Mostrando las entradas para la consulta Vicente Ferrer ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta Vicente Ferrer ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

martes, 23 de junio de 2020

283. VICENTE FERRER SALVA SU PROPIA VIDA, Caspe

283. VICENTE FERRER SALVA SU PROPIA VIDA (SIGLO XV. CASPE)

283. VICENTE FERRER SALVA SU PROPIA VIDA (SIGLO XV. CASPE)

Las tensas sesiones y las acaloradas deliberaciones que habían conducido por fin al nombramiento de don Fernando de Antequera como rey de Aragón acababan de finalizar. Tras un merecido descanso de pocos días, los componentes de todas las delegaciones comenzaron a marchar. Caspe volvió a ser una población tranquila.

El fraile valenciano Vicente Ferrer, principal artífice de la solución dinástica caspolina, preparó como todos los demás su viaje y decidió poner rumbo a Peñalba, población situada en plenos Monegros, donde tenía previsto hablar a los judíos para tratar de convertirlos a la religión cristiana. El camino, como no podía ser menos, estaba polvoriento y seco.

Comenzó su andadura y aún no habrían transcurrido dos horas desde que saliera de Caspe cuando, en un recodo del accidentado camino, tuvo que detenerse al cortarle el paso un numeroso grupo de hombres a caballo. Iban todos vestidos de blanco.

El jefe de la partida increpó a Vicente Ferrer acusándole de ser el principal culpable de que su señor, el conde de Urgell, no hubiera sido elegido para ser rey de los aragoneses. Junto con la arenga, amenazó con matar al fraile dominico. Éste, no obstante —con gran serenidad y aplomo a pesar del peligro que estaba corriendo— replicó: «¿Podía ser buen rey y señor quien fue causa de la cruel y sacrílega muerte de un príncipe de la Iglesia?». Se refería Vicente, sin duda, al asesinato del arzobispo de Zaragoza, García Fernández de Heredia, a manos de los hombres del conde de Urgell.

Ante el arrojo del fraile dominico, el capitán y los hombres de armas que le increpaban y le tenían a su merced no reaccionaron. Se vieron subyugados por su valor, sustentado sólo en su palabra y en la convicción de sus ideas. Además, el tono acusatorio de la pregunta les dejó moralmente desarmados.

Aunque profiriendo insultos al fraile, abrieron un pasillo por el que atravesó Vicente Ferrer, que nunca estuvo tan cerca de morir. Lentamente, sin mirar atrás, continuó camino de Peñalba.

[Salas Pérez, Antonio, Caspe y la historia del Compromiso. (2ª ed.), págs. 51-52.]

291. LA PALABRA DE VICENTE FERRER EN AÍNSA

291. LA PALABRA DE VICENTE FERRER EN AÍNSA (SIGLO XV. AÍNSA)
 
Si el mes de junio de 1415 había llevado a Vicente Ferrer a Barbastro y Graus, en julio se trasladó a la villa de Aínsa, donde se detuvo once días. Como en todos los pueblos por los que pasaba, el recibimiento aquí también fue cálido y multitudinario. La iglesia, en la que predicó el primer día, se hizo pequeña, de modo que tuvieron que habilitar un estrado en la plaza; de esta manera, dicen que pudieron oírle más de diez mil personas, llegadas de toda la comarca. Y lo cierto es que los jurados y los oficiales de la villa se las veían y deseaban para poder defenderle de las auténticas turbas piadosas que pretendían tocarle
o besar las manos del fraile.
 
En medio de esta enorme expectación, en un momento de máxima audiencia, llegó una tarde a la tribuna una mujer que decía estar endemoniada. Entre el calor, que era sofocante, y las contorsiones y gritos de la mujer, ésta era una especie de animal sudoroso.

Un familiar suyo intercedió por la pobre señora y, en medio de un silencio sepulcral, al conjuro de las
palabras de Vicente Ferrer, parece ser que el demonio abandonó su cuerpo. Tras unos instantes de sorpresa, todos los asistentes desfilaron para ver y hablar con la pobre señora, que no tenía ojos nada más que para mirar a su salvador.

Pero si la curación de la endemoniada, un ser racional enfermo, hizo crecer la credibilidad en el fraile,
mayor fue todavía la admiración cuando, estando en plena plática Vicente Ferrer, un jumento comenzó a rebuznar en un corral cercano a la plaza.

LA PALABRA DE VICENTE FERRER EN AÍNSA

 
Los rebuznos del animal eran tan agudos, constantes y molestos — tanto que inquietaban a los asistentes y no dejaba oír la palabra del fraile — que éste decidió intervenir.
Con voz cortante y decidida, mandó al animal que callase.
De repente, como si el jumento tuviera uso de razón y entendiera la palabra humana, el animal enmudeció completamente.
 
