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domingo, 14 de junio de 2020

201. EL TESORO DE LA REINA MORA, CUEVAS DE CAÑART

201. EL TESORO DE LA REINA MORA (SIGLO XII/XIII. CUEVAS DE CAÑART)

EL TESORO DE LA REINA MORA (SIGLO XII/XIII. CUEVAS DE CAÑART)

De uno de los múltiples combates más o menos importantes que se libraron durante la Reconquista entre los musulmanes y los cristianos, la leyenda cuenta que en él murió un rey moro en pleno campo de batalla, dejando tras de sí a su viuda y un hijo de escasa edad.

En medio de aquella pelea, y antes de que los vencedores cristianos pudieran apoderarse como botín de los bienes familiares, la reina viuda y su pequeño hijo huyeron al galope de su caballo, tratando de buscar un refugio seguro. Llevaban consigo un enorme y fabuloso tesoro que, para poder cabalgar más deprisa y poner a salvo sus vidas, escondieron en tierras aledañas al pueblo de Cuevas de Cañart, con la esperanza de poder recuperarlo algún día si el signo de la guerra se les tornara favorable.

Quizás temerosos por la persecución que, sin duda, se habría organizado para darles alcance, no tuvieron en cuenta la difícil orografía por la que cabalgaban y acabaron despeñados en un lugar indeterminado, de modo que desaparecidos en el fondo de algún barranco madre e hijo quedó para siempre ignorado el lugar donde se halla el tesoro.


Se cree que, mucho tiempo después de que sucedieran estos hechos, un pastor cristiano encontró el tesoro por pura casualidad y, tras marcar convenientemente el terreno, fue a buscar ayuda a su pueblo para recuperarlo y trasladarlo en caballerías. Sin embargo, cuando el pastor regresó al lugar acompañado por varios de sus vecinos, no sólo había desaparecido de nuevo el tesoro, sino también los materiales y utensilios que había dejado como marca y señal.


Por eso, aún buscan por las cercanías de Cuevas de Cañart de cuando en cuando quienes conocen esta historia, con la esperanza de hallar el tesoro de la reina mora que se quedó viuda y huía con su hijo.

[Recogida oralmente.]

sábado, 20 de junio de 2020

209. EL TESORO DE EL CASTELLAR, CASTEJÓN DE VALDEJASA

209. EL TESORO DE EL CASTELLAR (SIGLO XV. CASTEJÓN DE VALDEJASA)

209. EL TESORO DE EL CASTELLAR (SIGLO XV. CASTEJÓN DE VALDEJASA)


Si todavía lo es hoy en algunos aspectos, antaño el curso del río Ebro constituyó un obstáculo difícil de salvar dados los medios técnicos existentes. Pasar de la orilla izquierda a la derecha con garantías de éxito era el principal reto planteado a los ejércitos cristianos, problema que no se solventó hasta que pudo ser reconquistada Zaragoza, ya en el siglo XII.

Lo que sí hicieron los reyes pamploneses y aragoneses fue levantar fortificaciones vigía en la orilla izquierda, como las de Milagro («mirador»), Valtierra, Arguedas, El Castellar o Jusliboldeus lo vol»), que se convirtieron en puntos estratégicos dentro del sistema ofensivo-defensivo.

El Castellar, además de su alto valor estratégico, tenía el añadido de su sal, tan importante hasta el siglo XIX, de modo que aun dentro del mundo cristiano originó disputas su pertenencia, como la protagonizada por el obispo pamplonés por tenerlo dentro de sus límites diocesanos.

Es en este contexto estratégico donde se debe ubicar, según la leyenda, la huida hacia el éxodo de los moros que no aceptaron la conversión propugnada por Fernando II de Aragón, (el católico) como ocurriera en Castilla, de modo que abandonaron sus casas de manera precipitada, dirigiéndose desde la morería de El Castellar hacia los montes de Castejón de Valdejasa, aprovechando las dificultades del terreno y la vegetación.

En su apresurada huidapensando en la llegada de mejores tiempos y, por lo tanto, en la posibilidad de volver a sus casas algún día—, por temor a que les fueran confiscados, escondieron varias arquetas repletas de morabetinos. E idearon un sistema cabalístico que sólo ellos conocían para esconder su tesoro y poderlo recuperar el día del regreso.

Pero la vuelta no tuvo lugar nunca y, aunque se ha encontrado alguna moneda suelta, el tesoro de El Castellar sigue oculto. Quizás las encinas y los quejigos más viejos tengan la clave; quizás esté en alguna pared derruida de ladrillo y teja árabe.

[Datos proporcionados por Xavier Abadía Sanz, de la Universidad de Zaragoza.]

domingo, 14 de junio de 2020

199. EL TESORO DE CAÑARDA, Castellote

199. EL TESORO DE CAÑARDA (SIGLO XII. CASTELLOTE)

CARLOS TEIXIDOR CADENAS, Castellote
CARLOS TEIXIDOR CADENAS, Castellote


Las poblaciones musulmanas de los alrededores habían ido cayendo una tras otra en manos de los cristianos, pero el golpe definitivo a estas tierras del Bajo Aragón lo asestó el rey Alfonso II, amparado en las Órdenes Militares: los musulmanes estaban siendo empujados hacia el Mediterráneo. En aquellas condiciones, la suerte de los moros de Castellote estaba echada, puesto que no cabía esperar ayuda ninguna.

Cuando los habitantes moros de Castellote tuvieron la certeza de que sus horas como dominadores estaban contadas, como ocurriera en tantas otras poblaciones, comenzaron a pensar en la huida, que no podía tomar otra dirección que la del reino musulmán de Valencia.

Como les era imposible llevarse encima todas las que habían sido sus pertenencias, y como, al fin y al cabo, pensaban que la gravedad de la situación podía atemperarse e incluso restablecerse la situación anterior, antes de salir de Castellote decidieron enterrar un valioso y gran tesoro en la montaña llamada de Cañarda, cerca del conocido «chorro de san Juan», junto a unas curiosas sepulturas antropomorfas abiertas en la piedra tosca. Allí lo encontrarían en el supuesto caso de que la situación mejorara y pudieran regresar.

Pusieron guardas vigilantes en todos los puntos dominantes de la zona para asegurarse que nadie podía ver dónde se escondía el tesoro, de manera que jamás ha sido encontrado por nadie. Como ellos tampoco pudieron regresar para recuperarlo, permanece oculto hasta hoy. Lo único que sabían o, mejor dicho intuían los mozárabes que esperaban la liberación era que se trataba de un tesoro de gran valor, tanto es así que la voz popular ha recogido esta apreciación en unos versos romanceados:

«Cañarda, Cañardón,
hay más oro en la garrocha de Cañarda
que vale todo Aragón».

