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martes, 23 de junio de 2020

VICENTE FERRER APLACA UNA TEMPESTAD, Barbastro

289. VICENTE FERRER APLACA UNA TEMPESTAD (SIGLO XV. BARBASTRO)

VICENTE FERRER APLACA UNA TEMPESTAD (SIGLO XV. BARBASTRO)


Es conocido que el fraile dominico Vicente Ferrer se hallaba en el mes de junio de 1415 en Barbastro, donde había llegado para profundizar en la palabra de Dios ante los feligreses, pero, fundamentalmente, para —como hiciera en tantos otros lugares— tratar de atraerse a los judíos de la aljama barbastrense, reacios a abandonar su religión.

Llegó el día de la festividad de san Pedro y san Pablo y la catedral barbastrense se abarrotó de fieles para asistir a la celebración de la misa, tal como solía ocurrir cuando se anunciaba la presencia del santo valenciano.

Cuando había comenzado el oficio, las nubes que habían cubierto a Barbastro durante la noche dieron paso a una tremenda tempestad de truenos y rayos, como no recordaba ninguno de los allí presentes.
El miedo se apoderó de todos, temiendo incluso que se hundiera la techumbre de la iglesia.

Se percató Vicente Ferrer del miedo colectivo que se había apoderado de quienes habían acudido a oír sus palabras e interrumpió momentáneamente la celebración de la misa. Se encaró a los fieles, les dirigió palabras de tranquilidad y tras hacer la señal de la cruz con su mano derecha, a la vez que salpicaba con agua bendita al aire, el temporal amainó en el acto.

Cuando llegó el momento del sermón, con el susto todavía metido en el cuerpo de todos, comunicó el fraile a los fieles que san Pedro y san Pablo habían mediado por su intercesión para que aquella tempestad no acabase con los árboles y los frutos de su subsistencia, y que, si no fuera por ellos, el castigo por los pecados cometidos por la comunidad barbastrense no hubiera sido sólo de piedra y granizo, sino de piedra y fuego.

Antes de finalizar el sermón, predijo ante los todavía asustados y temerosos fieles cómo antes de transcurrido un año vivirían otra tempestad semejante si no enderezaban sus vidas, advertencia que no debió surtir demasiado efecto a la larga, pues parece ser que una tormenta infernal se desató a los once meses justos.

[Vidal y Micó, Francisco, Historia de la portentosa vida..., pág. 231.]

sábado, 20 de junio de 2020

215. EL AUGURIO DE VICENTE FERRER (SIGLO XV. CALATAYUD)

215. EL AUGURIO DE VICENTE FERRER (SIGLO XV. CALATAYUD)

EL AUGURIO DE VICENTE FERRER, SIGLO XV, CALATAYUD, San Íñigo

El famoso fraile y predicador valenciano Vicente Ferrer —cuya intervención en la reunión caspolina para elegir rey de Aragón a la muerte de Martín I el Humano fuera tan decisiva— recorrió constantemente todos los caminos de Aragón predicando la palabra del Evangelio, labor evangelizadora dedicada fundamentalmente a la conversión al cristianismo de una población judía que, en mayor o menor número en cada caso, habitaba en la mayor parte de nuestras ciudades, villas y aldeas.

En cierta ocasión, Vicente Ferrer creyó necesario salirse de la ruta que llevaba trazada y decidió acudir a Calatayud, acompañado por alguno de sus discípulos, para tratar la conversión de los judíos bilbilitanos, pues le constaba que seguían absolutamente ternes en sus creencias, pero la población entera, incluida la cristiana, estimó improcedente la medida, llegando inclusive a apedrear al predicador y a sus acompañantes, tal como parece que le ocurriera en el mismo Valencia y en otras ciudades, según relatos similares.

Ante aquella actitud no sólo amenazadora sino real de los bilbilitanos, puesto que tuvo que soportar un auténtico vendaval de piedras y lodo, el fraile y sus acólitos se pudieron poner a duras penas a cubierto hasta que amainó el temporal, pues los guardas de la ciudad dispersaron a sus perseguidores.

Cuando se decidió a salir de la casa donde se había cobijado, se dirigió a los pocos viandantes que aún quedaban por la calle y predijo que la ciudad de Calatayud se vería inundada por los ríos Jalón y Jiloca que confluían a las puertas de la muralla, como castigo divino a la oposición recibida.

Viniendo de quien había venido tan terrible profecía, es natural que el miedo se apoderara de las gentes de Calatayud, que temían por sus casas y haciendas. Pero fue entonces cuando san Íñigo, a la sazón patrón de la ciudad, hizo saber a todos sus habitantes que tal desastre no ocurriría mientras los bilbilitanos siguieran profesándole a él la debida devoción, como así ocurrió.

[Recogida oralmente.]

(Pues el santo NO falló, porque NO dijo cuándo iba a pasar, y ha pasado más de una vez. JA, JA!, caray con el "frare valencià, germà de Bonifaci".)



https://es.wikipedia.org/wiki/%C3%8D%C3%B1igo_de_O%C3%B1a

San Íñigo, de origen mozárabe, nació en Calatayud en los primeros años del siglo XI (tradicionalmente se acepta el año 1000). Desde su juventud se retiró al monasterio de San Juan de la Peña. Después de ordenado sacerdote se escondió en las montañas de su tierra, en Tobed, para vivir como anacoreta.

Sin embargo, al parecer fue descubierto por sus extraordinarias virtudes y sus milagros. El mismo Sancho III el Mayor de Navarra fue a buscarlo para que se convirtiera en abad del Monasterio de Oña (Burgos), que rigió hasta su muerte el 1 de junio de 1068. Fue consejero de Sancho III el Mayor de Pamplona y confesor de su hijo, el rey Don García Sánchez III de Pamplona, a quién atendió en sus últimos momentos al morir en la Batalla de Atapuerca. Es autor de Observaciones singulares en la aritmética y Sistemas astrológicos sobre la natividad de algunos príncipes y de varias personas conocidas.