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De la sentencia que dieron el arzobispo de Granada y las
personas que juntó para ello, sobre la verdad y certidumbre de estas
santas reliquias.
Don Pedro de Castro y Quiñones,
arzobispo de Granada, fue el que con mayor cuidado procuró sacar
a luz la verdad de estas reliquias: hizo sobre ello muy grande
proceso, y ha sido el más cumplido y riguroso que jamás se haya
hecho en semejante materia, porque, como el suceso excede tanto a los
demás, ha querido Dios que en todo haya esta ventaja; y después de
averiguado todo lo que se podía averiguar, hizo la junta que se
requiere en el santo concilio Tridentino, y conforme a él y a
los breves apostólicos que, para el conocimiento de esta causa,
tenía, a 30 de abril de 1600, en la iglesia mayor de Granada,
pronunció la sentencia siguiente.
IN NOMINE DOMINI NOSTRI
JESU CHRISTI.
Nos don Pedro de Castro, por la gracia de Dios
y de la santa sede apostólica arzobispo de Granada, del consejo del
rey nuestro señor, con consejo y asenso de los reverendísimos
prelados don Juan de Fontseca, obispo de Guadix, (poneGuádix) del consejo de S. M., conprovincial y sufragáneo
nuestro, y don Sebastián Quintero, obispo de Galípoli
y don Alonso de Mendoza, abad de Alcalá la Real
habiendo tratado de las reliquias que en el año del nacimiento de
nuestro Salvador Jesucristo (poneJesucrito) de 1588 se
hallaron, derribando una torre antiquísima en esta santa iglesia, y
otras en el año de 1595, en el monte que llaman Val-Paraíso, cerca
de esta ciudad, el conocimiento y aprobación de las cuales a Nos
pertenece por derecho y por el santo concilio de Trento y por
especial comisión de nuestro muy santo padre Clemente VIII;
visto este proceso y todas las informaciones, averiguaciones y
diligencias en él hechas, y habiendo habido consejo y deliberación
con varones muy doctos, píos, y teólogos y de otras facultades, que
con Nos congregamos, y todo lo demás que fue necesario y verse
convino: Fallamos de un mismo parecer y asenso, (consenso)
en que fueron todos conformes, que debemos declarar, declaramos,
definimos y pronunciamos las dichas reliquias en este proceso
contenidas, conviene a saber, la mitad del paño con que nuestra
señora la gloriosa virgen María limpió sus lágrimas en la pasión
de su Hijo, nuestro Redentor, y el hueso de San Estévan,
protomártir, ser y que son verdaderamente el medio paño de nuestra
señora y el hueso del protomártir san Estévan, y haber estado
ocultas, cerradas y guardadas dentro una pared de la torre
antiquísima que estaba edificada en el sitio donde se edificó la
iglesia mayor de esta ciudad, metidas en una caja de plomo *betumada
por dentro y fuera, y dentro en la caja, una carta de pergamino,
antiquísima, en la cual refiere Patricio, sacerdote,
que estaban allí las dichas reliquias, y que él las escondió por
mandado de san Cecilio; y se halló todo dentro en
dicha caja de plomo en el dicho año de 1588, sábado día de san
José, a 19 de Marzo, derribando y deshaciendo la dicha torre.
Asímismo declaramos, definimos y pronunciamos los huesos, cenizas y
polvos, y la masa blanca que en el año 95 hallamos dentro de las
cavernas de dicho monte, que llaman de Val-Paraíso, ser
verdaderamente reliquias de santos mártires, que gozan y reinan con
Dios nuestro señor en el cielo; conviene a saber, de los santos
mártires san Cecilio, san Hisquio, san Tesifon, discípulos del
bienaventurado apóstol Santiago el Zebedeo, y de san
Septentrio y Patricio, discípulos de san Cecilio, y de san Turilio,
Panuncio, Maronio, Centulio, discípulos de san Hisquio, y de san
Maximino y Lupario, discípulos de san Tesifon, y las de san Mesiton;
y los dichos santos Cecilio, Hisquio y Tesifon, y juntamente con
ellos los dichos sus discípulos, y san Mesiton, haber padecido
martirio, quemados vivos dentro en las cuevas y cavernas del dicho
monte por Jesucristo nuestro Redentor y por su santa fé católica, y
por la indicación y predicación del santo Evangelio, en el año
segundo del imperio de Nerón; san Cecilio y sus discípulos en las
calendas de marzo, quemados como las piedras cuando se vuelven cal y
san Tesifon y sus discípulos en las calendas de abril, como lo dicen
y muestran cuatro láminas de plomo antiquísimas, escritas en lengua
latina, con antiquísimos caracteres, y otros instrumentos,
también de plomo, antiquísimos, que todo ha estado oculto y
cerrado dentro en las dichas cavernas hasta agora que lo
hallamos en el dicho año de 95, y parece resulta y se averigua por
este proceso, y lo ha mostrado y comprobado Dios nuestro señor por
muchos milagros: en consecuencia de lo cual, declaramos las dichas
reliquias deber ser recibidas, honradas, veneradas y adoradas con
honra y culto debido, como reliquias verdaderas de nuestra Señora y
de los dichos mártires, que reinan con Dios nuestro señor,
según que la Iglesia católica romana acostumbra venerar las
reliquias de los santos, y deber ser expuestas públicamente al
pueblo cristiano y a todos los fieles para el tal efecto, y que
pueden invocarlas. Y Nos, con los aquí congregados, así las
recibimos y veneramos, y mandamos que se pongan y coloquen en guarda
y custodia y lugar muy *decente a nuestro parecer o del reverendísimo
arzobispo que fuere de esta Iglesia; y asímismo declaramos el dicho
lugar y monte de Val-Paraíso, en las cavernas del cual
padecieron martirio todos los dichos santos, ser lugar santo y
sagrado, y deber ser honrado y venerado como las dichas láminas lo
mandan, en memoria de los santos que padecieron martirio en él, y
tener las prerogativas que da el derecho y los sacros cánones
a los tales lugares sagrados, y mandamos que en todo se le guarden. Y
por esta nuestra sentencia así lo pronunciamos y mandamos, y
firmamos de nuestro nombre, y sellamos con nuestro sello
pendiente. PETRUS DE CASTRO, JOANNES,
EPISCOPUS ARCHIEPISCOPUS GRANATENSIS. GUADIX, SUBSCRIPSI. S.
EPISCOPUS GALIPOLENSIS, ALFONSUS, ABBAS, SUBSCRIPSI.
SUBSCRIPSI.
Sin esto, lo firmaron los señores de la
audiencia y chancillería real de Granada y muchas otras
personas eruditísimas, así clérigos como religiosos de diversas
órdenes, algunos de ellos consultores del Santo Oficio, como se
puede ver en los discursos del doctor Gregorio López de Madera,
fiscal de S. M. en la chancillería de Granada, que fue el que
escribió admirablemente sobre la invencion de las santas
reliquias, dando razón y soltando las dificultades que hallaban
algunos que no estaban satisfechos de este santo descubrimiento.
Sepan todos los omnes qui esta carta odran et veran como nos don Pedro Sanchez de Montagudo sennor de Chascant governador del regno de Navarra et don Gonzalvo Ivaynes de Baztanalferiç de Navarra et don J. Guarceys Doriz abbat de Montaragon et don G. Ochoa prior del monasterio deRonçasvalle et don P. Sanchez dean de Tudela et don Miguel Periz de Legaria trasorero de Santa Maria de Pomplona et don G. Lopiz enfermero de Santa Maria de Pomplona et don G. Doriz don M. Yenneguis Doriz don Alvar Periz de Rada don P. Zapata don Roldan Periz Daransus don M. de Valtierra don M. Garçeiz Deusa don Gomiz Periz Darroniz don Semen Dolleta don Roy Semeniz Dolleta Juan Martiniz Dolleta Aznar Hienneguiz de Corella M. Lopiz Doriz Pero Martiniz de Mutilva Diago Muriz de Morentiayn Gil Martiniz Dayvar SanchoGuarçeiz Dagonçiello M. Diaz de Mirifuentes Juan Periz Dolleta Roy Seco alcait de Buradon Lop Hienneguiz de Sada Adoin de Sada Juan Periz de Malley alcayt de Cortes Aznar Semenis de Caparroso G. Periz Daçagra Roy Martiniz de Tafalla Alfonso Dias de Morentiayn Arnalt Arremon de Mal-leon Miguel Martiniz Daransus alcayt de Sanctacara don G. Periz de Cadreyta M. Davaltierra el menor Gil Semenis de Falçes Gonçalvo Roiz de los Archos Pero Guarçeiz de Larraya Sancho Sanchez de Leons
G. Yenneguiz Dargedas Roy Sanchez de Sores G. Guarçeis Darazuri Diago Periz de Sotes Pero Gil de Gorris Miguel de Leons Gonçalvo Gil de los Archos Pero Periz Doria G. Lopiz Darraista Hiennego de Rada Pero Semenis de Falçes Ferrant Periz de Chalas don Jurdan de Penna G. Martiniz de Lerin Diago Ortiz de Falçes Juan Dias de Mirafuentas Per Ayvar de Liverri Lop Suria Daransus Sancho Periz de Pedrola Sancho Lopiz de Nives M. Semenis de Falses Roy Lopiz Doriz G. Semenis Doriz Juan Periç Danieyça Roy Lopiz de Marziella Semen Ochoa Dovanos Pero Guarçia Dandosiella Roldan Periz de Sotes Semen Gonsalvis de Valtierra de Tudela don Gil Baldovin alcalde don Bernart Duran don Lop Ortiz la justicia don J. Periz Dopatos A. Rinalt Andres de Merusaval J. Descojon de Pomplona Per Arnalt lo cambiador don Perez Baldovin Juan Periz Metça Pero Daldava Pero de Xalas Pasqual Baldovin de Olit don Miguel Periz alcalde Miguel de Moheztiverra don Thomas Tendon de Sanguesa don Juan don Jurdan don Gil Ducar Juan de Quintana Calbet Doronç don M. Guarcies de la ciutat de Pomplona Pasqual de Ponplona Miguel Periz Çavaldigna M. Aznariz Pere Uxua del Pont de la Reyna P. de Palmas alcalde Miguel Alvaris de Larraga Pero Lopis alcalde don Grant Per Yenneguis Maoral de Arguedas don Yenneguis alcalde Rodrigo Aznarez Ennego de Fustinnana de Mariell Freyto Miguel de Lapuerta alcalde de Falces don G. alcalde G. Covinna de Açagra Pera Rabi don Matheo de Corella Lop Daraçiell M. de Funes de Uxue don Guirriz alcalde S. Fierro Orti de Muelas todos qui fuemos plegados en la cort de Navarra general qui fue feyta et plegada en Olit sobre fecho del infant don Pedro convenimos prometemos et juramos en manos del davan dito abbat de Montaragon recibiendo la jura por nompne del infant don Pedro filio primero heredero del noble rey Daragon que tant ayna como el dicho infant don Pedro sea en Navarra por reçibir las juras et los homenajes por las condiciones et convenienças que son tractadas et puestas entre ell et los del regno de Navarra juraremos et faremos homenages a eyll de manos et de boca de atener et complir las dichas condiciones et los paramientos et las convenienças que se contienen en la nota que fo loada et otorgada por toda la cort en Olit et fo a mi G. Chamina notario de Olit luego liurada de voluntat de todos por fer en II cartas partidas por letras en forma publica. Empero otro si compliendo et ateniendo a nos el dicho infant don Pedro aquellas cosas todas como scriptas son en las cartas que son fechas entre eyll et los navarros. Esto fo fecho en Olit jueves dia primero del mes de noviembre fiesta de todos santos anno ab incarnatione Domini millessimo CCLXXIIII. - Ego G. Chamina sobredicho notario de Olit por mandamiento de todos los sobrescriptos escrivi esta carta partida por A B C et fiz este mio sig+no acostumbrado.
