en Aragón, y que el infante los metió en paz, para que hechos amigos, mejor hiciera sus negocios, valiéndose de ellos, lo que fuera muy dificultoso, perseverando los odios y malas voluntades. Aquí les informó largamente de la queja tenía del rey, por haberle quitado la general gobernación, cargo que de derecho le tocaba, y que le antepusiera a la infanta en la sucesión del reino. No cabían ya en Fuentes, y sin reparar en la prohibición
y mandato del rey, se pasaron a la ciudad de Zaragoza, y despidieron letras al infante don Fernando, marqués de Tortosa, y a don Juan, hermano del rey, que estaban en Castilla, y a todos los ricos hombres y caballeros *ausentes que se vinieran a juntar con ellos, para tratar * como se repararan los agravios y perjuicios *cibido del rey y ministros suyos, y la enmien*ia de tomar de los privilegios, fueros y demás *as quedaban rompidas, y abusos hechos en per* las libertades de aquel reino. Deseaban, por es*recer de la reina doña Leonor, madrastra del * los infantes, sus hijos, ricos hombres, prelados, * y universidades del reino, y que todos se jun*cieran un cuerpo y liga, a que pusieron nom* , para suplicar al rey el reparo de todo lo que *ho; y esta liga y unión pareció a todos tan jus* puesta en razón, que casi todos los de aquel * juraron, excepto muy pocos, y entre estos las *ciudades de Huesca, Daroca, Calatayud y Teruel, que *eron bien en ella. Hicieron su sello, como se * comentarios de Gerónimo Blancas, y en el gra* rey sentado en su trono, con cetro en las ma*ona en la cabeza, y a sus pies el pueblo arma*dillados, alzadas las manos, como que piden al* y al derredor unas letras que dicen: UNIONIS *UM SIGILLUM; y nombraron sus conservado* se era usado en otras ocasiones, que mandaban * ordenar algunas cosas, haciendo actos de juris* superioridad que no debieran; y escribieron al *ándole fuera a Zaragoza a celebrar cortes, cer* que aquella unión era hecha en honra y servi* corona real, y en conservación de ella y de sus *cias. Los conservadores eran el infante don Jaime, conde de Urgel, con diez ricos hombres, dos meznaderos, siete caballeros y once ciudadanos de la ciudad de Zaragoza, que nombra Zurita. Cuando el rey supo esto, partió de Valencia y vino a Barcelona, pero apenas había salido de aquella ciudad, cuando estando en Cabanas (Cabanes), entendió que habían firmado los valencianos la unión con los aragoneses, y aunque don Pedro de Ejérica, gobernador general en aquel reino, lo quiso impedir, no fue poderoso para ello, y entendió el rey que todos aquellos movimientos eran por regirse el oficio de procurador general en nombre de la infanta, y que aunque en Cataluña no habían consentido en la Unión, pero no estaban menos desconsolados que los de Aragón y Valencia, porque a todos sabía mal que mujer hubiera de heredar, y así mandó que no se pusiera más en los pregones y edictos, que regían por la infanta, sino por él; y aunque los catalanes quedaron contentos, pero los aragoneses y valencianos perseveraron en su Unión, y requirieron a don Pedro de Ejérica, que se juntara con la reina doña Leonor y sus hijos y con los demás de la Unión; pero aunque él lo desvió todo lo posible, resistiendo en todo, no fue poderoso a apartarles de aquel propósito y voluntad. Estando el rey en Tarragona, vinieron a él Miguel de
Urrea, gobernador, y García Fernández de Castro, justicia de Aragón, a persuadirle que fuera luego a Zaragoza y a animar a la ciudad de Huesca y demás pueblos, y a todos los de aquel reino que no habían jurado la Unión y perseveraban en su servicio, porque era contingente y si él tardaba a venir, que se apartarían de él, juntándose con los demás, y reducir a él a muchos de ellos; y * que pareció bien al rey, no fue allá, porque le vino nueva que el rey de Mallorca era entrado con armas en Rosellón, y tomaba algunos pueblos de aquel condado. Estuvo el rey suspenso donde acudiría, y sin tomar sobre esto consejo, escogió acudir a Rosellón, porque era más conveniente resistir a los enemigos forasteros, que averiguar los movimientos de los de la Unión, que como nacían de rompimiento de privilegios y libertades, era fácil remediarlo, pues en otorgando lo que ellos querían, habían de quedar contentos, y era poco o nada lo que se podía perder en ello. Pasó por Barcelona, por prevenir que esta ciudad ni el principado de Cataluña no entraran en ella ni la juraran, porque decía que con el socorro de esta ciudad y principado podía muy bien resistir a los de la Unión y al rey de Mallorca, y volver sus reinos al estado de antes. En Barcelona se detuvo poco más de un día, porque supo por el camino, que el de Mallorca había tomado el lugar de Vinçá. Entonces convocó el usaje Princeps namque, porque le vino nueva, que el de Mallorca había ya tomado a Puigcerdá y aun todo el Conflent, donde aún le quedaban algunos amigos que, sentidos de sus infortunios, le tenían lástima y deseaban cobrara lo que le había sido confiscado. Pero esto duró poco, porque todo aquel favor que halló con aquella gente, con la venida del rey se exhaló, y él se hubo de retirar a Francia, dejando la empresa había comenzado, y el rey dentro de pocos días recuperó todo lo que el rey de Mallorca había tomado, y se fue a Perpiñan.