[Recogida oralmente.]

197. EL TESORO ESCONDIDO DE ALÍ MOHAL

197. EL TESORO ESCONDIDO DE ALÍ MOHAL (SIGLO XI. MONREAL DEL CAMPO)
 
Tras arduos y sucesivos intentos, Rodrigo Díaz se apoderó, por fin, de Valencia. La población musulmana pudo permanecer en sus casas, pero el Cid gravó a estas comunidades con ingentes impuestos y, en muchas ocasiones, tuvieron problemas para reunir el dinero. El ex rey valenciano Alcadir era uno de los que tenían dificultades para pagar su cuota, de manera que acudió a solicitar ayuda a un rico moro llamado Alí Mohal. Pero éste, un verdadero usurero, no estaba dispuesto a prestar un dinero que consideraba de difícil recuperación, así es que cargó sus inmensos tesoros en un número interminable de mulas y salió huyendo hacia el interior del país.
 
Llegó Alí Mohal a Segorbe, donde el tributo a pagar por su señor se estipulaba en seis mil dinares. Por
miedo a ser requerido para otro préstamo, también huyó. En Jérica, la cantidad debida ascendía a tres mil dinares, que tampoco estaba dispuesto a adelantar, y prosiguió, por lo tanto, su camino. En Albarracín, el tributo todavía era más elevado, así es que ni se detuvo. En ese constante deambular, Alí Mohal se dirigió al amplio valle del Jiloca hasta encontrar, en las cercanías de Monreal, un lugar que estimó seguro para guardar su inmenso tesoro. Se trataba de una cueva, la que hoy se conoce como «El Caño del Gato» o,
mejor, «La Gruta del Gato». Invirtió bastante dinero, aunque, en realidad, era una parte ínfima de su riqueza para adecuar y adecentar la cueva, disimulando perfectamente la entrada para que pasara inadvertida.

197. EL TESORO ESCONDIDO DE ALÍ MOHAL (SIGLO XI. MONREAL DEL CAMPO)
 
Alí Mohal convirtió la oquedad en una magnífica vivienda, en la que se encerró con al menos doce esposas, todas ellas bonitas y jóvenes, que fue sumando a su harén en cada población visitada. En las largas horas de espera, para mejor disimular sus tesoros, los introdujo en sacos cosidos con pieles de gato.

Un día, Alí Mohal fue descubierto cabalgando por la comarca y, a toda prisa, se escondió en su cueva
palacio. Para mayor seguridad, decidió tapiar la entrada, pero provocó un movimiento de rocas, de modo que el desprendimiento cerró por completo el acceso, enterrando para siempre al usurero. Por eso generaciones de ayer y de hoy han buscado el tesoro, pero sólo han hallado huesos humanos y restos de bolsas de piel.

[Datos proporcionados como «El Caño del Gato», por Ángel Fuertes, Miguel A. Sánchez, Ángel Villava y
Alberto Villar. Colegio «Ntra. Sra. del Pilar». Monreal del Campo.]

lunes, 22 de junio de 2020

230. EL TESORO ESCONDIDO DE MUSTAFÁ

230. EL TESORO ESCONDIDO DE MUSTAFÁ (SIGLO XII. MONREAL DEL CAMPO)
 
230. EL TESORO ESCONDIDO DE MUSTAFÁ (SIGLO XII. MONREAL DEL CAMPO)
 
 
El empuje de las tropas cristianas amenazaba con apoderarse de las tierras turolenses donde está enraizada la actual población de Monreal. El entonces alcaide moro de este enclave —que en realidad era un alquimista que pasó gran parte de su vida intentando hallar, como tantos otros, la piedra filosofal— vivía completamente solo y la gente murmuraba que lo que en realidad hacía era amasar oro en grandes cantidades para enterrarlo, en previsión de lo que parecía avecinarse, pues las noticias que llegaban desde la frontera no eran nada halagüeñas.
 
Todos los días, Mustafá recorría pausadamente con su caballo el camino que le llevaba a un abrevadero de aguas limpias situado en las afueras de Monreal, en el que gustaba refrescarse y dar de beber al animal. Mas sus convecinos moros pudieron observar cómo detrás del abrevadero había una loma que, aunque de manera imperceptible, iba creciendo de volumen poco a poco.

El hecho cierto, en efecto, era que Mustafá se valía de una piel de toro para ir transportando oro a la loma donde lo enterraba y cubría diariamente para que no fuera descubierto.
 
No tardó mucho el día en el que las tropas cristianas, tras una pelea muy disputada, se apoderaron de
Monreal. El ex-alcaide Mustafá no huyó al exilio, como hicieron muchos de sus correligionarios, sino que decidió permanecer en su casa, acogiéndose a la legislación que los reyes aragoneses dispusieron para amparar a los mudéjares. Por supuesto, como la vuelta al pasado parecía imposible de momento, tanto Mustafá como sus correligionarios jamás hablaron ni revelaron nada acerca de la existencia del montículo, esperando que llegaran tiempos mejores.
 
No es de extrañar, por lo tanto, que en Monreal se oiga de cuando en cuando cantar una jota que dice:
«De brillantes, plata y oro
hay un entierro en Monreal,
el de la «Guasa del Moro»,
que sólo es un pedregal».
 
[Datos proporcionados por Pablo Marco, José Martínez, Luis Moreno y Jesús Valenzuela. Colegio de «Ntra. Sra. del Pilar». Monreal del Campo.]

viernes, 3 de mayo de 2019

LA HUIDA DE UNA REINA TAIFAL

2.42. LA HUIDA DE UNA REINA TAIFAL (SIGLO XI. GALLUR)
 
Con la llegada de los musulmanes al valle del Ebro, la caída de Zaragoza —Sarakusta desde entonces— provocó la toma rápida de todas las poblaciones de su entorno, entre ellas Gallur. El cambio de administración supuso la islamización de la mayor parte de sus habitantes, aunque algunos continuaron fieles a su religión cristiana: eran los mozárabes.

Cuando en el siglo XI el Califato cordobés se fraccionó en multitud de reinos taifales —pequeños feudos regidos por reyes propios, entre los que destacaron los de Sevilla, Badajoz, Toledo o Zaragoza—, Gallur formó parte de esta constelación y, desde su atalaya, dominó un pequeño territorio integrado por siete poblaciones. Era de los pocos, quizás el único, de los reinos de taifa gobernado por una mujer.

