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martes, 23 de junio de 2020

ALFONSO V INTERVIENE EN LA LUCHA DE LOS MARCILLA Y LOS MUÑOZ, Teruel

330. ALFONSO V INTERVIENE EN LA LUCHA DE LOS MARCILLA Y LOS MUÑOZ (SIGLO XV. TERUEL)

ALFONSO V INTERVIENE EN LA LUCHA DE LOS MARCILLA Y LOS MUÑOZ, Teruel

Desde que el Jueves Santo de 1325 saltara la primera chispa entre las familias Marcilla y Muñoz, Teruel no conoció tregua, pues la ciudad estaba en realidad dividida entre los partidarios de una u otra, lo cual afectó a la vida diaria de los turolenses. En muchas ocasiones, se vio obligada a intervenir no sólo la justicia local, sino también la real y, a lo largo del tiempo, muchas fueron las vidas que acabaron segadas como consecuencia de la aplicación de una u otra justicia.

Un siglo más tarde, en 1427, el rey de Aragón Alfonso V había convocado Cortes en Teruel, de modo que la ciudad se aprestó a recibir a todos los representantes de los distintos brazos. Ni siquiera entonces hubo calma entre las familias Muñoz y Marcilla, que protagonizaron un grave incidente en Cella, cuando el propio rey estaba ya en Teruel.

El día 5 de diciembre, Alfonso V se personó en la sala donde se celebraba el juicio dispuesto a imponer su autoridad, pero el juez turolense, Francisco de Villanueva, suspendió el juicio, considerando que la presencia del monarca era un auténtico contrafuero. Todo fue en vano. Alfonso V se encolerizó y, ante el asombro de todos, mandó decapitar al juez.

El pavor se enseñoreó de la ciudad de Teruel, pero el rey parecía estar dispuesto absolutamente a terminar con tan peculiar y estéril lucha familiar. De modo que, además, sin tener en cuenta lo que el fuero disponía a este respecto, nombró a Martín de Orihuela para lo que restaba de año, aunque, en realidad, en adelante siguió nombrando a la máxima autoridad turolense, interrumpiéndose así la secular manera de elegir juez por los propios turolenses, según su propio fuero.

Inevitablemente, el cargo tenía que recaer en un turolense que, cómo no, estaría más o menos vinculado a alguna de las dos familias en pugna. Así sucedió, siendo nombrados sucesivamente varios jueces de entre la familia de los Marcilla. La realidad es que Teruel pagó con el recorte de sus libertades y con la intervención real su secular encono.

[Atrián, Miguel, «La mancha de sangre», en Revista del Turia, 30 (1882), 381.]

JUSTICIA PARA TODOS, Teruel

329. JUSTICIA PARA TODOS (SIGLO XIV. TERUEL)

Torre de San Martín, Teruel

Transcurría el mes de junio de 1318. Jaime, hijo de Jaime II de Aragón, se hallaba temporalmente en Teruel, por cierto con gran disgusto por parte de los turolenses, que no veían bien los excesos y el tipo de vida del infante, aunque se sentían obligados a soportarlo. Tampoco eran bien aceptados, por sus tropelías y desmanes, algunos de sus acompañantes, sobre todo uno de sus pajes.

La tensa calma acabó por romperse el día en el que el paje, amparado en su prepotencia, se apoderó por la fuerza de una joven turolense, que acudió a denunciarlo ante el juez de Teruel, don Jaime Pérez el Menor, cuando se hallaba administrando justicia ante la puerta de la iglesia de Santa María.

Ante la denuncia de la joven, el juez se vio en el dilema de contemporizar, dadas las circunstancias, o de aplicar estrictamente la justicia, como le marcaba su conciencia y condición. Su honradez, aun sabiendo a qué se exponía, le llevó a aplicar la justicia, de modo que se presentó en el palacio real, solicitando ser recibido por el infante Jaime.

Habló con el mayordomo, el noble Gonzalo García, quien desaprobaba el proceder del infante, y le condujo ante él para solicitarle la entrega del presunto culpable para ser juzgado. El infante, alegando carencia de autoridad en el palacio del rey por parte del juez, se negó. Insistió Jaime Pérez el Menor y de nuevo recibió la negativa con el pretexto de que la casa real quedaba fuera de las disposiciones y jurisdicción locales. La situación era tensa. El juez turolense, firme en su derecho, manifestó al infante que se llevaría por la fuerza al paje si no le era entregado.

Intervino el mayordomo haciendo ver la necesidad de acceder a la petición razonada del juez, puesto que los fueros y leyes tenían que ser respetados por todos, criterio que se impuso al fin, de modo que el paje fue entregado y juzgado conforme a fuero, siendo declarado culpable y ahorcado en la plaza del Mercado.

El infante Jaime, hijo de Jaime II de Aragón, joven de vida irresponsable, abandonó inmediatamente Teruel, villa cuya entereza le originaba un cierto desasosiego.

[Caruana, Jaime de, «Justicia ejemplar», en Relatos..., págs. 71-80.]

jueves, 21 de noviembre de 2019

LOS MUÑOZ Y LOS MARCILLA, FRENTE A FRENTE

173. LOS MUÑOZ Y LOS MARCILLA, FRENTE A FRENTE (SIGLO XV. TERUEL)
 
Teruel, Marcilla, Muñoz
 
 
Pocos jóvenes tan gallardos y engreídos como Alvar Sánchez Muñoz, admirado por las muchachas turolenses y deseado para emparentar con su casa por varias familias. Sin embargo, Alvar tenía predilección, que no amor, por Sancha Martínez de Marcilla, hija de Juan Martínez de Marcilla, cabecera de los linajudos Marcilla, enemigos tradicionales de la familia Muñoz.
 
Alvar hacía objeto a Sancha de constantes mofas, tanto en público como a través del patio común de sus casas, con el beneplácito de su familia. No obstante, como suele ocurrir tantas veces, aquel odio y encono se convirtieron de repente en atracción mutua, primero, y en amor, después.
 
Desde ese instante, la vida de Sancha y Alvar cambió. El deseo de estar juntos se vio naturalmente dificultado. Y, aunque ambos jóvenes se ganaron la comprensión de la dueña que velaba por Sancha y lograron burlar toda vigilancia, la situación se hizo tan insostenible que decidieron confesar sus sentimientos. 
La reacción de los padres fue fulminante. Él fue enviado fuera de Teruel; ella, confinada en una lóbrega habitación de la casona familiar. Dejaron de verse durante varios meses, pero esa circunstancia no apagó sus mutuos sentimientos.
 