Cuando estas cosas que acabamos de contar pasaban en Rosellón, requirió el rey a los aragoneses le fueran a servir en aquella guerra, pero estos hallaron tantas causas y razones, que se escusaron de ella, y estas las refieren los escritores; y las cortes que el rey había días antes convocado para Zaragoza, las mudó a Monzón, por estar más vecino a Cataluña. Mandó a don Pedro de Ejérica y otros caballeros se vinieran a la ciudad de Lérida y estuvieran a punto para poder resistir a los de la Unión, si menester fuera; pero don Pedro tenía tantos aprietos en Valencia, que hacía harto en conservarse en aquel reino, y estaba el rey muy temeroso, que en aquellas cortes no concediera a los aragoneses algunos privilegios que fueran perjuicio y disminución de la corona real, de cuyas preeminencias fue siempre muy cuidadoso, o hubiera de apartar de su casa y servicio algunos ministros que no gustaban los reinos quedaran en él, y por poderse evadir de esto, a 9 de julio, con gran secreto, mandó llevar auto de un protesto o declaración que hizo, siendo testigos de ella el obispo de Vique y el vizconde de Illa, y Galceran de Anglesola, señor de Bellpuig, que también se lo habían aconsejado, y en suma era, que cualesquiera concesiones que diese a los del reino de Aragón, que no fuesen según derecho o fuero, o por alguna causa justa, o cualquier suspensión o privación hiciese de los ministros y oficiales de su consejo y casa, fuesen de ningún valor y efecto, como hechos por fuerza; y requirió a don Juan Giménez de Urrea, señor de Biota, y a Juan Giménez, su hijo, y a don Pedro Cornel, que eran de los más principales de la Unión, que se fueran para él, según estaban obligados en algunas convenciones habían firmado, pues les tenía que consultar algunos negocios; pero ellos se excusaron, y el número de los que acudían a la *Unión era grande y de cada día se aumentaba más; y
* asegurarse de los de su casa y que no le dejarían, mandó hacer sacramento y homenaje de que bien y lealmente le servirían y serían de su parte, y aun protestaron *, si acaso formaran la Unión, sería por fuerza y contra su voluntad, por no poder hacer otra cosa; y con color * defender los condados de Rosellón y Cerdaña, pidió a los catalanes se pusieran en armas, para valerse de ellos, si era menester, contra los de la Unión. Estando en Barcelona, determinó de tener las cortes a los aragoneses y *ediar las cosas de aquel reino, aunque no menos lo *necesitaban las del de Valencia, donde aguardaban los de la Unión grandes socorros que había de llevar de Castilla el infante don Fernando, marqués de Tortosa; y fue de * servicio del rey el buen cuidado de don Pedro de *rica, que gobernaba aquel reino y guardó que la Unión *no se extendiera más. A la isla de Mallorca enviaron dos *síndicos, para que los de aquel reino la juraran; pero no hicieron cosa, porque Felipe de Boil, que era gobernador, * buen modo y mansedumbre los obligó a perseverar en servicio del rey, el cual deseaba, que aquellas cortes convocadas para Zaragoza fueran en Monzón, porque estaba, según él decía, más vecino a Rosellón, donde decía que *podría ser viniera el de Mallorca; pero ellos entendieron * aquella no era la verdadera razón, sino que el rey que* estar vecino a Cataluña, para poderse valer de la gente del principado, si menester fuera; pero ellos siempre perseveraron que las cortes habían de ser en Zaragoza, y el rey * otorgó, porque estaban muy poderosos y alterados, y * las convocaron para el día de Nuestra Señora de agosto, y el rey fue tan diligente, que a 3 del mes ya estaba en Lérida, y poco a poco se iba acercando