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lunes, 15 de julio de 2019

FERNANDO II, ARMADO CABALLERO DE MARÍA

134. FERNANDO II, ARMADO CABALLERO DE MARÍA (SIGLO XV. CASTEJÓN DE LAS ARMAS)
 
FERNANDO II, ARMADO CABALLERO DE MARÍA (SIGLO XV. CASTEJÓN DE LAS ARMAS)
 
 
La reconquista del reino de Granada se fraguó lentamente, a pesar de ser el último reducto musulmán que quedaba en la Península Ibérica. Poco a poco fueron cayendo las principales plazas que rodeaban a la capital hasta que, por fin, le tocó el turno a la ciudad de la Alhambra. En Aragón, la guerra granadina tuvo su reflejo, pues no en vano Fernando II el Católico fue partícipe directo en estos últimos instantes.

Cuenta la tradición que don Fernando se hallaba en Zaragoza acabando de realizar los preparativos que le llevarían a acometer el último asalto a la ciudad granadina, cuyas huertas y alrededores estaban ya en manos de los cristianos. Cuando tuvo todo organizado, partió con su séquito desde Zaragoza —donde había rendido una de sus escasas visitas a la ciudad— y, como era habitual, siguió la ruta natural del río Jalón para encaminarse hacia la Meseta.
Estaban previstas las etapas a realizar por la comitiva, una de las cuales les llevó a levantar su campamento para pernoctar en Castejón, población cercana a Ateca, ya casi en los confines del reino de Aragón, aunque el rey pasó la noche en su castillo.
 
A la mañana siguiente, Fernando II asistió a la celebración de la Misa, y antes de abandonar tierras
aragonesas, manifestó su deseo de ser armado ante la imagen de Nuestra Señora del Cerro, venerada en una pequeña ermita de esa localidad. El ceremonial fue muy sencillo por deseo expreso del monarca y en medio de un gran silencio se consagró ante sus capitanes y guerreros como caballero de María, a la que solicitó piadosamente su intercesión y ayuda para la guerra final que iba a emprender.
 
Nuestra Señora del Cerro, Castejón, Fernando II armado caballero
 
 
Pasó el tiempo, los Reyes Católicos reconquistaron Granada y Fernando II, victorioso, se vio precisado a
volver a Aragón, haciéndolo una vez más por la ruta del Jalón. Al pasar de nuevo por Castejón —pueblo denominado desde entonces Castejón de las Armas por haberse armado caballero de María en él—
se detuvo media jornada y ordenó —en recuerdo y agradecimiento de la ayuda divina recibida— no sólo construir una capilla dedicada a la Purísima Concepción, sino también la colocación de los escudos
de Aragón y Castilla en el altar de la imagen de la virgen del Cerro, su valedora en la batalla. Hecho todo esto, prosiguió viaje a Zaragoza.
 
[Faci, Roque A., Aragón..., II, pág. 470.]
 
 
Castejón de las Armas es un municipio de España, en la provincia de Zaragoza, comunidad autónoma de Aragón. Tiene un área de 16,09 km² con una población de 87 habitantes (INE 2017) y una densidad de 5,41 hab/km². A nivel eclesiástico está dentro del Arciprestazgo del Alto Jalón.

El municipio está situado en la Comarca de Calatayud a 103 km de Zaragoza, a una altitud de 660 metros. Se encuentra asentado en las proximidades de las confluencias de los ríos Piedra y Jalón, lo que le confiere un bello paisaje formado por las vegas de ambos ríos. Parte de su término municipal está protegido dentro de la red Red Natura 2000 con la denominación de Riberas del Jalón (Bubierca - Ateca), que comprende una franja entre Bubierca y Ateca de la ribera del río Jalón.
Originariamente se denominaba Castejón de Ateca, en el siglo XVI paso a llamarse con su actual denominación.
 
Castejón de las Armas, le viene dado por la fábrica de armas blancas de muy buen temple, la fabricación de estas existía ya en 1495, todavía en el siglo XVI se fabricaban espadas famosas en la comarca; y dónde, cuenta la leyenda, que el Rey Fernando II el Católico, Rey de Aragón y de Castilla, en una de sus batallas, y a petición de su deseo, fue armado ante la imagen de Nuestra Señora del Cerro. Al terminar la conquista de Granada, volvió a este lugar, y en agradecimiento a las victorias conseguidas y a la ayuda divina recibida, orden construir la capilla dedicada a la Purísima Concepción y a colocar los escudos de Aragón y Castilla en el altar de la imagen de la Virgen del Cerro.
 
Los monumentos y sitios destacados en la población son varios como la Iglesia de El Salvador de 1280 de estilo gótico, destacando en su interior dos retablos barrocos en madera, y una talla también en madera que representa a la Virgen , de 123 centímetros de altura;
La Ermita de la Virgen del Cerro, que data del siglo XV aunque el edificio actual de estilo colonial fecha del siglo XVII; Restos de El castillo medieval del siglo XIV dónde cuentan que el Rey Fernando II paso una noche; El Río Piedra, famoso por sus truchas y la vegetación a lo largo de su cauce, atraviesa el pueblo dividiéndolo en dos; Las Fuentes de su localidad; La Chichulana lugar emblemático por sus vistas. Es el punto más alto del pueblo, desde dónde se divisa gran parte de la comarca, se puede llegar caminando desde el pueblo disfrutando de la naturaleza; Santorcal es una antigua casa de labranza a la que se llega después de recorrer la vega del Río Piedra, andando o en bicicleta, disfrutando de su bella vegetación; La fábrica de papel actividad económica destacable del pasado en la que se fabricaba con dos tinas y papel florete que se llevaba a Madrid, la fábrica funcionó hasta los años veinte del siglo pasado. Actualmente es una vivienda particular.
 
Las fiestas populares en honor a su patrón San Pascual Bailón el 17 de mayo, y la Fiesta Mayor a principios de agosto en Honor a la Virgen del Cerro.

domingo, 12 de julio de 2020

CAPÍTULO XXIX. Granada, reliquias

CAPÍTULO XXIX.

Descúbrense en el monte Santo de Granada las reliquias y libros de san Tesifonte y de otros santos discípulos del apóstol Santiago.

El principio a esta santa invención lo dio Sebastián López, natural de la villa de Torres, en el obispado de Jaén. Buscaba este buen hombre un tesoro, y tenía noticia que, cuando se perdió España, en el reino de Granada, en un cerro pelado que tenía piedras azules, se cerró una mina de oro, y que había dentro de ella muchos aposentos, y tenía la boca a la parte de poniente. Jamás se supo quien dio a este hombre esta noticia o receta; e hizo todo lo posible para hallar lo que buscaba, sin dejar cerro alguno que no andase ni mirase buscando piedras azules, que era el primer señal que en el cerro había de hallar.
Con esta ansia llegó a Granada, y dióse a buscar su mina por los cerros más cercanos a la ciudad.
Antes de proseguir este suceso, es de advertir que en el lugar donde está fabricada la iglesia catedral de Granada, para proseguir aquel suntuoso edificio fue necesario derribar una torre antigua: llegando ya a la mitad de ella, un viernes a 18 de marzo, víspera de san José, 1588, con la tierra cayó en el suelo una caja de plomo, no muy grande, pero bien cerrada; acudieron a ella los oficiales, alegando cada uno el derecho que a la caja tenía, pensando que era algún tesoro; llevaron al fin la caja al arzobispo de aquella ciudad, que era don Juan Méndez; abriéronla y hallaron dentro un hueso y un pergamino escrito, parte en lengua y letra castellana, y lo más en lengua y letra arábiga, y es una profecía de san Juan Evangelista, una relación árabe, en que refiere san Cecilio, primer obispo de Granada, un viaje que hizo a la ciudad de Atenas, donde dice que hubo de san Dionisio Areopagita esta profecía, medio paño de aquel con que la Virgen nuestra señora se enjugó las lágrimas en la pasión de su hijo, nuestro señor, y un hueso de san Estévan, primer mártir. Está la profecía en letra y lengua castellana, como la hablamos el día de hoy: son las letras coloradas y negras, puestas cada una alternativamente en unas casillas como de ajedrez, duplicando algunas y poniendo en medio otras letras griegas, y al fin de todo está el evangelio de san Juan como el que oímos al fin de la misa, y una firma al cabo, ni bien latina, ni del todo arábiga, pero entiéndese que dice Cecilio, obispo de Granada; y después de todo esto, está una memoria que declara todo lo que queda dicho, y dice de esta manera:

RELATIO PATRICII SACERDOTIS.