La vida de la mayor parte de estos pequeños feudos musulmanes fue efímera, bien por ser absorbidos por otros más poderosos, como el de Sarakusta, bien por sucumbir a manos de los ejércitos cristianos.
Lo cierto es que el reino de Gallur se derrumbó en la práctica sin oposición. Bastó tan sólo para ello que los asaltantes cristianos superaran las barreras artificiales que defendían a la población por el sur y el este.

Por el norte, el asalto era casi imposible, puesto que existía la doble defensa natural del río Ebro y de la cantera. Ante aquel ataque, la reina, que iba acompañada por varios de sus súbditos —cargados con armas, enseres y tesoros— se dirigió a la entrada de un enorme pasadizo, de más de seiscientos metros de longitud, que iba a parar a la cantera y al río, en la parte norte, desde donde se podía huir. Era
lo que se conoce como «caño de los moros». Pero lo cierto es nunca llegaron a la salida, pues un accidente les debió dejar atrapados en las entrañas de la tierra junto con tan extraordinario botín.
 
Durante siglos, al eco de esta noticia, han sido muchos los que han tratado de profundizar en el «caño de los moros», pero nadie ha podido dar con el tesoro que la reina pretendía llevarse.

[Datos proporcionados por J. Ramón Belsué, José A. Navarro y Agustín Sierra, Instituto de Bachillerato de Borja.]
 
caño de los moros, tesoro, reina mora, taifas, Gallur
 
 
 
https://www.aragon.es/estaticos/GobiernoAragon/Departamentos/PoliticaTerritorialJusticiaInterior/Documentos/docs/Areas/Informaci%C3%B3n%20territorial/Publicaciones/Coleccion_Territorio/Comarca_Ribera_Alta_del_Ebro/DOCUMENTOS_BLOQUE_III._DE_LAS_ARTES._6.pdf
 
 

domingo, 12 de julio de 2020

CAPÍTULO XXIX. Granada, reliquias

CAPÍTULO XXIX.

Descúbrense en el monte Santo de Granada las reliquias y libros de san Tesifonte y de otros santos discípulos del apóstol Santiago.

El principio a esta santa invención lo dio Sebastián López, natural de la villa de Torres, en el obispado de Jaén. Buscaba este buen hombre un tesoro, y tenía noticia que, cuando se perdió España, en el reino de Granada, en un cerro pelado que tenía piedras azules, se cerró una mina de oro, y que había dentro de ella muchos aposentos, y tenía la boca a la parte de poniente. Jamás se supo quien dio a este hombre esta noticia o receta; e hizo todo lo posible para hallar lo que buscaba, sin dejar cerro alguno que no andase ni mirase buscando piedras azules, que era el primer señal que en el cerro había de hallar.
Con esta ansia llegó a Granada, y dióse a buscar su mina por los cerros más cercanos a la ciudad.
Antes de proseguir este suceso, es de advertir que en el lugar donde está fabricada la iglesia catedral de Granada, para proseguir aquel suntuoso edificio fue necesario derribar una torre antigua: llegando ya a la mitad de ella, un viernes a 18 de marzo, víspera de san José, 1588, con la tierra cayó en el suelo una caja de plomo, no muy grande, pero bien cerrada; acudieron a ella los oficiales, alegando cada uno el derecho que a la caja tenía, pensando que era algún tesoro; llevaron al fin la caja al arzobispo de aquella ciudad, que era don Juan Méndez; abriéronla y hallaron dentro un hueso y un pergamino escrito, parte en lengua y letra castellana, y lo más en lengua y letra arábiga, y es una profecía de san Juan Evangelista, una relación árabe, en que refiere san Cecilio, primer obispo de Granada, un viaje que hizo a la ciudad de Atenas, donde dice que hubo de san Dionisio Areopagita esta profecía, medio paño de aquel con que la Virgen nuestra señora se enjugó las lágrimas en la pasión de su hijo, nuestro señor, y un hueso de san Estévan, primer mártir. Está la profecía en letra y lengua castellana, como la hablamos el día de hoy: son las letras coloradas y negras, puestas cada una alternativamente en unas casillas como de ajedrez, duplicando algunas y poniendo en medio otras letras griegas, y al fin de todo está el evangelio de san Juan como el que oímos al fin de la misa, y una firma al cabo, ni bien latina, ni del todo arábiga, pero entiéndese que dice Cecilio, obispo de Granada; y después de todo esto, está una memoria que declara todo lo que queda dicho, y dice de esta manera:

RELATIO PATRICII SACERDOTIS.

Servus Dei Cecilius, Episcopus Granatensis, cum in Iberia esset, et cum videret dierum suorum finem, occulte mihi dixit, se habere pro certo suum martirium appropinquare, et utpote ille qui in die amabat, thesaurum suorum reliquiarum mihi commendavit, et me admonuit ut occulte haberem et in loco locarem, ubi in potentiam maurorum nunquam veniret, affirmans esse thesaurum salutis, atque scientiae certae, et plurimum laborasse et iter *fecime terra marique, et debere esse in occulto loco donec Deus vellet illud manifestare; et ego melius quam intellexi in loco clausi ubi jacet, Deum rogans ut eum observet.
Et reliquiae quae hic jacent sunt: Prophetia divi Joannis Evangelistae circa finem mundi; medius pannus quo Virgo Maria abstersit ab occulis lacrimas in passione sui Filii sacrati; os divi Stephani primi martiris.
Deo gratias.