Si los argumentos que predicaba el dominico no hubieran sido suficientes para tenerlo como por un santo, que lo eran, aquel hecho hizo que su fama llegara al último rincón regado por el Cinca y por el Ara, de modo que aún se recuerda por estas tierras el silencio repentino del jumento quejumbroso.
 
[Vidal y Micó, Francisco, Historia de la portentosa vida..., pág. 231.]

VICENTE FERRER INSTITUYE LA PROCESIÓN DE LA DISCIPLINA, Graus

290. VICENTE FERRER INSTITUYE LA PROCESIÓN DE LA DISCIPLINA
(SIGLO XV. GRAUS)

VICENTE FERRER INSTITUYE LA PROCESIÓN DE LA DISCIPLINA (SIGLO XV. GRAUS)

Una vez más Vicente Ferrer, el dominico valenciano, había entusiasmado con sus sermones a los barbastrenses, a los que, por cierto, salvó de una espantosa tempestad mientras estaban oyendo misa en la catedral. Luego, cuando creyó que su misión había concluido en la ciudad del Vero, se encaminó a Graus. Era el verano de 1415, y los grausinos le recibieron también con los brazos abiertos, en olor de multitudes, acudiendo gentes de todos los pueblos de las riberas de los ríos Ésera e Isábena.

En Graus inició una línea nueva filosófico-religiosa, de manera que una buena parte de los argumentos mantenidos por el santo fraile dominico se basó en una defensa apasionada de la disciplina de la carne como medio eficaz de santificación y de penitencia, puesto que si sangrar al cuerpo mortal para buscar su curación era sano —se refería, sin duda, a las sangrías que los galenos recetaban en no pocos casos—, más lo sería para sanar el alma.
La palabra de Vicente Ferrer era escuchada en sermones diarios, bien en la iglesia bien en la plaza, a los que acudía con recogimiento prácticamente toda la población. Lo cierto es que sus argumentos calaron muy hondo entre los grausinos, de modo que, siguiendo prácticamente al pie de la letra sus pláticas, accedieron a establecer la penitente procesión de la disciplina, de la que el santo valenciano se puede considerar su inventor y Graus uno de los lugares pioneros de esta práctica piadosa, que llegaría a alcanzar su máxima expresión durante los actos procesionales de Semana Santa.

Como es natural el predicador tuvo que abandonar Graus para proseguir su andadura pastoral, pero fue tal la semilla que el valenciano sembró en Graus que la villa determinó adoptarle como patrón, distinción que perdura hasta la actualidad.

[Vidal y Micó, Francisco, Historia de la portentosa vida..., pág. 231.]

VICENTE FERRER APLACA UNA TEMPESTAD, Barbastro

289. VICENTE FERRER APLACA UNA TEMPESTAD (SIGLO XV. BARBASTRO)

VICENTE FERRER APLACA UNA TEMPESTAD (SIGLO XV. BARBASTRO)


Es conocido que el fraile dominico Vicente Ferrer se hallaba en el mes de junio de 1415 en Barbastro, donde había llegado para profundizar en la palabra de Dios ante los feligreses, pero, fundamentalmente, para —como hiciera en tantos otros lugares— tratar de atraerse a los judíos de la aljama barbastrense, reacios a abandonar su religión.

Llegó el día de la festividad de san Pedro y san Pablo y la catedral barbastrense se abarrotó de fieles para asistir a la celebración de la misa, tal como solía ocurrir cuando se anunciaba la presencia del santo valenciano.

Cuando había comenzado el oficio, las nubes que habían cubierto a Barbastro durante la noche dieron paso a una tremenda tempestad de truenos y rayos, como no recordaba ninguno de los allí presentes.
El miedo se apoderó de todos, temiendo incluso que se hundiera la techumbre de la iglesia.

Se percató Vicente Ferrer del miedo colectivo que se había apoderado de quienes habían acudido a oír sus palabras e interrumpió momentáneamente la celebración de la misa. Se encaró a los fieles, les dirigió palabras de tranquilidad y tras hacer la señal de la cruz con su mano derecha, a la vez que salpicaba con agua bendita al aire, el temporal amainó en el acto.

Cuando llegó el momento del sermón, con el susto todavía metido en el cuerpo de todos, comunicó el fraile a los fieles que san Pedro y san Pablo habían mediado por su intercesión para que aquella tempestad no acabase con los árboles y los frutos de su subsistencia, y que, si no fuera por ellos, el castigo por los pecados cometidos por la comunidad barbastrense no hubiera sido sólo de piedra y granizo, sino de piedra y fuego.