a Zaragoza; y los de la Unión le suplicaron fuese por Fuentes, porque le querían hacer un solemne recibimiento, y así lo hizo, y siendo junto a la ciudad, le salieron a recibir sus hermanos, los infantes don Jaime, conde de Urgel, y don Fernando, marqués de Tortosa, y don Juan, que pocos días antes era venido de Castilla, con quinientos caballos. Salieron al recibimiento con ellos todos los ricos hombres, caballeros, ciudadanos y síndicos de las universidades, y demás que estaban en aquella ciudad y pasaban de ochocientos de a caballo, y le acompañaron hasta la puerta de la Aljafería, pero ninguno de los de la Unión entró dentro, y el rey declaró y publicó, que el sábado primero, en la iglesia de San Salvador habían de comenzar las cortes, y en este día acudieron allá los tres hermanos del rey y todos los que tenían lugar en ellas, y no quisieron dar asiento a los síndicos de las ciudades que no habían jurado la Unión; pero el rey se lo mandó dar, y dice en su historia, que aquel día se vio en aquella ciudad la flor de todo el reino de Aragón.
Cuando todos estuvieron juntos, salió el rey a un púlpito que estaba adornado muy solemnemente, e hizo la proposición, porque era hombre muy entendido y buen hablador: la suma de él fue, que era obligación guardar justicia a los vasallos y sus fueros y libertades, y que si hasta aquella ocasión no les había celebrado cortes, fue por muy justas causas y ocupaciones había tenido después que era rey, así en resistir al rey moro de Benamarin, que había pasado a España para conquistar el reino de Valencia, como en la ejecución que hizo contra del rey de Mallorca, y otras; y * deseaba entrar en aquella Unión y ser uno de ellos, * les advertía y rogaba, que las cosas que pensaban pe* en aquellas cortes fuesen tales, que él las hubiera de otorgar: remató su plática alabando la nacion aragonesa, de tal manera, que todos quedaron contentos y gustosos. El obispo de Huesca respondió por los eclesiásticos, y el infante don Jaime por los demás, haciéndole todos gracias por su venida y por lo que había dicho, y le acompañaron a la Aljafería, donde después fueron muchos de aquellos ricos hombres y caballeros a hablarle y hacerle reverencia, lo que no pareció bien los demás, sospechando que el rey les indujera a su voluntad, y aun pusiera división entre ellos, y así ordenaron que nadie en particular
fuera osado ir a hablar al rey, sino todos juntos. El *mes siguiente se juntaron en el monasterio de los frailes predicadores, y aquel día todos los de la Unión llegaron armados, y el rey les envió a Diego Díaz su vicecanciller, para que las prorogara para otro día; y llamó al justicia de Aragón, para saber de él porqué iban de aquella manera armados a las cortes, porque si pensaban estar de aquella manera, él no iría a ellas; y el justicia dijo, que aquello le había parecido muy mal, y así lo había dado a entender a los infantes, y le habían dicho, que acudir armados a las cortes era costumbre antigua, no para mal fin alguno, sino solo para poder departir las cuestiones y bregas que solían ofrecerse cada día entre los que concurrían a ellas, * por asegurar esto, publicó la ciudad pregones, en que mandó so graves penas, que nadie fuera armado a las cortes, y cierta gente armada de a pie y a caballo rondase la ciudad, porque no se levantara alboroto alguno, y estuviese la ciudad segura. El día siguiente fue el rey a las cortes, y sin ser requerido, juró todos los fueros y libertades: entonces le requirieron y suplicaron, que no diera lugar que ningún catalán entrara en las cortes, y sacara de su consejo a los que había en él