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domingo, 30 de junio de 2019

DOÑA URRACA SOLICITA EL DIVORCIO A ALFONSO I

103. DOÑA URRACA SOLICITA EL DIVORCIO A ALFONSO I (SIGLO XII. MONTERROSO)
 
DOÑA URRACA SOLICITA EL DIVORCIO A ALFONSO I  (SIGLO XII. MONTERROSO)
 
 
Alfonso I el Batallador, rey de Aragón, y doña Urraca, reina de Castilla, habían convenido y contraído matrimonio, un enlace promovido con fines políticos, que se proyectó no sin grandes resistencias por parte de sus respectivos vasallos, tanto en Castilla como en Aragón, y que finalizó de mala manera, tras vivir momentos y enfrentamientos muy tensos, incluidos varios confinamientos de la reina castellana.
 
En Galicia, por razones de índole política que no vienen ahora al caso, la resistencia contra la celebración del matrimonio fue constante y enorme, de manera que ambos monarcas decidieron acudir allí con sus ejércitos para tratar de pacificar a sus nobles. Comenzaba el verano del año 1110 y la expedición primera, tras dura y sangrienta batalla, supuso la toma y captura del importante castillo de Monterroso, dentro de cuyas defensas fue hallado y apresado uno de los rebeldes, el noble Prado.
 
Al poco de tomar la fortaleza, tuvo lugar allí una tensa y dramática escena, pues Prado se aclamó a
doña Urraca, su señora natural, de modo que se refugió materialmente bajo su manto. La reina lo cubrió por completo e incluso extendió los brazos sobre él para demostrar que lo tomaba bajo su protección y amparo. Aquella situación, a la que asistían como testigos varios nobles tanto castellanos como aragoneses, se hizo embarazosa e interminable, mirándose a los ojos fijamente los dos esposos en son de reto.
 
A los pocos instantes, el rey Alfonso I el Batallador, sin tener ningún tipo de consideración hacia la reina, su esposa, según la versión de la crónica que nos relata lo sucedido, tomó un venablo y lo lanzó contra Prado hiriéndole de muerte. La situación se hizo entonces insostenible y doña Urraca, aconsejada por sus nobles y muy molesta personalmente por lo sucedido, planteó al rey aragonés la disolución del matrimonio solicitándole el divorcio. Luego, sin mediar más palabras, tomó sus enseres y emprendió el regreso hacia León, mientras Alfonso I el Batallador continuaba en Galicia.
 
[Ubieto, Antonio, Crónicas anónimas de Sahagún, págs. 30-35.]
 
 
 
 
 

 

Antonio Ubieto Arteta , ed. 1987. Crónicas Anónimas de Sahagún . Textos Medievales, 75. Zaragoza: Anubar Ediciones.

Julio Puyol y Alonso , ed. 1920. "Las Crónicas Anónimas de Sahagún." Boletín de la Real Academia de la Historia , 76 : 7-26 , 111-22 , 242-57 , 339-56 , 395-419 , 512-19 ; y 77 : 51-59 , 151-92 .

 

 
venablo , lanza arrojadiza
venablo, lanza arrojadiza,
comprar en aceros de Hispania (Castelserás, Teruel, Aragón)
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Monterroso es una localidad y municipio español, situado en el oeste de la provincia de Lugo, cerca del centro geográfico de la comunidad autónoma de Galicia. Es capital de la comarca de Ulloa, partido judicial de Chantada, y comprende 30 parroquias, compuestas por 108 núcleos de población. En dicho término municipal se encuentra el establecimiento penitenciario de A Vacaloura.
 
Se denomina Monterroso porque a mediados del siglo XII se asientan a vivir en el monte, donde está construido el pueblo actual, llamado Monterroso.
 
Durante la época romana, el concello era atravesado por varias vías, incluyendo la XIX del Itinerario Antonino, que unía Lugo con Braga.
 
Por Ligonde pasa el Camino de Santiago. Concretamente el Camino Francés, siendo ésta parroquia la etapa número 27 en el susodicho Camino.
 
Parroquias que forman parte del municipio:
 
Arada (Santa María)
Balboa (San Salvador)
Bidouredo (Santiago)
Bispo (Santa María do)
Cumbraos (San Martiño)
Fente (San Martiño)
Frameán (San Pedro)
Fufín (San Martiño)
Lavandelo (Santiago)
Leborei (Santa María)
Ligonde (Santiago)
Lodoso (San Xoán)
Marzán (Santa María)
Milleirós (San Pedro)
Esporiz (San Miguel)
Novelúa (San Cristovo)
Os Ferreiros (San Cibrao)
Pedraza (Santa María)
Penas (San Miguel)
Pol (San Cibrao)
Salgueiros (Santa María)
San Breixo (San Salvador)
Satrexas (Santa Eufemia)
Sirgal (Santo André)
Sucastro (Santa Mariña)
Tarrío (Santa María)
Vilanova (San Pedro)
Viloíde (San Cristovo)
 
La base económica del ayuntamiento es el sector primario, especialmente la ganadería. Siguiente en importancia es el sector terciario, concentrado en Monterroso (educación, sanidad, administración, comercio, bancos,etc.), así como el Centro Penitenciario de A Vacaloura.
 
En estos momentos, empieza a resurgir el Turismo en la zona, especialmente el rural, ya que existen alojamientos de calidad en este concello, sumándose poco a poco nuevas incorporaciones...
 
En semana santa, se celebra el torneo promesas “José Manuel Alvelo”, en el que participan de media, 80 equipos de toda Galicia.

sábado, 14 de marzo de 2020

CARTA DE UN ARAGONÉS, AFICIONADO A LAS ANTIGÜEDADES DE SU REYNO

CARTA DE UN ARAGONÉS, 
AFICIONADO A LAS ANTIGÜEDADES DE SU REYNO
A OTRO ADICTO
A
LAS OPINIONES POCO FAVORABLES
DE ALGUNOS ESCRITORES
EXTRAÑOS
ZARAGOZA:
EN
LA OFICINA DE MEDARDO HERAS. 
Con las licencias necesarias,

//
Editado por Ramón Guimerá Lorente. Ortografía actualizada con excepciones en cursiva.
Fuente: https://archive.org/stream/bub_gb_X2JZAAAAcAAJ/#mode/2up (se puede descargar en pdf y otros formatos)

//

Pág. III

Sine ira, et sine odio,
quorum
Causas procul habeo.
CIC.

Muy Señor mío:
En un respetable Congreso de Literatos desvió V. su discurso con estudio premeditado contra nuestras antiguas Cartas desacreditándolas sin otro fundamento, que el de la opinión de un Escritor del día, cuyos talentos venero sin poder deferir de manera alguna a su dictamen, no obstante la escasez de mis luces. No puedo disimularlo, sentí vivamente la injuria que V. renovó a nuestros mayores, y al sagrado lugar donde se guardan los monumentos de nuestros antiguos trofeos, y las cenizas de los héroes
Aragoneses; y si mi particular posición, y las circunstancias del Congreso no me permitieron vindicarla allí mismo, no puedo menos de hacerlo ahora, según me lo propuse desde luego.

La Invasión y dominación
arábiga, su sacudimiento, la formación y establecimiento de la
Monarquía en Aragón son obras que por su magnitud, y por el largo
espacio de cuatro siglos que ocuparon, suponen y envuelven una
multitud de hechos interesantes, y dignos de la posteridad. Mas
por desgracia la historia de esta época ha quedado en gran parte
sepultada por siempre en el olvido, y otra bien considerable lo está
todavía bajo el polvo de nuestros archivos. Los
nacionales coetáneos, o
casi coetáneos, o no cuidaron de perpetuarla con sus escritos, u
otros monumentos históricos, o debemos suponer que estos perecieron
muy pronto, porque apenas se tiene noticia de una sucinta e informe
crónica del siglo X y de muy pocas inscripciones del
mismo, y siguientes. Lo propio puede decirse de los de otras
Provincias vecinas, pues solo tocan por incidencia algunas de
nuestras cosas, y esto con aquella concisión y oscuridad que
generalmente caracteriza sus escritos. En este apuro, para formar un
cuerpo regular de historia, era preciso buscar los miembros
esparcidos, y casi confundidos en dichas obras, y otros que de la
misma manera se hallan en nuestros Diplomas, Cartas, Instrumentos, y
recogidos cuantos se pudiese, combinarlos, y unirlos con el mejor
orden para lo cual se requería un largo estudio, y juicio
acendrado.

Ya habían pasado cerca de doscientos años cuando
alguno pensó en indagar y escribir la serie de los
acontecimientos de aquella época, y otros después hasta el siglo
XV, hicieron lo mismo; pero como los objetos estaban tan
distantes, el semblante de las cosas muy demudado, y estos espectadores no podían ser muy perspicaces en una edad escasa de
luces, propensa a lo maravilloso, y en que se carecía de archivos, y
otros recursos necesarios para su empresa, estaba para ellos
obstruido el medio por donde solamente podían conseguirla, y era
inevitable que intentándola por otros adquiriesen ideas y noticias
nada seguras, y a veces tan encontradas como se ve en sus crónicas.
Sin resolver, no obstante el problema sobre si son de mayor
consecuencia los adelantamientos, o los atrasos que han ocasionado a
nuestra historia, no puedo dejar de oponer a la presunción, que para
con algunos favorece a estos primeros Cronistas, de haber podido
disfrutar, y aun disfrutado mejor la antigüedad que sus sucesores,
el hecho positivo, y fácilmente demostrable, de que no vieron muchas
memorias que todavía se conservan y no combinaron, ni entendieron
bien algunas que vieron.

Después de estos se siguieron otros
amantes de nuestra historia, que no hallándola corriente en otras
fuentes que en las citadas crónicas bebieron allí sin recelo alguno
los varios sistemas y opiniones que daban de si, según los parajes o
Provincias de donde habían emanado. Prevenidos de esta manera a
favor de ellas, debía suceder, que consultando después la
antigüedad en si misma no siempre la entendieran en el sentido
genuino, y también que empeñados, y muchas veces con ardor en
contrarios sistemas, y partidos nacionales, se excediesen a impugnar
la verdad, y a rebajar el crédito de los documentos que se les
oponían en tono tan claro y decisivo que no admitía tergiversación.
Así estos Escritores, lejos de corregir y arreglar sus sistemas por
el norte de las Cartas, como dicta la sana y verdadera crítica,
intentaron todo lo contrario.
Zurita, que floreció en el siglo XVI, y que entre los Historiadores nacionales se ha merecido el
más distinguido lugar, no quiso entrar en una empresa a la cual le
llamaba su genio y talentos. Ansioso y apresurado hacia el rico
caudal que le ofrecían con abundancia, aunque no sin grande trabajo,
los siglos más luminosos, corrió de priesa y
superficialmente por los cuatro primeros y más oscuros, confesando
de paso, que se estaba en la mayor incertidumbre de ellos; y los
abrazó en solas cincuenta y ocho páginas (1), aunque cada uno
requiere un volumen no pequeño.

Creían nuestros Literatos
más imparciales y estudiosos, que una gran parte de nuestra antigua
historia se mantenía todavía para nosotros en el informe errado que
he dicho, y dudaban que jamás saliese de él, cuando algunos
Escritores extraños, afectando aquella satisfacción propia que
inspira la verdad cuando nos favorece con su rostro, han combatido y
ridiculizado las opiniones anteriores, notando su contradicción,
inconsecuencia y falta de apoyo en la antigüedad, y nos han
delineado el plan histórico que debemos seguir. Todavía han hecho
más: han condenado a descrédito y destierro perpetuo de la
Provincia de la historia muchísimos diplomas, y otras cartas, y
memorias de nuestros archivos, y de los vecinos, porque sus copias o
extractos publicados en las obras de sus antecesores, no se conforman
a las ideas y opiniones que tienen de
nuestras cosas. Aún han
hecho más, y lo sumo que puede hacerse, lo han desacreditado alguna
vez en general, dándolos por sospechosos o apócrifos, y por
falsarias, a las personas que por largos siglos se han esmerado en su
conservación y custodia, creyendo prestar un obsequio muy importante
al Estado. Tal ha sido la suerte de nuestras antigüedades, y
especialmente de las cartas que se han hecho servir de adminículo a
nuestra historia.
Mas si debe perdonarse a los autores de la
primera y segunda clase que he señalado, por las circunstancias en
que escribieron, nada favorece a nuestros coetáneos para
disculparles de haber deferido tan ciegamente a las copias o
extractos de nuestras cartas publicados por autores de una edad en
que nuestra diplomática estaba todavía en la cuna, y a quienes al
mismo tiempo entre otros muchos defectos notan de ciegamente
apasionados por la glorias de la patria. No puede disculpárseles
tampoco de haber juzgado de la legitimidad o falsedad de las cartas,
sin haberlas examinado por si mismos en sus originales, ni de haber
intentado escribir nuestra historia sin recorrer antes nuestros
archivos, siendo indispensable en el estado en que se halla,ni en fin
de haberse gobernado para uno y otro por los conocimientos
diplomáticos adquiridos en otras Provincias, siendo indudable
que cada una respecto a la otra, y aun respecto a si misma en
diversos tiempos, ha variado notablemente en los estilos, escritura,
datas y lenguage, así como en sus demás usos y
costumbres. Por lo mismo no dudo que si semejantes Censores
hubiesen inspeccionado nuestros instrumentos y memorias originales
hallarían desmentidos a primera vista muchos hechos, anacronismos,
contradicciones y defectos, que ya la violencia, ya el imperfecto
conocimiento de la antigüedad, les ha imputado. Para convencer, así
esto como lo demás que llevo dicho, bastará por ahora examinar las
objeciones que se han hecho contra los documentos de que V. hizo
particular mención, ya que en mi actual posición y designio no me
sea posible empeñarme en las largas discusiones que exige la
materia.

Un Concilio del siglo XI, celebrado en el
Real Monasterio de San Juan de la Peña, es el que
primeramente reputó V. por apócrifo, sin producir para esto otra
razón que la de haberlo dicho así un Literato de primera nota. A
cinco pueden reducirse hs objeciones que este propone. La primera
la toma de la data del Concilio, suponiéndola de la Era
MLXII, a la cual corresponde el año cristiano de 1024,
en que no se verifica el reynado de Don Ramiro I. de
Aragón, que según las actas se encontró en él.
El
fragmento de estas se conserva en el Libro o Cartulario gótico
del mismo Monasterio, de donde lo copió y publicó su Abad
Don Juan Briz Martínez con la expresada data, (2) como
lo habían hecho otros antes que él; pero la que verdaderamente
tiene es de la Era MLxII, y a ella corresponde el año
cristiano de 1054, en que no se duda reynaba Don
Ramiro I. Si V. no quiere creerme sobre mi palabra podrá pasar
armado de todo el rigor y nimiedad de la implacable crítica a
cerciorarse por si mismo en el citado Cartulario, pero entretanto,
para los que me favorezcan, debo manifestar la causa de la
equivocación que han padecido los editores del Concilio, El uso de
la x (es una x con un signo arriba, una coma horizontal: vírgula,
rayuelo) numeral con vírgula o rayuelo empezó a
cesar entre nosotros desde fines del siglo XII: en el XIV ya
generalmente se había perdido el conocimiento de su valor, que es de
quarenta y no se volvió a recobrar hasta mediado el XVII, en
cuyo intervalo son innumerables los anacronismos, y otros yerros que
se han cometido por esta ignorancia en las copias y en las obras de
nuestros historiadores.
Briz Martínez, apurado muchas veces por
la misma en la combinación de las cartas, recurrió como otros a
desatar el nudo gordiano, tomando la Era
española por año de Cristo; mas aunque este arbitrio
disminuía la dificultad se defraudaban, no obstante, veinte y dos
años a la verdadera data, y por esto entre otras
equivocaciones padeció
dicho autor la de triplicar los
Abades Paternos del citado Monasterio en el siglo
XI, que solo fueron dos, la de hacer dos Abades
Blasios de solo uno, y finalmente la de fixar la
muerte del Abad Paterno, segundo de nombre, en el
año 1042, con cuya fecha mortuoria se forma otro argumento
infundado sobre que no pudo el Abad Paterno asistir al
Concilio Pinatense, como se lee en sus actas.
En
segundo lugar se objeta que es increíble que a un Concilio
convocado por el Rey de Aragón por asunto de poca monta, y
solo interesante al Monasterio, concurriesen muchísimos
Obispos, no solo aragoneses, pero aun los castellanos
y navarros, súbditos de otros Reyes, que no
tenían relación alguna con Don Ramiro.