El dicho arzobispo recogió todo esto y lo veneró como reliquias: murió aquel prelado, y se quedó de esta manera; y el sucesor, que fue don Pedro de Castro y Quiñones, no trató de ello, hasta que le obligó la correspondencia de lo que se halló en el monte buscando el tesoro.
Continuaba, pues, Sebastián López en visitar los cerros vecinos de la ciudad de Granada, que no son pocos: día de Todos Santos del año 1594 subió al cerro que llamaban Val-Paraíso y hoy Monte Santo, y allá halló una piedra que le pareció que tenía oro, y margarita la llaman los afinadores. De esta piedra tomó motivo para cavar, y lo continuó por algunos días, y descubrió tres bocas de cuevas que mostraban serlo, en que la tierra con que estaban llenas era movediza y puesta a mano: buscó ayuda, porque solo no podía continuar la empresa, y porque se iban descubriendo diversos caminos y ramos en aquella cueva, y en uno de ellos, en el mes de marzo del año 1595, hallaron una lámina de plomo con algunos renglones, escrita con letras extraordinarias e inusitadas, nunca vistas ni leídas en inscripciones ni monedas antiguas. Buscaron quien la leyese, y no hallaron nadie hasta que la llevaron al colegio de la Compañía de Jesús, y un padre de ella la leyó y halló que decía: Corpus ustum divi Mesitonis, martiris. Passus est sub Neronis imperatoris potentatu. Fueron continuando en cavar aquellas cavernas, y en diferentes días hallaron otras láminas de la misma letra latina y ortografía, y en todas tres estaban dobladas las letras hacia dentro, como que las hubiesen doblado para así mejor guardar y conservar las letras. Decía, pues, la una de estas dos últimas láminas de esta manera:
Anno secundo Neronis imperii, Marcii kalendis, passus fuit martirium in hoc Illipulitano, electus ad hunc effectum, sanctus Hischius, apostoli Jacobi discipulus, cum suis discipulis Turilo, Panuncio, Maronio, Centulio, per medium ignem, in quo vivi ambusti fuerunt; aeternam vitam transivere; ut lapides in calcem conversi fuerunt; quorum pulveres in hujus sacri montis cavernis jacent, qui, ut ratio postulat, in eorum memoriam veneretur.
La otra lámina decía.
Anno secundo Neronis imperii, kalendis aprilis, passus est martirium in hoc Illipulita....us Ctesiphon, dictus, priusquam converteretur, Abenatar, divi Jacobi apostoli discipulus, vir litteris et sanctitate praeditus, qui plumbi tabulis scripsit librum illum, Fundamentum Ecllesiae apellatum; et simul passi sunt sui discipuli divus Maximinus et Luparius, quorum pulvis et libri sunt cum pulveribus divorum martirum in hujus sacri mont … cavernis. In eorum memoriam venerentur.

Prosiguióse en abrir y vaciar las dichas cavernas, como dicho, y hallaron en una de ellas, como mazmorra, entre cenizas, tierra y carbones, una cabeza o calavera de hombre, y una pierna y pie y otros huesos, y muchos de ellos medio quemados; y la mazmorra también quemada y abrasadas las paredes, que parece claramente que el fuego se hizo allá dentro y fueron quemados allí. Fueron cavando más adelante y vaciando la tierra, y descubrieron otra caverna hecha a mano como horno, y estaba también quemada y abrasada, y rajadas las piedras, paredes y el techo como si hubiera habido calera allí con poderoso fuego, y allí hallaron muchas cenizas, carbones y pedazos como de cal, y una masa blanca muy liviana, tiznada y mezclada con carbones, que tendría de bulto como dos fanegas, la cual, examinada por oficiales, son huesos quemados, mezclados con cenizas y piedras que se quemaron entonces; y esto parece que corresponde a la lámina de san Hisquio, donde dice que él y sus cuatro discípulos fueron quemados vivos, y vueltos en cal como piedras.
A 22 de abril del mismo año 1595, se halló el libro que dice la una lámina: está metido en una caja o cubierta de plomo; en el suelo de ella, por la parte de dentro, tiene escrito de la misma letra antigua este letrero.

LIBER FUNDAMENTI ECCLESIAE SALOMONIS CARACTERIBUS SCRIPTUS.

A 25 del dicho mes y año se halló en otra caverna otro libro, escrito en tablas de plomo, metido en una caja o cubierta de plomo: y en esta cubierta, por la parte de dentro, en el suelo de ella, está escrito, con la misma forma de letras y caracteres que las dichas láminas, esto:
Liber De Essentia Dei, quem Divus Cthesipon, apostoli Jacobi discipulus, in sua naturali lingua arabica, Salomonis caracteribus scripsit; et alius, Fundamentum Ecllesiae appellatus, qui in hujus sacri cavernis montis jacet. Deus * Nerone Imperatore hos duos liberet libros. Imposuit finem hic mr. suis operibus, scribens miracula et vitae …. itatem sui magistri …. vi in hujus sacri montis ca.... est....
Lo que falta no se puede leer, por estar muy gastadas las letras. Además de esto, cavando en las cavernas de dicho monte, se hallaron otros diez y seis o diez y siete libros en hojas de plomo y en lengua árabe, y uno de ellos no se entiende en qué letras está; y en uno de ellos se halla como san Tesifonte y Cecilio eran hermanos, naturales de Arabia, y, como tengo ya dicho, el uno había nacido ciego, y mudo el otro (no me grites que no te veo!), y que Cristo nuestro señor les había dado la vista y habla y les encomendó al apóstol Santiago, y así, por ser árabes, escribieron aquellos libros en arábigo.
Esto es lo que pasó en la invencion de las reliquias de san Tesifonte y sus compañeros: las diligencias y averiguaciones que se hicieron sobre la verdad de ellas, y las dificultades que se ofrecieron a algunos, refieren el doctor Gregorio López de Madera en sus discursos que hace de la certidumbre de estas reliquias, y don Castellá Mauro Ferrer en su historia del apóstol Santiago. Y así, las dejo, y solo traigo en él capítulo siguiente la sentencia que dio sobre esto el arzobispo de Granada, con que se quita y da solución a las dificultades que pueden ofrecerse sobre esta dichosa invencion.

sábado, 20 de junio de 2020

207. EL TESORO DE LA MORA DE SIRESA

207. EL TESORO DE LA MORA DE SIRESA (SIGLOS XIV-XV. SIRESA)
 
EL TESORO DE LA MORA DE SIRESA


En uno de los frondosos bosques cercanos al pueblo de Siresa, en el mismo corazón del Pirineo, vivía totalmente apartada y escondida del resto del mundo una mora cuya ilimitada codicia le había llevado a atesorar un importante número de objetos religiosos, entre los que destacaban varios cálices y cruces de oro. Nadie sabía a ciencia cierta dónde estaba el escondite de tanta riqueza acumulada, pues la enigmática mora era muy celosa con sus joyas y nunca se había delatado.

Ocurrió que cierto día un pastor de Siresa que, tras haber dejado a buen recaudo a sus ovejas, regresaba cansado a su casa, encontró perdido en medio del monte un precioso y valioso cáliz. Feliz por el inesperado y bonito hallazgo, metió la copa en su zurrón y se apresuró a llevarlo al pueblo dispuesto a contar a sus convecinos lo que le había sucedido.