Antes de finalizar el sermón, predijo ante los todavía asustados y temerosos fieles cómo antes de transcurrido un año vivirían otra tempestad semejante si no enderezaban sus vidas, advertencia que no debió surtir demasiado efecto a la larga, pues parece ser que una tormenta infernal se desató a los once meses justos.

[Vidal y Micó, Francisco, Historia de la portentosa vida..., pág. 231.]

EL CRUCIFIJO DE SAN VICENTE FERRER, MUNÉBREGA

282. EL CRUCIFIJO DE SAN VICENTE FERRER (SIGLO XV. MUNÉBREGA)

282. EL CRUCIFIJO DE SAN VICENTE FERRER (SIGLO XV. MUNÉBREGA)


Más que por la belleza y la finura de su talla, que por otra parte no eran nada despreciables, el Crucifijo de la iglesia parroquial de Munébrega fue célebre por tratarse de una imagen que, según la tradición y la leyenda, había pertenecido al fraile predicador Vicente Ferrer, quien —en agradecimiento a las atenciones recibidas por sus habitantes en una de sus giras evangelizadoras para tratar de convencer y convertir al cristianismo a los judíos de la localidad— decidió donarlo al pueblo y dejar así testimonio de su paso, como ocurriera en tantos otros lugares de Aragón.

Por razones que nos son desconocidas e inexplicables —aunque quizás fuera para preservarlo de los atesoradores de enseres y pertenencias del famoso fraile valenciano que proliferaron por todas partes— el bello Crucifijo fue secreta y celosamente guardado en el hueco de uno de los brazos de un enorme facistol que había en el coro de la iglesia, hasta que un día fue hallado y puesto a la vista de todos, habiéndose perdido la noción y las vicisitudes de su origen.

Algunos años más tarde, cambió Munébrega de párroco y el nuevo decidió hacer limpieza de enseres y de ornamentos de la iglesia. Abrillantó patenas y cálices, reparó casullas, arregló bancos... Y se llevó a su casa el gran facistol del coro para restaurarlo con calma. Cuando lo manipulaba una tarde para liberarlo del polvo acumulado, vio en el hueco de uno de sus brazos que había un pequeño pergamino.
La curiosidad natural le llevó a leer en él que «aquest Sant Christ lo fiz San Vicente Ferrer».
Sin duda, el pergamino había pasado desapercibido cuando se rescató la imagen.

Desde entonces no sólo no cabía duda de la pertenencia inicial de aquella sagrada imagen, sino que, además, quedaba fehacientemente testificado que su autor material había sido el propio predicador valenciano, tan querido y recordado por estas tierras.

[Faci, Roque A., Aragón..., I, pág. 108.]

 

VICENTE FERRER IMPIDE QUE LOS DIABLOS SE ACERQUEN A CASPE

288. VICENTE FERRER IMPIDE QUE LOS DIABLOS SE ACERQUEN A CASPE (SIGLO XV. CASPE)

VICENTE FERRER IMPIDE QUE LOS DIABLOS SE ACERQUEN A CASPE



Nos hallamos en Caspe. La ciudad es un hervidero de gente, congregada en torno a los nueve compromisarios que tenían la encomienda de elegir un rey para Aragón entre los diversos aspirantes. Dentro de la sala de sesiones, las discusiones entre los representantes aragoneses, catalanes y valencianos se alargan; asimismo, en las calles y plazas, es casi imposible de dejar de hablar del problema sucesorio. No obstante, de cuando en cuando se producen intervalos de merecido descanso.

Entre los muchos y variopintos personajes congregados en torno al debate oficial, había un invocador del diablo que presumía constantemente de poder saber quién iba a ser denominado rey y, para demostrarlo, invocó públicamente a Satanás preguntándole el nombre que él y los asistentes que le rodeaban deseaban saber. El diablo, sin dudar lo más mínimo, le dijo un nombre y el hechicero le dio publicidad, corriéndose como reguero de pólvora no sólo por Caspe, sino por todos los confines del reino aragonés y aledaños. No obstante, los nueve compromisarios —argumentando y contraargumentando— continuaban los debates.

Pocos días después, en medio de un gran corro de gente, volvió a repetir la representación, pero en esta segunda ocasión el nombre proporcionado fue el de otro aspirante distinto. Ante tal contradicción, el hechicero le preguntó al diablo por qué un día le daba un nombre y días después otro. Satanás, que conocía y mantenía relaciones desde hacía tiempo con el hechicero, se sinceró, diciéndole: «Sabe que de tres leguas al contorno no me puedo acercar a Caspe, por un hombre que hay allí», haciendo referencia a Vicente Ferrer. Naturalmente, las contradicciones del hechicero le desacreditaron ante la concurrencia y tuvo que abandonar el lugar. Por el contrario, la fama y el crédito del fraile todavía se cimentaron más.