Las actas
del Concilio, y cuantas copias se han publicado de ellas nos
dicen con uniformidad, que solo concurrieron los Obispos
Sancho, Garcia y Gomesano, pero como en las
mismas se hace mención de otro Concilio celebrado en
tiempo del Rey Don Sancho el Mayor, y de varios Obispos que a
él concurrieron, se ha confundido uno con otro incorporando las
cláusulas y trocando el sentido, y de este trastorno se ha
originado sin duda una dificultad que hace poco favor a un mediano
latino, y que pudiera haberse realzado del mismo modo con
la concurrencia del Rey Don Sancho el Mayor, que así mismo
resultaría (3). No es menos de admirar que quien presuma alguna
versación en la historia ignore que los Reyes de Castilla y
Pamplona, después Navarra, tenían con Don Ramiro las estrechas
relaciones de parentesco y vecindad. Con lo dicho queda igualmente
desvanecida la inverosimilitud imaginaria de que muchos de los
Obispos que asistieron al Concilio de Pamplona en el año de
1023 viviesen y concurriesen al Pinatense en 1062,
pues ni éste ce celebró en dicho año, ni concurrieron los Obispos
que se supone.
La tercera objeción es más seria: no puede
creerse, dicen, que se congregase un Concilio solo para
conceder al Monasterio de S. Juan de la Peña el
exorbitante Privilegio de que los Obispos de Aragón se
nombrasen perpetuamente de sus individuos. Las actas hacen mención
de cánones nicenos, de ordinaciones y decretos
de un Concilio, celebrado en tiempo de Don Sancho el Mayor,
y así deja conocerse que no se congregaría solamente para expedir
el expresado Privilegio; y por esto sin duda algunos autores
han dicho que aquellas actas solo son un fragmento de
las originales. Parece
también inferirse que en el Concilio que mencionan de tiempo del Rey
Don Sancho el Mayor, y que en alguna manera puede llamarse nacional,
se había determinado que en lo sucesivo se celebrasen con alguna
frecuencia estos sínodos provinciales en Aragón,
Castilla y Pamplona, o Navarra, sin duda por la
necesidad que había de ellos en días tan desgraciados para la
religión y disciplina eclesiástica, y que concurriesen los Obispos
de aquellas Provincias en atención a su corto número en cada una.
Son muchos los ejemplares de semejantes Concilios en aquel tiempo por
las mismas causas, y basta recordar por ahora el que los impugnadores
del Pinatense admiten, y que se celebró pocos años después
en la Ciudad de Jaca, con asistencia de los Obispos de
Pamplona o de Leire,
como en él se dice, de
Aux, de Bearne, &c. Pero cuando en el Pinatense únicamente
se hubiese tratado del insinuado Privilegio, este solo podrá parecer
exorbitante a quien no conozca nuestro estado civil y eclesiástico
en aquella época, ni la pía afección de Don Ramiro I al
Monasterio, ni su frecuente residencia en él, ni sus
liberalidades para con el mismo, ni el ascendiente que en su real
ánimo tenía el Obispo de Aragón D. Sancho, ni el empeño
que éste tomaría habiendo sido individuo del mismo Monasterio,
ni en fin la precision casi inevitable de recurrir a esta
escuela de virtud y letras en un Reyno ceñido a la corta
extensión de las Montañas. A todo esto podrá añadir quien
quisiere la ignorancia de aquellos tiempos, a la cual se atribuyen
mayores exorbitancias. Mas si una de las pruebas incontrastables a
favor de las cartas antiguas es ciertamente la de haber tenido
efecto, ningún sensato podrá dudar de la verdad del
Privilegio, siendo constante que desde entonces los Obispos
de Aragón fueron electos entre los individuos de
la Real Casa Pinatense, hasta la unión de nuestro Reyno
con el Condado de Barcelona, prescindiendo de ulterior
investigación.
La cuarta objeción se funda en el supuesto de
haberse decretado en el Concilio de Jaca del año 1060,
que los Obispos no se intitulasen de Aragón, y
sin embargo así lo hace Don Sancho en el Pinatense.
Este
argumento podría hacer alguna fuerza a quien admitiese tres
errores de data del Concilio Pinatense, de la
del Jacetano, y del hecho que se enuncia. Se ha visto que
aquel se celebró en el año de 1054. Es cierto que éste fue
en 1063, y no en 60, como por mala inteligencia de las notas
numerales de la Indiccion, y contra las expresas de la Era
y año, han entendido algunos; y también lo es que en sus
actas originales, en sus copias antiguas, y en las
publicadas por diversos autores, no se halla una sola palabra de la
cual pueda inferirse la inhivicion del título de
Aragon a sus Obispos; por lo contrario en ellas, y en
el Breve Pontificio que las confirmó, se habla de Obispo
y Obispado de Aragon como de cosa la más sabida y
recibida en uso.

La objeción quinta y última se deduce de la impropiedad del título de Obispo de Aragon, como si todo Aragón fuese un Obispado.

Así discurren los que no conocen la antigua corografía
de nuestro Reyno, que baxo el nombre de Aragon
solo comprehendia entonces las que hoy se denominan Montañas
de Jaca o poco más hacia la parte oriental y occidental; y que
aun después de haberse dilatado grandemente tardó a dar su nombre a
los paises conquistados; mas en fin cuando bajo él se
comprendían ya varios Obispados se sustituyó al de
Aragón el título de Jaca. que antes se le
había dado también, y que después se usó juntamente con el de
Huesca, que era el primitivo. Lo mismo puede
responderse con proporción al reparo que se hace del título de
Obispo de Castilla, mencionado en las actas del
Concilio Pinatense, y nunca oido por sus impugnadores,
quienes antes de haberlo propuesto debieran haber demarcado
rigurosamente el pais, que entonces se denominaba Castilla,
haciendo ver que no comprehendia más de un Obispado,
y aun en este caso, si ellos se han tomado la licencia de nombrar
castellanos y navarros algunos Obispos del
tiempo que se trata, no alcanzo porque han de negarla a nuestros
mayores, que por su parte podrían reconvenirles de no haber oido
jamás el título de Obispos navarros, ni aun de Reyno de
Navarra.
Satisfecho cuanto se ha dicho contra el Concilio
de San Juan de la Peña voy a examinar del mismo modo lo que se
objeta a los documentos, que acreditan la introducción de la reforma
o disciplina monástica cluniacense en España
hacia el año de 1020, a solicitud del Rey Don Sancho el
Mayor, que también reputó V. por apócrifo citando al mismo autor,
el cual tiene este hecho por fabuloso, y admira, no tanto que los
franceses (de cuyo carácter moral hace una pintura terrible) lo
hayan inventado, cuanto el que se haya adoptado tan fácilmente por
nuestros Escritores, aun los más insignes. De los tres documentos
que se impugnan los dos se han hallado y hallan en España, y aunque
el tercero que se encontró en Roma llevaba, según se dice, la nota
de ser natural de Aragón, pero en la Parroquia que se le asigna, ni
se halla su partida, ni el más leve vestigio de su nombre.
El
primero es un Diploma del Rey Don Sancho el Mayor a favor del
Real Monasterio de Oña, contra el cual se proponen nada menos
que doce indicios de falsedad; pero debo prevenir desde luego, que la
versión castellana publicada por su impugnador es
bastante libre, y que recayendo algunas dificultades sobre el sentido
de las palabras y fuerza de las expresiones debiera haberse exhivido
el texto original latino para satisfacer al lector imparcial.
El primer indicio de falsedad se funda en no verificarse la data
de la Era 1071, año de la Encarnación 1033,
a 27 de Junio día Sábado, porque el 27 fue Miércoles en dicho año.

Las circunstancias en que me hallo no me permiten recurrir por
ahora al original, ni a mis papeles, donde acaso con data más segura
quedaría luego desvanecida la objeción: mas como quien la
propone no ha visto sino la copia del Privilegio, que
publicó el P. Yepes (4), ignoro si el defecto está en
el autógrafo, o en el copiante. Sin embargo las
repetidas observaciones que he hecho sobre los errores de datas
en las copias, y en caso idéntico en las publicadas por el M.
Yepes, me persuaden que este padeció equivocación. En efecto no
conoció este autor, ni otros, el uso que los antiguos hicieron del
secundo calendas notándolo en esta manera: II.
Kalendas, en vez de pridie, y tomó las dos unidades por V
numeral, pues no comprehendiendo su verdadera significacion,
y valor, no podía acomodarlas de otra manera; y resultó el quinto
kalendas en lugar del secundo, y la diferencia de tres
días. Yepes pues copia la data del Diploma
Oniense: Era MLXXI noto die Sabbato V. Kalendas Iulii; y en el
original debe ser: //. Kalendas Iulii, esto es a dos de las calendas
de Julio, que es el día treinta de Junio, que en el año 1033
fue ciertamente Sábado. Mas en fin, cuando en la Carta se hallase
aquel ligero anacronismo tampoco sería suficiente para
desacreditarla, pues mayores se ven en otras antiguas, y modernas,
sin que pueda dudarse de su legitimidad.
El segundo indicio de
falsedad se toma de la importunidad de dirigirse el Diploma a todos
los Obispos y fieles del mundo, tratándose principalmente de
la fundación o reforma de una Casa religiosa, lo cual solo
pudo parecer objeto digno y suficiente al Compositor francés
para ensalzar su nacion y Monasterio.
La fórmula
de la direccion del Diploma (5) con las mismas palabras o
equivalentes es común, y como decimos de caxon en muchísimas
de nuestras antiguas cartas, aun tratándose asuntos de menos
importancia, y así, lejos de ser un indicio funesto a su verdad, la
comprueba en grande manera. Pero dado de barato, que el Compositor
fuese francés, y que se señalase por su amor a la
patria, y a la congregación de Cluni, parece natural el
pensar que tratándose de establecer la observancia
Cluniacense concurriese algún Monge de Cluni, y
también que se le encargase, o se ofreciese a la confección del
Diploma, pues aunque no se conceda a los Cluniacenses
que fuesen más santos que los españoles, no será fácil negarles
que entonces eran mejores latinos. Esto supuesto nada le
sirven al Impugnador las repetidas sospechas que forma de ser el
Diploma de composición galicana, y por el contrario se
convierten a favor de los que sostienen la introducción de la
disciplina Cluniacense en España.
El indicio
tercero contra el Diploma son en la opinión contraria las
expresiones de salud y felicidad en la presente vida y en la
futura, las cuales tienen
resabio de pluma extranjera, que no supo imitar los
formularios de nuestros antiguos Reyes.
Podía
dar por satisfecha esta dificultad con lo que acabo de decir; pero
debo añadir todavía, que en otros diplomas auténticos se hallan
las mismas o semejantes expresiones que en el original latino,
y que en éste no se encuentra la de salud, ni en rigor el
concepto de las castellanas para el caso en cuestión (6).

Tampoco puede argüirse por los formularios de los Reyes de Asturias sobre los de nuestros Reyes de Aragón, quienes imitaron muchas veces las fórmulas y estilos
franceses, especialmente hasta mediado el siglo XI,
como verá el que quiera cotejar sus diplomas con los de los Duques,
y Condes de las Provincias francesas vecinas, o
no muy distantes de la nuestra. (Nota: la Occitania, con la lengua occitana, langue d´Oc).
Se objeta por cuarto indicio contra
la verdad del Diploma el estilo sobrado culto para aquel siglo, y
diferente de las otras escrituras de la misma edad.
Reproduzco lo
dicho sobre los dos indicios antecedentes, añadiendo, que nuestras
escrituras acaso podrán graduarse de un mismo estilo miradas muy a
bulto, pero si se las observa en particular se reconocerá, que el
estilo tiene no solo en un mismo siglo, sino también en un mismo año
y día, tantos grados como el termómetro, según la cultura, o
incultura de los compositores.
Indicio quinto: la falsa, y
aun inverosímil gloria que se apropia el Rey Don Sancho de haber
arrojado a todos los sacrílegos herejes, que inficionaban con
su pestífero aliento
a religiosidad de nuestra nacion.

Los sentimientos, que solo por el nombre de hereges en
España se manifiestan impugnando el Diploma son ciertamente
laudables de buen español, y de buen católico, que también
debe sentir los haya en cualquiera pais, pero el
Historiador no debe disimular el hecho, y de este se trata. Ya se
reconoce de contrario, que por desgracia de nuestra nacion los hubo
por entonces hacia las playas de Valencia o de Cataluña, aunque se
quiere les convenga más bien el nombre de locos o fanáticos, y
puede que las expresiones del Diploma les acomoden también baxo
este concepto (7). Ya sea pues que se propagasen desde aquellas
costas y llegasen a nuestro pirineo, o que viniesen de otra parte, lo
cierto es, que en los dominios de Don Sancho el Mayor se insinuó
esta terrible epidemia, como lo comprueba, entre otras , una
apreciable memoria de aquel tiempo, en la cual se elogia a Pamplona
por su zelo contra los hereges, dando a entender que no
estaban muy lejos de allí, aunque sin especificar su casta; pero
gracias al cielo desaparecieron pronto.

El sexto indicio es:
que la fundación o reforma de San Juan de la Peña, según todos los
documentos en que se funda la fábula francesa, sucedió
por los años 1020, cuando el
Rey Don Sancho el Mayor
no había humillado todavía su altivez y poder de los Agarenos,
como se dice en el Diploma.
En este solo se lee: Que oprimida y
sojuzgada la mayor parte de España por los Agarenos, el Rey Don
Sancho había extendido más que medianamente los confines de sus
Estados y Provincias (8); y en efecto los había dilatado por la
parte del Ebro, aunque después volvieron a perderse algunas de sus
conquistas, y también había arrojado a los Árabes de una parte de
la Ribagorza; pero no se dice que hubiese humillado su altivez y
poder; expresiones que no solo sobrepasan mucho, sino además se
oponen al concepto de las originales.
E1 séptimo indicio se
toma de decirse en el Privilegio, que el Orden Monástico es el más
perfecto de todos los Órdenes de la Iglesia de Dios, lo cual no
merecía la aprobación y firma de los Obispos, cuyo estado de
perfección es mucho más alto.
Me parece que cualquiera que
examine el Diploma (9) entenderá que habla del Orden Monástico
con respecto a los demás regulares, de los cuales es más perfecto
el que se dedica a la vida contemplativa, y no en comparación
absoluta de todos los Estados de la jerarquía eclesiástica; y que
cuando el concepto del Compositor hubiese sido tan excesivo, como se
interpreta de contrario, es de creer que los Obispos que firmaron, o
no hicieron atención a aquellas pocas palabras vertidas, por
incidencia, o las entendieron en el sentido obvio y natural. Mas en
ningún caso sería responsable la verdad del Diploma, respecto a los
hechos que estaban a la vista de los que intervinieron en su
confección, y expedición, y que forman el asunto a que se dirige.

Indicio octavo: la falsa suposición de que en Navarra, u
otras Provincias de España no había Monasterios, ni casas de
perfección religiosa, ni era conocido absolutamente el Orden
Monástico.
Dos veces se insinúa en el Diploma la falta de la
perfección monástica por estas palabras: Cuya perfección viendo
que faltaba en el Reyno, que Dios me había dado, &c.: el Orden
Monástico era entonces desconocido en toda nuestra patria,
&c.
En el primer pasaje se contrae sin duda a los Estados de
la dominación del Rey Don Sancho la falta del Orden Monástico
perfecto, y tampoco lo dudará en el segundo quien sepa, que en el
idioma constante de nuestros mayores las palabras: nuestra patria,
equivalen a nuestro Reyno, Estados de nuestra dominación,
o nuestra Provincia; y en efecto solo se habla de aquel pais
donde el Rey, al paso que sentía vivamente que no se conociese el
Orden Monástico, quería establecerlo, lo cual conviene solamente a
sus Estados. En ellos no se conocía la verdadera observancia
monástica, y los que entonces se llamaban Monasterios se
componían de Clérigos dedicados a la vida activa, y
residentes por la mayor parte en las Iglesias Parroquiales unidas a
sus Casas en calidad de Curas o Priores, que independientemente
disfrutaban sus rentas: se componían también de seglares,
que se retiraban por gusto, o por provecho, sin estar obligados con
orden, o profesión alguna. Esto eran entonces los Monasterios de
Leire, y de San Zacarías, que se citan de contrario
(aunque con equivocación de la situación, y denominación verdadera
del segundo) y otros de los Estados del Rey D. Sancho el Mayor, Los
muchos Monasterios, y autores de reglas monásticas de las demás
Provincias de España, que florecieron en diversos siglos, y que
recuerda el Impugnador para probar, que no era desconocida la
disciplina monástica, ni aun la Benedictina en nuestra
Península, de nada sirven para el caso, en que se trata solamente
del Reyno de Don Sancho el Mayor, y en tiempo
determinado.

 

Indicio nono: Es
proprio, se dice, de un Escritor francés el desprecio con que
se habla de España, como si en materia de religión y piedad
viviese sumergida en las tinieblas.
Las palabras del Privilegio
son: Para alumbrar las tinieblas de nuestra patria con la perfección
del Orden Monástico, (10) y acabo de decir, que por nuestra
patria solo se entienden los paises sometidos a la
dominación del Rey Don Sancho, y que en ellos había tinieblas; ni
esto puede dudarlo quien sepa los aciagos sucesos que acababan de
acarrearlas, por los cuales los Monasterios habían decaído
necesariamente de su primer instituto: pero en fin las tinieblas en
expresión del Diploma, no son tan densas como en concepto del
intérprete contrario.

Se propone por décimo indicio de
falsedad el empeño con que se representan los Monges de Cluni
como los más santos y perfectos de todo el orbe, lo cual manifiesta
el espíritu galicano.
Si se meditan las palabras
del Diploma se verá, que su espíritu es muy diferente del que se
las presta de contrario : Por consejo de varones prudentes, dice el
Rey D. Sancho,entendí que el Monasterio Cluniacense, que
sobresalía entre los demás Benedictinos, podía
proporcionarme mejor que ninguno la enseñanza la disciplina
monástica para establecerla en mis Estados; la comparación pues y
la preferencia del Monasterio Cluniacense solo se hace
respecto a los demás Monasterios Benedictinos, que estaban
proporcionados al intento, y de los cuales tenía noticia el Rey Don
Sancho por medio de los varones religiosos que le informaron. No es
posible que el Rey y sus Consejeros estuviesen informados, no digo de
la observancia mayor o menor de todos los del orbe, pero ni aun de
sus nombres; ni puede creerse que intentasen graduar el mérito
de
los que de ninguna manera conocían, o que no eran concernientes a
sus fines. Se podría además entrar en una larga discusión, así
sobre las circunstancias de los que informaron, como sobre el modo de
pensar del Rey Don Sancho, y sus relaciones en otros países, para
ver de qué Monasterios se pudo tener la noticia necesaria para el
objeto, y porquè el de Cluni era más adecuado; pero
sería en vano, pues aunque las expresiones de la Real Carta tuviesen
el sentido que las de su Impugnador, no perjudicarían a la verdad
del objeto principal y hechos presentes que se narran; y de
ellas
deberían responder solamente las personas que inspiraron al Rey Don
Sancho aquel concepto, o el que lo vertió al componer la Carta.

Indicio undécimo: el suponerse fundado el Monasterio de
Oña en el año de 1010, reformado en 1029, muerta
en este intermedio la Abadesa Trigidia en concepto de
santidad, y pervertida hasta la disolución una comunidad dirigida
por una santa, y en los primeros años de su fervor.
Aun
concedido cuanto se supone, para fundar este argumento, nada convence
no pudiendo negarse que el mal a veces gana mucho en poco tiempo, y
que esta pudo ser una de las que no deja dudar una deplorable
experiencia.
¿Pero acaso es cierto que el Monasterio de Oña
se fundase en el año de 1010, y no antes? ¿que la Trigidia
fuese propiamente Abadesa? ¿que esta congregación fuese de Monjas,
y no de Monges, y la disolución tan grande como se pondera?
Cada uno de estos puntos exige una profunda investigación imposible
de hacerse en mis actuales circunstancias y fuerza de mi propósito;
pues para éste basta decir por ahora, que en las inmediaciones u
oficinas del Monasterio Oniense había algunas mujeres más
bien ofrecidas a prestar algunos servicios a la Casa por particular
devoción, que dedicadas al Señor por profesión religiosa, como se
veía entonces en otras Casas semejantes, y que el Diploma habla del
poco recogimiento y amortiguado fervor de las mismas en general, o
por la mayor parte; por lo cual pareció preciso, como se hizo en
otros Monasterios, apartarlas del de Oña. Con esto es
componible la existencia de un Monasterio simple, o
dúplice, cuyos Individuos no estuviesen tan relaxados como
sus sirvientes o adherentes.
Indicio duodécimo: inverosimilitud
en las fechas y firmas del Diploma, ya porque hecha la reforma en
1029, y dirigiéndose al Papa, y a todo el Orbe
se retardase el aviso cuatro contra la práctica ordinaria y común
de nuestra nacion, ya en fin, porque es muy notable que entre
tantos Obispos que firmaron este Diploma ruidoso no firmen los
de Navarra, Reyno primitivo y principal de dicho
Soberano.