Servus Dei Cecilius, Episcopus Granatensis, cum in Iberia esset, et cum videret dierum suorum finem, occulte mihi dixit, se habere pro certo suum martirium appropinquare, et utpote ille qui in die amabat, thesaurum suorum reliquiarum mihi commendavit, et me admonuit ut occulte haberem et in loco locarem, ubi in potentiam maurorum nunquam veniret, affirmans esse thesaurum salutis, atque scientiae certae, et plurimum laborasse et iter *fecime terra marique, et debere esse in occulto loco donec Deus vellet illud manifestare; et ego melius quam intellexi in loco clausi ubi jacet, Deum rogans ut eum observet.
Et reliquiae quae hic jacent sunt: Prophetia divi Joannis Evangelistae circa finem mundi; medius pannus quo Virgo Maria abstersit ab occulis lacrimas in passione sui Filii sacrati; os divi Stephani primi martiris.
Deo gratias.

El dicho arzobispo recogió todo esto y lo veneró como reliquias: murió aquel prelado, y se quedó de esta manera; y el sucesor, que fue don Pedro de Castro y Quiñones, no trató de ello, hasta que le obligó la correspondencia de lo que se halló en el monte buscando el tesoro.
Continuaba, pues, Sebastián López en visitar los cerros vecinos de la ciudad de Granada, que no son pocos: día de Todos Santos del año 1594 subió al cerro que llamaban Val-Paraíso y hoy Monte Santo, y allá halló una piedra que le pareció que tenía oro, y margarita la llaman los afinadores. De esta piedra tomó motivo para cavar, y lo continuó por algunos días, y descubrió tres bocas de cuevas que mostraban serlo, en que la tierra con que estaban llenas era movediza y puesta a mano: buscó ayuda, porque solo no podía continuar la empresa, y porque se iban descubriendo diversos caminos y ramos en aquella cueva, y en uno de ellos, en el mes de marzo del año 1595, hallaron una lámina de plomo con algunos renglones, escrita con letras extraordinarias e inusitadas, nunca vistas ni leídas en inscripciones ni monedas antiguas. Buscaron quien la leyese, y no hallaron nadie hasta que la llevaron al colegio de la Compañía de Jesús, y un padre de ella la leyó y halló que decía: Corpus ustum divi Mesitonis, martiris. Passus est sub Neronis imperatoris potentatu. Fueron continuando en cavar aquellas cavernas, y en diferentes días hallaron otras láminas de la misma letra latina y ortografía, y en todas tres estaban dobladas las letras hacia dentro, como que las hubiesen doblado para así mejor guardar y conservar las letras. Decía, pues, la una de estas dos últimas láminas de esta manera:
Anno secundo Neronis imperii, Marcii kalendis, passus fuit martirium in hoc Illipulitano, electus ad hunc effectum, sanctus Hischius, apostoli Jacobi discipulus, cum suis discipulis Turilo, Panuncio, Maronio, Centulio, per medium ignem, in quo vivi ambusti fuerunt; aeternam vitam transivere; ut lapides in calcem conversi fuerunt; quorum pulveres in hujus sacri montis cavernis jacent, qui, ut ratio postulat, in eorum memoriam veneretur.
La otra lámina decía.
Anno secundo Neronis imperii, kalendis aprilis, passus est martirium in hoc Illipulita....us Ctesiphon, dictus, priusquam converteretur, Abenatar, divi Jacobi apostoli discipulus, vir litteris et sanctitate praeditus, qui plumbi tabulis scripsit librum illum, Fundamentum Ecllesiae apellatum; et simul passi sunt sui discipuli divus Maximinus et Luparius, quorum pulvis et libri sunt cum pulveribus divorum martirum in hujus sacri mont … cavernis. In eorum memoriam venerentur.

Prosiguióse en abrir y vaciar las dichas cavernas, como dicho, y hallaron en una de ellas, como mazmorra, entre cenizas, tierra y carbones, una cabeza o calavera de hombre, y una pierna y pie y otros huesos, y muchos de ellos medio quemados; y la mazmorra también quemada y abrasadas las paredes, que parece claramente que el fuego se hizo allá dentro y fueron quemados allí. Fueron cavando más adelante y vaciando la tierra, y descubrieron otra caverna hecha a mano como horno, y estaba también quemada y abrasada, y rajadas las piedras, paredes y el techo como si hubiera habido calera allí con poderoso fuego, y allí hallaron muchas cenizas, carbones y pedazos como de cal, y una masa blanca muy liviana, tiznada y mezclada con carbones, que tendría de bulto como dos fanegas, la cual, examinada por oficiales, son huesos quemados, mezclados con cenizas y piedras que se quemaron entonces; y esto parece que corresponde a la lámina de san Hisquio, donde dice que él y sus cuatro discípulos fueron quemados vivos, y vueltos en cal como piedras.
A 22 de abril del mismo año 1595, se halló el libro que dice la una lámina: está metido en una caja o cubierta de plomo; en el suelo de ella, por la parte de dentro, tiene escrito de la misma letra antigua este letrero.

LIBER FUNDAMENTI ECCLESIAE SALOMONIS CARACTERIBUS SCRIPTUS.

A 25 del dicho mes y año se halló en otra caverna otro libro, escrito en tablas de plomo, metido en una caja o cubierta de plomo: y en esta cubierta, por la parte de dentro, en el suelo de ella, está escrito, con la misma forma de letras y caracteres que las dichas láminas, esto:
Liber De Essentia Dei, quem Divus Cthesipon, apostoli Jacobi discipulus, in sua naturali lingua arabica, Salomonis caracteribus scripsit; et alius, Fundamentum Ecllesiae appellatus, qui in hujus sacri cavernis montis jacet. Deus * Nerone Imperatore hos duos liberet libros. Imposuit finem hic mr. suis operibus, scribens miracula et vitae …. itatem sui magistri …. vi in hujus sacri montis ca.... est....
Lo que falta no se puede leer, por estar muy gastadas las letras. Además de esto, cavando en las cavernas de dicho monte, se hallaron otros diez y seis o diez y siete libros en hojas de plomo y en lengua árabe, y uno de ellos no se entiende en qué letras está; y en uno de ellos se halla como san Tesifonte y Cecilio eran hermanos, naturales de Arabia, y, como tengo ya dicho, el uno había nacido ciego, y mudo el otro (no me grites que no te veo!), y que Cristo nuestro señor les había dado la vista y habla y les encomendó al apóstol Santiago, y así, por ser árabes, escribieron aquellos libros en arábigo.
Esto es lo que pasó en la invencion de las reliquias de san Tesifonte y sus compañeros: las diligencias y averiguaciones que se hicieron sobre la verdad de ellas, y las dificultades que se ofrecieron a algunos, refieren el doctor Gregorio López de Madera en sus discursos que hace de la certidumbre de estas reliquias, y don Castellá Mauro Ferrer en su historia del apóstol Santiago. Y así, las dejo, y solo traigo en él capítulo siguiente la sentencia que dio sobre esto el arzobispo de Granada, con que se quita y da solución a las dificultades que pueden ofrecerse sobre esta dichosa invencion.

domingo, 28 de junio de 2020

CAPÍTULO XXIII.


CAPÍTULO XXIII.

Toma César la montaña de Gardeny, Junto a Lérida; hácese fuerte en ella, y queda señor de la campaña.