61. LOS LIBROS DE JEREMÍAS E ISAÍAS, con las glosas o comentarios de Rábano Mauro. Un volumen en folio grande, en pergamino, de 394 páginas. Es de principios del siglo XIII. Este Códice es igual al de los números 2, 12, 23 y 28, que también contienen libros de la Sagrada Escritura. Se
comprende que en todos se adoptó la misma forma.
La viñeta del principio del libro de Jeremías fue cortada. Antes de los Trenos o Lamentaciones hay otra de muy buen gusto, que representa a dicho Profeta enfrente de la ciudad de Jerusalén, y en actitud dolorosa, anunciando los males que sobre ella habían de venir como justo castigo de sus crímenes. También se ve otra viñeta al principio del libro de Isaías, alusiva a algún pasaje de las profecías que en él se contienen. Antes del libro de Jeremías hay un prólogo. Así en este libro como en el de Isaías, los capítulos están señalados al margen con números romanos de colores. Los comentarios son muy abundantes; la letra de estos y la del texto es de una perfección admirable, estando también adornadas con dibujos las iniciales de cada capítulo.
62. HOMILÍAS DE ALGUNOS SANTOS PADRES.- Un volumen en folio mayor, en pergamino, de 306 páginas. Es del siglo XII. A pesar de su mucha antigüedad, y del servicio que se conoce prestó en su tiempo este Códice, se halla en muy buen estado de conservación, y se distingue de un modo especial entre todos los libros del siglo XII, por su tamaño, pues aquellos no pasan de la mitad de las dimensiones que tiene este. Además fue escrito con caracteres muy claros, dejando gran margen en todos los folios, aunque al parecer no debía ponerse allí ninguna nota, pues no la hay en todo el libro, cosa que no se observa en los otros Códices antiguos. También se distingue este Códice por la profusión de adornos en las iniciales de los capítulos, que ostentan colores muy vivos, con los dibujos propios de aquel siglo, en algunos de los cuales se ven caprichosas figuras. Al principio y al fin le faltan hojas, no pudiéndose determinar cuantas sean porque no tiene foliación. En el margen de los folios se ven muy claramente los puntos agujereados para marcar las líneas; lo que prueba cuan antigua era esta práctica.
63. CÓDIGO DE JUSTINIANO. Un volumen en folio mayor, en pergamino, de 232 páginas. Es del siglo XIV. Contiene los nueve primeros libros de los doce que componen el Código de Justiniano. Tal vez entonces no se considerarían indispensables los otros tres libros; o quizás su contenido estaba resumido en algún otro Códice de esta catedral. El que nos ocupa se halla completo al principio y al fln, si bien está muy deteriorado por la acción del tiempo, y por el mucho uso que se comprende se hizo del mismo para el estudio del derecho romano. Lo demuestra la multitud de notas y glosas que tiene de diferentes letras y épocas. Los nueve libros están señalados en cada folio con letras y números de colores. Todas las leyes tienen al principio algún adorno de color; también están adornadas con dibujos las iniciales de los comentarios. En las notas que se pusieron posteriormente hay gran multitud de pequeñas figuras, muy caprichosas, que revelan el gusto de aquel tiempo.
Pero lo más notable de este Códice son las viñetas del principio de los libros, de un estilo especial, distinto completamente de las que se ven en los otros Códices.
64. TRATADO DE DERECHO CIVIL. Un volumen en folio grande, en papel cartulina, de 489 páginas. Es del siglo XIV. No hay división de materias, ni está foliado este Códice. Los asuntos se tratan en forma de casos que se proponen; luego se explana el punto y se resuelve. Antes de cada caso se indica la palabra o palabras con que principia la ley cuya doctrina se va a exponer. Comenzando por el prólogo, y por el caso que se propone en la página 1.a se observa en todos los casos un vacío o blanco, destinado a adornar la inicial del nombre con que principia la ley; inicial que no llegó a ponerse en ninguno de los blancos, y así han quedado, faltando por consiguiente la primera letra. No consta el nombre del autor. El final no está completo, y faltan algunas hojas. Lo demás del Códice se halla en buen estado; en el margen hay alguna nota de época más reciente.
65. COMENTARIOS AL DECRETO DE GRACIANO. Un volumen en folio grande, en pergamino, de 694 páginas. Es de últimos del siglo XIII o de principios del XIV. Este Códice es muy semejante al de n.° 3; pero en aquel está todo el texto de los cánones, y en este sólo se indican las primeras palabras del cánon, y luego sigue la explicación o glosa. Las Distinciones y las Causas están señaladas en la parte superior de cada página, y además en el margen. Todo el escrito es de mucho gusto, con profusión de hermosas viñetas adornadas con planchas de oro. La viñeta del principio del libro fue rasgada. Después del último cánon de la parte 3.°, de Consecratione, o sea al fin del libro, hay cuatro hojas añadidas de distinta forma y tamaño, que al parecer pertenecieron a algún otro Códice de derecho canónico. En las dos últimas hojas están los árboles de consanguinidad y de afinidad; después de este último árbol hay una nota que traducida del latín, dice: «Concluye el árbol del MaestroJuan de Dios, sacerdote español» Deo gratias.
66. JUAN TEUTÓNICO. SUMA DE CONFESORES. Un volumen en folio grande, en pergamino, de 656 páginas. Es del siglo XIV. Está dividido en cuatro libros, que se subdividen en títulos. Unos y otros se indican con iniciales y números (nú-ros en dos líneas en el original) de colores en la parte superior de cada página. Los capítulos y resúmenes de lo que se trata se señalan antes del texto con letras encarnadas. Este Códice todavía es más notable que el anterior, por el grande número de viñetas y de letras adornadas con dibujos y planchas de oro. Además se distingue del otro, en que en la mayor parte de las viñetas hay dibujos de caras de hombres, de santos, etc. Es de sentir que en las muchas vicisitudes que han pasado estos Códices, se rasgase en el que nos ocupa la viñeta que había en la portada, y las que estaban al principio de cada uno de los libros en que se divide esta obra. Aún se ha salvado en el primer folio una figura que representa al autor, vestido de religioso dominico, escribiendo el libro. En la nota que hay al fin se designa á éste con el nombre de Fray Tentónico, de la orden de Frayles predicadores. Después del libro cuarto, que es el último, hay unos índices muy completos.
67. LOS LIBROS DEL LEVÍTICO, NÚMROS Y DEUTERÓNOMIO. Un volumen en folio mayor, en pergamino, de 373 páginas. Es de principios del siglo XIII. Este Códice es muy parecido al de n.° 61, y forma parte de la colección que hay de libros de la Sagrada Escritura. También tiene los comentarios de Rábano Mauro. Al principio de cada uno de dichos tres libros está un prólogo y una preciosa viñeta, menos en el libro primero de donde se rasgó. Los capítulos en que se dividen los libros están señalados en el margen con números de colores. Las iniciales de cada capítulo ostentan dibujos de muy buen gusto, y todo el Códice se halla escrito con mucha perfección.
68. MILELOQUIO DE SAN AGUSTÍN, compilado por Fr. Bartolomé de Urbino, llamado así porque era Obispo de dicha ciudad. Un volumen en folio grande, en pergamino, de 816 páginas. Al principio tiene una Tabla o índice alfabético de todos los asuntos que se exponen por orden alfabético, lo mismo que un diccionario. Al fin hay una indicación de las materias que pueden adoptarse para los sermones (ser- sermones en dos líneas en el original) de varias festividades y de algunos santos. Como en los Códices anteriores, las iniciales de los capítulos están adornados con dibujos. También hay algunas viñetas que sirven de orla a toda la página, especialmente en los últimos folios. El autor pertenecía a la orden de Ermitaños de San Agustín. Ahí consta en una nota que hay al fin, antes de los índices, que traducida dice: «Concluye el Mileloquio de San Agustín, compilado por Fray Bartolomé de Urbino, de la orden de Frailes Ermitaños de San Agustín» Y en la última página hay otra que dice: «Este libro ya ha sido escrito. El que lo escribió sea bendito.»
69. PONTIFICAL ROMANO. Un volumen en 4.° mayor, en pergamino, de 304 páginas. Es del siglo XIV. Atendiendo al objeto para que fue destinado este Códice, que eran las funciones pontificales, se escribió con gran lujo. Llaman la atención las letras de adorno, y las preciosas viñetas con figuras y dorados, que aún conservan el mayor brillo. Al principio hay un índice hecho en época posterior, y seis hojas que si bien tratan de la misma materia que lo demás del libro, se comprende que fueron agregadas, pues son de diferente letra y no están foliadas como el Códice. En el margen hay algunas notas. También se ve alguna oración añadida posteriormente. Como la mayor parte de los actos para los cuales se escribió este Códice eran solemnes, hay algunos signos de música.