La primera razón de inverosimilitud que se
alega queda satisfecha, con la respuesta al indicio segundo, donde
dije cuán común era entonces aquella fórmula de direccion,
de la cual en los siglos siguientes, hasta el nuestro, se hallan
todavía algunos vestigios aun en las escrituras particulares; y por
lo tocante al atraso de la expedición del Diploma pueden exhivirse
muchos de mayor importancia, expedidos tantos o muchos más años
después de las fundaciones o asuntos que los motivaron.
La
segunda razón tiene también contra si muchísimos ejemplares,
especialmente antes de mediado el siglo XI, y en diplomas del mismo
Don Sancho el Mayor; y todavía podría dudarse si la inversión de
las subscripciones en la copia del Oniense ha provenido de descuido y
confusión de las columnas, en que se hallan distribuidas en el
original, como ha sucedido tantas veces.

Por lo que respecta a
la tercera razón es muy notable se llame ruidoso un Diploma, porque
lo firman varios Obispos, siendo estilo corriente de nuestros
antiguos Monarcas y otros Señores, hacer subscribir sus cartas por
todos los sujetos de algún carácter que se hallaban en la Corte al
tiempo de la expedición; y que se echen de menos las firmas de los
Obispos de Navarra (prescindo de la impropiedad de esta denominación)
como si hubieran tenido precisa obligación de asistir y firmar, o
como si aún en tal caso no hubieran podido tener motivo para dejar
de hacerlo, o no se hubiera encontrado vacante ninguna Sede.
Concluye
el Impugnador del establecimiento de la reforma Cluniacense en España
refutando una vida de San Iñigo, que se supone pertenecer al Real
Monasterio de S. Juan de la Peña, y hallada en Roma entre los
papeles del Cardenal de Santa Severina, y una
inscripción
del siglo XV que se lee en el Real Monasterio de Oña; pero
como al mismo tiempo reconoce que ni una ni otra es muy antigua, solo
queda el cargo de defenderlas a los que en ellas funden su parecer a
favor de la introducción de dicha reforma.
Entre tanto no puedo
omitir, respecto a la primera, el reparo de que habiendo conservado
en su larga peregrinación la nota de Pinatense no haya
quedado en esta Casa vestigio alguno de sus actas, que ya se confiesa
de contrario haber perecido, ni si quiera de
su anterior existencia, y por tanto el Monasterio Pinatense no
debe prohijarla, sino substituir a su apellido el de Romana o
Severinense.
Queda en fin convencido el ningún fundamento
de las objeciones con que se ha intentado desacreditar los documentos
expresados, y los hechos que contienen, y que se comprueban además
con otros testimonios fidedignos, que no es de mi propósito recordar
por ahora. He demostrado con las pocas pruebas que indirectamente
resultan de mi contextacion las freqüentes y casi
inevitables equivocaciones que se han padecido en las copias,
trabajadas en tiempo tan escaso de conocimientos diplomáticos, como
abundante de tropiezos para no acertar en la investigación e
inteligencia de la antigüedad: se deja conocer, que es muy arrojada
la empresa de juzgar de la legitimidad de las cartas originales por
semejantes copias, y con solas las nociones adquiridas en los
archivos de otras Provincias; y es consiguiente, que estos juicios no
satisfagan a los lectores imparciales y sensatos, ni puedan hacer
decaer su fé a los respetables testimonios de la antigüedad. Ellos
son la prueba de mayor autoridad y peso que puede producirse en los
tribunales de justicia, y entre los sabios y hombres de bien.
Induputabile testimonium vox antiqua cartarum: en ellos
interesan comunmente los particulares, las Comunidades, las
Provincias, el Estado, y la Regalía; y por tanto las leyes civiles y
canónicas los han protegido siempre con toda su fuerza y autoridad,
y han considerado como un atentado contra el derecho común, contra
el Estado, y el Príncipe, el atacarlos sin aquel fundamento y
convicción que exige la razón bien meditada, es decir, sin
argumentos invencibles.
Pero no admira tanto, que no obstante se
hayan hecho algunas censuras tan infundadas y amargas contra nuestras
cartas por unos rivales implacables, cuanto que muchos de nuestros
aragoneses ciegos y olvidados enteramente de la justicia e intereses
de la patria, hayan celebrado con aplauso los sangrientos despojos de
nuestro crédito, de nuestras glorias, y de nuestro común y
particular interés. Tales han sido en efecto los que sino se
hallaban satisfechos por las copias publicadas debían haber
trabajado por su parte en apurar la verdad en sus originales, y por
el contrario han convenido en esparcir también sobre nuestros
archivos las negras manchas del descrédito e impostura: tales los
que seducidos por la aparente congruidad de unos sistimas
convinados a gusto han abandonado del todo a nuestros
Historiadores nacionales, como si no hubieran dicho una sola verdad
en todas sus obras. Es preciso, sí, reconocer que en ellas no se
encuentra propuesta nuestra historia con aquella convicción
necesaria que satisface y tranquiliza al lector sabio e imparcial, y
que se observan varias equivocaciones, contradicciones y defectos;
pero al mismo tiempo es muy cierto que contienen la verdad, aunque
desfigurada en su aspecto, y como dividida y descompuesta en sus
verdaderos miembros, por la agregación e interpolación de otros
heterogéneos; y también son bien conocidas las causas imperiosas
que han influido en este desorden, y que disculpan sobremanera a
nuestros Escritores. Pero ni la verdad, ni la disculpa, favorecen a
los sistemas que nuevamente se han subrogado, y por los cuales se nos
retarda el establecimiento de nuestra Monarquía hasta fines del
siglo IX, se nos propone a Iñigo Arista por primer Rey feudatario de
los de Asturias, se nos disminuye la gloria de muchos Soberanos,
reduciéndolos a solos cinco desde el mismo Arista
hasta D. Sancho el Mayor, se defrauda la pertenencia de sus
peculiares trofeos, y respectivos derechos a las Provincias de Aragón
y Pamplona, o Navarra, confundiendo los principios de la soberanía
en cada una; y finalmente se vierten otras muchas opiniones
destituidas asímismo de todo fundamento, y en menoscabo de nuestras
verdaderas glorias.
Mas volviendo a mi propósito, para dar por
último una prueba cabal del furor censorio con que se ha tratado
hasta la sombra de nuestras antigüedades, y de la desconfianza que
deben inspirarnos, a pesar de su erudición, los que nos hablan por
relaciones ajenas, basta recorrer brevemente lo acaecido con unas
inscripciones, que como pertenecientes al Real Panteón de San Juan
de la Peña publicó el M.R.P.M. Yepes en el tom. III, Cent. III, f.
14 y 15 de la Crónica general de la Orden de S. Benito. Yepes, pues,
que por muchas leguas no se acercó al Monasterio Pinatense, pidió
una razón de su fundación, y demás objetos conducentes a su
Crónica. El Abad, a quien se dirigió, y que se hallaba ausente,
pasó este encargo a uno de sus Individuos, y éste para desempeñarlo
luego, y sin molestia, recurrió a un MS. trabajado pocos años antes
por otro llamado Barangua, y con él satisfizo la comisión.

Este MS. es una miscelánea tan singular, y con tan enormes
anacronismos, que apura
la paciencia del lector. Entre muchas
cosas trata de la fundación de San Juan de la Peña, propone un
catálogo de sus Abades, copia dos inscripciones verdaderas de su
antiguo atrio, que son la décimasexta y décimaséptima
publicadas por Yepes; de las cuales la primera pertenece a Doña Ximena muger de Rodrigo el Cid, mas pereció la
lápida donde se leía, aunque se conserva una copia auténtica, y la
segunda que todavía existe es del Senior Fortunio Enneconis, ò
Iñiguez. Ambas inscripciones han merecido la aprobación en la
censura de que voy a hablar, y esto no obstante, que la segunda se ha
publicado con un enorme anacronismo, como puede verse cotejándola
con la original. Pero el principal objeto en el citado MS. parece fue
formar un compendio o memoria histórica de los Reyes, y otras
personas Reales, que el autor creyó ser de Aragón, y estar
enterrados en el Panteón de dicho Monasterio, y lo hizo componiendo
un elogio más o menos breve de cada uno. A estos elogios, que por la
mayor parte terminan en castellano, se dio principio con un
epígrafe o texto latino a manera de inscripción
sepulcral con fecha mortuoria en números arábigos, y estos
textos se copiaron y enviaron al P. M. Yepes. ¿Con qué satisfacción
y vanidad no habría muerto su autor si hubiera previsto que en fin
sus textos se publicarían un día en letras de molde, se colocarían
después en una colección de lápidas y medallas del tiempo de los
Árabes, y ocuparían la férula de un ilustre Censor, aunque para
volverlos más negros que la tinta con que los escribió?

En
efecto, tal es el origen, y tal el fin de las quince primeras
inscripciones publicadas por Yepes, y censuradas y ridiculizadas en
nuestros días de un modo que ofende gravemente a uno de los
Monasterios más insignes y venerables de España. ¡Qué tiempo tan
bien empleado en publicar las inscripciones de los espacios
imaginarios, y en azotar el ayre con la férulacensoria! Tal vez se me dirá, que de todo esto son responsables los
que enviaron a Yepes aquella relación. Prescindo de que la conducta,
o errores de uno o dos Individuos, jamás debe convertirse en oprobio
de un cuerpo, y menos en asunto de literatura; y también de que no
sirve de disculpa a un crítico la deferencia que no debió conceder
a otras personas, ya sospechosas en su concepto, ya según el que
generalmente se forma de su edad poco seguras, y versadas en la
materia; y prescindo en fin de que esta exigía examinarse al ojo, o
por lo menos comprobarse nuevamente por testimonio de persona
instruida. Mas por ventura ¿fue sorprendido Yepes en su buena fé, o
se iludió a si mismo? No es posible en esta parte disimular
su poca atención a las palabras que copia de la carta o razón con
que el Dr. D. Diego Juárez acompañó aquellas memorias: Los
epitafios o memorias, dice este, de personas eminentes y principales
que están enterradas en esta cueva, sin meterme en averiguar los
años en que murieron por las disputas que hay entre los autores
Zurita, Garibay, y Blancas y otros, y yo no ser buen Juez, pondrelos
puntualmente, como entiendo que es la verdad, de la manera que aquí
los tenemos y leemos, dexando para quien más supiere que los ajuste.
Síguense a estas palabras quince textos del MS. a manera de
inscripciones, y las dos verdaderas que ya he notado, y dice luego
Yepes: Concluye la memoria de los epitafios puestos en las sepulturas
de esta manera: Praedicti Reges dederunt Monasterio praedicto multa
loca, montes et redditus quibus in hunc diem sustentantur. A primera
vista se descubre en las palabras de Juárez una incertidumbre y
ambigüedad sobre la existencia y verdad de aquellas memorias, capaz
de suspender el juicio más precipitado, y si luego se reflexiona con
alguna detención sobre el sentido y concepto que envuelven se
encuentra que no se habla de verdaderas inscripciones, sino de un
catálogo o lista de las personas principales que se creían
enterradas en la Real Casa de San Juan de la Peña, y que por tal se
envió a Yepes. La denominación de epitafios es lo único por donde
podría persuadirse que lo eran, pero luego se descifra por las
palabras inmediatas, que por la conjunción disyuntiva ò, y
por el propio significado de memorias, manifiestan ser unas
apuntaciones o razón de las personas enterradas. Lo mismo declaran
las palabras siguientes sobre las encontradas opiniones de los
autores, respecto al año de la muerte de dichas personas, pues ni
esto es componible con las datas de inscripciones verdaderas, que
serían superiores a la opinión de aquellos Historiadores, ni estos
disputaron de inscripciones, sino de la existencia de algunas
personas Reales, y lugar de su entierro. Por último declara el Dr.
Juárez abiertamente su concepto, diciendo, que así entendía ser,
que así se tenían y leían, y que dexaba el ajustarlos y
corregirlos a quien lo entendiese mejor, lo cual solo puede convenir
a unas memorias escritas, y a su parecer ciertas, sobre las personas
enterradas, y de ninguna manera a inscripciones que él hubiera visto
en sus lápidas, o copiadas de manera que hiciese fé.
En efecto,
no solo no las vio así el Dr. D. Diego Juárez, pero ni pudo
inspeccionar los diez y ocho Sepulcros Reales de los veinte y siete
que se hallan en el Panteón de S. Juan de la Peña. Desde el siglo
XII tienen estas veinte y siete urnas de piedra la misma disposición
que hoy: están distribuidas en tres órdenes: sobre las nueve del
primer orden descansan nueve del segundo; y sobre estas las nueve
restantes, sin dexar medio o hueco alguno por donde inspeccionar las
cubiertas de las diez y ocho primeras: a todas sirve de cimiento,
respaldo y dosel la grande peña que ha dado nombre al Monasterio, y
que antes de haberse dilatado por aquella parte (cuando de orden y a
expensas del católico y piadoso Monarca Don Carlos III, augusto
Padre del que felizmente reyna, se reedificó el Panteón) de tal
manera ceñía y encerraba los Sepulcros Reales, aun por su frente y
costados, que quasi venía a parecer una grande urna de los
mismos. Es natural pensar que los diez y ocho primeros tendrán
respectivamente sus inscripciones, mas de ellas no ha quedado alguna
noticia del siglo XII, en que se completó la linea superior que los
cubre, ni de los siglos inmediatos. Pero estuvo tan lejos de andar en
estas averiguaciones D. Diego Juárez, o por mejor decir el autor del
MS., que ni si quiera copió las inscripciones que tenía a la vista
en las urnas del orden superior, y basta para convencerlo el
testimonio nada sospechoso para el caso del M.R.P. Fr. Josef Moret,
ilustre Cronista del Reyno de Navarra, y autor de las Investigaciones
de sus antigüedades. En esta obra dice, que inspeccionó por si
mismo los Sepulcros Reales del Panteón Pinatense, y que de los del
orden superior copió las inscripciones que publica, que si bien me
acuerdo son de D. Ramiro I, Don Sancho Ramírez, Don Pedro I, y su
hija la Infanta Doña Isabel; y cotejadas éstas con las memorias
correspondientes en la Crónica de Yepes se verá que no son las
mismas, ni en ellas hay números arábigos, datas de años, u otros
defectos que se notaron en estotras. Es pues, de admirar que
quien ha leído a Moret haya preferido a la autoridad de este testigo
de vista la de Yepes, que habla baxo palabra de otro, y con tan grave
equivocación en el concepto, como he manifestado.

En
fin, señor Adicto, si de una parte he renovado con grande
sentimiento la memoria de los insultos que impunemente se han hecho a
nuestro Reyno, y a nuestros monumentos más respetables, por otra veo
con indecible satisfacción que no está ya muy lejos el momento en
que una noble emulación excitará la larga indolencia de los
talentos, para ofrecer a nuestra patria un obsequio de la mayor
necesidad e importancia, poniendo a cubierto de los golpes de la
ignorancia y envidia los preciosos depósitos de sus grandes y
antiguas glorias.
Entre tanto B.L.M. De V.
As. Cs. y Ts.

Zaragoza y Diciembre 3 de 1800.

Notas.

(1)
Anales de Aragón, tom. I

(2) Historia de San Juan de la Peña
y del Reyno de Aragon, lib. II, c. 45.

(3) Praesidente
glorioso Principe Ranimiro una cum veneralibus Episcopis Sanctio, et
Garsia, et Gomesano, et Abbatibus S. Ioannis .... ita Sanctius
Episcopus Aragonensis exorsus ets loqui: Pro disciplina...tractaremus
ea, quae ad ordinationis tenorem pertinent iuxta Nicenorum Canonum
instituta .... ac mansura solidemus, sicut EST PRAEDESTINATUM ET
CONSTITUTUM AB INCLITO REGE SANCTIO totius Hisperiae domino in
praesentia Episcoporum Subscriptorum, Mantii Episcopi Aragonensis, et
Sanctii Pampilonensis, et Garsiae Naiarensis, et Arnulphi
Ripacurtiensis, et Iuliani Casteliensis, et Pontii Ovetensis, et
aliorum plurimorum Episcoporum, nomina quorum longum est dicere.

(4)
Crónica general de la Órden de San Benito, tom. V, Apend. , Escrit.
XLV.

(5) Sanctius gratia Dei Hispaniarum Rex .... Domino Papae
S. Romanae Sedis, et Apostolicae Ecclesiae, et totius Orbis
Archiepiscopis, et omnibus ecclesiastici ordinis, coeterisqie populis
christianis, &c.

(6) Prospera vitae praesentis, et gaudia
super mae felicitatis.

(7) Omniumque sacrilegorum
haereticorum, quomdam religiosi tamen patricae pestifere opprimentium
versutiis canonicali disciplina resecatis, &c.

(8) Magna
ex parte oppresa Hispania, et expugnata a spurcissima gente
Agarenorum, decentissime fines nostrarum provinciarum ampliavi.

(9
y 10) Incidit mae menti summa christianae perfectionis, quam Dominus
iuveni salvationem animae suae quaerenti: demonstrans ait: Si vis
perfectus esse, &c .... Quam perfectionem dum imperio mihi a Deo
comisso deesse comperi vehementer dolui, nam ordo monasticus
omnium ecclesiasticorum ordinum perfectissimus tum temporis omni
nostrae patriae erat
ignotus .... et perfectione monastici ordinis tenebras nostrae
patriae illuminare, tandem inspirante Deo a prudentibus, ac
religiosis viris salubre reperi consilium, quibus referentibus
didici, quia perfectionem huius sanctae, quam requirebam
prefessionis, nemo perfectius ostendere poterat, quam congregatio
Monasterii Cluniacensis, quae in eodem tempore clarius coetiris
Monasteriis S. Benedicti perfecta florebat regulari religione,
auxiliante Deo, et venerando Abbate Odilone administrante, &c.

domingo, 7 de julio de 2019

EL GUANTE DE CONRADINO PARA PEDRO III

128. EL GUANTE DE CONRADINO PARA PEDRO III (SIGLO XIII. PALERMO)
 
Estamos en plena efervescencia de las terribles y asoladoras pugnas en las que los güelfos (partidarios de
los Papas) y los gibelinos (partidarios del Emperador) dividen y ensangrientan a la Europa del siglo XIII.