Cuando estaba ya muy próximo al monasterio de San Pedro de Siresa, el pastor sintió una presencia que lo perseguía a una cierta distancia, así es que apresuró el paso y fue a refugiarse a toda prisa dentro de la iglesia del cenobio entre cuyas paredes se sintió a salvo.

Y así era realmente, pues quien lo perseguía no era otra que la mora solitaria, quien no podía entrar en el templo por ser recinto sagrado, lo cual significaba perder el cáliz. Esta situación le contrarió de tal manera que, convertida en una tremenda serpiente, dio un coletazo en el banco de piedra de la entrada al templo. Tan tremendo fue el golpe que su huella quedó grabada para siempre.

[Gari, Ángel, La tradición pagana..., págs. 36-37.]

El de San Pedro de Siresa, fechado en el año 833, es probablemente uno de los primeros monasterios de Aragón. Del mismo solamente se conserva la iglesia de San Pedro, de planta de cruz latina con un único ábside semicircular muy profundo en la cabecera, el crucero y una nave de tres tramos con tribuna a los pies.

Se cree que fue una abadía carolingia, cuya primera noticia documental data de 808-821, la copia de un diploma en el que se habla de la fundación de un cenobio por el Conde aragonés Galindo Garcés, tras una donación de terrenos.

Según la leyenda, en un hueco abierto en el ábside se encontró el Santo Grial que custodió entre los años 815 y 831 y que se supone que también se albergó en el monasterio de San Juan de la Peña, la cueva de Yebra de Basa, la iglesia de San Adrián de Sasabe, San Pedro de la Sede Real de Bailo, o la Catedral de Jaca...

En el 848, San Eulogio de Córdoba visitó el monasterio, quedando impresionado por el número de monjes que lo habitaban y la rica biblioteca, que incluso le regaló ejemplares para la escuela de San Zoilo de Córdoba. El edificio actual se considera iniciado en el siglo XI, siendo el viejo monasterio de San Pedro un edificio románico, construido en 1082 a raíz de una supuesta reforma agustiniana de la abadía. En esa fecha, el Rey Sancho Ramírez le concedió el título de Capilla Real e introdujo en ella Canónigos Regulares, reservándose la presidencia del monasterio que delegó en su hermana, la Condesa Doña Sancha. Bajo su tutela se educó en Sirena su sobrino, Alfonso I El Batallador.
Adscrita a la Catedral de Jaca en 1145, en 1252 se encontraba en ruinas y así, en el siglo XIII se llevó a cabo una restauración; en la fábrica original se empleó piedra caliza en hilada bien dispuestas, mientras que la segunda es de mampostería y tosca. En 1345, el padre Huesca refiere un incendio en el que perecieron ornamentos, alhajas y libros litúrgicos.


San Pedro de Siresa

Durante el siglo XX se realizaron varias restauraciones y remodelaciones, siendo en 1991 cuando se realizan excavaciones arqueológicas en las que se descubrió una estructura de tres naves con cabecera cuadrangular. Entre 1989 y 1991 el Gobierno de Aragón promovió una restauración en cuatro fases que afecto a la práctica totalidad del edificio.

Declarada Monumento histórico artístico en 1931, el Gobierno de Aragón completa en 2002 la declaración originaria de Bien de Interés Cultural de la Iglesia del Monasterio de San Pedro de Siresa.
Mobiliario:

Encontraremos retablos góticos, pintados en el siglo XV entre ellos dos tablas laterales y una predela robados por la banda de Erik “el belga” y recuperados. También encontraremos una bella imagen de la Virgen, románica del siglo XIII y un Cristo de la misma época. Éste se halló el 6 de julio de 1995, enterrado bajo la mesa altar. La imagen de San Pedro que preside la iglesia, es del siglo XVII y procede de la Catedral de Jaca.

martes, 23 de junio de 2020

EL BRAZO DEL APÓSTOL SAN PEDRO, EN SIRESA

7.5. LAS RELIQUIAS

319. EL BRAZO DEL APÓSTOL SAN PEDRO, EN SIRESA
(SIGLO X. SIRESA)

EL BRAZO DEL APÓSTOL SAN PEDRO, EN SIRESA


El rey Sancho Garcés estuvo a punto de morir a causa de una larga y penosa enfermedad, a pesar de haber puesto en práctica todos los medios curativos que los físicos tenían entonces a su alcance.
Como no encontraba remedio a sus males, decidió acudir a la protección del apóstol san Pedro, cuyo brazo se veneraba en el monasterio de Siresa. El resultado fue milagroso, pues don Sancho sanó y pudo regresar a palacio.

Mientras convalecía en el cenobio, su abad contó al rey cómo había ido a parar allí reliquia tan preciada. Según palabras del abad, san Leandro, obispo de Sevilla, quiso que Hispania tuviera una reliquia del apóstol san Pedro, y envió a Roma una comisión que encabezó Ciriaco, a la sazón obispo de Zaragoza y amigo del entonces pontífice san Gregorio.

En principio, el Papa negó el beneficio, pero la tozuda insistencia de Ciriaco hizo que aquél lo consultase con Dios por medio de un ayuno de tres días, aunque no fue necesario esperar a que el plazo se cumpliera, puesto que tras el primer día de ayuno el propio san Pedro se le apareció al pontífice y le dijo que fuese a su sepulcro, en el que hallaría, separada de las demás, la reliquia que debería entregar al obispo zaragozano. Así fue como le entregó uno de los brazos del Apóstol, que fue colocado cuidadosamente en un precioso relicario de oro y traído a Hispania.

Tras largo viaje, Ciriaco regresó a su sede con tan preciado tesoro y conoció la noticia de la muerte de san Leandro, por lo que resolvió dejar la reliquia en Zaragoza. Falleció también Ciriaco y el brazo del apóstol san Pedro, un auténtico tesoro, continuó en la ciudad del Ebro hasta días antes de la invasión musulmana, a comienzos del siglo VIII, cuando los cristianos zaragozanos acordaron poner a salvo todas las reliquias y ornamentos, muchos de los cuales fueron a parar al monasterio de San Pedro de Siresa.

Sancho Garcés, antes de abandonar Siresa, agradecido por la curación de que había sido objeto, hizo donación de la villa de Usón al cenobio, cuando corría el año 923.

[Olivera, G., «Reyes de Aragón. Sancho Garcés», Linajes de Aragón, II (1911), 4.]