Pasados dos días después de esto, llegó Julio César, que venía de Francia, dejando allá hechas las cosas que cuenta en sus Comentarios; y reconociendo el lugar donde halló sus capitanes, y enterado de la naturaleza de aquel terreno, mandó hacer otra vez aquella puente que se había llevado la corriente del río, y que la labrasen de noche por más disimular, y puso en guarda de ellos y de los ganados y fardaje que allí había, seis cohortes, que eran mil seiscientos y veinte hombres, y luego, con toda la demás gente de su ejército, dividido en tres escuadrones, presentó la batalla a los capitanes de Pompeyo, Afranio y Petreyo. Afranio sacó toda su gente y puso su real en medio de la montaña de Gardeny, y allá se entretenía excusando la batalla, porque no la deseaba. Entonces conoció César que aquella guerra no se podía acabar de una vez, y mudó de pensamiento, y quiso acercar su real al de los enemigos; y para hacerlo más secreto y a su salvo, ordenaba cada mañana los escuadrones y poco a poco se fue acercando al pie de la montaña de Gardeny; así que Afranio y Petreyo estaban un poco más arriba y en punto superior al de César. César, para mejor fortificarse, dividió su ejército en tres escuadrones: los dos puso en la delantera; y tras de estos dos quedó el otro, trabajando en abrir un foso que distaba del real de los pompeyanos cerca de cuatrocientos pasos; y esto lo hicieron con gran secreto, sin que lo entendiesen ni viesen los enemigos, porque los escuadrones y la caballería estaba delante de los que trabajaban en la obra: y de esta manera quedaron hechos los fosos, antes que los pompeyanos lo supiesen ni viesen; y metida la gente de César dentro, y dejándolo todo muy fortificado y a punto para resistir cualquier acometimiento que quisiesen hacer los de Pompeyo, mandó venir aquí las cohortes y el fardaje, y todo lo demás que había dejado y quedaba junto de las dos puentes que estaban más arriba de Lérida, cerca de Balaguer. Puestos aquí los de César, y defendidos con aquel foso que habían abierto, que tenía quince pies de alto y otros quince de ancho (y nadie vio ni oyó la excavación), fueron levantando el terraplén, aunque con trabajo, por haber de traer la fagina y forraje de lejos; porque aquella comarca es muy falta de leñas, y habiéndola de llevar de lejos, habían de llevar los que trabajaban en la obra mucha guarda; y aunque Afranio y Petreyo bajaron del puesto donde estaban a impedirlo, no pudieron, porque César con tres legiones y el foso que había hecho estaba muy defendido, y así se hubieron de retirar al lugar de donde habían salido.
Pasados tres días, pensó César en tomar un cerro o altura (podium: pueyo : pui : puig: puch; collem : coll : collado) que estaba entre la ciudad de Lérida y aquel montecillo donde está edificado el castillo de Gardeny, confiando que, siendo él señor de ella, podría mucho estrechar a los de la ciudad de Lérida y aún ganarles la puente, que era lo que él más deseaba; y contando esto César, lo dice con estas palabras:
Erat inter oppidum Ilerdam et proximum collem ubi castra Petreius atque Affranius habebant planities circiter passuum CCC, atque in hoc ferè medio spatio tumulus erat paulo editior, quem si occupasset Caesar et communisset, ab oppido, et ponte, et commeatu omni quem in oppidum contulerant, se interclusurum adversarios confidebat: que entre la ciudad de Lérida y el montecillo o collado de Gardeny donde Petreyo y Afranio tenían sus reales, había una llanura de trescientos pasos, poco más o menos, y en medio de esta llanura había un cerro o altura algo levantada que, tomándola César y fortificándola, confiaba que quitaría a sus enemigos la ciudad y la puente, y todo el bastimento que en la ciudad tenían. Porque, si bien se mira, la distancia que hay entre la ciudad de Lérida y el collado de Gardeny, no muy lejos de donde está el monasterio de los padres capuchinos, parece que en siglos pasados estaba esta altura que César deseaba tomar, la cual el día de hoy está allanada, para poder mejor correr por allá el agua de las acequias y regar aquella fresca y deleitosa huerta; porque el espacio de mil setecientos años que han pasado desde aquellos tiempos hasta el día de hoy, ha allanado, no montecillos como estos, sino montes, reinos y dilatadas provincias; pues no hay cosa que coma y consuma más que un dilatado espacio de tiempo.
Codiciaba mucho Julio César este puesto, para apoderarse después de la puente de la ciudad: pero los de Pompeyo se lo defendían muy bien, como a paso para ellos no solo importante, sino muy necesario, y perdido él, eran todos perdidos. Es esta puente de que habla César la que el día de hoy está cerca el monasterio de san Agustín, aunque queda poco rastro de ella. Antes del año 1617 se descubrían cuatro arcos; y después, con las avenidas e inundaciones tan notables que hubo en Cataluña el dicho año, quedaron muy mal tratados; y por debajo de esta puente pasaba en tiempo de César el río, y la ciudad se podía rodear de todas partes, sin impedimento de él, porque estaba tan lejos de ella, como hay el día de hoy desde el portal que llaman de la Puente hasta esta puente de San Agustín; porque la puente por donde se pasa el día de hoy cuando entramos en la ciudad de Lérida, es obra nueva y moderna, y ha sido necesario edificarse, por haber dejado el río el álveo antiguo, y haber vuelto su curso hacia la ciudad. Sobre el tomar esta altura, hizo venir César tres legiones, y formó de ellas sus escuadrones, y mandó a los alfereces (alférez, alféreces) de una legión que corriesen a ocupar aquella altura o cerro; pero los de Afranio y Petreyo, que conocieron el pensamiento de César, corrieron por camino más corto, y ocuparon el lugar antes que los de César llegaran, y sobre querer echarlos de allí, trabaron una gran pelea. Señaláronse en ella los portugueses y otros españoles que estaban en el campo de Pompeyo, y peleaban con correrías y acometimientos súbitos y repentinos; y lo mismo hacían los romanos de Pompeyo, que ya lo habían aprendido de los nuestros (escaramuza); y fingían muchas veces huir de ellos y retirarse a la ciudad, y con esta estratajema los llevaron hasta los muros, y cuando estuvieron aquí, unos los acometieron por la parte del río, y los otros rodearon la ciudad y bajaron por la parte donde es el monasterio de Predicadores, y los cogieron en medio y mataron muchos, porque peleaban en puestos desiguales, y los de César estaban bajos y los otros altos; y como los de César no estaban acostumbrados a pelear con correrías, sino a pie quedo y con escuadrón cerrado, estaban desatinados, porque aquel modo de pelear, para ellos era extraordinario y muy inusitado. Al principio se peleó con dardos y saetas, y ningún tiro hicieron los pompeyanos en valde, y cada día les acudía gente; y acabadas estas armas arrojadizas, se llegó a pelear con espadas y dagas, y duró esta pelea cinco horas, y los de César se vieron en grandes aprietos; y diee César que no se declaró la victoria por ninguna de las partes, antes, todos se juzgaron vencedores. Murieron, de los de César, según él dice, setenta hombres, y seiscientos quedaron heridos: de los de Pompeyo murieron doscientos. Afranio y Petreyo mandaron fortificar el alto era entre la ciudad y el collado, de Gardeny, que tanto habían codiciado los de César, y puso en él tal guarnición que no pensó más César en quitársele, y quedó contento de verse señor de la campaña, que está sobre el río Segre, y que los enemigos quedasen cerrados dentro de Lérida, y en las fortificaciones que habían hecho en el collado de Gardeny, y cerro que habían tomado.

martes, 23 de junio de 2020

286. VICENTE FERRER PREDICA EN CALATAYUD

286. VICENTE FERRER PREDICA EN CALATAYUD (SIGLO XV. CALATAYUD)

VICENTE FERRER PREDICA EN CALATAYUD (SIGLO XV. CALATAYUD)


Aquella no era la primera vez que el dominico valenciano Vicente Ferrer iba a predicar en la ciudad de Calatayud, población en la que tenía verdaderos y numerosos adeptos entre los cristianos. Hay tradición de que en las ocasiones precedentes, buscando un espacio adecuado para que cupieran todos cuantos querían oírle, se había tenido que dirigir a los fieles en cuatro lugares distintos al menos, pues como la gente anhelaba escucharle no cabía ni en las iglesias ni en la plaza del Mercado.

Con estos antecedentes, en la presente ocasión se precisaba un lugar mucho más capaz, por lo que para evitar posibles problemas de aglomeración las autoridades pensaron en habilitar los cerros inmediatos que se elevan en los extremos de la población, uno tras la puerta llamada de Zaragoza y otro más allá de la Peña.

Trabajaron en el acondicionamiento del lugar elegido varios hombres y se preparó cuanto mejor se pudo el cerro cercano a la puerta de Zaragoza. Bastante antes de que llegara el momento señalado, que había sido anunciado por los alguaciles por toda la ciudad, los fieles fueron ocupando las laderas del cerro, pero su pendiente hacía sumamente peligroso el lugar. Solventados los problemas como mejor se pudo comenzó la plática.

Cuando había transcurrido un rato sin incidentes dignos de mención, un muchacho cayó despeñado desde lo alto del cerro. La altura era tan considerable que todos los asistentes contaron con la muerte segura del infortunado, así es que se aprestaron a bajar para recoger su cadáver. Pero aún no habían comenzado el arriesgado descenso cuando vieron con asombro que el joven se levantó sano y salvo, sin ninguna magulladura ni rotura, como si nada hubiera ocurrido, intentando volver a subir al mismo lugar de donde cayera.

