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miércoles, 21 de julio de 2021

XXV, EN L´ÁLBUM DE DON JOSEPH LLUIS PONS Y GALLARZA.

XXV

EN
L´ÁLBUM
DE DON JOSEPH LLUIS PONS Y GALLARZA.



SONET.



Les
comes y les valls colorejava
La claretat de l´auba riallera;
Y
del riu Llobregat en la vorera,
Entre ´ls pins, una verge
suspirava,

- Jo so, deya, la ninfa qui guardava
Un jorn
passat la catalana esfera;
Senyora d´estos realmes un temps
era;
L´Amor ab mos dictats s´aconhortava.

De ma Llar
y Montanya la memoria
S´es perduda, mos poetes ja no
viuen,
Trencada es l´harpa de ma pura gloria...”

- No;
consòla ´t, ovira la comparsa
(Respongué Deu), de trovadors
que´t diuen:
Veus ton amat cantor; Pons y Gallarza.



Maig
1868.




XXV



EN
EL ÁLBUM
DE DON JOSÉ LUIS PONS Y GALLARZA.



SONETO.



Ya
los valles y montes coloreaba, la risueña claridad de la aurora. A
orillas del río Llobregat, en bosque de pinos, suspiraba
dolientemente una vírgen.



Y
decía: - Yo soy la ninfa que, en los pasados siglos, guardaba la
catalana tierra. En otro tiempo era yo la Señora de estos reinos. El
Amor recibía con mis palabras suavísimo deleite.



El
recuerdo de mi Hogar y de mis Montañas, se ha perdido;
murieron mis poetas; quebróse el arpa de mi pura gloria...”

-
No, consuélate, (respondió el Señor desde el cielo); mira la
muchedumbre de nuevos trovadores, que grita: Hé ahí á tu amado
cantor, á Pons y Gallarza.




(V.
nota 19.)


Les comes y les valls colorejava La claretat de l´auba riallera; Y del riu Llobregat en la vorera, Entre ´ls pins, una verge suspirava,

http://www.cervantesvirtual.com/portales/miguel_de_cervantes/obra/poesies--7/

Nueva Biblioteca Balear.

Poesíes

D´EN

JOSEPH LLUIS PONS Y GALLARZA

Mestre en Gay Saber de 1867,
President del Consistori dels Jochs Florals de Barcelona

en 1870 y en 1878; Acadèmich de Bones Lletres; 
Felibre Majorau; Soci honorari del centre catalá
de Buenos-aires. &a.



PALMA
IMPRENTA Y LIBRERÍA DE J. TOUS, EDITOR
M DCCC XCII (1892)

https://archive.org/details/A11410003

Oracion inaugural que leyó en la solemne apertura del curso académico de 1856 á 1857 ante la Universidad de Barcelona José Luis Pons y Gallarza.

domingo, 28 de junio de 2020

HISTORIA DE LOS CONDES DE URGEL. Capítulo I.


HISTORIA DE LOS CONDES DE URGEL.

Capítulo I.

En que se describen los pueblos Ilergetes.

Están el condado de Urgel y el vizcondado de Ager en el Principado de Cataluña, en una partida o región de tierra que los antiguos llamaron los pueblos Ilergetes, nombrados así de la ciudad de Lérida, llamada de ellos Ilerda, que fue la cabeza y pueblo más principal de ellos. Ocupaban muy gran parte del reino de Aragón y Principado de Cataluña, y no acaban de determinarse los autores qué tierra era la que correspondía bajo o dentro los límites de estos pueblos; pero siguiendo la más común y cierta opinión, hallo que, mirados todos juntos, eran de figura cuadrangular y constaban de cuatro lados y puntas. El primer lado, de la parte de oriente, tenía la distancia de tierra que corre desde la fuente del río Gállego hasta la fuente o nacimiento del río Llobregat, fingiendo o tirando una línea de la una fuente a la otra. De la parte del mediodía, les dieron Florián de Ocampo y otros por límite el río Segre; pero es cierto dilatarse muy gran espacio de tierra de la otra parte del dicho río, extendiéndose hasta los montes de Segarra y tirando o fingiendo una línea desde la fuente del Llobregat hasta el río Ebro. Por la parte de poniente tenían al río Ebro, cuanto discorre de la entrada del Gállego hasta la villa de Flix, que está a las orillas del mismo Ebro; y por el septentrión, considerada cierta raya, según la postura que Tolomeo señala, desde la fuente del Gállego hasta el Ebro, dividiendo la región de estos Ilergetes de otros españoles nombrados Vascones. Hay dentro de esta tierra diez ríos caudalosos, cuyas riberas son tan pobladas y fértiles, que pocas en España las aventajan. El más principal de estos ríos es Ebro, al que Marineo Siculo da el primer lugar entre los ríos de España, como aquel de quien esta provincia fue llamada Iberia, según dice Plinio (Lib. 3, c. 3.): quem propter universam Hispaniam Graeci appellavere Iberiam; y tiene su nacimiento cerca de un puerto llamado Fuentible, que es lo mismo que fuentes de Ebro, que está cerca de Aguilar del Campo, y corre a raíz de Cantabria, atraviesa Navarra, Aragon y Cataluña, y después de haber corrido más de ciento y diez leguas, junto a Tortosa entra en el mar Mediterráneo, con tan grande furia, que gran trecho aun queda su agua dulce y sabrosa. Es río navegable, y antiguamente lo fue mucho más; y en tiempo de los romanos se navegaba hasta Logroño, en el reino de Navarra, que, comparado, lo que hoy se navega es poco; y así parece que quieren afirmar algunos autores (Garibay), que Tubal, cuando vino a poblar España, empezó por Cantabria, subiendo y navegando por este río arriba. Recibe en sí diez y siete ríos grandes y caudalosos, sin las otras muchas aguas que entran en él de Navarra, Aragón y Cataluña. Abunda de mucha pesca, especialmente de sábalos, que son admirables: sus aguas son muy sanas y apacibles, y las estiman mucho las mujeres, por hacer las manos y cara muy blancas y blandas; y por esto son traídas de unas partes a otras: cujus aqua, dice Sículo, vel ad bibendum, vel ad lavandum perutilis, in cadis ad regiones alias transfertur; ea siquidem manus albiores et facies molliores facit, et pota, corpora saniora; y finalmente, cuando fue la seca general de España, no quedó en ella cosa verde sino fue en la orilla de este río y de Guadalquivir.
Segre es el otro río que hay en estos pueblos; y este traviesa por el condado de Urgel: es muy celebrado por haber salido de sus riberas los pobladores de la isla y reino de Sicilia, que le dieron el nombre de Sicania. Llamáronle los antiguos Sicano y Sicoris o Segre los modernos. Vivían en sus orillas una gente que se llamaban Sicanos: estos, dice Tucídides que echaron de sus casas y moradas los Sigios, gente húngara, feroz y bárbara, que, dejada su tierra, vinieron a poblar en España, movidos por ventura del oro y plata que manó del incendio de los Pirineos, que convidó a muchas naciones bárbaras, que vinieron para gozar del tesoro que aquellos montes dentro de sus entrañas tenían. Salidos de aquí los Sicanos, pasaron a la isla de Sicilia, que hasta entonces se llamaba Trinacria, por razón de las tres puntas o promontorios que hace, y quedó con el nombre de Sicania, y vivieron en ella mucho tiempo nuestros Sicanos; y Tucídides, autor griego, que vivía el año 450 antes del nacimiento de Jesucristo señor nuestro, afirma, que en su tiempo aún había descendientes de aquella nación, que tenían una parte de aquella isla, hacia el occidente. Marineo Sículo da otra causa de haber pasado esta gente a Sicilia, y dice que hubo en la España citerior algunas guerras civiles entre los vecinos y moradores de las orillas del Segre, y los que quedaron vencidos dejaron esta provincia y pasaron a Italia, y de aquí a Sicilia, donde llegaron cansados y codiciosos de tomar asiento y reposo; y por hallar aquella isla casi deshabitada, conociendo su fértil y buen terruño, se quedaron en ella; y Silio lo cantó con estos versos:

Post dirum Antiphae sceptrum et ciclopea regna,
Vomere verterunt primum nova rura Sicani;
Pyrene missit populos, qui, nomen ab amne
Asciti patrio, terrae imposuere vacanti.