70. COMENTARIOS AL DECRETO DE GRACIANO. Un volumen en 4.° prolongado, en cartulina, de 322 páginas. Es del siglo XIII. Está incompleto y muy deteriorado. Al principio le faltan algunas hojas, y al final deben faltarle muchas, pues tan sólo comprende hasta la Causa XI de la segunda parte del Decreto de Graciano, y esta parte tiene XXXVI Causas. También le falta la tercera parte, de Consecratione. No consta quien es el autor de estos Comentarios. En las Distinciones, que forman la primera parte, no hay señal alguna que indique su numeración, porque si bien en el margen se ven algunos números, son poco legibles. Las Causas están numerados en la parte superior de cada página.
71. COMENTARIOS SOBRE EL LIBRO I DEL MAESTRO DE LAS SENTENCIAS. Un volumen en 4.° mayor, en pergamino, de 204 páginas. Es del siglo XIV. En el margen hay algunas notas y citas que se refieren a varios capítulos del libro. Al final se ve una tabla o índice, que expresa las cuestiones que se proponen en las cuarenta Distinciones de que consta el libro. Después hay una nota con el nombre del autor, que traducida dice: «Concluye la Tabla del primero, de Fray Pedro de Atarrabia de la orden de Frailes menores.» Deo gratias. Amen.
(1) Deben
leerse con desconfianza todos estos episcopologios:
quien desee más amplias y más seguras noticias, consulte el Viage
literario de Villanueva,
la España sagrada, y otras obras que tratan ex profeso de la
materia, que nuestro autor hubo de tocar tan sólo incidentemente, y
aun, como hemos dicho, sin tiempo para corregir lo escrito.
Tratando en esta historia de las cosas más excelentes y más
notables que hallo en los pueblos ilergetes, quedo obligado, como a
parte principal, tratar de los obispos que ha habido en tres ciudades
de ellos: estas son Urgel, Lérida y Huesca. De los de Urgel pienso
tratar en sus propios lugares, por estar muy mezclados los hechos de
los obispos y de los condes. De los de Lérida y Huesca pienso hacer
aquí dos catálogos; el de Lérida más largo y más cumplido que el
de Huesca, porque de los primeros no hallo más memoria de la que
anda en un sínodo que juntó en dicha ciudad su obispo don
Francisco Virgilio, y aún faltan algunos que han llegado a mi
noticia, a más de los que están en aquel catálogo. De los de
Huesca solo los nombraré, y si importa hacer de alguno de ellos,
para mejor inteligencia de esta obra, mención, lo haré; porque de
lo demás que pudiera decir, hallará cumplida narración el lector
en la historia de Huesca, que con mucha erudición y aplauso
de todos ha sacado a luz Francisco Diego de Aynsae Iriarte
hijo de ella. Es tanta la honra y lustre que recibe una ciudad por el
obispo, que no puede un pueblo llamarse propiamente ciudad, no
habiendo en ella obispo (o McDonald´s hoy en día); cuya
dignidad la ennoblece del modo que se puede llamar imperial, por
gozar de privilegios imperiales, como lo dice el jurisconsulto
Alejandro; y por ser de la primera y de las mejores de la Iglesia,
que tuvo principio de los santos apóstoles, fray Gerónimo Román,
en su República Cristiana, dice que es orden, y fúndalo en
que la Iglesia romana, en la primera colecta que canta el viernes
santo, que es por el papa dice: «Roguemos por nuestro
beatísimo papa N., para que Dios, que lo puso en el orden de los
obispos, etc. »; que ser patriarca, primado y arzobispo, no
es sino oficio y cargo, aunque al fin todos son obispos, y tanto
quiere decir obispo como vigilante u hombre que mira sobre la grey:
y este nombre obispo era muy usado entre los romanos, y era
magistrado en la república, y su cargo era cuenta de la provisión
común de la ciudad, así de pan como de otras cosas; y parece en el
Digesto en el título De muneribus et honoribus, ley últ., §
7; y Cicerón, en la epístola XI del libro séptimo Ad Atticum, hace
memoria de este magistrado con nombre de obispo; y después los
cristianos lo tomaron para los prelados que rigen las Iglesias, y a
ellos pertenece la jurisdicción de todos los clérigos de su
diócesis, y aun antiguamente los monjes les estaban sujetos; pero
después se eximieron: y comunmente son más los obispos que los
patriarcas, primados y arzobispos; porque en cada ciudad ha de haber
un obispo, según se saca de muchos concilios y decretos, y no se
permite que en lugares y villas ruines haya obispos, porque no sea
estimada en poco la dignidad. En Italia hay muchos, porque hay muchas
ciudades; y en España no hay tantos de gran parte, porque no hay
tantas ciudades; y comunmente estos son más ricos que aquellos,
porque tienen más súbditos, y aun obispos hay que tienen dos
ciudades, como en Cataluña el de Urgel, que tiene la ciudad de Urgel
que se llama Seo de Urgel, y la ciudad de Balaguer; y
el de Vique, que tiene las ciudades de Vique y de Manresa;
y esto porque sea mayor la renta de la mensa episcopal, y se
puedan tratar con el fausto y ostentación decente a tan alto oficio,
y dar largas limosnas a los pobres, y sean más estimados de los
seglares y respetados de sus súbditos; y por esto nuestros pasados
dieron a las Iglesias y prelados muchas jurisdicciones, rentas y
vasallos de que en el día de hoy gozan, ilustrando con ellos su
persona y oficio; y así podemos afirmar que de las ciudades más
principales de España son Lérida y Huesca y la Seo de Urgel, pues
muy pocas tuvieron obispos antes que ellas. De la de Urgel es muy
posible san Tesifonte nombrase su primer obispo: de las otras
dos tengo por cierto que los tuvieron al principio que España
recibió la fé católica con la predicación del apóstol Santiago,
aunque no tenemos de Lérida noticia hasta el año 268 de Cristo
señor nuestro, de san Licerio; y de los de Huesca no tuvimos
noticia hasta Vincencio, que lo fue el año 553; pero es
cierto que antes de estos hubo otros de que no nos queda noticia,
como acontece a las Iglesias de Toledo, Zaragoza y otras, que ignoran
muchos de sus antiguos y primeros prelados y pastores; y san
Ildefonso en sus Claros Varones se queja del descuido de
los antiguos en escribir los nombres de los obispos; y así no será
culpa mía en estos episcopologios de estas tres Iglesias,
pasar largos años, y aun centenares de ellos, sin nombrar los
obispos que fueron en estos tiempos; porque es sabida la falta que
tuvimos de escritores de aquellos tiempos y poca curiosidad que había
en ejercicios de letras, porque sabían más valerse de las lanzas
para sacar de España los enemigos, que de plumas para dejar memorias
de sus hechos; y así, tomándolo de los episcopologios de Lérida y
Huesca, y de lo que dejaron escrito Padilla y se halla en los
concilios y en otros libros, diré lo que he visto, con deseo que el
curioso y deligente que hallare otras noticias las ponga en su
lugar, supliendo y enmendando aquello en que aquí hubiere falta o
yerro.
Catálogo de los obispos de la ciudad de Lérida.
El primer obispo que hallo de esta ciudad fue el glorioso san
Licerio, del cual, aunque en el episcopologio que sacó a luz, en
un sínodo que anda impreso el año 1618, el obispo don Francisco
Virgilio, sucesor de este santo, no haga memoria, ni menos en la
tabla de los días feriados de la corte de aquel obispado, ni fray
Vicente Domenech hable de él en su Flos Sanctorum de
santos de Cataluña; con todo, no ha querido Dios se perdiese
del todo la noticia de él, porque Dextro la da en el año 268, y
dice: Init sedem *ilerdensem S. Licerius, vir sanctisimus, ad quem
missit litteras Paulatus, episcopus Toletanus. Que san
Licerio, varón santísimo, fue el primer obispo de Lérida, y que
Paulato, obispo de Toledo, le envió cartas: y después,
en el año 311, dice el mismo autor: Concilium Toleti
contrahitur, in defensione illiberitani: Sanctus Licerius,
episcopus carensis vel carinensis, (suena comoCariñena) in Hispania, Ilerdae, (hoy en día se
pronuncia con esta ae : e final: Lleidae : Lleide, por los
autóctonos, como Tortosae, y en la provincia de Zaragoza: Favara :
Favarae, Maella : Maellae) celebratur, quò translatus
fuisse dicitur cum sede: y el Martirologio romano, a 27 de agosto,
dice: Ilerdae, in Hispania Tarraconensi, Sancti
Licerii, episcopi: y Marieta en sus Santos de España, dice:
«Reza la Iglesia de Lérida de este santo obispo Licerio y
confesor, a los 27 del mes de agosto;» y Alfonso de Villegas
dice: “De san Licerio, obispo y confesor, reza la Iglesia de Lérida
a 27 de agosto.” Fue este santo obispo Carense o Carinense,
y de aquí pasó a Lérida con su Iglesia, de suerte que el obispado
Carinense o Carense fue transferido a Lérida, y san Licerio, que era
obispo de este obispado, lo fue de Lérida, y de aquella hora
adelante Lérida fue hecha silla episcopal como hoy lo es, y no
sabemos que en la que dejó san Licerio fuese puesto otro obispo, ni
aun podemos atinar dónde era. El emperador
Antonino en su Itinerario, hace mención de Care
y le pone inter Siminium et Cesaraugustam; y Plinio,
lib. 3. cap. 3., dice: Carenses populos, in Hispania,
complutensibus proximos esse. Y así estaban estos pueblos muy
lejos de la ciudad de Lérida, y por otro nombre los llamaban en
latín Caracitani; y hace de ellos memoria Plutarco en
la vida de Sertorio, y el autor del Diccionario histórico
y poético dice llamarse así, de Caraca, pueblo de la
España Tarraconense, entre los carpetanos, que son los que
hoy decimos del reino de Toledo; si ya no dijésemos que Cara
fuese Guadalajara, a quien Antonio de Nebrija llama
Caracia o Caraca, de donde derivan Caracitani y
Caracenses, que son los de Guadalajara. Sea uno o sea otro, lo
cierto es que este pueblo estaba más arriba de Zaragoza, y pareció
conveniente en aquella ocasión que la silla episcopal fuese
transferida a Lérida, que por ser muy poblada necesitaría de pastor
y prelado; y por eso el padre Bivar dice, que las cartas que
Paulato, arzobispo de Toledo, escribió a san Licerio
fueron sobre la translación de una Iglesia a la otra, por ser
primado y pertenecerle el mirar las causas y conveniencias de esta
translación, que debió ser por andar en aquellas partes muy cruel
la persecución, o por necesitar la ciudad de Lérida de pastor; más
que la ciudad o pueblo que dejaba san Licerio, cuya vida fue
santísima y el gobierno muy prudente, y por eso obligó a Dextro, en
el año 311, que el santo sería muerto, a volver a hacer memoria de
él. Prudencio es el segundo obispo que hallo de Lérida:
este floreció el año 400; y dice Dextro que él y Heros,obispo de Tortosa, y Lázaro, obispo de Vique, enviaron
a Paulo Orioso con cartas y con los cánones que se habían
hecho en el concilio de Zaragoza, el que se había congregado
el año 380, a los obispos de África que estaban celebrando un
concilio general. Lo que contenían estos cánones y porqué fueron
enviados a estos obispos, y de la herejía de Prisciliano,
contra quien se juntó aquel concilio, hablan largamente Carrillo,
en la vida de san Valero; Padilla en su historia eclesiástica,
y Bivar en los comentarios de la historia de Lucio Dextro. Andrés
fue el tercer obispo, el cual en el año 540 asistió al primer
concilio de Barcelona; y García de Loaysa, en las adiciones al
concilio Ilerdense, dice que este fue antecesor de Februario.