No lo pudieron evitar y todos volvieron enseguida sus admiradas miradas hacia el fraile que tenían delante de sus ojos, convencidos de que gozaba de poderes extraordinarios como para haber salvado a aquel muchacho de una muerte segura. La plática continuó.

[Fuente, Vicente de la, Historia de Calatayud, págs. 287-288.]

domingo, 11 de julio de 2021

XII, Deyá

XII

DEYÁ.

I

Viatger, qui de Valldemossa
Dexas
les antigues tanques,
Y emprèns l´hermoset camí
Cap amunt
per la collada;
No´t deturen les pinedes
Qu´environan
l´ermitatje,
Ni del mar los blaus llençols
Que devant de tu
s´axamplan.
Dexa enrera Miramar,
D´en Ramon Lull noble
casa;
Dexa Son Gallart enrera,
Y´ls recorts qu´allí
t´aguardan.
Passa puigs vestits d´alzines,
Travessa espessos
boscatjes
De gegantins olivers,
Y arriba al peu del
vilatje,
La vila tan deliciosa,
Qu´enjoya l´Illa dorada.



XII
DEYÁ
I

Viagero, que abandonas las antiguas cercas
de Valldemosa, y enfilas el hermoso camino por todo lo alto del
collado;

no te detengan los pinares que rodean la célebre
Ermita, ni las azules sábanas del mar, que se extienden ante
ti.

Deja á la espalda Miramar, noble casa de Raimundo Lulio;
deja también el predio Son Gallart, y los recuerdos que en él te
esperan de la Beata Catalina.

Pasa cerros cubiertos de
encinares, atraviesa espesos bosques de gigantescos olivos, y llégate
al pié de la villa;
la villa tan deliciosa, joya de la Isla
dorada.

II

El
camí que serpenteja
Casi ranet de les platjes,
A poch poch se
torç y acosta
Vers un pujol qui s´atansa.
Vénen horts; les
llimoneres
Encreuan ses fortes rames
Ab taronjers
perfumosos
Que los sentits embalsaman.
Un torrent el puig
rodeja
De roques descapdellades,
Per hont baxan enfurides
Les
aygues en l´ivernada.
Dalt lo puig la bella esglesia
Son nou
campanar exalta,
Y en l´aspra pendent la vila
Les cent
teulades escampa,
La vila tan deliciosa,
Qu´enjoya l´Illa
dorada.

III

Viatger, atura ton pas,
Vora l´esglesia
descansa,
Asseute sobre ´ls pedrissos,
A l´ombra d´aquexa
parra.
Devant, les serres del Teix
Forman inmensa
murada;
Derrera, el camí de Sóller
Se pert á dins la
montanya.



II

El camino culebrea, siempre cerquita de la playa; tuerce
luégo hacia dentro, y se acerca á un cerro que le sale al
paso.

Vienen huertos; los limoneros cruzan sus fuertes ramas
con perfumosos naranjos, arrobamiento de los sentidos.

Circunvala
el cerro un torrente de revueltas rocas, por cuyo álveo bajan en el
invierno enfurecidas las aguas.

Sobre el cerro, la bella
iglesia levanta su modesto campanario; y en el áspera pendiente, el
pueblecito esparce su centenar de casas;

el pueblecito
delicioso, joya de la Isla dorada.

III

Viagero,
detente; descansa cerca de la iglesia; siéntate en ese poyo, á la
sombra de la parra.

Enfrente, las sierras del Téix forman
inmensa muralla; á la espalda, el camino de Sóller se pierde en las
espesuras.



Lo cel sense nigulets
Extén son blau cortinatje,
Y´l Sol
s´estoja tranquil
Allá, per la mar veynada.
Del fons de la
vall s´en pujan
Fins á tu remors boscanes,
Y´t saluda ´l
rossinyol
Tendra veu d´aquest paratje,
D´esta vila
deliciosa
Qu´enjoya l´Illa dorada.

IV

¡Quína
gent la pagesía
Que coltura estes marjades!
Ací feyneres les
dones
Cuydan l´hortet y la casa.
Los hòmens van fora vila
A
fer carbó en la montanya;
S´en van lo dilluns matí
Abans de
que trenqui l´auba;
Uns en les carboneríes
Passan la dura
setmana,
Altres en les possessions
O en les viles no
llunyanes;
Y tornan robusts y alegres
Lo capvespre del
dissapte,
Per honrar al Creador
Lo Diumenje en son vilatje,
La
vila tan deliciosa
Qu´enjoya l´Illa dorada.



El cielo, sin nubecillas, despliega su azul cortinaje; y el Sol se
esconde tranquilamente, á lo léjos, en el seno del mar, que lame la
cercana costa.
Del fondo del valle suben hasta ti los misteriosos
ruidos de las selvas; y te saluda el ruiseñor, dulce palabra de
estos lugares;
de esta villa deliciosa, joya de la Isla
dorada.

IV

¡Qué gente tan buena los montañeses que
cultivan estos ribazos! Aquí hacendosas las mujeres, se cuidan del
huertecito y de las labores domésticas.
Los hombres se van al
campo, á hacer carbon en el monte. Se van todos los lúnes, de
madrugada, ántes de salir la aurora.
Unos pasan la semana en las
carboneras; otros en las casas de labor, ó en los pueblos
vecinos;

Y regresan alegres y robustos por las tardes de los
sábados, para adorar al Creador los Domingos, en la parroquia de la
villa;

la villa tan deliciosa, joya de la Isla
dorada.

V

¡Quín
be de Deu les donzelles
Mostran en ses joves cares,
Etcisant
aquests contorns,
Conmovent la fadrinalla!
Bellesa qui les
anima
N´es de Grecia recordança,
N´es dels moros sa
blanor,
Y dels espanyols sa gracia.
Miráu exes
pagesetes,
Garrides com les garlandes,
Falagueres com lo
vent
Qui remou lo sech fullatje.
A la claror de la lluna,
De
los oms sota les rames,
Omplen d´aygua la jarreta,
D´aygua
viva aquí brollada,
En esta vila preciosa
Qu´enjoyella
nostra patria.

VI

Quant es la festa major,
Casi al
mig de l´estiuada,
Fadrinets y fadrinetes
Se posan sos mellors
trajes.
Al sò de les xeremíes
Comença ´l ball en la
plaça,
Y lluhen los richs volants,
Y ´ls botons d´or y
esmeraldes...

V


¡Qué perfecciones adornan el rostro de las doncellas!
Hechizan el país, conmueven á los jóvenes!

La belleza que
las anima es recuerdo de la Grecia; es de los moros su morbidez, y de
los españoles su gracia.

Ved esas aldeanas, lindas como los
amarantos, lijeras como el viento que mueve el seco follaje.

A
la claridad de la luna, bajo las ramas de los olmos, llenan su
jarrito de agua viva, de agua nacida ahí mismo;

en esta villa
preciosa, joya de la Isla dorada.

VI

Cuando llega la
fiesta del santo Patron del pueblo, en medio del verano, mozos y
muchachas visten sus mejores trajes.

Al són de las chirimías
se empieza el baile en la plaza; y brillan las blancas tocas, y los
botones de esmeraldas y oro...

Quant
la dolça primavera
Rumbeja ses noves gales,
Vestit de festa lo
poble
Celebra de Deu la diada.
Ab ses capes los
prohoms
L´Hostia de Deu acompanyan,
Les fadrines al devant
Ab
manteta y filigranes,
Per esta vila preciosa
Qu´enjoya l´Illa
dorada.

VII

Felís, Deyá, felís, poble
Que vius
dins estes montanyes,
Lluny de les ciutats superbes,
Lluny de
la gloria mundana.
Prech á Deu que te preservi
De la furia
que´ns aglaça,
Prech á Deu que may tos fills
Obliden sa
tendra mare.
Vora tos monts empinats,
Per dins tes valls
amagades
Troba lo viatger salut,
Troba del avior l´imatge.
Les
oliveres t´ombrejan,
Los passerellets t´encantan,
Y´l mar
dormint á tos peus
Eternalment t´afalaga,
¡Ets la vila
deliciosa
Qu´enjoya l´Illa dorada!

Juliol de 1873.