de los condados de Rosellón y Cerdaña; y así se salieron de las cortes el arzobispo de Tarragona y don Bernardo de Cabrera y otros, y esto se lo explicó el infante don Jaime, en nombre de todos, con grandes veras, y con motivo de evitar algunos escándalos se pudieran seguir; y el rey, que no gustaba de ello, quiso que aquello se votase, con pensamiento que si salía no salía con ello, a lo menos conocería el ánimo de ellos, y así se votó y prevaleció que salieran todos. Habilitadas las personas, se dio principio a tratar de los negocios para que habían sido convocadas las cortes: el primero fue pedir la confirmación de un privilegio concedido por el rey don Alfonso, hijo de don Pedro y hermano mayor del rey don Jaime el segundo, que contenía, que hubiesen cada año, por Todos Santos, celebrar los reyes cortes a los aragoneses, y que los que en ellas se juntasen, tuviesen poder de elegir los del consejo del rey y de sus sucesores, por lo que, y otras concesiones contenidas en él, les ponía en rehenes, y obligaba diez y siete castillos de los mejores de Aragón y Valencia; pero el rey no lo quiso confirmar, porque decía, que por prescripción y per non usum estaba revocado, porque habían pasado más de sesenta años en que no se habían valido de él, y era de notable perjuicio para la Corona; pero con todo prometió el rey que estaría a lo que declarase el justicia de Aragón, pero no bastó esto, porque le hacían gran instancia para que lo confirmara, * y los infantes, sus hermanos, eran los que más lo pedían, hasta decir que, si no lo confirmara, procederían a *la elección de otro rey; y así, protestando delante del castellande Amposta y de don Bernardo de Cabrera, que lo *hacía por fuerza y por no poder más, muy contra su voluntad lo confirmó, y entregó diez y seis castillos por rehenes, según la disposición del privilegio; y porque los de Teruel no consintieron a ello, ni jamás quisieron jurar la Unión, dio privilegio y exención de ciudad, prometiendo de hacer que se erigiera iglesia catedral. Fueron testigos de esta merced los infantes, el arzobispo de Tarragona, don Lope de Luna y don Blasco de Alagón, pero la *creación no fue hasta el año de 1577, siendo pontífice Gregorio XIII, y reinando en Aragón el rey don Felipe el primero. Entonces el rey don Pedro, instado de los de la Unión, apartó de su casa las personas que quisieron, aunque protestó secretamente que aquello lo hacía por fuerza y * de su grado, y le dieron otros; después le pidieron que echara de su casa a don Bernardo de Cabrera, su gran privado, y a todos los catalanes, y confirmase las donaciones hechas a su madrastra, la reina doña Leonor, y sus hijos, granjeando con esto al infante don Fernando, marqués de Tortosa, que con quinientos caballos estaba a la frontera del reino, y se era partido de las cortes sin licencia del rey. Publicáronse pregones después, que todos los que no eran de la Unión se salieran de la ciudad dentro de tres días, y pasados ellos, fuera lícito a cualquiera matarlos impunemente; y el rey, por sacarles de peligro, les acogió en la Aljafería, entretanto que tardaban a partirse. Diéronse memoriales de diversos agravios, y el rey no los quiso admitir, porque todos eran en diminucion de sus regalías, y los remitió a los de su consejo, y por esto se persuadieron que los que habían quedado en casa y servicio del rey le inducían a que no consintiera en sus demandas, y así, con color de que no estaban seguros, le pidieron que se les entregasen por rehenes, y así se hizo, y les pusieron en lugares seguros, apartados unos de otros, para que no pudieran comunicar entre sí.