Estando así las cosas, sucedió que Alfonso V pasó por Teruel camino de Valencia, y el Juez de la villa —a la sazón un Marcilla—, tratando de pacificar a las distintas banderías, organizó una fiesta en el alcázar real a la que, por deferencia o por miedo, asistieron todos. Alvar y Sancha no sólo tuvieron ocasión de verse, sino que, al son de la música, mientras danzaban, planearon la huida juntos.
 
El día convenido, en sendos caballos, tomaron rumbo a Alfambra y Montalbán, pero fueron descubiertos. La persecución duró poco y aunque Alvar se aprestó a luchar, sus perseguidores acabaron con su vida. Los Marcilla salieron impunes del lance, puesto que el fuero turolense penaba el rapto, aunque lo fuera con consentimiento de la persona raptada.
 
Un peirón de piedra, quizás mandado levantar por Sancha, fue testigo del lugar de la tragedia, mientras los Marcilla y los Muñoz perseveraban en su encono.
 
[Del Tornero, Andrés, «La Cruz del Peirón, leyenda turolense», en Heraldo de Teruel, 8
(1896), 2-4; 9 (1896), 4-6.
Caruana, Jaime de, «La Cruz del Peirón», en Relatos..., págs. 94-101.]
 
 
 
http://www.romanos.es/ficheros/peirones.pdf
 
http://www.patrimonioculturaldearagon.es/cruces-de-termino-y-peirones-en-aragon
 
 
 
 
https://www.avempace.com/file_download/3452/Juan%20Eugenio%20Hartzenbusch-Los%20amantes%20de%20Teruel-Ana%20C.%20Bueno.pdf
 

domingo, 24 de noviembre de 2019

UN NUEVO PUENTE SOBRE EL TURIA: EL DE DOÑA ELVIRA

181. UN NUEVO PUENTE SOBRE EL TURIA: EL DE DOÑA ELVIRA (SIGLO XIII. TERUEL)
 
Para entender esta historia hay que adentrarse en el Teruel ya cristiano de hace setecientos años, aproximadamente, pues corrían los momentos finales del siglo XIII.
 
Al otro lado del Turia, en medio de la rica vega que riegan y vivifican sus aguas, vivía Elvira, una joven de no poca hermosura física y espiritual, y, además, dueña de una buena parte de aquellas tierras feraces.
Su belleza, por un lado, y su riqueza, por otro, hicieron que la muchacha tuviera siempre abundantes pretendientes de toda clase y condición, aunque ella decidió conceder su mano a un joven turolense de escasos medios económicos, pero con el que compartía pensamientos y proyectos.
 
Se formalizaron las relaciones con la aquiescencia de sus familias, festejaron una temporada y se casaron. Mas, al poco tiempo de celebrarse la boda, uno de los antiguos pretendientes de la muchacha, que tenía abierta tienda en la plaza, sin duda guiado tanto por los celos como por el despecho, decidió tomarse la venganza a la que creía tener derecho. Así es que una tarde, cuando el joven marido de Elvira regresaba ilusionado desde Teruel a la casa de la vega para encontrarse con su esposa, que le estaba esperando, al intentar atravesar al otro lado del río por el único puente existente por aquel entonces, el puente de San Francisco, se vio sorprendido por el pretendiente despechado, quien lo derribó y sin darle opción a defenderse le dio muerte a traición.
 
Puede suponerse que el dolor de Elvira fuera inmenso por el amor de su vida perdido de manera tan trágica, tanto que no accedió jamás a contraer nuevo matrimonio, aferrada permanentemente a su memoria. Y como tenía que ir a Teruel con bastante frecuencia y no podía soportar el tener que atravesar por el lugar en el que había sido tan vilmente asesinado su marido, decidió construir a su costa un segundo puente de tablas que, además, acortaba el camino entre Teruel y su casa. Así nacía
el «Puente de doña Elvira».
 
UN NUEVO PUENTE SOBRE EL TURIA: EL DE DOÑA ELVIRA
 
 
[Ubé, Antonio, «Puentes sobre el Turia», Diario Lucha (21/03/1948).
Caruana, Jaime de, «Los puentes de Teruel», Teruel, 3 (1951), 35-65.]

martes, 23 de junio de 2020

EL VATICINIO DE SAN VALERO, Castelnou

7.3. LOS SANTOS.

270. EL VATICINIO DE SAN VALERO (SIGLO IV. CASTELNOU)

270. EL VATICINIO DE SAN VALERO (SIGLO IV. CASTELNOU)


Es bien conocido por la historia cómo san Valero, enfrentado con las autoridades civiles valencianas, se vio conminado a abandonar la ciudad del Turia y la región levantina, para ser confinado durante el resto de sus días en un pueblecito llamado Anento, perdido en medio del Pirineo, donde debería sobrellevar su ostracismo.

Conminado por las autoridades, preparó el religioso a toda prisa sus escasas pertenencias para iniciar el viaje al que se veía obligado, poniéndose en camino con una limitada comitiva dispuesta para ayudarle a sobrellevar tan largo, incómodo y peligroso desplazamiento. Naturalmente, el viaje constituyó toda una odisea, provocada por la sucesión de numerosas etapas debidas a la enorme distancia y a la lentitud de los medios de transporte de la época.

Una de esas múltiples y agotadoras etapas finalizó en el pueblecito actualmente turolense de Castelnou, donde fue recibido y atendido con cariño por sus habitantes, pesarosos por el destierro que se veía obligado a cumplir el religioso. No se detuvo en Castelnou nada más que el tiempo preciso para descansar hombres y caballerías, pero, no obstante, se ganó la comprensión y el afecto de todos sus habitantes.
Cuando la comitiva estuvo preparada y a punto de despedirse y partir para cubrir la etapa siguiente, Valero, en la puerta de la iglesia y mirando al cielo, profetizó —hablaba sin duda con carácter general— que en Castelnou no habría jamás infieles, teniendo en cuenta, sin duda, las firmes convicciones religiosas de los habitantes de aquel momento, firmeza que con toda seguridad transmitirían a las generaciones venideras.

La leyenda acaba asegurando que, en virtud de este vaticinio y de la protección especial que san Valero siempre le dispensó, el pueblo de Castelnou no fue ocupado nunca por los musulmanes, a pesar de haberse extendido éstos por toda la Península, como es bien sabido.