Tambien cuando la dulce primavera hace ostentacion de sus nuevas
galas, vestido de fiesta el pueblo, celebra el santísimo Día del
Córpus.
Los prohombres de la Hermandad, lucen sus largas capas
negras, acompañando procesionalmente la Hostia del Señor; las
mocitas van por delante, con mantilla y botones de oro
afiligranados;
por esta villa preciosa, joya de la Isla
dorada.

VII

Feliz, Deyá, feliz, pueblo que vegetas en
estas montañas, léjos de las soberbias ciudades, léjos de la
gloria del mundo.

Ruego á Dios que te preserve del huracan
que nos azota; ruego á Dios que tus hijos no se olviden nunca de la
Fe cristiana, su tierna madre.

En tus empinados cerros, en tus
escondidos valles, el viagero encuentra salud, encuentra la viva
imágen de la antigüedad.

Los olivos te dan sombra, los
pajarillos encanto; y el mar, dormido á tus pies, eternalmente te
acaricia.

¡Eres, villa deliciosa, joya de la Isla
dorada!

(V. nota 8.)

miércoles, 21 de julio de 2021

XX, RANDA, DALT LO PUIG.

XX

RANDA.
DALT
LO PUIG.

Extén ta vista, observa l´hermosura,
Qu´altra
volta ´ns apar,
De Mallorca, la terra de ventura,
La filla de
la mar.

Hem corregut de camps y de vilatjes
Lo delicat
floret,
Hem cullit per riberes y boscatjes
De Bellesa
l´esplet.

Y ara demunt lo cim del Puig de Randa
S´axampla
´l nostre pit;
L´inspiració la voluntad comanda;
Refrèsca
´s l´esperit.

XX
RANDA.
EN LA CIMA DEL CERRO.



Tiende
la vista, contempla la hermosura, que otra vez se nos aparece, de
Mallorca, la venturosa tierra, la hija del mar.

Hemos
recorrido lo mejor de sus campos y pueblos; hemos gozado á la orilla
de los torrentes, y en lo hondo de los bosques, los tesoros de la
Belleza.
Ahora en la cumbre del Cerro de Randa, dilátase el
pecho; con los nuevos impulsos de la inspiracion, se reanima el
espíritu.




Aquí
vénen, plorant amargues penes
Del mon, los ermitans,
Preferint
á la vida entre cadenes
La vida dels milans.

Sant Honorat
los lliura de desgracia,
S´en puja l´oració;
Los ascolta la
Verge de la Gracia,
Y alcánçalos perdó.

Aquí vengué la
gloria d´esta terra
Lo mártyr Ramon Lull;
Aquí somnis
d´amor, visions de guerra
Giravan per son ull...

La Verge
de la Gracia té edifici,
Que sembla, si be mir,
Arrufat baix
penyal, qu´es com cilici,
De Pedra ´l Monastir.

Veig en
la coma, guarda que pastura,
De Randa ´l llogaret;
Abaix, de
Lluchmajor la vila sura
En estanchs de vinyet.



Prop
d´ella jau lo Camp de la batalla,
¡Recordança cruel!
Lo
rey en Jaume (III) ab l´inimich batalla,
Donant l´ánima
al Cel.







Aquí
vienen, llorando las amargas penas del mundo, los pobres ermitaños;
prefirieron á la antigua vida entre cadenas, la libre vida de las
águilas.

San Honorato los libra de males, y sube su oracion
al Cielo; los escucha nuestra Señora de Gracia, y alcánzales el
perdon.

Aquí vino la gloria de esta tierra, el mártir
Raimundo Lulio; aquí fantaseaba sueños de amor divino, visiones de
cruzadas...

Nuestra Señora de Gracia tiene una iglesia, que,
acurrucada en el hueco de un peñasco, que tiene forma de cilicio, se
parece, si bien se mira, al Monasterio de Piedra, de Aragon.



En
la cañada, desparrámase el lugarejo de Randa, como rebaño que
pace; y abajo, la villa de Lluchmayor flota en un mar de
viñedos.

Cerca de la villa está el Campo de la batalla. ¡Oh
cruel recuerdo! Paréceme ver al rey D. Jaime III pelear
valerosamente, y perder allí la vida.





A
llevant, per la costa, la badía,
Forma lo llunyadá,
D´Alcudia,
com antiga sagetía
D´hont vètla ´s l´Africá.



Y
vers garbí, ¿sentiu com remoreja
Ab les ones lo vent?
De
Palma la badía als peus planeja,
Blava, gran, imponent.

¡Qué
lluny está d´aquí la bella Palma,
En braços de la mar!
¡Deu
te guart, oh Ciutat! ¡Pugas en calma
Eternament
durar!

Setembre de 1881.







Por
la costa de levante, asoma á lo léjos la bahía de Alcudia, como
antigua saetera, desde la cual se vigila á los Africanos.



Y
mirando á poniente, ¿oís el rumor de las olas y los vientos? La
bahía de Palma se extiende á nuestros piés, azul grande,
majestuosa.



¡Cuán
léjos está de aquí la bella Palma, abrazada por el mar! ¡Guárdete
Dios, ciudad mía! ¡Ojalá vivas en paz eternamente!

(V.
nota 15.)

XIX, AL PEU DE LA VICTORIA.

XIX

AL
PEU DE LA VICTORIA.




La
nit serena,
Lo cel molt blau;
Suspira l´ayre
Per lo
pinar.
Petites perles
De llum brillant,
Lo manto
brodan
Endiumenjat.
De bella lluna
L´ull clarejant,
En
les boyrines
Fixa sos rays.
Dels sabel-lins
Lo crit
resplán,
Pe´ls tamarells
Del arenal.




XIX
AL
PIÉ DE LA VICTORIA.

Serena esta noche, el cielo profundamente
azul; el céfiro murmura en los pinares.

Infinidad de menudas
perlas, bordan con rayos de luz el más lujoso manto del
crepúsculo.

Los claros ojos de la luna llena, fijan sus
miradas en las nieblecillas del mar.

Óyese el grito de los
alcaravanes, que se pierde en los tamariscos de las desiertas playas.





De
la Victoria
Lo puig sagrat
Guarda silenci,
Dormit
gegant.
___

Y dormen á sa falda les murades
De la
moresca Alcudia, no vençuda;
Y se levan les ombres irritades
Dels
Romans de Pollentia, ya cayguda.

Dues badíes forma ´l
promontori
Que ses ones parteix ab simetría,
Y al cim del mont
proclama l´oratori
Reyna de les Victories á María.

Lo
Port Major extén inmenses platjes,
Y veu les naus més altes
arribar;
Lo Port Menor en verdosenchs ribatjes
Es de Pollença
la graciosa mar.




De
l´una part Alcudia reb los besos
Del vent que besa´l front de
Sant Martí;
Del altra part Pollença ascolta ´ls resos
Que á
la Verge del Puig fa ´l peregrí.

Y s´ouen crits de guerra y
de matança
De moros y cristians en patria gesta;
Y dels
Agermanats mot de venjança
Que repeteix de nit l´eco funesta.







El
sacro cerro de la Victoria, guarda silencio, como dormido
gigante.
__

Y duermen en su regazo las murallas de la
morisca Alcudia, jamas vencida; y se levantan las irritadas sombras
de los romanos de Pollentia, caída para siempre.

Dos extensas
bahías forma el promontorio, dividiendo simétricamente las aguas;
en la cima del cerro, una pequeña iglesia atestigua que María es la
Reina de las Victorias.

La bahía de Alcudia, ó Puerto Mayor,
ve anclar en sus inmensas playas los buques de alto bordo; el Puerto
Menor forma con sus verdeantes riberas la graciosa bahía de
Pollenza.

Por una parte, Alcudia recibe los besos de la brisa,
que orea la frente de San Martin; por otra, Pollenza escucha los
rezos de los peregrinos que suben al Monte de la Vírgen María.

Y
diz que á deshora suenan voces de guerra y de matanza; y vense
patrióticas escaramuzas de moros y cristianos; y retumba el grito de
venganza de las Germanías, repetido por los ecos de la noche.







Mes
ja la lluna
Com un diamant,
Brilla més clara
Pe´l cel més
alt.

Una llanxeta
S´en ve remant,
Fins á la roca
Desde
hont l´aguart.

Un tros enfora
Llaüt está,
Infla la
vela
Lo fresch embat.

Belles onetes
Riçan la
mar,
Blanqueja l´aygua
Proa tallant.

Aquesta es
l´hora,
Surt a pescar,
Llaüt que pescas



Encès
coral.
Agost de 1881.