Februario, cuarto obispo, asistió al concilio Ilerdense,
del cual queda hecha memoria arriba, congregado por Sergio,
arzobispo de Tarragona, el año 546; y Graciano, en su Decreto,
en muchas partes se vale de los cánones de este concilio. Murió el
mismo año de 546. Ampelio sucedió a Februario, y luego,
el mismo año, asistió al concilio que se congregó en Valencia,
de siete obispos. Polibio asistió y firmó en el concilio
Toledano tercero congregado en tiempo del rey Recaredo, a
8 de los idus de mayo, año de Cristo 589, en el cual se hallaron
sesenta y dos obispos, y condenaron la herejía de Arrio.
(Arrianismo). Amelio asistió y firmó en onceno
lugar el concilioBarcinonensesegundo,
celebrado el año 14 del rey Recaredo, y en el año de Cristo 599.
Suesario asistió al concilioEgarense, que se
juntó en Egara, en el principado de Cataluña, cerca de la
villa de Terrasa, y no en Ejea de los Caballeros, como
han afirmado algunos, el año de 614. Fructuoso asistió al
cuarto concilio Toledano, no menos grave y principal que el
tercero, en el cual se hallaron también sesenta y dos obispos y
siete procuradores de obispos ausentes, que también se firmaron en
él. Celebróse en tiempo del rey Sisenando, año 634, y
firmábanse los obispos por la antigüedad de la consagración, y a
este cupo el cuadragésimo segundo lugar. Asistió asímismo al sexto
concilio Toletano, celebrado a 9 de febrero del año 638, en el
segundo año del rey Chintila, al que asistieron cuarenta y
siete obispos de España y Francia, y cinco procuradores de obispos
ausentes. Gauduleno o Gaudiolano. En su tiempo se
celebró octavo concilio Toledano, a 17 de las calendas de
enero del año de Cristo 653, con asistencia de cincuenta y dos
obispos: entre ellos no se halló Gauduleno, sino que envió a
*Suterico, diácono, que asistió y firmó por él. Eusendo
asistió y firmó en dos concilios Toledanos: estos son, el
décimotercero, que se celebró en tiempo del rey Ervigio, y
se hallaron en él cuarenta y ocho obispos, ocho abades, veinte y
siete procuradores o vicarios de obispos, y veinte y un condes
y varones ilustres; el otro fue el decimoquinto, donde asistieron y
firmaron sesenta y dos obispos, once abades y otras dignidades, cinco
vicarios de obispos ausentes, y diez y siete condes. Celebróse este
concilio a los 15 de mayo de 688. *Auredo (no se lee bien)
fue puesto en silla episcopal después de Eusendo. Este asistió y
firmó el concilio Toledano décimosexto que se congregó a 2 de mayo
del 693, y hubo cincuenta y ocho abades, tres vicarios de obispos
ausentes, y quince condes o varones ilustres.
Era rey de EspañaEgica, y era el año sexto de su
reinado y también del pontificado de Sergio; y este es el
último de los obispos de Lérida que fueron antes de la pérdida de
España, permitida de Dios por los pecados del pueblo y de los que le
regían, como apuntamos en su lugar.
Entran los godos en España, y de los reyes que
hubo de aquella nación hasta Amalarico, y de sanJustoobispo de Urgel.
Habían entrado los godos en
las tierras del imperio con gran poder; y sin hallar la resistencia
que era menester para impedir su entrada, llegaron a Italia y después
de varios sucesos, tomaron la ciudad de Roma y la saquearon, salvo
los lugares sagrados. Procuró el emperador Honorio, como mejor pudo,
sacarlos de Italia y darles en qué entender con los vándalos, alanos y suevos, y otros que ya eran señores de ella.
Aceptáronlo los godos, por persuasión de Gala Placidia,
hermana del emperador Honorio y mujer de Ataúlfo, rey godo,
que fue señora de gran virtud y cristiandad. Esta lo supo tan
bien disponer todo, que dejando Italia se vinieron los godos a
Francia, y de aquí entraron en España, y Ataúlfo, (Adolfo, Adolf) rey de ellos, escogió por cabeza y silla del
nuevo reino que entendía fundar la ciudad de Barcelona.
Esta es la entrada de los godos en España, acerca de la cual dicen
los autores muchas cosas; pero como el intento de esta obra es dar
razón de los señores y sucesos de los pueblos ilergetes,
dejando lo mucho que hay que decir, apuntaré solo lo que hace a
nuestro propósito, siguiendo en todo lo posible al autor de Flavio
Lucio Dextro y a Marco Máximo, obispo de Zaragoza,
en sus fragmentos históricos, nuevamente descubiertos, por
haber sido testigos de vista de lo que pasó en estos tiempos, y
haber tenido plena noticia de todo. Gozó Ataúlfo del reino solos
tres años, y murió el de 416, a 21 de agosto. Está sepultado en la
parte más alta de la ciudad de Barcelona, pero ignórase
el lugar. Por muerte de Ataúlfo, hicieron su rey los godos a
Sigerico, que había trabajado y consentido en su muerte; pero
Dios, que es justo, no quiso que quien tan mal lo había hecho con su
rey y señor durara mucho en el reino, y aunque, por vivir con
sosiego, había hecho paz con los romanos, aborrecido por esto de los
suyos, le mataron a puñaladas, habiendo tenido el reino poco más o
menos de un año. Dice Próspero en su crónica, que
de Ataúlfo había quedado un hijo llamado Walia. Era
hombre guerrero y diestro en las armas, y sucedió en el reino, y
tuvo al principio algunas guerras, y cansado de ellas, él y los
suyos hicieron paz con los romanos, y uno de los capítulos de ella
fue que dejasen volver a Gala Placidia, viuda de Ataúlfo, al
emperador Honorio, su hermano, la cual hasta estos tiempos había
quedado en España, y no se le había permitido salir de ella, aunque
lo deseaba mucho y su hermano deseaba tenerla cabe si, por ser mujer
muy sabia y de gran consideración. Este rey, unido con los romanos,
hizo guerra a los vándalos y sacó de España a Gunderico,
rey de ellos, y habiéndoles sojuzgado a todos, pasó a Toledo,
y murió de una larga enfermedad en el año 433 de Cristo señor
nuestro, según se infiere de Marco Máximo, obispo de Zaragoza,
en sus fragmentos. Teoderico o Teodoredo fue
rey de los godos por muerte de Walia: este quebrantó
la paz con los romanos y tuvo guerras con ellos, que a la postre
pararon en concordia; y después de haber reinado treinta y tres
años, murió el del Señor 468, en una batalla que él y Aecio,
general de los romanos, tuvieron con el fiero Atila, rey de
los hunos, en que quedó vencido aquel fiero y
bárbaro rey, que blasonaba no ser hombre, mas que azote de Dios.
En vida de este rey, y a los veinte y dos años de su reinado, que
era el de 440 de Cristo señor nuestro, acabó nuestro ilustre y pío
caballero barcelonés Flavio Lucio Dextro, hijo de san
Pacián, obispo de Barcelona, que fue prefecto pretorio
del Oriente y gobernador de Toledo, sus fragmentos
históricos que, para mayor gloria de Dios y honra de tantos
santos de que da noticia, han parecido en nuestros días, con
aplauso y gusto de todos los varones doctos y píos, con una
aprobación tan universal, que hasta los más críticos sienten bien
de ellos (1), por el gran beneficio que todo el mundo, y más nuestra
España, ha recibido con la invencion de tal libro, sobre el
cual han ya escrito doctísimos varones, unos comentando aquellos, y
otros defendiéndoles, y todos aprobándoles. Murió Dextro el año
444, a 22 de junio, siendo ya decrépito y de edad de 76 años, según
escribe Marco Máximo, obispo de Zaragoza, que continúa aquellos, y
a Dextro le llama varón docto, pío y prudente.
(1) Hállase
al margen, de igual letra y tinta que el resto del manuscrito, una
nota en catalan que dice así: Nota que en lo que toca à
Dextro se ha de mirar, perque homens doctissims ho tenen per obra de
algun modern: conéixse, perque vá molt desmemoriat. Esto
prueba, como dijimos en el preliminar de la obra, que el autor no le
dio la última mano, y que no es de extrañar, por consiguiente, que
se hallen algunas incorreciones o notas de esta clase, que revelan
acaso nueva adquisición de noticias acerca de un mismo punto, para
rectificarlo más adelante.