[Bernal, José, Tradiciones..., págs. 179-180.]




domingo, 7 de julio de 2019

MOSQUERUELA, SEDE VERANIEGA DE JAIME I

124. MOSQUERUELA, SEDE VERANIEGA DE JAIME I (SIGLO XIII. MOSQUERUELA)
 
 MOSQUERUELA, SEDE VERANIEGA DE JAIME I
 
 
El rey Jaime I de Aragón recorrió frecuentemente con sus huestes y séquito de seniores las quebradas y
altas tierras del actual sur turolense, pues no en vano pasaban y pasan por ellas varios de los caminos que conducen a las feraces vegas de la franja litoral levantina, cuya principal ciudad musulmana y centro natural de la región, Valencia, acabó por conquistar para convertirla en capital de un nuevo reino.
 
La tradición nos cuenta y da como cierto que Jaime I, en permanente caminar guerrero —no en vano se
le denominó el «Conquistador»—, se vio obligado, como cualquier otro ser humano, a buscar momentos, motivos y lugares para el ocio y el descanso, de modo que se hizo construir uno de sus palacios dedicados al reposo veraniego en la todavía entonces aldea de Mosqueruela, buscando el frescor de sus casi mil quinientos metros de altitud y la proximidad a las tierras recién conquistadas.
 
La aldea de Mosqueruela se convertía así, aunque sólo lo fuera de manera esporádica y transitoria, en
capital del reino de Aragón y, aparte del rey, toda una pléyade de caballeros, nobles, infanzones, soldados y servidores daban con su presencia durante una temporada vida y colorido a la aldea.
 
Naturalmente, dentro de los límites del recinto murado de este lugar de realengo, perteneciente a la
Comunidad de Teruel, no sólo se construyó un palacio real digno sino que surgieron también una capilla y unas cuantas casas ubicadas en torno al palacio para acomodar a los señores y nobles que le acompañaban, así como a los servidores.
 
La mayoría de las mansiones que se construyeron para acomodar a los miembros de la comitiva real se
dispusieron a todo lo largo de una nueva calle a la que daban sus fachadas de piedra con sus blasones labrados como signo distintivo de su dueño. Era una rúa importante e inmediatamente los habitantes de
Mosqueruela dieron en denominarla rúa o carrer de los «Ricos hombres», tal como todavía se le conoce aún, aunque hayan pasado siete siglos desde entonces.
 
[Recogida oralmente.]
 
 
rúa o carrer de los «Ricos hombres»,
 
 
 
Mosqueruela es una localidad y municipio español de la provincia de Teruel, en la comunidad autónoma de Aragón. Perteneciente a la comarca Gúdar-Javalambre, el término municipal tiene un área de 265 km² y una población de 558 habitantes (INE 2017). Durante la Edad Media y todo el Antiguo régimen, hasta la división provincial de 1833, fue tierra de realengo, quedando encuadrada dentro de la comunidad de aldeas de Teruel en la sesma del Campo de Monteagudo.
 
 
Mosqueruela se encuentra a 1471 msnm —es uno de los municipios de Aragón situado a mayor altitud— en la vertiente oriental de la sierra de Gúdar, próxima al límite con la provincia de Castellón. Está a unos 100 km de la capital provincial, a 84 km de Castellón de la Plana y a 54 km de Mora de Rubielos, la capital comarcal.
 
La temperatura media anual en Mosqueruela es de 8,3 °C. Las fechas de las primeras y últimas heladas varían entre las partes más altas y las más bajas del municipio; suelen estar entre septiembre-octubre para las primeras y mayo-junio para las últimas. Por el contrario, en verano las temperaturas suelen ser elevadas y las tormentas frecuentes.
 
La precipitación anual media es de 800 mm, si bien las precipitaciones se distribuyen de forma irregular a lo largo de año. A finales del invierno y comienzo de la primavera son frecuentes las nevadas. La influencia de la vegetación ofrece una sensación de frescor en verano, acompañada de una notable humedad ambiental.
 
Se piensa que el topónimo Mosqueruela procede del término mosquera, «descansadero de ganado trashumante, punto de parada para descansar, abrevar y refugiarse del calor». Las mosqueras habitualmente son áreas arboladas con una fuente, y se localizan en el trazado de las vías pecuarias, por ejemplo las cañadas reales, utilizadas para el desplazamiento. Todas estas condiciones se cumplen en la ubicación actual del municipio, y los pastizales de verano a donde se trasladaban los rebaños trashumantes se localizan a media jornada del mismo.
 
En el término municipal, los yacimientos arqueológicos más antiguos corresponden a los denominados «talleres de sílex», fechados habitualmente en la Edad del Cobre. Sin embargo, la primera ocupación estable se da durante la Edad de Bronce (yacimientos de Osicerda en sus niveles inferiores, Mas de Simón y Castillo del Mallo).
 
 
 
 
http://www.denarios.org/falsas/OSICERDA.htm

 

 

 

 


REF: C011 As de OSICERDA. Microfusión a partir de un original.
Réplica de El Periódico de Aragón realizada por el equipo Arqueódromo. Esta misma réplica se vendía en la exposición sobre los Celtíberos, Palacio de Sástago, Zaragoza 1988, y posiblemente en tiendas de Museos y fiestas de recreación histórica.

En la época ibérica tiene lugar una ocupación intensa del territorio, con yacimientos de importancia en San Antonio, Mas Rayo, Torre Agustín y el ya comentado de Osicerda. Curiosamente, la época romana es menos conocida, pues sólo se han podido constatar restos arqueológicos en Torre Agustín, Mas de la Torre Quemada y en las laderas del cerro de San Antonio.
 
De acuerdo al historiador Jerónimo Zurita, Mosqueruela fue reconquistada a los musulmanes por
Alfonso II el Casto en 1181. Debido a su posición fronteriza, la localidad fue utilizada por Jaime I el Conquistador como bastión inicial para la conquista del Reino de Valencia. En sus inmediaciones se alzó el castillo de Mallo o Majo, que estuvo en poder musulmán hasta 1234, año en el que los vecinos de Mosqueruela consiguieron apoderarse de él. En 1333, reinando Alfonso III, se consiguió la adhesión de dicho castillo a Mosqueruela, después de una dura pugna con la vecina Villafranca del Cid.
 