Lleva este río arenas de oro, que se coge en él con harta abundancia, y por eso son sus aguas muy saludables: nam aureas affert arenas, et potus est valde salubris. Recoge el Cinca, las dos Nogueras, Pallaresa, porque viene del marquesado de Pallars, y Ribagorzana, porque viene del condado de Ribagorza, y Balira, que viene por la parte del septentrion, y después de haber regado y fertilizado mucha tierra, desaguan en él. Por la parte del mediodía recibe los ríos de Bragos, Lo Corp, Sió y río de Cervera, que traviesan y fertilizan el llano de Urgel; y con estos ríos que, entrados en él, pierden su nombre, y con otras muchas aguas que recoge, después de haber regado y fertilizado gran parte de tierra, acaba en Ebro, que, recogiéndole en sí, le quita y acaba el nombre.
Es notable este río, pues en él, por permisión divina, recibió la hija de Herodias el justo castigo de haber complacido a su impía madre, pidiendo la cabeza del santo precursor Bautista; y fue que los delitos y maldades de Herodes Antipas y de Herodias, su manceba, les merecieron ser echados de Judea y desterrados a Francia y de aquí a Lérida, donde murió infelizmente; y Herodias bailando por su gusto sobre este río, que estaba helado, se rompió el hielo, y ella quedó sumergida, sacando solo la cabeza, que cortaron los mismos pedazos de hielo sobre que ella había bailado, pereciendo en aquel baile. Lucio Dextro, hijo de san Paciano, obispo de Barcelona, lo dice en su Omnimoda Historia, que apareció escrita en nuestros días, por estas palabras: Herodias vero, saltans super Sicorim, flumen llerdae, glacie concretum, summersa, miserabiliter periit. Pero mejor lo dijo Niceforo Calixto, aunque no nombra el río: Eundum filiae Herodiae erat brumali tempore, et fluvius trajiciendus, qui, cum glacie contractus coagmentatusque esset, pedes eum transibat; glacie autem rupta, idque non sine Dei numine, demergitur illa statim, capite tenus, et inferioribus corporis partibus lasciviens moltiusque se movens, saltat, non in terra, sed in undis: caput scelestum, frigore et glacie concretum, deinda etiam convulneratum, et a reliquo corpore, non ferro, sed glaciei crustis ressectum, in
glacie ipsa saltationem letalem exhibuit, spectaculoque ejus omnibus praebito, in memoriam ea que fecerat spectantibus revocat. Y de todo había hablado aquel apostólico varón san Vicente Ferrer, el qual en el sermón hizo en la fiesta del martirio del gran Precursor, dijo estas palabras: Filia vero ejus, cum super glaciem tripudiaret, ub ea glacies resolvitur, et ipsam in aquis continuò submersit, et modo tripudiat cum daemonibus in inferno. Herodes autem in exilium missus ab imperatore, et ibidem miserabiliter vitam finivit.
Hay edificados en esta región de los Ilergetes muchísimos pueblos: los más principales en Aragón son: Huesca, Gurrea, Montaragon, Ayerbe, Balbastro, Monzon, Benavarre, Ripop, Alcolea, Bellver, Fraga, Calamera, Vallobar, Alcubita, Perdiguera, Bujaraloz, Mequinenza, Xelse, Vililla y otros muchos. En Cataluña: Balaguer, ciudad y cabeza del condado de Urgel; la ciudad de Urgel llamada la Seo, donde reside el obispo y cabildo; Agramunt, Tárrega, Linyola, Bellpuig, Anglesola, Aytona, Camarasa, cabeza de estos dos marquesados, Pons, Oliana, Castelló de Farfanya, Áger y otros muchos, que, entre Aragón y Cataluña, pasan de más de cuatrocientas poblaciones con campanario (1: Ocampo, lib. 3°, c. a° ).
Tolomeo en su geografía, después de haber tratado de los Vascones y referido los pueblos hay entre ellos, dice estas palabras: et post hos etiam Ilergetes. In quibus civitates mediterraneae Bergusia, a la que da de longitud 16° y 30, y de latitud 43°, y la traducción italiana dice ser Balaguer; Celsa, de longitud 16°, y de latitud 42° y 45; Bergidum, que quieren algunos sea la Seo de Urgel (y con ellos el padre Gordoño en su Cronología), y tiene de longitud 15° y 30, y 42° y 30 de latitud; Erga, a la que da 15° de longitud y 45, y de latitud 42° y 15; Succosa, a la que da 15° y 10 de longitud, y 42° y 30 de latitud; Osca, que es la ciudad de Huesca, a la que da 16° de longitud, y 42° y 30 de latitud; Burtina, que dicen ser Balbastro, 15° y 10 de longitud, y 41° y 56 de latitud; Gallica Flavia, que dicen ser Fraga, a la que da 15° 30 de longitud, y 41° y 40 de latitud; Orcia, que dicen ser Alcarraz, 15° de longitud y 41° y 30 de latitud; y Ilerda, que es Lérida, 15° y 56 de longitud, y 41° y 26 de latitud.
De estos pueblos era la cabeza la ciudad de Lérida, a la que dan los historiadores varios fundadores. Unos quieren que haya sido Brigo, antiguo rey de España y bisnieto de Tubal, que reinó el año 400 después del diluvio y dejó fundadas muchas ciudades principales, y entre ellas fue la de Lérida. Otros atribuyen la fundación de esta ciudad a Hércules Libio, de quien dicen que, armado de una porra o maza y vestido de una piel de león, iba por el mundo domando monstruos, valiéndose de estas armas, porque aún no estaban inventadas las de acero que después se usaron para destrucción del género humano. Este, dicen que más de 1600 años antes del nacimiento de Jesucristo señor nuestro, llegó en el puesto donde hoy la vemos edificada, con muchos griegos de Acaya y del Ilirico que le seguían, y agradados de la tierra por su apacibilidad y grasura, y por ser en cierta manera semejante a la que ellos habían dejado en Grecia, edificaron en un montecillo que está casi en el medio del llano de Urgel, cuyas faldas baña el río Segre, una ciudad que en su lengua llamaron Ilerda, aludiendo al nombre del Ilirico que hoy decimos Esclavonia, de donde ellos habían salido. Juan Vazeo sigue la opinión de los que dicen ser fundación de Troyanos 1139 años después del diluvio, y que le dieron este nombre en honra del dios Apolo, a quien ellos llamaron llleus, y de aquí vino que muchos escriben Illerda con dos eles y lllergetes asímismo; pero hallamos en los poetas lo contrario, y hacen la primera sílaba breve, lo que no podría ser si se escribiese con dos eles. / Leyda, Lleyda, Lleida /
Es esta ciudad muy celebrada de César en sus Comentarios, por las victorias que cerca de ella alcanzó de Marco Varron, Lucio Afranio y Marco Petreyo, capitanes de Pompeyo; célebre en edificios, templos, casas y copia de vecinos; regalada por su fértil, apacible y dilatada huerta, y por las aguas del río Segre que bañan sus muros y la proveen con abundancia de pescado; ilustre por su antigua universidad, que ha dado al mundo una infinidad de varones doctísimos en todas facultades y ciencias, a la cristiandad un papa, que fue Calixto tercero, que en ella recibió el grado de doctor, como dice Platina, y a la iglesia un santo, que fue san Vicente Ferrer, que en ella recibió el grado de Maestro en Teología; y por eso la alaba Jacobo Mendedorpio en su tratado Academiarum orbis celebrium. Era antiguamente marquesado; y Ramón Berenguer, conde de Barcelona y príncipe de Aragón, se intitulaba marqués de Lérida y Tortosa, como parece en muchas escrituras de su tiempo.
Es est ciudad madre de la de Valencia, y de ella salieron mil mancebos y otras tantas doncellas que, después que el rey don Jaime la conquistó de los moros, la poblaron. Lérida le dio peso y medida, y le comunicó parte de sus armas o señal con que hoy señala la moneda de vellon de aquel reino; y de cuatro flores de lis que hacía Lérida en sus escudos, le dio una, y ella se quedó con tres, en premio de haber sido sus vecinos los primeros que la entraron cuando el rey don Jaime la tomó: reconoce Lérida a Valencia por hija y esta a aquella por madre, y con estos títulos se tratan, reconociendo siempre Valencia, como buena y agradecida hija, lo que debe a Lérida, su madre. Marineo Sículo, tratando de la moneda de Valencia, lo dijo muy bien: Caeterum Valencia suae monetae signum tamquam munus accepit ab Ilerda civitate; nam cum rex Jacobus Valenciam, mauris plenam, propugnatoribus obsideret, convocatis ducibus et cujusque civitatis praefectis, constituit, cunctis assentientibus, ut quae civitas primum Valenciae muros oppugnando prorrumperet et civitatem ingrederetur, ea, in suae virtutis et honoris memoriam, Valenciae colonias mitteret, et pondera, mensuras et monetae signum conferret. Cum igitur Ilerdae cives, acriter oppugnantes, primùm Valenciae muros dirruissent, expugnatam civitatem, mauris fugatis et occissis, ingressi, summa laetitia gestientes, ei, prout rex imperaverat, cultores adolescentes numero mille totidemque puellas virgines tradiderunt, et cum mensuris et ponderibus florem lilii unum quo monetam insignirent. Nam prius Ilerda quatuor in suis armis et insignibus lilii floribus utebatur, nunc vero tribus dumtaxat; quamobrem Valenciae gratissima civitas, in litteris quas ad Ilerdam scribit, eam matrem semper appellat, et in magnis rebus non secus ac parentem charissimam consulit; et Ilerda Valenciam filiam vocat, cujus commodis et honoribus diligenter incumbit.
Lucano en el libro tercero describe esta ciudad y con breves palabras comprende mucho de lo bueno que hay en ella:
Colle tumet modico, levique excrevit in altum
Pingue solum tumulo: super hunc fundata vetusta
Surgit Ilerda manu.

Acordóse de ella también Horacio en sus sermones, cuando hablando con su poema, le dice:

Contrectatus ubi manibus sordescere vulgi,
Corporis aut tineas pasces taciturnus inertes,
Aut fugies Uticam, aut unctus mitteris Ilerdam.

viernes, 12 de febrero de 2021

30 DE JUNIO.

30 DE JUNIO.

Se propuso que se escribiese al señor arzobispo y al conde de Prades, para que regresaran de la villa de San Baudilio de Llobregat, a donde habían ido en embajada; mas, como algunos fuesen de opinión contraria, acordóse que, en vez de escribir, fuese allá personalmente el abad de Montserrat, para tratar con ellos, y lograr el mismo objeto.
Al propio tiempo, se nombró una comisión para que entendiese en el modo como se había de redactar la deliberación que se tomase sobre la admisión de los oficiales
que proveyese el señor Rey.
Por ultimo, se designó para sustituir al abad de Poblet, durante su ausencia, a fray Pedro Felizes, prior del monasterio de Santa María de Nazaret, de esta ciudad.
Se dio cuenta, además, de otros asuntos de interes secundario, y de la siguiente carta que se recibió.

Als molt reverends magnifichs e honorables senyors los diputats del General del Principat de Cathalunya residens en Barchinona.
Molt reverend magnifichs e honorables senyors. Per molts nos es referit la certitut per part vostra retuda a les altres universitats del Principat de Cathalunya ara derrerament. Som stats e som molt admirats com havets obmesa aquesta universitat car no hi sabem causa. Per tant vostres reverencia magnificencies e honorables savieses com mills podem pregam decontinent ab letra vostra siam avisats quina es la causa perque nosaltres som axi tractats ne repulsos de vostra oppinio e de aço molt reverend magnifichs e honorables senyors molt vos pregam no haja falla. Sobre aço havem comunicat ab lo honorable micer Guerau Guardiola portador de la present. Placieus molt reverend magnifichs e honorables senyors donarli plena fe e crehença en tot ço e quant per ell vos sera dit e explicat axi com si nosaltres vos ho dehiem. E sia la Sancta Trinitat proteccio e guarda de tots. En Berga a XXVI de juny. - Apparellats a vostra honor e qui a vosaltres se recomanan los consellers de la vila de Berga.

domingo, 28 de junio de 2020

CAPÍTULO XI.


CAPÍTULO XI.