Quedó solo con el rey don Bernardo de Cabrera. Era este caballero hombre de gran consejo y prudencia, y muy valiente por su persona, y de los mejores políticos de estos tiempos, y por esto muy estimado del rey don Pedro. Habíase retirado este caballero en el monasterio de San Salvador de Breda, de monjes claustrales del orden de san Benito, dejando los negocios del mundo, para darse del todo a Dios, pero el rey, por valerse de sus consejos, le sacó de aquel retiro. Sirvióle todo lo que un buen y noble vasallo
pudiera servir a su señor, y fue el mayor privado de aquel rey, aunque tuvo tan infeliz y desdichado fin, como fue mandarle el rey cortar, en el mercado de Zaragoza, públicamente la cabeza, después de haberle hecho un grande proceso, que he visto hartas veces en el archivo real de Barcelona, y advertido, que los motivos por que fue condenado constaban más al rey, que averiguados en proceso, habiéndosele dado poca audiencia y lugar para defenderse, según él había persuadido al rey lo hiciera con algunos que mandó matar. Este, pues, dijo al rey, que aquello que le habían pedido los de la Unión era muy perjudicial a su corona, mas si él le daba licencia, se obligaba a meter tal plática
con ellos, que había de quedar muy disminuida la fuerza de aquella Unión, y ganar en servicio suyo gran parte de los que la habían jurado; y el rey dijo, que se tendría por servido de ello, y con la traza de este hombre, de esta hora tuvo principio la destrucción del infante don Jaime, y las fuerzas de aquella Unión se fueron desvaneciendo. Había en la ciudad de Zaragoza ciertos bandos que decían de Tarines y Bernardines, y eran muy poderosos en aquella ciudad. Don Bernardo de Cabrera, con sus mañas, ganó para el rey a Galacian de Tarba que era cabeza de los Tarines, y Álvaro de Tarin, y les prometió, en nombre del rey, a aquel hacerle del consejo real, y a éste darle oficio preeminente en la casa real; y con esto apartó de la Unión a todos los de aquel bando, entre ellos a don
Lope de Luna, señor de Segorbe, que era el más principal de todos los caballeros del reino de Aragón, y el rey le perdonó cualquier ofensa le hubiera hecho, y aun le prometió, que si los infantes don Jaime y don Fernando hiciesen guerra a éI o a sus vasallos, tomaría la defensa de ellos, y no daría oficio de jurisdicción al infante don Jaime, sino con voluntad y consentimiento suyo, porque no tuviera ocasión de molestar a sus vasallos; y aun le prometió dar la gobernación del reino de Aragón, que tenía Miguel Pérez Zapata, a quien decía que daría otro cargo, y don Lope prometió serle fiel y buen vasallo, y de aquella hora adelante muchos de los parientes y amigos suyos se redujeron al servicio del rey, y desampararon al infante don Jaime, y con esto el rey andaba dilatando las cortes, porque con la dilación se mejoraba su partido, pero los de Ia Unión ya barruntaban estas confederaciones, y había muchos que estaban muy sentidos que los infantes don Fernando y don Juan metieran gentes forasteras en el reino, por ser aquello cosa que no se era hecha en otras uniones había habido, y temían que aunque era con color del bien público, no parase en hacer ellos su negocio, desamparando la Unión, cuando más necesitase del socorro de ellos. El rey andaba disponiendo sus cosas para deshacer aquella unión, y escusaba acudir a las cortes; pero fue tan solicitado, que no lo pudo escusar, y fue allá más con pensamiento de mostrar más la indignación y saña había concebido contra ellos, que de otorgar cosa que le pidieran ni de sosegar aquella junta. Estando en la junta, le pidieron que concediera y firmase * capítulos que allá se leyeron, muy perjudiciales, según él decía, a la Corona; y el infante don Jaime era el que más instaba, y enfadado de ello el rey, le dijo en alta voz, y en presencia de toda la junta, estas palabras: "¿Y cómo, infante, no os basta que vos seais cabeza de la Union, que aun quereis ser amotinador de nuestro pueblo, alborotándole? Nosotros os decimos que lo haceis muy malamente y con grande falsedad, y como á gran traidor que sois, y esto os
lo mantendremos en batalla de vos á mí, armado o desarmado, averiguándolo a punta de espada, y os haremos confesar con vuestra boca, que lo que habeis hecho es cosa muy fuera órden, y para esto renunciaré á la dignidad real y á la primogenitura, y os absolvemos de la fidelidad á que me estais obligado." Y dicho esto, el rey se sentó, y ya antes había prevenido a Pedro Giménez de Pomar y a Gonzalo de Castellví, que se sentaran a los pies del infante, porque si hiciese algún ademán o movimiento contra del rey, lo mataran. Y el infante, oídas aquellas palabras, le dijo: "Yo, señor, á vos no digo nada, mas digo que cualquier hombre, * de vos, que dijera lo que vos decis, miente por la
*" Y vuelto al pueblo, dijo: "Oh pueblo menguado, *mirad que tales estais, y si a mí, que soy su hermano y lugarteniente, dice lo que habeis oido, cuánto mas os dirá a vosotros!"
Y luego sentóse. Alzóse luego Juan Giménez de Urrea y quiso hablar por el infante, mas el rey le mandó que se sentara y no se metiera entre él y el infante, amenazándole, si hablaba palabra; y el don Juan se * muy alteado, y se le echó de ver en el rostro.
* Guillen de Çacirera, que era camarero del infante *domiciliado en el condado de Urgel, y todos los de * linaje habían siempre sido muy grandes servidores de los condes, y aun entiendo había entre ellos algún parentesco, no pudo sufrir lo que oía, y se levantó, y en altas voces dijo: "¡Válame Dios, que no haya ninguno que responda por el infante, mi señor, que es reptado de traición!"