En la Edad Media, Mosqueruela desarrolló una intensa actividad relacionada con la ganadería y el comercio de la lana. A lo largo del siglo XIII y primeras décadas del XIV, fue frecuente la presencia de la villa en la documentación de la Cancillería Real Aragonesa, debido a los conflictos de pastos que tuvo con la poderosa Casa de Ganaderos de Zaragoza. Estos conflictos fueron frecuentes durante casi todo el siglo XIV, sobre todo los generados entre la Sesma del Campo de Monteagudo —a la que pertenecía Mosqueruela— y las villas de Castellón y Villarreal. Esta situación llegó a su término en 1390 con la sentencia arbitral de Villahermosa, que gestó las normas que regirían la ganadería extensiva de la región.
 
A finales del siglo XIV, cuando estalló la Guerra de los dos Pedros enfrentando a Aragón y Castilla, Mosqueruela no llegó a ser ocupada. Como premio recibió el título de Villa (1366) y el privilegio de celebrar ferias y mercados; además, la Comunidad de Teruel pasó a denominarse Comunidad de Teruel y Villa de Mosqueruela, siendo esta última cabecera de 65 aldeas dependientes. Desde ese momento, Mosqueruela tuvo jurisdicción civil y criminal propia, formó parte de la red de aduanas del Reino y como villa de realengo gozó de representación en las Cortes.
 
Mosqueruela mantuvo su importancia hasta el siglo XIX, cuando la prosperidad de la villa se vio truncada por las Guerras Carlistas, que azotaron severamente la región, y por la crisis de la ganadería. En julio de 1837, la villa fue visitada por Carlos María Isidro de Borbón, al frente de la Expedición Real.
 
Guerras Carlistas, Mosqueruela, Ramón Cabrera
 
 
En el Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar de Pascual Madoz se comenta que «los carlistas hicieron en las murallas de esta villa algunos reparos cerrándola en 1838 con 7 puertas para poner á cubierto de un golpe de mano las oficinas de la administración de rentas, factorías y el juzgado o alcaldía mayor del partido que se establecieron en este punto». Se describe a Mosqueruela, en 1845, como una «población murada con cuatro puertas en los cuatro puntos cardinales... las casas son de mediana construcción, repartidas en calles llanas y rectas, aunque mal empedradas».
 
En el siglo XX, la Guerra Civil produjo grandes daños en el patrimonio cultural de la localidad, al tiempo que el «maquis» y la represión mermaron su población. Uno de los jefes del maquis, conocido como «Petrol», actuaba en Mosqueruela y encontró la muerte en su término municipal, quizás asesinado por otro guerrillero. Igualmente, cerca de Mosqueruela actuó Doroteo Ibáñez Alconchel, cuyo nombre de guerra, «Maño», sirvió para denominar a todo un grupo («Los Maños»). Las acciones más relevantes del maquis en la comarca de Gúdar-Javalambre tuvieron lugar a lo largo de 1947. Por ello, al estarse convirtiendo el conflicto en un peligroso elemento de desequilibrio, el gobierno no reparó en medios, nombrando al general Manuel Pizarro Cenjor gobernador civil de Teruel. Éste declaró el territorio afectado «zona de guerra», lo que supuso que la vida en la zona se viera alterada por completo y, a medida que trascendían los actos de violencia, el miedo siguiera extendiéndose entre los habitantes. Frecuentemente fue el numeroso grupo masovero el que sufrió las agresiones. El resultado de la ofensiva de las fuerzas gubernamentales conllevó que antes de que concluyera 1948, la actividad ya hubiera descendido de intensidad, aunque aún se produjeron enfrentamientos como el acaecido el 7 de marzo de 1949 en Mosqueruela entre un destacamento de la Guardia Civil y un grupo de guerrilleros. La decisión definitiva por parte del maquis de abandonar la lucha y regresar a Francia no se tomó hasta 1951.
 
En el término municipal de Mosqueruela se encuentran una serie de pinturas rupestres levantinas, incluidas dentro del Patrimonio mundial de la Unesco, además de restos de poblamientos de la Edad de Bronce o de la época ibérica.
 
En el barranco de Givert pueden contemplarse dos abrigos con importantes representaciones de arte rupestre levantino. El primero de ellos presenta gran número de figuras humanas de pequeño tamaño, con escenas de lucha, de caza y animales aislados de color rojo, y el segundo muestra pinturas en rojo y grabados simbolizando signos de ciclo esquemático.
 
La Cueva de la Estrella presenta grabados rupestres en tres paneles, representando cazoletas unidas por canalillo y una figura circular con cazoletas, siendo en total cuatro figuras.
 
Mosqueruela presenta uno de los mejores ejemplos de trazado ortogonal medieval amurallado que se conserva en las sierras de Teruel. Su casco urbano, declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1982, gira en torno a la calle Mayor, bello eje completamente porticado.
 
En la plaza Mayor se sitúan, frente a frente, la Iglesia parroquial y el Ayuntamiento. La iglesia parroquial de la Asunción es una construcción de compleja evolución. El edificio actual es de 1722, conservando restos del templo primitivo de los siglos XIV y XV. Consta de tres naves de cinco tramos, estando la nave central y la cabecera cubiertas con bóveda de medio cañón con lunetos, y las laterales con bóvedas de arista. Destaca la torre de tres cuerpos de cantería, cuyos dos últimos cuerpos son octogonales. Al exterior, quizás lo más sobresaliente sea la portada gótica situada en el costado sur. Originalmente estuvo protegida por un porche o portegado, probablemente de madera. En el interior, se puede apreciar la capilla gótica del Salvador, junto al coro, que contiene restos de un interesante retablo gótico en piedra. Se conserva aquí una pila bautismal monolítica también medieval.
 
Encima de la sacristía de la iglesia se localiza el Archivo de la Comunidad de Teruel, cuya constitución fue autorizada por el arzobispo de Zaragoza en 1441.
 
Otro edificio de interés es la antigua Ermita de Santa Engracia, actual Casa de la Cultura, que alberga el Museo de Documentos Históricos. Este espacio conserva una colección archivística de gran importancia sobre la historia de la «Comunidad de Aldeas de Teruel».
 
Algo más alejadas del casco urbano están las ermitas de Loreto, de San Antonio y de San Lamberto, así como las ruinas del priorato de Santa Ana.
 