Varios sucesos de los Romanos y Cartagineses en España: cóbranse los rehenes que estaban en poder de Cartagineses, y otras cosas notables que acontecieron en ella, y muerte de los Scipiones.

No por haber tenido los cartagineses la rota y pérdida que referimos, perdieron el ánimo ni los pueblos amigos y confederados suyos les osaron dejar y pasarse a los romanos; porque los cartagineses, como hombres astutos y sagaces y que fiaban poco del amor de los españoles, les habían tomado rehenes y llevado a Cartagena, donde les tenían en muy buena custodia, y entre otras personas de cuenta que tenían, eran la mujer de Mandonio y dos hijas de Indíbil, mozas y muy hermosas; y con tales prendas estaban muy más seguros de los pueblos y ciudades confederadas, que si les echaran a cada una mil presidios.
Después de la retirada de Mandonio, tuvieron los romanos varios sucesos en España, que cuentan Livio, Florián de Ocampo, Medino, Pujades, Mariana y otros muchos autores. Fue entonces la venida desde Roma de Publio Cornelio Scipion por capitán en España, hermano de Neyo Scipion Calvo, con treinta naves y en ellas mil ochocientos soldados romanos, con muchos bastimentos y vestidos para los soldados que estaban en España, que necesitaban de ellos. Fue asímismo la venida de Hanon, capitán cartaginés, con cuatro mil infantes y quinientos caballos para engrosar el ejército de Asdrúbal. Destruyóse del todo la población o ciudad que llamaban Cartago vieja, que es donde hoy está Villafranca del Panadés, pueblo harto conocido en Cataluña, edificado por los dos hermanos Scipionés de las ruinas de la antigua Cartago, y quitándole este nombre en odio y por borrar y perder la memoria de los cartagineses, le dieron el de Villafranca, por los muchos privilegios e inmunidades y exenciones con que la adornaron; pero no bastó esto, porque la industria humana no basta a borrar memorias viejas, si el tiempo no ayuda a tales diligencias, antes cuanto más se quiere poner olvido, más se despierta la memoria de la cosa aborrecida. ¿Quién más aborrecido entre los gentiles, que aquel Erostrato que quemó el famoso templo de Diana de Efeso, y puesto en el potro, dijo haber hecho tal incendio por perpetuar su nombre y fama? y aunque so graves penas pusieron silencio a todos, mandando que no se le nombrase, no hay hoy persona de mediocres letras que lo ignore. Barcelona, ciudad principal de España, tomó el nombre de los Barcinos, linaje cartaginés, y así era nombrada (Barcino : Barchinona : Barcinona : Barçilona, Barcelona, etc.): no quisieron los Scipiones que nombre para ellos tan aborrecido como era el de los Barcinos, se perpetuara en ciudad tan insigne; metieron en ella nuevos pobladores de Italia, llamados Faventinos, y la nombraron Favencia, y así la nombra Plinio y otros, pero no pudo durar tal nombre, antes quedó olvidado, y la ciudad se quedó con el que le dieron los cartagineses, y el poder de los romanos, que sojuzgó el mundo y dejó memoria de su valor, no fue poderoso para hacer olvidar el nombre de un pueblo, antes bien a pesar de ellos persevera el nombre y memoria del linaje y familia de su fundador. Aconteció también en estos mismos tiempos la ruina y destrucción de otra ciudad llamada Rubricada, que era del bando cartaginés, y estaba al poniente del río Llobregat (Lubricati), ora sea a la orilla del mar, ora en el lugar de Rubí, junto al monasterio de San Cugat del Vallés, del orden de San Benito. (San Cucufato o Cucufate : Sant Cugat).
Puso cerco a la ciudad de Sagunto que tan valerosamente se había defendido del poder cartaginés, y por no ser socorrida, se perdió: ésta estaba muy fortificada, y en ella había mucha riqueza, y la mayor de todas era las arras o rehenes que tenían en ella guardadas los cartagineses de los españoles sus amigos y confederados, y esta era la mejor fuerza con que tenían sujetos los más pueblos de España. La traza que tuvieron los Scipiones para tomarla fue esta: había un caballero español llamado Acedux, a quien habían encomendado la guarda de aquella ciudad, y había * aquel punto seguido el bando cartaginés, y cansado de sufrir sus violencias, quería pasarse al romano y dar libertad
a todas las personas que estaban por rehenes en aquella ciudad; porque airados los cartagineses de su mudanza, descargasen su ira sobre aquellos inocentes que estaban en su poder. Por esto se salió de la ciudad, y fue a hablar a Bostar, capitán cartaginés, que con poderoso ejército estaba en la campaña para impedir que los Scipiones no se llegaran a ella, y le dijo que convenía mucho dar libertad a los españoles, porque con aquella hidalguía obligarían a los pueblos a quedar firmes en su devoción, y les valieran en aquella ocasión que necesitaban de amparo y socorro, porque el bando cartaginés estaba algo menguado. Pareció esto bien a Bostar, y asignaron hora para salir de la ciudad, y lugar donde había de llevar los rehenes. Hecho esto, luego Acedux fue a decirlo a los Scipiones, y concertó con ellos que a la noche siguiente pusiesen guardas en el camino, y que él pasaría con rehenes, y tomarlashian, y con ellas ganarían la voluntad de toda España, restituyéndolas a sus pueblos. Con este concierto se efectuó todo puntualmente, y las rehenes fueron tomadas, y las enviaron a sus tierras, y fue muy grande la alegría de toda España, y mayor el amor que todos a los Scipiones concibieron; y era cierto que si los romanos quedaran allí donde estaban, todas las ciudades que habían cobrado sus rehenes se alzaran y tomaran las armas en su favor; mas como el invierno era cercano, contentos con lo hecho, se volvieron a Tarragona, y allá ennoblecieron aquella ciudad reedificándola con gran cuidado, y circuyéndola de fuertes murallas y torres, levantando grandes edificios y acueductos y solemnes templos que aún parecen y queda rastro de ellos, que designan que tal era aquella ciudad, cuando salió de las manos de los Scipiones.
Llegó por estos tiempos orden a Asdrúbal que, dejadas las cosas de España a Amilco, capitán cartaginés que había venido de Cartago, se pasase a Italia, porque juntado con Aníbal, los dos destruyesen la ciudad de Roma; pero a lo que Asdrúbal se partía de España, fue impedido de los Scipiones, que no muy lejos del río Ebro le salieron al encuentro y dieron batalla, cuya victoria quedó por los romanos. Esta rota fue presto remediada, porque llegó poco después de ella Magon Barcino con veinte y dos mil hombres de a pie, mil quinientos caballos, once elefantes y muy gran cantidad de plata para hacer soldados, con que quedara del todo olvidada la pérdida pasada, si no los lastimara una muy cruel peste que vino a España y mató gran número de personas, y entre ellas Hamilce, mujer del gran Aníbal, y Haspar, su hijo; y estas muertes causaron que muchos pueblos que estaban por los cartagineses, se pasaron al bando romano. En estos tiempos fue ennoblecida la ciudad de Barcelona con fuentes, cloacas y otros edificios que hicieron en ella los Scipiones, cuyos rastros aún duran. Con estas prosperidades y buena fortuna, que siempre fue compañera de estos dos hermanos, y valiéndose de los soldados y amigos que tenían en España, quisieron echar de ella a los cartagineses; pero no salió como quisieron y pensaban, porque a la postre les vino a costar a los dos la muerte.
Había entonces en España tres valerosos capitanes cartagineses: estos eran Asdrúbal Barcino, Asdrúbal Gison y Magon. Estos supieron los pensamientos de los Scipiones; y para mejor resistirles, se fortificaron todo lo posible, llamaron en su ayuda a Indíbil, su amigo, y aunque hasta ahora había estado a la mira de todo sin meterse en las guerras pasadas, no pudo en esta ocasión tan apretada negar a los cartagineses lo que le pedían, porque, según se infiere de Tito Livio y veremos en su lugar, sus hijos y su cuñada, mujer de su hermano Mandonio, estaban detenidas en Cartagena en rehenes. Deseaba Indíbil echar los romanos de España, y hacer después lo mismo de los cartagineses, a quienes en esta ocasión prometió todo su favor y poder, que era mucho (por no poder hacer otra cosa); y acudió con muchos ilergetes y cinco mil suesetanos, que eran de una región de Aragón muy cercana a los pueblos ilergetes; y porque viniesen de mejor gana, les pagó de antemano.
En África buscaban los cartagineses sus favores. Reinaba un rey llamado Gala en una parte de ella, que era la más vecina a Cartago de la parte de poniente: era este rey muy amigo de los cartagineses, y la amistad estaba atada con vínculos de parentesco, porque Masinisa, hijo suyo, había casado con Sofonisba, hija de Asdrúbal Gison. Este, para valer a su suegro, pasó a España con siete mil infantes y quinientos jinetes, y desembarcó en Cartagena, 209 años antes de la venida de nuestro Señor al mundo. Fueron grandes estos socorros, y la parte cartaginesa sobrepujó a la romana: los vecinos del Ebro, que eran los celtíberos, estaban divididos, los unos por Roma, los otros por Cartago; y estos acordaron de no moverse, mientras los que estaban por Roma estuviesen quietos y sosegados. Serían estos pueblos de la Celtiberia muy poblados, porque eran más de treinta mil hombres los que se declararon por los romanos.
Deseaban mucho los cartagineses ocasión de topar con los romanos, porque confiaban de su poder y de los celtíberos, sus amigos: los romanos no menos confiaban de su buena fortuna y poder, andando los unos en busca de los otros; y por mejor comodidad, dividieron sus ejércitos de manera, que Asdrúbal Gison, Masinisa y Magon tomaron parte del ejército cartaginés, y Asdrúbal Barcino la otra. Los Scipiones hicieron lo mismo: Publio Cornelio tomó las dos partes, y Neyo Scipion, su hermano, la otra; y con los treinta mil celtíberos, que era lo mejor que llevaba, se fue en busca de Asdrúbal Barcino. No pasó mucho tiempo que el uno estuvo en vista del otro, y solo había entre los dos un pequeño río que les dividía. Asdrúbal mandó que los celtíberos que llevaba embistieran a los de los romanos, y por otra parte envió algunos de los celtíberos de su ejército a los que estaban con Scipion, para persuadirles que dejasen la amistad romana, y ya que no quisiesen valer a los africanos, a lo menos no les dañasen, pues Asdrúbal y sus hermanos eran hijos de española, y casados con españolas. Esto lo supieron negociar con tal arte que luego aquellos treinta mil celtíberos dejaron a Scipion y se volvieron a defender y cuidar de sus casas y haciendas; y por más que Neyo Scipion se lo rogó que no se movieran, fue su trabajo vano, porque decían que no querían pelear contra sus naturales y parientes, ni dejar perder sus casas y haciendas. Quedó Neyo Scipion muy sentido de esto, y muy flaco su ejército; y con la poca gente que le había quedado, se retiró, con intención de juntarse con su hermano. Asdrúbal Barcino ya había pasado el río, y con toda diligencia iba tras de Scipion, deseoso de pelear con él.