Entre los gibelinos más activos y comprometidos, destacaba el rey Manfredo de Sicilia, que a la sazón era suegro del rey Pedro III de Aragón desde dieciséis años antes de acceder éste a la corona aragonesa, puesto que se había casado con la hija de Manfredo, Constanza.

 
El Papa —como máximo representante de los güelfos y deseoso de tener a Sicilia como feudo de la
Iglesia— persiguió con encono a Manfredo, destituyéndolo como rey y dando Sicilia a Carlos de Anjou, hermano menor de San Luis de Francia. Pero Carlos de Anjou sólo poseía Sicilia teóricamente, de modo que se vio obligado a ir a ganársela de manera efectiva por las armas.

Así es que organizó un ejército e invadió la isla, derrotando y matando a Manfredo. Poco tiempo después, Conradino, su sobrino, que se presentó como heredero legítimo, siguió idéntica suerte.

Sin embargo, Conradino, antes de morir ajusticiado en el patíbulo, protagonizó una escena que, si de
momento no tuvo consecuencias palpables, sí dio frutos maduros algunos años más tarde. Con el porte muy digno, como un auténtico caballero que era, antes de entregar su cabeza al verdugo, paseó retador la mirada entre la multitud que estaba presente en la ejecución y, quitándose el guante que cubría su mano diestra, lo arrojó con fuerza hacia gentío como en demanda de un vengador.
 
La tradición y las crónicas sicilianas aseguran que recogió el guante lanzado por Conradino un conocido caballero siciliano llamado Juan de Prócida y que éste, pensando en quién pudiera ser capaz de poder hacer efectivo el reto, no dudó que ese era el rey de Aragón, así es que fue a entregárselo a Pedro III, yerno del rey ajusticiado por Carlos de Anjou, haciéndole de esta manera heredero de la venganza siciliana.
 
[Balaguer, Víctor, Instituciones y reyes de Aragón..., págs. 100-104.]
 
 
EL GUANTE DE CONRADINO PARA PEDRO III (SIGLO XIII. PALERMO)
 
II (texto sin revisar)
 
Cuando Pedro el Épico subió en 1276 al trono de Aragón, llevaba ya diez y 
seis años de matrimonio con Constanza, hija de Manfredo, rey de Sicilia y uno de los más firmes adalides de la causa gibelina. Constanza, en quien luego vino á recaer el trono de Sicilia, es la que el Dante llama generatrice dell'onor di Sicilia e d'Aragona.

Hacía ya mucho tiempo que oía hablar el mundo de güelfos y gibelinos, 
poderosísimos bandos, partidario el uno de los Papas, y de los Emperadores el 
segundo, influyentes y batalladores partidos, al último de los cuales, es decir, 
al gibelino, acabó por pertenecer el altísimo poeta sentenciado á ser quemado 
en estatua, y á quien, sin embargo, tantas estatuas habían de levantarse en el 
mundo, el mismo del que decían las matronas veronesas al verle pasar por las calles de Verona, solo y proscripto de Florencia, señalándolo á sus hijos: 
—¿ Veis ese hombre de túnica roja, coronado de laurel? Pues ese hombre ha estado en el infierno. 
 
Todas las cóleras de la Santa Sede cayeron sobre Manfredo el gibelino. Persiguióle el Papa, sin tregua, sin descanso, sin cuartel, y, ardiendo en deseos de tener á Sicilia como feudo de la Iglesia, ofreció el reino á Carlos de Anjou, hermano menor de San Luis, que fué rey de Francia, y tío de Felipe el Atrevido que entonces lo era. Aceptó Carlos, y con gran poder de franceses pasó á Sicilia para combatir á Manfredo de cuyas manos debía arrancar el reino que tan rumbosamente le daba el Papa... para cuando lo hubiese conquistado. 
 
Manfredo el excomulgado y Carlos el pretendiente, á la cabeza de numerosa hueste cada uno, se encontraron al pie de los muros de Benevento, y en sangrienta batalla recogió Carlos de Anjou la corona caída de la yerta frente de Manfredo, cuyo cadáver fué arrojado á los perros que vagaban errantes por las orillas del Verde. 
 
Conradino, gentil mancebo de diez y siete años, sobrino de Manfredo, se presentó á ocupar el trono de Sicilia. Fué vencido también, hecho prisionero y condenado á muerte. 
 
Vestido de púrpura estaba el cadalso, como dispuesto para regia pompa, encapotado el cielo y oscuro el día, como negándose el sol á presenciar el acto. Con varonil entereza subió el joven Conradino al patíbulo, y, antes de entregar al verdugo su cabeza, paseó una mirada por la multitud que en la plaza de Nápoles se agrupaba junto al tablado, y, descalzando el guante de su diestra, lo arrojó al gentío como en demanda de un vengador. 
 
La tradición y las crónicas sicilianas cuentan que recogió el guante un caballero de Sicilia llamado Juan de Prócida, quien fué á entregárselo al rey de Aragón, haciéndole heredero de la venganza siciliana. 
 
Esta leyenda dio origen á un drama de los Sres. Doncel y Valladares, que en los buenos tiempos del romanticismo recorrió con aplauso todos los teatros de España, titulado El guante de Conradino, y también, más recientemente, prestó asunto al poema dramático El guante del degollado, que vive aún en la escena catalana. 
 
Carlos de Anjou, teniendo por escabel los cadáveres de Manfredo y Conradino, subió al trono de Sicilia, á la que castigó con tanto desafuero, tanta venganza y tanta tiranía, que el pueblo le llamaba Carlos sin merced. Y así, víctima infeliz, fué subiendo Sicilia la cuesta de su calvario, hasta llegar el último día de Marzo de 1282, y con él el primero de su libertad. Fué aquél el día terrible y sangriento conocido en la historia por las Vísperas sicilianas. Al toque de vísperas, en Palermo, comenzó la matanza de los franceses, y el pueblo arboló la bandera de su independencia, arrojando á Carlos de Anjou y fijándose desde aquel momento la atención y las miradas de todos en Pedro de Aragón, esposo de Constanza, heredera legítima de aquel trono. 
 
Al ocurrir el sangriento suceso y catástrofe de las Vísperas, Carlos de Anjou se hallaba en Roma junto al Pontífice, y Pedro de Aragón en Cataluña preparando con urgencia, una escuadra poderosa, con todos los aprestos y armamentos de guerra y con mucha gente de armas de mar y tierra, sin que nadie supiera, sólo el rey, cuál debía ser el destino de aquella fuerza. // ....

sábado, 2 de octubre de 2021

NOTAS. Obras rimadas de Ramon Lull. + RECTIFICACIONES

NOTAS.



(1)
Lo
conqueriment de Maylorcha.

Es la conquista de Mallorca por las
armas de Don Jaime el Conquistador, entre los hechos de aquellos
belicosos siglos, el que quizás más se presta a las bellas
descripciones y elevados rasgos de la epopeya. Expedición marítima
al par que militar, abunda en sucesos e incidentes tan variados y
poéticos, en aventuras tan interesantes y caballerescas, que hasta
al referirlos sencillamente los antiguos cronistas, trazaron sin
quererlo más bien un poema que una crónica, tanto les brindaban los
hechos mismos a los adornos de la oratoria, a la brillantez y viveza
en el estilo, y a los bellos matices de la poesía. Aún el mismo rey
Don Jaime, cuya vida constituye una serie de triunfos y conquistas,
recordó siempre la de Mallorca con singular predilección y
complacencia, porque con ella iban también los bellos recuerdos del
ardor de su juventud. No es extraño pues que la imaginación
ardiente de Lulio, excitada por el amor a su patria, se elevase en
alas del entusiasmo al oír contar a su padre, que tomó parte en
aquella grande y caballeresca empresa, las proezas de los
conquistadores, y que fundado en la tradición y en las relaciones de
los mismos testigos oculares, trazase el bello poema que sólo
poseemos en fragmento, si es que no bebiese en el contexto de la
crónica del mismo rey Don Jaime, que atribuyéndose a la pluma del
gran conquistador, quizás llegaría a manos de Lulio, tratando como
trataba tan de cerca a la familia real aragonesa.
¡Lástima
grande es empero no poder leer en bellos versos más que una pequeña
parte del conjunto de todos los hechos heroicos que tanto nos halaga
en las sencillas descripciones de la crónica del mismo monarca, en
las de Marsilio, Desclot y cuantos se ocuparon de esta gloriosa
conquista!
(Desclot : de Es Clot, d‘es Clot)

(2)
Que
mays feu tant en Pelós.
Bajo el adjetivo Pelós, que equivale al
adjetivo castellano Velloso (peludo), quiso designar
seguramente el autor al célebre conde de Barcelona llamado Wifredo el Velloso. Fue hijo y sucesor en el condado de Wifredo I, quien
había perdido sus estados, muriendo a manos de Salomón conde de
Cerdeña, (
Cerdaña, Cerdanya, Ceritania) que le asesinó alevosamente para usurpárselos. Como
Wifredo II (el Velloso) era menor de edad cuando le fue restituido el
condado por Carlos el Calvo, tuvo por regente a
Balduido, primer
conde de Flandes y yerno de aquel monarca. Contaba 22 años cuando
para vengar la muerte de su padre, la dio a Salomón de Cerdeña. En
873 se halló en las guerras de Francia (
los condes de Barcelona
eran vasallos del rey de Francia
) contra los Normandos, donde fue
gravemente herido, lo que le valió, según afirman varios autores,
adquirir el blasón de las cuatro barras encarnadas en campo de oro
(
leyenda desmentida por otros autores), que fueron después el
distintivo de la
casa aragonesa, con motivo del casamiento del
conde D. Ramón Berenguer IV con D.a Petronila,
heredera de aquel reino
. Así que Wifredo II tuvo (874) el mando
soberano de su condado, sin necesidad de regente
(
¿quién era el soberano? El rey de Francia), se dedicó
exclusivamente a limpiarlo de moros, sosteniendo con ellos reñidas y
sangrientas guerras, hasta ahuyentarlos enteramente de sus
estados.
Fue
príncipe (el principal de los condes, como Ramón
Berenguer IV, princeps
) al par que valiente y guerrero, muy
piadoso, pues en 888 (880 según wikitrolas) fundó el monasterio de Ripoll, según lo
asegura el P. Villanueva, en el que hizo vestir el hábito a su hijo
mayor Rodulfo, que fue su abad, y después de Urgel. Tuvo otros
hijos: Wifredo III, que le sucedió: Suñer, conde de Urgel; y Miron, (Mirón, Mir) que también fue conde de Barcelona. Murió Wifredo II en el año 906
o 912
según otros autores y fue sepultado en el monasterio de
Ripoll.

Carlos II de Francia, Frankfurt, el calvo, emperador, francos

Este rey, Carlos II el calvorotas, me recuerda mucho a Freddie Mercury. Farrokh Bulsara. Y personalmente, a mi amigo desde la infancia José Francisco Tejedor Pons, "Pepet", chimo por Beceite y polaco por Valderrobres, y especialmente a su padre, José Luis Tejedor, hijo de Santiago y Pura, Purita, "purito", de mi pueblo, Beceite, Beseit.  

Freddie Mercury, Farrokh Bulsara, Carlos II, el calvo, rey de Francia

Freddie Mercury, Farrokh Bulsara, Carlos II, el calvo, rey de Francia, purito, José Luis Tejedor, Beceite, Beseit



(3)


Sa maravela bassent,
Ignoramos la
equivalencia castellana de la palabra bassent; y no
comprendemos lo que con ella quiso significar el autor, si es que no
sea error del copista. (Quizás plasent, plassent mal escrito; o
del verbo ver, veser, vesent, veent
) Por lo demás, el
calificativo de maravilla que da Lulio a la isla, prueba que en
aquellos tiempos no era Mallorca menos admirada y codiciada que en el
día, en que tantos y tan ilustres viajeros han ensalzado sus
bellezas naturales. Véase sino la hermosa descripción de la Balear
mayor que el cronista Marsilio pone en boca de Pedro Martell, quien
cuenta con entusiasmo al rey Don Jaime la hermosura del país que le
induce a conquistar; y ella en verdad dice tanto como pueden decir
los modernos viajes que de Mallorca han escrito elegantes plumas e
inteligentes artistas. Dice el pasaje de la crónica a que nos
referimos:
“Mes la major yla es aquela que Malorcha es apeylada,
com es major en quantitat e major en senyoria; la qual la divina
saviea de las pregontats de las ayguas feu levar per só que de totas
ses parts fós als navegants en refugi e defeniment; e de aquen los
homens d‘ aquela art aquela apeylan cap de Creus, com d‘ aquela a
cascunas parts navegar pus cuvinentment es vist; e aquels qui tornan
de lunyadanas parts, trencats d‘ aytals trabays, banyats de plujas,
turmentats de tempestats d‘ aer, consumats d‘ estiu e de calor, e
‘ls trobats de poca jornada, a aquela sian sadolats e recreats, e
de grat venen per só que en lurs trabays sian consolats. E provehí
lo sobirá maestre de tots de pòrts en aquela en tutela e defensio
dels perilants o navegants; de part oriental lo pòrt d‘ Alcudia,
de part occidental lo pòrt de la Palomera e de Andraig, e de part d‘
aquiló lo pòrt de Soyler, o de part austral lo pòrt de Manachor e
de Porto-Colom e de Porto-Petro. E de totas parts ha molts pòrts
pochs, los quals los mariners apeylan esparagols, a salvar los lenys
menors. E aquesta yla es revironada de montanyas molt altas d‘
aquela part que es opposada a Cathalunya, en tan neix son altas, que
a aquels qui naufragan son en mòrt e als navegants en horror. Mes de
part austral que es opposada a Affrica no ha montanyas axí altas,
jatsia só que de rochas sia tota plena, e son aquelas montanyas
pedregosas, no cuvinents a neguna semen, sechas, nuas, sens fruyt,
sens utilitat, si donques no son dadas als habitadors a garda e
defensio.”
“E com aquela yla haja moltas parts, ha XVI parts;
las tres en montanyas e en lo peu de las montanyas lo qual apeylan
Rayguer, en las quals ha pobles e vilas delectables; aquí ha
oliveras fructuosas, aquí ha abundancia de vinyas e abundancia de
diversas fruytas, vergers molt agradables, fonts de cascuna part
corrents; e lá on hom se pensa que montanyas molt altas s‘ ajusten
e que no sia sino soledad degastable, aquí se amagan vals molt
delitables, de arbres fructuosas, bé assegudas e plenas d‘ ayguas
de fonts, en tot delit e puritat d‘ aer donadas. Las altres XIII
parts son pobladas, las quals son planas e son luny de montanyas, e
son molt bonas per blats, molt han de forment e d‘ ordí (ordi),
quays han fretura de fruytas, oliveras no han, nodrexen pocas vinyas,
son ricas d' oveyas e d' altres bestiars; de pous beuen e moltas
vegadas de ayguas reebudas en cisternas e en en fossas en
temps de plujas, per só que dretament sian semblants a las parts d'
Urgel en moltas de cosas.”



"Mes
la ciutat es asseguda e sitiada prop la mar, havent planea de costa
sí de XII milas, de val ample e pregon revironada, garnida e defesa
de espessa de torres e de mur, de bel antemural coronada, no sabent
barri, com tots los reeb dins sí ab tres portals ab portas de ferre,
edificada e feta de casteyl molt beyl dins sí prop de la mar e en
pla, enriquehida de lonquea, de beylea de carrers e de dreta
agradable, de amplaria de plassas plahent, de font per mitj corrent
delitable, de beylea d‘ orts axí dins com deforas acompanyada; ha
mirador molt beyl de mar, lo qual s' esten XV milas, de duas bocas o
caps grans de rochas es termenada, e es luny boca o cap de boca o cap
quays per XX milas. Aquests dos caps contre si posats en fas de la
ciutat, fan gran cala abundant e plena de pexos, e a naus e a tots
altres vaxells navegants molt profitosa, com per tot morden las
ánchoras: e encare tot lo temps de primavera e de estiu tots los
lenys e naus se ferman e stan devant la ciutat a una mila; mes el
temps de autumne acostant, se recuylen al pòrt, lo qual es luny de
la ciutat duas milas e mitja, lo qual ha nom Portopí, quays pòrt de
pí, com aquí havia un molt beyl pí dont lo pòrt hach e pres nom.
E ha aquesta ciutat defora tres casteyls molt fòrts asseguts e
sitiats en molt altas montanyas; lo un contra la part de Cathalunya
lo qual es dit e nomenat de Polensa, l' altre contre la part de
Affrica lo qual es apeylat de Santueri, altre dintre terra qui no es
pòt combatre lo qual es apeylat Alaró.
L' aer hi es molt
temprat, com d‘ ivern apenas o quays nuyl temps no gita neu; e si
algunas vegadas s' esdevé, las gents ho han per joch: glas nuyl
temps quays hi appar; e en temps de estiu de tercia e d' aquí avant
del vent embat apeylat es temprada."




(4)



D'
Abú-Soleyman vessada







En
las cronologías de los emires o gobernadores mahometanos bajo el
imperio de los califas, figura al tratarse del reino de las islas
Baleares, el nombre de
Abu-Rabi-Suleyman, que en el año de la
égira 508, fue sucesor de Mubash-sher
(Nasiru-d-Daulah)
que fue al parecer el último de aquellos gobernadores.
Quizás
aluda Lulio a este personaje en el verso que comentamos.