Después de Teodoredo hacen los
autores modernos mención de Turismundo, y le ponen en el
catálogo de los reyes godos; y dicen haber sido cruel y
vicioso, y tal, que los suyos no le pudieron sufrir y le mataron con
una sangría; y antes de morir, con un cuchillo que halló a
mano, mató dos o tres de los que entendían en la sangría, porque
conoció la maldada de ellos. Su reino, dicen que con tres años
quedó acabado; pero Marco Máximo, obispo de Zaragoza sin hacer
memoria de este rey, ni de Teodorico, pasa a tratar de Eurico,
cuyo reino tuvo principio el año de 468. Este ganó en Francia a
Marsella y otros lugares, y afligió mucho todo aquel reino, y
acabó de sacar los romanos de España, después de haber 700 años
que la poseían, con los sucesos que hemos dicho. Este dio leyes
escritas a los godos, y con ellas de allí adelante se gobernó
España; y murió el año de 482 en Arles (Arlés, Arle en Provenzal) de
Francia, que había ganado. Alarico, hijo del precedente,
fue levantado por rey de los godos; tuvo guerras con los franceses,
y un capitán llamado Pedro, se le levantó en Cataluña
con la ciudad de Tortosa y muy gran partida de tierra, y el
rey envió su ejército que le venció, prendió y quitó la cabeza,
que después enviaron al rey, que estaba en Zaragoza. Murió
en una batalla que tuvo con la gente de Clodoveorey de
Francia, en el año 505, después de haber reinado veinte y tres
años; y dice Marco Máximo, que el mismo Clodoveo le traspasó
de una lanzada. Gesalaico sucedió después de
Alarico, su padre, y fue bastardo; y aunque quedó Amalarico
legítimo, por ser de edad de cinco años, escogieron al hermano
mayor, estimando más ser gobernados por un hombre bastardo,
que de un niñolegítimo. Fue hombre vil y de bajos
pensamientos, y en su tiempo, ni hizo cosa buena, ni de
consideración, y el primer año desamparó el reino, y pobre y
fugitivo se retiró a Francia, donde vivió hasta el año 510 de
Cristo señor nuestro. Teodorico, rey de Italia,
era abuelo de Amalarico y se encargó del gobierno
de España, durante la menor edad del nieto; y aunque su
residencia continua era en Italia, pero cuando era necesario venía a
España, ordenando le que convenía para el buen gobierno de ella,
por lo que comúnmente es contado por rey de España, hasta el
año 526 o cerca de él, que, siendo mayor de edad el nieto le dejó
el gobierno y él se volvió a Italia, dejándole casado con
Clotilde, hermana de Clodoveo, rey de Francia, señora
de excelentes e incomparables virtudes, y por eso muy perseguida de
Amalarico, su marido, el cual era arriano y ella muy católica, y por
esto quieren algunos contar desde el dicho año 526 el reinado
de Amalarico. Murió este rey el año del Señor 531, en una
batalla que tuvo con los franceses, en que ellos quedaron
vencedores, recibiendo de esta manera el justo pago de los malos
tratamientos que hizo a la reina su mujer y demás católicos. En vida de este rey y por estos tiempos floreció el glorioso san
Justo, obispo de Urgel. Fue este santo natural del reino
de Valencia, y hermano de tres santos, que todos fueron
obispos e hijos de un mismo padre y madre. El mayor de los
cuatro se llamó Nebridio y fue obispo de Egara, pueblo
de Cataluña, no lejos de la villa de Terrasa: este hallamos
firmado en el concilioprimeroTarraconense,
celebrado el año de 516, y en el Gerundense, celebrado el año
de 517, y en el segundo Toledano, año 527; y después fue
obispo de Barcelona, y en su tiempo celebró el primer
concilio de los de aquella ciudad, y él se firmó después del
metropolitano. Fe este concilio el año 540. El otro hermano
se llamó Justiniano, y fue obispo de Valencia; y el
otro se llamó Elpidio, y no se sabe de qué Iglesia fuese
prelado. San Justo, siendo de pequeña edad, fue puesto en los
estudios, y salió tan aprovechado de ellos, que por sucesión de
tiempo fue ordenado sacerdote y después obispo de Urgel,
y fue el primero. Hallóse en algunos concilios de su tiempo, como
fue el Toledano segundo, el cual, según parece del proemio
del mismo concilio se celebró a 16 de las calendas de junio, era
565, en el año quinto del rey Amalarico; es a 17 de mayo del
año del Señor 527: y a este concilio llegaron él y su
hermano Nebridio, de Egara, en ocasión que ya estaba
acabado y hechos los cánones; pero por ser tan grande la
autoridad y doctrina de estos santos hermanos, aunque no eran
sufragáneos de Toledo, les rogaron que firmasen lo
hecho, y así, después de todos los obispos, firmó san Justo de
esta manera: Justus, in Christi nomine Ecclesiae Catholicae
Urgellitanaeepiscopus, hanc constitutionem
consacerdotum meorum in Toletana, urbe habitam, cum post
aliquantum tempus advenissem, salva auctoritate *priscorum canonum,
probavi et subscripsi: y antes de san Justo había ya firmado su
hermano Nebridio, por ser mayor de edad y haber más tiempo que era
obispo. Firmóse también en el concilioIlerdense,
celebrado en el año 546, del cual diré después. Escribió este
santo algunas obras, y en particular un comentario, en sentido
alegórico, sobre los Cantares de Salomón, que, aunque es muy
breve y ocupa pocas hojas, tiene mucha claridad y por eso es muy
alabado, por ser cuasi
imposible una obra buena ser clara. Dura esta obra aún el día de
hoy y está en la Biblioteca Veterum Patrum,
en la cual, a más de la claridad en declarar el testo, se
conoce en el autor una dulce agudeza en penetrar y descubrir los
misterios que el Espíritu santo nos quiso enseñar en aquellos
cánticos de aquel sapientísimo rey. Gobernó su Iglesia poco
más de veinte años, y murió después del año 546, y no en el año
540, como dice Diago; y esto lleva camino, porque le hallamos
en el concilio Toledano segundo, celebrado el año 520, y en
el de Lérida, celebrado el año 546, y es fuerza que
fuese obispo veinte años, poco más o menos, porque tantos
corren del un concilio al otro. Celébrase su fiesta a los 28 de
mayo, y se ignora el lugar donde está sepultado. Hacen memoria de
este santo el Martirologio romano y Baronio sobre él, san
Isidoro, en el libro 6 de Varones Ilustres, capítulo 21,
Marieta en sus vidas de santos de España, Ambrosio de Morales en su Historia de España, Gaspar Escolano en la
de Valencia, el doctor Padilla en la Eclesiástica, fray
Vicente Doménech en su Flos sanctorum de Cataluña,
y otras muchos.
278. SAN ROQUE, EN EL HOSPITAL DE VALDEALGORFA (SIGLO
XIV. VALDEALGORFA)
Como en una buena parte de nuestros pueblos, el de Valdealgorfa poseía su propio hospital, que en este caso estaba al cargo del municipio, y se mantenía gracias a las rentas que producían algunos campos y heredades donados piadosa y altruistamente por sus habitantes.
No era muy grande el edificio, pero sí suficiente y estaba adosado a la pequeña ermita que el pueblo había puesto bajo la advocación de san Roque. En sus dependencias no sólo se acogía y atendía a los habitantes de la villa, como es natural, sino que también se amparaba a cuantos caminantes y peregrinos necesitaran de cuidados.
La tradición extendida en Valdealgorfa y en toda la comarca asegura que el propio Roque, como viandante asiduo que era y antes de fallecer en el año 1327, visitó y honró con su presencia este modesto centro hospitalario.
Dada la fama que alcanzó por su dedicación a los menesterosos —tanta que el propio pueblo presionó a las autoridades eclesiásticas para su canonización—, se guardaron, como si de auténticos tesoros se tratara, el poyo en el que, según los nativos, descansó de la fatiga del camino, la ventana por la que se asomó y apoyó, y la estaca en la que colgó sus alforjas de viandante.
[Pardo Sastrón, Salvador, Apuntes históricos de Valdealgorfa..., pág. 61.]
“El culto de la gloriosa Santa Bárbara en este pueblo ni aún tradicionalmente se tiene noticia de su origen, y es probable que como especial abogada de fenómenos y accidentes, que invariablemente todos los años tan frecuentemente nos impresionan, sea hasta cierto punto coetáneo de su población. No sucede lo mismo con el de su Cofradía. Dos hechos, a cual más notables, la ocasionaron, perfectamente y con cándida sencillez explicados por el notario que testifica su escritura. Dice así:
'In Dei nominae. Sea a todos manifiesto que en el año contado del Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, de mil seiscientos noventa y seis, día es a saber ventitrés de enero, en el lugar de Valdealgorfa, ante la presencia de mí, Juan Francisco Rosales, notario Real y Apostólico, y testigos que lo firmarán, comparecieron personalmente los señores doctores Estevan Rosa, Rector; mosén José Pueyo, mosén Gabriel Fuster, mosén Jerónimo Bañolas, mosén Domingo Gros, mosén Gregorio Berich, beneficiados; Andrés Pueyo, justicia y juez ordinario; Juan Francisco Martín y Antonio Piquer, jurados; Isidro Callao, Pascual Burgués, Miguel Joan Aguilar, Ignacio Martín, Joan Francisco Bosque, Joan Merino, Miguel Pellicer, Pedro Piquer, Marco Conchal, Joan Francisco Pueyo, Jusepe Merino, Francisco Blanco, Vicente Aguilar, Jusepe Juste, Miguel Bañolas, Miguel Joan Piquer, Eugenio Estevan, Gaspar Conchal, Francisco Bosque, Ignacio Lorente, Francisco Pueyo, Bernardo Martín, todos vecinos y habitadores del dicho lugar de Valdealgorfa; todos juntos y cada uno de por sí, propusieron tales y semejantes palabras en efecto continentes, que: Por muchos años y tiempo a esta parte, a devoción del pueblo, hicieron y fabricaron, como de presente lo está dentro de la dicha iglesia parroquial de dicho lugar, una capilla y altar de la Virgen del Rosario, y en el retablo de dicho altar pusieron la santa imagen de la gloriosa Santa Bárbara, y dentro de su término hicieron y fabricaron una ermita y casa de la Señora Santa Bárbara con su retablo puesto y dorado, y en el segundo cuerpo del dicho retablo, a devoción del pueblo, pusieron la santa imagen de San Gregorio Obispo, y dentro de dicha ermita haber, como de presente lo hay, un ermitaño que vive y habita en ella, la cual ha sido y es muy visitada por los vecinos y habitadores de dicho lugar, por las muchas obras, gracias y milagros que han recibido de Dios Nuestro Señor, implorando el auxilio y amparo de dicha Santa Bárbara y de dicho San Gregorio, y señaladamente en los años pasados, habiendo por dos ocasiones muchas tempestades de truenos y rayos, cayendo como cayeron en dicha iglesia dos rayos y centellas, y estando en la dicha iglesia todo el pueblo implorando el auxilio divino, por intercesión de Santa Bárbara, aunque muchas personas quedaron despavoridas y como muertas, no peligró ninguna, hallándose como se hallaron libres y sanas; sólo se introdujo el rayo y centella por el altar mayor y por el Santísimo Sacramento de Nuestro Señor Jesucristo Sacramentado, quedando, como quedaron, muchas imágenes del retablo mayor como quemadas, pero gracias al Señor, aunque dicho rayo entró en el sagrario, no peligró el vaso de las formas consagradas, dando todo el pueblo, de todo lo sobredicho, infinitas gracias a Dios Nuestro Señor por haberlos librado de tantos trabajos por su infinita bondad y misericordia. Y así mismo, en el año mil seiscientos ochenta y ocho, se llenó todo el término de langosta, en tal conformidad que salían todos los habitantes del mismo a matarla y no fue posible el aniquilarla, si bien parecía que cuantas más diligencias corporales hacían para matarla, tanto más se aumentaba, y todo el pueblo, confesados y comulgados, con procesión general, imploraron el auxilio divino por intercesión del Señor San Gregorio Obispo. Y como por milagro se desvaneció dicha langosta y quedó todo el término libre de dicha langosta, sin hacer daño alguno, y en acción de gracias, dicho lugar le votó de guardar toda la vida la fiesta del Señor San Gregorio Obispo, y poner su santa imagen en el segundo cuerpo del retablo de Santa Bárbara, siendo cofrades suyos, y no haber, ni estar fundada en dicho lugar cofradía. Todos los arriba nombrados les pareció instituir y fundar en la iglesia parroquial la cofradía de dicha santa en el altar y capilla de Nuestra Señora del Rosario, y estar en ella su santa imagen.’