Algunos días después, influidos definitivamente los compromisarios por los argumentos del fraile valenciano, eligieron rey al infante castellano don Fernando, que muy pronto supo de aquella decisiva intervención. Fernando I, en agradecimiento, le nombró su confesor, aunque lo fue sólo por muy escaso tiempo, pues el ministerio de su apostolado no le permitía asentarse de manera definitiva en corte alguna. Así es que, una vez aclamado el nuevo monarca, Vicente Ferrer se trasladó a Alcañiz.

[Vidal y Micó, Francisco, Historia de la portentosa vida..., libro II, pág. 188.]

(Los de Caspe, Casp, son caspolinos, caspolinas, casposos no, casposas tampoco.)

sábado, 20 de junio de 2020

215. EL AUGURIO DE VICENTE FERRER (SIGLO XV. CALATAYUD)

215. EL AUGURIO DE VICENTE FERRER (SIGLO XV. CALATAYUD)

EL AUGURIO DE VICENTE FERRER, SIGLO XV, CALATAYUD, San Íñigo

El famoso fraile y predicador valenciano Vicente Ferrer —cuya intervención en la reunión caspolina para elegir rey de Aragón a la muerte de Martín I el Humano fuera tan decisiva— recorrió constantemente todos los caminos de Aragón predicando la palabra del Evangelio, labor evangelizadora dedicada fundamentalmente a la conversión al cristianismo de una población judía que, en mayor o menor número en cada caso, habitaba en la mayor parte de nuestras ciudades, villas y aldeas.

En cierta ocasión, Vicente Ferrer creyó necesario salirse de la ruta que llevaba trazada y decidió acudir a Calatayud, acompañado por alguno de sus discípulos, para tratar la conversión de los judíos bilbilitanos, pues le constaba que seguían absolutamente ternes en sus creencias, pero la población entera, incluida la cristiana, estimó improcedente la medida, llegando inclusive a apedrear al predicador y a sus acompañantes, tal como parece que le ocurriera en el mismo Valencia y en otras ciudades, según relatos similares.

Ante aquella actitud no sólo amenazadora sino real de los bilbilitanos, puesto que tuvo que soportar un auténtico vendaval de piedras y lodo, el fraile y sus acólitos se pudieron poner a duras penas a cubierto hasta que amainó el temporal, pues los guardas de la ciudad dispersaron a sus perseguidores.

Cuando se decidió a salir de la casa donde se había cobijado, se dirigió a los pocos viandantes que aún quedaban por la calle y predijo que la ciudad de Calatayud se vería inundada por los ríos Jalón y Jiloca que confluían a las puertas de la muralla, como castigo divino a la oposición recibida.

Viniendo de quien había venido tan terrible profecía, es natural que el miedo se apoderara de las gentes de Calatayud, que temían por sus casas y haciendas. Pero fue entonces cuando san Íñigo, a la sazón patrón de la ciudad, hizo saber a todos sus habitantes que tal desastre no ocurriría mientras los bilbilitanos siguieran profesándole a él la debida devoción, como así ocurrió.

[Recogida oralmente.]

(Pues el santo NO falló, porque NO dijo cuándo iba a pasar, y ha pasado más de una vez. JA, JA!, caray con el "frare valencià, germà de Bonifaci".)



https://es.wikipedia.org/wiki/%C3%8D%C3%B1igo_de_O%C3%B1a

San Íñigo, de origen mozárabe, nació en Calatayud en los primeros años del siglo XI (tradicionalmente se acepta el año 1000). Desde su juventud se retiró al monasterio de San Juan de la Peña. Después de ordenado sacerdote se escondió en las montañas de su tierra, en Tobed, para vivir como anacoreta.