(5)



De
n' Horace e B. De Bon







Sin
duda se refiere Lulio en este pasaje a Bertrán de Born vizconde de
Hautefort y castellano del castillo (catalán,
castlà, châtelain
) de Perigord que encerraba unos 1000 hombres
de guarnición. Fue uno de los trovadores más célebres de su
tiempo. Pudiendo por su posición (posision) elevada tomar
parte activa en los negocios políticos de la época, se entretenía
en suscitar discordias entre los reyes de Francia y de Inglaterra, a
quienes tildaba de cobardes cuando se mantenían en paz,
tributándoles los mayores elogios cuando empuñaban las armas.
Declaróse enemigo de Ricardo corazón de león, y partidario de
Enrique II su hermano, a quienes designaba con los nombres de

(Oc) y No. Vencióle Ricardo y llegó a hacerle su prisionero
y a posesionarse de su castillo de Hautefort; pero obrando aquel
monarca, que aspiró también al renombre de trovador provenzal,
con clemencia y generosidad con el poeta vencido, le perdonó la vida
y le restituyó sus bienes. Aunque fue Bertrán, como todos los
trovadores de su época, cantor de los amores y de la hermosura, se
distinguió más especialmente por sus poesías heroicas o guerreras.
He aquí una de sus más notables producciones:








‘m play lo douz temps de pascor



Que
fay fuelhas e flors venir



E
play mí quant aug la baudor



Dels
auzels que fan retentir



Lo
chan per lo boscatge;



E
play me quant vey sus el pratz



Tendas
e pavallos fermatz;



E
play m' en mon coratge,



Quant
vey per campanhas rengatz



Cavalliers
ab cavals armatz.




E
play mí quant li corredor



Fan
las gens e 'ls avers fugir;



E
play me quant vey aprop lor



Gran
ren d' armatz ensems brugir;



Et
ay gran alegratge,



Quant
vey fortz castelhs assetjatz,



E
murs fondre e derrocatz,



E
vey l' ost pel ribatge



Qu‘
es tot entorn claus de fossatz



Ab
lissas de fortz pals serratz.







Atressi
m' play de bon senhor



Quant
es primiers a l' envazir



Ab
caval armat, ses temor;



C‘
aissi fay los sieus enardir



Ab
valen vassallatge;



E
quant él es el camp intratz,



Quascus
deu esser assermatz,



E
segr' el d' agradatge,



Quar
nulhs hom non es ren prezatz



Trò
qu' a manhs còlps pres e donatz.







Lansas
e brans, elms de color,



Escutz
trancar e desguarnir



Veyrem
a l' intrar de l' estor,



E
manhs vassalhs ensems ferir,



Don
anaran a ratge



Cavalhs
dels mòrtz e dels nafratz;



E
ja pus l' estorn er mesclatz,



Negus
hom d' aut paratge



Non
pens mas d' asclar caps e bratz,



Que
mays val mòrtz que vius sobratz.







Be
us dic que tan no m' a sabor



Manjars
ni beure ni dormir,



Cum
a quant aug cridar: A lor! (Com)



D'
ambas las partz; e aug aguir



Cavals
voitz per l' ombratge



E
aug cridar; Aidatz! aidatz!



E
vey cazer per los fossatz



Paucs
e grans per l' erbatge,



E
vey los mòrtz que pels costatz



An
los tronsons outre passatz.







Baros,
metetz en gatge



Castels
e vilas e ciutatz,



Enans
q' usquecs no us guerreiatz.



Papiol,
d' agradatge



Ad
Oc e No t' en vay viatz,



Dic
li que tròp están en patz.











Traducción.
- Mucho me place la dulce estación de la primavera que hace brotar
las hojas y las flores; me place oír el gorjeo de los pájaros
cuando hacen resonar su canto por el bosque. Agrádame ver colocados
a lo largo de las praderas tiendas y pabellones; y me deleita ver
alineados en campaña caballeros armados cabalgando en sendos
caballos.







Me
place ver los exploradores cuando ahuyentan las gentes y los rebaños,
y ver como en pos de ellos los hombres de armas se mueven con grande
estrépito. Experimento mucha alegría cuando veo sitiar fuertes
castillos, cuando se hunden los descuajados muros y la hueste cerca
el recinto defendido por hondos fosos y cerrado por empalizadas
guarnecidas con fuertes postes.




Gozo
cuando veo al buen señor que se lanza el primero al combate con
caballo armado, sin conocer el miedo, infundiendo con su ejemplo y su
brío valor a sus vasallos. Y cuando entra en el campo, todos deben
reunirse en torno suyo y seguirle con voluntad decidida, porque de
ningún hombre se hace aprecio si no ha dado y recibido muchos y
buenos mandobles.




Veremos
las lanzas y las espadas romper y desguarnecer los yelmos y los
escudos, desde luego de entrar en batalla, y herirse mutuamente los
combatientes. Entonces veremos correr al acaso los caballos de los
muertos y de los heridos, y cuando confundidos todos, en lo más
recio de la pelea, no habrá hombre de alta prez que tenga otro
pensamiento que el de cortar cabezas y brazos, pues vale más morir
que vivir vencido.




Os
lo aseguro: no me es tan grato el comer, beber y dormir, como oír
exclamar por ambas partes: ¡A ellos! y escuchar el relincho de los
caballos desmontados que corren por la selva, y el grito de ¡Socorro,
socorro! mientras caen señores y vasallos por los fosos sobre la
yerba, y se ven los muertos atravesados sus flancos por las astillas
de las lanzas.







Barones,
empeñad castillos, villas y ciudades antes de que otro alguno os
haga la guerra.



Y
tú, Papiol, corre pronto a ver a
y No
y diles que hace ya demasiado tiempo que están en paz.







(6)







Els
fayts eu xantats sovens.







Quizás
haya en este verso equivocación del copista. Parece que se diera a
la frase mejor sentido gramatical, sustituyendo el xantats participio
pasado de xantar, con el xantant gerundio del mismo verbo.




(7)
Ab
sos barons, donçeyls e lurs prelats.



Para
dar una idea de los barones principales que tomaron parte en la
conquista de Mallorca insertamos los siguientes párrafos que con el
mismo objeto trascribe el conocido historiador D. José María
Quadrado
en uno de sus apéndices a la parte de las crónicas de
Marsilio y Desclot referente a la expresada conquista, que publicó
en el año 1850.



"Era
D. Nuño Sánchez de real estirpe nieto del conde Ramon Berenguer que
casó con la heredera de Aragón, y primo del padre de nuestro
monarca. Su padre D. Sancho hijo tercero del conde de Barcelona
heredó el condado de Cerdaña en sustitución de su hermano Pedro, y
obtuvo en feudo el de Rosellón de su hermano mayor Alfonso II, a
quien lo había legado el conde Gerardo a falta de sucesión; de
suerte que su cuna y poderío le permitieron casi nivelarse con el
trono. De su esposa Sancha hija del conde
D. Nuño de Lara hubo a
D. Nuño, que tomó el nombre de su abuelo materno y que combatió al
lado de su padre en las Navas de Tolosa donde fue armado caballero.

Su tardanza en acudir al socorro de Pedro II, o la impaciencia de
este en no aguardarle, contribuyó al infeliz éxito de la batalla de
Muret donde feneció el rey de Aragón; pero unido con los Moncadas y
otros nobles, hostilizó a las tropas de Monfort, obligándole por
fin a devolverles el hijo del difunto soberano a quien el vencedor
retenía cautivo en su poder. Ignórase hasta qué punto secundó D.
Nuño las ambiciosas miras de su padre, que aspiraba no sólo a la
tutela del niño Jaime, sino a usurparle la corona; sólo es notorio
que tuvo sobrada parte en las turbulencias de aquella agitada
minoría. Disgustado con Guillermo de Moncada su íntimo amigo hasta
entonces, a causa de un azor que este le negó, llegaron ambos a
estrepitoso rompimiento; y aunque el rey en Monzón se declaró
abiertamente a favor de D. Nuño, y sostuvo una larga y terrible
guerra contra Moncada para vengar los agravios de su pariente,
mostrósele este tan ingrato que se entendió con su competidor para
apoderarse del joven soberano en Alagón y retenerle como prisionero
dentro de Zaragoza, gobernando ambos en su nombre y repartiendo los
feudos a su capricho. Hacia este tiempo por muerte de D. Sancho
heredó D. Nuño los condados de Cerdaña y Rosellón con el señorío
de Vallespir y Conflent, y dejando en paz la monarquía auxilió al
rey de Francia Luis VIII en su guerra contra los albigenses, de quien
recibió en recompensa algunas tierras. La expedición a Mallorca
formó el período más brillante de la vida de D. Nuño, mostrándose
tan intrépido en los combates como espléndido y bienhechor en la
multitud de fundaciones que dejó en el suelo reconquistado. Después
de contribuir a la toma de Iviza y de asistir con el rey al sitio de
Valencia, falleció sin hijos en 1241, y fueron agregados a la corona
sus vastos dominios y las propiedades que le cupieron en Mallorca e
Iviza. En 1215 casó con Petronila hija del conde de Cominges, pero
habiéndosela arrebatado el conde de Monfort para casarla con su
hijo, D. Nuño en vez de pedirle cuenta de su inaudito agravio
contrajo segundas nupcias con Teresa López. La especie de que murió
canónigo de Elna no aparece bien probada, a menos que esta dignidad
eclesiástica no anduviera aneja a sus títulos seglares, de lo que
se hallan hartos ejemplos en la edad media."



"De
nobilísima familia enlazada desde muy antiguo con la condal de
Barcelona descendía Guillermo de Moncada vizconde de Bearne. A
mediados del siglo XI un Raimundo de Moncada concurrió a la
formación de los Usages de Cataluña (o son los usatges de
Barcelona?
) por Ramón Berenguer el viejo; otro Guillén Ramón,
con el sobrenombre o empleo de Dápifer (Dapifer)
vinculado en su estirpe, acompañó al conde de Barcelona y a los
pisanos en su gloriosa expedición a Mallorca; y Guillén Ramón se
llamaba también el senescal de Cataluña, que caído en
desgracia de su príncipe y refugiado a la corte de Aragón, agenció
el dichoso enlace de Ramón Berenguer con Petronila. Su hijo heredó
el nombre, el título y la influencia, y apenas hay hecho ilustre o
acto solemne en la última mitad del siglo XII a que no se le
encuentre asociado; mancha empero su memoria la sacrílega muerte que
dio en 1194 al arzobispo de Tarragona D. Berenguer de Vilademuls, sin
que se sepan las causas ni las consecuencias del delito.”



"La
semejanza de nombres y la multitud de ramas en que se dividió la
familia de Moncada, no permiten deslindar los hechos que a cada
individuo pertenecen, ni averiguar su recíproco parentesco, ni
asegurarse siquiera de la identidad o diversidad de las personas:
sábese únicamente que el más ilustre y poderoso de todos, que regó
con su sangre nuestra isla, fue hijo de un Guillén Ramón y de
Guillerma de Castelveyl.
Guillermo de Moncada no empieza a
figurar sino en el reinado de Jaime I cuya coronación y libertad
promovió eficazmente; pero desvanecido con el poder y opulencia que
le añadió su casamiento con Garsendis heredera del vizcondado de
Bearne e irritado contra el conde de Rosellón, desechó la mediación
del monarca e invadió a sangre y fuego los estados de su enemigo.
Mientras que todo lo arrollaba y se abría paso hasta Perpiñan,
derrotando a sus habitantes y prendiendo al jefe de ellos Gisperto de
Barberá, sus propias fortalezas en número de 130 cayeron en poder
del joven rey que penetró en sus dominios con poderosa hueste; y el
orgulloso barón hubo de acudir a su defensa, encerrándose con sus
numerosos amigos y deudos en el inexpugnable castillo de Moncada. Al
cabo de tres meses de sitio se vio precisado Jaime I a levantarlo por
no contar bastante con la fidelidad de los demás nobles; Moncada se
reconcilio con D. Nuño para oprimir de común acuerdo al soberano, y
en vez de temer el castigo, le arrancó la indemnización de los
daños que le había causado en la pasada guerra. No tardó el
inquieto vizconde en confederarse de nuevo con el infante D. Fernando
en contra de
D. Nuño y de los Folch de Cardona rivales eternos
de los de Moncada, sublevando las ciudades aragonesas y exponiendo a
duros trances el poder real; pero al fin buscó avenencia, y en una
entrevista que tuvieron con el rey él y sus compañeros no lejos de
Pertusa, reconoció humildemente su error y juró para lo sucesivo
inviolable fidelidad. Trocado desde entonces en firme apoyo del trono
que antes había conmovido, confióle el rey la empresa de poner a
doña Aurembiax en posesión del condado de Urgel que injustamente
ocupaba Gerardo de Cabrera; y en breve la llevó a cabo con su
acostumbrado esfuerzo. Tan generoso en ofrecer como pronto en
cumplir, sincero en la reconciliación, velando por su rey con
paternal cariño, ardiente en su fé, tierno en su piedad, víctima
de su brioso valor mal secundado, Guillermo de Moncada aparece en la
poética expedición de Mallorca como el héroe más interesante
después de Jaime I.
La infelicidad y revueltas de los tiempos
explican bastante su pasado proceder, y su sangre mezclada con las
lágrimas de su rey le absuelve y purifica. Dejó de tierna edad por
sucesor de sus estados a su hijo Gastón, cuya primogénita Constanza
casó en 1260 con el primogénito del rey D. Jaime, el malogrado
infante D. Alfonso, fallecido entre los festejos de la boda.”



"Raimundo
de Moncada, compañero de Guillermo en la campaña de Urgel y en el
glorioso fin que les aguardaba sobre las playas de Mallorca, era sin
duda su pariente muy cercano; pero ni en las crónicas ni en los
documentos aparece indicio alguno que confirme la opinión vulgar de
que ambos eran hermanos, concebida sin más fundamento que el de su
común familia y recíproco afecto. Zurita, sí, nombra repetidas
veces a Raimundo como hermano de Guillén Ramon senescal de Cataluña
casado con Constanza hija natural de Pedro II, del cual no consta que
viniese a Mallorca, aunque a veces por la semejanza del nombre se le
confunde con los otros dos. Hijo de Guillén Ramón fue Pedro de
Moncada que heredó la senescalía de Cataluña, y de Raimundo lo fue
Guillermo que obtuvo en Mallorca los heredamientos que al difunto
magnate correspondían; acompañó este al monarca en sus campañas
por el interior de la isla, y luego en las de Valencia, y se le dio
en 1255 el señorío de la villa de Fraga, trasmitiéndolo a su hijo
llamado Raimundo como el abuelo. En el libro del repartimiento figura
otro Berenguer de Moncada a quien concedió el rey algunas
propiedades.”



A
pesar de ser el conde de Ampurias uno de los príncipes
iguales un tiempo en soberanía, ya que no en poder, a los
condes de Barcelona, con quienes a menudo combatieron sus
antecesores, en esta expedición le vemos eclipsado por su pariente
el vizconde de Bearne, cediéndole en todo el primer puesto. Hugo
descendía por línea recta de una serie de condes, que llevaron
todos el mismo nombre alternando con el de Ponce Hugo, y que
siguieron después de él durante algunas generaciones; su parentesco
con los Moncadas debió de ser estrecho según su adhesión a aquella
familia, en la cual refundía su causa y su persona. Es probable que
fuera este el conde que asistió al glorioso combate de las Navas; de
todas maneras le honra mucho el no hallarle ni una vez mentado en las
turbulentas ligas y reyertas de los barones que afligieron la menor
edad de Jaime I. Carbonell alaba al conde Hugo de muy noble caballero
y de haber regido con gran prudencia su condado: su esposa llamábase
María. Al tratarse de la conquista de Mallorca distinguióse sobre
todos por su caballeresco ardor en secundar la empresa, como luego
por su sombría perseverancia en el sitio de la ciudad: no esperaba
hallar tan pronto en ella su sepulcro sorprendido por la peste en
brazos de la victoria.
El necrologio de la catedral de Gerona, de
la cual era canónigo como conde de Ampurias, pode su fallecimiento a
23 de febrero de 1230.”



"Guillermo
de Clarmunt, Ramon Alamany y Gerardo de Cervellón, todos eran
retoños del árbol nobilísimo de Moncada, planetas que giraban en
torno del nuevo vizconde de Bearne e iluminados con el reflejo de su
esplendor. Sus abuelos se hallan mencionados al principio de los
usages de Cataluña entre los barones que formaban la corte
de Ramon Berenguer el viejo
; pero aunque fueran señores con casa
y estados propios, en cualesquiera bandos y empresas siguieron la voz
y la suerte de Guillermo de Moncada. Los nombres de Clarmunt y
Alamany van siempre unidos como por un lazo indisoluble; sobrino del
segundo era Gerardo de Cervellón hijo de Guillermo hermano de
Alamany cuyo verdadero apellido debió ser asimismo Cervellón. La
peste arrebató a los tres, apenas cumplido su juramento de vengar la
muerte de los Moncadas con la toma de la ciudad."



"Por
deudo o por amistad hallábase también unido a los anteriores el
opulento Bernardo de Santa Eugenia, tanto que se encerró con el
vizconde de Bearne en el castillo de Moncada para defenderlo contra
el soberano. Era señor de Torrella de Muntgrí, de donde algunos le
atribuyen el apellido de Torrella y le suponen arbitrariamente
hermano de Raimundo primer obispo de Mallorca. Después de la partida
del rey quedó por gobernador de la isla durante algún tiempo; y en
1235 junto con su hermano Ponce Guillén y con Guillermo de Muntgrí
sacrista de Gerona solicitó del rey facultad para conquistar a
Iviza. Poseía este barón una galera que junto con otra de Pedro
Martel, de quien se habla al principio del texto, fue tomada a sueldo
por el rey estando sobre Burriana para la expedición de Valencia.”
- QUADRADO, Apéndice 1.° a las crónicas de Marsilio y Desclot.



Y
por último en la escritura de concordia que se celebró entre el rey
Don Jaime y los magnates sobre la expedición a la isla de Mallorca y
en otros documentos, se continúan, entre los que quedan ya
enumerados, los nombres de Raimundo Berenguer de Ager, Hugo Desfar,
Assalito de Gudal, Hugo de Mataplana, Ferrer de San Martí, Gilaberto
de Croyles (Cruyles, Cruilles), Galcerán de Pinos
(Pinós) y otros muchos de elevada alcurnia, además del
templario Fr. Bernardo de Champans comendador de Miravete que
llevando la voz de su orden ofreció ayudar en la empresa con treinta
caballeros.