Mientras pasaba lo que queda dicho, Publio Cornelio Scipion caminaba con su ejército contra Asdrúbal Gison y Magon, sin saber que Masinisa estuviese con ellos, antes, bien cuando lo entendió, quisiera no haber tomado tal empresa, y tuvo gran alteración, y esta se le aumentó, cuando vio que no rehusaban la batalla. Llevaba Masinisa unos soldados tan diestros, que apenas salía alguno del real de Scipion para leña, o forraje o por otros menesteres, que luego estos soldados no le matasen o cautivasen. a lo que estaba con estos trabajos Publio Cornelio Scipion, llegó Indíbil con siete mil quinientos hombres, que, como dice Livio los cinco mil eran suesetanos y que eran del reino de Navarra, y los demás eran ilergetes. Publio Cornelio Scipion quiso estorbarles que se juntasen con los demás, confiando que él era bastante para vencer a Indíbil y sus ilergetes y suesetanos, y dejando encomendado el real, con alguna guarnición, a Tito Fonteyo, capitán romano, salió a media noche a combatir con Indíbil. La caballería africana que corría el campo tuvo noticia de esto, y luego dieron aviso al ejército cartaginés, y acudió con tal presteza y diligencia, que llegaron a la que querían pelear Publio Cornelio Scipion e Indíbil. Fue grande la matanza que hicieron en los romanos: Scipion, que les iba animando y exhortando que muriesen como buenos soldados, fue herido con una lanza en el costado derecho, que le salió al izquierdo, con que cayó del caballo, y luego le dieron muchas y muy grandes heridas, con que dio fin a sus días; y los cartagineses que estaban junto a él, viéndole caer del caballo, mostraron sobradas alegrías, y publicaban a grandes voces su fallecimiento por toda la batalla, con la cual nueva no faltó cosa para quedar absolutos vencedores; y los romanos, abiertamente vencidos, comenzaron a huir, como mejor pudieron, y parte de ellos acudió al real de Tito Fonteyo, y muchos a una ciudad llamada Iliturge (I mayúscula, ele), y otros hasta Tarragona, y fue doblado más número los muertos en el alcance, que cuantos faltaron en la pelea. Los españoles suesetanos y su capitán Indíbil y sus ilergetes fueron tenidos en gran estima, por haber esperado con tan poca gente a tantos romanos contrarios, no queriendo retirarse ni desviar la batalla, puesto que lo pudieran muy bien hacer sin perder algún punto de su buena reputación. Después de esto y haber refrescado la gente de Indíbil, se juntaron con Asdrúbal Barcino, que estaba en un lugar que Livio llama Astorgin (1: Anitorgis, Alcañiz, según Cortés), donde fueron recibidos con el contento que tan buenos sucesos como habían tenido podían causar. (Según el libro del padre Nicolás Sancho: En ella probamos con gran copia de datos y argumentos el sitio preciso de aquella Ciudad, y la mucha probabilidad que tiene la opinión de que la antigua Anitorgis de la Edetania corresponde a Alcañiz. Con cuyo motivo damos en el quinto Apéndice de la Sección segunda, muchas y curiosas noticias de las Ciudades, límites y circunscripciones de la Celtiberia y de la Edetania, según las respetables autoridades de Plinio, Estrabon, Ptolomeo, Tito Livio, y otros geógrafos e historiadores de conocida fama y reputación.)
La nueva de tan gran pérdida no había aún llegado a noticia de los otros romanos, aunque, según dice Tito Livio, había entre ellos un triste silencio y una secreta divinacion, (adivinación, presentimiento) cual suele ser en los ánimos que adivinan el mal que les está aparejado; y los sobresaltos que daba el corazón de Scipion, y sustos que tenía, eran indicios ciertos, no solo de lo que pasaba, mas aún de las desdichas e infortunios que le estaban aparejados, y presto le habían de venir. Íbase retirando con su ejército, caminando siempre de noche, hacia el río Ebro, donde hoy es Zaragoza (Caesaraugusta, Sarakusta); pero apenas fue partido, cuando tuvo sobre si los caballos númidas, que ya por los lados, ya por las espaldas, le iban picando. Entonces Scipion, que ya tenía sobre si todo el poder de los cartagineses y númidas, que con Masinisa e Indíbil le apretaban, se alojó con toda su gente en un montecillo no muy bien seguro; pero de los que había alrededor este era el más alto. Subidos aquí, tomaron en medio cuantos impedimentos y fardaje traían y juntamente los caballos, y puestos a pie todos sus dueños mezclados con el peonaje, rechazaban con poca dificultad, y sin tener otro reparo por los rededores, el ímpetu de los caballos berberiscos y jinetes númidas que siempre les daban rebato; mas como después llegaron los capitanes cartagineses con Masinisa e Indíbil, conoció Scipion cuán vano era trabajar en retener aquella cumbre o montecillo, no poniendo baluartes al rededor o fosas o vallados, e imaginaba con gran vehemencia, qué modo tendría para hacer alguna defensa. La cuesta, de su propiedad era rasa, de suelo pelado, tan duro y tan desolado, que ni criaba leña ni rama donde pudieran cortar maderos para los palenques, ni tenía céspedes o tierra de que hacer paredones ni reparos, ni mostraba disposición a las cavas o trincheras, y finalmente no hallaron aparejo de poder obrar algo con que se remediasen. Menos había malezas o pasos o riscos dificultosos de ganar, de subida trabajosa, cuando los enemigos llegasen; porque todo aquel montecillo precedía (o procedía, no se lee bien) llano, sin casi lo sentir, hasta dar en la cumbre. Queriendo suplir este defecto, comenzó Neyo Scipion a formar una semejanza de reparo por el circuito, con albardas y líos de los mulos que traían el fardaje, sobreponiéndolas muy bien atadas unas con otras, conformes al tamaño que solían tener en sus baluartes acostumbrados y verdaderos; y donde faltaban albardas y líos, metían ropas o cualesquier impedimentos que hiciesen bulto, por no parecer que de ningún cabo les menguaba. Lo tres capitanes cartagineses, al tiempo que llegaron, guiaban sus escuadrones contra lo fuerte de la cuesta, muy determinados a lo combatir, y la gente del ejército respondía con buena voluntad a su determinación, sino que la nueva manera del reparo, cuando lo vieron desde lejos, les hizo dudar algún tanto, creyendo ser defensa más brava. Sus principales y caudillos, viéndoles así parados, discurrían por las batallas enojados de su detenimiento; preguntábanles a voces: en qué se paraban; cómo no deshacían con los pies aquel espantajo romano; pues a mujeres o muchachos no se podía defender, cuanto más a tan denodados varones cuanto venían allí; que si bien mirasen los enemigos, que vencidos eran; escondidos que estaban tras de aquellas albardas pajizas, en llegando se darían a prisión o serían degollados a mano y sin pelea; que pasasen adelante, y no se detuviesen ni mostrasen pavor de tanta vanidad. Estas reprehensiones voceaban los capitanes africanos en menosprecio del reparo romano; pero verdaderamente venidos al toque, más difícil hallaron el saltar las albardas y líos, de lo que publicaban al principio, por estar entre si bien atadas y túpidas en harto buena alzada, y tras ellas haber hombres valientes y guerreros que todavía tenían ventaja centra quien llegase por defuera, como pareció casi luego que fueron acometidos, que solamente para romper líos y hacer entradas hubo menester grandes acometimientos, y se tardaron largas horas: mas al cabo, derrocados los reparos en muchas partes y metida la furia cartaginesa por ellos, ganaron el real de todo punto, sin poderlo valer Neyo Scipion. Allí sus romanos, hallándose pocos, atemorizados y confusos, morían despedazados por diversos lugares a mano de los cartagineses y de los españoles confederados, que venían muchos en cuantidad, ufanos y victoriosos con el buen despacho de la batalla pasada. Pudieron huir algunos romanos en los montes y sitios fragosos que no caían lejos, y por algunas partes acudían pocos a pocos, fatigados y heridos, al otro real, que fue de Cornelio Scipion, donde Tito Fonteyo, su lugarteniente, les amparó con la diligencia que bastaba su posibilidad, mas no para que dejasen de morir en todos estos caminos muchos buenos romanos y diestros. Con ellos pereció también su capitán mayor Neyo Scipion, dado que la manera de su muerte traten discrepantemente Livio y nuestros cronistas: unos certifican ser hecho pedazos entre los primeros; allá dentro del reparo, cuando se rompieron las entradas por los líos y defensas ya declaradas; dicen otros haberse retraído con unos pocos en una torre desierta cerca del real, y que los cartagineses al principio, no pudiendo quebrar las puertas al desquiciarlas a fuerza, las pusieron fuego por el rededor, y quemándolas, mataron dentro cuantos en ella quedaban, y también al capitán general. Como quiera que sea, murió de esta vez Neyo Scipion, según debía morir un caballero muy excelente, siendo pasados veinte y siete días después de la muerte de su hermano, y siete años cumplidos y pocos mes adelante, después de su venida a España. De esta manera tuvieron fin los dos hermanos Neyo Scipion y Publio Cornelio Scipion, sin valerles su saber y disciplina militar y la buena y próspera fortuna que siempre les fue compañera, aunque en la mayor necesidad se les volvió adversa. Esparciéronse los pocos romanos que de aquellos encuentros escaparon por España, sin hallar lugar cierto y seguro donde recogerse, porque como eran tan aborrecidos de los naturales, y los amigos de ellos se eran vueltos al bando cartaginés, era peor el tratamiento que se les hacía de lo que habían padecido en las batallas pasadas, y tantos más murieron en esta huida que en aquellas. El mejor acogimiento que hallaron fue en Tarragona y su comarca, donde quedaba Tito Fonteyo con algunos soldados romanos, el cual, y otro caballero llamado Lucio Marcio los recogieron, conservando las reliquias del pueblo romano esparcido por España, que atónito de lo que había sucedido, no sabía qué consejo tomar: y aquí acaba la historia del diligente historiador y erudítisimo varón Florián de Ocampo, el cual en cinco libros, por orden del emperador Carlos V, de buena memoria, recopila la historia de España, desde el principio del mundo hasta estos tiempos, que ha sido tan acepta y de tanta autoridad, que casi todos los que la han escrito después de él le han seguido, por haber este autor tenido por blanco la verdad; y es tan estimada de todos los varones doctos y sabios, que no sé cuál ha de ser mayor, el sentimiento de que no haya proseguido aquella, o el gusto y contento que tenemos de que el maestro Ambrosio de Morales la haya continuado, pues lo que el primero dejó imperfecto lo hallamos tan cumplido en este segundo autor, que parece que en lo que él ha dicho y hecho, ni poderse más añadir, ni aún los maliciosos que corregir; y así, tomando este autor por guía, y de los otros lo que fuere a nuestro propósito, continuaremos lo que se siguió después de la muerte de los Scipiones, hasta el fin de la obra, según será menester.