El Ayuntamiento es una edificación del siglo XVIII asentada sobre una lonja de nueve arcos en cuyo interior hay importantes dependencias como la cárcel, la sala del concejo y el archivo municipal. Del mismo siglo data la casa del rector, también situada en esta plaza.
 
https://mosqueruela.es/archivos/directory/ayuntamiento
 
De especial interés son los restos amurallados de la villa, unos de las mejor conservados en la provincia. El Portal de San Roque es la entrada principal de la muralla, estando realizado en mampostería, con arco apuntado al exterior y rebajado intramuros, y entre éstos bóveda de medio cañón. Su torre es esbelta, con sillares en su parte baja y piedra irregular en la alta con sillares reforzando las esquinas. Todavía se conservan otros de sus siete portales originales, como el de Vistorre, el del Postigo y el de Teruel; este último es un sencillo vano abierto en el lienzo de muralla y al lado de una torre a la que se le añadió una vivienda, que es conocida como Casa Fuerte.
 
Cabe mencionar la arquitectura de la calle Ricos Hombres, cuyos edificios destacan por sus aleros de madera; uno de ellos contiene una decoración barroca de más de cien rosetas. En la calle Isabel Blesa se emplaza el Palacio Gil de Palomar, también llamado Palacio del Rey Don Jaime, de mampostería y con cornisa de madera. Esta calle finaliza en el Portal del Hospital, junto al que se levanta el edificio del Hospital cuya fecha de construcción, 1557, consta en una inscripción conmemorativa.
 
Por otra parte, existe una exposición al aire libre de esculturas abstractas conocidas como «Casetas de Cabezón».
 
Los orígenes de la Estrella se remontan al siglo XIV y se relacionan con el Castillo de Mallo o Majo, cuando, tras su desmantelación, se pobló un pequeño villar en la margen izquierda del río Monleón.
Allí se emplaza el Santuario de la Virgen de la Estrella, reconstruido entre 1720 y 1731. El templo actual tiene una planta de tres naves, estando la nave principal cubierta con bóvedas de cañón con lunetos. Además del santuario, todavía se conservan los restos de una interesante zona residencial, situada hacia la ladera, que fue afectada por una inundación en 1883.
 
De interés geológico son los poljés que se hallan dentro del término municipal. Estos son grandes depresiones kársticas, endorreicas y de fondo aplanado, generalmente rellenas de materiales residuales de la disolución de rocas como las calizas. El más importante en Mosqueruela, por su tamaño, es el recorrido actualmente por el río Monleón —en el límite provincial—, con una longitud de 27 km.
 
De la celebración de San Antonio —en enero—, se conserva la tradición de las hogueras.
El 29 de abril tiene lugar la festividad de San Pedro Mártir, patrón de Mosqueruela.
 
 
La celebración más importante de la localidad tiene lugar el último domingo de mayo en honor a la Virgen de la Estrella. El viernes se dan cita en el horno las mujeres del pueblo para elaborar los «rollos de la Caridad», que serán bendecidos al día siguiente en el Ayuntamiento. La madrugada del domingo es el momento solemne para presenciar el «rosario de la Aurora». Tras la solemne misa mayor, al mediodía, los vecinos del pueblo se dirigen en procesión hasta la aldea y santuario de la Estrella, haciendo noche en el santuario.
A mediados de junio, para San Lamberto, tiene lugar la fiesta de los quintos.
El último fin de semana de julio se celebra la fiesta de los pastores.

La feria de Mosqueruela se desarrolla el primer domingo del mes de septiembre y aúna lo lúdico con lo comercial. Originalmente se celebraba para la Virgen de agosto, a partir de un privilegio otorgado en 1366 por el rey Pedro IV. Actualmente la feria tiene como temática principal la ganadería, pero la acompañan una variedad de actos festivos como los tradicionales «toros embolados», las vaquillas o las verbenas.
 
Fray Luis de Aliaga (1565-1626): religioso dominico que llegó a confesor real de Felipe III. Se cree que por inspiración suya se volvió en 1609 a poner en vigor el edicto de 1526 que obligaba a los moriscos a bautizarse o a abandonar el reino.
 
 
http://www.enciclopedia-aragonesa.com/voz.asp?voz_id=13515&tipo_busqueda=1&nombre=aliaga&categoria_id=&subcategoria_id=&conImagenes=
 
Luis de Aliaga Martínez, también citado como Fray Luis de Aliaga o Padre Aliaga, (Mosqueruela, 1560 - Zaragoza, 1626) fue un religioso dominico español, que llegó a confesor real e Inquisidor general (1619-1621).
 
Era hijo de un hidalgo que, a pesar de su condición, tenía un comercio de paños. Tras quedar huérfano, entró en el convento de Santo Domingo de Zaragoza, protegido por el prior Jerónimo Xavierre (1582). Llegó a enseñar teología en la Universidad de Zaragoza, pero renunció a su puesto para ocupar el cargo de prior del nuevo convento dominico que se abrió en la ciudad con el nombre de Convento de San Ildefonso (1605).
 
En 1606 se trasladó a Madrid como asistente del Padre Xavierre, y fue nombrado confesor del Duque de Lerma, valido del rey Felipe III (6 de diciembre de 1608). Al poco tiempo, Lerma consiguió que fuera nombrado confesor real, cargo que hasta entonces venía siendo cubierto por los franciscanos (el último, Diego Mardones, fue nombrado obispo de Córdoba y alejado de la Corte), en lo que se interpreta como un movimiento para aumentar su propio control sobre la figura del rey, dado que Aliaga no era ni un teólogo reputado ni un miembro prominente del clero.
 
Desde su puesto de confesor, los consejos de Aliaga contribuyeron en gran medida a la decisión de expulsar de España a los moriscos (1609). El rey le ofreció el arzobispado de Toledo, pero se negó, aceptando no obstante ser nombrado archimandrita de Sicilia y consejero de Estado.
 
A pesar de su inicial cercanía a Lerma, figuró entre los responsables de su caída (1618), tras la que el nuevo valido, el duque de Uceda, consiguió que le nombraran, en 1619, Inquisidor General.
 
Al subir al trono Felipe IV (1621) se vio forzado a abandonar la Corte y su cargo de Inquisidor General, siendo desterrado al monasterio de Santo Domingo de Huete y posteriormente a Aragón, donde murió, en 1626.
 
Sus enemigos políticos le describían como avaro, glotón, lujurioso, grosero con los poderosos y despiadado con los pobres, aficionado a las corridas de toros (como el Che Guevara) y a la astrología, y políticamente partidario del particularismo aragonés (Memorial que contra Fray Luis de Aliaga y sus mañas se dio a Felipe III).
 