En
cuanto a los prelados que secundaron al rey Don Jaime en la
expedición, aparecen en primer término Spárrago de Barca arzobispo
de Tarragona y Berenguer de Palou obispo de Barcelona. Aquel era
primo del rey Don Jaime, como afirma el cronista Marsilio; en 1212
era ya obispo de Pamplona y en 1215 fue electo arzobispo de
Tarragona. Contribuyó a la restitución que hizo Simón de Monfort
del niño Jaime (después el Conquistador) y teniéndole en sus
brazos lo presentó en las Cortes de Lérida. Tomó gran parte en las
deliberaciones sobre la conquista de Mallorca y contribuyó en favor
de la empresa, según el cronista Desclot, en mil marcos de plata,
gran cantidad de trigo, cien caballeros y mil peones pagados por él,
con el correspondiente armamento. Murió en 3 de marzo de 1233.



El
obispo de Barcelona fue el prelado que más se distinguió por sus
hechos en la conquista que nos ocupa. Habiendo sido antes canónigo
de la catedral de Barcelona, era ya pastor de aquella diócesis en el
año 1212 en que prestó obediencia al arzobispo de Tarragona. Fue
prelado ilustre en paz y guerra y, según expresión del P.
Villanueva, así manejó la espada como el báculo, siendo su
pontificado el más distinguido de aquella iglesia. Acompañó al rey
D. Pedro II en la célebre expedición de Ubeda en 1212
(Úbeda, Navas de Tolosa), donde el rey le dio en premio de
sus servicios la propiedad Solario: en 1214 fundó el monasterio de
Junqueras (religiosas Benedictinas), y en 1219 el de Dominicos que
hizo venir desde Bolonia. Celebró varios sínodos e hizo muchas
constituciones, prestó servicios de gran importancia en la conquista
de Mallorca, contribuyendo en favor de la empresa con cien caballos
armados, y con mil peones mantenidos todos a sus expensas. Asistió
también a la conquista de Valencia, y fue después arzobispo de
Tarragona, elección que no aprobó el Papa por lo necesaria que era
su presencia en Barcelona. Murió en 1.° de setiembre de 1241.



Otro
de los prelados que asistieron también a la gloriosa expedición fue
Guillermo Cabanellas, obispo de Gerona. Era ya canónigo de aquella
iglesia en 1214, y siendo arcediano de la Selva fue elegido obispo
por el año 1227 y prometió contribuir, como contribuyó en favor de
la empresa, con treinta caballeros y trescientos peones mantenidos a
sus expensas. Murió en 24 de noviembre de 1245.



Asistió
así mismo a la conquista el abad de San Felio de Guixols,
llamado Bernardo, que fue el primero a quien el rey presentó en 1232
para la silla episcopal de Mallorca, cuya elección recayó por el
año 1235 en el pavorde de Tarragona Ferrario de San Martí, y
después en 1239 en D. Raimundo de Torrella por no haber tenido
resultado las dos primeras presentaciones. Contribuyó en favor de la
empresa con cuatro caballeros y una galera armada. Murió en 1253.



Y
por último asistieron igualmente a la expedición Guillermo de
Montgrí sacrista de Gerona que contribuyó con diez caballeros y
muchos infantes, y que después de haber hecho renuncia del
arzobispado de Tarragona y fundado la cartuja de San Pol de Maresmes,
murió en 1273: Bernardo de Villagrama arcediano de Barcelona que
ofreció diez caballeros y doscientos peones: sacrista de la misma
catedral Pedro Centelles que contribuyó con quince caballeros: y el
paborde de Saxona, el de Tarragona y el sacrista de Urgel que
también contribuyeron con caballeros y peones en favor de la
conquista.











(8)



E
cant fó exit lo stòl de mil galeas







Componíase
la armada según Marsilio y los otros cronistas incluso el mismo rey
Don Jaime de 155 buques grandes, además de las barcas de menor
porte, esto es; 25 naves mayores, 18 taridas, 12 galeras y 100
embarcaciones grandes llamadas trabuces y galeotas.







(9)







Cell
qui los cèls té e ‘l trò sens maleas,



Lança
en lo mon e en nostras ribeas



D'
ayre e de fòch e de maleas muytas.







Todas
las crónicas que se ocupan de la conquista de Mallorca hablan
detenidamente de la gran tempestad que sufrió la flota de Don Jaime
durante la travesía: la de Marsilio se expresa en estos términos,
al hacer mención de este suceso:



"Entre
hora de nona e vespres cresqué lo vent, e fòrt horriblement la mar
se inflá: muntan las ondas e complexen bé la tersa part de
la galea, e la mar prova e assatja los ventres dels novels peregrins
e encara dels antichs mariners; tots los peus los vecillan e ‘ls
caps han torbats............



"Dels
fets no remembrables de la tempestat passada, feta la mar suau, e
navegants ab vent cuvinent envés Pollensa, apparech una nuu fòrt
espaventable de part d' aguiló del vent de la Prohensa, la qual nuu
enfosquehí de molt desplaer las caras dels mariners. Mes un mariner,
en la sua art savi e discret e bé sabent e apareylat, per nom
Berenguer Guayrán, que era cómit e regidor d' aquela galea, alla
veu dix: "Nom plau aquela nuu que a nos se mostra de part del
vent aguiló de la Prohensa: estats apareylats, estats tots, e
acostense alcuns a las cordas qui son fermadas a la popa, e altres
vajan a la proha, e 'ls altres sian de prop las cordas costeras,
persó que si mester es pus tòst sia baxada la vela.” E donques la
galea per totas cosas, en quant aquela art pòt garnir e apareylar,
fó ordonada, soptosament vench vent fòrt, derrocá e gitá la vela
a dors, e present peril de mòrt menassá. Veus donava en trò al cèl
en Berenguer, sovent repetent: baxa la vela, baxa la vela, la qual
cosa per gracia de Deu fó feta: mes los lenys e las naus e las
galeas, per só com mes eran estadas soptadas, hagueren major afany a
baxar las velas, e grans crits e veus confusas cridavan la present
angustia e trabayl. La mar se inflá massa a la contrarietat dels
vents, e la galea del rey e tots los lenys eran sens velas, e
sofferian gran feriment de las
onas
, e los timons no usavan de lur offici; rodavan los
lenys en gir, e indicis o presumpcions de mòrt significavan. Havia
gran tristor en las galeas e caylament; jahian homens de subinas e
cap cubert, de lur vida d' aquí avant poch confiants. Leva' s lo
rey, e aquestas cosas temé molt fòrt per sí e per los seus.” -
MARSILIO, lib. II, cap. XVI y XVII.







(10)



...
com Nabuch e Faruensa;







El
nombre de Faruensa, unido al del personaje bíblico Nabucodonosor,
nos hace estar en la persuasión (persuacion) de que el poeta
ha querido aludir a Faraon rey de Egipto, cuyo nombre alteró en su
terminación por licencia poética obligado por la rima.







(11)



.....
sens que no spectetz nuyll.







Así
la crónica Real, como la de Marsilio, insertan la oración que
dirigió el rey Don Jaime al cielo al ver combatida la flota por la
tempestad. He aquí como transcribe la citada plegaria la primera de
las mencionadas crónicas:



"Senyor
Deus, bé conexem quens has feyt rey de la terra, e dels bens que
nostre pare tenia per la tua gracia: e hach no comença gran feyt, ne
perills trò aquesta saho, e jatsia que la ajuda vostra hajam sentida
del nostre naximent en trò ara, e hajats nos honrrat dels
nostres homens mals qui ab nos volien contrastar: ara Senyor e
Creador meu, ajudats me si a vos vé de plaer en aquest tan gran
perill, que tan bon feyt com yo he començat nol puixca
perdre car nol perdria yo tant solament, ans lo perdrets
majorment vos: car yo vaig en aquest viatge per exalçar la fe
que vos nos havets donada, e per baixar e destruyr aquells qui no
creuen en vos. E dons, ver Deus e poderos, vos me podets guardar d'
aquest perill, e fer servir la mia volentat, que he per servir a vos.
E deu vos membrar de nos que hanch nula re nous clamam merce que no
le troba sens vos, e aquells majorment quius han en còr de servir, e
traen mal per vos, e yo só d' aquells.
E, Senyor,
membreus de tanta gent qui vá en mí per servirvos. E vos, mare de
Deus, qui sou pònt e pas dels pecadors, prech vos per las set
alegries, e per les set dolors que hagues del fill de Deus
queus membre de mí en pregar a vostre fill que ell me storça d‘
esta pena, e d' aquest perill en que yo son, e aquells qui van
ab mí.” -
CRÓNICA DEL REY DON JAIME, cap. LV.







(12)







.
a Deus qui d' Aragó
Ubert tenia de los cèls la quarrera.







Las
crónicas omiten los hechos continuados en esta estancia. Nada hablan
de la alegría que tuvo el rey después de calmada la tempestad que
puso en tan grave peligro a la flota; alegría que manifestó a todos
los suyos enarbolando en su nave la enseña de
Jesu-Cristo, y a
la que contestaron todas las naves izando en sus mástiles el pendón
aragonés
, que tanta gloria obtuvo en la conquista que el
numeroso ejército de Jaime I había emprendido.







(13)



Dix
en Bonet, que guia la gran nau,







La
crónica real y la de Marsilio designan al entendido marino que tan
ventajosamente figura en la conquista, con el nombre y apellido de
Nicolás Bouet, y no Bonet como le han llamado algunos y le
llama el poema que nos ocupa. Quizás la costumbre de leer Bonet en
algunos historiadores hizo equivocar al Sr. Bover la u con la n
al copiar el poema, puesto que en la copia que nos ha facilitado se
lee Bonet. Según el citado cronista Marsilio, parece montaba este
experimentado marino la nave que servía de guía a toda la flota y
en la cual iba D. Guillén de Moncada.



Ans
que donassen las velas (dice el cronista citado) ordoná lo rey de
lur orde e volch que anás primera la nau den Nicholau Bouet
en la qual era en G. De Monchada, e que portás lanterna encesa persó
que guiás totas las altres seguents; mes que la nau den Carrós anás
derrera havent lanterna per semblant manera, e tot l' aparalament de
las naus en lo mitj, e las galeas a cascun costat e defora, persó
que si galeas alcunas de enemichs de qualque part s‘ acostassen pus
tost trobassen contrast." - CRÓNICA DE MARSILIO, parte 2.a,
cap. XV.







"Enans
que moguessem l' estòl ordenam en qual manera iria. E primerament
que la nau den Nicolau Bouet en que anava en G. de Muncada,
que guiás e que portás un faro de llanterna: e la den Carrós que
tingués la reguarda, e que llevás altre faro de llanterna: e las
galeas que anassen entorn del stòl, e que si nenguna galea vingués
al stòl que s‘ encontrás ab las nostres galeas.” - CRÓNICA
REAL, 2.a parte, cap. LIV.







(14)



En
Nono víu, que vers de eyl venia,







Véase
sobre D. Nuño Sanz lo que va trascrito en la nota número 7. Por lo
demás el encuentro de la galera del rey con la de D. Nuño durante
la travesía, y las palabras que este dirige a D. Jaime en estas
circunstancias, están omitidos así en la crónica real como en la
de Marsilio y la de Desclot.







(15)



Donchs
de Maylorcha lo menaret vessaba.







No
es fácil determinar el lugar donde se elevaría el minarete que veía
D. Nuño sobre las montañas de la isla, cuya vista le alegrara en
términos de inducirle a proponer se hiciese oración a la Virgen
Santísima en acción de gracias. Las crónicas citadas dicen que
serenado el mar y vencida la tormenta, apareció la isla a la vista
de las naves y se divisaron distintamente la Palomera, Sóller y
Almalutx. Quizás pertenecía a alguna de estas poblaciones el
minarete que alcanzaba D. Nuño desde su nave.







(16)



Lavors
lo rey e l' avesque......







Refiérese
probablemente el autor al obispo de Barcelona D. Berenguer de Palou,
que era el que comúnmente llevaba la voz entre los prelados en los
asuntos arduos de la expedición, y el que de ellos arengaba e
infundía aliento al ejército cristiano.
Véase lo que va
trascrito sobre este personaje en la nota número 7.















(17)



......
e l' abat,







Quizás
se alude en este pasaje al abad de San Felio de Guixols. Véase
la misma nota número 7 en la parte que se refiere a este prelado.







(18)



Lavors
l' avesque ab veu pus tremolosa



Dix
d' Ave maris a la dona est xant;







Las
crónicas mencionadas sólo hablan de la plegaria del rey Don Jaime
después de la tempestad sufrida, pero no de la oración que a la
Reina de los cielos dirigió todo el ejército cristiano en medio de
las ondas del mar, entonando el poético himno de
Ave maris
stella
, y la letanía de la Virgen; pasaje lleno de la fé y
fervorosa piedad de aquellos tiempos, oración la más propia en boca
de marineros y soldados que acababan de correr el peligro de ser
sepultados por aquel piélago del cual es rutilante estrella
la madre del Salvador por cuya enseña iban a combatir y a hacer si
era necesario el sacrificio de su vida.







(19)



Consira
en Jacq cant fer huy se poria:



Dix
a l' avesque, e dix a lo Guastó:







Alúdese
aquí probablemente a D. Gastón de Moncada, vizconde de Bearne, hijo
de D. Guillermo de Moncada, muerto en la encarnizada batalla de "la
Porrassa" y de la vizcondesa doña Garsendis. El Sr. Quadrado al
ver firmados como testigos del primer privilegio concedido por Don
Jaime I a los pobladores de Mallorca, a los jóvenes conde de
Ampurias y vizconde de Bearne, se expresa en estos términos:



"Seis
días antes (de la fecha del privilegio) había fallecido el valiente
conde de Ampurias, a cuya muerte asistió su hijo y sucesor Ponce
Hugo, ya sea que le hubiese acompañado en la expedición, ya se le
hubiese reunido después de tomada la ciudad. Lo mismo debe pensarse
del joven Gastón, vizconde de Bearne que acudió en persona a
recoger la pingüe porción que su padre le había adquirido con sus
servicios y con su propia sangre."



El
pasaje que comentamos en un poema que á mas de su valor
literario no puede negársele el histórico por ser escrito poco
después de la conquista, prueba que no sólo asistió D. Gastón de
Bearne a la gloriosa expedición, sino que merecía en alto grado la
predilección del rey.







(20)



Pendrer
no 's pòt lòch nient per aquesta



Meytat
de l' yla pus brossa e enquesta;

La parte de la isla a que se
refiere el experimentado marino Nicolás Bouet, es efectivamente
peñascosa y escarpada en su costa, y era difícil en ella el
desembarco del ejército; por lo demás las crónicas difieren algún
tanto del poema en el suceso a que la estancia se refiere, pues en
los primeros no se menta en tal ocasión a Bouet, sino a otro
inteligente marino llamado Berenguer Guayrán, ni se atribuye la
variación del propósito de ir a desembarcar por la parte de
Pollensa a las condiciones poco adecuadas para ello de aquella costa,
sino a la contrariedad del viento que reinaba. He aquí como da
cuenta Marsilio de las circunstancias que precedieron a la llegada de
la flota a la Palomera:



"Aquestas
cosas ditas, vench en pensa del rey per los nobles e per los mariners
deliberat conseyl de applegar e anar envés Pollensa, e cridá: -
"¿Ha aqui alcun entre vosaltres qui sia estat a Malorques
e sapia la yla?" - E respòs en Berenguer Guayrán demunt dit:

- "Jo, senyor, son estat aquí." - E el rey dix: - "¿Ha
hi pòrts ne quins ves la ciutat de la part de Cathalunya?" - E
dix: - "Ha hi un puig qui ret yla luny de la ciutat per quatre
leguas e per mar XXX milas, lo qual es apeylat la Dragonera, e
ha pou d' aygua de la qual los meus mariners ne portaren una vegada a
la mia nau; e aquel puig a la terra ret pòrt major, e al mitj de la
mar ha un puig poch qui ret pòrt luny de la terra un jet de balesta,
lo qual es apeylat Pantaleu.” - E el rey alegrat dix: - "¿Qué
demanam ne perqué som torbats per Pollensa la qual no podem haver ab
aquest vent? Nos anam a pòrt ont ha aygua, e ont porán recrear los
cavals a mal grat de sarrahins, e al qual pòrt tot nostre navili
sens difficultat porá anar, e d' aquen porem elegir part la qual a
nos sia vista pus cuvinent a intrar a la terra." - El rey maná
donar la vela, durant e guiant lo vent de aguiló a la Prohensa, e
acostá 's a una galera companyona que manás a las naus donar las
velas e seguir la galea del rey qui volia applegar al pòrt de la
Palomera. E donaren tots las velas, e la primera feria VI, só es lo
primer divenres de setembre vench lo rey a la Palomera, e per tot lo
dissapte tots los altres foren venguts. Beneyta sia la gloria del
nostre Senyor del seu lòch, com ab aquel vent no podian applegar ne
acostar a Pollensa de la qual era estat determenat, e podian venir a
la Palomera; e en tan gran peril no s‘ ha seguit dan a negú; e só
que era vijarés que 's fahés en dampnatje de la host e en
alongament, fó fet en gran prosperitat e ajuda." - CRÓNICA DE
MARSILIO, 2.a parte, cap. XVII.







(21)



De
los barons ab seny lo stòl viraba,



E
vench lo rey en vers la Palomera.







Está
situado el lugar de la Palomera en la costa de Andraitx,
frente a la isla Dragonera. Parece existía antiguamente en él
una población con el mismo nombre, de la cual era señor en tiempo
de los árabes Alí mayordomo del jeque o walí de Mallorca. Sin
embargo ella se había arruinado o decaído mucho a últimos del
siglo XIII, puesto que vemos que el rey Don Jaime II de Mallorca
mandó se edificase en el mismo sitio una población de treinta casas
cercada de muralla, mediante letra real dada en Perpiñan a 10 de las
kalendas de abril de 1303.







(22)



E
vench n' Alí del rey en la galea,



Alúdese
aquí a Alí de la Palomera, a quien se refiere la nota anterior.