* dice el rey, que para más alborotar el pueblo, abrió * puertas, y entró mucha gente muy alterada; y to* aquellos que eran de la parte del rey, de quienes * había tomado sacramento y homenaje, se apartaron a * parte, con las espadas en las manos; y el rey se salió fuera y fue a la Aljafería, y fue muy gran suerte que * día no aconteciera alguna gran desdicha, pero Dios * guardó del mal pudiera suceder. Los de la Unión, co* vieron que el rey tenía tanta gente de su parte, cosa * ellos no pensaban, decían: "Bien parece que hay alguna *ande liga, que á no haberla, no dijera el rey las palabras * que todos hemos oído.»
Deseaba el rey dar fin a aquellas cortes, porque las cosas de Cerdeña estaban en mal estado, y el rey de Mallorca andaba inquieto: era requerido que revocara todo lo hecho en favor de la sucesión de la infanta doña Constanza y en perjuicio del infante don Jaime; y al rey le sabía muy mal haber de pasar por esto, y quería dejar las cosas en el estado que estaban; pero reparaba en el daño podía venir a aquellos caballeros que habían entregado por rehenes a los de la Unión; y don Bernardo de Cabrera, gran privado del rey, era de parecer, que el rey se partiera secretamente y dejara los rehenes en poder de los de la Unión, e hiciera cuenta de haberlos perdido en batalla; pero el rey, aunque era muy fogoso y ardiente, no quería que lo pasaran mal aquellos que por su servicio se eran puestos en poder de sus enemigos, ni era servicio de Dios hacer tal cosa, y escogió antes, de otorgar todo lo que le pidiesen, que no que padecieran sus servidores, porque su intento era proseguir contra de ellos por fuerza de armas, y defender su derecho todo lo posible; y así les concedió todo lo que le pidieron, y restituyó al infante don Jaime el cargo de procurador general, de lo que quedaron todos muy contentos, y un miércoles, a 24 de octobre, después de haberles hecho un razonamiento muy concertado, licenció las cortes, y se le entregaron aquellos caballeros que había dado en rehenes, y luego se partió para Cataluña, con intento de juntar la gente de a pie y de a caballo que pudiera, para hacer guerra poderosamente a todos los de la Unión; y mandó a los consejeros le habían dado, que le siguieran, pero no osaron, temiendo que en ser en Lérida, los mandaría matar a todos. Algunos de la Unión le siguieron para rematar algunos negocios, pero él no les quiso escuchar, pues harto tiempo * tenido cuando duraban las cortes, y él no estaba *entonces para entender en lo que le pedían; y de esta manera llegó a la barca del río Gállego, donde le dejaron, * bajó del macho en que iba, y pasó el río, y sin aguardar * caminó a pie hasta una torre que decían de Al*es; y aquella noche durmió en Pina, y la siguiente en *Candasnos, y después la otra en Fraga. Aquí cuenta el rey en su historia, que cuando fue a vista de Fraga, le dijo * Bernardo de Cabrera: "Señor, aquel lugar que se ve * Cataluña;" y el rey respondió: "¡Oh tierra bendita, * de lealtad! Bendito sea Dios, nuestro Señor, que *me ha dejado salir de tierra rebelde y maldita, y maldito * quien metió el mal en ella, que también estaba pobla* de leales; mas tenemos fé en nuestro Señor, que la *erá en su estado, y castigaremos aquellos que metieron * mal en ella." Estando aquí el rey y don Bernardo de Cabrera, trataron de no hacer cosa, sin consentimiento del infante don Pedro, tío del rey, que era el más anciano de la casa real y todos le querían bien.