martes, 24 de diciembre de 2019

LXXIV, perg 2521, 20 julio 1152

LXXIV.

Perg. n° 2521. 20 jul. 1152.

Sit notum cunctis: quod ego Guillelmus de ipsa Nogera et uxor mea Maria damus tibi Raimundo Dei gratia barchinonensi comiti et principi aragonensi et tuis et mittimus in tua bajulia et sub tua deffensione totum illum nostrum honorem cultum et heremum quem per vocem genitorum uxoris mee habemus in barchinonensi territorio apud Lupricatum in parrocchia S. Marie de Corniliano et Sancti Johannis
de Pinu (Sant Joan Despí : de Es Pi, del Pino) et omnia loca de quo honore tu et tui successores post te
sis nobis et successoribus nostris adjutor et deffensor de vestro directo contra cunctos homines vel feminas et nos et successores nostri per censum istius honoris annuatim in natale Domini donemus tibi et tuis I porcum comitalem et nullum alium usaticum vel servitium ibi nobis vel nostris non queras quem porcum nulli militi vel alicui hominum dare possis sed ibi tu et tui omni tempore illum habeas ad tuum dominium. Et quis hec fregerit supradicta in duplo componat et insuper hoc scriptum semper maneat firmum. Actum est hoc XIII kalendas augusti anno XV regni Lodoici junioris. Sig+num Guillelmi de Nogera. Sig+num Marie uxoris ejus qui hec laudamus et firmamus. Sig+num Raimundi comes. Sig+num Berengarii Bernardi vicarii. Sig+num Guillelmi de Sancto-Martino. - Signum Petri de Corro qui hoc scripsit cum litteris suprapositis in linea VI et VIII die et anno quo supra.

Llobregat, LXXIV, perg 2521, 20 julio 1152

lunes, 13 de julio de 2020

CAPÍTULO XLVIII.


CAPÍTULO XLVIII.

De Armengol, el Peregrino, quinto conde de Urgel.

Aunque vivió veinte y ocho años el conde Armengol poseyendo su condado, hay tan poca noticia de sus hechos, que con pocas líneas serán dichos. Era de poca edad cuando le murió su padre, pero no de poco valor y ánimo, y en toda su vida jamás se le osaron a atrever los moros, antes siempre los tuvo oprimidos y humillados, y jamás tomaron armas contra de él ni de sus tierras. Muy al revés pasaban las cosas de Ramón Berenguer, su primo, conde de Barcelona, porque se le desmandaron tanto, que llegaron hasta el río Llobregat, haciendo daños notables en el Panadés.
Arnaldo Miron de Tost, que fue el primer vizconde de Ager de quien se tiene noticia, hacía grandes daños en los moros, y les sacó de toda la valle de Ager y vecindad de ella; y porque le venía muy al propósito para sus conquistas el castillo de Montangó, que era del condado de Urgel, lo compró al conde por mil sueldos, y se lo vende con los mismos términos que tenía en tiempo del conde Borrell, que eran: ab oriente in flumine Seger vel
in termino de Tosto vel in Susagarro, de meridie in Prada vel in Pino-leto, de occiduo in Forcats, de parte vero circii in ipsa Serra vel in Stablello, et descendit per ipsam Contrella et ascendit per ipsam aecclesiam sancti Hilarii et descendit usque in flumen Seger (metátesis: Segre). Fue esta venta en el año 34 del rey Roberto, que es el de Cristo 1030. Asímismo, por hallar iguales conveniencias, el castillo de Lordano o de Jerda, que era en el condado de Urgel, lo compró por precio de dos mil sueldos al conde y a doña Constanza, su mujer, a quienes expectaba por sucesión del conde Borrell, y a la condesa por suum decimum, que era cierto derecho que competía a las mujeres en los bienes de los maridos, según las leyes góticas, de las cuales aún quedaba alguna observancia en Cataluña; y designándole, dice ser in comitatu Orgelli, et afrontat á parte oriente in termino de Torravallo, et de meridie in Chova.... et de occiduo in termino de Chonchas; a parte vero circii in termino de Abbelia, (Abella) y con pacto ut teneatis vos et posteritas vestra in subditione nostra et posteritas nostra; con el cual auto se prueban los límites del condado de Urgel y cuán extendido estaba en estos tiempos en la parte de tramontana. Es la data de esta venta a 2 de las calendas de febrero del año segundo del rey Enrique, que es el de 1032 de Cristo señor nuestro, y se conserva original en el núm. 80 del armario 16 del real Archivo de Barcelona.
El sosiego de que gozaba el de Urgel en sus tierras le dio lugar de pasar a servir a los reyes de Francia, Lotario y Enrique, sus deudos: después fue en peregrinación a la ciudad santa de Jerusalén, devoción muy grande y usada en estos tiempos, y allí murió y fue sepultado, de donde le quedó el nombre de Peregrino, por haber muerto en esta santa y pía devoción.
Murió en el año 1038; casó con Constanza, que por otro nombre llamaron Velasquita, y de ella tuvo un hijo de su mismo nombre.

domingo, 28 de junio de 2020

CAPÍTULO IX.


CAPÍTULO IX.

De cómo Asdrúbal llegó a los pueblos Ilergetes, y de lo que hizo en ellos.

No era bien salido Neyo Scipion de Tarragona, cuando Asdrúbal dio la vuelta segunda vez, y pasado el río Ebro se entró en la región de los llergetes, que no tenían la provisión de gente romana que era menester para resistirle; y el primer acometimiento fue sobre la ciudad de Lérida, que era la que había dado rehenes de seguridad a Neyo Scipion; y tales cautelas y diligencias tuvo con sus vecinos Asdrúbal, así de temores que les puso, como de blanduras y promesas amorosas, que no solamente le dieron el pueblo, sino que, viéndose favorecidos con él, tomaron sus mesmos vecinos las armas, y juntos con ellos los cartagineses, comenzaron a correr y a destruir las tierras y pueblos comarcanos, parciales y fieles al pueblo romano; y para desacreditar a Scipion y sus gentes, esparció fama entre los del campo de Tarragona y los pueblos llergetes, que los vecinos de los Pirineos habían bajado contra los romanos y sus amigos y les tenían muy apretados: y estas nuevas dañaron mucho a los romanos; porque los llergetes, que de su natural eran belicosos y generosos, luego se levantaron contra los romanos y se declararon por Asdrúbal, y lo mismo hizo Amusito, hombre principal y poderoso en la comarca o región de los Acetanos. Imitóle en lo mismo otro caballero de los llergetes, llamado Leónero, que se hizo fuerte y alzó con una ciudad muy principal de ellos, llamada Athanagria (1), que, según la más común opinión, sería Lérida; porque, según se infiere de Tito Livio, era la cabeza de aquellos pueblos; y juntos estos con los cartagineses, corrieron y talaron las tierras comarcanas parciales y fieles al bando romano, en venganza de las demasías y daños que los días pasados habían recibido. Scipion, que tuvo aviso de todo esto, no quisiera haber de meter en campaña sus gentes, que ya estaban repartidas en aposentos y deseaba tomaran algún descanso, por ser aquel invierno riguroso, y porque con mejor vigor pudiesen llegar al verano, para pelear con los cartagineses de poder a poder, y de esta manera dar fin a la guerra;

(1) Athanagria o Athanagia, como se halla en todas las ediciones de Tito Livio, dice Cortés que no pudo ser Lérida, como supuso Marina, ni menos Manresa, cuya última opinión impugnó ya Pedro de Marca: antes bien era Sanahuja (no se ve bien) nombre derivado de Azanagia, quitada por aféresis la primera letra, y convertida la g en j; cuya villa conserva aún muchos indicios de su antigüedad, y se halla en la raya divisoria entre los lacetanos y los ilergetes.

pero como cada día le llegaban avisos de los estragos que recibían sus amigos y que Asdrúbal se iba haciendo más poderoso, sacó las gentes de sus estancias y caminó contra los cartagineses, muy apesarado por la mudanza de los ilergetes. Asdrúbal, que supo la venida (de) Scipion, fingió ignorarla, y publicando que no hallaba mala voluntad ni contradicción con los ilergetes, dio vuelta y pasó otra vez el río Ebro, y dejando todos los pasos muy fortificados, se fue a Cartagena, imaginando que los romanos, viéndole tan lejos, se volverían a Tarragona o Empurias, y la región de los ilergetes quedaría sin daño alguno; pues él no se ponía en parte de donde pudiese causar nuevas alteraciones y sospechas. Scipion, que ya tenía las 
gentes en campaña y estaba para marchar, no dejó de proseguir su camino con grande prisa, recogiendo de paso muchos catalanes amigos suyos que le acudieron; y metido con ellos en la región de los ilergetes, no hicieron menos daño que los cartagineses habían hecho primero por la tierra del bando romano, tanto, que todas las personas principales y nobles que había en aquella comarca desampararon sus casas y se retiraron en la ciudad de Athanagria, con harto temor que no hiciese con ellos Scipion lo que los cartagineses habían hecho con Sagunto. Estando retirados en esta ciudad, fueron cercados y combatidos tan a menudo y por tantas partes, que dentro de pocos días se rindieron, y murieron en este sitio Leónero y muchos caballeros principales; y con esta victoria los demás pueblos del derredor quedaron obedientes a Scipion, el cual se tomó la jurisdicción de aquellos lugares, y recibió mayor número de rehenes que había antes recibido, y le pagaron cierto tributo para el gasto de la guerra, que, según dice Ocampo, serían ganados (a quien Tito Livio llama peccunia, porque los romanos al dinero y ganado todo lo comprendían debajo de este vocablo peccunia), metales y otras preseas, y no moneda, porque en aquellos tiempos, que era 200 años poco más o menos antes de la venida de Jesucristo señor nuestro al mundo, no la usaban. 