Sin embargo, al parecer fue descubierto por sus extraordinarias virtudes y sus milagros. El mismo Sancho III el Mayor de Navarra fue a buscarlo para que se convirtiera en abad del Monasterio de Oña (Burgos), que rigió hasta su muerte el 1 de junio de 1068. Fue consejero de Sancho III el Mayor de Pamplona y confesor de su hijo, el rey Don García Sánchez III de Pamplona, a quién atendió en sus últimos momentos al morir en la Batalla de Atapuerca. Es autor de Observaciones singulares en la aritmética y Sistemas astrológicos sobre la natividad de algunos príncipes y de varias personas conocidas.

martes, 23 de junio de 2020

VICENTE FERRER SE APIADA DE LA MADRE TRASTORNADA, MAELLA

284. VICENTE FERRER SE APIADA DE LA MADRE TRASTORNADA
(SIGLO XV. MAELLA)

VICENTE FERRER SE APIADA DE LA MADRE TRASTORNADA  (SIGLO XV. MAELLA)


El fraile valenciano Vicente Ferrer no sólo fue muy conocido, sino también muy admirado por sus contemporáneos cristianos en el reino de Aragón, en muchas de cuyas localidades predicó en ocasiones varias, sobre todo intentando la conversión de los judíos aragoneses al Cristianismo. Una de esas poblaciones fue Maella, donde el predicador acudió invitado por un vecino del pueblo con el que tenía vieja y duradera amistad. Una vez en la villa, el amigo rogó a Vicente que dirigiera la palabra al vecindario, que en aquellos días festejaba alborozado las fiestas mayores.

El santo valenciano se alojó, como era natural, en casa del citado amigo, que trató de obsequiarlo con lo mejor de su despensa y con manteles y sábanas de hilo. Para el día central de la fiesta, recomendó a su mujer —algo desequilibrada mentalmente por haber padecido cierta enfermedad hacía poco tiempo— que cocinara un guiso de arroz, plato típico de Valencia, y que lo aderezara con los mejores alimentos de que pudiera disponer.

La mujer —llevada por su incipiente locura y por el desmedido afán de obsequiar lo mejor posible a tan célebre amigo de su marido— descuartizó a su propio hijo, un niño de pocos meses de edad, mezclándolo con los demás ingredientes y el propio arroz.

Durante la comida, en el plato del marido apareció un dedo, lo que motivó su sorpresa. Al preguntar a su mujer por la causa de aquello, respondióle ésta que lo mejor que tenía en casa para obsequiar al amigo ilustre era su propio y querido hijo. La desesperación del marido, ante la tragedia que acababa de descubrir, fue enorme.

El santo Vicente, haciéndose cargo de la situación, sobre todo de la enfermedad de la dueña de la casa que había provocado tal tragedia, tomó el dedo del niño y, estirando de él, sacó de la paellera, envuelto en arroz, al niño entero que, por fortuna, aparecía sano y salvo.

[Recogida oralmente.]

(mismo milagro en Morella)
 
 

286. VICENTE FERRER PREDICA EN CALATAYUD

286. VICENTE FERRER PREDICA EN CALATAYUD (SIGLO XV. CALATAYUD)

VICENTE FERRER PREDICA EN CALATAYUD (SIGLO XV. CALATAYUD)


Aquella no era la primera vez que el dominico valenciano Vicente Ferrer iba a predicar en la ciudad de Calatayud, población en la que tenía verdaderos y numerosos adeptos entre los cristianos. Hay tradición de que en las ocasiones precedentes, buscando un espacio adecuado para que cupieran todos cuantos querían oírle, se había tenido que dirigir a los fieles en cuatro lugares distintos al menos, pues como la gente anhelaba escucharle no cabía ni en las iglesias ni en la plaza del Mercado.

Con estos antecedentes, en la presente ocasión se precisaba un lugar mucho más capaz, por lo que para evitar posibles problemas de aglomeración las autoridades pensaron en habilitar los cerros inmediatos que se elevan en los extremos de la población, uno tras la puerta llamada de Zaragoza y otro más allá de la Peña.

Trabajaron en el acondicionamiento del lugar elegido varios hombres y se preparó cuanto mejor se pudo el cerro cercano a la puerta de Zaragoza. Bastante antes de que llegara el momento señalado, que había sido anunciado por los alguaciles por toda la ciudad, los fieles fueron ocupando las laderas del cerro, pero su pendiente hacía sumamente peligroso el lugar. Solventados los problemas como mejor se pudo comenzó la plática.

Cuando había transcurrido un rato sin incidentes dignos de mención, un muchacho cayó despeñado desde lo alto del cerro. La altura era tan considerable que todos los asistentes contaron con la muerte segura del infortunado, así es que se aprestaron a bajar para recoger su cadáver. Pero aún no habían comenzado el arriesgado descenso cuando vieron con asombro que el joven se levantó sano y salvo, sin ninguna magulladura ni rotura, como si nada hubiera ocurrido, intentando volver a subir al mismo lugar de donde cayera.

No lo pudieron evitar y todos volvieron enseguida sus admiradas miradas hacia el fraile que tenían delante de sus ojos, convencidos de que gozaba de poderes extraordinarios como para haber salvado a aquel muchacho de una muerte segura. La plática continuó.