Entre las gracias espirituales que esta cofradía disfruta son dignas de que nadie ignore que se puede ganar indulgencia plenaria, por estar así concedida, en las cuatro festividades de San Gregorio, Santa Bárbara, Santa María Magdalena y en la Natividad de Nuestra Señora. Hacía bastantes años (en 1630) que la cofradía de los gloriosos San Martín y Santa María Magdalena y pueblo habían cedido su antiquísima ermita de San Roque para la fundación del convento de religiosas franciscanas de Santa Clara, y sentía vagamente el vacío de un santuario extramuros, que sirviera de honesto recreo y esparcimiento, al par que de sitio en que manifestar y dar, por decirlo así, rienda suelta a su piedad. La cúspide de elevadas montañas cubiertas de gigantescos pinares o seculares encinas parece que nos acercan a los objetos de nuestro culto y los paisajes que frecuentemente magníficos y dilatados a nuestra vista se presentan, infunden un sello de grandeza a nuestro pensamiento y un apacible bienestar al alma donde se anidan rectas y arraigadas creencias religiosas. Nos creemos más cerca de Dios y contemplamos extasiados, con lo ojos del alma, las maravillas de su infinito poder, y en nuestro entusiasmo sólo creemos cúpula digna de su gloria la inmensa bóveda del firmamento, formando durante la noche magnífico tabernáculo tachonado de infinito número de brillantes estrellas. Los pueblos sencillos se dejan arrasar fácilmente por sanas creencias, y son bondadosos y agradecidos con sus bienhechores, y éste de Valdealgorfa no podía sustraerse a esta regla invariable. Convencido, pues, de la decidida protección dispensada por los gloriosos Santa Bárbara y San Gregorio, como se ve en la escritura de institución, edificaron una ermita en un vecino y elevado monte, como se ve hoy día, cuya obra se llevó a cabo por Juan Aguilar en el año 1689. Esta obra la pagaron en el año siguiente los jurados del pueblo, y también hicieron fundir una campana para el mismo santuario, cuyo metal costó treinta y tres libras jaquesas, con más de diez que dieron a un artífice (Archivo Municipal, legajo acuerdos y legajo cuentas). Por estos mismos documentos sabemos que en el año 1696 se pagaron al señor rector don Estevan Roca el viaje y gastos que se originaron al traer la bula de institución de Zaragoza, si bien hoy ignoramos su paradero. Todas las personas de ambos sexos, habitadores y extravagantes o extranjeros, como se les llamaba, podían ser inscritos en sus listas, pagando un solo sueldo, y el gran número que de estos se conservan prueban la gran veneración y confianza que todos habían depositado en la decidida protección de estos dos santos. Como siempre se ha hecho, el Municipio nombra todos los años un prior y un mayordomo (hoy le llaman ayudante) que cuidan de hacer las inscripciones de cofrades y recoger toda clase de donativos voluntarios con que atender a la conservación del santuario y honorarios de las festividades de Santa Bárbara y San Gregorio, dando cuenta al mismo de su legítima inversión. Durante mucho tiempo, estas limosnas, recogidas por medio de pública colecta, fueron de relativa consideración y así vemos que desde los primeros años tenían andas o peanas y una bandera o estandarte de damasco encarnado, que hicieron en el año 1733. A este efecto compraron veinte y una vara valenciana de dicha tela que costó veinte y un sueldos y medio, el asta ocho sueldos y los cordones, treinta y seis. También tenían varios ornamentos y alhajas del culto, como luego se dirá. Piadosos donantes la enriquecieron, y entre otros, Antonio Bernal dejó en su testamento del año 1742 ocho sueldos de treudo con ciento sesenta de capital, a disposición del señor prior, para ayuda del pago de la misa que todos los días se celebraba en la ermita, y además regaló un cuadro de San Antonio con marco dorado al mismo santuario (Protocolos de Salvador Pueyo, Archivo material hoy de Alcañiz). Este cuadro es quizá el bello lienzo que hoy admiramos en el coro de la parroquia y que existió en la sacristía de la inmediata capilla de Nuestra Señora del Buen Suceso, puesto que cuando se donó ya estaba en construcción esta obra, y en la ermita de Santa Bárbara no existe indicio alguno de tal pintura. Hace más verosímil esta suposición el constar en el libro de Santa Bárbara que en el año 1794 se pagó al pintor, por mandato de mosén José Minacer, por los cuadros que hay en la ermita (cuentas de este año) una libra y doce sueldos jaqueses, con lo que se prueba que en aquel entonces no existía en ella tal cuadro de San Antonio, puesto que de esto no se hace ninguna mención. Según se lee en la escritura de fundación, tenía esta ermita un santero o encargado desde su primitivo tiempo, al que el pueblo y cofradía vestían decentemente, según consta en el libro y en el archivo municipal. En el año 1740 se le sacó licencia superior para recorrer los pueblos del contorno y también lo hacía el señor prior con el objeto de hacer inscripciones de cofrades. Y tal popularidad había alcanzado en ese país, que se ven inscritos en sus listas numerosos cofrades de los pueblos limítrofes y también del otro lado del río Ebro. Tal era el crédito que no sin motivo esta cofradía había alcanzado. En este mismo año se hizo construir una arquilla al escultor Vicente Sanz que doró Francisco Baquero, para que el ermitaño condujera una pequeña imagen de la santa en sus expediciones. Y es la misma que hoy se conserva. Siete años después se dieron al dorador diez y siete sueldos por pintar el púlpito. Si hacemos caso omiso de los gastos que se hicieron en reparación del edificio y otros en pequeñas obras de carpintería, para mayor comodidad de los fieles en las festividades, nada hay de notable en estos años subsiguientes hasta el año 1761, más que la compra de unos corporales y haber concurrido en cuerpo de cofradía a la antiquísima procesión de Nuestra Señora de Fórnoles. Es de creer que en el último citado año o en alguno de los anteriores, recibieran los de este pueblo, por singular intercesión de la gloriosa Santa Bárbara, algún particular beneficio, pues se hizo una extraordinaria tranza o subasta de leña que los vecinos voluntariamente habían suministrado y que dio el ingreso de bastantes fondos, y en las anuales colectas también se observa un aumento extraordinario, de modo que en el citado año hubo fiestas hasta entonces no acostumbradas, periódicamente. Primeramente se celebró la fiesta con toda solemnidad religiosa en el templo parroquial y en la emita, y luego, dando a ésta el carácter popular y bullicioso que desde antiguo se venía observando, la completaron con danzas de ágiles mancebos y comparsas de soldados y caballetes que ejecutaban diversos ejercicios de juegos vistosos y entretenidos, guiados todos por una bande que para estos casos habían construido. También se recitaban y cantaban loas, y todo se armonizaba con la música que (dice el libro) traían de Belmonte. Para mayor ostentación y lucimiento tenían trajes de ricas telas, hechos expresamente para estos casos. Y estas danzas y juegos eran interrumpidos por expléndidos convites para los ejecutantes y demás personal empleado en ellos, según consta en las actas y cuentas de estos años. Mencionaré en particular que en el ya repetido año gastaron veinte y cinco libras jaquesas y doce sueldos en nueve caballetes adornados de telas, y entregaron otras veinte y cinco a Rudesindo Zorrilla, mercader de Alcañiz, por distintos tafetanes de colores y sedas para la nueva bandera de la soldadesca y nuevos pañales para los danzantes. Desde luego que el personal eclesiástico era el director de tan extraordinarios regocijos, pues es de notar que beneficiados de la parroquia eran los señores priores en tales años. Y en 1764 una señora religiosa, a quien por su trabajo dieron una libra jaquesa y cuatro sueldos, compuso las loas que se habían de recitar. Coincidencia feliz que les permitió sustraerse a la necesidad de que lo hicieran forasteros como hasta entonces había sucedido. Insensiblemente, según suele acontecer, del uso morigerado y prudente se pasó al abuso. Los gastos fueron creciendo, tanto en la compra de telas como en la pólvora y convites repetidos ya desde los primeros ensayos de los dances y llamaron la atención de su ilustrísima, que en santa visita del año 1770 los prohibió enteramente. Cierto es que en estas expansiones y populares manifestaciones de alegría y contento, nada halló digno de su censura, mas vio con dolor que se distraían fondos de consideración en distinto objeto del que se dedicaban, que era el mayor culto y solemnidad religiosa de las festividades de los dos santos titulares de la hermandad. Y esto bastó para reprobarlos. En su consecuencia, obedecieron puntualmente el decreto del señor prelado, y ya no se halla noticia de tales funciones, si se exceptúa el año 1815. No tardaron mucho tiempo en manifestarse los buenos resultados de dicha prohibición, pues los fondos sobrantes en el mismo año se emplearon mucho mejor, en comprar casulla, alba, corporales y manteles. Nombrándose igualmente un cáliz de plata. Se hicieron también algunas reparaciones necesarias, según se desprende del hecho de haberla dado por decente el señor prelado en santa visita del año 1776. En este tiempo debió hacerse la sacristía y el cubierto o atrio como lo hemos visto hasta que se cerró al levantarse el torreón óptico telegráfico que se dirá. Antigua y deteriorada, la peana de la santa patrona, que en forma de templete, como lo eran casi todas las de su