Mas
ya la luna brilla clarísima, cual un diamante, en la mitad del
firmamento.

Una lancha, movida por dos remos, se acerca á la
roca en donde la estoy aguardando.

Algo más lejos está
anclado un laud; el fresco vientecillo hinche la vela.

Pequeñas
olas rizan la superficie del agua; blanquean las espumas al rededor
de la cortante quilla.

Ya es la hora; leva las áncoras, laud
pescador, tú que pescas el encendido coral del fondo de estos
mares.

(V. nota 14.)

martes, 14 de mayo de 2019

EL ORIGEN DE ALCORISA

2.69. EL ORIGEN DE ALCORISA (SIGLO XII. ALCORISA)
 
EL ORIGEN DE ALCORISA (SIGLO XII. ALCORISA)
 
 
Parece ser que la actual villa de Alcorisa se debió llamar antiguamente Acol, de manera que, en algunos antiguos edificios de la misma, podía verse en el escudo de armas, junto a las tradicionales barras de Aragón, un grumo de col, del que derivaría el topónimo actual. Sin embargo, voces se levantan para defender que el nombre inicial de la villa fue el de «Alcoriza» y mantienen, por lo tanto, un origen toponímico algo distinto.

Es bien sabido cómo los núcleos de población de todas estas tierras bajoaragonesas, como tantos otros
del reino de Aragón, estuvieron habitados y regidos por musulmanes, quienes, por cierto, en buena parte, permanecieron en sus casas de siempre tras la reconquista, que tuvo lugar en el siglo XII.
Y, aunque tras la victoria el gobierno de estas poblaciones pasó a las nuevas autoridades cristianas, la influencia mora permaneció durante siglos en las costumbres y modos de vida de los nuevos dominadores.

Una vez reconquistada la zona bajoaragonesa, ocurrió que un valiente cristiano, hijo de la villa, organizó a sus expensas un nutrido y selecto grupo de guerreros para ponerse con ellos a disposición de su rey.
Este auténtico capitán adiestró a sus hombres, hasta rayar en la perfección, en el manejo de la ballesta, de modo que muy pronto se convirtieron en un grupo de élite y destacado dentro del ejército aragonés.

Tanto en sus ejercicios de adiestramiento como en el campo de batalla, los ballesteros de Acol respondían como un solo hombre a la voz de mando de «al-cor hiza» dada por su jefe, vocablo, sin duda alguna, de origen moro. Muy pronto, aquellos guerreros singulares, reclutados todos ellos en una villa del Bajo Aragón, no sólo comenzaron a ser conocidos como los ballesteros de «Alcoriza» —como Juslibol derivaría de «Deus lo vol»—, sino que su jefe fue armado caballero por el rey aragonés, concediéndole el derecho a utilizar en su escudo de armas una ballesta. Y pronto se extendió por todas partes el nombre de «Alcoriza» como el de la villa de la que eran oriundos aquellos admirados guerreros que obedecían a la voz de mando de «al-cor hiza».
 
[Gil Atrio, Cesáreo, Alcorisa y sus tradiciones, págs. 4-5.]
 
 
 
 
 
Alcorisa es un municipio de la provincia de Teruel en Aragón, España. Cuenta con 3313 habitantes (INE 2017) y tiene una extensión de 121,20 km². Comprende la entidad de población de La Vega.
 
Alcorisa se sitúa a 632 m s. n. m. en la parte nororiental de la provincia de Teruel, en el extremo oeste de la histórica comarca del Bajo Aragón. Igualmente pertenece a la actual comarca oficial del Bajo Aragón con capital en Alcañiz, que se encuentra a 33 km. Encrucijada de caminos, equidista aproximadamente 120 km de Zaragoza, Teruel y la costa mediterránea, cuya influencia se deja sentir en el paisaje que le circunda.
 
Está situada al pie de monte ibérico, escalón hacia las tierras altas del centro y sur de la provincia de Teruel. El río Guadalopillo, afluente del Guadalope, discurre encajonado en la plataforma calcárea a través de hoyas terciarias excavadas. La mezcla de sierras calizas y hoyas arcillosas, donde los estratos que aún asoman forman un rosario de complicados montículos, es el componente esencial del suelo alcorisano.
 
Su temperatura media anual es de 12,6º C y tiene una precipitación anual de 510 mm.
 
El olivo es el árbol emblemático de la zona. Los nuevos cultivos han borrado casi en su totalidad las antiguas viñas y los almendros han sustituido parcialmente a los olivares. En la zona de vega, los cultivos de huerta se mezclan con choperas. En los altos pueden encontrarse pequeños bosques de pinos mediterráneos. También hay enebros y restos de viejos encinares, junto con sinfín de arbustos y plantas aromáticas.
 
El poblamiento conocido más antiguo en esta localidad se remonta hasta el Neolítico final o Eneolítico, habiéndose encontrado algunos talleres de sílex como los de Estancos y Cabezo de la Vega. No obstante, el poblamiento más abundante tuvo lugar en época ibérica —cuando esta región estaba habitada por los sedetanos— como lo demuestran el gran número de emplazamientos, destacando entre todos ellos el del Cabezo de La Guardia. De la época romana también hay importantes yacimientos, como el existente al pie del mismo Cabezo de La Guardia.
 
Durante el dominio musulmán, Alcorisa formó parte de la Marca Superior Musulmana, con centro en Zaragoza. Originalmente el municipio recibió el nombre de Alkol, del árabe Al-Kura, en referencia a «las alquerías». No está tan claro el origen de su actual topónimo, Alcorisa, aunque parece derivar de «alcor», en alusión a los numerosos cerros de la zona. Tras la reconquista, la localidad formó parte de una donación que hizo Alfonso II a la Orden de Calatrava (1179) y estaba incluida, en 1263, en el distrito de Alcañiz.
 
En la Edad Moderna dos fechas marcan la historia de Alcorisa: el 14 de marzo de 1601, cuando Felipe III concede a la aldea de Alcorisa el título de «Villa Real», y el 23 de mayo de 1738, al otorgarle Felipe V el título de «Fiel y Muy Ilustre», junto con la flor de lis, símbolo que ocupa uno de los cuarteles de su actual escudo. Esta última concesión premió la adhesión de Alcorisa a la causa borbónica durante la Guerra de Sucesión. Dicho apoyo estuvo dirigido por Don Pedro Cebrián Ballester, conocido como «El reyecico de Aragón», que organizó fuerzas populares para la lucha a favor de Felipe V.
 
El siglo XVIII trajo consigo una etapa de prosperidad para la villa, como atestigua una importante actividad alfarera y un aumento de la población. No obstante, las Guerras Carlistas produjeron grandes estragos en la localidad. En mayo de 1834, partidarios de Carlos María Isidro de Borbón al mando de Quílez no pudieron penetrar en Alcorisa sino a costa de un considerable número de bajas; atacada nuevamente el 29 de junio de 1836, la población opuso tan tenaz resistencia, que no consiguieron rendirla, pero habiéndola incendiado, más de 300 casas fueron quemadas, y muchas entregadas al robo y al pillaje. Años más tarde, Pascual Madoz, en su Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España de 1845, describe a Alcorisa «en un llano al pie de dos enormes masas de piedra de almendrilla... Cuenta 400 casas de mediana elevación y poco gusto en su arquitectura, de las cuales están arruinadas por efecto de la guerra civil cerca de 120... No obstante lo dicho, forman una vistosa población».
 
Durante la Guerra Civil Española, los alcorisanos sufrieron el efecto de dos represiones: mientras que al inicio de la guerra, milicias antifascistas libertarias se cobraron la vida de 77 personas afectas al «bando nacional», la posterior ocupación franquista de la población (17 de marzo de 1938) conllevó una represión de signo opuesto encabezada por el jefe de la Falange local.
 
A lo largo del siglo XX, Alcorisa se convierte en un punto de comunicación que enlaza el Bajo Aragón con el sur de la provincia de Teruel. Las posibilidades económicas derivadas de la minería en la comarca, convirtieron al municipio en un centro de servicios, lo que propició la transformación sustancial de la economía e impulsó el incremento demográfico.
 
También se puede visitar el yacimiento de Cabezo de la Guardia, emplazado sobre un pequeño cerro cercano a la confluencia de los ríos Alchoza y Guadalopillo.
 