[Fuente, Vicente de la, Historia de Calatayud, págs. 287-288.]

VICENTE FERRER, PREDICADOR EN MORA DE RUBIELOS

280. VICENTE FERRER, PREDICADOR EN MORA DE RUBIELOS (SIGLO XV. MORA DE RUBIELOS)

VICENTE FERRER, PREDICADOR EN MORA DE RUBIELOS (SIGLO XV. MORA DE RUBIELOS)

Todo el mundo sabe en Mora de Rubielos y su comarca cómo, a comienzos del siglo XV, el famoso dominico valenciano —cuya opinión tanto pesara en la solución dada en Caspe tras la muerte de Martín el Humano—, visitó la villa, en la que fue recibido con enormes muestras de entusiasmo y alegría por todo el vecindario. Aunque todos querían tenerle en su casas, se decidió al final alojarlo en la mejor posada de la localidad, una hermosa mansión gótica, de la misma factura que el templo parroquial.

Aunque sólo se encontraba de paso, ante la solicitud de los vecinos —que deseaban escuchar la palabra elocuente y sabia de quien ya era considerado como un verdadero santo en vida— accedió Vicente Ferrer a complacerles y, desde una de las ventanas de la posada, convertida en improvisado púlpito, se dirigió a todos en una encendida y fervorosa plática que jamás podrían olvidar.

En medio de su arrebatado discurso, a consecuencia de la constante agitación de sus brazos, cayó a la calle el pañuelo que el orador llevaba en la mano. Al advertirlo la gente, se precipitó a cogerlo, pero no con intención de devolvérselo a su dueño, sino para conservarlo como recuerdo y testimonio de tan importante visita y visitante.

Dado el tropel de oyentes, pues la calle estaba totalmente abarrotada, no se supo quién o quiénes lo habían cogido y guardado, mas transcurridos algunos días, y una vez que el predicador valenciano había abandonado Mora, apareció el pañuelo depositado al pie del altar mayor de la iglesia colegiata, sin saber quién lo había dejado.

Comunicó el sacerdote el hecho a sus feligreses y acordaron custodiarlo en una arqueta construida al efecto, cerrada con tres llaves, como era costumbre en aquella época guardar los auténticos tesoros, y el pañuelo de un hombre considerado como santo, sin duda lo era.

[Recogida oralmente.]

Rubielos de Mora

EL CUADRO DESPRENDIDO, HUESCA

293. EL CUADRO DESPRENDIDO (SIGLO XV. HUESCA)

EL CUADRO DESPRENDIDO (SIGLO XV. HUESCA)


En el convento que tenía abierto en Huesca la Orden dominica —casa en la que Vicente Ferrer se hospedó en más de una ocasión con motivo de su constante peregrinar por tierras aragonesas—, tuvo lugar un hecho ciertamente inexplicable y gracioso a la vez.

Entre la congregación oscense, era costumbre dar dos pitanzas el día que se conmemoraba el recuerdo y la festividad de san Vicente Ferrer, pero como aquel año coincidía con la Semana Santa, tiempo de recogimiento y ayuno en el mundo cristiano, estimó el prior que no procedía tal celebración. Aquella decisión fue origen de una gran contrariedad por parte de toda la comunidad de frailes, sobre todo de los que eran más jóvenes.

No obstante, a pesar de lo dicho, todo se desarrollaba con normalidad entre los miembros de la congregación hasta que llegó la hora de asistir a la misa solemne. Como era habitual, por tratarse de día tan señalado, el oficiante principal iba a ser el propio prior.

Llegado el momento, el prior se dirigió con tiempo a la sacristía para prepararse. Naturalmente iba a revestirse con una magnífica casulla festiva que ya estaba colocada, perfectamente doblada, sobre el amplio armario bajo de cajones, lo mismo que los demás ornamentos.

De repente, cuando con parsimonia había comenzado el prior el ritual, sin que se soltara el clavo ni se rompiera la cuerda que lo mantenían colgado, cayó sobre su cabeza un cuadro que representaba a san Vicente Ferrer. El quebranto para el prior no fue grave, afortunadamente, pero en los bancos de la iglesia y en los sitiales del coro los frailes, sobre todo los más jóvenes, sintieron una sensación y un gozo especiales.

Sin duda alguna, el pequeño chichón que el prior mostraba durante la celebración de la misa les resarcía de la pitanza no concedida ni ingerida. Era, con toda seguridad, así lo creían ellos, la pequeña satisfacción que Vicente Ferrer les quiso proporcionar en el día de su aniversario.