Aunque hubiera concedido el rey a los de la Unión todo lo que le habían pedido, pero quedó tan indignado con * y más con el infante don Jaime, su hermano, que * el más principal y cabeza de ella, que no pensaba sino * revocaría lo hecho, y aun se vengaría de ellos. Aconsejó al rey don Bernardo de Cabrera, que hiciera sabedor al infante don Pedro de los agravios (que este nombre da* a las acciones del infante) que él le había hecho en * deshonor de su corona, siendo el autor de renovar * ella Unión, y le acordara de haber desafiado al mismo infante don Pedro, porque no venía bien a ella; y que diese orden que si el infante don Jaime iba a Cataluña, fuese detenido, y que no pudiese volver a Aragón, y que el infante don Pedro, con los barones que pudiese tener de su parte y con el favor del rey, le moviese guerra, y ante todas cosas le quitase la procuración general, y todos los barones de Cataluña juntamente le desafiasen: y esto dicen que le aconsejaba don Bernardo al rey, por escusar guerra entre el rey y sus súbditos, porque quería que antes que se procediese contra los de la Unión, el infante estuviese en * estrecho, que el rey se pudiese apoderar de su persona, y avisaron al infante don Pedro de todo esto, y que lo comunicase con el obispo de Vique y con el vizconde de Illa.
De Fraga se fue el rey a dormir a Lérida, y en aquella ciudad quiso tener las cortes, y satisfacer a todos los agravios que los catalanes hubieran recibido y granjearles de manera, que le ayudaran a deshacer y aniquilar la Unión, pero presto mudó de parecer, y escogió para ello la ciudad de Barcelona, porque el infante don Jaime estaba de asiento en Lérida y allá tenía su casa y familia, y se receló el rey que sus amigos y aliados, por favorecerle, no perturbaran las cortes y movieran alborotos, y que aquella ciudad estaba muy vecina al condado de Urgel y vizcondado de Ager, de donde podían venir al infante socorros, y era muy fácil dar paso por sus tierras a las gentes de Francia que estaban por el rey de Mallorca; y para escusar todo esto, fue más a propósito tenerlas en Barcelona.
Estando el rey en Lérida, llegó a él el infante con cuatro mensajeros de los que tenían la voz de la Unión en * reino de Valencia, y pidieron algunas cosas que parecieron *rey no deberse otorgar, por ser en perjuicio de la corona real; y así les dijo que por entonces no había lugar, que iba a Barcelona para celebrar sus bodas, y después iría a Valencia, donde convocaría cortes a los de aquel reino, y procuraría que todos quedaran contentos; y Rodrigo Díaz, su vicecanciller, les rogó, en nombre del rey, * no innovasen cosa hasta que él fuera allá. Pocos días después de venido el rey a Barcelona, y empezadas ya las cortes, llegó el infante don Jaime, enfermo de la enfermedad de que murió, cuyos accidentes sin duda debieron * lo que se había tratado entre el rey y don Bernardo de
Cabrera y el infante don Pedro; y el rey le salió a recibir, con mucha demostración de alegría; y la calle por *donde entró, que era la del Carmen, estaba muy adornada, * otras fiestas y entremeses que se hacían por su venida, fue que un volteador muy diestro andaba dando vuel* la una parte de la calle a la otra, sobre una cuerda muy delgada; y el rey se volvió al infante, y le dijo que * aquello, pero el infante estaba tal, que no lo vio, * llegado a su posada, falleció dentro de pocos días. Sos* que su enfermedad nació de haberle dado veneno * orden del rey, su hermano, que, según lo que le acon* Bernardo de Cabrera, se había tratado con el infante don Pedro que hiciera con el infante; y haber teni* muerte tan acelerada, después de los disgustos tu* con el rey, se puede muy bien creer que sabía en ello, *porque a los reyes siempre les son sospechosos aquellos que * inmediatos a la sucesión del estado. Pedro Tomic, *Marineo Sículo, Gerónimo de Blancas, Zurita, el padre *Mariana, de la compañía de Jesús, el abad Carrillo, todos lo entienden así: aunque Marineo le llama Ferna* fray Fabricio Gauberto, monje cisterciense, dice lo * y añade, que maestre Arnaldo de Vilanova, célebre * de estos tiempos, dijo al rey en cierta ocasión estas palabras: "Porque matais vuestros hermanos, quieren lo * mueran los vuestros sin dejar herederos;" y aunque * médico no era profeta, veremos cuán verdadero salió *pronóstico, pues no quedaron hijos de don Juan y de don Martín, hijos del rey don Pedro, y vino a suceder el *infante don Fernando de Castilla (también de la casa real de Aragón, por parte de madre), quedando excluida la * doña Isabel, que, según veremos en su lugar, fue * de Urgel; y aunque era la más cercana al rey don * y a sus dos hermanos, los reyes don Martín y don *Juan, que murieron sin hijos varones, quedó excluida, * heredar la corona el infante don Fernando de *Castilla (de Antequera) nieto del rey don Pedro, que fue hijo de doña * que casó con el rey don Juan de Castilla. No he *hallado el día que murió el infante, y aunque en un libro *entierros del monasterio de San Francisco se hace memoria de su muerte, pero calla el día y no acierta el año, en vez de decir 1347, dice 1300: lo cierto es que a los últimos de noviembre, o a los primeros de diciembre * en el mismo día que llegó a Barcelona la armada *de Portugal, que llevaba a doña Leonor, hija del rey don * para casar con el rey don Pedro, y fue a 15 de no* después de diez y nueve años y algunos meses que * el rey, su padre, el título de conde de Urgel y vizcondado de Ager.