Los restos descubiertos corresponden a viviendas y espacios de planta rectangular, así como a un gran torreón de planta circular; también se conservan vestigios de un posible recinto defensivo. Asimismo, en los campos de labor de su base se excavaron parte de unas termas romanas. Los restos de la época ibérica datan de los siglos V-VI a. C. y el siglo I d. C.; los restos de la ocupación romana en la base del cerro se han fechado en el siglo III d. C.
 
La Iglesia parroquial, dedicada a la Virgen de la Asunción, fue construida en varias fases, comenzando a edificarse a finales del siglo XIV.
 
Pero su actual fábrica es obra, fundamentalmente, de la ampliación que se inició en 1688. Es un edificio de tres naves con capillas laterales y cabecera recta. El presbiterio, configurado como prolongación de la nave central, está cubierto con bóveda estrellada. Al exterior, la portada se sitúa a los pies del templo; es barroca y probablemente es obra de canteros franceses. Por desgracia, el retablo original, obra del afamado escultor Damián Forment, fue destruido y quemado en los tumultos de la Guerra Civil, al igual que el resto de iglesias y ermitas. Sobresale la monumentalidad de su torre campanario —del siglo XVIII—, de reminiscencias mudéjares. El conjunto fue declarado Bien de Interés Cultural en 2002.
 
La Iglesia de San Sebastián es un templo del siglo XVIII, de limpia y austera fachada. Actualmente acoge el Centro de Interpretación de la Semana Santa, el Museo de la escuela rural y el Centro de visitantes de la Ruta de los Iberos —véase más abajo—. Otra iglesia, la de San Pascual, perteneciente a un antiguo convento de alcantarinos y posterior seminario, data también de la misma época, estando inspirada en la Iglesia del Santo de Villarreal (Castellón).
 
Alcorisa posee numerosas ermitas, como las de San Juan y San Bernabé. Estrecha relación con la Semana Santa tiene la Ermita del Calvario, templo del siglo XVII que se alza en la cota más alta del municipio. De arquitectura barroca, consta de una sola nave con dos capillas laterales; la fachada, el zócalo y las esquinas del edificio son de cantería, mientras que el resto es de ladrillo. Además, el entorno posee un gran interés paisajístico.
 
En cuanto a arquitectura civil, como conjunto arquitectónico destaca la plaza porticada del Ayuntamiento, aunque de éste solamente se conserva la portada. A la izquierda de la Casa Consistorial se encuentra la casa de los Daudén, con el escudo más antiguo de la población. La calle Mayor cruza parte del casco antiguo y en ella se sitúa la Casa-palacio del Barón de la Linde, edificio de estilo popular aragonés, con arquerías en la parte superior y fábrica de mampostería y ladrillo.
 
Alcorisa cuenta también con una particular plaza de toros, construida entre colinas.
 
El Centro de visitantes de la Ruta de los Iberos es un espacio museístico dedicado a la cultura ibera en donde se ha recreado un horno ibérico a tamaño natural con piezas cerámicas en su interior preparadas para su cocción. Asimismo se expone una reproducción exacta del conocido kalathos (pieza de cerámica) de La Guardia.
 
En las cercanías de Alcorisa se encuentra el pantano de Gallipuén, encajonado entre barrancos y cañones, y desde donde se pueden apreciar interesantes vistas. Concluido en 1927, fue construido para el riego. No obstante, en él es posible bañarse, pescar o realizar deportes acuáticos.
 
En la misma localidad se encuentra el jardín de rocas autóctonas «Geólogo Juan Paricio». Una muestra al aire libre de la geología de la zona, a través de una selección de rocas y fósiles realizada por el geólogo Luis Moliner Oliveros, con la colaboración del ayuntamiento y el geoparque del Maestrazgo. Pueden verse 14 rocas distintas, de origen marino o continental, algunas con fósiles, que representan la historia geológica de la región desde hace 210 millones de años, y los correspondientes paneles explicativos.
 
Entre los platos típicos de Alcorisa están las judías con chorizo y morro, magras con tomate, conejo, ternasco, los diversos embutidos del cerdo o el típico «fulladre» (bollo con tomate y pimiento).
 
De las pastas destacan los «misterios» y las «tortas de alma», rellenas de cabello de ángel. Entre los dulces cabe citar la «cazuela de Reyes» (guirlache en forma de olla rellena de bizcocho borracho y merengue), así como las «piedrecicas del Calvario» (guirlache con almendras enteras forradas de chocolate con leche).
 
Personajes ilustres:
 
Pedro García Ferrer (1583 - 1660). Pintor barroco que marchó en 1640 a México, acompañando a don Juan de Palafox y Mendoza, quien había sido nombrado obispo de Puebla. Allí trabajó como arquitecto y pintor en la Catedral de Puebla.
Valero Lecha (1894 - 1976). Pintor que emigró a El Salvador, considerado por algunos como el padre de la pintura salvadoreña.
Andrés Álvaro García (n. 1947). Arqueólogo e historiador.
José Félez Bernad (n. 1952). Escultor.

El historiador Pascual Madoz, en 1845, refirió cómo Alcorisa contaba con 5 calles, 3 travesías y 5 plazas, todas espaciosas y bien empedradas.
 

lunes, 20 de mayo de 2019

LA RECONQUISTA DE VILLEL

2.72. LA RECONQUISTA DE VILLEL (SIGLO XII. VILLEL)

 
LA RECONQUISTA DE VILLEL (SIGLO XII. VILLEL)
 
 
Desde hacía diez años, la reconquista de Teruel por las tropas cristianas era ya un hecho, como lo era la
amenaza que tal enclave suponía para las poblaciones todavía musulmanas aguas abajo del Guadalaviar.
Entre estos enclaves moros amenazados se encontraba Villel, cuyo alcaide, Setí Mahomat, se esforzaba en hostigar los alrededores de Teruel intentando debilitar las fuerzas enemigas. No obstante, todo era en vano, pues a aquellas alturas el desequilibrio de fuerzas era ya un hecho incontestable.

De pronto, los acontecimientos se precipitaron con rapidez. El valiente Setí Mahomat tenía una esclava cristiana, a la que había hecho prisionera en una de sus correrías, y de cuya belleza se había enamorado.

Sin saberlo Setí, también había hecho prisionero a un hermano de la muchacha o, mejor dicho, se había dejado capturar para tramar la caída de Villel.

El joven, una vez dentro de la población, se puso en contacto con su hermana y tramaron el futuro plan a seguir. Además, la joven consiguió de Setí Mahomat la liberación de su hermano, que regresó a Teruel con la misión cumplida.

Era noviembre de 1181 y los moros de Villel se hallaban en el cerro de la Horca celebrando la boda de un
capitán. Al mediodía, en el castillo, la esclava cristiana, aprovechando la soledad en que se encontraban, confiado en su regazo Setí Mahomat, le clavó una larga aguja de salmar que llevaba oculta entre las trenzas, causándole la muerte.

Consumado el crimen, la esclava se hizo visible en una de las almenas del castillo, y agitando un pañuelo,
tal como había convenido con su hermano, avisó a los cristianos, que estaban apostados en las cuevas y cerros inmediatos.

Dirigidos por Martín Pérez, señor de Escondilla, las huestes cristianas tomaron el castillo y la población, pasando a cuchillo a cuantos se resistieron. Las mujeres moras, antes que caer como esclavas de los cristianos, cubriéronse la cabeza con el velo y se lanzaron a las aguas del río, librándose así de la deshonra.

Martín Pérez fue nombrado señor de Villel por el rey, que se reservaba el castillo, el horno y el
molino.

[Gisbert, Salvador, «Tradiciones turolenses...». Heraldo de Teruel, 2 (1896), págs. 3-4.]
 
 
https://es.wikipedia.org/wiki/Villel


Villel es una localidad y municipio español de la provincia de Teruel perteneciente a la comarca de Comunidad de Teruel, en la comunidad autónoma de Aragón. En el censo de 2018 Villel tenía 327 habitantes.

Está situado a la derecha del río Turia. Comprende los caseríos o mases El Campo, La Fuensanta, Rueda, Torrejón, Vadillo, Viñuelas y el balneario de Los Baños.

A unos dos kilómetros se encuentra el santuario de nuestra Señora de la Fuensanta, que es el principal centro de devoción de la comarca, es un lugar situado entre las montañas y varios pueblos celebran en este santuario una romería anualmente. Pero cabe destacar la más importante que es la de Villel el segundo sábado de mayo.