[Vidal y Micó, Francisco, Historia de la portentosa vida..., pág. 232.]

 

VICENTE FERRER VATICINA LA DESTRUCCIÓN DE TERUEL

285. VICENTE FERRER VATICINA LA DESTRUCCIÓN DE TERUEL (SIGLO XV. TERUEL)

VICENTE FERRER VATICINA LA DESTRUCCIÓN DE TERUEL  (SIGLO XV. TERUEL)


Viajaba cierto día el dominico Vicente Ferrer en compañía de otros frailes de su congregación de paso hacia Alcañiz o Caspe —donde se iba a incorporar a las deliberaciones que habrían de conducir a solventar la crisis dinástica aragonesa— cuando a punto de caer la tarde llegó, dispuesto para hacer un alto obligado por la avanzada hora, a la ciudad de Teruel, donde su congregación tenía casa e iglesia abiertas.

Estuvo unos días entre los turolenses y, dada su excelente fama y reconocimiento de predicador que siempre le precedía, la población cristiana le recibió con cierto entusiasmo cuando se enteró de su presencia, como era normal en cuantos lugares visitaba, acudiendo en masa a sus sermones, siempre objeto de reflexión fructífera.

Sin embargo, entre la población judía turolense —a pesar de los esfuerzos de las autoridades cristianas de la ciudad para que los pobladores de la aljama fueran a escucharle— no alcanzó los resultados que esperaba, puesto que no sólo no consiguió ni una sola conversión, sino que tampoco logró que ni siquiera fueran a oírle predicar.

Aquel lamentable e inesperado resultado debió molestar sobremanera al fraile valenciano, tan poco acostumbrado al fracaso, de forma que se sintió muy dolido e incluso enojado con la actitud de los hebreos, el principal objetivo de sus palabras siempre en cuantas poblaciones visitaba.

Cuando llegó el día de la partida, al salir de la ciudad, nada más cruzar la puerta de la muralla, se quitó las sandalias que llevaba calzadas y, batiéndolas fuertemente una contra otra, lanzó al aire hasta la más mínima brizna de polvo de las calles de Teruel.

Cuando hubo acabado con tan simbólico gesto, levantó la vista a lo alto del muro y, con voz potente para que pudiera ser oído, anunció que la ciudad sería destruida por un terremoto y la gente hecha cautiva por el enemigo.

[Beltrán Martínez, Antonio, Introducción al folklore aragonés, I, pág. 109.]

EL MAS DE FERRER, BENABARRE

292. EL MAS DE FERRER (SIGLO XV. BENABARRE)

EL MAS DE FERRER (SIGLO XV. BENABARRE)


Siguiendo con la ruta que se había trazado por el Somontano y el Pirineo (Barbastro, Graus y Aínsa), Vicente Ferrer, algo avanzado ya el verano de 1415, fue a parar a tierras de Benabarre. Como en el resto del recorrido, familias enteras, entre enfervorizadas y curiosas, acudieron a oír su palabra. No había camino por el que no llegaran a Benabarre, casi en peregrinación, los habitantes de todos los pueblos aledaños.

En esta ocasión, el fraile dominico se trasladó un día desde Benabarre al cercano Mas de la Pudiola, una de las muchas masadas que hay diseminadas por toda la comarca. Allí fue recibido con grandes muestras de cariño y respeto por sus masoveros, que le sentaron complacidos a comer a su mesa. Cuando al cabo del rato intimaron un poco, Vicente Ferrer les pidió que, en recuerdo de aquella corta pero entrañable visita, cambiaran el nombre que desde siempre había tenido la masada por el de Mas de Ferrer.
Lo meditaron sus dueños y por eso se le conoce hoy así.

Este curioso suceso no hubiera dejado de ser una mera anécdota si doscientos setenta y cuatro años después, es decir, en 1689, en vísperas del día de san Vicente, no hubiera fallecido la entonces dueña del mas, doña Felipa de la Casa, devotísima del santo.

Decidieron trasladar el cuerpo de esta mujer desde la que había sido su morada hasta el convento de Nuestra Señora de Linares de Benabarre. Durante la media hora de camino y más de cuatro horas que duró el oficio, ardieron de veinticinco a treinta hachones. Cuando todo terminó, viendo que los hachones permanecían casi intactos los pesaron. Su peso era el mismo que cuando los sacaron de la bodega.
Sin duda alguna, el santo valenciano había intervenido en hecho tan portentoso.

[Vidal y Micó, Francisco, Historia de la portentosa vida..., págs. 231-232.]