Sancho Abarca

JAIME I DONA UNA ESPINA DE LA CORONA DE CRISTO AL MONASTERIO DE SAMPER

322. JAIME I DONA UNA ESPINA DE LA CORONA DE CRISTO AL MONASTERIO DE SAMPER (SIGLO XIII. SAMPER DEL SALZ)

JAIME I DONA UNA ESPINA DE LA CORONA DE CRISTO AL MONASTERIO DE SAMPER (SIGLO XIII. SAMPER DEL SALZ)

Fue hecho común y muy generalizado en toda la cristiandad occidental el afán por hacerse con reliquias (objetos, pertenencias e incluso miembros o partes del cuerpo) de aquellas personas que se habían distinguido en vida por sus virtudes piadosas o por haber sufrido por defender la fe. Cuanta mayor significación tuvieron para la comunidad más importante eran como testimonio, por eso se apreciaban y valoraban más aquellas que provenían del propio Jesús, de la Virgen María, de alguno de los doce apóstoles, de algún mártir especialmente famoso o de los santos más señeros de la Iglesia.

Los monasterios y las iglesias —e incluso muchos particulares para guardarlos en sus propios oratorios privados— rivalizaron entre sí de las maneras más diversas e inverosímiles por adquirir y conservar en hermosos relicarios, que a veces eran auténticas obras de arte orfebre, aquellos verdaderos tesoros propiciados por la fe.

Dentro de este contexto, no podía ser menos que los demás el monasterio cisterciense de Samper del Salz, al que parece que el propio abad Guillermo, cuando llegó hasta aquí dispuesto a fundarlo, entregó al tesoro monástico una espina de la corona que ciñera la cabeza de Cristo.

Sin embargo, una tradición popular muy extendida por la comarca cuenta que eso no fue exactamente así, sino que la sagrada reliquia —un verdadero tesoro de acuerdo con la escala valorativa de los relicarios— fue una donación personal del rey Jaime I el Conquistador a los monjes bernardos para que la depositaran en el monasterio de Samper, lo cual nada tendría de extraño conociendo la afición e inclinación que el conquistador de Valencia tenía, aparte de por la Virgen María, por las reliquias de todo tipo, y él, en su calidad de rey, estaba en condiciones de lograr para los suyos reliquias importantes, como la que hizo depositar en el monasterio cisterciense de Samper.

[Bernal, José, Tradiciones..., págs. 55-56.]

lunes, 30 de agosto de 2021

BARTOMEU FERRÁ PERELLÓ. LA RONDALLA DELS TRES HOSTES. VENTADA. DEU CASTIGA. IGNORANCIA

BARTOMEU FERRA

(Ferrá, la à encara no la escribíen à).

Bartomeu Ferrá y Perelló (wikitroles cat)


Ans
que tot se doná a conexer per ses poesies satíriques y cuadros de
costums mallorquines, y mes per algunes comedies, com Els calsons de
mestre Lluch y Contes 
vells,
barallas noves. Aprés escrigué composicions séries y conseguí que
fos mencionada en los Jochs florals de Barcelona de 1869, la
titolada: Ensòmnis é remembrançes, y en los de 1870 y 1871,
obtingueren lo segon accéssit el romanç, Les minyonetes de Son
Cigala y La rondalla dels tres hostes. Ha publicat totes ses poesies
en un volúm in 4.° estampat p'en Felip Guasp l'any 1872. Naxqué lo
dia 3 d'octubre de 1843.

http://www.enciclopedia.cat/ec-gec-0026585.xml



LA RONDALLA DELS TRES
HOSTES.


(A
na Marieta Rosselló y Zavaleta.)





Açò
era y no era,


Fa
temps enrera,


Una
donzella, filla


Del
rey d'un'illa.


Fada
ne fou sa mare,


Mas,
no viu ara.


Dins
lo castell tot' hora


Plora
que plora,


Broydant
prop de sa dida


Molt
esmarrida,


Que
'l rey no vol que surta


A
cullir murta.





Lo
rey les hores passa


Cassa
que cassa


Per
entre boschs d'alzines


Sonant
botzines.





LOS
TRES PEREGRINOS. (Huéspedes)


(A
María Rosselló y Zavaleta.)


Érase
que se era (28): allá en tiempos añejos hubo una doncella hija del
rey de una isla. Hada fue su madre, mas ya no existe: y la doncella
vive apenada y triste en el castillo, bordando con primor junto a su
nodriza, y llora que llora porque su padre no quiere que salga a
coger mirto.


Pasando
está el rey las horas caza que caza, con sus trompas ensordeciendo
las selvas y los






Sa filla 'l veya corre


De
dalt la torre,


Y
méntres que corria


La
nit venia;


Per
devallá a la sala


Baxa
l'escala,


Quant
òu lo cant en l'ayre


D'un
bon trobayre.





-
Dama de la finestra,


Per
un sol vespre


Vullau
darme posada;


Y
la vetlada


Vos
cantaré les gloses


De
les set roses.


-
Bé pot pujar sens triga;


Ben
vingut siga!


Mon
pare alberch no nega


A
qui me prega,


Si
bé no vol que surta


A
cullir murta. -



Lo
jovencell li parla


Jurant
aymarla;


L'escolta
la donzella


Tornant
vermella.


-
¿Quín present me fariau


Si
ab mí 'us uniau?


-
Mon arpa del sò lliure,


Que
fa reviure.





encinares. La hija sigue
al padre, desde el torreón más alto, con melancólica mirada, y así
ve adelantarse la noche. Mas, al bajar a la sala del castillo por el
caracol estrecho, oye resonar en el aire el canto de un trovador.


-
Niña, la mi niña, que al mirador te asomas, dice, dígnate
hospedarme por una sola noche en el castillo, y te cantaré en la
velada, si te place, el tierno romance de las siete rosas.

-
Seáis el bien venido! Entre sin tardanza el trovador: mi
padre no rehúsa el albergue a q
uien
de mí lo implora, aunque salir no me deja a coger mirto.

El
doncel la habla de amor, y amor la jura; la doncella le oye
poniéndose encarnada.


-
Dime, ¿qué presente me harías si te unieses a mí?


-
Mi laúd te diera de libres acordes, mi laúd que vuelve los
corazones a la vida.






- Trobayre, aquexa
hisenda


Trau
poca renda.


-
Dama, prou vos valdria


Esta
arpa mia. -





Lo
rey parteix sens patge


Al
hermitatge;


Cada
any hi va una volta


A
fer l' absolta,


Hont
s'esposa estimada


Es
soterrada.


Del
mirador, sa filla


Esguardant
l' illa,


Veu
que una nau lleugera



a la ribera,


Y
un mariner ne corre


Cap
a la torre.