Conserva su castillo parcialmente en ruinas y, sobre todo, su torre del homenaje. Pertenecía a los Aben Razin, de Albarracín, y fue ocupado por El Cid camino de Valencia.


Reconquistado por Alfonso II, quien lo entregó a los Templarios, fue primeramente una Encomienda de la Orden del Temple.


En el siglo XIV fue cabeza de Encomienda de la Orden de San Juan, encuadrada en la Castellanía de Amposta, y primer destino de Juan Fernández de Heredia, quien llegó a ser gran maestre de Rodas.


Lo conquistó Pedro I de Castilla en el transcurso de una guerra entre Aragón y Castilla, y en la Guerra de la Independencia lo ocupó también el ejército napoleónico.


Virgen de la Fuensanta:

Según la tradición, la imagen fue hallada por un pastor de nombre Juan Pérez en 1238; su imagen se venera en el Santuario de Nuestra Señora de la Fuensanta - edificio gótico tardío situado al poniente de la villa, construido en 1561.
 
 

https://www.escapadarural.com/que-hacer/villel

https://www.clubrural.com/que-ver/teruel/villel



 
 
 
 
 

jueves, 9 de mayo de 2019

LA RECONQUISTA DE MALUENDA, siglo XII

2.56. LA RECONQUISTA DE MALUENDA (SIGLO XII. MALUENDA)
 
A lo largo y ancho del valle del Ebro, algunas poblaciones como Belchite, por ejemplo, decidieron capitular sin lucha nada más caer Zaragoza en manos de Alfonso I el Batallador, pero no ocurrió así en otros núcleos importantes del reino moro sarakustí, como son los conocidos casos de Calatayud,
Daroca o Tarazona que, dada la tenaz e importante resistencia que opusieron, tuvieron que ser tomadas por la fuerza de las armas.
 
En efecto, el rey aragonés, crecido por el éxito logrado ante los imponentes muros de Zaragoza y
auxiliado por varios caballeros franceses, como el conde Guillermo de Poitiers, se dirigió hacia Calatayud —amparada en su magnífico castillo y considerada como la auténtica llave del Jalón— y la sitió. Luego, una vez asegurado su cerco, partió inmediatamente siguiendo el curso del río Jiloca para tratar de salir al paso de los almorávides, quienes, por fin, se decidieron a socorrer a sus correligionarios del valle del Ebro, y a los que Alfonso I vencería en Cutanda en 1120.
 
LA RECONQUISTA DE MALUENDA (SIGLO XII. MALUENDA)
 
 
Pero el camino de los expedicionarios desde Calatayud a Daroca y Cutanda no fue nada fácil, puesto que
cerca de la primera, en el lugar de Maluenda —donde se habían concentrado moros de otras poblaciones aledañas— tuvo lugar un encarnizado e inesperado combate campal en el límite con las casas del poblado, circunstancia que no sólo retrasó la expedición hacia su principal objetivo sino que, según la leyenda, originó importantes pérdidas humanas en la hueste de los cristianos aragoneses.
 
restos, castillo, Maluenda
Restos del Castillo de Maluenda, sitiado en el siglo X por Abderramán III.
 
 
Aunque acabó saliendo victorioso Alfonso el Batallador de la contienda y la guarnición mora de Maluenda tuvo que entregar al fin las llaves (lo cual significaba un problema menos para Calatayud que seguía sitiada), una partida de soldados aragoneses tuvo que retrasarse del resto de expedicionarios
para enterrar a sus muertos, asistir a los heridos y hacerse cargo de los prisioneros. Fue entonces cuando los canteros que formaban parte de la expedición labraron y erigieron la Cruz Blanca —todavía existente como testigo de aquel suceso— y la colocaron enhiesta en el mismo sitio en el que tuvo lugar la batalla, en conmemoración y recuerdo de quienes cayeron allí.

[Recogida oralmente.]


https://es.wikipedia.org/wiki/Maluenda

Maluenda es un municipio español en la provincia de Zaragoza, perteneciente a la Comunidad de Calatayud, comunidad autónoma de Aragón. Tiene un área de 40,09 km² con una población de 989 habitantes (INE 2016) y una densidad de 26,94 hab/km².

Maluenda está situada en el Sistema Ibérico a orillas del Jiloca a 581 msnm. Comprende una superficie de 4 037 hectáreas, de las cuales 400 son de regadío y 2 000 de secano, correspondiendo el resto al casco urbano y al monte público. Dista 9 km de la capital comarcal, Calatayud, y 90 km de Zaragoza.

Límites:
Noroeste: Paracuellos de Jiloca
Norte: Paracuellos de Jiloca
Noreste: Villalba de Perejil
Oeste: Munébrega
Este: Belmonte de Gracián
Suroeste: Olvés
Sur: Alarba
Sureste: Velilla de Jiloca y Morata de Jiloca


Aunque los orígenes de Maluenda no están completamente esclarecidos, se sabe que existió un asentamiento en la Edad de Bronce, situado en el cerro detrás del Castillo, en donde aún se perciben restos de muros y otras edificaciones. En él se han encontrado diversos materiales como molinos barquiformes, cerámicas de tipología diversa y utillaje lítico en sílex, hoy expuestos en el Museo arqueológico de Calatayud.

En cuanto a época indígena, el hallazgo más notable es un tesoro de denarios ibéricos, junto a un número importante de denarios romanos republicanos que se fechan entre los años 90 y 79 a.C., por lo que su ocultación se relaciona con la Guerra de Sertorio, tan determinante en este territorio. Asimismo, hasta hace pocos años se conservaba un puente romano que permitía cruzar el río Jiloca.

En la Edad Media Maluenda fue una importante plaza militar, como así lo atestiguan sus importantes restos fortificados, y el hecho de ser mencionada por fuentes árabes en las luchas de la Marca Superior contra el poder central de Córdoba. La fortaleza de la plaza existía ya en el siglo X, y es que, según el geógrafo al-Udri, el califa Abderramán III acampó ante los muros del castillo de Malonda, nombre con el que aparece nombrada la villa en documentos de la época. Ello sucedió en los años 933-934, durante la primera campaña de castigo contra el rebelde Muhammad al-Tuyibí de Zaragoza, y luego en (937), cuando la fortaleza, defendida por el propio al-Tuyibí, fue definitivamente ocupada por los ejército califales.

En 1120, Maluenda fue reconquistada para los reinos cristianos por Alfonso I el Batallador y en 1255 pudo ser el escenario de una reunión secreta mantenida entre Jaime I de Aragón y Enrique de Castilla —hermano de Alfonso X el Sabio—, narrada en el Libro de las tres razones del Infante Don Juan Manuel. Posteriormente, en la Guerra de los dos Pedros, desempeñó un importante papel en la defensa del corredor del Jiloca, entre Daroca y Calatayud.​ Tropas castellanas se apoderaron del castillo en 1363. En Maluenda se encontraba el Archivo de la Comunidad de aldeas de Calatayud que en el día de hoy aún no se ha localizado.

Ya en el siglo XIX, el historiador Pascual Madoz, en su Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España de 1845, describe a Maluenda en los términos siguientes: «Tiene 150 casas de mala fábrica y 100 cuevas de peor calidad, que se distribuyen en calles estrechas y 2 plazas; casa de ayuntamiento; escuela de niños». Menciona también la existencia de tres iglesias parroquiales: la de la Asunción de Nuestra Señora, la de San Miguel y la de las Santas Justa y Rufina, así como seis ermitas. Refiere que «Los vecinos se surten para sus usos de las aguas del río Jiloca, de buena calidad» y resalta la producción de trigo, cebada, vino, cáñamo, legumbres y hortalizas, indicando que había «1 fábrica de papel de estraza, batanes, tintes y 2 molinos harineros».

El Castillo, actualmente en ruinas, es una de las pocas fortalezas auténticamente musulmanas de tapial. De acuerdo a La Chanson de Roland, cuando Carlomagno organizó su marcha contra Zaragoza, era Blancandrín su alcaide, lo que indica que fue una de las primeras fortalezas construidas por los musulmanes en Al-Andalus.

La fortaleza se alza sobre una pelada muela oblonga desde donde se domina el pueblo. Tiene planta alargada, cuyo eje mayor era de unos 80 m, adaptada a la cumbre del monte. Consta de dos torreones y un recinto amurallado, parcialmente conservado en el lado orientado hacia la población, pero prácticamente desaparecido en el lado opuesto. Los torreones se sitúan en el lado oeste, son rectangulares y de gran volumen.

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