 
 
Era muy activo redactando todo tipo de escritos de tipo burocrático y cartas. Entre sus obras se encuentran Varios Opúsculos sobre asuntos graves de la Monarquía española y de su General Inquisición,
Pareceres sobre la causa que se hizo al P. Mariana y Representación sobre los excesos de Felipe III.

https://archive.org/details/cervantesyelauto00niet/page/66
 
Cervantes y el autor del falso Quijote, Luis Aliaga

Cervantes y el autor del falso Quijote, José Nieto

 
 
 
Ibáñez González, Javier (coord.) (2009). Las Hoces del Mijares y los Caminos del Agua. Qualcina. Arqueología, Cultura y Patrimonio.
ISBN 978-84-937190-0-5.
Ibáñez González, Javier & Casabona Sebastián, José F. (2013). Castillos, murallas y torres. La arquitectura fortificada de la Comarca de Gúdar-Javalambre. Qualcina. Arqueología, Cultura y Patrimonio.
ISBN 978-84-937190-5-0.

viernes, 22 de noviembre de 2019

LA RESISTENCIA HEROICA DE BUEÑA

177. LA RESISTENCIA HEROICA DE BUEÑA (SIGLO XIV. BUEÑA)
 
LA RESISTENCIA HEROICA DE BUEÑA (SIGLO XIV. BUEÑA)
 
 
La Guerra de los dos Pedros (entre Pedro IV de Aragón y Pedro I de Castilla) fue cruel y despiadada, suponiendo para una parte de Aragón —sobre todo en las «comunidades» de Calatayud, Daroca, Albarracín y Teruel— un auténtico reguero de muerte y destrucción, dando origen a muchos despoblados. Mas, como suele suceder en toda contienda bélica, en ésta se dieron casos de heroísmo, gestas colectivas e individuales, muchas de las cuales, aparte de su veracidad, se han teñido de
matices legendarios.
 
Los ejércitos castellanos ensangrentaron las comarcas de Tarazona y Calatayud y ensombrecieron la de Daroca. En Báguena, su alcalde, Miguel de Bernabé —haciendo arder el castillo e inmolándose él dentro— pasó a la historia por su heroísmo, lo mismo que la resistencia comunitaria de Bueña, en el camino de Teruel. Por fin, la capital turolense fue asaltada, por lo que durante unos años obedeció al rey castellano.
 
No pudieron entrar en Bueña los soldados castellanos, pero hicieron muchos prisioneros, entre ellos a los hermanos Martín y Andrés Martínez de Gombalde. Ya tenía Pedro I de Castilla un medio de presión ante el alcaide de la plaza, de modo que parlamentó con él, ofreciéndole mercedes y la libertad de los jóvenes si accedía a la entrega del castillo. Si se negaba, los degollarían al pie mismo del muro. Se repitió ante Bueña la escena de Tarifa, y como el hijo de Guzmán el Bueno, los hermanos Gombalde fueron asesinados
a la vista de los defensores.

Cuando siguieron camino de Teruel, las tropas castellanas fueron constantemente hostigadas por los hombres de Bueña, vengando así la muerte de sus hijos. Bueña y Tarifa pasaron juntas a la historia.
 
Una vez finalizada la contienda, Pedro IV el Ceremonioso premió a los hermanos Martínez Gombalde y a sus descendientes con honores y mercedes, desde el castillo causante del dolor a otros en distintos puntos del reino, incluso en Navarra.
 
[Gisbert, Salvador, «Los dos hermanos Gombalde», Revista del Turia, 13 (1884), 5-7.]
 
 
Bueña es un municipio y población de España, perteneciente a la Comarca del Jiloca, en la Sierra de Lidón (Sistema Ibérico), al noroeste de la provincia de Teruel, comunidad autónoma de Aragón, a 61,4 km de Teruel. Tiene un área de 40,75 km² con una población de 53 habitantes (INE 2016) y una densidad de 1,74 hab/km² con una fuerte tendencia a la regresión demográfica debido a la despoblación. El código postal es 44394.
 
En su término urbano se han encontrado restos arqueológicos de gran importancia.
 
Con la victoria en la batalla de Cutanda, Alfonso I conquistó estos terrenos a los musulmanes, siendo tierra fronteriza, pero se perdió a su muerte. Posteriormente fue tomado por Ramón Berenguer IV, pasando a formar parte del Reino de Aragón.
 
Integrado en la Comunidad de aldeas de Teruel, dentro de la Sesma de Visiedo, su situación, próxima a tierras castellanas, hizo que en esta nueva época se transformase de nuevo en lugar estratégico. En 1363 sufrió un ataque castellano, en donde el alcalde Martín Martínez de Gombalde tuvo la oportunidad de demostrar su valentía, al negarse a entregar el castillo a los invasores. Tal gesto de lealtad hacia la Corona de Aragón costó la ejecución de sus hijos, Andrés y Martín de Gombalde.
 
Posteriormente, tras la ruptura de relaciones entre Pedro IV y Enrique de Trastámara, volvió a ser zona fronteriza.
 
CITAS:
 
También hay leyendas de apuestas macabras en Caminreal y tradiciones orales que nos ponen de manifiesto la valentía y abnegación de personajes de la comarca, como Miguel Bernabé, un labriego de Báguena que defendió en un acto heroico, pagando con su propia vida, el castillo de su pueblo. La misma historia se repite en Bueña en donde el alcaide de la villa, Martínez de Gombalde, no sucumbió a la amenaza, si no entregaba la villa, del sacrificio de la vida de sus hijos, que terminaron muriendo en manos de los ejércitos castellanos.
Francisco Lázaro Polo.
 
http://web.archive.org/web/http://portal.aragon.es/portal/pls/portal/docs/1/356272.PDF

domingo, 21 de junio de 2020

220. LA ENAMORADA DEL CID, Griegos

220. LA ENAMORADA DEL CID (SIGLO XI. GRIEGOS)


LA ENAMORADA DEL CID (SIGLO XI. GRIEGOS)


Un rey moro del altiplano hoy turolense, sin duda de Albarracín, tenía una joven y bella hija que se había enamorado perdidamente de un caballero cristiano, que algunos aseguran que no era otro que el mismísimo Cid Campeador, tan asiduo visitante de estas tierras que le encaminaban a Valencia.
No obstante, entre ambos jamás había mediado palabra alguna, puesto que nunca se habían visto, aunque la muchacha estaba resuelta a verle y declararle sus sentimientos.