-
Dama de la finestra,


Per
un sol vespre


Vullau
darme hospedatge;


Y
mon vïatge


Vos
contaré, si agrada,


Exa
vetlada.


-
Bé pot pujar sens triga;


Ben
vingut siga!


Mon
pare alberch no nega


A
qui me prega,


Si
bé no vol que surta


A
cullir murta. -





- Escaso es tu don: poco
produce, trovador, tu hacienda.


-
Mi laúd, niña, no tiene precio: con él tendrías un tesoro ! -


El
rey, sin paje que le acompañe, se dirige a la ermita. Va una vez
cada año a orar por su amada esposa sobre la misma tierra que la
cubre.


Contemplando
la tierna doncella desde la ventana su adorada isla, ve una ligera
nave que llega a la playa y un marinero que corre hacia el castillo.


-
Niña, la mi niña, que al mirador te asomas, dígnate hospedarme por
una sola noche en el castillo y te contaré, si te place, en la
velada mi viaje y mis aventuras.


-
Seáis el bien venido! Suba el marinero sin tardanza: mi padre no
rehúsa el albergue a quien de mí lo implora, aunque salir no me
deja a coger mirto.






Lo mariner li parla


Jurant
aymarla;


L'escolta
la donzella


Tornant
vermella.


-
¿Quín present me fariau


Si
ab mi 'us uniau?


-
Ma nau que 'l mar navega


'Xi
com llampega.


-
Mariner, exa hisenda


Trau
poca renda.


-
Dama, prou vos valdria


Exa
nau mia. -





Lo
rey parteix y als pobres



bones obres,


Que
sa vila ha esfondrada


La
torrentada.


De
lo castell dins l'horta


S'obri
una porta;


Un
mercader la passa


Y
entra a la plassa.


La
donzella cosia,


Dins
gelosía


De
daurades esquerdes,


Percintes
verdes.





-
Dama de la finestra


Per
un sol vespre,


De
que romanga 'us placia;


Jo
'us deman gracia





El marinero le habla de
amor, y amor la jura; la doncella le oye poniéndose encarnada.


-
Dime, ¿qué presente me harías si te unieses a mí?


-
Mi nave te diera, niña; mi nave que cruza el mar como el relámpago.


-
Escaso es tu don: poco produce, marinero, tu hacienda.


-
Mi nave no tiene precio: con ella tendrías un tesoro ! -


El
rey parte a dar amparo a los pobres cuyos hogares arrastraron las
avenidas. En el jardín ábrese una puerta y entra un mercader en el
patio del castillo. La doncella, detrás de una celosía de dorados
traveseros, bordando estaba un verde ceñidor.


-
Niña, la mi niña, que al mirador te asomas, dígnate hospedarme
por una sola noche en






Per mostrarvos alhaques
(alhajes)


Riques
y maques. (majes)


-
Bé pot pujar sens triga;


Ben
vingut siga!


Mon
pare alberch no nega


A
qui me prega,


Si
bé no vol que surta


A
cullir murta. -



Lo
mercader li parla


Jurant
aymarla;


L'escolta
la donzella


Tornant
vermella.


-
¿Quín present me fariau


Si
ab mi 'us uniau?


-
Lo mirall de l'ausencia


Que
fou ma herencia.


-
Oh! mercader, ta hisenda


Val
poca renda.


-
Dama, prou vos valdria


La
joya mia. -





Cada
hoste vá y s'afanya,


A
terra estranya,


Pensant
sempre en la filla


Del
rey de l'illa,


Quí
plena d'anyorança


N'ha
fet mudança.


Als
tres hostes somia


De
nit y dia.





el castillo y te enseñaré
las ricas y hermosas joyas que traigo.


-
Seáis el bien venido! Suba sin tardanza el mercader: mi padre no
rehúsa dar albergue a quien de mí lo implora, aunque no me deja
salir a coger mirto. -


El
mercader la habla de amor, y amor la jura; le oye la doncella
poniéndose encarnada.


Dime,
¿qué presente me harías si te unieses a mí?


-
Daríate todo cuanto heredé; daríate el espejo de la ausencia.


-
Escaso es tu don: poco produce, mercader, tu hacienda.


-
Niña, la alhaja no tiene precio, ella es un tesoro.


Los
tres siguiendo su destino, van a tierras extrañas; pero los tres
piensan siempre en la hija del rey, que palidece y se marchita en la
tristeza. Noche y dia suena en los viajeros, y alejada de su
semblante la sonrisa, vive doliente y llorosa; inútil es ya que la
permitan salir a coger mirto.





No va pus delitosa,


Sino
plorosa,


Y
es per demés que surta


A
cullir murta.





Qué
'n direm! que 'ls tres hostes,


Baix
d'unes costes,


Un
bell jorn comparexen


Y
se conexen.


Lo
mercader repara


Y
veu ben clara


Al
mirall, la donzella,


Per
maravella,


Del
tot esblanquehida


Que
pert sa vida.


Als
companys ho fá veure;


No
'l volen creure.





Qué
'n direm! que 'l paratje


N'era
una platje,


Y
'l mariner deslliga


Sa
nau, sens triga.


-
Anem! d'aquí a una estona,


Ona
per ona,


A
l' illa desitjada


N'haurá
arribada. -


Los
dos companys s'hi juntan


Y
a la nau muntan.


Y
ala, avant! sense teme'


Rema
que rema.





¡Quién lo creyera! En
un hermoso día se encontraron y conociéronse los tres caminantes al
pie de una montaña. El mercader reparó en el espejo de la ausencia
la imagen de la doncella, pálida y sin colores, como si fuese a
extinguírsele la vida: los compañeros la ven agonizar y no
quisieran creerlo.


¡Quién
lo creyera! aquel sitio era una playa; el marinero desató rápido la
nave: todos se unen y saltan al batel. - Partamos, y pronto de ola en
ola llegaremos a la isla deseada.- Y boga que boga avanzaron sin
temor.





Qué 'n direm! que a la
roca


De
l'illa toca.


Ja
pujan la dressera;


Mas,
¿qué 'ls espera?


Tantost
lo pont s'acala,


Van
a la sala,


Y
arribant a la porta


Senten:
- ¡Ja's morta!... -


Llavors,
de lo trobayre,


L'arpa
mou l'ayre;


Y
al punt, per maravella


Viu
la donzella.


___



Are,
els quí ohiu la glosa,


Digau:
¿quín sia


Dels
tres que merexia


Ferne
sa esposa?