tiempo, la deshicieron en el año 1779. Y vendieron sus despojos, cintas, telas y campanillas de plata con que la adornaban, y fabricaron otra que les costó diez y siete libras jaquesas, y el dorarla Miguel Ballester, diez y nueve y cuatro sueldos. Nada se sabe ocurriera digno de mencionarse hasta el año 1821, en el que renovaron el estandarte o bandera de damasco encarnado, que costó veinte y ocho libras y diez y nueve sueldos. Y en total, franjas, cordones y coserla, cuarenta y cinco libras y quince sueldos. En 1833 tuvieron el buen gusto de blanquear exteriormente este santuario, de modo que en días tranquilos se distingue perfectamente con un anteojo desde los llanos de Fuentes de Ebro, próximos a Zaragoza, como una blanca paloma perdida en el fondo claro-oscuro de la cordillera de Valderrobles. A la conclusión de la última guerra civil, en 1875, y con motivo de la instalación de una línea óptico-telegráfica desde Zaragoza a Morella, se habilitó parte de su obra, elevando un torreón, fortificándola en totalidad con aspilleras y un foso que la circunda, y que por inútil hoy y hasta perjudicial debía cegarse. De nada de esta obra se hizo uso ni llegó a estar guarnecida. Mas las aspilleras practicadas en el muro de la capilla, hallándose con puertas decentes y bien colocadas, todavía sirven para refrescar la atmósfera que se produce por el gran concurso de gentes en las festividades, que como la de Pascua del Espíritu Santo, acostumbran a ser en mañanas generalmente calurosas. La piadosa creencia de que jamás cofrade alguno ha perecido por el fuego del cielo, dio a esta hermandad desde luego mucho crédito, y todavía lo conserva hoy día. Las madres se apresuran a inscribir a sus hijos desde el primer año, a un sin número de forasteros de remotas poblaciones se ven en sus listas, que se conservan desde el primer año. Es costumbre corriente, luego que en el pueblo o en el contorno ha sucedido algún accidente desgraciado de esta clase, investigar si el que ha padecido era cofrade y hasta hoy no se tiene noticia de que esto haya sucedido jamás. Todos los ancianos se acuerdan que hallándose juntos dos individuos y en tiempo de tempestad, un rayo mató al primero y nada le sucedió al segundo. Este era cofrade, aquél no. Muchos ejemplos como este se podían citar, más por haber ocurrido en mi tiempo y ser una cosa pública y notoria a todo el pueblo, consignaré dos casos para concluir esos renglones. Regresando Pascual Celma de Alcañiz en compañía de varias personas, entre éstas Bárbara Pellicer, que luego fue su mujer, les sorprendió recia tempestad. Obligados del aguacero cobijáronse todos debajo de un olivo; y en aquél momento se desprendió un rayo, bajó por el tronco y mató un animal, a cuyo rededor se hallaban las dichas personas, sin que éstas recibieran daño alguno y sólo sí el natural sobresalto en tales casos. Registrado el libro, se hallaron en él inscritas todas aquellas personas. En el verano de 1882 entraron dos chispas eléctricas en la casa de don Fernando Zapater y Pardo, de este pueblo, circulando por toda la casa, sin que nadie recibiera perjuicio. Es de advertir que en este mismo tiempo se hospedaba en la misma casa el ingeniero don Salvador Trabado, ocupado a la sazón en los trabajos de campo y estudio de un ferrocarril de Val de Zafán a Tarragona, llamado del Centro, y cuenta dicho señor, en cuya cama de hierro tocó el rayo, que a la misma hora y sorprendido por la borrasca, se había guarecido en una casa de pastores o paridera; y sondormido, soñaba lo que realmente pasaba en su habitación. Enterado y sorprendido por la relación que a su regreso le hicieron sus huéspedes, no pudo menos de creerse salvo providencialmente. Y enterado de la tradicional y pía creencia de los cofrades de nuestra Santa Bárbara, quiso también ser uno de ellos, inscribiéndose con él a toda su familia. He comenzado esta relación con dos hechos bien probados y la he concluido con otros dos, entre los muchos que podría decir. Algún sabio me tachará de ignorante o fanático, no importa. Quédese él con su sabiduría que de buen grado le cedo, y yo contento me quedo con mi ignorancia”-
111. BREVIARIO SEGÚN EL USO DE LA CATEDRAL DE TORTOSA. Un volumen en 8.° en pergamino, de 1,036 páginas. Es del siglo XIV. Al principio tiene un Calendario muy completo. El día primero de Agosto está la fiesta del Santo Ángel Custodio, patrón de Tortosa; y en el lugar correspondiente se halla el rezo propio, que después se insertó en el Breviario para uso de esta catedral, impreso en Liòn el año 1547. También se ve en el Calendario la fiesta de la Expectación del parto de Nuestra Señora, el día 18 de Diciembre.
Luego sigue el Salterio con los Himnos, según el orden de los Breviarios actuales; pero no están numerados los Salmos, ni hay foliación ni índice; únicamente se indican los rezos ú oficios con una breve nota de letra encarnada. Las lecciones de los nocturnos de este Breviario son mucho más breves. Es digno de notarse, que en los rezos de los Santos todas las lecciones son históricas, como las del segundo nocturno de los rezos actuales, aunque también son más breves. En el tercer nocturno está la Homilía, como en los rezos de ahora. Este Breviario es de los más completos que se conservan entre` los los (todos los) Códices del archivo.
112. RITOS PARA LA ADMISIÓN Y RECONCILIACIÓN DE LOS PENITENTES PÚBLICOS. Un volúmen en 8.° en pergamino, de 384 páginas. Es del siglo XIV. Este curioso libro, que es el único en su clase que ha quedado de aquella época, explica con todos los pormenores las ceremonias que se practicaban en la catedral de Tortosa, para la admisión y reconciliación de los penitentes, a quienes según la antigua disciplinacanónica se imponían penitenciaspúblicas cuando los pecados eran públicos. Después de haber puesto el señor Obispo a los penitentes en el primer día de cuaresma el vestido propio de penitentes y la ceniza; habiendo practicado estos durante la cuaresma ciertos rezos y actos de devoción en el claustro; dice este libro, que el día del Jueves Santo se verificaba la reconciliación con grandesolemnidad. Antes de la Misa el Prelado, el Cabildo y el Clero, se dirigían en procesión a la puerta de la catedral donde estaban los penitentes. Al lado de los mismos se hallaba el párroco ú otro sacerdote, que informaba al Prelado sobre si habían cumplido la penitencia que les fue impuesta.
Se rezaban allí algunas preces; el Prelado les hacia una exhortación; y regresando la procesión al interior de la iglesia, iban con ella los penitentes hasta el presbiterio, donde se postraban para dar gracias a Dios. Al final de este Códice hay una hoja que al parecer no corresponde al mismo. En ella se hace alusión a un rezo o responso por los difuntos; y con este motivo se menciona el histórico cementerio de San Juan, que estaba en las afueras del Temple de esta ciudad, llamadas también por esto afueras de San Juan.
113. SAN AGUSTÍN. DIÁLOGO SOBRE SETENTA Y UNA CUESTIONES. Un volumen en 4° menor, en pergamino, de 72 páginas. Es de últimos del siglo XI, o de principios del XII. En el folio primero hay algunas observaciones o prólogo de época más reciente, no constando quién es el autor. Después sigue un índice de las setenta y una cuestiones; y a continuación se exponen estas en forma de preguntas y respuestas. Se supone que preguntaOrosio y que le respondeSan Agustín. Al final hay tres folios añadidos; se comprende que faltaban, y fueron hechos en época posterior. En el margen de algunas páginas se ven dibujos que aunque sencillos ofrecen algo de original.
114. CUESTIONES LOGICALES. Un tomo en 4 ° en cartulina, de 306 páginas. Es del siglo XIV. No consta el autor. Siguen a dicho tratado las cuestiones sobre los supuestos de Mercilio de Inghen. Después están las cuestiones sobre las consecuencias, compiladas en París por el Maestro Jaime de Iman, Regente en la Facultad de artes. Y por último las obligaciones, escritas en París por el Maestro Wilhelmo Buzer, el año 1360; y otras cuestiones cuyo autor no consta. Al final de las cuestiones de Mercilio hay una nota que traducida dice: «Estos supuestos son de Nicolás Surrana, estudiante de Metafísica, año del Señor 1,405».
115. BREVIARIO SEGÚN EL USO DE LA IGLESIA DE TORTOSA. Un volumen en 4.° en cartulina, de 648 páginas. Es de últimos del siglo XIV. Al principio tiene un Calendario; después hay dos Tablas en las que se expresan las fiestas movibles, en igual forma que se usa en los Breviarios actuales. A continuación de dichas Tablas se ven unos círculos, que ni parecer sirven para conocer la Letra dominical y el Áureonúmero que corresponde a cada año.
116. BREVIARIO SEGÚN EL USO DE LA IGLESIA DE TORTOSA. Un volumen en 4.° en cartulina, de 274 páginas. Es del siglo XIV. Le falta el Calendario que suelen tener todos los Breviarios. También le faltan algunas hojas al principio y al fin. Llama la atención en este Códice que está muy deteriorado, la diversidad de letras con que fue escrito, deduciéndose que fueron varios los que trabajaron en él, lo cual no solía suceder en los antiguos Códices. A cosa de la mitad del libro hay una hoja añadida, y más moderna, que contiene las absoluciones y bendiciones de los tresNocturnos, que ahora están al principio en todos los Breviarios. Un poco más adelante se hallan las letanías. Algunas hojas después, a diferencia de los actualesBreviarios en que cada rezo está todo unido, se hallan los capítulos y oraciones de los Santos, separadas del lugar donde están las lecciones de los Nocturnos.