281. LA ENDEMONIADA DE PIEDRA

281. LA ENDEMONIADA DE PIEDRA (SIGLO XV. PIEDRA)

LA ENDEMONIADA DE PIEDRA (SIGLO XV. PIEDRA)


Muchos de los pueblos por los que pasó Vicente Ferrer en sus giras evangelizadoras están plagados de múltiples recuerdos materiales suyos. Un pañuelo, una capa, unas medias, un sombrero o un bonete los hay guardados en muchos sitios. Era tal su fama que, en cuanto se descuidaba el santo, alguien hacía desaparecer alguna pertenencia suya para conservarla cuidadosamente como recuerdo de la ocasión y del hombre. En el monasterio de Piedra, por ejemplo, quedaron como testimonio de la estancia del fraile dominico un bonete milagroso y un par de medias de lana, como recuerdo y consecuencia de un curioso y portentoso hecho.

En efecto, se hallaba Vicente Ferrer de paso en el convento cisterciense de Piedra cuando le pusieron ante su presencia a una pobre señora poseída por los demonios, a la que habían traído de un pueblo cercano con la pretensión de que la liberara del mal, tan corriente en aquellos tiempos, como les constaba que había hecho en otros muchos casos semejantes. Hablaron a solas el fraile y la desdichada y atribulada mujer, quien le refirió con todo tipo de detalles que le atormentaban permanentemente las almas del rey don Pedro, de un caballero que no alcanzaba a describir y de un médico.

Se tomó san Vicente un tiempo para meditar acerca del difícil caso que le acababan de exponer, pues no todos eran de igual naturaleza, y creyó tener la solución precisa para resolverlo. Cuando estuvo seguro de los pasos a dar, tomó su propio bonete y se lo puso a la endemoniada en la cabeza y la vez que le calzaba también sus medias de lana. Apenas habían transcurrido unos minutos cuando el demonio liberó a la mujer, saliendo corriendo a la vez que gritaba: «¡Oh, Vicentillo, cómo me abrasan tus medias y bonetillo!».

Se puede imaginar la alegría de la mujer curada y la de sus familiares y amigos. Oyeron todos Misa y rezaron ante la imagen de la Virgen en acción de gracias. La fiesta y la celebración del acontecimiento hicieron que todos se olvidaran pasajeramente del bonete y de las medias, pero cuando Vicente los buscó para recuperarlos habían desaparecido. El fraile estaba tan acostumbrado a ello que no se inmutó, esbozando una sonrisa de complacencia.

[Vidal y Micó, Francisco, Historia de la portentosa vida..., pág. 315.]

LOS FALSOS FRAILES, Daroca

287. LOS FALSOS FRAILES (SIGLO XV. DAROCA)

LOS FALSOS FRAILES (SIGLO XV. DAROCA)

Predicaba un día el fraile valenciano Vicente Ferrer en Zaragoza en la catedral de San Salvador. En un momento de su plática, comentaba a los fieles cómo esta ciudad podía presumir de ser una de las que más limosnas aportaba para la atención a los menesterosos, e incluso destacaba que vivía en ella un comerciante de paños que vestía gratis a quien acudiera en nombre de Dios para tomar el hábito dominico. Era aquella la parte positiva de su argumento.

Sin embargo, advertía que, por otro lado, se había descubierto a muchos truhanes que, bajo ese pretexto, intentaban estafar a tan altruista comerciante, pues eran ladrones sin conciencia ni escrúpulos.
Y denunciaba que le constaba que ese mismo procedimiento engañoso se estaba dando en otras ciudades y pueblos de Aragón, así es que alertaba a todas las gentes de buena fe para que los denunciaran a las autoridades.

Ahondando todavía más en el asunto, dijo haber recibido un correo de Daroca, que había hecho el trayecto en menos de veinte horas, y le puso de manifiesto que un hombre llamado Bernat Aguiló se había presentado en nombre del propio Vicente Ferrer pidiendo socorros. Contando con tan acreditada recomendación, accedieron en la tienda a darle los paños precisos para que se vistiera, mas el interfecto dijo preferir mejor dinero contante y sonante.

Aquello levantó las sospechas del dueño y de los dependientes y decidieron ponerlo en conocimiento de los agentes municipales que optaron por retenerlo mientras se aclaraba si pertenecía o no a la orden dominica. Como resultara ser mentira, fue encarcelado.

De la misma manera, continuó el predicador, existen mujeres rameras que utilizan engaños parecidos, así es que todo el mundo debe estar alerta y no hacerles caso, y aun denunciarlos a todos si no van acreditados por un regidor de la Orden.

[Vidal y Micó, Francisco, Historia de la portentosa vida..., pág. 227.]

Puticlub, Venteta, Valdeltormo, Calaceite