(23)



Ma
mayre ho dix, ma mayre ho ha trobat." -







He
aquí como cuenta el poético episodio que comentamos el cronista
Desclot, que es el que más detalles nos da sobre el particular:



"Diu
lo conte, que quant lo navili fó ajustat a la Palomera, e lo rey fó
exit en la ylla de Pantaleu ab molts de richs barons e d' altres
gents per deportar o per sejornar, persó car la mar
los havia traballats, assó fó un dicmenja maytí, qu‘ els
sarrahins de la terra se foren ajustats devant la ylla de Pantaleu,
trò a XV milia sarrahins a cavall e a peu ab llurs armas. Del quals
sarrahins sen partí un e gitá 's en mar, e nadá, e vench a la ylla
hon lo rey d' Aragó era, e quant fó exit de la mar vench devant lo
rey e agenollá ‘s a ell e saluda ‘l en son latí. El rey
feu li donar vestiduras, e puis demaná ‘l del feyt de la terra e
del rey sarrahí. E el sarrahí dix li: - "Senyor, sapias per
cert que aquesta terra es tua e a ton manament, que ma mare prega que
jo vingués a tú e que t‘ ho digués; que ella es molt savia
fembra, e ha conegut en la sua art de astrenomia que aquesta
terra deus tú conquerir." E dix lo rey: - “¿Cóm has tu
nom?" - "Senyor, dix lo sarrahí, Alí m' apella hom; son
majordom del rey de Mallorcas.) - "Diguesme ¿lo
rey hon es ne que fá?" - "Senyor, dix lo sarrahí, lo rey
es en la ciutat, e ha ajustat per scrit, que jo ‘ls he tots
comptats XLII milia homens armats, del quals ni ha V milia a cavall,
e los altres son bons servents e molt valents e ardits, e cuydan te
vedar que no prenas terra en negun lòch de Mallorcas; perque ferás
bé si 'l cuytas de pendra terra al pus tòst que puxas abans que
ells sian exits de la ciutat." - "Amich, dix lo rey, bé
sias tú vengut; sapias que jo 't feré gran bé a tú e a ta mare e
a tos fills en tal manera que t‘ en tendrás per pagat." -
BERNARDO DESCLOT, XXVII.







(24)



E
‘nsemps volgren anar a lo perils



En
Nono Sanç e 'n R. De Monchada.







La
crónica real trascribe el hecho de esta manera:



"Quant
vench lo dissapte enviam per nostres nobles, ço es per don Nuno, e
per lo compte d' Ampuries, e per en G. De Muncada e per los altres
qui eran en la hòst: e haguem dels còmits de les naus de aquells
qui eran de major autoritat. E fó consell aytal, que enviassem don
Nuno en una galea qui era sua, e en Ramon de Muncada en la galea de
Tortosa: e que anassen riba mar, com qui vá contra Mallorques. E
allí hon élls stimarien que fós bò al stòl arribar, que allí
arribassen.” - CRÓNICA DEL REY DON JAIME, 1.a parte, cap. LVII.







(25)



En
Nono dix: - "Senyor, no tembretz nient!



Dessá
ví lóch hon l' exir fora fayt." -







"E
anants (D. Nuño Sanz y D. Ramon de Moncada) en axí aquel dissapte
tornaren el vespre e digueren: - "Nos havem trobat lòch de
costa la mar lo qual ha nom Sancta Ponsa, e es lòch a nostre vijarés
cuvinent a anar o a applegar; e aqui de costa ha un puig poch, en lo
qual si havia D. homens dels nostres, nul temps no pendrian lo Iòch
ans seria venguda tota la host.” - E plach a tots só que es dit
per los demunt dits, e elegiren lo lòch ab consentiment; mes volgren
el dicmenje reposar en aquel mont retent yla, só es lo Pantaleu.”
- CRÓNICA DE MARSILIO, 2.a parte, cap. XVIII.







(26)



..
e ‘n Ponç …....







Alúdese
aquí a Hugo Ponce conde de Ampurias. Véase sobre este magnate lo
que va trascrito en la nota número 7.







(27)



..e
'n Cerveyló







Refiérese
Lulio a D. Gerardo de Cervellón (Cervelló). Véase lo que
sobre este caudillo va continuado en la nota número 7.







(28)



Et
en Guilem de tot son còr hi fó;







D.
Guillén de Moncada vizconde de Bearne. Véase la misma nota número
7.




(29)
E
lo Ramon son frare.....



D.
Ramon de Moncada. Véase la expresada nota número 7. El poema
confirma la opinión de varios historiadores y la tradición
constante de que D. Guillén y D. Ramón de Moncada, a quienes cupo
igual suerte en la reñida batalla de la Porrasa, eran hermanos,
en contra del sentir que manifiesta el Sr. Quadrado en sus párrafos
insertos en la citada nota número 7.







(30)



..
e lo Guastó,







D.
Gastón (Gaston) de Moncada vizconde de Bearne. Véase la nota
número 19.









(31)



E
a negun la vida fon lexada.







La
crónica real da cuenta de esta primera refriega en los términos que
siguen:



"E
vench en R. De Muncada e dix quels smaria, e anasen sols, e dix: -
"No vaja alcú ab mí." - E quant fó prop d' élls demaná
los nostres, e quant élls foren venguts, éll dix:
- "Firam
en élls, qui no son re.” - E el primer qui hanc los aná a ferir
fó éll: e quant foren tant prop los christians dels moros com
serien quatre hastes de llança de llonch giraren los moros las
testes e fugiren, e élls pensaven de donar en élls, e moriren dels
sarrahins mes de M. D. si que ningú no volia retenir a presó, e
tornarensen quant aço agren fet al ribatge de la mar." -
CRÓNICA DEL REY DON JAIME, 1.a parte, cap. LVIII.







(32)



Dels
maures buckrs la sanch veser volem." -







Está
bellísima estrofa está llena de energía y ardor guerrero. Ella
supera a todo cuanto han dicho los cronistas al hacerse cargo del
descontento que manifestó el joven y belicoso monarca por no haberse
podido encontrar en la primera refriega habida en la isla entre
cristianos y sarracenos. Para que pueda hacerse comparación véase
como Marsilio el más elocuente de los cronistas de la expedición,
da cuenta de las palabras del rey:



"E
exí lo rey de la mar e atrobá lo seu cavayl de totas cosas
apareylat, e los cavalers de Aragó qui de una tarida del rey eran
exits; e atrobat so que s‘ era fet, hach goig lo rey de la
victoria, mes sabé li greu e hach dolor com tant s' era trigat, e
girant se als cavalers de Aragó dix: - "Mal sia a nos! la
primera victoria es feta en Malorcha e la primera bataya, e ‘ls
nostres han hauda victoria, e nos no hi som estats. ¿Serán vuy las
nostres mans sens sanch? ¿Ha hi neguns cavalers entre vosaltres qui
'ns vuylan seguir?" - CRÓNICA DE MARSILIO, 2.a parte, cap. XIX.







(33)



Vaéren
tuyt li maur sus en la serra.



Los
cronistas hacen también mención expresa del suceso a que se refiere
este pasaje del poeta. Dice la crónica real:



"E
aquells qui foren apparellats anaren ab nos e fom trò a XXV. E
ixquem trotant e darlot contra alli hon era stada la batalla: e veem
sus en una serra de CCC trò a quatrecents peons de sarrahins, e
entant élls veeren nos e devallaren de aquella serra en que eran, e
volien pujar en una altre serra que hi havia. E dix un cavaller d'
aquels d' Abe (o Ahe) qui son naturals de Taust: - "Senyor,
si ‘ls volets attenyer cuytemnos.” - E nos cuytamnos, e al venir
que nos faem matam trò a V. E entant anaven hi e venien los nostres
e mataven e derrocaven dels moros alli hon los trobaven." -
CRÓNICA DEL REY DON JAIME, 1.a parte, cap. LVIII.



"E
axí (dice Marsilio) anaven el rey e alcuns pochs a major pas, e
fórenne mòrts V (sarracenos); e els altres qui venian apres lo rey
e qui havian los cavayls febles per la mar, espahatjavan dels
sarrahins aytants com ne podian atrobar.”
- CRÓNICA DE
MARSILIO, 2.a parte, cap. XIX.







(34)



E
un cavayler, de mòrt lo colpejava.







La
misma crónica real cuenta también detalladamente el episodio a que
se refiere la estancia del poema:



"E
nos (dice) ab tres cavallers qui anaven ab nos trobam nos ab un
cavaller a peu, e tench son scut abraçat e sa llança en la má, e
la spasa cinta, e son elm çaragoçá en son cap e son perpunt
vestit: e dixem li qu' es rendés, e éll girás a nos ab la llança
dreta, e hanch nons volch parlar; e nos dixem: - "Barons, los
cavalls valen molt en esta terra, e cascú non ha sino hú, e val mes
un cavall que vint sarrahins: e yo mostrar los he a matar, e metam
nos tòts en torn d' éll, e quant a la hú adreçara la llança, l'
altre vinga e firel per les spalles e derrocar l‘ em en terra, e
axí no porá fer mal a algú.” - E tantost nos apparellam nos aço
fer, è vench don P. Lobera e lexá ‘s correr al sarrahí, e el
sarrahí que 'l veu venir dreçali la llança, e donali tal còlp per
los pits del cavall que bé li mes mija braça, e éll donali dels
pits del cavall, e derrocá ‘l: e éll volch se llevar, e mes mà a
la spasa, e entant nos fom sobre éll, e hanch nos volch retre trò
que morí; e com li deyem, rentte, éll deya: "le mulex",
que vol dir no senyor: e morirenni d' altres bé trò a LXXX, e
tornam nos a la host." - CRÓNICA DEL REY DON JAIME, 1.a parte,
cap. LVIII.











(35)



A
Mem-Ladró ab els maures combatre,







En
las crónicas vemos figurar a un noble aragonés llamado D. Ladron,
(Ladrón) que según el Sr. Quadrado fue hijo de D. Pedro
Ladrón oriundo de Navarra, y persona de nobilísimo linaje que
acompañó fielmente al rey en todo tiempo. En la estancia XXXVIII
vemos figurar otra vez a D. Ladrón, quien al descubrir desde su nave
la hueste del jeque de Mallorca que se acampaba en los cerros de
Portopí, envió mensajeros al rey Don Jaime que pusiesen el hecho en
su noticia, lo cual está acorde con lo que cuentan los cronistas.
Sin embargo no sabemos cómo conciliar esto con lo manifestado en la
estrofa que comentamos, pues al parecer D. Ladrón no había
desembarcado aún cuando ocurrían los hechos a que se refiere el
pasaje que nos ocupa.







(36)



Dix
an en Nono: - "Féu aguayt en la serra



Ab
n‘ Alagó......







Alúdese
en este pasaje a Gil de Alagón, noble del ejército de Don Jaime, a
quien nombran las crónicas.







(37)



...e
n' Arnau Finisterra,







Personaje
desconocido, cuyo nombre no vemos figurar en ninguno de los cronistas
de la expedición.







(38)



A
mal baró cant vos l' ordonaretz



Maleficar,
e bon donçeyl no irá.”







La
redacción de este pasaje nos parece algo confusa. Sentimos no poder
consultar el códice original para ver si nos era dado esclarecer
algo su sentido. En la traducción hemos procurado adivinar lo que el
autor quiso decir al insolentarse contra el rey el indócil y desleal
soldado.



(39)



E
lo rey dix: - "Anatz, pelós, anatz!" -







Sobre
este interesante episodio pada dicen los cronistas. Gil de Alagón
aparece en la crónica real y en la de Marsilio, por primera vez,
durante el sitio de la capital, haciendo causa común con los
sarracenos, apóstata de su fé, y sustituido su noble apellido con
el de Mahomet, para negociar una capitulación no muy digna ni
admisible para los cristianos; y después reaparece, conquistada ya
la capital, como partícipe muy favorecido del botín que recogieron
los conquistadores, lo que induce a creer que había vuelto a su
religión y a la gracia de su soberano. He aquí los pasajes de la
crónica de Marsilio que se refieren a este soldado aventurero:



"Apres
alcun espay en P. Corneyl qui era estat en lo conseyl dir al rey:-
"Senyor, en Gil
d‘ Alagó, qui fó crestia e cavaler e are
es sarrahí e renegat de la fe e ha nom Mahomet, ha trameses a mí ja
dos missatjes que volia ab mí parlar; donchs si vos me 'ns dats
licencia parlaré ab eyl com per aventura vol me dir e revelar alcuna
cosa profitosa."
- El rey consentí li, e ana hi, e l'
endemá com fos vengut dix al rey que anassen defora deportant
cavalcant, com eyl volia parlar ab eyl e dix li: - "Aquestas son
las paraulas den Gil d' Alagó: jo tractaré ab lo rey de Malorques e
ab los veyls de la ciutat e de la terra, que donarán al rey d' Aragó
e pagarán totas las despesas las quals eyl e 'ls nobles seus han
fetas en aquest fet, e que sals e segurs s‘ en vajan; e asso
fermarian en tal manera que tots ne porian esser bé pagats." -
A las quals paraulas lo rey en continent ple de felonía respòs:- "O
en P. Corneyl, de vos nos maraveylam fòrt com aytal pati
pacientament havets ohit d' aquel renegat o de tot altre; com nos
prometem a Deu per la fe la qual nos ha donada e en la qual vivem e
‘ns esperam salvar, que si hom nos donava tan d‘ argent com poria
caber del lóch de las tendas entro a las montanyas, nos no rehebriam
ni pendriam alcuna covinensa o pati quant que quant sia plasent a
nos, si aquesta vegada no prenem la ciutat e ‘l regne; ans vos deym
una cosa, que nuyl temps en Cathalunya no tornarem, si donchs per
mitj de la ciutat no fem passatje. E ades de present vos manam sots
pena de la nostra gracia e amor, que d' aquí avant no ‘ns digats
aytals cosas que a nos no plahen.”- CRÓNICA DE MARSILIO, 2.a
parte, cap. XXVIII.



"E
axí presa la ciutat e de tot en tot despuyada, dixeren los prelats e
nobles que las personas e las cosas a pública venda fossen posadas e
mesas; la qual cosa no plach al rey, ans dix: "Aquesta pública
venda molts temps requerrá, mes partescam las cosas o robas, e puys
anem contra els sarrahins qui en las montanyas s‘ amagan e pahor
los ha esvahits, e ab menor dificultat ne serán trets.” - E
dixeren los dits prelats e nobles:
- "¿E en qual manera las
cosas se partirian?" - Respòs lo rey: - "Per sòrts; e si
ades partim los sarrahins e las robas, las gents ne serán pagadas, e
el temps será de VIII dias, e encontinent irem contra els sarrahins
de fora, e obtendrem e estojarem la moneda per galeas. E aquest
conseyl es solament sá; ¿e en qual manera las gents esperarán tant
espaciosa e longa venda de las cosas?" - Mes en Nuno e en Bernat
de Sancta Eugenia e 'l bisbe de Barchelona e el Sagrista
volian aytal esposició de las cosas persó que enganassen los
altres, car en eran pus aguts e pus enginyoses. E el rey dix: - "Assó
no es venda, mes decepció o engan; e temem que 'ls sarrahins de fora
no s' enfortescan entretant, e que aquesta triga no sia dampnosa.”
- E aquels contrastant lassá 's lo rey de la sua importunitat, e fó
feta la esposició de las cosas de la Dominica primera de caresma
entro a Pascha. E els cavalers e homens de poble creyan haver part de
las cosas axí dadas a vendre, e compravan ne aytant com los era
vijarés que ‘n deguessen aconseguir per lur part, e feta la venda
no volian pagar las cosas ja compradas. E ajustarense los cavalers ab
lo poble, e torbadament anavan per la ciutat dients: - "Mal es
fet assó, mal es fet." - E soptosament levá 's entre eyls una
veu: - "Robem la casa den Gil d' Alagó.” -
E anaren hi e
axí ho feren. E com lo rey corrent fos vengut, e ja haguessen de tot
la casa despuyada, dix los: - "¿Quius ha dada licencia de
devastar la casa de negun noble nos assí presents, no fet a nos
alcun clam?" - E cridant dixeren: - "Nos devem haver part
en totas les cosas presas axí com los altres e no ho havem, ans
morim de fam e volem tornar en nostra terra, e per assó las gents
han fet so que han fet.” - E el rey dix los:
- "Cové vos
penedir e castigar d‘ aquestas cosas e abstenir de tot en tot d‘
aytals cosas, sino convendria nos de vos fer justicia, e hauriam
desplaher de vostre greuje, e convendria vos dolre de la pena.” -
CRÓNICA DE MARSILIO, 2.a parte, cap. XXXV.



Los
dos pasajes que de la crónica de Marsilio van trascritos motivaron
la siguiente nota del Sr. Quadrado:



"He
aquí uno de los más misteriosos personajes de esta épica historia.
¿Qué aventuras habían traído a la isla sarracena como cautivo o
como refugiado a un noble de la esclarecida estirpe de Alagón? ¿Qué
peligros, qué venganzas, qué crímenes o pasiones le precipitaron
en vergonzosa apostasía, hollando su fé de cristiano y sus blasones
de caballero? Sus tratos con Pedro Cornel indican que no había
olvidado del todo los recuerdos de su cuna y las amistades primeras;
pero lo mezquino e inadmisible de las condiciones por él ofrecidas,
a las cuales dio el rey tan digna y enérgica respuesta, muestran
hasta qué punto había identificado su causa con la de su nueva ley
y de su nueva patria. Después de tomada la ciudad reaparece para
colmo de extrañeza Gil de Alagón, reconciliado sin duda con el rey
y con la iglesia, como uno de los barones más favorecidos en la
distribución del botín; puesto que su casa fue saqueada ante todas
por el pueblo y los caballeros quejosos de la desigualdad del reparto
e indignados tal vez de que se prodigaran a un renegado semejantes
recompensas."



Creemos
que el pasaje que comentamos aclara bastante el misterio en que
aparecía envuelto el nombre del caballero Gil de Alagón, cuya
deslealtad promovió el enojo de su rey, al ver que acudía a la
reprobada idea de faltar a sus juramentos como caballero y hasta a su
fé como cristiano.

(40)



E
vos perdut ¿ e qui viurá de nos?