117. GRAN LIBRO SOBRE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA. Un volumen en 4.° en pergamino, de 687 páginas. Es del siglo XIV. Este curioso Códice, cuyo autor no consta, contiene ciento cincuenta capítulos, exponiendo igual número de calificativos o atributos que se aplican a la Madre de Dios. Al principio hay tres hojas de letra muy diminuta, y al parecer de distinta época, que no pertenecen a este Códice. Siguen luego los capítulos por su orden. Antes del primer capítulo hay como un prólogo, que traducido dice así: «AURORA. Con esto se manifiesta la nobleza de María, su humildad, hermosura, autoridad, bondad, y dignidad.» No hay división en los capítulos, ni estos están señalados al margen ni en la parte superior de las páginas; únicamente se indican en el texto con pequeños números romanos de letra encarnada. Al final hay un índice muy completo. He aquí los títulos de los capítulos. Maria est: Lux. Coelum coelorum. Coelum empireum. Coelum cristalinum. Firmamentum coeli. Sol. Luna. Stella matutina. Maris stella. Stella. Sidus. Dies. Meridies. Aurora. Arcus. Nubes. Nébula. Nix. Ros. et-cétera (en dos líneas). Todas las iniciales de los capítulos y párrafos están adornadas con dibujos de colores.
118. JUAN ESCATO. (Escoto) Libro sobre el Maestro de las Sentencias. Un volumen en 4.° de 304 páginas, escrito parte en pergamino y parte en cartulina. Es del siglo XIV. En la primera hoja hay una inscripción de letra más moderna que la del Códice, que dice: Theologia Doctoris Subtilis. Sigue un folio que no pertenece a este Códice, y luego el prólogo del autor cuyas primeras palabras traducidas dicen: «Si al hombre en el estado actual le es necesaria alguna especial doctrina sobrenaturalmente.»
No hay índice ni indicación de las materias con epígrafes o números, pues todo está seguido. El final no está completo; se ven allí una o dos hojas que al parecer no corresponden a este Códice.
119. BREVIARIO SEGÚN EL USO DE LA IGLESIA DE TORTOSA. Un volumen en 4.° en cartulina de 658 páginas. Es del siglo XIV. En este Breviario el Calendario se halla en el folio 140. En el folio 125 y siguientes hay algunas notas, de diferente letra, relativas a ciertas misas que se celebraban en esta catedral. Después del Calendario, en los folios 146 y 149 hay algunas Tablas de las fiestas, y varios datos relativos a la liturgia de esta iglesia.
Merece además notarse que en este Breviario está el rezo de San Rufo y el de su octava. Ya se tenía en los tiempos pasados como un dato importante, pues se consignó en una nota que se ve al principio de este Breviario, que dice: En el fòlio 296 de aquest Breviari estálo officiab octava de Sant Rupho.
26. PREPARACIÓN PARA EL ESTUDIO DE LOS LIBROS III, IV Y V DE LAS DECRETALES. Un volumen en cartulina, folio grande, de 662 páginas. Es del siglo XIV. Aunque no tiene foliación, como tampoco la tienen la mayor parte de los Códices antiguos, en este se hallan muy bien designados todos los tratados, porque en cada folio y en la parte superior, está en letra encarnada el título de las Decretales que allí se contiene. Además el primer nombre con que comienza cada Decretal está escrito con letras muy grandes adornadas de colores.
Al fin de la última página de este Códice hay cuatro notas, puestas separadamente y de un modo especial. Su contenido ofrece mucha curiosidad, porque en ellas se hace alusión al Cisma de Occidente, o al tiempo del llamado Papa Luna, en que fue escrito este Códice, y a otros hechos históricos. Para no quitar nada del interés de estas notas, las copiamos en latín como están; advirtiendo que hay algunas líneas raspadas posteriormente, porque tal vez contendrían alguna expresión no muy conforme sobre el asunto del Cisma, que tuvo divididas por muchos años a algunas naciones católicas. Dicen así las notas. «Iste liber fuit incoeptus in Montepesulano(Mompeller, Montpellier) XX die mensis Decembris, anno Domini MCCCXCIX et expletus in eodem loco, die vero secunda mensis Aprilis, Domino Benedicto digna Dei providentia PapaeXIII, licet in Francia (sic) et in Castella eum non obedientes (Después de esto hay dos líneas que están raspadas) Et dictus Rex Francie cum aderentibus... Collegio Cardinalium quod tunc erat instante... Et eodem anno fuit depositus á subditis suis Rex Angliae (Richardus II) et alius in Regem electus, et ille qui depositus fuit in carceribus mortuus, licet Gualli multum Anglicos impeterent, et hoc propter filiamRegis Francie, quam dictus Rex Angliae qui depositus fuit in... Dominum Benedictum in palatio (Siguen otras dos líneas raspadas) tum et captum contra et circumtenendo. Quod hoc est actum et scriptum die sabbati, tertia die Aprilis mensis supradicti, anno Domini MCCCC quo currebat annus centenarius de indulgentiis Roma, licet multi abstinent propter Cisma.»
27. EVNAGELIARIO, (Evangeliario) Un volumen en folio en pergamino, de 538 páginas. Es del siglo XIV. Contiene los Evangelios de todas las Misas del año. Está escrito en letras muy grandes, y las iniciales de todos los Evangelios hállanse adornadas con dibujos de colores. Obsèrvase que este Códice está foliado; pero la foliación es de época más reciente, pues la letra es distinta de la del texto. Después de insertarse todos los Evangelios, a continuación del folio 230 principia un Indice, que ocupa algunas páginas y parece truncado, porque se intercalan allí los Evangelios que no están en lo demás del libro.
28. LOS LIBROS DE EZEQUIEL Y DANIEL. Un volúmen en folio en pergamino, de 335 páginas. Es del siglo XIII. Este Códice es muy semejante a los del número 2, 12 y 23, que también contienen algunos libros de la Sagrada Escritura. Todas las letras del principio de los capítulos del texto, y de los comentarios, son de diversos colores y están adornadas con dibujos. También hay glosas o notas entre las líneas del texto. Además de los comentarios de los lados, hay otros en el margen de letra muy pequeña. Al principio del libro de Daniel hay una preciosa viñeta. La que había al comenzar el libro de Ezequiel fue cortada. Esto manifiesta la facilidad con que en los tiempos pasados hubieran podido desaparecer estos Códices, toda vez que sin ningún temor o reparo se cortaban las viñetas, por alguien que tal vez no conocía el mérito del Códice. Al fin de la penúltima página se lee una nota de distinta letra, que dice: Iste liber est Domini, Dei gratia, Archiepiscopi Auxitani. Después debió adquirirlo esta catedral; y por ello se observa que las dos últimas palabras están algo raspadas y apenas pueden leerse.
29. MISAL SEGÚN LA COSTUMBRE O RITO DE LA IGLESIA DE TORTOSA. Un volumen en folio mayor, en pergamino, de 876 páginas, además de los 37 folios del principio que no tienen numeración. Es del siglo XV. Este grandioso Misal, aunque no es de los más antiguos de esta iglesia, como obra de arte y de suntuosidad es de lo más notable que se compuso en aquellos tiempos. Su estilo se diferencia del de los otros Misales y Códices; las letras también son mucho más grandes. Todo revela una obra monumental, así en la clase de pergamino que se empleó, como en la profusión de adornos, pues los hay en todas las iniciales de cada oración, y en las Epístolas, Evangelios etc.
Dicho Misalpesa nueve kilos, a pesar de que la encuadernación es sencilla, y que sólo están las Misas de las festividades,dominicas y ferias. No se sabe el motivo de no haber puesto también las Misas de los Santos; tal vez se tendría el proyecto de insertarlas en un segundo tomo del Misal, y no llegó a realizarse. Al principio hay un grandioso Calendario que ocupa doce extensas páginas. Además de los días del mes, y de la luna, están las horas que tiene el día y la noche de cada mes. Como este Misal se escribió para uso de la iglesia de Tortosa, en las fiestas que en esta catedral se celebraban con cierta solemnidad, se expresa el número de cantores que debía haber en el coro. Después están las advertencias que se hallan en todos los Misales, respecto a lo que puede ocurrir en la celebración de la Misa; todo escrito en letra muy grande. Luego siguen los Prefacios y el Cánon de la Misa. El Cánon principia con una bellísima letra inicial, y todos los caracteres del mismo son mayores, como lo son también los de las oraciones de las Misas. Concluido el Cánon, al principio del folio siguiente hay una inscripción con una preciosa inicial, la cual inscripción traducida del latín, dice: «Principia el Misal según la costumbre de la iglesia de Tortosa.» Desde allí en adelante todos los folios están numerados. Sin duda no se numeraron los anteriores, porque lo contenido en ellos no pertenece al rito especial de la iglesia de Tortosa. Hállase este Misal en tan buen estado de conservación como si ahora se acabase de escribir. No hay señal alguna que indique haberse usado, ni siquiera una vez; por otra parte sería esto muy difícil atendido su grande volumen y peso. Discurriendo, pues, sobre el objeto que pudo proponerse el Cabildo de aquel tiempo al disponer la confección de este Misal tan suntuoso, es de creer que se inspiró en la idea de hacer una obra monumental, dando con ello un grande honor al acto más sublime de la religión cristiana, cual es el santo sacrificio de la Misa. También podría ser que este Misal, lo mismo que otros libros o Códices del archivo, tuviesen por objeto servir de modelos autorizados, digámoslo así, para los escribientes que se dedicaban a estos trabajos; facilitando de este modo la propagación de los libros de liturgia. Así se explica el que en este archivo existan muchos Códices, en los que no se conoce que hayan prestado servicio alguno, hallándose con tal pulcritud, como si fuesen libros que se acabasen de imprimir en un establecimiento de los de mejores condiciones.
30. SAN GREGORIO MAGNO. Un volumen en folio mayor, en pergamino, de 392 páginas. Es de principios del siglo XII. Comprende los Morales, Moralia, de dicha obra de San Gregorio desde el libro XI al XXII inclusive, lo cual indica que los diez libros primeros debían formar otro volumen. Cada libro principia con una hermosa viñeta de colores muy vivos, y con dibujos según el estilo de aquel siglo. A pesar de su grande antigüedad este Códice se halla muy bien conservado. Obsérvase que los folios están numerados; pero se ve que esto fue hecho en época más reciente. Después del libro XXII, en la página que sigue, hay un documento otorgado por el conde D. Ramón Berenguer en 29 de Mayo del año 1156. No se puede calcular el motivo de haber insertado allí dicho documento, que ya debe estar en otros libros o registros del archivo destinados para conservar las copias de estos escritos.