Un día —enterada de que el caballero cristiano merodeaba por las tierras de su padre y que pretendía hostigar al rey islamita— la bella mora, conocedora del terreno, decidió acudir a un paraje en el que manaba una fuente por la que, sin duda, tendrían que pasar los cristianos. Allí esperaría la llegada de su enamorado y hablaría con él.

Se enteró el rey de la ausencia de su hija y, en un intento desesperado de evitar que cayera en manos del cristiano y aun a trueque de perderla, invocó a un mago para que la convirtiera en estrella. El hechicero procedió al encantamiento, pero en el último momento, apenado por el triste futuro que se le imponía, introdujo una variación en la fórmula ritual, pues la clarividencia connatural a estos nigromantes le hizo ver tiempos mejores y más felices para la bella dama.

Así ocurrió y desde entonces todas las noches se asoma en forma de estrella a los reinos de su padre para contemplarlos desde el cielo. Cada cien años toma de nuevo la forma de una hermosa doncella y, sentada junto a la fuente donde fuera encantada, peina sus cabellos pausadamente con un peine de oro macizo y piedras preciosas.

Se cuenta que un pastor coincidió con una de esas apariciones y, acercándose a la joven, oyó que ésta le preguntaba a quién prefería, si a ella o al peine. El pastor, tentado por la codicia, prefirió el peine de oro y pedrería, así que ella se lo arrojó y desapareció. Pero el peine se convirtió en astilla de pino y la princesa, que sigue brillando en el cielo como estrella, hace ya tiempo que le perdonó y sólo espera el día de volver a la fuente por si aparece el caballero al que sigue amando.

[Beltrán, Antonio, Introducción al folklore aragonés (I), págs. 108-109.]

 

Domina la vista sobre Griegos la imponente Muela de San Juan, uno de los miradores más privilegiados de la Sierra de Albarracín, pero además de estas impactantes vistas, donde se ubican las pistas de esquí de fondo, los alrededores de Griegos conservan una rica biodiversidad: la dehesa boyal es, en primavera, un estallido de flora que atrae a numerosos fotógrafos y naturalistas. Abundante fauna se puede avistar en cualquier época del año y para aquellos que prefieran contemplarla a resguardo, queda la visita a su Museo de Mariposas. Griegos atesora también entre sus hitos, ser el segundo pueblo más alto de España, otro atractivo más para este pueblo encalado.

domingo, 12 de mayo de 2019

LA RECONQUISTA DE AGUILAR DE ALFAMBRA

2.66. LA RECONQUISTA DE AGUILAR DE ALFAMBRA (SIGLO XII. AGUILAR DE ALFAMBRA)
 
LA RECONQUISTA DE AGUILAR DE ALFAMBRA (SIGLO XII. AGUILAR DE ALFAMBRA)
 
 
Tras cruentas y reiteradas escaramuzas y auténticas batallas contra los musulmanes por toda la altiplanicie
turolense, el rey Alfonso II de Aragón, el reconquistador de Teruel, pudo por fin apoderarse de Aguilar de Alfambra en 1170.

Cuenta la leyenda cómo su castillo, hoy llamado de la Virgen de la Peña, sirvió de baluarte casi inexpugnable durante algún tiempo a todos los moros que andaban huidos y dispersos por la comarca y tras sus muros se hicieron fuertes, sin que los guerreros cristianos lograran rendirlos, por más denodados esfuerzos que realizaban.

Sin embargo, la toma de Aguilar se mostraba totalmente necesaria para poder proseguir la tarea
reconquistadora. Así es que los capitanes del ejército cristiano, al ver que no podían vencer mediante las armas a los aguerridos musulmanes empleando la táctica habitual, dada la dificultad existente para entrar en el castillo, decidieron utilizar otra estrategia, concibiendo un ingenioso plan para rendirlos.

El plan a seguir era sencillo y consistía en reunir —con el mayor de los sigilos para lo cual tuvieron que atarles los hocicos— un enorme rebaño de cabras traídas de toda la comarca que fueron concentradas en una paridera cercana.

Luego esperaron una noche sin luna, muy oscura, y les colocaron teas encendidas amarradas a los cuernos, lanzando a las bestias de esta guisa y por sorpresa hacia el castillo. Los musulmanes, muchos de los cuales dormían al abrigo de los muros de la inalcanzable fortaleza, despertaron asustados por tan extraño y desmedido ejército, salieron del alcázar y huyeron despavoridos entre aullidos, hasta terminar la
mayor parte de ellos como cautivos.

Del empleo de esta curiosa estratagema que los cristianos utilizaron contra los musulmanes procede el apelativo de chotos con que todavía se designa hoy a los habitantes de Aguilar de Alfambra.
 
[Zapater, Alfonso, Aragón pueblo a pueblo, tomo I, pág. 60.]

https://es.wikipedia.org/wiki/Aguilar_del_Alfambra

Aguilar del Alfambra es una localidad y municipio de la comarca Comunidad de Teruel en la provincia de Teruel, en la Comunidad Autónoma de Aragón, España. Tiene un área de 39,04 km² con una población de 64 habitantes (INE 2016) y una densidad de 1,64 hab/km².

Aparece como Aguilar en un texto de 1212. Durante la Edad Media y todo el Antiguo régimen, hasta la división provincial de 1833, fue tierra de realengo, quedando encuadrada dentro de la comunidad de aldeas de Teruel en la sesma del Campo de Monteagudo.

miércoles, 22 de mayo de 2019

ASEDIO Y RECONQUISTA DE MORA DE RUBIELOS

2.74. ASEDIO Y RECONQUISTA DE MORA DE RUBIELOS (SIGLO XII. MORA DE RUBIELOS)
 
ASEDIO Y RECONQUISTA DE MORA DE RUBIELOS  (SIGLO XII. MORA DE RUBIELOS)
 
 
Después de la toma y repoblación de la ciudad de Teruel por Alfonso II, rey de Aragón, el ejército
cristiano prosiguió su avance con intención de apoderarse de las tierras levantinas.
Por la historia que nos es conocida, sabemos que este intento quedó fallido de momento, aunque es cierto que se lograron recuperar algunas poblaciones situadas al sur de la actual provincia turolense. Por estas tierras precisamente, el ejército aragonés sitió el castillo musulmán de Mora de Rubielos
(quizás sepultado bajo el actual), donde el enemigo se había concentrado y hecho fuerte tras la caída de Teruel.