Esta victoria puso algún temor en los cartagineses y acreditó la buena fortuna de Scipion, el cual, por no perder tiempo, quiso perseguir a Amusito, caballero español y señor de los pueblos Acetanos. Este, en tiempos pasados, había favorecido mucho a los ilergetes, por serles muy amigo y haber liga y confederación entre ellos; y después de la pérdida de Athanagria, se había retirado a su tierra. Pero Scipion no por eso dejó de perseguirle, en odio de los cartagineses; y dejadas a buen punto las cosas de los ilergetes, dice Livio, que movió su campo hacia estos pueblos Acetanos, que son los que están entre los dos ríos Segre y Ebro, y eran confinantes con los ilergetes. a estos, la impresión de Tito Livio llama ausetanos, y es manifiesto error del impresor, ponderadas las palabras de aquel autor, el cual dice: In Ausetanos propè Iberum, socios et ipsos p*orum, procedit; utque urbe eorum obsessa. Lacetanos, auxilium *finilimis ferentes, nocte haud procul jam urbe, cum intrare *vellent excipit, insidiis; y esto no pudo ser, porque los ausetanos, que son los de la plana de Vique, ni están junto al Ebro, ni de muchas leguas se llegan a él, y los acetanos están muy cerca, pues viven en las orillas de aquel río y del de Segre; y así, ni Amusito, como dicen algunos, fue señor de Ausa, que es Vique, (obispado de Ausonia, Vich, Vic) sino de un pueblo o ciudad, que era el pueblo más principal de los Acetanos y que no sabemos el nombre, por callarlo Livio, aunque Florián dice llamarse Acete, sobre el cual puso sitio.
Avisado Amusito de los intentos de Scipion, llamó en su favor a los lacetanos, que son los pueblos que hay desde el río Llobregat hasta Gerona, cuyo pueblo más principal era Barcelona, y según opinión de Beuter, llamó, no a los lacetanos, sino a los jacetanos, que en esto corrige también la impresión de Tito Livio, que dice lacetanos (I mayúscula, no L (ele), Iacca, Iaccam, Jaca, Jacca, etc.), habiendo de hacer de la l, j, equivocación muy fácil del que traslada manuscritos antiguos: y es más verisímil haberse valido de los jacetanos, que son los de la ciudad y comarca de Jaca, que le eran vecinos; que no de los lacetanos, que le estaban más apartados y habían de pasar más tierra para juntarse con él. Sin estos, también llamó a los ilergetes que viven en la Seo de Urgel, porque a estos aún no había llegado Scipion, por estar más remotos, y les pidió Amusito que, según las conveniencias y ligas que había entre ellos, le valieran en aquella ocasión. Juntáronse más de veinte mil hombres que salieron de las montañas que hay desde la Seo de Urgel hasta Aynsa (Aínsa) y Sobrarbe (Superarbe), en el reino de Aragón, gente valerosa y armada. Estaba concertado entre estos montañeses y los cercados, que saliesen a meter fuego en el real de los romanos, y mientras estarían ocupados en matar el fuego, darían sobre ellos antes que estuviesen advertidos del socorro que les venía de los montañeses.
No pasó esto tan secreto que lo ignorase Scipion, por medio de unas espías que cogió; y por evitar este daño, puso gente de a caballo en guarda de su real y cuidó que no tuviesen lugar, ni los de la ciudad a los del socorro, ni estos a los de la ciudad, de darse algún aviso, y él con un buen número de gente se puso en un paso, por el cual habían de venir estos montañeses que enviaba Amusito, que ignorantes de lo que estaba aparejado, venían de noche, sin capitán ni caudillo, y se metieron por un valle, donde toparon con la gente de Scipion, que al principio pensaron eran gente de Amusito, que les venían a encaminar a la ciudad y al real de los romanos. Presto vieron el engaño; porque les apretaron de manera los romanos, que mataron de ellos más de doce mil, y los que quedaron huyeron con el resplandor de la luna, procurando salvarse cada uno de ellos como mejor pudo. Amusito, con la tardanza de los montañeses, conoció que alguna desgracia les habría sucedido, por lo que no dejó salir a nadie de la ciudad, esperando nueva de lo que había sido. Con esta suspensión estuvo hasta la mañana, que vio a los romanos muy alegres y regocijados, y entendió lo que había pasado. Sintió mucho esta pérdida; pero no desmayó, confiando de la esperanza del tiempo, y de la nieve que continuamente caía, y de la falta de mantenimientos que habían de tener los romanos, y que por eso habían de salirse de aquellas tierras; porque donde menos nieve había pasaba de diez pies en alto. Scipion, por estas incomodidades y rigores de tiempo, no se apartó de su empresa y apretó la ciudad cercada; y aunque no la nombra Livio, no pudo ser Vique, como han querido algunos, sino otra que Ocampo llama Acete, cabeza de los pueblos acetanos, donde pasó todo esto. Duró el cerco treinta días; y aunque salieron Amusito con buen número de los cercados a meter fuego en las trincheras e ingenios de batir de los romanos; pero fue en vano, que por estar verdes y helados del tiempo, no prendió el fuego en ellos, y así no fue de provecho la salida. Scipion conoció que los cercados se cansaban; apretó más el cerco; y Amusito, después de haberle sufrido trienta (treinta) días, secretamente salió de su ciudad y pasó a la otra parte del Ebro, donde estaba la gente de Asdrúbal, y de allí se retiró a Cartagena. Los de la ciudad se dieron a Scipion, que les recibió sin quitarles nada de sus libertades y honras, con que pagasen veinte talentos de plata, que declarando qué eran, dice Ocampo ser mil seiscientas libras de plata fina de las libras antiguas, que cada cual de ellas tenía doce onzas de nuestro tiempo, de manera que montaban tanto como ahora dos mil cuatrocientos marcos de plata, que valen, reducidos al precio de moneda castellana, cinco cuentos y setecientos mil maravedís de la moneda menor de Castilla, cuyo marco se vendía, cien años ha, por dos mil y cuatrocientos maravedís. (1).
(1) Florián de Ocampo, lib. 5, c. 8.

sábado, 19 de noviembre de 2022

CORRESPONDENCIA CON GERÓNIMO PAU.

CORRESPONDENCIA CON GERÓNIMO PAU. (Pedro Miguel Carbonell)

Fol. 276.

Epistola quibus elementis Barcinona scribi debet solicite inquirens.

Petrus Michael Carbonellus tabellio Barcinonensis Hieronymo Paulo Caesarei iuris profesori contribulo suo P. S. D. Nequeo satis atque satis mirari vir egregie de barbarie quorundam concivium Barcinonensium qui absque ratione aliqua et fundamento peritorum verba plurima non modo inepte scribere et pronuntiare non erubescunt immo si quos emendate scribentes vident ac ab eorum imperitia alienos audent stolidi eos obiurgare ac illorum doctrinam velut haereticam detestari nec tantum profecto doleo quod iniuria docti reprehendantur quam quod ipsi ignorantiam appetentes rudes indoctique persistant. Accidit nuper ex collegio nostro versipellem quempiam (quoniam vidisset me urbis nostrae nomen per C. exile scripsisse) chachinno pene crepuisse. Aiebat enim homo illitteratus usum in ea dictione scribenda servandum esse asserens a septingentis annis citra sic scriptam in publicis instrumentis comperiri sed quare ea tempora semibarbara fuisse sciebam nihili eius fundamentum existimavi sed querens si ante divi Constantini tempora hoc urbis nostre nomen per C. aspiratum apud quenquam auctorum adinvenisset et quoniam in se nescire diceret et si sciret se non curare iratus inscitiae hominis eum reliqui. Nunc te vehementer oro ad me escribas quomodo id urbis nostrae nomen scribendum esse sentias et an aspirari in eo nomine C. littera debeat necne. Vale et me tui observatissimum ama. Barcinonae calendis februariis anno salutis MCCCCLXXV.

Insiguiendo el plan que nos habíamos propuesto de dar a conocer en esta obra solamente la parte inédita de los trabajos debidos a la pluma del infatigable archivero, debiéramos omitir en este punto la importante contestación dada a la carta que antecede por el primo de Carbonell, el reputado jurisconsulto y literato Gerónimo Pau, por haberla dado a luz en su Marca Hispánica, como dato para corroborar la etimología de Barcelona, el sabio Pedro de Marca arzobispo de París, quien al citar el nombre del expresado etimologista, cuya opinión es de tanto peso para Carbonell, lo acompaña con honrosos calificativos, que son la mejor prueba de la importancia que mereciera en el mundo literario: Hieronimus Paulus vir gravis et eruditus (pone erudi-ditus); pero como Carbonell era pródigo en sacar copias de sus escritos, y hayamos observado alguna diferencia entre la reproducida por Marca, que ignoramos de donde la tomaría, y la que existe autógrafa en el códice de Gerona, tratándose precisamente en la misma carta de etimologías y desinencias o terminaciones, para lo que se requiere no omitir ni una sola letra, hemos creído indispensable publicarla aquí, tal como se encuentra en el referido códice, ya porque bajo este punto de vista puede considerarse como original inédito, ya por no interrumpir esta parte de correspondencia, acaso la más interesante de cuantas componen esta sección especial, que consideramos no menos como otro de los interesantes trabajos de Carbonell.