Marsilio
habla de este poético suceso en estos términos, dignos de la
epopeya:
"Lo sòl era pòst; el rey tornava a sas tendas,
tement que no hagués offeses o agraujats sos nobles en tan perilosa
cavalcada e quays del tornament del vespre, e esperava fortment esser
repres. E exiren a eyl a peu en G. e en R. De Monchada ab alcuns
cavalers, e el rey vehent aquels devaylá e volch sen intrar a peu;
mes com eyl hagués esguardat, en G. De fit en fit guardá lo rey, e
fentament e lenta ris se, lo qual riure agradá molt al rey dient
entre sí: - "No ‘ns dirá paraulas aspres en G. que ris s‘
ha.” - Mes no ho poch sofferir en Ramon de Monchada, e ab cara
feylona dix: - "Senyor, qué havets fet? qué havets fet? Nos
salvats per Deu e scapats en los perils de la mar e aportats assí
salvament e segura a la terra la qual desitjats, are volets auciure
vos matex e nos?
¿No sabets que 'l vostre peril no es de una
persona sola, mes de tota la host? ¿E quin ardiment es aquex, no
digne de neguna lahor, no companyó de nenguna prohea ab seny, que
vos a tan gran judici o peril de certa sciencia vos metets? En poch
vuy no sots perdut, e si tant negre dia los nostres lums hagués
escurehits, ¿qual apres vos haguera volgut viure? qual volgra tornar
als seus lòchs? en quant fora estat divulgat per infamis lo conseyl
de vostres nobles! Cóm suspitosa guarda! E cert milor fora als
morients que aquels qui de la yla ne portarian novas a nostres
amichs: e certes aquest tant gran negoci per algun altre príncep no
s' acabaría, com mes aportaria temor que amor." - CRÓNICA DE
MARSILIO, 2.a parte, cap. XX.



"E
en Ramon de Muncada dix nos: - "Qué havets feyt? volets ociure
nos e vos, que si per nostra mala ventura vos perderets e sots anat
arresch de perdre la hòst, e tot l' als seria perdut e aquest tan
bon feyt nos fará puys per nul hom del mon.” - CRÓNICA DEL REY
DON JAIME, 1.a parte, cap. LVIII.



Estos
pasajes, enteramente conformes con lo que expresa la estancia que
comentamos, motivan estas oportunas reflexiones del Sr. Quadrado:



"Un
rey mozo casi avergonzado de su victoria y espiando con inquietud las
miradas de sus nobles temeroso de ser reprendido, unos campeones que
se creen en el caso de reprimir su temerario valor y en cuyos severos
cargos traspira un celo tan paternal a par de tan sumisa abnegación,
son caracteres de belleza inimitable; y la impaciencia de Raimundo y
la indulgente benignidad de Guillermo acaban de realzar el cuadro con
su contraste."







(41)



Pus
no ho façatz, en rey, pus no ho façatz!" -

Las quals
cosas totas ohidas (continúa Marsilio), lo rey no respòs res, mes
en G. pacificant lo rey e en partida punyent dix: - "O Ramon, lo
rey ha feta gran folia; mes una cosa nos conforta, com vuy havem
provat com havem senyor valent en armas, lo qual planyent com en la
primera bataya no es estat, per sí e tot sol ha bataya procurada,
jatsia que sia en peril de sí e dels seus. No 's sia fet d' aqui
avant, senyor rey, no sia fet, com en vostra vida es la nostra, e en
la vostra mòrt es la nostra. Ne a vos no cal axí cuytar las cosas
que fer se deuen, mes ab fermetat pus madurament fer; com pus que en
la yla sots, rey sots de Malorcha; e si per ordinació de Deu no per
defaliment de vostre conseyl si esdevenia vos morir, la vostra fama
no hauria dampnatge de la mòrt, com tot lo mon vos apeylaria lo
melor hom d' aquest mon e 'us planyeria.” - E si constrenyement
dels nervis vos tenia en el lit e a las armas vos fehen no poderós,
encare aquesta terra assí es vostra sols que vos viscats." -
CRÓNICA DE MARSILIO, 2.a parte, Cap. XX.







(42)



Dementre'
l xech ab tota l' hòst ixia







Reina
mucha confusión acerca del nombre del que era jeque o walí de
Mallorca en la época de la conquista. El rey Don Jaime en su
crónica, y tras él otros historiadores, le llaman Retabohihe;
Marsilio le apellida Abobehie, corrupción quizás de
Abu-Yabie (Yahie), y los cronistas árabes dicen gobernaba la isla en
aquella sazón Said ben Alhakem Aben Otman el Koraischi de Tabira de
Algarbe. Sea como fuere pertenecía a la dinastía de los Almohades
que en 1208 habían destronado en Mallorca a la de los Almorávides.







(43)



En
sus de Portupi s' apareylá.







"E
las nostras naus (dice la crónica real) ab bé CCC cavallers que
havia dedins, e els cavalls aytambe al cap de la borrasca, veeren la
host del rey de Mallorques al vespre que fó exida en la serra del
pòrt de Portupí. E D. Ladró un rich hom d' Aragó qui era ab nos,
hach acòrd ab los cavallers qui eran en la nau, qu' ens enviassen un
missatje en una barca per mar, qu‘ ens feyen saber que ‘l rey de
Mallorques ab sa hòst era en la serra de Portupí, e tendas que hi
havian parades, e que estiguessen apercebuts. E aquest missatje vench
a nos a mija nuyt, que era nuyt del dimecres que devia esser aevant.

E nos tantost enviam ho a dir an G. De Muncada, e a D. Nuno, e
als richs homens de la hòst: e ab tot aço nons llevarem trò en l'
alba. E quant vench en l' alba llavám nos tots e oym nostra missa en
la tenda nostra." - CRÓNICA DEL REY DON JAIME, 1.a parte, cap.
LVIII.




(44)



N
‘ haurá lo cèl lo qui de vos morrá." -







Aunque
en el fondo esté conforme la arenga del obispo de Barcelona a la que
trascriben los cronistas, creemos que por su concisión y energía
supera la del poema a la que aquellos ponen en boca del venerable y
valiente prelado. He aquí la que inserta la crónica real:



-
"Barons, no es hora are de llònch sermó a fer car la materia
no ‘ns ho dona, que aquest feyt en que el rey nostre senyor es, e
nosaltres, es obra de Deus, que no es pas nostra: e devets fer aquest
compte, que aquells qui en aquest feyt pendran mòrt, que la pendran
per nostre Senyor, e que haurán paradis, hon haurán gloria durable
tots temps: e aquells qui viurán haurán honor, e preu en lur vida,
e bona fí a la mòrt. E barons, conortats vos per Deus, car lo rey
nostre senyor, e pos e vosaltres volem destruir aquells qui reneguen
la fé e el nom de Jesu-Christ. E tot hom se deu pensar, e pòt, que
Deus e la sua mare nos partrá huy de nos, ans nos dará victoria,
perque devets haver bon còr que tot ho vencerem: car la batalla deu
ser huy, e conortats vos que ab senyor bò e natural anám:
e
Deus qui es sobre éll, e sobre nos ajudar nos ha." - CRÓNICA
DEL REY DON JAIME, parte 1.a, cap. LVIII.







(45)



Et
en Guilem e 'n Ramon de Monchada



Ixen
denant abduy ab li templer;







El
poeta omite aquí algunos episodios muy notables al par que poéticos
que no descuidaron los cronistas. Tales son el acto de recibir D.
Guillén de Moncada la sagrada comunión antes de marchar al combate;
la singularísima devoción con que recibió el cuerpo de Jesucristo
y las lágrimas de piadosa ternura que derramó durante este solemne
acto, presentimiento quizás de su próximo y desgraciado fin; las
palabras que dirigió a D. Nuño, y la delicada generosidad de ambos
caudillos en cederse recíprocamente los honores de dirigir la
vanguardia, y otras circunstancias dignas de mentarse. Por lo demás
el poema está acorde con las crónicas en cuanto a que
D.
Guillén y D. Ramón de Moncada guiaron la vanguardia unidos con los
templarios, a los cuales se agregó el conde de Ampurias.







(46)



E
ab gran brugit faé de son poder.







Es
sensible que el poeta no se extendiese como era regular en la
descripción de la batalla que se empeñó en los campos de la
Porrasa y en la cual arrollaron los cristianos al enemigo,
obligándole a encerrarse en los muros de la capital, suceso que se
prestaba grandemente a los rasgos elevados y animadas pinturas de la
epopeya. Los cronistas en este particular se muestran menos parcos,
siendo sobradamente interesantes los capítulos que a este objeto
dedicaron y a los cuales remitimos el lector.







(47)



Al
sarrahí noent, le deventera



Ben
guerretjá lá sús per son Salvayre;
Véanse en los citados
cronistas las vivas e interesantes descripciones de la batalla de la

"Porrassa".







(48)



E
lá ‘n Guilem fení la lur quarrera,







El
cronista Desclot da cuenta en estos términos de la muerte de D.
Guillén de Moncada:



"Ab
tant los crestians punyren ves los sarrahins e anaren ferir en élls,
si que 'ls esvahiren e passaren oltra, mes tant era la gran
pressa dels sarrahins que no sen pogueren tornar al puig a ‘n G. De
Muncada. Els sarrahins muntaren al puig, e ‘n Guillem de Muncada
qui 'ls veu venir volch los scapar, persó car no era que ab un
cavaller e no poch devallar a cavall, que la muntanya era arrocada, e
torná atras perque volch pendre altre carrera; mes los sarrahins lo
soptaren tant fòrt de totas parts que nos poch defendre, e pres un
còlp per la cama tal que 'l peu li cahech en terra; e puys
occiurenli lo cavall, e cahech de tot en terra, e aquí morí. Lo
cavaller qui ab éll era, mentre los cavallers se combatian ab en G.
De Muncada, defensá 's al mils que posch e puys com viu que son
senyor fó mòrt scapá als sarrahins malament nafrat en lo cap e en
la cara, e torná sen ves los crestians." - CRÓNICA DE BERNARDO
DESCLOT, XXXIII.







(49)



E
lo Ramon deffenent lur senyera,







Con
respecto a la muerte de D. Ramón de Moncada dice el mismo cronista
Desclot:



"Ab
tant en R. De Muncada seguí la senyera, e aná avant firent e donant
de grans còlps; lo cavall ensepegá e cahech en la pressa que hi era
molt gran, e aqui morí."
- CRÓNICA DE BERNARDO DESCLOT,
XXXIII.




(50)
Et
en Desfar....



Alúdese
a Hugo Desfar, caballero del séquito de los Moncadas, que murió con
ellos en la misma batalla de la Porrassa.







(51)



....e
n' Huch lo bòn trovayre.



Refiérese
sin duda el autor a Hugo de Mataplana, caballero también del séquito
de los Moncadas, que pereció así mismo con ellos en batalla. Fue
trovador muy célebre.
Sus trovas se leen en algunos códices que
existen hoy día en la biblioteca vaticana.



(52)............



Aquí
corresponde indudablemente el gran vacío que observamos en el poema
y al que hemos hecho referencia en las líneas que preceden a la
composición.







(53)



De
n' Infantyl lo stòl pus abatut,







Alude
este pasaje al caudillo moro Infantilla o Ifantilla, o mejor Fatilla,
como le llama Desclot, que reuniendo un respetable ejército,
compuesto de los sarracenos de las montañas de la isla, peleó
encarnizadamente con los sitiadores. El cronista Marsilio, a
propósito de este caudillo, dice:



"Levá
's un fil del diable per nom Ifantilla, e ajustá tots aquels qui
estavan per las montanyas, e foren bé V milia a peu e C a cavayl; e
vengueren a un puig assats fòrt qui es sobre la fònt qui entra en
la ciutat; e aqui volent fer nom aparaylá bé XL tendas, e trencá
lo lòch per ont l' aygua era amenada, e feu desviar l' aygua de la
host, e per lo mitj d' un torrent se perdia. Mes persó com la
fretura e minva d' aquesta aygua era no sostenedora als crestians,
coneguda la occasió d' aquesta cosa, hach deliberació lo rey de
trametre contra aquel un cap o dos ab CCC cavalers e que ab aquels se
combatessen e l' aygua tan necessaria recobrassen. E fó manat an
Nuno e fó fet cap e guiador dels trameses, e foren hi trameses sots
eyl CCC cavalers, no empero tots seus, mes ajustats alcuns als seus.
E partí 's d' aquí, e ʻls sarrahins volgren lo puig que havian
pres deffendre, mes los crestians muntaren contra eyls ab maravelosa
cavalcada, e venceren los en lo puig. E vench en las mans d' aquels
lo dit Ifantilla qui era cap o guiador dels sarrahins, e sens
misericordia fó matat, e foren ne privats de vida ab eyl bé D. Los
altres fugients a las montanyas escaparen, e las tendas d' aquels
foren dadas a robería e las robas a partió. Mes lo cap de Ifantilla
portaren al rey en testimoni de la cosa feta, lo qual lo rey feu
posar en la fona del giny e en la ciutat trametre e gitar a terror e
pahor dels sarrahins. E fó retuda la aygua en aquesta guisa a la
host, del recobrament de la qual tots agren gran goig, com gran
fretura sofferian." - CRÓNICA DE MARSILIO, 2.a parte, cap. XXV.










(54)



E
dix lo rey: - "Presem pus prest la terra!"







Después
de la derrota de Ifantilla duraron todavía mucho tiempo las
operaciones del sitio. No se trató de asaltar desde luego la capital
como el poema quiere indicar. Suprímense desgraciadamente en este
todas las grandiosas hazañas del cerco, sin que sepamos si esta
falta es del autor o del antiguo copista, que al parecer omitió
visiblemente muchos pasajes como se ve claramente por el gran vacío
que hemos hecho observar en la nota número 52. Destruida la hueste
de Ifantilla, acontecieron grandes sucesos según los cronistas.
Tales son la alianza de los cristianos con el poderoso Benhabet,
señor de Alfavia, por cuya mediación se sometieron al rey Don Jaime
muchas de las comarcas de la isla; los notables hechos de armas con
que el ejército se distinguió durante el asedio; las proposiciones
del jeque para arreglar la paz; la energía de Raimundo Alamany y de
los deudos de los Moncadas en los consejos, clamando se vengase la
sangre cristiana vertida por los sarracenos, y la prudencia y madurez
del joven monarca en esta ocasión; la famosa arenga del walí a su
pueblo rotas ya las negociaciones; el juramento solemne de los
sitiadores antes de dar el asalto general; la toma de la ciudad y la
milagrosa aparición de san Jorge; la entrada triunfante de la cruz
en el recinto de la Almudayna; la prisión del
walí;
el saqueo de la ciudad; el botín recogido por los cristianos, y
tantos otros hechos gloriosos que eran los que más se prestaban al
poeta, y que no es regular pasase en silencio en una obra que tenía
por objeto exclusivo cantar las hazañas de los conquistadores.







(55)







E
de Maylorcha rey fó prest cridat.







No
consta en las crónicas esta manifiesta aclamación de Don Jaime por
rey de Mallorca.







(56)



....porriu



L'
esgard haver, …....



Véanse
en la traducción castellana las palabras con que hemos traducido
este pasaje, para nosotros oscuro e ininteligible.



(57)
….. e lexatz lo morriu.



No
respondemos de haber atinado en la verdadera equivalencia de la
palabra morriu en la traducción castellana del poema, puesto
que nos es desconocido este vocablo.




(58)



Donchs
plach a Deus, Malorqu‘ es conquerada." -







Conquistada
la capital todavía le quedó mucho por hacer al ejército cristiano,
pues hubo de reducir a los moros montañeses que en gran número, y
acaudillados por Xuayp amenazaban arrebatar al rey Don Jaime el
precioso fruto de su conquista.







(59)
Honrem
a Maylorcha ab molts beneficis.




El
rey Don Jaime en efecto atendió con un celo verdaderamente paternal
al engrandecimiento y prosperidad de la isla, promoviendo en ella
infinitas mejoras, fomentando su naciente comercio y concediendo
ventajosos privilegios a sus pobladores.

(http://www.caib.es/pidip2front/jsp/es/ficha-convocatoria/strongemldquolibro-de-franquezas-y-privilegios-del-reino-de-mallorcardquoem-es-el-documento-del-mes-en-el-archivo-del-reino-de-mallorca-este-jueves-7-de-marzostrong#)
https://www.worldcat.org/title/privilegios-y-franquicias-de-mallorca-cedulas-capitulos-estatutos-ordenes-y-pragmaticas-otorgadas-por-los-reyes-de-mallorca-de-aragon-y-de-espana-desde-el-siglo-xiii-hasta-fin-del-xvii-con-un-apendice-de-bulas-y-otros-documentos/oclc/802789769







(60)



Huy
los meus bordons, huy s' han acabat.







Raimundo
Lulio termina bellamente el poema. La conclusión es digna del Tasso.
Nada más natural que al dejar las armas los guerreros, dé fin el
poeta a sus versos.





RECTIFICACIONES.




Del
examen, que concluida esta impresión, hemos podido hacer de ciertas
composiciones de Lulio, esparcidas en uno que otro códice, nos han
resultado algunas variantes notables que hacen necesarias en el texto
impreso las siguientes rectificaciones, puesto que aclaran muchos de
los pasajes que aparecen en él oscuros e ininteligibles
(inintelegibles):



Página
del texto Impreso. Línea. Dice. Léese en los códices nuevamente
consultados.



137 7 sanat ça
nat
138 33 é 's mon fill sanujat es mon fill anujat



144 11 ça
ella ça é llá



153 23 l‘
ha sus lá sus
153 27 Só Ço
154 18 dona ‘l
dona ha ‘l
154 29 veng‘ on vengon
156 15 guayg e
desconort guayg desconort
160 9 quius qui ‘s
168 19 Es
dó a qui Deus Es dó qui Deus
180 14 se poch se
pòt
180 28 es poch es pòt
180 33 no poch no
pòt
288 11 no es peccar, no es en
peccar,
318 31 fará féra
334 21 ver perqu‘
eu vet perqu‘ eu
340 21 a unir ausir
344 19 la
qual ha en sí leix la qual ha ‘n sí matex
400 16 veus
só veus çò
415 9 sorn es s‘ orna e ‘s
418 18 et
ornen ton et orn ton
435 24 losanament lo
sanament
536 2 dar donar
(se encuentra muchas veces
dar en el texto original)

441 13 Perqu‘ eu Perqu‘
en
442 2 Perque mes Perque m‘ es
443 26 cessar que
querir cessar de querir
454 5 E al naturalment E ha ‘l
naturalment
454 35 ço te a mal, S‘ ho te a
mal
461 3 Con que sia Qu‘ hon que sia
465 15 En quant
el emferm, En quant ela ‘m ferm,
472 6 de Deu salvetat, de
Deu sa bontat,
474 35 En peccat E ‘n
peccat
491 18 Tant qu‘ am duy ço Tant qu‘ ambuy

494 23 Qu‘ en só Qu‘ en ço
512 19 A nuyla
causa Ha nuyla causa
516 37 E mòr hon E mòr
hom
529 18 veen vé en
539 32 Entendrets En
tendrets
544 24 E ‘n lo far En lo far
569 21 están
d‘ ela están de lá