Vemos, pues, a los cristianos rodeando el alcázar de Mora. Después de varios días de asedio, y cuando los
cristianos creían que los moros estaban a punto de rendirse por hambre, observaron con asombro que los sitiados les arrojaban por el muro toda clase de vituallas, dando la sensación de que les sobraban todavía los alimentos y que, por ello, podrían resistir durante mucho tiempo la presión cristiana e incluso recibir ayuda exterior. Tanto es así que los capitanes del rey Alfonso II de Aragón, descorazonados y de
mutuo acuerdo, dieron la orden de retirarse a posiciones más retrasadas, concretamente al monte de «El Castellar», donde acamparon.

No obstante, mediada aquella misma noche, se apareció a los centinelas aragoneses que velaban el
campamento el mismo san Miguel Arcángel, diciéndoles que volvieran y rodearan de nuevo la plaza de Mora, puesto que los víveres que, en efecto, habían visto arrojar por las murallas del castillo eran con
toda seguridad los últimos que les quedaban a los moros, tratando de engañarles, como así había sucedido. Informados los jefes cristianos por los centinelas de aquella revelación del cielo, el propio rey ordenó sitiar de nuevo la fortaleza con las primeras luces del alba, lo que motivó que los moros, al ver que su estratagema no había dado el resultado apetecido, prefirieron entregarse antes que luchar sin
esperanzas de éxito. Mora de Rubielos pasó así a poder de los cristianos, que comenzaron la repoblación de la zona.

[Recogida oralmente.]

viernes, 28 de junio de 2019

Antonio Ubieto Arteta

Ubieto, Antonio, Historia de Aragón: Literatura medieval, I, págs. 45-46
Antonio Ubieto Arteta


https://es.wikipedia.org/wiki/Antonio_Ubieto_Arteta


Antonio Ubieto Arteta (Zaragoza, 31 de marzo de 1923 - Valencia, 1 de febrero de 1990) fue un historiador y filólogo medievalista español.

Biografía:
Discípulo del historiador medievalista José María Lacarra, destacó como investigador de la historia y la literatura medieval sobre todo en el ámbito aragonés, donde estudió. Primero fue catedrático de la Universidad de Valencia (1958-1977), y tras la jubilación de su maestro Lacarra fue archivero y catedrático de Universidad de Zaragoza, y en 1977 obtuvo la Cátedra de Historia Medieval de dicha Universidad, dirigiendo el departamento homónimo hasta 1988. En su etapa valenciana, destaca el estudio sobre la formación del Reino de Valencia, y el estudio en profundidad del "Llibre del Repartiment", donde demostró que Próspero de Bofarull había descartado varios asientos, que se referían a repobladores aragoneses, navarros y castellanos y de muchas otras "naciones". Tales estudios le provocaron severos conflictos con algunos compañeros de tesis catalanistas; incluso sufrió amenazas personales, apareciendo en pintadas el nombre de sus hijos y los colegios donde estudiaban más ataques directos a él, por lo que jubilado su maestro, retornó a su Zaragoza natal.

Su obra como medievalista abarca cientos de trabajos destinados a la edición de fuentes primarias de temas navarro-aragoneses, de historia valenciana o épica medieval. Destaca su labor en el esclarecimiento de los orígenes de los reinos de Castilla, Aragón y Valencia y la profundización en la historia de Aragón, en cuyo ámbito publicó una magna obra de referencia en varios volúmenes, su Historia de Aragón.

Son importantes asimismo sus aportaciones a la autoría y datación del Cantar de mio Cid, iniciando la corriente crítica, hoy dominante de una datación tardía y una autoría única y posiblemente culta para el Cantar.

Como continuadores de su obra figuran dos discípulos como su hermano, Agustín Ubieto, especializado en la génesis y cambios territoriales tanto de España como de Aragón en sus conocidas obras en formato de atlas históricos; y el también medievalista turolense Antonio Gargallo, quien destacó por su estudio sobre la Comunidad de Teruel a lo largo de toda la Edad Media, y que a su vez ha servido de inspiración para la recreación anual de Las Bodas de Isabel de Segura, representada en el mes de febrero en Teruel.

También trabajó en la actividad editorial. En dicho ámbito fundó la revista Ligarzas y la editorial «Anubar» (ANtonioUBietoARteta), de las que fue director. En ellas inició importantes colecciones, como lo son Textos Medievales, Obras de Investigación, Comercio Valenciano, Temas Valencianos, y Alcorces.

Bibliografía del autor:






Antonio Ubieto Arteta, «Observaciones al Cantar de Mio Cid», Arbor, XXXVII (1957), 145-170.
Antonio Ubieto, Juan Reglá, José María Jover, Carlos Seco, Introducción a la Historia de España, Teidei, 1963, ISBN 84-307-7310-X
Antonio Ubieto Arteta, Historia de Aragón, Zaragoza, Anubar, 1981-1989, 6 vols.
—, Colección Diplomática de Cuéllar, Segovia, Diputación Provincial, 1961. Presentación del Exmo. Sr. D. Pascual Marín Pérez, magistrado y catedrático de Derecho Civil.
—, Orígenes del Reino de Valencia. Cuestiones cronológicas sobre su reconquista, I, Zaragoza, Anubar, 1981, ISBN 84-7013-155-9
—, Orígenes del Reino de Valencia. Cuestiones cronológicas sobre su reconquista, II, Zaragoza, Anubar, 1979, ISBN 84-7013-156-7
—, Cartulario de San Millán de la Cogolla (759-1076), Valencia, Anubar, 1976, ISBN 84-7013-082-X
—, El "Cantar de Mío Cid" y algunos problemas históricos, Zaragoza, Anubar, 1992, ISBN 84-7013-054-4
Notas bibliográficas
UBIETO ARTETA, Antonio, Creación y desarrollo de la Corona de Aragón (enlace roto disponible en Internet Archive; véase el historial y la última versión)., Zaragoza, Anubar (Historia de Aragón), 1987, págs. 7 y ss. ISBN 84-7013-227-X
Bibliografía utilizada
«Antonio Ubieto Arteta». Gran Enciclopedia Aragonesa. Consultado el 4 de noviembre de 2017..
Martín Duque, Ángel J. (1990). «El medievalista aragonés Antonio Ubieto Arteta». Príncipe de Viana (Pamplona: Institución Príncipe de Viana) (189): 19-22. ISSN 0032-8472.
Ferrer Navarro, Ramón (1998). «El profesor Ubieto y el medievalismo hispano». Revista de Historia Jerónimo Zurita. Historiadores de la España Medieval y Moderna (Zaragoza: Institución Fernando el Católico) (73): 89-116. ISSN 0044-5517..