Fol. 276 v.

Epistola quibus elementis Barcinona scribatur prudenter respondens.

Hieronimus Paulus P. Michaeli Carbonello S.

Non mediocriter mea sententia errare videntur mi Carbonelle jureque reprehendendi sunt immo nec inter cives habendi qui nomina urbium in quibus nati alitique sunt scire haud impudenter negligunt. Quis enim non eum merito vituperet qui patris sui aut genitricis verum nomen ignoretur. Cum igitur patriam nostram nobis parentem esse sciamus et multa nos ei debere veterum scriptis manifestum sit turpissimum esse arbitror nomen parentis nostrae hoc est urbis in qua quotidie versamur pudentius ignorare. Et cum id scire omnibus profecto expediat omnesque contingat litteratis tamen viris id non ignorare per necessarium est tibique praecipue cum tabellio sis publicus et dietim nomen urbis istius te in instrumentis apponere contingat die de more adiectis et anno. Hac fortasssis ipse occasione adductus tuis litteris petitis et obsecratis admodum ad te scribam quo nomine urbem istam a majoribus appellatam esse comperiam et an in ea dictione aspirari C littera debeat. Ad responsionem ergo veniens et primo (ut mihi videtur) absoluto postremum etiam (quod petis) notissimum fiet cum altero dubium ex altero (ni fallor) pendeat. Sed potius mihi quedam praenotanda videntur quo liquidius ordinatiusque ad solutionem petitionis descensus fiat. Propria igitur nomina animalium locorumve quae neque Graecam neque Latinam derivationem aut analogiam habent a nostris grammaticis eo modo nobis scribenda esse traduntur quo apud priscos approbatosque auctores sive Graecos sive Latinos diligentius scripta invenerimus et id non sine ratione cum in barbaris dictionibus nec analogiam facilem cognoscamus neque etiam derivationem aut etymologiam. Auctoritati ergo antiquorum necessario standum est qui cum proximiores fuerint aetati qua nomina ipsa barbara initium habuerunt praesumitur juxta eorum pronuntiationem litteris mutatis in Graecum aut Latinum vertisse quandoque eas nostro more flectentes quandoque litteris tantum mutatis eas inflexas more barbaro reliquiisse ut credendum sit antiquissimos ipsos Graecorum veteres ubi videbant a barbaris nomen aliquot aspirate proferri id in Graecam vertentes litteraturam eo loco quo et barbari aspirari solitos esse. Testis est horum et Calagurritanus noster et prisci Latinorum grammatici referentes saepius nostre aetatis orthographiae autore Tortellio. Cum ergo nomen istud nostrae urbis constet barbarum esse et non Graecum et ejusdem pene nominis legamus in Aphrica fuisse urbem quam jam Barcinonium caput appellant et Hastrubali etiam a quo forte urbs ista condita fuit Barcino cognomen fuisse Livius scripserit. Querendum nunc ergo est quo nomine ab Graecorum et Latinorum majoribus haec barbara urbs fuerit appellata ut eo etiam (per ea quae supra memoravimus) a nobis appelletur. Sed prius ordo exigit his respondere qui audacius praedicant anilibus imbuti fabulis nomen istius urbis Latinum esse et ab Hercule cum Gerionem peteret conditam fuisse affirmant ab eo a nona ut aiunt barca cum ad ea litora sorte appulisset Barcinonam appellatam extitisse. Quae omnia longe a veritate aliena esse arbitror cum nusquam haec legantur et tamen ejus Ducis introitus in Hispaniam urbesque ab eo conditae ab Diodoro Siculo et Pompeio Trogo diffusius scribantur. Nulla tamen apud eos hujus oppidi mentio habetur. Nec verissimile praeterea est Herculem ipsum Graecum patrii forsitan sermonis oblitum nomine barbaro et Latino urbem in Hispania appellavisse. Barca enim non Latinum esse sed Afrum nemo ambigit pro eo dictum quod Latini musculos aut actuarias naves appellant. Nona fateor Latinum esse. Et ideo minime credendum est Graecum Ducem hujusmodi nomen urbi indidisse liciter et aliter contra hanc fabulam sequentes argui possit quod scilicet Barcino et Barcilon non Barcinona ut jam videbimus ab antiquis scriptum inveniamus. Superest hac insana opinione repulsa enarrare antiquos omnes auctores qui aut historias aut cosmographiam scripserint qua appellatione hanc urbem de qua quaerimus nuncuparunt. Primus omnium ut ipse comperio Pomponius Mela qui Augusti temporibus scripsit hujus urbis in secundo de cosmographia libro meminit sub his verbis Inde inquit ad Tarraconem parva sunt oppida Blande Luro Betulo Barcino et rursus Rubricatum in Barcinonis littore. Plinius postea Veronensis in quarto naturalis historiae Hispaniarum oras discurrens sequentia scribit In ora autem colonia Barcino cognomino Faventia. In quibusdam autem antiquis Plinii codicibus Barcine invenitur et non Barcino. Et Paulus iurisconsultus Barcinonenses inquit juris Italici sunt et paulo post idem jus et Valentini. Et Dionysius Alexandrinus de Balearibus insulis loquens in haec fere verba cecinit. Altera que major est Tarraconam civitatem versus habet. Altera vero quae minor Barcilonam contra potissimum septentrionem versa. Claudius etiam Ptolomeus Graeco sermone scribens sequentia edidit Rubricati fluvii (Llobregat) hostia deinde *(palabra en griego; página 372) Occurrunt et recentiorum auctoritates. Antoninus Pius in Itinerariis Hierunda (Ierunda, Gerunda, Gerona) Barcinonae M. P. LXVI. Et alio loco Praetorio Barcinonae M. P. XV. Divus etiam Hieronymus in libello quem de illustribus viris edidit Patianus inquit in Pyrinei jugis Barcilone Episcopus. Et Paulus Orosius de Atphaulfo (Ataúlfo o Adolfo, rey godo) Gotorum Rege loquens ait Apud Barcilonam a suis interfectus est. Et Ilarius Papa hujus nominis primus ad Scanium Tarraconensem Archiepiscopum scribens ut in regestis Pontificum legitur meminit dicens Remoto ab Ecclesia Barcinonensi et ad suam remisso Ireneo Episcopo sedatis per sacerdotalem modestiam voluptatibus quae per ignorantiam ecclesiarum legum desyderant quod non licet obtinere talis protinus de clero proprio Barcinonensibus ordinetur Episcopus qualem te praecipue frater Ascani oporteat eligere. Ausonius etiam poeta ad Paulinum filium scribens ita locutus est Quanto me affecit beneficio non delata quidem sed suscepta querimonia mea Pauline fili veritus displicuisse oleum quod miseras munus iterasti addito etiam Barcinonensis murae condimento cumulatus praestitisti. Vidi et ipse Bononiae mundi figuram tabulis antiquissimis et pene vetustate consumptis litteris quae vix legi poterant in oris citerioris Hispaniae scriptum Barcino atramenti colore non rubro quo arguitur oppidum istud tempore quo tabule ille depictae fuerunt exiguum fuisse cum ibi Tarracon et Emporiae (Empuries) minio scripte cernerentur quo colore magnarum civitatum nomina etiam hodie signari solent. Ex his omnibus apparet variae hoc urbis nostrae nomen a priscis auctoribus terminatum fuisse ut et Barcino inveniamus et Barcinon quod saepius ab antiquis in nominibus propriis tertiae in omnibus desinentibus teste Prisciano usurpatum est ut dicatur Ruscino et Ruscinon Tarraco et Tarracon Narbo et Narbon Castulo et Castulon sicut plerunque in alia etiam terminatione fit cum inveniamus Arar et Araris Hispal et Hispalis Tolos et Tolosa Nicia et Nicea Carcaso et Carcasona. Et inde etiam Barcino et Barcinona qua plurimum terminatione Christiani auctores gaudent in urbium magnarumque civitatum nominibus ut pro Vlyxippone dicatur Vlyxibona et pro Tarracone Tarracona et pro Ancone in Piceno Ancona inveniatur etiam (ut vidimus) rarius tamen Barcilon et Barcilona a Graecis prolatum quam appellationem et recentiores et vulgus sequitur n liquida in l muta quod quandoque fieri Caesariensis etiam grammaticus firmat. Apud neminem autem scriptum comperio quod c littera aspiranda in ea dictione sit cum apud Graecos non per K sed per X scribatur. Sive ergo dicamus Barcinonam sive Barcilonam nunquam c aspirari debet.

Haec sunt quae de nostrae urbis nomine non segnius ab antiquis auctoribus scrutatus ad te scribere volui cum enim particeps mecum amoris sis participem te etiam doctrinae esse convenit. Nunc te pro nostra amititia moneo atque obtestor ut istic diligentius explores si forte nomen urbis istius in antiquis marmoribus quae plura intus vetus oppidum plura intelligo sculptum invenies ut et marmorum antiquorum auctoritas quae non lenis habetur memoratis accedat auctoribus. Epigrammata etiam si qua repereris ad me antiquitatum amatorem mittito. Vale. Romae idibus junii anno salutis MCCCCLXXV.

Fol. 278 v.

De fide marmorum quibus elementis Barcino et Tarraco scribi debeant epistola accuratius respondet Carbonellus.