Lo
mirall diu sens falta


Que
está malalta;.


La
nau s'hi ha tramesa


Per
'vinentesa,


Y
l' harpa del só lliure


La
fá reviure.

_____



Buena fortuna! ya abordan
a la ribera, suben por el atajo, se baja el puente del castillo,
llegan a la sala y oyen exclamar: - ¡Ha muerto! - Al instante el
trovador hace vibrar el aire con los acordes de su laúd y vuelve por
milagro a la vida la hermosa doncella.
____


Los
que habéis oído mi canto, decidme, ¿cuál de los tres peregrinos
merecía desposarse con la hija del rey? El espejo reveló que estaba
enferma y moribunda, rápida la nave hendió las aguas volando a su
socorro, y el arpa de las libres armonías devolvió los latidos al
yerto corazón de la doncella.

______





LA VENTADA.





¿D'hont
ix l'alé que sorollant oretja


Y
polsaguera mòu,


Y
ab seca fullaraca juguetetja


Y
'ls pedrolins remòu?





¿D'hont
ix l'alé que esfondra y arruina


Lo
crivellat casal,


Y
vincla, cruix y esqueixa de l'alzina


Lo
rebassut cimal?





De
mes en-llá les sèrres vé; s'afua,


Arruxa
los niguls;


Mes
quant ses íres ferm penyal agua,


Llavors
gita bramuls.





Tal
volta en arenals, monts y planures


N'ha
fet cent remolins,


Y
ha despullat arreu de ses verdures


Les
eures y los pins.





EL HURACÁN.


¿De
dónde viene ese aliento de gigante, que mugiendo pasa, y cubre el
espacio de una nube de polvo; ese aliento que arrebata la seca
hojarasca de los árboles y remueve hasta las piedras?


¿De
dónde viene esa desbocada furia, este soplo que hunde y arruina el
agrietado caserío, dobla, y hace crujir, y troncha el robusto ramaje
de las encinas?


De
más allá de las sierras partió, y arremete con indomable empuje
aventando los colosales nubarrones; mas si a su paso iracundo se
oponen los peñascos, lanza espantosos rugidos.


Tal
vez allá en lejanos arenales, o en los montes y llanuras,
arremolinóse cien veces, y despojó de su verde pompa las yedras y
los abetos.






Tal volta ha saludat la
caravana


Enmitx
d'ardent desert,


O
bé dels cims gelats de tramontana


Lo
vel n'ha descubert.





Tal
volta ha rebetjat les blaves ones,


Del
mar guaytant lo fons,


Que
ab escumera han engolit fellones


Cadávres
y timons.





Son
trafegar per llunyadanes platjes


No
res d'eix mon detén.....


Lo
breu y dilatat de sos viatjes,


D'enveja
l'pit m'encén.





D'enveja,
sí; per ço cuant la ventada


Rebufa
ab veu de trò,


Al
ras de la garriga, a s'alenada


Esment
hi poso jò.





Llavores
que m'alsás d'est sòl voldria,


Com
alsa lo pallús,


Y
dels humans los dòls y l'agonía


No
m'perseguissen pus.





Y
anar amunt, volant com les estrelles


Que
son l'etern esglay


D'setgles
y mes setgles, maravelles


Penjades
en l'espay.





Llavors
trascolaría ab reverencia


Dins
mon pur esperit,


Los
raigs que hi vessaria l'alta sciencia


Del
rey de l'infinit.




Tal vez saludó poco
hace, en medio del abrasado desierto, a la sedienta caravana, o viene
de rasgar el velo con que se envuelven las altísimas cumbres del
septentrión.


Tal
vez agitado ha con fuerza inconmensurable las olas del mar,
escudriñando sus profundidades; mientras se hundían en un abismo de
espuma cadáveres y timones.


Nada,
nada detiene su camino audaz sobre las playas mas apartadas...! ¡Ah!
lo raudo y dilatado de sus viajes me enciende el corazón de envidia.


De
envidia, sí; por eso cuando el huracán se desata, y con voz
atronadora muge, desde la pendiente de la desabrigada selva, sigo
atento su paso terrible.


Entonces
quisiera que me arrebatase del suelo, así como arrebata la seca
arista, y me trasportase allá lejos, donde no me persiguieran los
dolores ni las agonías de este mundo:


Que
me elevase a los infinitos espacios, volando al par de las estrellas,
eterna admiración de los siglos, maravillosas lámparas suspendidas
en la bóveda celeste.


Entonces,
poseído de la reverencia más alta, filtrarían en mí espíritu los
rayos que en él derramase la ciencia divina del rey del infinito.






DEU CASTIGA.





Seguint
d'eyma la dressera


S'en
anava un vell ceguet,


Y
d'enfora li cridaren:


-
¡Per l'esquerra, y no caureu! -





A
l'avís que l'enganyava,


¡Malanat
que l'obeeix
!


Descals
vá per sobre aritjes,


Y
ningú corre a treure'l...!





Qui
'l burlá es aqueix bell jove


Que,
al portal de La Mercé,


Als
devots fa llum los vespres


Ab
un fanal qu'éll no veu.

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CASTIGO DE DIOS.


Caminando
a tientas por angosto sendero iba un anciano cieguecito, y - ¡A la
izquierda, que vais a caeros! - gritóle una voz lejana.


¡Infeliz
del que sigue traidores consejos! el pobre andaba descalzo por sobre
los zarzales y nadie acudía a socorrerle....!


Quien
le burló es el mancebo que todas las noches alumbra a los devotos en
la puerta de la Merced, con una lámpara cuya luz no verá jamás el
desdichado.

_____





IGNORANCIA.





Dins
lo camp de l'ignorancia


N'han
sembrat males llevors;


¡Ay
del poble que s'escolta


Losa pòstols del error!





De
paraules que afalagan


Han
begut lo verí dolç:


¡Trists
d' aquells quí esperan viure


Del
traball sense lo jòu
!





¿No
devalla a la planura


Tot
quant sobra a n'els turons?...


Per
no veure richs y pobres


Es
mester esfondrá el mon.

____





IGNORANCIA.


Semilla de perdición sembraron en el campo de la ignorancia:
¡Ay del
pueblo que escucha a los apóstoles del error!


La
humanidad ha bebido el dulce veneno de halagadoras mentiras.

¡Infelices de los que sueñan andar su camino, libres del yugo del trabajo!


¿No
baja al llano todo lo que sobra a las alturas?....
Preciso es que
se hunda el mundo para no hallar en él ricos y pobres.

_____