Este fue el fin del infante don Jaime de Aragón, conde de Urgel, vizconde de Ager, señor de las baronías de Entença y Antillon, en el reino de Aragón, y otras en el reino de Valencia, a quien cogió la muerte a los treinta * poco más o menos, de su edad, y cuando mayor *sosiego y quietud se prometía, pues había alcanzado todo lo que deseaba; príncipe que mientras no trató de la sucesión que de justicia le pertenecía, en la corona, fue amado * querido del rey y de todos los grandes de estos reinos, y * primero del consejo real; pero el día que se quejó de *sinrazón que se le hacía en jurar a la infanta doña Constanza, perdió todo el merecimiento había ganado con el rey *hasta aquel punto, y servicios le había hecho, y le persiguió con tantas veras, que no paró hasta dar con él en la sepultura, sospechoso que no se le levantara con el reino, * muriendo sin hijos, de derecho y justicia era suyo, y * los testamentos de los reyes antiguos, no valiéndole * de su linaje y sangre y la persona a él más cercana.
Dejó en su testamento que fuese fundado en la ciudad de Balaguer un monasterio de monjas del orden de san Francisco, y en la iglesia de él, que se erigiese un sepulcro para su cuerpo, y dejó para todo hacienda competente; y por *haber muerto en Barcelona, fue depositado en el monasterio de san Francisco, junto al altar de San Nicolás, que es el altar mayor de aquella iglesia, con intención de trasladarlo a Balaguer, según él había ordenado; pero esta traslación, a lo que entiendo, aun está por hacerse, antes fue de aquel lugar llevado a la capilla de Santa Elisabet del dicho monasterio de san Francisco, y enterrado en ella, en el mismo lugar donde están enterrados otros cuerpos de personas de la casa y linaje real de Aragón: y porque no se perdiera del todo la memoria de este príncipe, queda un cenotafio, con sus armas, a la parte de la epístola, * es el más cercano a la sacristía de dicha iglesia. S* cenotafios unos sepulcros vacíos, hechos para honrar * muertos y conservar sus memorias, y han dado ocasión a no pocos engaños en los sepulcros de reyes y santos, *dose algunas iglesias y pueblos honrar los cuerpos que *mente no tienen. En este del infante don Jaime, ninguno de los otros hay a los lados de aquel altar, *gun cuerpo, salvo el de la reina doña Leonor de * hija que fue del infante don Pedro, que se conserva *entero y sin corrupción alguna. En este cenotafio del * don Jaime están sus armas, que son un escudo part*pal: a la parte derecha están .... izquierda los .... En esta capilla de *santa Elisabet está en el día de hoy reservado el Santísimo Sacramento.
Dejó el infante don Jaime un hijo, que fue don * el cual fue conde de Urgel, y hablaremos de él más adelante, y una hija, que casó con don Hugo Folc, vizconde de Cardona, tercero de este nombre, y fue la * mujer, de quien quedaron un hijo y tres hijas. El * don Antonio de Cardona, que fue virey de Sicilia, * con doña Leonor, hija de don Pedro de Villena, * descienden los Cardonas de Nápoles y Sicilia: las hijas * la una con el conde de Pallars, la otra con don Guerau Alamany de Cervelló, y la otra con el conde de Ampurias *vo también el infante una hija natural, que casó * caballero del linaje de los Torres, de quien quedan * de hoy descendientes, y en un cuarto del escudo de su * pintan las del infante; y en la iglesia de Nuestra Señora *Pino de Barcelona, donde tienen su entierro, quedan aún muchos paveses y banderas muy antiguas, que sirvieron en los entierros de algunos de aquella casa, que están colgadas en * capilla de san Juan, y aún tienen el día de hoy algunos heredamientos en el condado de Urgel, que fueron de sus pasados, o les vinieron por este casamiento.