P. M. Carbonellus publicus tabellio Barcinonae Hieronymo Paulo viro imprimis litterato P. S. D. Etsi mihi tuae litterae iocundissimae sunt tamen jocundius fuit quod nomen urbis nostrae Barcinonis a pseudographis post divi Constantini tempora corruptum id suscitatum impresentiarum videatur quoniam antea huiuscemodi urbis insignis nomen ut auctoritatibus antiquorum qui in pretio habentur luculentissime apperuisti per C. haud aspiratum litterati scribebant tum etiam auctoritates ipse liquido corroborantur in antiquissimis marmoribus Barcinonis et Tarraconis intra oppida vetera reconditis que (ut ibi legerim) temporibus divi Aurelii Antonini in scripta fuere quem longe ante Constantinum imperasse exploratum habeo. Nam litteris tius (tuis) perlectis ut tuae morem gererem voluntati ad vetus oppidum Barcinonensium me contuli e vestigio et ad concivium sedes quaspiam ubi in pervetustissimis marmoribus non modo nostre urbis nomen absque aspiratione sed etiam Tarraconis duplicator et. a. ante et post sculptum comperitur. Quo sit ut ex inde in notis codicibus in et scripturis conficiendis tam per mei quam per alios qui hanc veram orthographiam servare imitarique voluerint huiusmodi nomina ut scripsistis scribentur. Tacebitur igitur homo ille neotericus ac versipellis quippe que procacius asserebat usum in ea dictione scribenda servandum esse meque novum eius auctorem dictionis per vicos et plateas praedicare non cessabat verum si tacere noluerit eum cum sua barbarie relinquemus postea quam te summum cosmographum et rerum antiquarum apprime studiosum aliosque doctissimos et approbatos viros in tuis litteris exaratos ad rem nostram tutandam in testes produxerim. Praeterea (ut spero) venient eminentiores viri imposterum qui tua et illorum doctrinam eximia commendationes dignissimam suscipere aequo animo curabunt. Ego vero indoctus tuam doctrinam mihi et posteris meis salutiferam tanquam matrem summis laudibus extollendam impresentiarum ac perdiu maximo cum honore reverentiaque amplecti non desinam. Sed si quod reconditum magis erit meque discere et scire opus esse putaris ad has litteras statim mihi rescribe. Vale et me tantum ama quantum te a me amari intelligis. Barcinone pridie nonas julias anno salutis MCCCCLXXV.

Fol. 237.

Jesus Christus.

Huiusmodi epistolam Petrus ipse Michael Carbonellus Barcinonius tabellio lucubratione una edidi adeo quod morem gererem voluntati amicissimi contribulisque mei Hieronymi Pauli jure consulti Barcinonensis qui me suis litteris monuit ut fingerem epistolam a se editam (ut infra post hanc a me edita et mihi directa) subscriptum Theseum ad me dedisse. Cuius rei causam is Theseus impresentia ignorat.

Theseus Benetus Ferrandus Valentinus Balearis juri Pontificio iugiter vacans Bononiaeque scholaris Petro Michaeli Carbonello Catalano Tabellioni et nostri Hieronymi Pauli legum professoris contribuli et amicissimo integerrimo. P. S. Diebus haud longe dimissis (1: Id ornatius dicendum puto superioribus diebus et non diebus non longe dimisis.) Tabellarius quispiam unas mihi reddidit litteras nostri suavissimi Hieronymi Pauli arguto omni artificio et claro ingenio ac doctrina maxime pollentes quae non solum mihi sed circumspectioni tantorum doctorum et oratorum huius felsinae antiquitus sic Bononia appellata est ut in antiquis codicibus comperitur. Urbis oblactamento et etiam prodigio fuere. Jam equidem de nostro Hieronymo dicendum puto speculum et decus Haesperiae totus est cuncta rimatur peraccuto et eleganti stylo quicquid vult dicit et ordinat absque labore. Qui vero cupit humanitatis studia et iuris Pontificii ac civilis doctrinam exhaurire pergat ad hunc Hieronymum ab eius quidem fonte sitibundus bibat et sitis citius extinguetur neminem ita adulescentem video sibi parem nec forte maiore aetate confractum.

Quicquid in eo est optimum censetur. Morali neque naturali philosophia indiget. Gratus est non modo diis deabusque sed etiam cunctis mortalibus qui ob tanti ingenii et doctrinae suae praestantiam uno ore hic predicant Beatus venter qui eum portavit et ubera quae lactarunt vivat igitur in eum is jubar ecclesiae quem fore expectamus cum secundorum ubertate successuum. De his quidem satis. Cupio magnopere me tibi si non amicum saltem benivolum esse quum vera amicitia non sit latens ac inter ignotos causari nequit. Tu autem mihi innotus es et ipse tibi. Interim vero licet facie ad faciem te videre expetam sum paratus tuae morerem gerere voluntati quotiens ad me scripseris. Et quamquam cardiaci aegrotatione laboro quae mihi ad scribundum impedimento est tamen ut particeps mecum doctrinae amorisque sis eam epistolam quam memoravi (cuius exemplum penes me est) tibi interclusum sub presenti mitto. Non mireris si is indignis elementis hanc meam epistolam transcriptor famulus meus scripserit quum ob meam invalitudinem scribere non valui sed eam emmendatissimam a me aeditam comperies. Bene vale Felsinae XVII calendas septembrias 1475.

Epigramma premissae epistolae tale erat.

Viro nasuto Petro Michaeli Carbonello tabellioni apostolico dignissimo Barcinonae.

Epistole Hieronymi Pauli in premissis Thesei litteris enarrate tenor talis est quam is Hieronymus edidit per hec verba.

Hieronymus Paulus Barcinonensis Thesei Valentino Baleari S. Maxima laetitia amicorum suavissime superioribus diebus afectus sum quum tuas litteras receperam quibus scripsisti te studiis litterarum deditissimum esse quod non tantum ex tua assertione quantum ex epistolae tuae lepore et ornatu mihi notissimum extitit vehementius etiam gavisus sum quod te sacrarum legum studio cunctis viribus vacare intelligam et iure pontificio quandoque oblectari in quo quidem peritissimum fuisse Ateium Capitonem auctor est Macrobius libro VII Saturnalium nunc obnixius oro frater humanissime accuratius prosequaris. Multa nam apud veteres de iuris civilis laudibus tradita plurima periculo ipso singularia esse cognoscimus. Quid enim ad istius disciplinae commendationem satis esse potest quum per eam scire liceat ac intelligere quid aequum quid iustum quid sanctum quid religiosum quid utile quid honestum quid denique imitandum aut fugiendum sit. Per huiusmodi etiam studium Deum colere parentes revereri patriam tutari amicos servare inimicos ipsos tolerare hostes repellere quae sua sunt tueri alienis non inhiare per id quoque bonis premia proponuntur mali autem ab iniquis studiis et facinoribus coercentur. Ideo traditum est leges ipsas non hominum sed deorum inventum esse nihil etenim mortales ipsos inmortali Deo coniungere potest quam haec legum veneranda necessitudo quae cum ipso traditae sint nihil in se continent quo Deo dignum censeri non possit nec immerito sacrarum legum ministros antiqui sacerdotes appellarunt quasi sacra quaedam heroicaque tractantes. Optime igitur adulescens clarissime a te optatum est sanctissimeque electum. Scio etiam nihil gratius aut iucundius (se lee iucundins) parenti tuo nuntiari posse quam te ad haec nostra studia divertisse. Sed quaedam nunc pro nostra amicitia moneo quae in rem tuam in dies esse cognosces ea sunt ut postquam quinque quae tantum supersunt ex deplorandis legum antiquis codicibus diligenti cura perlegeris horum quos enumerabo auctorem libellos revolves scio nam ad Ro. legum notitiam et eruditionem plurimum conferent eodem nam pene tempore fuerunt hystorici hi et jurisperitorum nostrorum clarissimi inde fit ut plura communia pertractent multarumque legum ortus explicent ac si qua obscura sint declarent et expediant imprimis tibi habende sunt Caii instituciones quas temporibus gloriosi principis divi Hadriani scripsit et Helii Pauli commentarii qui nuper Patavii inventi esse feruntur habendus praeterea est historiarum pater Livius Ciceronis libri lectitandi omnes Quintilianus Tranquillus Cornelius Tacitus Lampridius Spartianus Capitolinus Gallicanus non omittendi nec salebrosus etiam Amnianus. Ex graecis vero Polybius et Appianus Alexandrinus et commentarii quidam graeci qui in Justinianum codicem scripti sunt. Ex recentioribus autem meo concilio pauci tibi deligendi sunt praeter nam eorum semibarbarum ac solutissimum dicendi genus multae etiam ineptissimae interpretationes ab eis aeditae sunt quae liberalem quenque et ingenium ab eorum doctrina non immerito dimoveant nec mirum ita interpretati sint eorum nam aetate non modo dicendi elegantia sed litteratura ipsa vandalorum et gotorum eversione prope deperierat e contra juris consultorum aetas florida passim fuit et eloquentiae fecundissimis fontibus emanans quo modo igitur credendum est tersissima illa et elegantisima digestorum volumina ab hominibus omnis eloquentiae expertibus. Immo pene ut dixi barbaris recte exposita ac comentata esse. Causidicos ergo excellentis ingenii plures fuisse et esse nunc quoque fateor jurisconsulti autem et que iura Romanorum percalleant nusquam invenientur que numero Thebanas portas exuperent. Bartolus ergo tantum dinus et Paulus quem Castrensem cognominant tibi pertractandi sunt hi nam ut pluribus videtur minus ab antiquiorum sententiis aberrant. Coeteri autem ambagiosis quibusdam districtionibus sese implicantes confusum quoddam et inexsolubile cahos pro doctrina contexerunt et more incirculatorum ac phanaticorum hinc inde debacchari divinare conantur. Postremo nec ipsi se se intelligunt neque misserrimi ipsi lectores solidae ut aiunt doctrinae quicquam exhauriunt sed superfluis ac inextricatis allegationibus glomerati perpetua ignorantia irretiti continentur. Sed quum plura dicere vellem finem imponere coegit Tabellarius noster Polibarbarus. Mitto ad te libellum de fluminibus et montibus Hispaniarum quem ipse edidi eum transcribi facies modico aere id fiet. Deinde cures obsecro praeclaro poetae Franc. Puteolano tradatur cui plurimum me commendabis phamigerato etiam praeceptori Andreae Barbatiae Messanenssi optime de me merito et salutes plurimas et eventus prosperos verbis meis dicito Joanni quoque Garzoni oratori perfacundo et dulcissimis amicis Nicolao Emporitano et Hieronymo Lupio Valentino non vulgares salutes dicito Juliae ac Theodorae sororibus praeclaris et litteratissimis mulieribus me enixissime commendato et memineris rogo si quos ediderint libellos ad me mittere. Hic et salubritas aeris est per totam urbem et prospera valitudo paucissimi peregrinorum sonticis morbis laborant. Tu bene vale et me ama. Romae calendas augusti anno christianae religionis MIIIICLXXV fervente canicula.

Epigramma in premissa epistola tale erat.

Viro egregio Theseo Beneto Ferrando Valentino Baleari scholari peritissimo catalano Bononiae.